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Papeles de población

On-line version ISSN 2448-7147Print version ISSN 1405-7425

Pap. poblac vol.8 n.33 Toluca Jul./Sep. 2002

 

Mujeres inmigrantes peruanas en Chile*

 

Carolina Stefoni

 

Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Chile

 

Resumen

Este artículo reflexiona en torno a la situación de la migración peruana en Chile, en particular sobre la situación de exclusión social y laboral que enfrentan las mujeres inmigrantes en Santiago.

La migración peruana se caracteriza por ser eminentemente femenina y con una alta concentración laboral de este grupo en el trabajo doméstico. ¿Por qué se han vuelto las labores la fuente principal de trabajo para estas mujeres?, ¿basta con señalar que se debe a mano de obra más barata o existen otros argumentos de tipo cultural y social que explican por qué empleadores/as chilenos contratan y prefieren a mujeres peruanas?.

 

Abstract

The present paper studies the Peruvian migration into Chile, with special emphasis in the particular labor and social exclusion situation suffered by migrant women in Santiago.

Peruvian migration is mainly feminine and with a high labor concentration in domestic jobs. Why are domestic jobs the most important source of work for these women? Is it sufficient to point out the "cheap costs of labor" or are there other social and cultural arguments that explain why Chilean employers contract and prefer Peruvian women?.

 

Si, me he enfermado, en la casa de la señora me enfermé.
Por lo que me bañaba con agua fría. Yo estaba mal, mal (...) y con fiebre,
temblando, así trabajaba. Y de ahí me salí de ese trabajo.
Hasta el día de hoy no me paga. Todo un mes.

(Mujer joven peruana. Trabajaba en una casa particular en el barrio alto de Santiago)

 

Introducción

Sin ser un país de inmigrantes, Chile ha experimentado en los últimos años un incremento de la inmigración proveniente principalmente de la región andina, en particular de Perú.

Se calcula que la población de inmigrantes peruanos en Chile bordea los 60 000. De ellos, 63 por ciento corresponde a mujeres y 47 por ciento a hombres (Stefoni, 2002), siendo el único caso, dentro de los grupos de inmigrantes con mayor presencia en Chile, donde las mujeres superan ampliamente a los hombres. En términos de escolaridad, la migración peruana posee una interesante heterogeneidad no sólo entre su población, sino también según el género. De acuerdo con un estudio realizado en 2001 con base en los antecedentes entregados por el Departamento de Extranjería de Chile, las mujeres inmigrantes peruanas se distribuyen en las siguientes categorías ocupacionales y ocupaciones anteriores:1 empleadas de oficina (15 por ciento), amas de casa (14 por ciento), técnicos (11 por ciento) y profesionales (9 por ciento). Los hombres, por su parte, se distribuyen de la siguiente manera: técnicos (16 por ciento), obreros no calificados (15 por ciento), empleados de oficina (9 por ciento) y profesionales (8 por ciento).

Sin embargo, esta distribución no se mantiene al momento de buscar trabajo. Existe, por el contrario, una fuerte segmentación laboral de la migración peruana que dificulta el acceso de personas capacitadas y con experiencia laboral a trabajos acordes con su preparación. Esta exclusión de trabajos mejor remunerados afecta a hombres y mujeres, aunque de manera diferenciada. Lamentablemente no existen encuestas de empleo para la población inmigrante, pero de acuerdo con estudios e investigaciones realizados en Chile, hoy en día las mujeres tienden a trabajar (en su mayoría aunque no en su totalidad) en el servicio doméstico. En el caso de los hombres, las ocupaciones principales son la construcción y el comercio informal.

Al considerar estos elementos podemos señalar que la migración peruana es heterogénea y presenta importantes diferencias según el género. Esta diversidad, sin embargo, no se refleja en las imágenes y representaciones que construye la sociedad chilena respecto de los inmigrantes peruanos. Las imágenes que priman en los medios de comunicación, diarios y opinión pública son las de inmigrantes "ilegales", "gente de escasos recursos", y se les culpabiliza del alto índice de cesantía que afecta al país. Esto conlleva una suerte de reduccionismo que dificulta la comprensión del fenómeno migratorio en toda su magnitud y complejidad.

Las preguntas que surgen a partir de esta realidad es por qué se produce este reduccionismo, a qué se debe la incapacidad de ver la diversidad que representa la migración, por qué priman determinadas imágenes y cómo afectan estas representaciones a los inmigrantes. Para ello hemos querido centrar el análisis en lo que sucede con las mujeres inmigrantes peruanas que trabajan en el servicio doméstico. Las preguntas que guiarán la reflexión son, entre otras: ¿por qué mujeres peruanas llegan a trabajar en casas particulares?, ¿basta con señalar que es resultado de una mano de obra más barata o existen otros elementos de tipo social y cultural que logran explicar la alta concentración de mujeres peruanas en esta actividad?, ¿qué rol tienen los prejuicios y estereotipos sobre un determinado grupo humano en la contratación para que realicen determinados trabajos y no otros?

En la primera parte abordaremos la situación de la migración peruana en Chile a partir de los resultados de estudios realizados en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). En la segunda, el tema de la mujer inmigrante peruana y el servicio doméstico. El análisis se desprende de un estudio realizado en Santiago de Chile durante 2002, conjuntamente con profesores de la Universidad de San Diego y Flacso.2

 

Características de la migración peruana en Chile

De acuerdo con Teófilo Altamirano (1992), podemos distinguir tres flujos migratorios peruanos que se originaron durante el siglo XX. El primero de ellos se ubica hasta la década de 1950, cuando los inmigrantes eran en su mayoría de clase alta y se dirigían principalmente a Europa. Por aquellos años, y al igual que las elites del resto de América Latina, viajar a París, Londres o Madrid constituía un sueño reservado para pocos. Las familias adineradas enviaban a sus hijos a estudiar o simplemente a conocer Europa. Se iba en busca de conocimiento de experiencias y sabiduría. Se iba a encontrar la Europa de los libros, de los intelectuales y de los artistas. Emigrar era visto dentro de este contexto como un símbolo de posición social.

El segundo flujo descrito por el autor corresponde a la década de 1970. Durante estos años se incorporaron algunos sectores de la clase media y emigrantes provenientes del campo que no encontraron en las ciudades aquello que fueron a buscar. Hay que recordar que durante las décadas de 1950 y 1960 se produjeron fuertes procesos migratorios desde el campo a las ciudades. Éstas fueron incapaces de absorber las demandas laborales y tampoco estaban preparadas para recibir la magnitud de gente que llegó, lo que generó el empobrecimiento de gran parte de la población. La crisis económica y la convulsión política llevó a estos grupos y a parte de la clase media que se vio más afectada en términos económicos, a salir en busca de mejores oportunidades de empleo.

Finalmente, Altamirano ubica el tercer flujo migratorio a partir de la década de 1980 hasta nuestros días. En este periodo se produce un fuerte incremento en el número de migrantes provenientes de la clase media, media baja urbana y campesinos. En el caso de Chile, el incremento de la migración peruana coincide con este tercer flujo migratorio descrito por el autor; sin embargo, también existe una migración proveniente de las clases más acomodadas peruanas y que llegaron al país durante las décadas de 1970 y 1980.

Las corrientes descritas por Altamirano podemos encontrarlas en la historia migratoria de diversos países, pues constituye uno de los patrones más clásicos en la migración. Llama la atención, sin embargo, que Chile sea uno de los últimos destinos en este proceso. Tal como señala Paerregaard (2002), la migración peruana se desarrolla a partir de nexos y lazos históricos que se recrean en algún momento para ser utilizados y poder salir del Perú.

Durante la primera mitad del siglo XX el destino principal de la migración peruana fue Estados Unidos. Durante las décadas de 1980 y 1990 los destinos comienzan a diversificarse hacia Italia, España y Japón. A partir del decenio de 1990, y con la agudización de la crisis económica en ese país, comienzan a salir inmigrantes de menores recursos. Es este periodo el que coincide nuevamente con el incremento de la llegada de peruanos a Chile. En su mayoría provienen de la zona norte del Perú (Chimbote, Chiclayo, Trujillo) y se concentran en la zona central y norte del país.

La migración peruana de mediados de la década de 1990 posee tres elementos o características centrales: es una migración mayoritariamente femenina; son personas jóvenes y en edad de trabajar, y poseen un nivel de preparación y capacitación bastante heterogéneo.

Creciente feminización

Diversos autores han señalado la presencia de una feminización en las migraciones. De ser un fenómeno vinculado preferentemente a hombres jóvenes, hoy en día son cada vez más las mujeres que emigran en busca de mejores condiciones de vida, oportunidades laborales y recursos económicos. A nivel mundial se estima que la proporción de mujeres inmigrantes es de 48 por ciento. Existen diversas razones asociadas a la migración femenina, siendo uno de los principales argumentos, las dificultades económicas por las que atraviesan sus familias y la necesidad de alimentar y educar a los hijos. Si bien las razones de carácter económico son centrales, parecieran existir otros argumentos y discursos que acompañan a los motivos económicos y que se relacionan con posibilidades de emancipación y libertad personal. La violencia intrafamiliar, la opresión al interior de las familias, la sobrecarga de trabajo junto a las dificultades económicas actúan como aliciente para que muchas mujeres vean en la migración una liberación de los abusos cometidos contra ellas.

El hecho de que las migraciones a nivel mundial hayan comenzado a experimentar desde hace algún tiempo una creciente feminización, no significa que sea un proceso homogéneo en todos los países. Existen regiones donde la migración posee un fuerte componente femenino, como por ejemplo la migración internacional asiática y la migración interregional en América Latina (Hakkert, s/f). Existen otros casos donde la migración presenta una mayor presencia masculina, como es la migración mexicana hacia Estados Unidos. Incluso las migraciones internas presentan interesantes diferencias entre países. Pedraza (1996) plantea un ejemplo de lo anterior al señalar que en África la migración campo-ciudad tuvo un predominio masculino, en la medida en que fueron los hombres quienes se dirigieron a las ciudades, mientras que las mujeres se quedaron a trabajar la tierra. En América Latina, señala la autora, los patrones fueron distintos, puesto que la mayoría de quienes emigraron a las ciudades fueron mujeres. En ambos casos existen diversas consecuencias. Por una parte, la migración con un mayor componente masculino genera alteraciones en la estructura familiar, lo que puede favorecer en ciertos casos a las mujeres puesto que al tener al marido lejos se reduce el número de hijos, a la vez que ella adquiere mayor control sobre su vida. Por otra parte, cuando la mujer es quien emigra, debe enfrentar el costo de dejar a sus hijos al cuidado de terceros, lo que afecta en el mediano y largo plazo el crecimiento y desarrollo de los menores. Sin embargo, ello también representa ventajas para las mujeres, puesto que adquieren mayor independencia y pueden asumir un rol de proveedora del hogar.

Un aspecto es la concentración ocupacional de las mujeres que emigran desde países pobres hacia los cetros de desarrollo. El trabajo doméstico parece ser cada vez más la ocupación de las mujeres latinoamericanas, asiáticas y africanas en los países de mayor desarrollo, aun cuando ellas posean la calificación necesaria para desempeñarse en otras ocupaciones. Al respecto Pedraza señala:

The concentration of certain immigrant or ethnic groups in particular types of occupations is a central fact that a theory of the incorporation of racial or ethnic groups needs to explain. Like men, immigrant women became occupationally concentrated but along a much smaller spectrum of choices. Although immigrant women can be found doing the hard labor of construction in some societies, most of them cluster in just a few occupations. They become domestic servants, work for the garment industry, donate their labor to family enterprises, or most recently, work in highly skilled service occupation, such as nursing.3

Maher y Staab (2002) han planteado las consecuencias de la concentración de mujeres inmigrantes en trabajos de servicio doméstico y el cuidado de enfermos, ancianos y niños. La autora plantea que el hecho de que sean inmigrantes mujeres quienes realizan las labores de la reproducción social (y no de producción social) implica el traslado de la división internacional del trabajo al mundo privado. Esto constituye —argumentan— la base para la globalización de la reproducción social.

De acuerdo con las autoras, la globalización de la reproducción social que genera la concentración de mujeres inmigrantes en trabajos de servicio doméstico y cuidado de ancianos, enfermos y niños, presenta al menos tres consecuencias importantes:

1. Vulnerabilidad de las trabajadoras debido a la pérdida de derechos y de ciudadanía. Mujeres que migran para emplearse en el servicio doméstico se ven desplazadas de las instituciones y redes sociales de sus países de origen. No tienen acceso a los mismos recursos o derechos que tenían en sus países. Muchas veces, las inmigrantes pierden el acceso a servicios sociales, el derecho de votar y el acceso a las instituciones legales que tenían en sus países de origen.

Al mismo tiempo no logran obtener los derechos ciudadanos en los países de acogida. Si bien muchos Estados han comenzado a reconocer su responsabilidad para proteger los derechos humanos de los inmigrantes (incluidos los indocumentados), éstos nunca son iguales a los derechos que entrega la ciudadanía.

A las mujeres inmigrantes que trabajan en la economía informal les resulta especialmente difícil tener acceso a las instituciones legales en los Estados huéspedes. En los países donde el servicio doméstico todavía se encuentra fuera de las regulaciones estatales (como, por ejemplo, Estados Unidos), las trabajadoras inmigrantes en el servicio doméstico tienen pocas posibilidades legales para demandar sus derechos laborales o buscar justicia en caso de abuso. El punto decisivo aquí es que la migración internacional agrega una dimensión legal adicional a la desigualdad, el desempoderamiento y la vulnerabilidad al abuso, características que históricamente han sido problemáticas en este tipo de trabajo.

2. Consecuencias para las familias de las inmigrantes en los países de origen. Un estudio reciente sobre las redes sociales de las trabajadoras de casa particular mexicanas en los Estados Unidos y México, descrito por las autoras, encontró que las hijas de las trabajadoras domésticas inmigrantes viven una niñez completamente diferente a las hijas de familias que tienen una mujer inmigrante que las cuide. Estas últimas tenían más tiempo para estudiar, tomar clases de danza o música, mientras las hijas de las inmigrantes tenían que invertir más tiempo en ayudar en la casa y cuidar a hermanos menores durante la ausencia de la madre. En este sentido podemos señalar que los niños de las clases menos privilegiadas pagan parte de los costos de las oportunidades y privilegios que tienen otros.

3. Finalmente, la migración femenina tiene consecuencias en un nivel más estructural. Cuando el trabajo reproductivo en los países desarrollados es realizado por mujeres inmigrantes, se establece una cadena transnacional de "cuidadoras", en la que el trabajo reproductivo es transmitido de mujeres privilegiadas a mujeres cada vez menos privilegiadas. Maher y Staab entregan un ejemplo bastante claro al respecto. Imaginemos, señalan, a una mujer que vive en Los Angeles y que posee una renta mensual de, digamos, 5 000 dólares. Ella contrata a una mujer mexicana residente en Los Angeles para que cuide de sus dos hijos de cinco y ocho años. La mujer mexicana recibe un salario por este trabajo de 800 dólares. A su vez, ella requiere contratar a alguien para que cuide a sus propios hijos. Para ello contrata a una mujer recién llegada de Guanajuato, México, a quien le pagará 100 dólares mensuales. Esta mujer de Guanajuato ha dejado a su hija pequeña en México al cuidado de su hermana, con quien se ha comprometido de enviarle 50 dólares mensuales para el cuidado de la menor. La hermana que se ha quedado con los hijos propios, con la de la hermana y dos más de una prima, recibe la ayuda de su hija mayor, de 15 años, quien cuida a sus sobrinos sin recibir salario alguno.

Al analizar esta cadena, se observa que el salario que obtiene la mujer y su familia ubicados en la parte superior de la cadena (en este caso la mujer estadunidense que vive en Los Angeles) termina siendo subvencionado por el trabajo mal pagado que reciben las mujeres que se encuentran en la parte inferior de la cadena.

En otras palabras, cuando la reproducción social en países desarrollados se satisface más a través de un mercado global que a través del Estado de bienestar, los países menos desarrollados terminan por entregar una subvención indirecta a los países desarrollados a través del trabajo mal remunerado o no remunerado.

A largo plazo esta relación empeorará la desigualdad económica ya existente entre los países.

 

¿Qué sucede en Chile?

La migración intrarregional que llega a Chile presenta un porcentaje bastante parejo de hombres y mujeres. El caso peruano constituye una excepción, pues las mujeres sobrepasan ampliamente el número total de hombres. Ello coincide, sin embargo, con la feminización experimentada por la migración peruana que se dirige hacia diversos destinos (Altamirano, 2000).

Los cuadros 1 y 2 indican la distribución de hombres y mujeres inmigrantes provenientes de los países de la región que registraron los mayores stocks migratorios en 2000. La información para 1982 y 1992 ha sido extraída de los censos de población.

La información de los censos de 1982 y 1992 indica que la presencia femenina en las migraciones es levemente superior a la masculina. En los casos argentino, boliviano y peruano, el porcentaje de mujeres disminuye levemente en 1992. En el caso de Brasil y Ecuador, el porcentaje de mujeres aumenta respecto a 1982.

De acuerdo con los datos entregados por el Departamento de Extranjería para el periodo 1996-2001, en la mayoría de los países se incrementa el porcentaje de hombres. La excepción es Perú. Recordemos que los datos entregados por Extranjería corresponden al número de inmigrantes que han solicitado la regularización de sus papeles y no al número total de inmigrantes que existen en el país.

En la gráfica 1, las mujeres prácticamente doblan en número a los hombres, pues los primeros alcanzan 63 por ciento de la población peruana en Chile y los segundos, 37 por ciento.

En esta gráfica resulta evidente la feminización de la migración peruana, en especial si comparamos con lo que sucede con la migración provenientes de otros países, donde la proporción hombres-mujeres es bastante similar.

Sin embargo, los datos deben de ser analizados con cuidado, pues, como se señaló, la información está basada en el número de visas entregadas por el Departamento de Extranjería. Para que un inmigrante obtenga la visa de residencia (temporal) debe presentar un contrato de trabajo vigente. En el caso de las mujeres ello resulta más fácil, puesto que la legislación chilena obliga a los empleadores de trabajadoras de casa particular a realizar un contrato. En el caso de los hombres, los empleos disponibles son más inestables y no siempre existe contrato. Es por ello que en el caso peruano, el hecho de que la gráfica indique un mayor número de mujeres puede deberse a la mayor facilidad que ellas tienen para solicitar y acceder a una visa.

Pese a esto es posible afirmar que la migración peruana es mayoritariamente femenina, pues así lo demuestran otros estudios de caso, como, por ejemplo, el realizado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en 1996, donde se señala que del total de casos encuestados (92 casos, no representativos), 65 por ciento son mujeres mientras que 35 por ciento corresponde a hombres.

Las razones que explican un incremento en la migración femenina proveniente del Perú creemos que son múltiples. Primero, existen condiciones del mercado laboral que facilitan la inserción de mujeres inmigrantes en puestos de trabajo; segundo, el funcionamiento de redes sociales facilitan la llegada de inmigrantes que han sido "llamadas" por inmigrantes que ya tienen un trabajo; tercero, el servicio doméstico ofrece condiciones que permiten optimizar los objetivos de reunir dinero y poder enviarlo a sus familiares en el país de origen.

El incremento en el número de mujeres coincide con el aumento general que ha experimentado la migración femenina peruana. Teofilo Altamirano señala al respecto que tanto en España como Italia y Estados Unidos se observa una creciente feminización de la migración de aquél país.

En Chile las mujeres peruanas trabajan principalmente en el servicio doméstico. Lamentablemente no contamos con información estadística que permita conocer el porcentaje que se desempeña en esta actividad, pero algunos estudios de caso dan cuenta de esta realidad. Asimismo, la mayoría de las entrevistadas trabajaban en casas particulares.

La inserción de mujeres peruanas en el servicio doméstico en Chile corresponde a un tipo de ocupación de carácter complementario. Ello quiere decir que es una inserción en sectores económicos donde la mano de obra local no quiere o desea entrar. En otras palabras, las inmigrantes ocupan puestos de trabajo que han sido abandonados por mujeres chilenas.

Según datos de la encuesta Casen, entre 1990 y 2000 la participación de la población económicamente activa en el servicio doméstico bajó de 7.6 a 4.7 por ciento. Las mujeres disminuyeron más de seis puntos porcentuales de su participación, lo que equivale a decir que durante la década de 1990 las mujeres se retiraron de esta actividad.

Lo anterior demuestra precisamente que la inserción de las mujeres peruanas en el mercado laboral chileno es de carácter complementario. Esto queda confirmado en las entrevistas a mujeres chilenas que han contratado los servicios de mujeres peruanas:

Yo andaba buscando una persona para que trabajara en la casa y me contacté con tres chilenas primero —conjuntamente en realidad— y ninguna de las tres chilenas quiso concretar a corto plazo, qué sé yo, que no puedo ir, quizá en un mes más y no logré concretar. Yo partí pensando en la alternativa de una nana chilena, por la cesantía y bueno, la Delia (mujer peruana) estaba disponible y necesitaba el trabajo porque mi amiga la iba a reemplazar. Y la Delia vino a conversar conmigo y empezó altiro (Sonia, empleadora chilena).

Creo que fue hace seis años (la primera vez que tuvo una nana peruana). Seis años que, buscando nanas chilenas, no he encontrado, entonces mi vecina tiene una nana peruana y ella me trajo a su sobrina (Blanca, empleadora chilena).

Podemos agregar que la posibilidad de trabajar en casas particulares ofrece una serie de ventajas que estimulan a las mujeres a venir a Chile, entre las que encontramos:

1. Mayor posibilidad de ahorro, puesto que no deben pagar alojamiento ni alimentación.

2. Relativa seguridad y estabilidad de empleo.

3. Un sueldo mayor que el recibido en Perú, y que

4. No requiere calificación previa.

Esto demuestra lo errado que resulta el tradicional argumento de que los inmigrantes vienen a "quitar los puestos de trabajo a los chilenos". La utilización de este argumento resulta peligroso, sobre todo en momentos de crisis económica, pues se centra en un elemento extremadamente sensible como es el trabajo.

Edad

En este estudio no contamos con la variable etárea; sin embargo, existen estudios de caso donde, a través de encuestas y registros, se han determinado las edades de la población peruana en Chile.

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) sistematizó los registros realizados en el instituto Católico de Migraciones (Incami). De este estudio se desprende que del total de casos encuestados, 46 por ciento (42 casos) habían nacido entre 1961 y 1970, es decir tenían entre 26 y 35 años.

El estudio realizado por INACAMI permite afirmar que la mayoría de los inmigrantes provenientes del Perú corresponde a personas jóvenes, en edad de trabajar. Al sumar los grupos entre 21-25 y 26-35 años, obtendremos que 72 por ciento tienen entre 21 y 35 años.

 

Categorías ocupacionales de la migración peruana

Históricamente se ha reconocido a la educación como uno de los motores fundamentales en el desarrollo de los países, en la inserción e integración de los grupos sociales, así como uno de los mecanismos que posibilitan la movilidad social. En la siguiente sección se analizará el nivel de capacitación y preparación de la población económicamente activa que emigra del Perú. Ello se realizará a través de un análisis de la información que tiene Extranjería sobre tipo de empleo que realizaban en el país de origen antes de emigrar (único antecedente que permite estudiar la composición de la población que viene a trabajar). Luego compararemos estos antecedentes con la situación que presentan los inmigrantes provenientes de Cuba, país que lidera la inmigración caribeña en Chile (pese a ser un porcentaje comparativamente más bajo que la inmigración proveniente de América del Sur). El caso cubano es interesante, puesto que, según los informes de las Naciones Unidas, posee una de las mejores evaluaciones en educación en la región. Ello permitiría plantear la pregunta de si un mejor nivel educacional facilitaría o no la inserción laboral y social en el país receptor.

En el análisis del caso peruano y cubano, compararemos la situación en función del género de los inmigrantes.

A partir de la gráfica 2 podemos señalar lo siguiente: primero, casi 20 por ciento de las mujeres que emigran de Perú son profesionales, de nivel universitario y/o técnico; 15 por ciento ha trabajado en oficinas y alrededor de 14 por ciento declara haber sido ama de casa.

La ausencia de información sobre el tipo de trabajo que desempeñan estas mujeres una vez llegadas a Chile impide conocer el índice de desempleo o subempleo que podría existir en este grupo; sin embargo, existe a nivel de opinión pública la idea de que las mujeres peruanas trabajan preferentemente en el servicio doméstico. Es decir, muchas de las mujeres con estudios universitarios y/o técnicos que llegan a Chile terminan trabajando en casas particulares. Al respecto una de las entrevistadas señala:

Ella era joven (en referencia a una mujer que trabajó con ella) (...) y había estudiado para profesora, había alcanzado a estar tres años y medio, creo, y había quedado embarazada; entonces había tenido que interrumpir sus estudios y después dejó a su hija como de mes y medio, cuando se vino a trabajar a Chile. Y era notorio la educación que ella tenía. Además que ella era de Trujillo, las anteriores eran de Lima. Entonces era distinta en su aspecto, sus rasgos, era mucho más blanca y bien educada, era muy agradable, era muy clara para dar sus explicaciones, cocinaba muy rico (mujer chilena, empleadora).

En el caso de los hombres, sin considerar a los estudiantes y aquellos que no contestan, tenemos que 16 por ciento del total de los hombres que llegan de Perú tienen un nivel técnico y 15 por ciento son obreros no calificados. Ello significa que las mujeres tienden a tener mejor calificación que los hombres. Sin embargo, un estudio sobre la estructura ocupacional de los inmigrantes peruanos que se dirigen a otros destinos nos permitiría conocer si el nivel de educación y preparación afecta o influye en la elección de un destino al momento de tomar la decisión de emigrar.

La gráfica 3 muestra la distribución ocupacional de los inmigrantes cubanos en Chile.

Lo primero que destaca la gráfica 3 es el alto porcentaje de personas con nivel profesional. Del total de hombres que llegan a Chile, casi 60 por ciento son profesionales; y en el caso de las mujeres, alrededor de 50 por ciento tienen una profesión; la segunda categoría ocupacional de mayor relevancia es la de técnicos profesionales. Ello nos permite señalar que el hecho de poseer un buen nivel educacional facilitaría de algún modo la emigración desde la isla.

Cuba presenta ciertas particularidades en el comportamiento migratorio. Esta migración está motivada por la conjunción de factores económicos y políticos; por una parte, las condiciones de una economía en "periodo especial en tiempo de paz", producto de un bloqueo económico, motiva a muchos a buscar oportunidades en otros lugares. Por otra parte, aquellos contrarios al régimen socialista, buscan salir de Cuba, motivados por insertarse en un sistema distinto que les ofrezca, en su condición de profesionales calificados, mayores posibilidades de sobresalir económicamente.

Lo interesante, sin embargo, es notar el alto grado de preparación de quienes salen de la isla mayor de las Antillas, lo que nos revela, en primer término, que cubanos con un menor grado de formación profesional o técnica no son proclives a emigrar (al menos a Chile). Además, esta realidad nos enfrenta a uno de los principales problemas de la migración moderna, caracterizada por el movimiento de poblaciones provenientes de países más pobres hacia países con mejores condiciones: la fuga de cerebros. Países con escasos recursos invierten en la preparación de profesionales y técnicos como motor de desarrollo futuro. Sin embargo, cuando emigran, lo hacen con un alto valor agregado. En el caso chileno, saber aprovechar el conocimiento y preparación de los inmigrantes que llegan con un alto nivel educacional resulta fundamental. Para ello se requiere de políticas que permitan flexibilizar y hacer más expedito el proceso de convalidación de títulos. En el caso cubano, la necesidad de generar iniciativas que permitan al Estado cubano aprovechar la experiencia, redes y vínculos que establecen los profesionales y técnicos en el extranjero resulta indispensable.

 

¿En qué trabajan las mujeres inmigrantes que vienen de Perú?

La ausencia de fuentes de información y bases de datos confiables dificulta conocer el tipo de empleo que desempeñan las personas provenientes de Perú en Chile. Aún más difícil resulta conocer lo que sucede en el mercado laboral cuando desagregamos por género. Sin embargo, existe un reconocimiento de que la principal actividad desempeñada por las mujeres peruanas es el servicio doméstico.

La prensa se encargan de consolidar esta percepción: "Perú puertas adentro" (El Mercurio, 2 de diciembre de 1997); "Regularán situación de extranjeros en tareas domésticas" (El Mercurio, 24 de diciembre de 1997). "Tanto peruanos como bolivianos vinieron a este país en busca de trabajo, y la mayoría labora en empleos relacionados con la construcción y en el servicio doméstico" (El Mercurio, 22 de julio de 1998). "El drama de las nanas peruanas" (Revista Ya del Mercurio, 11 de junio de 2002). "Peruanas: asesoras o prostitutas" (El Metropolitano, 2001).

No es nuestro interés generalizar señalando que todas las mujeres peruanas trabajan en servicio doméstico, sin duda existen innumerables casos donde las mujeres han podido insertarse en trabajos para los que ellas estudiaron y se prepararon. Otras han trabajado en el servicio doméstico durante un periodo breve y han logrado ascender a otros trabajos.

Pero, pese a ello, se ha consolidado la imagen de que la mayoría de las mujeres peruanas trabajan como empleadas o "nanas";4 sin embargo, esto no es algo propio de Chile, por el contrario, es una historia que se repite entre las mujeres que emigran de Filipinas a Hong Kong y Malasia; de Nicaragua a Costa Rica; de México a Estados Unidos; de Bolivia a Argentina; de Marruecos a España, y de Albania a Italia, por mencionar algunos casos.

Uno de los argumentos clásicos del porqué el servicio doméstico es una de las principales fuentes de trabajo para las mujeres inmigrantes: resultado de la disponibilidad de mano de obra barata. Pero ello no explica por qué, como veremos en las entrevistas, las patronas prefieren en algunos casos mujeres sureñas, pero no sureñas-mapuche (indígenas), y en otros, mujeres peruanas o ecuatorianas y no bolivianas.

Consideramos que más allá del argumento de "mano de obra barata", hay otros elementos que hacen a las mujeres provenientes de determinados sectores sociales más "preferibles que otras". Son precisamente estos elementos los que deberían explicar la presencia de mujeres peruanas (y la ausencia, por ejemplo, de mujeres bolivianas) en el servicio doméstico, y es lo que intentaremos analizar en las siguientes páginas.

Se mencionó más arriba la tesis de Maher y Staab sobre la globalización de la reproducción social. Efectivamente, el ingreso de las mujeres de países más desarrollados al mercado laboral no ha ido de la mano con una socialización de las responsabilidades del hogar. Ni el Estado ni los hombres han asumido que la reproducción de la familia es responsabilidad compartida. Lo que sucede finalmente es que quién asume el trabajo de reproducción del hogar termina siendo otra mujer, que necesita (al igual que la dueña de casa) trabajar.

En Estados Unidos y algunos países europeos el surgimiento de mujeres que trabajan en casas particulares, haciendo el aseo, cocinando, cuidando niños y enfermos, es bastante nuevo, y más aún para los sectores medios. Hoy en día este trabajo es realizado, en su mayoría, por mujeres inmigrantes, provenientes de países menos desarrollados.

Chile posee una tradición de servicio doméstico que nos obliga a mirar con cuidado la bibliografía existente, especialmente aquella proveniente de los centros académicos internacionales. A diferencia de lo que sucede en ciudades europeas o estadunidenses, en Chile el servicio doméstico no surge como resultado de la incorporación de la mujer al trabajo, sino que tiene raíces históricas de larga data vinculadas más bien a la tradición de la hacienda, y, por ende, a los sectores más altos de la sociedad. El deterioro en la agricultura, la falta de empleo en el campo y el crecimiento de las ciudades provocaron uno de los movimientos migratorios más importantes en el país, y con ello el aumento de mujeres dispuestas a trabajar en las ciudades. Probablemente este aumento en la oferta permitió expandir este servicio hacia los sectores medios. Hoy en día el trabajo en casa particular está incorporado de tal manera a la sociedad chilena, que incluso las casas y departamentos que se construyen en los barrios acomodados y en sectores medios del país consideran "dependencias" o "pieza de servicio".

Al igual que en diversos lugares del mundo, en Chile los quehaceres del hogar han sido definidos por la sociedad como una responsabilidad y obligación de las mujeres amas de casa. La incorporación de ellas al mundo laboral no ha sido acompañada de transformaciones sociales y culturales que distribuyan las responsabilidades del hogar entre los miembros de la familia. El Estado tampoco ha asumido la responsabilidad que le toca en este ámbito. Por el contrario, al ir delegando sus responsabilidades al mundo privado, se genera un acceso desigual a los servicios que facilitan los quehaceres del hogar. Las guarderías de niños, equipos y electrodomésticos, comida precocida y la posibilidad de tener a alguien que realice los trabajos de la casa son servicios disponibles para los sectores sociales medios y más acomodados.

De este modo, cuando se dispone de suficientes recursos económicos o cuando la mujer sale a trabajar, los quehaceres de la casa son realizados por otra mujer. En Chile tradicionalmente han sido mujeres provenientes del sur del país las "elegidas" para este trabajo, quienes han entregado literalmente su vida al servicio de las familias que las emplearon.

En los últimos años se ha avanzado en una serie de derechos para las trabajadoras de casa particular. Entre los principales avances figuran el fuero maternal, la fijación de horas libres y día de salida, y la exigencia de un contrato laboral. Con ello se buscó modernizar este mercado de trabajo, pero no fue suficiente para retener la oferta de mano de obra. Las mujeres chilenas comenzaron a retirarse de esta actividad. Un estudio del Centro de Estudios de la Mujer (CEM) (Todaro y Gálvez, 1987) realizado en 1987 señala el descenso entre 1960 y 1980 en el número de personas que trabajaban puertas adentro. Esta tendencia se mantuvo a lo largo de los años, tal como se señaló más arriba.

Esta disminución se debe, en gran parte, a la escasa valoración social que posee el trabajo. Al respecto el estudio del CEM señala:

Para la mayoría de las mujeres de los sectores populares en Chile es su primer trabajo y lo ejercen con la expectativa de cambiar hacia una situación más favorable: un oficio mejor, formar una familia propia, tener un golpe de suerte (Todaro y Gálvez, 1987).

La disminución en la oferta y la conciencia de derechos de las mujeres les permitió exigir lo que hasta hace unos años era impensable: mejores sueldos, roles predefinidos y una mayor independencia. Todos estos avances buscaban hacer del trabajo doméstico un trabajo como cualquier otro, con horarios definidos y con asignación de tareas. La conciencia y exigencia de estos derechos, sin embargo, no fueron bien recibidos por las empleadoras o patronas chilenas. Muchas de ellas se quejaban de lo difícil que eran las "nanas" chilenas, pues exigían demasiado, eran "paradas en la hilacha" o "muy alzadas".

Las entrevistas realizadas por Maher y Staab para un estudio sobre mujeres y globalización del mercado laboral,5 dan cuenta de que no se trata sólo de lo difícil que es encontrar una nana chilena, sino que lo verdaderamente difícil es que las empleadoras estén dispuestas a satisfacer y cumplir con las exigencias de estas trabajadoras. Exigencias que, por lo demás, son derechos consagrados por la ley. En el fondo, en las entrevistas se deja entrever que el conflicto surge cuando las trabajadoras de casa particular adquieren mayores derechos laborales, pues con ello se rompe el vínculo servil que caracterizaba la relación patrona-empleada.

Pregunta: ¿cuándo fue que decidió que iban a contratar a una mujer peruana?

Respuesta: la verdad es que se dio en forma espontánea, ya que empezó a ponerse difícil encontrar una nana chilena. Primero el problema de horario, y un poco de actitud. La nana chilena que tuvimos durante varios años, si bien es cierto que fueron limpias, tenían presencia y todo, pero no tenían como una actitud de nana, digamos no quieren usar en la casa el delantal (... ) como que no les gusta asumir su papel de nanas (hombre empleador).

¿Una persona peruana? Me decidí porque en la época que yo necesitaba nana no había niñas que aquí en Chile quisieran trabajar. Las que había eran súper exigentes, no eran muy empeñosas para trabajar (mujer empleadora).

Las amas de casa entrevistadas que tienen o han tenido una trabajadora peruana en sus casas señalan que una de las principales razones para emplearlas fue la dificultad para encontrar una chilena. Pero no se trata sólo de que no hubiera, sino de que no había mujeres chilenas dispuestas a trabajar en las condiciones laborales que ofrecían las patronas. No estaban dispuestas a asumir "la actitud de nana", requisito, al parecer, bastante valorado por las empleadoras:

Yo creo que uno siempre le busca a la persona que a lo mejor es más humilde, a lo mejor a uno le gusta que sean. Pero yo creo que es importante de que cuando uno tiene una persona, en el servicio de su casa, sea una persona que tenga como un grado de servicialidad (mujer empleadora, sector medio-alto).

Es justamente este elemento lo que lleva a muchas empleadoras a preferir contratar una nana peruana: "Eso es otra cosa que tienen las peruanas, en ese sentido, de cómo valorar al patrón" (mujer empleadora).

Tienen un papel o una actitud más de servicio (las peruanas). Tú llegas a la casa y te ofrecen altiro un café, las otras nanas chilenas apenas te tienen la mesa puesta y si no te ven sentado no te sirven. Entonces tienen una actitud más de servicio, de atender.

Pregunta: qué es lo que más le gusta de ella?

Respuesta: Que asume su papel de nana (hombre empleador).

Son un poco más domables (las peruanas). Domables, más fáciles de manejar. Es distinto que una chilena, que lleva tiempo acá, que ya tiene su vida formada (mujer empleadora).

Esta relación servil se da en mayor grado en las trabajadoras de casa particular puertas adentro, pues, tal como lo señala el estudio del CEM citado con anterioridad, se espera que la mujer esté completamente disponible para servir y atender a la familia. Las jornadas laborales son de 10 a 12 horas diarias con solo un día y medio a la semana disponibles para ellas mismas. Las mujeres incluso no logran disponer del tiempo supuestamente libre que poseen en un día, pues si hay actividades sociales, ellas deben permanecer hasta tarde "atendiendo a las visitas" y dejando todo limpio antes de irse a dormir.

El hecho de que una mujer esté sola en la ciudad donde trabaja, sin familia, y con muy pocos conocidos favorece, en algunos casos, su incorporación puertas adentro. Algunas de las entrevistas señalan la preferencia por mujeres que estén solas:"¿yo? Yo me siento más cómoda si sus hijos no están aquí" (mujer empleadora).

La ausencia de una vida propia, independiente y autónoma permite la apropiación completa de la mujer. Su vida pasa a depender absolutamente de la familia que la emplea. En esta misma dirección, Todaro plantea que la trabajadora de casa particular, puertas adentro, no vende un servicio o un producto de su trabajo (como sucede en la mayoría de los casos), sino que vende su tiempo, con lo que pasa a estar a disposición de la empleadora. Esta apropiación de la mujer define una relación de trabajo más cercana a la dominación que a un trabajo moderno.

En este sentido, se entiende la importancia otorgada por los entrevistados al servilismo, pues esta "actitud" confirma y legitima la dominación por parte del dominado. La mujer dominada servil acepta "su condición" y no se revela (como sucedería en el caso de las mujeres chilenas).

En el imaginario de las mujeres empleadoras entrevistadas, las mujeres peruanas y las sureñas cumplen con este "ideal". Son más sumisas, "más calladitas", "cumplen con lo que hay que hacer" y " no exigen demasiado".

Una de las entrevistadas señala que es una ventaja para estas mujeres pertenecer a una cultura más tradicional o machista, pues estarían más acostumbradas a la dominación.

Todavía las peruanas tienen el machismo más metido, son mucho más denigradas que las chilenas. Las chilenas son respetadas, tienen cierta educación. Es otro estilo de vida. Diferencia grande en ese sentido, como que tienen más mundo las chilenas.

Pregunta: ¿y eso las hace mejores o peores nanas?

Respuesta: Yo diría que para el trabajo aquí en una casa es peor (las chilenas), porque las personas que sufren el machismo (las peruanas) están acostumbradas, y no es por nada, pero yo diría que esa es una ventaja (mujer empleadora).

Ver al otro como sujeto de dominación favorece el maltrato y la discriminación, puesto que no se le considera igual. Respetarla como ser humano y en cuanto sujeto de derechos queda en manos de la buena voluntad y disposición de quien goza del poder en la relación (en este caso el patrón o la patrona). Pero incluso en aquellas relaciones descritas como muy buenas, como, por ejemplo, "si mi nana es como de la familia" o "si ella come lo mismo que nosotros, no como en otras casas", el poder sigue estando concentrado en un solo lugar y podrá ser utilizado en cualquier momento, ya sea para llamar la atención, para solicitar favores que quedan fuera de la relación contractual (trabajo fuera de horario o pagarles en forma atrasada) o para recordarles que, pese a todo, deben obedecer las órdenes.

Yo le he dicho qué se ha creído, que estaba en mi casa, que ella era la nana. Que no tenía por qué tener esa actitud, que yo era su patrona, que yo le estaba pagando por su servicio (mujer empleadora, sector medio-alto).

El trabajo doméstico para mujeres inmigrantes posee consecuencias de proporciones para los hijos de estas mujeres. La necesidad de alimentarlos, vestirlos y darles educación las obliga a ir a cuidar niños ajenos, dejando a los propios al cuidado de abuelas, hermanas o hijas mayores (siempre mujeres), pero la separación madre-hijo/a genera consecuencias no sólo en los menores, sino en las propias mujeres, quienes sufren en silencio mientras dan de comer a otro niño.

El servicio doméstico como fuente laboral para las inmigrantes mujeres es un tema que requiere mayor análisis. A su vez, es fundamental considerar las especificidades históricas de donde ocurre este fenómeno y poder realizar comparaciones internacionales reconociendo las particularidades de cada caso.

En Chile, como probablemente ocurre en otros lugares del mundo, no se trata sólo de que el servicio doméstico sea uno de los pocos trabajos disponibles para las mujeres inmigrantes, sino que se produce una estigmatización que dificultaría el acceso a otras fuentes laborales con mejores remuneraciones. La estigmatización que se realiza en este ámbito laboral se traduce en exclusión social no sólo del mundo del trabajo, sino de las oportunidades a desarrollar un proyecto de vida.

La estigmatización laboral va acompañada de una serie de prejuicios y representaciones culturales que la sociedad chilena construye sobre los y las inmigrantes peruanos. Estas imágenes se construyen a través de los diarios, medios de prensa, literatura, noticias, etc. En las imágenes que circulan abundan las ideas de pobreza, de ilegalidad, de buenos para el trago, etc. Todo ello profundiza la estigmatización que se convierte finalmente en exclusión social, económica y cultural. Es por ello que resulta fundamental avanzar en la deconstrucción de dichos discursos e imágenes y promover espacios de encuentro entre los sujetos de modo que se estimule el reconocimiento y aceptación de la diversidad, como un recurso que enriquece.

 

Conclusiones

La llegada en los últimos años de inmigrantes provenientes de Perú ha generado variadas reacciones en el Estado, en la ciudadanía, en políticos y legisladores. En algunos casos las opiniones y discursos de los diferentes actores coinciden, en otros, constituyen discursos divergentes anclados en las experiencias de las propias organizaciones o actores que los promueven. Existen diversas reacciones que van desde el miedo a un sujeto distinto, el rechazo al inmigrante, la curiosidad, la aceptación, hasta la lucha por una integración basada en el respeto a la diferencia y la reivindicación de los inmigrantes como ciudadanos sujetos de derechos.

Pero, quizá, lo más significativo en estos últimos años es el hecho de que el tema migratorio se haya convertido, por primera vez en mucho tiempo, en un asunto de discusión y debate público. Por primera vez vemos en la televisión espacios destinados a mostrar la vida de los inmigrantes en Chile; se discute, además, la necesidad de elaborar una política migratoria que responda a los desafíos del mundo moderno y globalizado.

Lamentablemente las reacciones de la población y de los medios de comunicación han tendido a ser negativas. Ello se observa en la construcción de estereotipos negativos sobre los inmigrantes, en especial cuando se trata de peruanos, bolivianos y/o ecuatorianos.

Esta estigmatización a nivel cultural y social se ve reforzada por una estigmatización laboral, en la medida en que parte de la sociedad chilena asume que el trabajo disponible para las mujeres peruanas es el servicio doméstico, y para los hombres, la construcción y trabajos informales. Esto dificulta y entorpece las posibilidades para acceder a mejores empleos.

La mayor presencia de mujeres peruanas en Chile nos llevó a preguntarnos cuáles son las condiciones que estarían favoreciendo su llegada. Al revisar la bibliografía existente nos damos cuenta de que lo que sucede en Chile sucede también en otros lugares del mundo. Hoy en día las mujeres asumen cada vez un rol de mayor protagonismo en materia migratoria. Pero, ¿cuáles son los beneficios y los costos de esta decisión?, ¿qué implicaciones tiene para los hijos y para las propias madres inmigrantes?

Chile es un país que probablemente seguirá atrayendo a inmigrantes dentro de la región, debido, principalmente, a dos procesos independientes. Por una parte los tradicionales centros de atracción de la migración latinoamericana (Estados Unidos, España, Italia, Alemania) han comenzado a cerrar sus fronteras, diseñando políticas cada vez más restrictivas y de mayor control sobre la población migrante. Parte de la población que busca emigrar hacia estos centros deberá reorientar sus preferencias y buscar países intermedios donde el acceso sea más fácil y donde existan oportunidades de trabajo. El segundo factor que permite predecir un aumento en el corto y mediano plazos es que Chile presenta una relativa estabilidad económica y política, lo que asegura mayores posibilidades de empleo.

Por ello, el país debe definir los criterios básicos desde los cuales se abordará la migración y debe, además, procurar los dispositivos sociales necesarios para cumplir con los objetivos de integración desde el respeto a la diversidad que se ha propuesto.

 

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Notas

* Este artículo recoge varias de las ideas presentadas por Carolina Stefoni. Inmigración peruana en Chile. Una oportunidad a la integración, capítulo 4, Santiago, Chile, 2002 (en imprenta).

1 Esta información corresponde a la declaración realizada por los inmigrantes al momento de postular a la visa de residencia. Allí deben indicar cuál es el último trabajo realizado en Perú, antes de emigrar hacia Chile.

2 Las reflexiones en torno a este punto se desprenden de un estudio sobre un análisis comparativo entre el servicio doméstico en Baja California, México, y Santiago de Chile, realizado por Kristen Hill Maher y Silke Staab, en el que participé a mediados de 2002.

3 la concentración de ciertos inmigrantes o grupos étnicos en ocupaciones particulares es un hecho central que la teoría de incorporación racial o de grupos étnicos, debe explicar. Tal como los hombres, las mujeres inmigrantes se concentran en ocupaciones, pero dentro de un espectro de posibilidades mucho menor. Aún cuando es posible encontrar a mujeres inmigrantes realizando trabajos en la construcción, muchas de ellas se concentran en ciertas ocupaciones. Ellas trabajan en el servicio doméstico, trabajan en industrias textiles, donan su trabajo para empresas familiares y más recientemente, se ocupan en trabajos que requieren mayor preparación, tales como enfermería (traducción libre).

4 En Chile, "nana" es una palabra que se utiliza como sinónimo de empleada o asesora del hogar.

5 El estudio se encuentra en curso y corresponde a una parte del análisis en Baja California, México, mencionado en la nota 2.

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