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Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México

On-line version ISSN 2395-9185

Rev. interdiscip. estud. género Col. Méx. vol.8  Ciudad de México  2022  Epub Aug 08, 2022

 

Reseñas

Nostalgias de la esperanza. Pasado, presente y futuro de la lucha trans en CDMX

Siobhan Guerrero Mc Manus1  , Investigadora Titular A, T.C.
http://orcid.org/0000-0002-3882-6217

1Investigadora Titular A, T.C., Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (UNAM), Ciudad de México, México, email: siobhan.fgm@ceiich.unam.mx

Gutiérrez, Ana Paulina. 2022. Atmósferas trans. Sociabilidades, internet, narrativas y tránsitos de género en la Ciudad de México. Ciudad de México: El Colegio de México, 311p.


Hace unos pocos días di una conferencia acerca del porqué en los últimos tiempos el término “transfeminismo” ha ido ganando popularidad. Señalaba que parecía haber dos razones importantes que explicaban este auge. Destaco que muchos espacios feministas otrora aliados se han vuelto hostiles y ya no reciben a las personas trans como solía ocurrir todavía en 2016; esto ha generado que muchas personas trans que se consideraban a sí mismas como feministas y que hasta antes de ese año se nombraban simplemente así -feministas- hayan comenzado a añadir el prefijo trans para explícitamente visibilizar la importancia del reconocimiento de sus/nuestras vivencias en el interior del pensamiento feminista.

El porqué se ha dado este doloroso proceso no es algo que sea pertinente elaborar en esta breve reseña, pero sí vale la pena mencionar que indirectamente esta reacción transexcluyente se debe, al menos en parte, a una mayor visibilidad del propio colectivo trans y a los pánicos morales que esto ha acarreado. Ahora bien, esta mayor visibilidad es igualmente multicausal y sin duda refleja un importante cambio demográfico en el interior de la comunidad trans. Por tal cambio demográfico aludo concretamente al hecho de que, tras las reformas al Código Civil de la Ciudad de México en el año de 2014, se hizo posible acceder a las identidades elegidas por medio de procedimientos administrativos que no tienen costo, que no son patologizantes y que tampoco demandan narrativas medicalizantes o intervenciones impuestas desde una experticia médica cisheterosexualizada.

Este cambio, si bien no fue lo único ocurrido en estos años, sí hizo posible que muchas personas decidiesen habitarse dentro de la categoría trans. Lo anterior, sin embargo, también implicó una radical transformación de dicha categoría, pues comenzó a ser mucho más frecuente cuestionar las narrativas del cuerpo equivocado o los mandatos mismos de la masculinidad o feminidad, lo que generó en el proceso una proliferación de experiencias trans cada vez más alejadas del legado patologizante y ortopédico asociado a la transexualidad. En parte ello se debe a que la utilidad estratégica de dichos relatos se ha ido perdiendo y hoy no parece necesario adecuarse a ellos si lo que se busca es una transición de género. Y también a que el auge de la transexclusión y la mayor visibilidad de los transfeminicidios han llevado a una mayor politización de las narrativas que las propias personas trans tienen de sus vidas y de sus entornos; así, nombrarse hombre o mujer se ha vuelto algo especialmente complicado si esa categoría no nos ha acompañado desde la cuna. Todo esto ha desembocado finalmente en que al menos cierto sector de la comunidad trans -quizás el más joven o el que más acceso ha tenido a espacios educativos o profesionalizantes- ha sofisticado enormemente tanto su discurso político como su propia praxis de construcción identitaria.

Muchos otros elementos habría que agregar a esta historia que estoy esbozando, pero quiero llegar al punto por el cual he decidido comenzar esta reseña haciendo este pequeño excurso que retoma lo ocurrido en estos últimos años. Básicamente, esta puntualización es importante porque el 2014 sin duda inauguró otro momento en la historia del colectivo trans y echó a andar una serie de transformaciones cuyos efectos aún no terminan de hacerse presentes. Así, a pesar de que el carácter histórico de este colectivo es quizás más evidente que nunca, la potencia política del presente podría llevarnos a una crisis de memoria en la cual el trayecto que siguieron nuestras propias identidades termine por resultarnos ajeno y casi incomprensible.

Todo lo anterior lo digo por una cosa más bien concreta. Leer el libro de Ana Paulina -y me permitiré la confianza de nombrarla desde el cariño aludiendo a su nombre y no a sus apellidos, como quizás demandaría una actitud más “objetiva y formal”- es a la vez una experiencia profundamente íntima pero también profundamente alienante. Esto no es algo que cada posible lector o lectora va a encontrarse en este libro sino algo que, al menos a mí, me ha ocurrido. Creo, sin embargo, que a otras personas trans que hayan transitado después de 2015 puede sucederles algo parecido a lo que a mí, y sientan que están en un extraño episodio de la Dimensión Desconocida en la que una realidad aparentemente muy familiar -en la que incluso hay amigas muy queridas que una reconoce- termina por revelarse como un mundo ajeno, poblado por döppelgänger inexplicablemente entrañables e inescrutables.

Elaboro el porqué sostengo que la lectura de este libro me ha parecido a la vez íntima y alienante. Por un lado, porque la escribe una colega a la que no sólo respeto, sino que aprecio. Y la aprecio no solamente porque me cae bien sino porque ha militado con nosotrans en aquellos momentos donde importaba. Eso sin duda no es cosa menor. Pero, curiosamente, Ana Paulina no es únicamente una colega, sino que es una antropóloga que etnografió a una comunidad a la que pertenezco; es más, aunque ella no revela los nombres reales de las personas que se hacen presentes a lo largo del libro, sí que las describe con el suficiente detalle como para que yo sepa de quién estamos hablando. En filosofía del lenguaje diríamos que no las introduce de re sino de dicto pues da una descripción de ellas, pero a mí con eso me ha bastado para sonreír con cariño al descubrir amigas y compañeras a las que admiro y estimo. Y eso es raro porque termino por conectarme en diversos modos tanto con la autora como con las sujetas etnografiadas. Por si eso no fuera suficiente, aparecen mis propias palabras convertidas en epígrafes y eso por supuesto es una sorpresa grata incluso si hace referencia a pasajes dolorosos del conflicto que he mencionado en el primer párrafo de esta reseña.

Así, el texto de alguna manera me descoloca porque me ubica en diversos lugares que me llevan a leerlo desde diferentes miradas (y tiempos). Esa experiencia es poco usual, aunque genera una sensación de profunda intimidad con una narrativa que a la vez habla y no habla de mí, que habla conmigo y que habla también de la historia común que comparto con varias amigas. De allí esa sensación de cercanía.

Por otro lado, el texto me emplaza en un tiempo, incluso si no es la intención. Sus páginas me revelan lo situado de mi propia construcción identitaria pues yo transité tras las reformas de 2014, mientras que la etnografía que compone el núcleo de este libro se realizó entre 2010 y 2013. Es claro que Ana Paulina reconoce que los cambios ocurridos en 2014 hacen necesaria una nueva exploración de la Ciudad de México y los cuerpos que la habitan, pues las gramáticas que regían su/nuestra construcción identitaria van a modificarse/se modificaron fuertemente a causa de todo lo ya dicho. Y sí, así fue y de eso mi propia identidad da testimonio pues yo, por ejemplo, no tuve nunca necesidad de confinar mi identidad a un bar o a un hotel. Al bar de Roshell lo conozco por los documentales y a ella la admiro, pero nunca pasé por ese espacio en mi construcción identitaria.

Esa sensación de alienación resulta precisamente de ese carácter contradictorio propio de una historia, de una memoria, que reconozco como nuestra y que al mismo tiempo me revela ya como hija de un tiempo posterior al allí descrito. Las vivencias que ahí se narran me son a la vez cercanas y lejanas porque las reconozco, al menos en parte, como historias colectivas que yo misma he vivido, aunque haya momentos en los que claramente me descubro privilegiada por poder habitarme en una identidad que, como dice Jessica Marjane, ya no tiene miedo de la luz del día. Pero eso también da vértigo, exhibe mi privilegio y revela las luchas que lo hicieron posible pero también lo que nos costó llegar aquí.

Le agradezco sin duda a Ana Paulina por el vértigo que ha significado leer su libro. Esta reseña es en parte un intento por pagarle esa inesperada experiencia. Es quizás por eso que me parece importante mostrar los modos en los cuales una académica trans de la Ciudad de México va a leer un libro como este. Quiero compartirle al grueso de la audiencia la experiencia que implica, siendo una mujer trans, leer una etnografía como ésta.

No es sin duda una lectura fácil pues hay momentos que duelen. Por ejemplo, cuando las compañeras hablan de la esperanza de tener vidas mejores y de que sus sueños se realicen y disminuyan las dificultades que les trajo el asumirse como mujeres trans… allí simplemente me rompo en llanto porque lo que ellas describen lo entiendo y lo siento en la carne; como a ellas, hay ocasiones en que me invade la nostalgia y recuerdo épocas mejores en las que aún albergaba cierta esperanza de que un futuro mejor llegaría ya pronto. Ana Paulina transmite toda esta compleja colección de afectos, aunque le agradezco que no nos convirtiese en sujetos trágicos que solamente sufren y lloran. Le reconozco que narrara también las fiestas, los bailes y esa emoción que se vive cuando damos nuestros primeros pasos y nos atrevemos a mirarnos ante un espejo que insiste en susurrarnos sueños imposibles incluso si también anticipa posibles pesadillas. Esas dos partes del libro que versan de la esperanza y los espejos sin duda que siguen siendo parte de nosotrans.

Aquí vale la pena hacer una pausa y mencionar algo que la filósofa trans Talia Bettcher comentaba en un reciente ensayo (2021). Ella decía que en la filosofía y en el feminismo era común que la mirada cis -la cis-gaze- se impusiera de tal modo que fueran las preguntas e interrogantes de las personas cisgénero las que terminan por considerarse teórica o políticamente relevantes, en detrimento desde luego de lo que las personas trans pudiesen considerar más sobresaliente. Esto pasa también cuando hablamos de lo trans como un tópico; ahí también ocurre que son las preguntas de las personas cis las que in-forman lo que ha de estudiarse e investigarse.

Cuento esto porque, al comenzar la lectura del libro de Ana Paulina, tenía el temor de encontrarme con preguntas que, al menos a mí, me resultaran más reveladoras de quien las formula que de quien las responde. Aquí, como se dice cotidianamente, no hablo al tanteo pues yo misma he sido en otros momentos una sujeta etnografiada. Sé muy bien que en ocasiones las preguntas revelan la ontología y la epistemología que se asumen como dadas y obvias por quien investiga -usualmente una persona cisheterosexual. Cuando eso pasa, una termina por responder no tanto lo que cree sino lo que habrá de tranquilizar al otro, lo que habrá de estabilizar su cosmovisión y el riesgo de crisis que podemos generar con nuestra mera existencia. Si estabilizas y contienes las inseguridades del otro, aprendes también a saber cómo va a reaccionar y en parte canalizas sus reacciones para que todxs quepamos en el mismo mundo sin mucho conflicto.

De nuevo, narro todo esto porque justamente me preguntaba qué iba a encontrarme en la lectura de este libro que Ana Paulina tuvo a bien obsequiarme. ¿Sería una confesión de sí misma? ¿Un eco de las voces de tantas compañeras? Evidentemente no hay texto que no delate algo de la voz de quien lo ha escrito y éste no es la excepción, pero también es un importante recordatorio de que la vida, el pensamiento y las dudas son menos dicotómicas de lo que sugiere la nota crítica de Bettcher. Finalmente, las personas trans no venimos de otros mundos ni de otras culturas y nuestras voces y vivencias, si bien no son idénticas a las de nuestros pares cisgénero, sí que retoman y hacen eco del mismo conjunto de recursos hermenéuticos con los que se da sentido al mundo.

Esto me quedó por demás claro al leer a Ana Paulina. En realidad, ella me recordó algo que yo ya sabía pero que había olvidado. Heredamos de nuestras identidades anteriores una serie de dudas y cuestionamientos que introyectamos antes de nuestras transiciones. Así, las personas trans incorporamos hasta cierto punto la mirada cis y nunca la dejamos ir, al menos no completamente. Desde allí nacerán dudas, preguntas, pero también pensamientos profundos. Dice Ana Paulina que se encontró con cuatro grandes relatos en torno a cómo entender las identidades transfemeninas; estos son relatos a la misma vez individuales y colectivos. Esto no es una sorpresa porque la voz del otro es siempre una prótesis en la autointerpretación de nuestras vidas. Y eso no únicamente ocurre entre personas que comparten una identidad sino también en el interior de esta cosa vaga e indeterminada que llamamos cultura. También la voz cis es prótesis de interpretación de la vida trans y quizás algún día ocurra que la voz trans se vuelva también una de la vida cis.

Llegado este punto he de confesar que esta reseña de libro es muy poco convencional. No he hecho lo que se acostumbra pues no he detallado la estructura del libro ni tampoco he caracterizado de qué va cada sección. Y creo que tampoco he celebrado sus principales aportaciones pues me he concentrado en narrar cómo me ha cimbrado. En lo que resta de este texto quisiera hacer todo eso, pero creo que no podía empezar así, no podía simplemente reseñar este libro sin describir y compartir el vértigo que ha implicado leerlo al encontrarme diseminada en sus páginas. Me ha parecido importante compartir esto con la audiencia, sea cis o trans, porque creo que justamente hace posible reconocer los muy diversos modos en los que nos confrontamos con un texto y la relevancia que tiene el estar situadxs en uno u otro lugar.

Dicho esto, sí quiero intentar salvar las convenciones y cerrar de un modo más ortodoxo. El libro se compone de una sección introductoria a la que le siguen tres apartados que son el núcleo de la obra. Se cierra con unas conclusiones y una breve descripción metodológica. La introducción es importante no solamente porque allí se explica la estructura del libro y se dibujan las principales líneas de análisis sino también porque allí aparece con claridad algo que hace al libro dolorosamente relevante: me refiero concretamente a la transfobia que hoy parece decretar que las personas trans somos ininteligibles. Ana Paulina sitúa su propio trabajo en este contexto y lo presenta como un intento por reconfigurar los estudios de género en un momento en el cual la transexclusión toma fuerza.

La primera sección es un recorrido histórico de lo trans en la Ciudad de México, este apartado será muy disfrutable para propios y extraños porque nos recuerda de donde hemos venido. Las razias y las persecuciones son fundamentales para entender por qué durante décadas las personas trans-travestis habitaban la noche y la clandestinidad. Curiosamente, ese intento por encontrar refugio gestó redes de socialización que parieron luchas. Las fiestas fueron por un tiempo lo único que teníamos y que a nadie se le olvide que a la rabia la engendró la carcajada.

La segunda sección es el relato en primera persona de Ana Paulina, la encontramos hablando y escuchando a varias compañeras. Lo que nos comparte es lo radicalmente heterogéneo que siempre ha sido lo trans, quien ve en nosotrans un estereotipo está mirando a sus propios prejuicios. Hay mujeres trans que son lesbianas y otras personas transfemeninas que no se nombran mujeres. Las hay quienes creen que están enfermas y las hay quienes se creen superiores. Las hay amables y otras que son más bien duras. A algunas las cruza el deseo del otro, a otras quizás el propio sueño, pero a todas las constituye la historia y el narrarse en colectivo.

La tercera sección es una netnografía que Ana Paulina llevó a cabo entre 2010 y 2013. Este es un recurso que se emplea cada vez más y encontramos en este libro uno de sus usos mejor logrados. Nos guste o no, hemos ido construyendo una cultura visual cada vez más intensa y en parte ello se debe a las redes sociales y el internet. Los avatares nos representan por doquier y muy seguramente eso alimenta esa conciencia cada vez más plena del modo en que se nos mira, se nos nombra y en el que nos presentamos. Esa visualidad, nos muestra Ana Paulina, es fundamental para entender la explosión contemporánea de relatos identitarios.

Finalmente, el libro se despide consciente de su propia historicidad, aunque quizás no de la relevancia que puede tener al situarnos y recordarnos un mundo anterior al 2014. A modo de apéndice, el libro cierra con una reflexión metodológica que corre el riesgo de no ser leída por estar justo al final. Eso sería un error pues allí se revela la plena conciencia de la antropóloga que también se ve a sí misma interpelada, nombrada y colocada en un sistema de posiciones identitarias que en su momento la confrontó.

Se agradece pues este ejercicio de amistad y de memoria. Se agradece porque ayuda a valorar este presente y lo que costó construirlo. Se agradece finalmente porque nos ayudará a soltar las categorías cuando el tiempo las vaya corroyendo como muy seguramente va a pasar.

Referencias bibliográficas

Bettcher, Talia Mae. (2021). Feminist Philosophical Engagements with Trans Studies. En Kim Q. Hall y Ásta (Eds.), The Oxford Handbook of Feminist Philosophy. doi: 10.1093/oxfordhb/9780190628925.013.44 [ Links ]

CÓMO CITAR: Guerrero Mc Manus, Siobhan. (2022). Nostalgias de la esperanza. Pasado, presente y futuro de la lucha trans en CDMX. Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México, 8, e946.

Siobhan Guerrero Mc Manus

Estudió biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM y es maestra y doctora en Filosofía de la Ciencia también por la UNAM. Actualmente es Investigadora en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH-UNAM). Asimismo, es cofundadora del Laboratorio Nacional Diversidades (UNAM, CONACYT, CONAPRED, FLACSO, CIDE), parte del Consejo Consultivo Honorario de la Rectoría General de la UAM, integrante del Comité editorial de la revista Debate Feminista y de la Asamblea General del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. Es Nivel I del Sistema Nacional de Investigadores.

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