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Culturales

Print version ISSN 1870-1191

Culturales vol.7 no.14 Mexicali July/Dec. 2011

 

Artículos

 

Expresiones arquitectónicas compartidas en la frontera de Baja California y California

 

David Piñera Ramírez y Alma Sonia Bejarano Suárez*

 

*Universidad Autónoma de Baja California (davidpinera@uabc.mx), (almasorianobejarano@gmail.com)

 

Fecha de recepción: 11 de agosto de 2010
Fecha de aceptación: 3 de febrero de 2011

 

Resumen

En este trabajo se analizan algunos factores significativos que han modelado la arquitectura y el diseño desde fines del siglo dieciocho y hasta el presente en la región que conforman los ámbitos fronterizos de Baja California y California. Se enfoca la atención en los estilos arquitectónicos victoriano y misional californiano con el señalamiento de la manera en que han sido compartidos por ambas entidades.

Palabras clave: estilo, formas arquitectónicas, frontera, Baja California, California.

 

Abstract

This article discusses some significant factors that have shaped the architecture and design from the late 18th century until the present in the region of Baja California and California border areas. Focuses attention on architectural styles Victorian and Missional Californian pointing the way in which have been shared by these two entities.

Keywords: style, architectonic shapes, frontier, Baja California, California.

 

Introducción

La historiografía sobre Baja California se ha centrado fundamentalmente en los procesos políticos, económicos, demográficos y sociales, por lo que no ha prestado toda la atención deseable a otro tipo de fenómenos, como los que se abordan en este trabajo, relacionados con las formas arquitectónicas y de diseño que se han expresado en la región. En este sentido, el trabajo pretende reconstruir las rutas espacio-temporales que se advierten en los ámbitos vecinos de las Californias. Nuestro propósito es secundar las importantes aportaciones historiográficas que han hecho algunos arquitectos, como Héctor Manuel Lucero Velazco, Cuauhtémoc Robles Cairo, Ana Margarita González González, Claudia Calderón Aguilera y Bruno Geffroy Aguilar,1 entre otros, que han tratado esta rica vertiente temática, ubicada en un plano de elaboración social más allá de las relaciones de poder político y producción material, como son las cuestiones estéticas.

Nos enfocaremos en algunos de los principales estilos arquitectónicos que se han manifestado en ambas Californias. Principiamos por el bagaje cultural que trajeron consigo los misioneros franciscanos en su recorrido de sur a norte por la península bajacaliforniana para arribar a la Alta California, en la que levantaron una serie de establecimientos misionales empleando un lenguaje arquitectónico que, a la vez que formaba parte del legado cultural del que eran portadores, recibió rasgos característicos mediados por los materiales y la mano de obra del lugar. Posteriormente, ya en las primeras décadas del siglo veinte, algunas de esas formas, reinterpretadas en California y bajo el nombre de "estilo misional californiano", se extenderán al otro lado de la línea fronteriza, tanto en Tijuana como en Mexicali y Ensenada.

Otro fenómeno que se estudia, y que muestra también la manera en que se han compartido expresiones arquitectónicas en ambos lados de la frontera, es el "estilo victoriano", el que, originado en la sociedad inglesa del siglo diecinueve, vía California fue introducido en Baja California a fines de dicha centuria por empresarios norteamericanos. Tal estilo le dio su impronta a la naciente ciudad de Ensenada, a la sazón cabecera política del Distrito Norte de la Baja California, en edificios que persisten hasta la actualidad.

Al efecto hay que precisar que empleamos el concepto de estilo considerándolo como los rasgos que con mayor asiduidad caracterizan a la producción artística de un periodo determinado. Es decir, el sentido que habitualmente se expresa como un conjunto de rasgos formales, estructurales, matéricos, semánticos, iconográficos, etcétera, en una sociedad específica (Eco, 2004:20-30).

Así, nuestro objetivo general es analizar la manera en que se aprecia la influencia de los referidos estilos victoriano y misional californiano en las vecinas entidades de Baja California y California, que han compartido tales formas arquitectónicas.

 

En los tiempos misionales

La demarcación establecida entre dominicos y franciscanos, en virtud del concordato celebrado entre ambas órdenes en 1772 (Crosby, 1994:203), trajo como consecuencia la delimitación de dos espacios, la Antigua o Baja California y la Nueva o Alta California, la primera ubicada en la península y la segunda correspondiente en términos generales a la actual superficie del estado de California de la Unión Americana. Se estableció así mismo una región que al principio tendría el sentido de límite entre órdenes religiosas y con el tiempo vendría a adquirir el carácter de frontera entre dos países.2 En ese ámbito espacial se ubica el análisis que se hace en este trabajo sobre los factores que modelaron la arquitectura y el diseño, en el marco de la cultura material, con una perspectiva que parte de la referencia temporal que hicimos del siglo diecinueve y se extiende hasta nuestros días.

La arquitectura de las misiones franciscanas en California3 fue dándose como una respuesta al medio, los recursos y el aislamiento físico respecto del centro de la Nueva España al que durante mucho tiempo estuvo sujeta la región. En sus estilos arquitectónicos se advirtieron las tendencias heredadas de Europa, regidos principalmente por los cánones eclesiásticos. Se trataba de atender funciones religiosas con una reinterpretación de formas románicas, árabes y renacentistas. Éstas eran producto del mestizaje de los lineamientos tridentinos, implementados, por cierto, con muy pocos recursos y escasez de materiales, con maestros artesanos, algunos traídos de Sonora,4 y mano de obra indígena local, que logra una mezcla ingenua de órdenes clásicos, una estilización de elementos variados, extraídos tanto de la tradición mudéjar como de la simbología católica barroca, que hacen una síntesis muy propia de esta región.

En las misiones, además de evangelizar a los aborígenes, se les adiestraba para los trabajos de construcción de las iglesias y las labores textiles y de forja. A la misión, desde el punto de vista de sus instalaciones, se le puede describir como un complejo constructivo cuadrangular de arquitectura sencilla, de muros gruesos de adobe, con techos de dos aguas, patio interior rodeado por corredores con arcadas, iglesia en una esquina, convento, habitaciones para que pernoctaran los neófitos, talleres de trabajo, huertos, sembradíos, caballerizas y cementerio. A su alrededor, o muy cercanos, estaban el presidio, el poblado o las rancherías donde vivían los naturales de la zona.

Una de las características más destacadas de las misiones es la iglesia de planta basilical, generalmente de una sola nave. En la fachada se encuentran la portada o puerta de ingreso, que muchas veces era sobria5 y otras adornada con columnas, y el campanario o espadaña, que consiste en un muro alto (que sobresale la línea del techo) con vanos donde se insertan las campanas y el frontón mixtilíneo. Este último se debía a una estilización de las volutas barrocas, ya que, dada la ausencia de cantera y de hábiles artesanos en la región que la trabajasen, se realizaban únicamente las sencillas curvas y contracurvas que el adobe les permitía y la moldura que protegía a la pared de la lluvia. Las voluminosas paredes se blanqueaban con cal y contrastaban con las tejas rojas de las cubiertas.6

 

La nueva frontera de 1848

Con el transcurso del tiempo, la línea trazada para dividir los territorios de las misiones dominicas de la Baja California y las franciscanas de la Alta California casi coincidiría con la frontera que se señaló entre México y Estados Unidos a consecuencia de la mutilación forzosa de 1848 (Samaniego, 2006:62).

Así, los habitantes de California vieron cómo los norteamericanos empezaron a instalarse en las tierras que ellos venían ocupando, trayendo consigo una cultura moderna. Al núcleo tradicional de San Diego empezaron a denominarlo el Old Town de los "dones" y fue quedando en desuso, sobre todo cuando Alonzo E. Horton en 1867 compró en una subasta 800 acres de los terrenos cercanos a la bahía de San Diego, los que vendió rápidamente7 para que se expandiera la nueva ciudad sandieguina (Rawls,1998:42). Para finales del siglo diecinueve las construcciones típicas de San Diego ya eran de líneas victorianas, estilo que se difundía, entre otros medios, a través de guías y catálogos8 que ofrecían planos con medidas y detalles constructivos, lo que se convirtió en un sistema de compra de casas bastante generalizado. En esas circunstancias, tal arquitectura se extendió en la cultura material de las élites de San Diego, con detalles medievales del gótico o el románico, o de estilos más próximos como el Reina Ana, el Segundo Imperio, el italianizante o el neoclásico. Tales rasgos eclécticos victorianos se observan en la rica ornamentación especialmente de las fachadas y en virtud de la ductibilidad de la madera, material por excelencia empleado en esas construcciones. En el panorama de la dinámica ciudad destacaban el renombrado Hotel del Coronado y la Villa Montezuma, que todavía se conservan en muy buenas condiciones.

Se caracteriza la Villa Montezuma por la abundancia de extensiones, porches, galerías y torres; por los aguilones en el extremo de los techos, y por los dinteles, alféizares y bordes de las ventanas. Cabe señalar que esta residencia fue construida especialmente para el músico y viajero mundial Jesse Shepard, y que en su diseño se utilizó como base uno de los catálogos que hemos mencionado. Diversos elementos de la construcción, así como múltiples muebles y objetos decorativos, fueron traídos por ferrocarril desde el este de la Unión Americana (Crane, 1987:23).

Otro ejemplo paradigmático de residencia estilo victoriano, en su variante Reina Ana,9 es la que le construyeron en San Diego los arquitectos Comstock y Troche al coronel William G. Dickinson, quien fuera el fundador de la población de Chula Vista. La residencia también subsiste hasta nuestros días.

 

Colonización e influjo arquitectónico

Dentro del programa colonizador que para México concibió el régimen de Porfirio Díaz, Baja California ocupó un lugar significativo en razón de lo escasamente poblado de su territorio. En ese marco, en el año de 1886 inició operaciones, en el área de Ensenada, The International Company of México, empresa de capital estadunidense. Simultáneamente a esa concesión, en el sur de California se dio un auge en la venta de bienes raíces, fenómeno conocido como boom, que se mantuvo durante la década de los ochenta y repercutió en el desarrollo de la región norte de Baja California. Esa bonanza de bienes raíces se centró fundamentalmente en Los Ángeles y San Diego y posteriormente se extendería hacia el sur de la línea divisoria, toda vez que la compañía implementó un proyecto de desarrollo urbano en la bahía de Ensenada con el propósito de atraer compradores norteamericanos. Para tal efecto se hizo una traza siguiendo algunos modelos de urbanización vigentes entonces en la Unión Americana. Ello se complementó con la construcción de algunas instalaciones clave, como las oficinas de la propia compañía, la residencia del gerente y un hotel. En ellas, como es explicable, se utilizaron las formas arquitectónicas victorianas en boga. Hasta la fecha persisten las oficinas de la empresa, convertidas en sede de la delegación en Ensenada del Instituto Nacional de Antropología e Historia. No corrió con la misma suerte el Hotel Iturbide, asentado en la parte alta de la meseta que se ubica a mano izquierda de la entrada a la ciudad. Varias fuentes de la época elogiaron la belleza de su arquitectura, su confort y la magnífica vista que proporcionaba de la bahía (Piñera, 1995:143-145).

El que los materiales para construir se obtuvieran en San Diego dio por resultado que la casi totalidad de las demás construcciones se hicieron también de madera. Casas habitación,10 oficinas de gobierno, locales comerciales, logia masónica, hoteles, etcétera.

Ello le dio a Ensenada un aire de población anglosajona que percibieron los visitantes. En la revista californiana Land of Sunshine de octubre de 1898 se le describió como "una agradable mezcla de sabor antiguo mexicano y confort inglés". Tuvo elogios para las elegantes líneas victorianas del Hotel Iturbide. El inglés J. R. Southworth expresó en 1899: "Las casas, fábricas y demás edificios ostentan los diversos órdenes arquitectónicos más pintorescos que resultan de una combinación del estilo antiguo de construcción con el americano moderno". También señala: "Llaman la atención las largas y anchas avenidas, las cómodas habitaciones para las familias, el cuartel general, los hoteles bien dirigidos, las espaciosas casas de comercio, y la apariencia general que da a conocer a la población como un centro de actividad comercial". Hace notar que la ciudad está "perfectamente iluminada con luz eléctrica y posee todas las mejoras modernas de las principales ciudades norteamericanas" (1889:78). El abogado, viajero y escritor californiano Arthur W. North visitó Ensenada en 1905, y al transmitir sus impresiones expresó: "[...] es una población relativamente nueva, americana, mexicana-inglesa, con mil quinientos habitantes, un clima delicioso y una bella ubicación sobre la curva y blanca playa de la bahía de Todos Santos" (1910:259). El también escritor Adolfo Dollero estuvo en el puerto al finalizar la primera década del siglo veinte y lacónicamente apuntó: "Ensenada parece una pequeña ciudad norteamericana: las casas son en su mayor parte de madera, hay servicios de agua potable, teléfonos y luz eléctrica, hay solamente unos 2,100 habitantes..." (1911:34).

Como se sabe, el fracaso financiero de la International Company of Mexico cambió el rumbo que llevaba la población de Ensenada, que paulatinamente se fue vinculando al desarrollo general de nuestro país.

En lo que ve a Tijuana, no hay que dejar de mencionar que en 1900 se inauguró un edificio escolar de considerables dimensiones, que se ubicaba al lado de la hoy catedral de Nuestra Señora de Guadalupe. Previa la convocatoria respectiva, la construcción de la obra se encomendó a la compañía Bishops and Hughs, de San Diego, que lógicamente importó los materiales y utilizó elementos victorianos.

 

Irving Gill, un actor protagónico

En los vaivenes de la moda y la innovación arquitectónica norteamericana, que tanto ha influido en la frontera mexicana, encontramos al arquitecto Irving Gill, quien nacido en 1870 en Tully, Nueva York, llegaría a California en 1892, después de colaborar en el despacho del arquitecto Louis Henry Sullivan, el reconocido forjador del movimiento arquitectónico denominado Escuela de Chicago.11 En la oficina de Sullivan, Gill trabajó a las órdenes del también paradigmático Frank Lloyd Wright (Kamerling, 1993:2-25). Con tales antecedentes llegó Gill al prometedor estado de California, donde utilizaron sus servicios ricas y sobresalientes familias de San Diego. Ello lo llevaría a compenetrarse de la atmósfera cultural californiana en sus diversos y sucesivos estadios. La California rural, con un marcado ambiente campirano, se tornó en un conglomerado bullicioso, una comunidad cosmopolita, con grandes aspiraciones, que traería consigo el lenguaje arquitectónico de la era victoriana, con el que los nuevos ricos querían destacar, disfrutar de sus logros y mostrar el arribo al confort que les daba la nueva fortuna. Así, la arquitectura proyectaba las aspiraciones de sus usuarios, mostrándose como fiel reflejo de la sociedad californiana, caracterizada por su sinergia y dinamismo.

En el siglo veinte, con sus ideas progresistas, el arquitecto Gill fue el detonante que modificó la arquitectura victoriana, el que la simplificó con proyectos encuadrados en la corriente denominada Arts & Crafts. En 1906 T. J. Cobden Sanderson definió a ésta como "un movimiento que pone todas las actividades del espíritu humano bajo la influencia de una idea, la idea de que la vida es creación" (Meggs, 1991:30). Es la conciencia de diseñar con un sentido, teniendo en cuenta ante todo al hombre, su universo y su necesidad de belleza, su amor por el arte y la artesanía, incluyéndolo en todo lo que lo rodea, en objetos y cosas que se usan en cada momento de su cotidianidad. A esta corriente se le conoce en México como Artes y Oficios.

En ese tenor, Gill desmaterializó las complejas líneas del estilo victoriano, con la tendencia democratizadora del Arts & Crafts, que servía para la clase media en ascenso, toda vez que proporcionaba belleza, calidez y comodidad, un intento por llegar al confort sin el gasto de muchos sirvientes, en la búsqueda de hogares funcionales, de los que desapareció el atestado salón de recibir para mesuradamente introducir estancias y cocinas más reducidas, proponiendo artefactos destinados a los sectores sin grandes recursos económicos (Kamerling, 1993:19).

Las características de este estilo, tan socorrido en California, incluyen fachadas de líneas arquitectónicas limpias, techos de dos aguas, bajos, con vigas decorativas aparentes, alerones sobrantes que además de dar interés visual a la arquitectura protegen a la construcción de los elementos, los muros recubiertos de ladrillo y estuco, porches y asoleaderos, mientras que los interiores cuentan con detalles de carpintería en molduras y ebanistería (Hines, 2000:34-39).

Con ese sentido progresista Gill creó la Casa Marston (1904-1905). Ése fue el parteaguas para seguir explorando nuevas formas, diferentes soluciones constructivas y simbólicas, tomando como punto de partida el estudio de la arquitectura vernácula realizada por los "californios", esto es, los españoles, criollos y mestizos arraigados en la región. Se apasiona en particular por las construcciones franciscanas, de las que retoma la simetría, los muros gruesos, el color blanco, los arcos de medio punto, las pilastras, las columnas dóricas, los frontones mixtilíneos para incorporarlos en muchas de sus obras, recuperando, paradójicamente, en su modernidad la tradición de la arquitectura misional, como se puede observar, entre otras edificaciones, en la Capilla Episcopal de Saint James, en San Diego.

Por los mismos años surge el arquitecto Bertram Grosvenor Goodhue (1869-1924), nacido en Connecticut y graduado en New Haven, quien en San Diego diseñaría el cuadrángulo del edificio del Prado, así como los edificios de Bellas Artes y de California, este último ahora denominado Museo del Hombre. En ellos recreó obras churriguerescas y neoclásicas de origen español, en ocasión de la feria que celebraba en 1915 la apertura del Canal de Panamá, todo ello ubicado en el hoy famoso Balboa Park. Allí permanecen esas obras, algunas con detalles un tanto escenográficos en las fachadas, sin dejar de reconocer su intento de preservar elementos de la arquitectura Spanish Colonial, como denominaron los críticos norteamericanos a principios del siglo veinte a la suma ecléctica de las formas renacentistas y barrocas.12 Sería hasta los años cincuenta cuando la historiadora de la arquitectura Esther McCoy, en su obra Five California Architects analiza y conceptúa a los diseños arquitectónicos de Irving Gill como estilo misional (McCoy, 1958:87). También Bruno Zevi, arquitecto y teórico italiano, en su magna Historia de la arquitectura moderna, caracteriza asimismo el trabajo de Gill como estilo misional (Zevi, 1980:291).

Encuadrado Gill en el ideal moderno –prevaleciente en algunos ámbitos de la sociedad norteamericana de las primeras décadas del siglo veinte–, expresó su fe en la ciencia y la tecnología, con un sentido social afín al progresismo,13 que pugnaba por el bienestar de amplios sectores sociales. Así Gill empleó los arcos y formas arquitectónicas tomadas de las antiguas misiones, innovando en procesos de concreto colado. Experimentó y utilizó sistemas que posibilitaban la producción de obra en poco tiempo y que por lo mismo abatían costos, como el Tilt Up,14 que usó en viviendas populares. Con ello reflejaba su concepción de la arquitectura como un instrumento esencial para el progreso y el bienestar (Hines, 2000:76).

Otra obra muy conocida de él fue la residencia que construyó entre 1915 y 1916 para la señorita Ellen Browning Scripps, y que a la muerte de ésta fue adquirida en 1941 por un grupo de artistas para convertirla en el actual Museo de Arte Contemporáneo de San Diego. La construcción fue remodelada 50 años más tarde con una propuesta postmoderna de Robert Venturi (1994-1996).

Como parte del carácter progresista de Gill estaba su compromiso social, pues no obstante que trabajó para una élite de familias sandieguinas realizaría también vivienda popular en varias poblaciones de California, como San Diego, San Bernardino y Comerce.

Gracias a la visión, creatividad y enseñanzas de Gill,15 que fue maestro y miembro fundador de la Asociación de Arquitectos del Sur de California, hoy se puede afirmar que buena parte de las edificaciones de la región han recibido la impronta de la tendencia misional californiana que él encabezó (Mc Coy, 1960:61).

A ello también contribuyó, circunstancialmente, el popular libro Ramona (1884), de la escritora Helen Hunt Jackson, que narra los amores desdichados de una californiana en un escenario ubicado en la época colonial, fruto de la fantasía, que fascinaría a los lectores. Como se sabe, tal fue la ilusión por ese pretérito imaginado que la Casa Estudillo, en el Old Town de San Diego –remodelada a principios del siglo veinte–, era mostrada ficticiamente como la casa de Ramona y se ofertaban viajes y visitas que daban vida a ese personaje producto de la fantasía literaria.

 

La influencia se extiende a Tijuana

En lo que concierne al área ubicada al sur de la línea divisoria internacional, encontramos que en las décadas de los años veinte y treinta se manifestó también un gusto por la arquitectura misional californiana, a la que se mezclaron otros estilos. Esta tendencia fue la que retomaron los esposos Wayne y Corine McAllister, en el complejo turístico de Agua Caliente, en Tijuana, inaugurado en 1928 (Padilla, 2006:7, 15, 16 y 27). Se encuentran varias semejanzas en los conceptos formales y el partido arquitectónico que Gill empleó, por ejemplo, en la escuela Bishop, de La Jolla, California, y en el complejo turístico Agua Caliente, ya que en ambos se agrupan las construcciones rectangulares alrededor de patios, flanqueadas por pórticos y corredores de arcos de medio punto y columnas.

Las fachadas de los edificios de Agua Caliente tienen el estilo, el aire de las misiones que imprimía Irving Gill a sus proyectos, como se puede apreciar en las fotografías incluidas en este artículo.

El complejo de Agua Caliente comprendía casino, hotel, baños con aguas termales, hipódromo, galgódromo, campo de golf y pista de aterrizaje, lo que evidencia sus grandes dimensiones.16

La inauguración vino a ser todo un acontecimiento, ya que concurrieron personalidades del mundo de las finanzas y la industria, y empresarios y artistas de Hollywood.

Las lujosas habitaciones del hotel se complementaron con una serie de bungalows del mismo estilo misional californiano. La jardinería se encomendó al arquitecto George Body, que había destacado por su participación en los jardines del Parque Balboa de San Diego en 1915. Se trajeron especies vegetales oriundas de diversos países del mundo. A un lado del hotel estaba el balneario, en el que se proporcionaban baños a vapor, y el interior del edificio presentaba un ambiente evocador de la Alhambra de Granada, España. El restaurante tenía anexo el Patio Andaluz, en donde además de servicios culinarios se ofrecían espectáculos. Para dar salida a los vapores de la lavandería y del cuarto de calderas, se construyó una alta chimenea, a la que la creatividad de los McCallister le dio la forma de un minarete, esto es, similar a las altas torres de las mezquitas árabes en las que desde sus alturas se elevaban oraciones. Por eso la parte superior del minarete, aún en pie, muestra la decoración con azulejos que le estampan su sello múdejar.

El impacto que generaban el casino y las instalaciones anexas, en el marco que creó la Ley Seca17 en la frontera, hizo de Agua Caliente una especie de polo de atracción, que propiciaría una red de vías de comunicación para tener acceso a él desde los Estados Unidos. En efecto, se podía llegar en automóvil, ferrocarril o avión. La original torre que se levantó a la entrada del complejo, servía a la vez de faro para quienes arribaban en avión.

Los inversionistas de esta renombrada empresa eran los norteamericanos Wirt G. Bowman, Baron Long y James Crofton, quienes se sabe estaban asociados con el entonces gobernador del territorio norte de la Baja California, general Abelardo L. Rodríguez.

Enfocándonos en los aspectos arquitectónicos del complejo de Agua Caliente, podemos apreciar en la imagen del acceso al casino que se incluye el corredor con las arcadas típicas de las misiones californianas, blancos muros encalados y con techumbres de tejas rojas. En primer plano, a la izquierda, la ventana inserta en un nicho de concha de tradición renacentista, con detalles pintados de filamentos vegetales de apropiación mudéjar.

También podían observarse canceles de madera con profusión de torneados de rosario, inspirados en los trabajos de carpintería de las antiguas misiones, que se realizaban con las herramientas que trajeron los frailes franciscanos: tornos para madera, sierras braceras y cuchillas para los cepillos que se empleaban en los rebajes y resaques. Esas rudimentarias pero eficientes herramientas hicieron posibles paradigmáticas obras en madera, que serían repetidas una y otra vez en el futuro.

El área de los baños de Agua Caliente, en el interior del balneario, se encontraba decorada con alicatados pletóricos de azulejos. El lambrín de cerámica, hecho en San Diego, mostraba marcadamente la influencia morisca de la Alhambra, por su lacería geométrica engarzada y estrellas simulando los alíceres mozárabes, es decir, las pequeñas piezas de cerámica vidriada. En este caso, los azulejos estaban decorados con cenefas de motivos vegetales, cuya saturación de hojas lanceoladas superpuestas y zarcillos semejan la ambientación islámica que se observaba en la tradición árabe-renacentista del sur de España. Se evidencia así una de las ideas de la época, la identificación de lo californiano con la hispánico.

También es pertinente mencionar que Gill, además de su labor como arquitecto, diseñaba espacios interiores y mobiliario, en lo que fue uno de los propulsores del llamado estilo misión, que consistía en recrear los lenguajes renacentistas del siglo dieciséis novohispano, como lo hizo con las conocidísimas sillas fraileras. Ese mismo tipo de asientos simplificados, resistentes y funcionales inspirarían los muebles estilo misión, que elaboraban en el estado de Nueva York varias compañías, entre ellas la de los hermanos Stickley, así como los que después se manufacturaron en Tijuana, a finales del siglo veinte y principios del veintiuno, en la fábrica Douglas Furniture. En esta empresa se rediseñaron con algunas variantes, como el reposed, que incluyen herrajes y dispositivos que permiten el movimiento. Lamentablemente, en la actualidad la compañía los fabrica en China, muy lejos del ámbito que los originó (Bejarano, 2007:93).

 

La expansión del estilo

Además de lo que ya hemos referido, hubo otros casos que ponen de manifiesto la forma en que el estilo misional californiano pasó a formar parte del espíritu de la época (el zeit geist). Principiando por California, encontramos, en vía de ejemplo, el del Rancho Santa Fe, que vino a ser el primer centro urbanístico y habitacional integralmente planeado en la década de los veinte. Su urbanización fue acometida en 1923 por la Santa Fe Land Improvement Company, que solicitó los servicios de los arquitectos Richard Requa, Hanzel Waterman y Lilian Rice, seguidores del pensamiento y las formas arquitectónicas de Irving Gill. Esa elegante zona residencial se conserva en nuestros días e inclusive ha sido declarada sitio histórico.

En el ámbito de la educación superior tenemos el campus de la Universidad Estatal de San Diego, proyectado por el arquitecto Mark Daniels y que se inauguró en 1931 (Starr, 1995:70). Es emblemático su gran campanille, remembranza de las espadañas franciscanas, así como sus blancos muros, arcadas mudéjares y rojas tejas.

En lo que ve a Baja California mencionemos al Foreign Club, que levantó en la esquina de Avenida Revolución y Calle Tercera, en la década de los treinta, el empresario sonorense Eugenio Rodríguez. Todavía pueden apreciarse sus altos paramentos mixtilíneos rematados con pináculos piramidales.

También en la Avenida Revolución está la voluminosa estructura del Palacio Jai Alai, cuya construcción, iniciada en 1926, estaría suspendida por un considerable tiempo, ya que se inauguró hasta 1947. Su propietario encomendó el diseño de la obra al arquitecto estadunidense Eugene Hoffman, residente de San Diego. De este conocido edificio destacan los ajimeces de sus ventanas, así como los contrafuertes ornados con grandes remates y sobre todo las cenefas con lacerías mudéjares que se observan en los intradós de los arcos de ingreso.

En Ensenada se construyó el Hotel Playa, después llamado Riviera, que proyectó el arquitecto Gordon F. Mayer, con líneas similares a las del Casino de Agua Caliente (Calderón y Geffroy, 2001:42; Novelo, 1982:322; Padilla, 2006:41). Abrió sus puertas en 1930, pero su elegancia aún se puede constatar, ya que con el tiempo fue debidamente restaurado para utilizarse como Centro Social, Cívico y Cultural Riviera, a diferencia del de Tijuana, del que sólo quedan algunos vestigios.18

Ubicándonos en Mexicali, encontramos que los arquitectos Ana Margarita González González y Cuauhtémoc Robles Cairo, al referirse a la catedral, han expresado: "Su imagen parece arrancada también de las edificaciones de adobe emplastado que las órdenes religiosas dejaron en la Alta California". Asimismo, con relación a la conocida cervecería de la ciudad, inaugurada en 1923, agregan: "quien pasa frente a la cervecería de Mexicali no la identifica como un edificio industrial, debido a que sus formas evocan el lenguaje de la arquitectura religiosa, lo cual se acentúa con la presencia de la torre, una alusión a la arquitectura misional, incluso coronada con una cúpula" (Lucero, 2002:100-101).

Otro edificio muy conocido por los mexicalenses es el de la Colorado River Land Company, construido en 1924 para albergar principalmente las oficinas generales de la empresa y un banco agrícola refaccionario (Trujillo, 2003:35). De él se ha señalado que el hecho de que los volúmenes de su planta están dispuestos en torno a un patio central "recuerda los esquemas de distribución espacial de las misiones, donde el patio de luz o claustro es el centro en donde convergen las actividades de sus moradores".19

A inicios de la segunda mitad del siglo veinte estuvo en Mexicali Fernando Jordán, quien en su obra clásica, El otro México, dejó esta descripción de la zona residencial, localizada entre las avenidas Reforma y Obregón: "Las calles son anchas, extraordinariamente anchas, y las amplias aceras van escoltadas por árboles y alfombradas con prados. Las casas están construidas, en su mayoría, al modelo californiano, y se mantienen aisladas dentro de pequeños parques que deben conservarles algo de fresco durante los agobiantes veranos".20

Por fortuna, en la actualidad subsisten algunas de las aludidas residencias.21

Desde otro ángulo, hay que hacer notar que la influencia llegó hasta la Ciudad de México, en donde es bastante conocido un buen número de construcciones del estilo que nos ocupa, allá denominado "colonial californiano", levantadas a fines de la década de los veinte y principios de los treinta, especialmente en las colonias Condesa, Hipódromo, Cuauhtémoc y Lomas de Chapultepec (Porras, 2001:132-133).

Concluimos haciendo referencia al resurgimiento o popularización del estilo en nuestros días, que puede observarse en los abundantes ejemplos de los fraccionamientos de clase alta, media y popular, así como en las áreas turísticas, donde son frecuentes los frontones mixtilíneos y demás detalles de cuño misional californiano, en una pervivencia del pasado en el presente, tanto en Baja California como en otras regiones del país.

 

Consideración final

Estimamos que el recorrido realizado pone de manifiesto la manera en que las entidades fronterizas de California y Baja California han compartido los estilos victoriano y misional californiano, al señalar los contextos y las circunstancias históricas que han concurrido en ello. La riqueza de tales fenómenos hace evidente la importancia de analizarlos y así secundar las significativas aportaciones historiográficas que han hecho algunos profesionales de la arquitectura. En esa virtud, al lado de los estudios enfocados en los procesos históricos de orden político, económico y social, de suyo relevantes, se incrementarán las reflexiones sobre fenómenos que se ubican en el plano de la estética, lo que ampliará y diversificará nuestra percepción de la realidad regional.

 

Bibliografía

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Notas

1 Los títulos de las obras de tales autores se encuentran en la bibliografía.

2 La delimitación entre franciscanos y dominicos, marcada por la mojonera de Palou, se ubicaba, aproximadamente, a 48 kilómetros de la actual línea divisoria internacional entre México y Estados Unidos, establecida en virtud del Tratado de Guadalupe Hidalgo, celebrado por ambos países en 1848 (David Piñera –coord.–, Historia de Tijuana. Semblanza general, pps. 24 y 39)

3 Fueron 21 misiones (Osio, 1996:31), entre las que destacaban por su arquitectura Santa Bárbara, San Luis Rey, San Gabriel, San Diego, Santa Clara y San Francisco de Asís.

4 Como se sabe, a partir de 1774 Juan Bautista de Anza abrió una ruta que comunicó a las tierras sonorenses con la Alta California y en sus varias travesías llevó, entre otros, artesanos que estuvieron en contacto con el considerable desarrollo arquitectónico que habían alcanzado las misiones franciscanas, principalmente las de San Ignacio, Caborca y Tubutama (Kennedy, 1993:96-119).

5 La fachada más elaborada corresponde a la de Santa Clara de Asís (Johnson, 1991:166).

6 Cabe mencionar que en la construcción de las misiones que fundaron los jesuitas, algunas terminadas por los dominicos, predominó el uso de la piedra, especialmente en las de San Ignacio, San Francisco Javier, Nuestra Señora de Loreto, San Francisco de Borja y Santa Gertrudis, todas en la Baja California, a diferencia de las misiones franciscanas de la Alta California, construidas, como ya se expresó, con adobe y cubiertas de dos aguas con tejas.

7 El Old Town, con su pequeña plaza central, a la manera del modelo de urbanización hispano colonial, se encuentra próximo a la bahía de San Diego (Padilla, 2006:63), y la adición, promovida por Horton, se ubicó en el suroeste, a orillas de la bahía (Best, 1988:263-264).

8 Desde los años cincuenta del siglo diecinueve empezaron a generalizarse en California tales publicaciones, como, por ejemplo, A Victorian Housebuilders Guide. "Woodward's National Architect", 1869; Hints on Household taste, la muy divulgada obra del arquitecto inglés Charles Eastlake, impresa en Inglaterra en 1868, que tuvo múltiples reimpresiones en la Unión Americana y que tanto influyó en los constructores de California (Walker, 1997:156), y a partir de 1908 los catálogos de Sears and Roebuck Company (Kraven, 2009)

9 El estilo Reina Ana se inicia en Londres hacia 1870; los líderes fueron los arquitectos Richard Norman Shaw y Philip Webb. Se dio después del neogótico y ha sido definido como el gusto vernáculo inglés, en el que se encuentran rasgos de varias arquitecturas, desde la alemana hasta la japonesa. Sus mayores exponentes son las casas de Chelsea, Inglaterra, con tejados en pico, grandes paramentos flamencos y profusión de detalles del gusto doméstico inglés (Crowley, 1998:96).

10 Algunas familias de elevados recursos económicos, como la de Francisco Andonaegui por ejemplo, escogieron su residencia en uno de los mencionados catálogos que publicaban las compañías constructoras del este de los Estados Unidos. Para construir la casa de Andonaegui las piezas de madera llegaron por barco, después de bajar hasta el Cabo de Hornos y subir después por el Océano Pacífico hasta el puerto de Ensenada. Ya ahí, siguiendo el proyecto del catálogo, se construyó la residencia, con su porche y torre Reina Ana, variación, como ya se mencionó, del estilo victoriano. La residencia subsiste a la fecha, restaurada de los daños que le causó recientemente un incendio. (Entrevista de historia oral realizada por David Piñera con Francisco Zárate Vidal en Ensenada, 1976.)

11 Como se sabe, a fines del siglo diecinueve tal escuela introdujo, entre otras cosas, el sistema de cimentación flotante y de estructuras metálicas autosuficientes, lo que influyó de manera trascendental en la arquitectura del siglo veinte. Se asocia también con la Escuela de Chicago a Henry H. Richardson, Louis Sullivan, Le Baron Jenney y John Wellborn Root (Zevi, 1980:287-306).

12 A guisa de aclaración sobre las denominaciones o términos relacionados con el estilo Misional Californiano, cabe agregar que el historiador de la arquitectura Rexford Newcomb escribió Spanish Colonial Architecture in the United States (1937) basado en obras como Franciscan Mission Architecture of Alta California (1916) y Old Mission Churches and Historic Houses of California (1925). Esas fueron las fuentes originales para denominar Spanish Colonial Style a todas las construcciones que tenían elementos arquitectónicos surgidos del periodo español y mexicano en Estados Unidos, como en Texas y Florida, pero principalmente en California. Teóricos mexicanos lo han llamado Colonial Californiano, Spanish Style o Hispanic Style. Se refieren al estilo con las mismas raíces, aunque con algunas variaciones o matices de mayor ornamentación que el propuesto por Irving Gill (véase Rexford Newcomb, James Rawls y Paul Johnson, entre otros)

13 El Progressive Movement floreció durante los gobiernos de Roosevelt, Taft y Wilson (1901-1921) y se caracterizó, entre otros rasgos, por tender a que las grandes corporaciones no afectaran los intereses de sectores mayoritarios, pugnar por la protección del trabajo y fomentar la salud pública, el feminismo y el sufragismo (González y Zermeño, 1988:155-188).

14 Técnica de construcción modular en concreto, originada por Robert Aiken, que consiste en elaborar páneles de hormigón en una superficie plana horizontal para elevarlos posteriormente a través de medios mecánicos y ensamblarlos a fin de levantar construcciones de modo rápido y económico (Hines, 2000:173-175).

15 Lester Walker afirma que la simplicidad básica del estilo misional se acomodaba a diferentes maneras de construir, con adobe, ladrillo o concreto, y con las obras de bastidor de madera. El estilo podía ser empleado tanto por arquitectos como por contratistas. Igualmente, Walker señala que el estilo se asoció frecuentemente al movimiento americano del Arts & Crafts, por el deseo de volver a lo simple, lo auténtico y lo armonioso con el entorno (1997:174).

16 Se construyó en la casi totalidad del predio de 243 hectáreas que el general Abelardo L. Rodríguez adquirió en 1926 de Alejandro Argüello y lo aportó a la empresa propietaria de Agua Caliente (Bazán, 1980:557-564). El complejo turístico comprendía la superficie de las actuales instalaciones del Centro Escolar Agua Caliente, del Club Social y Deportivo Campestre de Tijuana y del Hipódromo Caliente, así como la superficie de las colonias Aviación, Neidhart y Cubillas

17 La llamada Ley Seca, que estuvo en vigor en Estados Unidos de 1920 a 1933, prohibió la producción y venta de licor en el país, lo que trajo como consecuencia que proliferaran en la frontera, incluyendo la bajacaliforniana, los sitios en que se expendían bebidas alcohólicas y se practicaban los juegos de azar, que también estaban prohibidos en la Unión Americana.

18 En 1935 el presidente Lázaro Cárdenas prohibió los juegos de azar en el Casino de Agua Caliente, lo que condujo a que éste terminara sus operaciones. Más adelante, en 1937, el mismo presidente Cárdenas decretó la expropiación de las instalaciones para destinarlas a fines educativos, originándose así el Centro Escolar Agua Caliente. En forma paulatina los edificios se fueron deteriorando, e inclusive hubo saqueo de muebles y accesorios decorativos, y finalmente, en la década de los setenta del siglo veinte, se realizaron expresamente trabajos de demolición.

19 Esta apreciación la hacen Ana Margarita González González y Cuauhtémoc Robles Cairo en "20 elementos", incluido en Mexicali 100 años.

20 Transcripción tomada de la página 156 de la reedición de El otro México, efectuada en 1993 por la SEP y la UABC; figura también en Lucero, 2002:123.

21 Cabe mencionar que también en las primeras décadas del siglo veinte se levantaron importantes construcciones con estilos diferentes al colonial californiano, objeto específico de este artículo. Nos referimos a la Escuela Cuauhtémoc, inaugurada en 1916, cuyas líneas pueden ubicarse en el Beaux Art (Zevi, 1980:289-291), término con el que actualmente se hace referencia al clasicismo, frecuente en ese tiempo en los Estados Unidos, de donde se derivó a Mexicali. Lo anterior es aplicable también al Palacio de Gobierno, que se inauguró en 1922 y en la actualidad es la sede de la rectoría de la UABC. Su construcción estuvo a cargo de la empresa norteamericana Henry Clarke Company (Samaniego, 1997:525)

 

Información sobre los autores

David Piñera Ramírez. Mexicano. Doctor en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Investigador del Instituto de Investigación Históricas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), en Tijuana. Áreas de investigación e interés: historia urbana regional e historia de la educación superior. Algunas de sus publicaciones recientes: Los orígenes de las poblaciones de Baja California. Factores locales, nacionales y externos (UABC, 2006) y Tijuana en las ultimas década (IMAC, 2010).

Alma Sonia Bejarano Suárez. Mexicana. Licenciada en diseño y maestra en didáctica de las artes visuales por la Universidad de Guadalajara. Actualmente cursa el Doctorado en Educación en la Universidad de Tijuana. Es profesora en la facultad de Arquitectura y diseño de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Áreas de investigación e interés: teoría e historia del diseño y estudios humanísticos y culturales. Es autora de El mueble en la historia de Baja California (IMAC, 2007).