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Portes. Revista mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico

versión On-line ISSN 2992-7870

Portes. rev. mex. estud. cuen. pac vol.3 no.6 Colima ene./jun. 2026  Epub 22-Mayo-2026

https://doi.org/10.53897/revportes.2026.06.06 

Artículos

El sistema educativo del nivel medio superior en Seúl, Corea del Sur

Education System of Basic Education in Seoul, South Korea

María del Carmen Hernández Cueto1 
http://orcid.org/0000-0002-6549-3833

José Luis Pacheco Reyes2 
http://orcid.org/0009-0008-5481-1403

Lizeth del Carmen Figueroa Pérez3 
http://orcid.org/0009-0005-5108-9177

1 Universidad Autónoma de Nayarit; Tepic, Nayarit. México. Correo: carmen.hernandez@uan.edu.mx

2 Universidad Autónoma de Nayarit; Tepic, Nayarit. México. Correo: luis.pacheco@uan.edu.mx

3 Universidad Autónoma de Nayarit; Tepic, Nayarit. México. Correo: carmenfigueroa1997@hotmail.com


Resumen

El presente estudio examina la problemática de la alta exigencia académica en la República de Corea y su impacto sobre la salud mental de la población estudiantil. La investigación se fundamenta en un diseño metodológico mixto de alcance exploratorio-descriptivo. Se realizó una revisión documental sistemática con instrumentos de recolección primaria: un cuestionario estructurado de 24 reactivos administrado mediante plataforma digital a una muestra no probabilística por conveniencia (n=100, rango de edad 20-30 años) de estudiantes universitarios de Seúl y Busan, complementado con una entrevista semiestructurada orientada a la recuperación de trayectorias educativas que experimentaron el estrés académico, dinámicas familiares y contextos socioculturales. Los hallazgos principales evidencian que la configuración del sistema educativo surcoreano constituye una construcción sociocultural compleja, resultante de la confluencia entre el confucianismo tradicional, las políticas gubernamentales desarrollistas implementadas desde la posguerra y las dinámicas competitivas inherentes a la economía globalizada contemporánea. Esta arquitectura institucional genera un ecosistema de alta presión que compromete sistemáticamente la salud integral de los jóvenes. El estudio concluye señalando la imperativa necesidad de desarrollar aproximaciones multidisciplinarias que integren dimensiones sociológicas, psicológicas, pedagógicas para construir comprensiones holísticas del fenómeno y posibilitar intervenciones efectivas orientadas a la preservación del bienestar estudiantil sin comprometer los logros académicos nacionales.

Palabras clave: Exigencia académica; sistema educativo coreano; salud mental; salud física; estrés estudiantil

Abstract

The present study examines the issue of high academic demands in the Republic of Korea and its impact on the mental health of the student population. The research is grounded in a mixed methodological design with an exploratory-descriptive scope. A systematic documentary review was conducted alongside primary data collection instruments: a structured 24-item questionnaire administered through a digital platform to a non-probabilistic convenience sample (n=100, age range 20-30 years) of university students from Seoul and Busan, complemented by a semi-structured interview aimed at recovering educational trajectories, family dynamics, and sociocultural contexts. The main findings demonstrate that the configuration of the South Korean educational system constitutes a complex sociocultural construction, resulting from the confluence of developmental governmental policies implemented since the post-war period and the competitive dynamics inherent to the contemporary globalized economy. This institutional architecture generates a high-pressure ecosystem that systematically compromises the comprehensive health of young people. The study concludes by emphasizing the imperative need to develop multidisciplinary approaches that integrate sociological, psychological, and pedagogical dimensions to construct holistic understandings of the phenomenon and enable effective interventions aimed at preserving student well-being without compromising national academic achievements.

Keywords: Academic demands; Korean educational system; mental health; physical health; student pressure

Introducción

La República de Corea ha experimentado una transformación socioeconómica extraordinaria en un periodo relativamente breve, transitando desde una nación devastada por la guerra hasta consolidarse como una potencia económica y tecnológica de alcance global. Este fenómeno, ampliamente reconocido como el “Milagro del río Han” (한강의 기적, Hangang-ui Gijeok), se sustentó fundamentalmente en la inversión masiva en conglomerados industriales, el impulso a la innovación científico-tecnológica y, de manera particularmente significativa, en la configuración de un sistema educativo centrado en la formación profesional de alto nivel y la educación de calidad.

No obstante, estas condiciones que propiciaron el desarrollo económico acelerado establecieron simultáneamente un escenario caracterizado por un mercado laboral con énfasis desproporcionado en el rendimiento académico. Esto configuró un entorno de competencia intensa que ha generado una presión excesiva sobre los jóvenes surcoreanos, con consecuencias significativas y documentadas sobre su salud física y mental. El presente análisis examina la génesis y evolución de esta exigencia académica, su vinculación intrínseca con el desarrollo económico surcoreano y su impacto multidimensional sobre el bienestar integral de la población estudiantil.

Raíces históricas y culturales de la valoración educativa

Durante los Tres Reinos (Goguryeo, Baekje y Silla) surgieron los primeros sistemas educativos formales en la península coreana, orientados primordialmente a la formación de élites administrativas y militares. Goguryeo estableció la academia Taehak (372 d.C.), centrada en los Clásicos confucianos; Baekje destacó por su transmisión de conocimientos hacia Japón en literatura, medicina y budismo; mientras Silla desarrolló el sistema Hwarangdo para la formación ética, marcial y artística de jóvenes aristócratas. En ésta época, la educación coreana surgió como un mecanismo para formar élites capaces de sostener al Estado, se optó por abolir el sistema de los yangban y el sistema aristocrático y, al mismo tiempo, reestructurar el sistema de clases y la burocracia. (Domenech del Rio, 2025), (Hernández y Azúa 2024, León Manríquez, 2009).

El periodo de posguerra y la institucionalización de la competencia

El periodo colonial japonés (1910-1945) constituyó una etapa históricamente traumática que ejerció una influencia profunda y ambivalente sobre el sistema educativo coreano. Durante estas décadas de ocupación, el imperio japonés implementó políticas educativas orientadas deliberadamente a la asimilación cultural y la subordinación política de la población coreana, mediante estrategias que incluían la prohibición del uso de la lengua coreana, la imposición del idioma japonés como lengua de instrucción obligatoria, y la enseñanza de narrativas históricas que legitimaban la dominación colonial y negaban la identidad nacional coreana.

Paradójicamente, este periodo también introdujo elementos de modernización educativa que posteriormente influirían en la configuración del sistema educativo de posguerra. El régimen colonial estableció instituciones educativas formales, sistemas de evaluación estandarizados y estructuras burocráticas administrativas que, aunque diseñadas originalmente para fines de control y subordinación, proporcionaron una infraestructura institucional que Corea del Sur adaptaría y reconfiguraría tras la liberación de 1945. La experiencia colonial generó, asimismo, una fuerte conciencia nacionalista que vinculó indisolublemente la educación con la recuperación de la identidad nacional y la modernización del país, (Seth, 2002).

La Guerra de Corea (1950-1953) constituyó un evento catastrófico que devastó la península, dejando aproximadamente tres millones de víctimas y destruyendo casi completamente la infraestructura educativa existente. La devastación generalizada provocada por la guerra generó una consciencia colectiva respecto a la urgencia de la reconstrucción nacional, en la cual la educación se estableció como el instrumento para superar el subdesarrollo, garantizar la seguridad nacional y prevenir futuras vulnerabilidades geopolíticas. En el contexto de posguerra, caracterizado por extrema pobreza material y ausencia de recursos naturales significativos, el gobierno surcoreano identificó el desarrollo del capital humano como la única vía viable para lograr la recuperación económica y la modernización acelerada del país.

Esa situación de crisis provocó la implementación de políticas educativas extraordinariamente ambiciosas durante las décadas de 1950 y 1960, orientadas a la expansión masiva del acceso educativo en todos los niveles (Cummings, 2005). La experiencia traumática de la guerra y la subsecuente división territorial generaron, además, una mentalidad nacional de supervivencia que vinculó el éxito educativo individual con la seguridad colectiva y el desarrollo nacional, y esto contribuyó a la normalización social de la alta exigencia académica, justificando sacrificios personales extraordinarios en nombre del progreso nacional y estableciendo patrones culturales de dedicación educativa que persisten hasta la actualidad. Se realizaron inversiones significativas en infraestructura educativa, se estandarizaron currículos y se fortaleció el sistema de exámenes nacionales, particularmente el College Scholastic Ability Test (CSAT) o Suneung (수능), que se convirtió en el factor determinante del futuro académico y profesional estudiantil. La competencia por ingresar a universidades de élite se estableció como característica distintiva del sistema educativo surcoreano, vigente hasta la actualidad.

La influencia confuciana, con su énfasis en la diligencia, perseverancia y logro académico, contribuyó decisivamente a esta atmósfera de alta exigencia. Desde esta perspectiva cultural, el éxito académico no constituye únicamente una responsabilidad individual, sino también un reflejo del honor familiar, generando una presión cultural que, combinada con las oportunidades económicas vinculadas a la educación de calidad, transformó el rendimiento académico en una auténtica obsesión nacional. Este escenario de alta exigencia académica ha generado impactos profundamente preocupantes sobre la salud estudiantil. A nivel de salud mental, la presión constante por obtener calificaciones sobresalientes, el miedo al fracaso en exámenes de admisión universitaria y las extensas jornadas de estudio contribuyen al desarrollo de niveles elevados de estrés, ansiedad y depresión. Los estudiantes surcoreanos reportan niveles significativamente superiores de ansiedad relacionada con exámenes en comparación con estudiantes de otros países desarrollados (Vázquez Jiménez, 2025).

Por otra parte, la prevalencia de ideación e intentos suicidas entre jóvenes surcoreanos, constituyendo el suicidio una de las principales causas de muerte entre adolescentes. Las extensas horas dedicadas al estudio, tanto en instituciones formales como en academias privadas (hagwons), han provocado aislamiento social, trastornos del sueño y tiempo insuficiente para actividades recreativas. A nivel físico, las consecuencias incluyen problemas musculoesqueléticos, fatiga crónica, afectaciones visuales y trastornos digestivos y gastrointestinales, evidenciando el carácter integral y multidimensional del impacto que la excesiva presión académica ejerce sobre el bienestar de la juventud surcoreana.

Genesis de la exigencia académica en Corea del Sur

Suneung (수능) es el examen de admisión universitaria que se convirtió en el factor determinante para el futuro académico y profesional de los estudiantes (OECD, 2016). La influencia de la cultura confuciana, con su énfasis en la diligencia, la perseverancia y el logro académico, contribuyó a esta atmósfera de alta exigencia. Desde esta óptica, el éxito académico no solo es considerado como una responsabilidad personal, sino también un reflejo del honor familiar (Choi, 2008).

Esta presión cultural y la consideración de la salud mental como tabú, se combinaron con las oportunidades económicas asociadas a una buena educación. El éxito en industrias como la electrónica, la automoción y la tecnología de la información requirió una fuerza laboral altamente capacitada en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Lo anterior impuso una dinámica de alta selectividad al interior de los programas universitarios relacionados y, con ello, una competencia aún más feroz entre los estudiantes (Kim, 2012).

Este escenario de alta exigencia y demanda académica ha supuesto impactos notables en la salud física y mental de los estudiantes surcoreanos. Diversos estudios, informes y análisis periodísticos han evidenciado algunos de los más relevantes, por ejemplo: a nivel de la salud mental, los reportes indican que la presión constante por obtener buenas calificaciones, el miedo al fracaso en el examen de ingreso a la universidad y así como las largas jornadas de estudio a las que se ven sometidos los estudiantes adolescentes surcoreanos contribuyen al desarrollo de elevados niveles de estrés, ansiedad y depresión (Chang et al., 2017). De acuerdo con un estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), los estudiantes surcoreanos reportan niveles significativamente más altos de ansiedad relacionada con los exámenes en comparación con sus pares, en otros países miembros (OECD, 2015).

Derivado de las condiciones adversas en su salud mental, los jóvenes surcoreanos han experimentado preocupantes niveles de ideación e intentos de suicidio. Los datos estadísticos muestran al suicidio como una de las principales causas de muerte entre los adolescentes en Corea del Sur. De igual forma, numerosos informes periodísticos y análisis académicos han observado que la desesperación y falta de alternativas son percibidas por algunos estudiantes sur coreanos como una consecuencia directa de la excesiva presión académica.

La gran cantidad de horas que los adolescentes dedican al estudio, tanto dentro de la escuela como fuera de ella, en academias privadas (hagwons) y en casa, ha provocado problemas adicionales como el aislamiento social y afectaciones al sueño. El tiempo del que disponen para desarrollar actividades recreativas, interacciones sociales y descanso adecuado termina por ser limitado e insuficiente (Markey et al., 2008). Además, la falta de sueño puede exacerbar los problemas de salud mental y afectar el rendimiento académico a largo plazo.

A nivel de la salud física, la excesiva presión académica y las dinámicas resultantes de largas horas de estudio (aunado a malas posturas, uso prolongado de dispositivos electrónicos y sobre carga académica), han derivado en problemáticas igual de alarmantes como problemas musculoesqueléticos vinculados a dolores de espalda y cuello (Lee y Kim, 2019), fatiga crónica y problemas de visión (Park et al., 2015), así como trastornos digestivos y gastrointestinales (Kim y Choi, 2016).

Evolución y transformaciones del fenómeno

Como se ha podido observar, el fenómeno de interés ha sufrido diversas transformaciones a lo largo del tiempo, provocadas en ocasiones por las propias condiciones sociales, y otras veces, por esfuerzos llevados a cabo por el gobierno, instituciones o la propia sociedad civil para mitigar sus efectos nocivos sobre la sociedad.

Las políticas educativas e iniciativas gubernamentales han sido generadas con la intención de ofrecer apoyo y orientación psicológica para reducir los estigmas y efectos negativos asociados a los problemas de salud mental, derivados a la excesiva presión que padecen los jóvenes sur coreanos a nivel académico. Lo anterior ha permitido que, además de la implementación de acciones para la atención del fenómeno, se dé un aumento progresivo del reconocimiento y conciencia pública al respecto.

Las iniciativas han planteado la necesidad de establecer equilibrios y regulaciones en las academias privadas, que son instancias dedicadas a la preparación extra curricular de los estudiantes para el ingreso a las universidades; puesto que se considera que terminan por atentar contra el bienestar físico, emocional y mental de los estudiantes y sus familias al incrementar, de forma significativa, la presión y el estrés, al imponer un régimen de exigencia adicional al escolar (Kim, 2020).

Otro de los aspectos que impactó notablemente en el desarrollo del fenómeno fue la pandemia por covid-19. Esta provocó importantes cambios en el sistema educativo, al imponer una transición forzada hacia el aprendizaje en línea, y exigir ajustes de naturaleza procedimental y administrativa a procesos, como el vinculado al ingreso a las universidades. La virtualidad supuso la reducción de algunas formas de presión académica, pero también generó nuevas fuentes de estrés e incertidumbre para los estudiantes en Corea del Sur (Lee y Bae, 2010).

A pesar todo, la cultura de alta exigencia académica sigue profundamente arraigada en la sociedad surcoreana. La intensa competencia por el acceso a las universidades de élite y las oportunidades profesionales continúa siendo un factor dominante en la vida de los jóvenes, aún con implicaciones para su salud física, emocional y mental.

Alta exigencia académica en Corea del Sur: perspectivas de análisis

El estudio del fenómeno se ha configurado desde enfoques disciplinares, pero con orientaciones multidisciplinares. Por ejemplo, entre las perspectivas de análisis encontramos las que se han desarrollado desde la psicología de la educación, las cuales han procurado: a) conocer y entender las formas en que los estudiantes, adolescentes y jóvenes, perciben y responden a las demandas académicas (Kim et al., 2018); b) cómo la excesiva presión académica y factores asociados como la competencia intensa, el miedo al fracaso y las altas expectativas parentales y sociales, puede desencadenar en el estudiantado efectos psicológicos adversos como el estrés, la ansiedad, la depresión y la baja autoestima (Lee, 2005);y c) cómo la alta exigencia académica puede provocar serias afectaciones a la salud emocional y mental, al influir negativamente en la satisfacción de necesidades psicológicas básicas como la autonomía y la competencia, ocasionando con ello una disminución en la capacidad de autodeterminación de los estudiantes (Hwang et al., 2019); o por el contrario, d) cómo factores como el apoyo social y la resiliencia pueden disminuir el impacto negativo del fenómeno (Cho y Choi, 2016).

En su mayoría se trata de estudios de naturaleza cuantitativa, en los que predomina el uso de encuestas y cuestionarios para medir los niveles de estrés, ansiedad, depresión y otros indicadores de salud mental en relación con variables académicas como el rendimiento, la carga de estudio y la presión percibida. Sin embargo, también se han realizado estudios cualitativos para explorar las experiencias y perspectivas de los estudiantes sobre la exigencia académica (Shin y Kim, 2011). Se ha analizado el papel de la cultura confuciana, la importancia del estatus social ligado a la educación y la influencia de las políticas gubernamentales en la creación de un sistema educativo altamente competitivo (Seth, 2002; Cummings, 2005). Algunos han centrado su atención en el estudio de cómo las desigualdades socioeconómicas se exacerban a través de la competencia educativa y el acceso diferenciado a recursos como las hagwons (Kim, 2020). Otros más, a partir del empleo de teorías específicas como la Teoría del Capital Cultural de Bourdieu o la Teoría de la Elección Racional han buscado entender; por un lado, cómo los antecedentes familiares influyen en el éxito académico y la capacidad de afrontar la presión (Choi, 2008); mientras que, por otro lado, las decisiones de los estudiantes y sus familias en relación con la inversión en educación y la búsqueda de la admisión a universidades de élite (Park, 2009).

En términos generales, se han realizado estudios para examinar la prevalencia de problemas de salud mental como la depresión y la ideación suicida entre los jóvenes surcoreanos en relación con factores académicos (Yoon et al., 2018), así como investigaciones en las que se explora la relación entre la presión académica y problemas de salud física como trastornos del sueño, fatiga crónica y síntomas psicosomáticos (Lee y Lee, 2017). En el sentido de lo anterior, han sido al menos dos modelos teóricos desde los cuales se ha buscado identificar y comprender los factores determinantes de la salud física y mental de los estudiantes expuestos a altos niveles de exigencia académica: uno de ellos, el modelo ecológico de la salud busca reconocer la interrelación de los diversos factores que caracterizan el entorno de los sujetos, individuales, familiares, escolares, comunitarios y como estos influyen sobre la salud de los estudiantes (Bronfenbrenner, 1979). Por su parte, el modelo de los determinantes sociales de la salud ha permitido la realización de estudios que examinan cómo las desigualdades, en el acceso a la educación y el apoyo social, modulan el impacto de la exigencia académica en la salud (Kawachi y Berkman, 2000).

Una de las áreas de análisis del fenómeno ha sido colonizada por los estudios comparados internacionales, principalmente se han realizado a través de estudios como el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) de la OCDE, que comparan el rendimiento académico, bienestar y actitudes hacia la escuela del estudiantado surcoreano con el de otros países. Estos estudios han destacado su alto rendimiento académico, pero también sus elevados niveles de estrés y ansiedad relacionados con la escuela y los exámenes (OECD, varios años).

Ahora bien, como se ha podido notar, la investigación sobre la exigencia académica en Corea del Sur y su impacto en la salud estudiantil ha sido rica y variada, abordándose principalmente desde la psicología educativa, la sociología de la educación y la salud pública con importantes contribuciones de estudios comparativos internacionales. Cada perspectiva ha ofrecido valiosos conocimientos sobre los aspectos psicológicos, sociales y de salud del fenómeno, en su mayoría reconocen la alta presión académica como elemento distintivo del sistema educativo surcoreano y consideran que parte importante de los cada vez mayores problemas de salud física, emocional y mental que caracterizan a la población estudiantil de Corea del sur pueden ser una consecuencia de la excesiva exigencia, presión y demanda académica que se ejercen sobre las y los estudiantes. Las principales diferencias entre estos estudios radican no en el objeto de estudio sino, sobre todo, en la unidad de análisis (individuo, grupo social, población), las variables específicas que investigan y las metodologías que emplean, puesto que mientas la psicología se centra en los procesos mentales individuales, la sociología se orienta a los contextos sociales, la salud pública en las tendencias poblacionales y los estudios comparados a los procesos internacionales.

Exigencia académica en Corea del Sur: hacia un futuro saludable para sus estudiantes

La República de Corea ha logrado un progreso socioeconómico extraordinario en las últimas décadas con la educación como un pilar fundamental de este desarrollo. Sin embargo, la intensa valoración de la educación y la consiguiente exigencia académica han generado un entorno de competencia extrema que ha tenido un costo significativo en la salud física y mental de sus jóvenes. Este artículo ha explorado la génesis de este fenómeno, su intrínseca relación con el auge surcoreano, las diversas perspectivas desde las cuales se ha analizado, sus consecuencias específicas en la salud y las posibles intervenciones para mitigar sus efectos negativos. El análisis empírico revela que el origen histórico y cultural, las políticas gubernamentales enfocadas en el desarrollo del capital humano y la feroz competencia en una economía globalizada han convergido para crear un sistema educativo de alta presión que se manifiesta en largas jornadas de estudio, una intensa preparación para exámenes de alto impacto, como el CSAT, y una cultura social que equipara el éxito académico con el valor personal y el futuro profesional.

La evidencia sobre las consecuencias de esta exigencia académica es alarmante. Las y los estudiantes surcoreanos experimentan altos niveles de estrés, ansiedad, depresión e incluso ideación suicida. Su salud física también se ve afectada a través de problemas musculoesqueléticos, fatiga crónica, trastornos gastrointestinales y un sistema inmunológico debilitado. La interconexión entre la salud mental y física subraya la necesidad de un enfoque integral para abordar este problema.

Afortunadamente, existe un creciente reconocimiento de la necesidad de cambio, y se han explorado diversas intervenciones a nivel individual, familiar, escolar, comunitario y de políticas públicas. Estas incluyen el desarrollo de habilidades de afrontamiento, el fortalecimiento del apoyo social, la reducción de la presión institucional, la mejora de los servicios de salud mental y la reforma del sistema de admisión universitaria. La implementación efectiva de estas soluciones requiere un compromiso sostenido y coordinado de todos los actores involucrados.

La exigencia académica y su impacto sobre el bienestar físico, emocional y mental desde la perspectiva de estudiantes surcoreanos

Luego de haber revisado y analizado la información y evidencia empírica disponible respecto la alta exigencia académica y su impacto sobre el bienestar físico, emocional y mental de la juventud surcoreana, consideramos importante hacer una aproximación al fenómeno a partir de la recuperación de la experiencia de los propios sujetos, por lo que decidimos diseñar y aplicar instrumentos para conocer la experiencia del estudiantado en relación a la exigencia académica.

Se diseñó un guion de entrevista semiestructurada, orientada a recuperar información relativa a la experiencia académica durante el periodo de formación de secundaria superior y las implicaciones de esta sobre su vida académica, laboral y personal, por lo que se indago respecto la situación académica, familiar, económica y social durante dicho periodo. El instrumento se aplicó a una persona de 38 años, nativa de corea del sur, con formación en ingeniería en sistemas, que actualmente se desempeña en el área de mantenimiento industrial, casada y sin hijos.

Por otra parte, se construyó un cuestionario de 24 reactivos, mediante los cuales recuperó información sociodemográfica, económica, académica, sobre la etapa de la adolescencia, distribución del tiempo, actividades realizadas, esparcimiento, familia, toma de decisiones y aspectos personales. Se construyo una muestra estratificada, con un total de 100 cuestionarios aplicados a estudiantes, en un rango de edad de 20 a 30 años, procedentes de 4 universidades de Seul Sungshin, Myongji, Hanyang y Duksung Universities.

En la entrevista semiestructurada observamos que el testimonio recogido revela la intensidad de la exigencia académica en el nivel de secundaria superior en Corea del Sur, y sus repercusiones en la salud física y mental de los estudiantes. La experiencia relatada muestra cómo en esta etapa escolar se tiene la percepción de que fue la más estresante y compleja, marcada por dinámicas educativas rigurosas, contenidos desafiantes y profesores altamente exigentes. El ambiente de competencia constante generaba: ansiedad, miedo y una fuerte presión vinculada a los exámenes, situación que derivaba en conflictos interpersonales entre compañeros. En este contexto, el estándar educativo se centraba en las calificaciones y el buen comportamiento, mientras que la comunicación con el profesorado era muy limitada y las expectativas familiares reforzaban la idea de alcanzar resultados por encima del promedio, con miras al ingreso a universidades de prestigio.

El entrevistado señaló que, aunque la escuela secundaria dejó recuerdos valiosos en términos personales, también representó un espacio donde predominaba la obsesión por el rendimiento académico. Esta etapa se caracterizó por la ausencia de actividades extracurriculares, el énfasis en el estudio individual y la vigilancia constante de los padres sobre el desempeño. Dicho entorno no solo moldeaba la experiencia estudiantil inmediata, sino que configuraba un estándar cultural en el que la exigencia se asumía como condición normalizada, aun cuando no se demandara excelencia absoluta, sí se establecía la imposibilidad de reducir el umbral de exigencia.

En la dimensión laboral, el entrevistado describe una sociedad igualmente competitiva, donde el acceso a un “buen trabajo” se encuentra mediado por credenciales educativas de alto nivel, dominio de idiomas y superación de exámenes de habilidad y conocimiento. La concentración de oportunidades en Seúl incrementa la presión sobre los jóvenes, quienes suelen recurrir a academias privadas para mejorar sus posibilidades de inserción laboral. El relato subraya que, en el ámbito profesional, los valores fundamentales giran en torno a la puntualidad, el respeto y la eficiencia inmediata, en un sistema que privilegia la productividad sobre la construcción de vínculos colaborativos.

A lo largo de su trayectoria, el informante enfatiza que, si bien ha logrado alcanzar estabilidad económica mediante un empleo en mantenimiento industrial, esta posición difiere de su formación original en programación, reflejando la disonancia frecuente entre estudios formales y ocupaciones reales en Corea del Sur. No obstante, la percepción de contar con ingresos suficientes para una vida digna y con oportunidades de viaje contrasta con la expectativa social dominante de acceder a empleos de gobierno con remuneraciones considerablemente más altas y que proveen orgullo a la familia.

En conjunto, el testimonio ofrece una mirada integral sobre cómo las estructuras educativas y laborales en Corea del Sur se articulan bajo una lógica de alta exigencia y competitividad, en la que el éxito académico es concebido como la principal vía de acceso a la estabilidad profesional y social, y la persona se difumina quedando solo el éxito como valor de alguien. Esta dinámica reproduce tensiones en la salud mental de las y los estudiantes y genera trayectorias laborales marcadas por la presión constante, donde la disciplina y la capacidad de adaptación resultan determinantes para la inserción y permanencia en un entorno altamente demandante.

Ahora bien, en cuanto al análisis de los datos obtenidos del cuestionario observamos un perfil estudiantil caracterizado por un marcado predominio femenino, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 25 años, solteros y con una fuerte dependencia económica de sus familias. Esta composición revela la centralidad de la familia nuclear como soporte principal del proceso educativo, pues la gran mayoría de los estudiantes declara que sus gastos escolares fueron cubiertos por los padres, con una participación marginal de becas o del propio esfuerzo económico individual. Dicho patrón confirma la persistencia de un modelo en el cual la inversión familiar en la educación se asume como una obligación naturalizada, reflejando la importancia cultural atribuida al logro académico como medio de movilidad social.

En cuanto a la procedencia y residencia, se observa una fuerte migración estudiantil hacia Seúl, lo que refuerza su condición de centro neurálgico del país, concentrador de oportunidades académicas y laborales, y considerados socialmente como triunfadores y/o exitosos. La mayoría de los encuestados indicó haber llegado de otras provincias, lo que indica una movilidad territorial vinculada a la búsqueda de prestigio educativo. Este fenómeno evidencia la centralización de recursos educativos y las desigualdades territoriales, pues residir en la capital representa no solo acceso a instituciones de mayor reconocimiento, sino también un ajuste a estilos de vida urbanos y altamente competitivos.

El vínculo entre educación y trabajo también emerge con claridad. Más de la mitad de los estudiantes declara no haber tenido un empleo y dedicarse exclusivamente al estudio, mientras que una proporción menor recurría a trabajos parciales. Este dato refleja la intensidad del modelo educativo surcoreano, que limita la inserción laboral temprana y refuerza la idea de que el éxito futuro depende de la dedicación exclusiva al estudio. En paralelo, la información sobre los ingresos familiares revela tanto el peso de los padres como proveedores, como un desconocimiento general de los jóvenes respecto a la economía doméstica, lo que puede interpretarse como un distanciamiento intencional de las responsabilidades financieras para priorizar la preparación académica.

Los resultados relacionados con la vida familiar y la organización doméstica muestran un reparto de tareas donde persisten patrones de género tradicionales. Los varones tienden a asumir actividades asociadas a reparaciones o apoyo en negocios familiares, mientras que las mujeres concentran labores de cuidado y limpieza. Sin embargo, también destaca que una proporción significativa de los jóvenes, tanto hombres como mujeres, declara no haber tenido responsabilidades domésticas relevantes, lo que sugiere una dinámica familiar orientada a liberar a los hijos de obligaciones prácticas para privilegiar su concentración en estudiar y mejorar su rendimiento. Este hallazgo ilustra cómo el hogar se convierte en una extensión de la estrategia educativa nacional, reforzando la prioridad de la educación, incluida aquellas vinculadas al sostenimiento familiar.

En lo que concierne a la perspectiva de los encuestados respecto de las expectativas y demandas académicas encontramos que el desarrollo de actividades posteriores al horario escolar muestra una clara inclinación hacia la prolongación de las jornadas académicas lo que evidencia la centralidad que ocupa el rendimiento académico en la vida cotidiana de los estudiantes. Este dato se inserta en la lógica del sistema educativo surcoreano, donde la dedicación casi exclusiva al estudio se configura como un requisito indispensable para alcanzar los niveles de excelencia exigidos socialmente.

La práctica de actividades extracurriculares, aunque minoritaria refleja la necesidad de diversificar el perfil estudiantil más allá de lo académico, integrando competencias culturales, deportivas o artísticas que también son valoradas en el proceso de formación integral. No obstante, la diferencia cuantitativa frente a las horas de estudio evidencia que estas actividades tienen un carácter secundario, subordinado a la prioridad de cumplir con las exigencias educativas. En cuanto al análisis por género de los hermanos introduce un matiz interesante, pues refleja dinámicas familiares diferenciadas, donde las expectativas hacia los varones tienden a orientarse con mayor rigor hacia el rendimiento académico, mientras que en el caso de las mujeres se advierte un espacio ligeramente más abierto hacia la diversificación de intereses y actividades no académicas.

Los encuestados señalaron que, durante su trayectoria en la escuela secundaria superior experimentaron conflictos consigo mismos, ya que la carga académica era mucha, por la alta demanda académica, cuestión que los hizo sentir desesperados, ansiosos, estresados y hasta temerosos del fracaso escolar.

En conjunto, los hallazgos ponen de manifiesto la paradoja central del modelo surcoreano: una sociedad que fomenta la autonomía en las decisiones personales, pero que reproduce un esquema de dependencia y sacrificio en torno a la educación y el futuro laboral. La concentración de los estudiantes en Seúl, la carga financiera sobre las familias, la renuncia a la participación económica propia y la liberación de responsabilidades domésticas apuntan hacia un sistema que coloca la presión académica como eje de vida, subordinando otras dimensiones de la experiencia juvenil. En consecuencia, estos datos no solo describen las características de los estudiantes, sino que también evidencian cómo la estructura educativa y cultural de Corea del Sur contribuye a reforzar un entorno de alta exigencia que condiciona tanto el presente como las expectativas de futuro de los jóvenes.

Reflexiones finales

La alta exigencia académica en Corea del Sur no constituye un fenómeno circunstancial o coyuntural, sino una construcción histórico-cultural profundamente arraigada en la intersección de múltiples factores. La confluencia del legado confuciano -que vincula el honor familiar con el logro académico-, la experiencia traumática de la ocupación colonial japonesa, la devastación de la Guerra de Corea y la ausencia de recursos naturales configuraron un contexto en el cual la educación se estableció como el único capital viable para la reconstrucción nacional y la supervivencia colectiva. Esta génesis histórica explica por qué la exigencia académica trasciende el ámbito educativo para convertirse en un imperativo cultural que permea todas las dimensiones de la vida social surcoreana.

Los estudiantes surcoreanos experimentan altos niveles de estrés, ansiedad, depresión e incluso ideación suicida, y su salud física también se ve afectada a través de problemas musculoesqueléticos, fatiga crónica y trastornos gastrointestinales.

El “Milagro del río Han” evidencia una paradoja inherente al modelo de desarrollo surcoreano: el extraordinario progreso económico y tecnológico se sustentó en un sistema educativo de alta presión que, si bien generó capital humano altamente capacitado, produjo simultáneamente consecuencias devastadoras sobre la salud física, emocional y mental de generaciones de estudiantes. Los datos empíricos documentan de manera contundente que los jóvenes surcoreanos experimentan niveles alarmantes de estrés, ansiedad, depresión e ideación suicida, así como afectaciones físicas que incluyen trastornos musculoesqueléticos, fatiga crónica, problemas visuales y alteraciones gastrointestinales. Esta evidencia demuestra que el desarrollo económico acelerado tuvo un precio social significativo, pagado principalmente por la población estudiantil.

Los resultados obtenidos a partir del cuestionario y las entrevistas permiten delinear un panorama complejo sobre las dinámicas de exigencia académica y social que atraviesan los estudiantes en Corea del Sur. Mientras el cuestionario ofrece datos cuantitativos que confirman la centralidad del estudio en la vida cotidiana, la entrevista aporta matices cualitativos que revelan cómo dicha práctica no es únicamente una estrategia personal de superación, sino una imposición estructural sostenida por el modelo educativo y las expectativas familiares.

El sistema educativo surcoreano opera como un mecanismo de reproducción social que perpetúa la alta exigencia a través de múltiples instancias institucionales y culturales. El Suneung, las hagwons, las expectativas familiares, la competencia por el acceso a universidades de élite y la vinculación entre credenciales educativas y oportunidades laborales conforman un ecosistema que normaliza la presión extrema y la presenta como condición indispensable para el éxito futuro. Los testimonios recogidos revelan que esta normalización es tan profunda que los propios estudiantes interiorizan la exigencia como inevitable, asumiendo el sacrificio de su bienestar presente en función de promesas de movilidad social futura.

A pesar del creciente reconocimiento público del problema y de la implementación de diversas políticas gubernamentales orientadas a reducir la presión académica -incluyendo regulaciones sobre academias privadas, programas de apoyo psicológico y reformas curriculares-, la evidencia empírica demuestra que estas intervenciones han resultado insuficientes para transformar sustancialmente la cultura de alta exigencia. La persistencia de los altos niveles de estrés, ansiedad y problemas de salud entre los estudiantes indica que las medidas adoptadas no han logrado modificar las estructuras profundas que sostienen el sistema de presión académica. Esta limitación sugiere que se requieren transformaciones más radicales que trasciendan ajustes administrativos o procedimentales para cuestionar los fundamentos culturales y económicos que reproducen la exigencia extrema.

Asimismo, el análisis revela diferencias sutiles según la dinámica familiar y las estructuras de género, mostrando que las expectativas sociales y de género influyen en la manera en que se organiza el tiempo de los jóvenes. Un aspecto crítico que surge de la triangulación de instrumentos es la constante asociación entre rendimiento académico y valor social, lo que confirma que las prácticas de los estudiantes no pueden comprenderse de manera aislada, sino en el marco de un sistema de alta presión que traspasa la institución escolar y se ancla en el núcleo familiar, la competencia social y la expectativa nacional de excelencia.

En síntesis, la convergencia entre cuestionario y entrevistas pone en evidencia que el modelo surcoreano de educación no solo estructura los horarios y hábitos de los estudiantes, sino que configura un ethos cultural, en el cual el tiempo, la identidad y el bienestar se subordinan al logro académico. La fortaleza del estudio radica precisamente en mostrar cómo los datos estadísticos se cargan de sentido cuando se interpretan a la luz de los discursos estudiantiles y cómo los testimonios adquieren mayor peso explicativo al ser respaldados por tendencias cuantitativas.

Los hallazgos revelan una contradicción fundamental en la experiencia estudiantil surcoreana: por un lado, los jóvenes declaran tener autonomía en la toma de decisiones personales; por otro, sus trayectorias vitales se encuentran fuertemente determinadas por las expectativas sociales y familiares respecto al desempeño académico. Esta tensión evidencia que la aparente libertad de elección opera dentro de marcos culturales altamente restrictivos que limitan las opciones consideradas legítimas o viables. La presión para dedicarse exclusivamente al estudio, la liberación de responsabilidades domésticas y económicas con ese fin, y la concentración de las expectativas de futuro en el acceso a universidades y empleos de prestigio configuran un contexto en el cual la “autonomía” se reduce a elegir entre opciones predefinidas por imperativos sociales de alto rendimiento.

La evidencia analizada conduce a una conclusión: el modelo educativo surcoreano requiere una transformación profunda que reoriente desde la obsesión por el rendimiento académico hacia la promoción del bienestar integral de las y los estudiantes. Esta transformación no implica abandonar los estándares de excelencia que han caracterizado al sistema educativo surcoreano, sino redefinir el concepto mismo de excelencia para incluir dimensiones de salud física, emocional y mental, desarrollo de habilidades socioemocionales, fomento de la creatividad y el pensamiento crítico, y cultivo de relaciones interpersonales saludables.

El desafío consiste en construir un sistema que reconozca que el verdadero capital humano no se mide exclusivamente en términos de calificaciones académicas o acceso a universidades de élite, sino en la capacidad de los individuos para desarrollar vidas plenas, significativas y saludables. Esta reconfiguración exige no solo reformas educativas, sino también transformaciones culturales profundas que cuestionen la ecuación simplista entre éxito académico y valor humano, promoviendo en su lugar una comprensión más amplia y humanista del desarrollo individual y colectivo.

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Recibido: 19 de Septiembre de 2025; Aprobado: 01 de Diciembre de 2025

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