Introducción
En la adolescencia, las personas suelen experimentar relaciones de noviazgo que constituyen un ejercicio social cotidiano. Partimos de la premisa de que la atracción, el acompañamiento y la experiencia romántica propios del noviazgo contribuyen al desarrollo de competencias sociales fundamentales para la reproducción social. Con base en esta premisa, surge el interés por estudiar lo que ocurre en este tipo de interacciones: ¿se manifiesta en ellas un ejercicio deliberado de poder?
En esta investigación se analiza cómo hombres y mujeres adolescentes en un contexto indígena, en concreto en Tamulté de las Sabanas, en el estado de Tabasco, perciben la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo y se busca identificar las diferencias en el ejercicio de este tipo de violencia según el género. La metodológica adoptada sigue un enfoque cualitativo mediante la aplicación de un guion semiestructurado a estudiantes de nivel medio superior.
El artículo comienza con un apartado de desarrollo en el que se contextualiza el análisis del noviazgo y se describen las condiciones del estudio. Posteriormente, en la sección de resultados se registran las condiciones particulares de las personas adolescentes en la región estudiada. Cabe destacar que la primera autora forma parte del contexto local, lo que permitió registrar detalles de campo a través de la observación cotidiana. Para finalizar, en la sección de discusión se presentan recomendaciones fundamentadas en una perspectiva de género y se subraya la importancia de las redes sociales en las relaciones de noviazgo en la actualidad.
Se enfatiza que las consecuencias de la violencia psicológica, tanto reales como percibidas, reflejan los enormes desafíos que enfrentan las juventudes al intentar comprender las dinámicas de interacción con sus parejas. Estos hallazgos tienen implicaciones significativas para el diseño de intervenciones y programas de prevención dirigidos a abordar la violencia en el noviazgo desde una perspectiva de género y considerando el impacto de las tecnologías de comunicación actuales.
Desarrollo
Durante la adolescencia, uno de los principales vínculos que se establecen es el noviazgo, el cual se caracteriza por la atracción física, la necesidad de acompañamiento y la experiencia romántica. Las relaciones de noviazgo contribuyen a satisfacer necesidades afectivas y sociales, además de que ofrecen la oportunidad de desarrollar preocupación empática y competencias sociales (Morales y Díaz, 2013). Para Garzón et al., las relaciones erótico-afectivas entre adolescentes se entienden como:
…interacciones esporádicas, ocasionales o habituales entre dos individuos, que ocurren a partir de una atracción eróticosexual de tipo hetero, homo o bisexual en las que se comparten o no otros intereses sin implicar cohabitación, compromisos económicos ni un proyecto de familia; poseen características particulares que pueden ser comprendidas a la luz de los procesos evolutivos de orden biológico propios de ese momento vital, y especialmente de las características históricas sociales y culturales que configuran los contextos en los cuales viven su adolescencia (Garzón et al., 2017: 102).
Sin embargo, en algunas ocasiones estos objetivos esperados se ven alterados por algún tipo de violencia hacia la pareja. En este sentido, es importante considerar que la violencia afecta a las personas en el ámbito social, emocional y personal, sin importar su sexo, edad, raza, etnia, escolaridad o estado civil. Asimismo, el tema ha adquirido gran relevancia, y su influencia resulta alarmante entre la población adolescente y juvenil (Peña et al., 2013), ya que los abusos en este sector de la población presentan características distintas a los que ocurren en parejas adultas debido a la falta de experiencia y a la fuerte influencia de los pares (Rodríguez et al., 2023).
En México, en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (INMUJERES, 2007) se reconocen los siguientes tipos de violencia: psicológica, física, patrimonial, económica y sexual. Para este estudio nos enfocaremos en la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo.1
Antecedentes sobre la violencia en el noviazgo
Diferentes autores y autoras han conceptualizado la violencia en el noviazgo. Méndez y Sánchez (2009) confirmaron la existencia de formas que van desde abusos de poder sutiles2 hasta episodios de violencia física severa en las relaciones de noviazgo entre adolescentes. Ellos definen la violencia en este contexto como cualquier forma de control o dominación sobre una persona, ya sea física, sexual o psicológica, que causa daño a la víctima. Además, destacan que, en las relaciones de noviazgo, no solo los hombres la ejercen, sino también las mujeres (Méndez y Sánchez, 2009: 78).
De esta forma, en esta investigación se propone un acercamiento a la población juvenil que mantiene relaciones de noviazgo y se encuentra en riesgo de experimentar violencia. La importancia del estudio radica en comprender el tipo de relación que construyen las y los adolescentes en su entorno social, identificando las distintas expresiones de violencia. En este sentido, se ha documentado que, si bien tanto varones como mujeres jóvenes enfrentan experiencias violentas en sus relaciones de noviazgo, lo hacen de manera diferente, siendo en algunos casos más sutiles, como el castigo emocional y la coerción (López et al., 2015: 25).
Violencia en el noviazgo en México
En el caso de México, una revisión de la literatura sobre el tema revela un predominio de investigaciones cuantitativas sobre violencia en el noviazgo. En 2013, Rojas llevó a cabo una búsqueda exhaustiva en este campo y encontró que la mayoría de los estudios eran de corte cuantitativo (75 %), mientras que las investigaciones cualitativas representaban una proporción menor (25 %) (Rojas, 2013: 14). Este hallazgo destaca la importancia de realizar investigaciones cualitativas para profundizar en el entendimiento de este fenómeno.
Existen diversos motivos para ejercer violencia, como el machismo,3 problemas no resueltos en la infancia, conflictos con la familia de origen, presiones laborales, características psicológicas como la inseguridad o la necesidad de ser reconocido, y el consumo de alcohol (Agoff et al., 2006: 309). Otra forma de control se manifiesta en la revisión de la información de correos electrónicos y teléfonos celulares por parte de las parejas (Olvera et al., 2012; Celis y Rojas, 2015). Prieto et al. (2019), en un estudio realizado con estudiantes de licenciatura, encontró que la violencia en redes era provocada por la falta de una rápida respuesta a algún mensaje o llamada, el bloqueo o eliminación de amigos o contactos en las redes sociales, la invasión a los espacios personales y la solicitud de contraseñas personales, así como el control sobre las actividades de la pareja y las interacciones con sus contactos (Prieto et al., 2019). Por su parte, Javier e Hidalgo (2023) puntualizan que algunas conductas se han normalizado, como leer los mensajes privados del celular o las redes sociales, hacer comentarios que hieren los sentimientos o imponer prohibiciones.
En el caso de las agresiones psicoemocionales, destacan la descalificación en forma de bromas, las críticas hacia el físico, los gritos, los insultos, la celotipia -celos excesivos- y el intento de forzar a la pareja a fumar, consumir alcohol o alguna sustancia (Méndez y Sánchez, 2009; Javier e Hidalgo, 2023), así como las prohibiciones, la vigilancia y las amenazas (Olvera et al., 2012). Otro factor que contribuye a la ocurrencia de violencia en el noviazgo es la autoestima, la cual en algunos casos influye en que las y los jóvenes pierdan contacto con amigos, familiares y colegas de trabajo para evitar conflictos o el enojo de sus parejas (Ramírez y Núñez, 2010; Rosas et al., 2013).
Por otra parte, el impacto de la violencia en el noviazgo va más allá de la relación, ya que genera problemas académicos importantes, como desmotivación y ausentismo escolar, que pueden derivar en una posible deserción, bajo aprovechamiento, altos índices de reprobación, falta de asertividad y un manejo deficiente de situaciones conflictivas (Álvarez y López, 2020).
En diversos contextos se ha señalado que el tipo de violencia más frecuente en las relaciones de noviazgo es la violencia psicológica (Castro et al., 2015; Flores et al., 2015; Muñoz et al., 2020; Javier e Hidalgo 2023), la cual, a su vez, representa la puerta de acceso para otros tipos de violencia (Olvera et al., 2012). Las y los jóvenes soportan cada vez con más frecuencia violencia psicológica, que en muchos casos se percibe como parte inevitable en la relación de pareja (Lazarevich et al., 2013). En este contexto, enfrentan dificultades para reconocer el abuso por parte de sus parejas, ya que los comportamientos de control y de celos pueden percibirse como signos de amor (Garzón et al., 2017).
También se ha observado que, cuanto más temprana sea la edad en la que ocurre el fenómeno de la violencia, sus efectos tienden a ser más profundos y duraderos. Esto se debe a que quien es sometido a violencia percibe una carencia de posibilidades para modificar su vida y controlar su futuro (Ramírez y Núñez 2010). El miedo a la pérdida contamina el vínculo afectivo en el noviazgo y lo vuelve vulnerable y patológico (Del Castillo et al., 2015).
En un estudio realizado por Flores y Barreto, en el que se utilizó como fuente cuantitativa la Encuesta sobre Violencia en el Noviazgo, aplicada de manera representativa a estudiantes de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS), y se realizaron entrevistas a profundidad con estudiantes universitarias sobrevivientes de violencia en el noviazgo, se puntualiza que las mujeres son las más afectadas por experiencias de violencia psicológica. Sin embargo, se ha documentado que no logran identificarla como tal y, además, no recurren a ningún tipo de apoyo porque creen que ellas son responsables de las agresiones o por miedo al abandono por parte de sus parejas. Lo anterior puede interpretarse como una forma de internalizar las situaciones de violencia, lo que coloca a las jóvenes en una posición de mayor peligro y vulnerabilidad, dado que existen barreras psicológicas profundas que les impiden buscar ayuda cuando la necesitan (Flores y Barreto, 2018).
Saldívar et al. realizaron una investigación de tipo transversal mediante una encuesta no probabilística que incluyó a 870 estudiantes de ambos sexos, de entre 12 y 16 años, en la Ciudad de México. Los resultados indicaron que la violencia interparental de tipo psicológico por parte del padre hacia la madre es un factor de riesgo para perpetrar violencia en el noviazgo, al igual que ser testigo de violencia física severa de la madre hacia el padre. Además, señalaron que la violencia entre ambos sexos es una de las más frecuentes entre los adolescentes, y que los problemas de relación familiar, la parentalidad negativa y el miedo a la violencia en la familia incrementan el riesgo de sufrir violencia en el noviazgo (Saldívar et al., 2022).
Rojas y Romero (2022), investigaron sobre la bidireccionalidad de la violencia en el noviazgo y para lograrlo contemplaron una muestra de 785 estudiantes de secundaria y bachillerato entre los 13 y 19 años. Entre sus resultados destaca una mayor prevalencia de violencia bidireccional y que un bajo porcentaje de los y las adolescentes se perciben como víctimas y perpetradores de violencia. Asimismo, es preciso señalar que los varones mostraron una mayor aceptación hacia la violencia de tipo control aislamiento y directa severa en comparación con las mujeres, mientras que las mujeres percibieron como más graves la violencia indirecta verbal, de control aislamiento y directa severa, en contraste con los varones.
Rodríguez et al. (2023), en un estudio representativo basado en datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) de 2021, aplicada a mujeres solteras de entre 15 y 24 años, encontraron que los factores asociados con los abusos fueron: la condición de discapacidad, la violencia vivida en la infancia, la experimentada recientemente en el seno la familia actual, el tiempo transcurrido con la pareja, el empleo y la participación social.
Estudios que abordan la violencia en el noviazgo en contextos indígenas de México
Se han documentado transformaciones en las relaciones de noviazgo en diversas poblaciones indígenas como, por ejemplo, que en la actualidad son las mujeres quienes toman la decisión de aceptar o rechazar el noviazgo. Existen además factores que inciden en la transformación constante de algunos patrones socioculturales, entre los que destacan la migración, la escuela, los medios de comunicación y el acceso a servicios de urbanización (Bautista, 2011).
Nava, Onofre y Báez (2017) indagaron sobre los problemas sociales que enfrentaban mujeres indígenas en una comunidad del estado de Puebla y encontraron que un alto porcentaje, el 23.1 %, no sabía leer ni escribir, lo que las limitaba para acceder a mejores oportunidades. Además, el 57 % padecía violencia psicológica de sus parejas.
Por su parte, Yanes et al. realizaron un estudio sobre la violencia en el noviazgo en adolescentes de origen indígena en el mismo estado de Puebla, y encontraron que la violencia hacia las mujeres es frecuente, que por lo común se origina a partir del machismo, y que las mujeres mostraban un algo grado de tolerancia hacia la violencia a la que eran sometidas. En este sentido, los autores concluyeron que el contexto patriarcal y la inequidad de género invisibilizan la violencia en las relaciones de pareja durante el noviazgo, a la vez que la falta de reconocimiento del problema es un factor decisivo para no buscar ayuda, ya que la situación se considera normal (Yanes et al., 2019).
Otros datos interesantes los proporcionan Bautista et al. (2023), quienes investigaron sobre la relación entre el nivel de consumo de alcohol y la violencia en el noviazgo en estudiantes universitarios pertenecientes a pueblos originarios. En su estudio, en el que participaron 477 estudiantes de la Universidad Intercultural del Estado de Puebla, encontraron que la correlación entre consumo de alcohol y la violencia ejercida en el noviazgo fue significativa. Además, señalaron que otras variables, como los estilos de crianza y factores económicos relacionados con la situación sociocultural de las y los jóvenes, también pueden influir en este fenómeno.
Género
Consideramos relevante contextualizar la violencia en el noviazgo desde una perspectiva de género. Según Rubin (1986), el género se conforma a partir de prácticas que la sociedad asigna a los individuos en función de su sexo biológico, y sobre esta base se establecen patrones de conducta específicos para el sexo masculino y el femenino. Por otro lado, Scott (1996) señala que el género está vinculado con las dinámicas de poder que se ejercen entre los cuerpos sexuados.
De acuerdo con Hernández et al. (2020), el sistema sexo-género es la forma en que los individuos se relacionan en la sociedad, mediante la cual se les atribuyen comportamientos social y culturalmente establecidos según su sexo biológico. Este sistema clasifica a las personas en géneros masculino y femenino, asociando al varón con la dominación, la violencia y el poder, mientras que a la mujer, representada por lo femenino, se le atribuyen comportamientos pasivos, de servicio y cuidado hacia los demás.
A través de la construcción del género se marcan roles sociales para diferenciar a hombres y mujeres. En una sociedad patriarcal, se ha perpetuado la idea de que los hombres deben ejercer dominio sobre las mujeres y de que todas las esferas del poder deben estar bajo control de los primeros (Millett, 1995). En este marco, por lo general a las mujeres se les asignan actividades domésticas relacionadas con el cuidado de la familia y el hogar -labores que suelen realizar sin goce de sueldo-, mientras que, en contraste, a los hombres se les atribuyen responsabilidades en los espacios públicos, como en la política y los trabajos remunerados (Valcárcel, 2008).
En el aspecto psicológico, que incluye los rasgos de la personalidad y el temperamento, la sociedad ha inculcado culturalmente la idea de que el sexo masculino está asociado con la fuerza y los impulsos agresivos, mientras que el sexo femenino se asocia con lo pasivo (Millett, 1995).
Contexto y metodología
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2020 el estado de Tabasco tenía una población de 2 402 598 habitantes, de los cuales el 51.1 % eran mujeres y el 48.9 % hombres. El municipio Centro, donde se encuentra la comunidad objeto de este estudio, era el más poblado del estado, con 683 607 habitantes, de los cuales el 51.7 % eran mujeres y el 48.3 % hombres (INEGI, 2020). En el estado de Tabasco en general, el 3.99 % de la población de tres años y más hablaba alguna lengua indígena, siendo las más comunes el chontal de Tabasco (66.5 %) y el chol (22.1 %).
El estudio se llevó a cabo en la comunidad indígena de Tamulté de las Sabanas, ubicada en el municipio Centro, Tabasco, donde en 2020 vivían 6 522 habitantes: 3 280 mujeres y 3 242 hombres (INEGI, 2020). Esta comunidad maya chontal se distingue por su cultura, que integra elementos en los que las tradiciones prehispánicas se fusionaron con las novohispanas, lo que dio lugar a una sólida riqueza cultural (Frías, 2023). Las y los chontales de Tamulté de las Sabanas conservan una rica tradición oral, en la que destacan las historias sagradas que explican el origen de la agricultura y la organización del trabajo comunitario (Hipólito y Vasquez, 1991).
De acuerdo con Lara et al. (2020), la zona indígena de Tamulté de las Sabanas enfrenta una serie de hechos violentos que afectan de manera directa o indirecta la estabilidad personal, familiar y social, en especial de las mujeres, niñas, niños y adolescentes. En esta comunidad prevalece una falta o debilitamiento de los valores. Una problemática particularmente relevante es la situación de vulnerabilidad de las mujeres, ya que aún persisten usos y costumbres relacionados con el machismo. En este sentido, por tradición, los hombres ocupan una posición predominante dentro de la familia, mientras que las mujeres quedan relegadas a un rol secundario. Esto conduce, entre otros factores, a que en ocasiones se les prohíba estudiar o trabajar, lo que limita sus oportunidades para mejorar sus condiciones de vida.
Según las estimaciones de la ENDIREH, en Tabasco, en 2021, el 68.7 % de las mujeres de 15 años o más había experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y el 39.6 % la había sufrido en los últimos 12 meses. Con respecto a las relaciones de pareja, la misma encuesta revela que el 43.2 % de las mujeres habían sido violentadas por sus parejas en su relación actual o más reciente, y que el 18.6 % de estas mujeres habían sufrido maltrato psicológico en el último año, siendo esta la forma de violencia más frecuente (INEGI, 2022).4
Para este estudio nos interesaba indagar sobre cómo los hombres y las mujeres adolescentes de Tamulté de las Sabanas perciben la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo, así como identificar las diferencias entre sus opiniones. Para ello, empleamos una estrategia metodológica basada en un enfoque cualitativo, que incluyó la aplicación de un guion semiestructurado dirigido a la población de estudio.
Esta población estuvo compuesta por ocho adolescentes -cuatro mujeres, cuatro hombres-, estudiantes del Colegio de Bachilleres de Tabasco, con edades entre 15 y 17 años, originarios y originarias de Tamulté de las Sabanas, que habían experimentado o se encontraban en una relación de noviazgo al momento de la entrevista y, además, no vivían juntos.
El primer paso consistió en elaborar un formulario para recopilar los datos generales de las y los adolescentes -edad, género, si habían tenido o estaban en una relación de noviazgo, y si no vivían en unión con su pareja- con el fin de identificar a quienes cumplían con los criterios de inclusión mencionados anteriormente. El formulario se distribuyó virtualmente a través de WhatsApp durante un periodo de tres meses, de mayo a julio de 2021, y las muestras se obtuvieron mediante la estrategia de bola de nieve.5
El segundo paso consistió en dar seguimiento a las respuestas durante el periodo mencionado y, al mismo tiempo, contactar por teléfono a las y los participantes que cumplían con todos los criterios para concertar una reunión inicial. Todos firmaron un consentimiento informado, el cual fue previamente revisado por un comité de ética. Dado que eran menores de edad, se requirió también el permiso de sus padres o madres. También se les garantizó la confidencialidad y la protección de sus datos personales. Cabe mencionar que este estudio se realizó durante la pandemia de covid-19, lo que imposibilitó la obtención del permiso de las autoridades escolares debido al cierre de las escuelas.
Las entrevistas se realizaron de manera presencial en un ambiente de cordialidad. Al principio, las y los jóvenes mostraron poca apertura, pero con el tiempo se generó más confianza, lo que les permitió expresar sus opiniones libremente. Las entrevistas se llevaron a cabo entre septiembre y octubre de 2021 siguiendo las medidas sanitarias frente al covid-19, se grabaron en audio y, posteriormente, se transcribieron.
Asimismo, las entrevistas se realizaron de forma individual, comenzando con los varones, ya que fueron los primeros en confirmar su participación, y posteriormente se entrevistó a las mujeres. En el cuestionario se incluían preguntas sobre: la dinámica en las relaciones de noviazgo, la comunicación, el poder o control, las responsabilidades, el enojo, los celos, amenazas, prohibiciones e insultos. También se indagó sobre qué entendían como violencia en el noviazgo, los tipos de violencia que conocían y cuál consideraban que era el más frecuente. Finalmente, profundizamos en la violencia psicológica, abordando aspectos como su definición, origen, quién la ejerce, si la habían experimentado, sus redes de apoyo, el papel de las redes sociales y si la pandemia de covid-19 había afectado o no sus relaciones de noviazgo. Además, exploramos su opinión sobre qué acciones consideraban necesarias para enfrentar este tipo de violencia.
Dado que se buscaba analizar las opiniones de hombres y mujeres, los resultados se presentan y comparan diferenciados para cada uno de los sexos.
Opiniones sobre violencia en el noviazgo de los hombres entrevistados
Dinámica en sus relaciones de noviazgos: comunicación, convivencia, ejercicio de poder o control y responsabilidades
En cuanto a la comunicación en el noviazgo, la mayoría de los varones señaló que este aspecto en sus relaciones estaba bien, y algunos incluso destacaron la generación de un vínculo de confianza con sus parejas. Uno de ellos (H2, 16 años)6 mencionó que él y su pareja estaban acostumbrados a convivir entre ellos y con sus amigos de manera respetuosa. La mayoría indicó que en sus relaciones de noviazgo tomaban decisiones junto con sus parejas, y solo uno mencionó que prefería que su novia tomara las decisiones importantes (H4, 17 años).
Un factor destacado en las relaciones de noviazgo es el poder o control. Todos los hombres expresaron que, cuando informaban regularmente a sus novias sobre sus salidas con otras amistades, ellas respondían de manera positiva porque sus parejas también actuaban de la misma manera, lo que generaba un ambiente de confianza y les permitía sentirse cómodos. Para dos participantes era importante conocer con quiénes convivían sus parejas y si esas personas representaban una buena influencia (H1, 17 años). Un ejemplo de esto se observa en el siguiente testimonio: «Conozco algunos de sus amigos y amigas y, pues, sé que no son una buena influencia como tal… toman, algunos fuman… no la puedo obligar a que no vaya» (H2, 16 años).
Si bien aceptaban que sus parejas salieran con otras personas, para ellos era importante conocer con quiénes se relacionaban sus novias. En este sentido, Garzón et al. (2017: 103) afirman que el control del comportamiento en las relaciones de noviazgo suele interpretarse como una muestra de amor.
En uno de los testimonios se observó que para el joven entrevistado era importante la convivencia con otras personas, y que el respeto en la relación era fundamental: «Todo de la forma más correcta… tratándola con educación, no insinuándome así, este, a las personas, pues, sino respetando, pues, mi relación…» (H2, 16 años).
Para los jóvenes, el noviazgo implicaba ciertas responsabilidades, como prestar atención a la pareja, dedicarle tiempo, valorarla, no tener problemas con las personas que ella apreciaba, respetarla y apoyarla. Solo uno mencionó que para él era importante convivir con otras personas y no limitarse únicamente a estar con su novia (H4, 17 años).
En el Cuadro 1 se presentan ejemplos de cómo los hombres perciben diversas emociones y el ejercicio del poder (véase Cuadro 1).
Cuadro 1 Percepción de emociones (enojo, celos) y ejercicio del poder (trato en público, amenazas, prohibiciones, insultos y revisión del celular)
| Emociones | Percepción |
|---|---|
| Enojo | «La forma en que habla o a veces no contesta los mensajes y así» (H1, 17 años).
«A veces, pues, se pone cortante. A veces no te responde los mensajes» (H2, 16 años). «Cuando ya no me habla… me empieza a responder más cortantemente o simplemente ignora algunas partes de las que yo le hablo» (H3, 17 años). «Cuando está molesta es como… ignora los mensajes o cambia su forma al hablarme y así… más cortante y, pues, ahí me doy cuenta, pues, de que está enojada» (H4, 17 años). |
| Respuesta al enojo | «Solo espero a que se calme o se le pase y ya ahí me puede… ya yo le pregunto y, pues, me dice» (H1, 17 años).
«A veces, cuando estaba así, peleados pues, a veces igual no te da ganas de responder o no quieres responderle o comienzas a hacer otras cosas» (H2, 16 años). «Yo hago como que eso no pasó y simplemente no le tomo importancia» (H3, 17 años). «Pues lo mismo que ella me hace a mí» (H4, 17 años). |
| Trato de la pareja en público | «Tiene que hablar con otras personas también y no solo… centrarse en mí y así» (H1, 17 años).
«Cuando estamos acompañados… nada más platicamos… me trata de una forma bien, y cuando estamos solos, pues, no ha salido mucha la oportunidad» (H2, 16 años). «Cuando estamos solos normal, no se siente, así, como tan nerviosa… en cambio cuando ya está su hermano o su papá, pues ya como que hay límite» (H3, 17 años). «Cuando estamos solos, pues, es más cariñosa, más atenta, y cuando estamos acompañados, pues, ya es como que más cerrada… como que no tiene tanta esa confianza» (H4, 17 años). |
| Amenazas | «En relaciones anteriores sí, pero en esta no… una vez me dijeron que si no contestaba los mensajes y así como que se enojaría y me dejaría» (H1, 17 años).
«Me dice, pues, simplemente tú no me falles, si no, pues de igual manera podría fallarte…» (H3, 17 años). |
| Emoción ante la amenaza | «Pensé que era una… broma, pero ya cuando vi que era cierto, pues sí me sentí mal, y triste y así» (H1, 17 años).
«Hay veces, pues, sí me ha dado un poco de temor en el sentido de que cosas del pasado que ella y yo, pues, sabemos se podrían repetir» (H3, 17 años). |
| Prohibición del libre desarrollo de la personalidad | «A veces» (H1, 17 años). «Mi forma de actuar ya sería diferente, cuando estoy con ella y cuando estoy con amigos o otras personas» (H2, 16 años).
«Yo manejo moto y yo digo, pues, voy a pasar en tal parte y no voy a acelerar tanto o voy a ir haciendo carreras porque allá viene mi novia y no quiero que me vea» (H3, 17 años). |
| Insultos en la relación | «Trata de ser lo menos agresivo» (H1, 17 años).
«Sí ha dicho algunas palabras, pero no tan graves… ha dicho la palabra ‘güey’ o cosas menores» (H3, 17 años). «Cuando se enoja sí, me ha insultado así en privado, porque en público, pues, no… se molesta y empieza a decirme otras cosas, insultos así, agresiones verbales» (H4, 17 años). |
| Revisión del celular | «Si en una relación hay confianza, pues igual y no tienen por qué revisar el celular, aunque, pues, o sea, no es un problema que te revise o, si lo quiere agarrar, pues lo puede agarrar porque, pues, si tú estás consciente de que no tienes nada malo» (H2, 16 años).
«Ella me dice: ‘ah, préstame un rato tu teléfono’…, pues yo casi no le tomo su teléfono, pues, siempre he respetado eso… me meto a su galería o me meto a ver videos en lo que ella tiene mi teléfono… o de vez en cuando me meto ahí en su WhatsApp, pero así en el sentido de, pues, para ver lo que hace» (H3, 17 años). |
| Discusiones por celos | «Ella se había ido a casa de una tía durante un mes… no podía yo estar comunicado con ella… me había comentado de… un primo de ella que no vivía acá y la contactó… cuando vino nunca me dijo y yo… le recordé ese punto y, pues, me dijo ella, ‘ah, es que no sé qué, ya te lo había dicho’. Y cosa que no, y en ese punto como que tuvimos una discusión» (H3, 17 años) «Pensó que yo estaba haciendo otras cosas» (H2, 16 años). |
Fuente: elaboración propia con base en testimonios de los hombres entrevistados.
En cuanto a la forma en la que percibían el enojo de sus novias, todos los entrevistados coincidieron en que ellas dejaban de hablarles, se mostraban cortantes con ellos o los ignoraban. Ante estas actitudes, ellos empleaban diversas estrategias para manejar el disgusto: esperaban a que se calmaran, hacían otras cosas, no le daban importancia o imitaban sus comportamientos. Respecto al trato en público, la figura del padre o del hermano podía interferir en la relación, ya que las novias se sentían nerviosas cuando eran vigiladas. La mitad de los entrevistados observaba diferencias en el trato en privado, donde se generaba un ambiente de más confianza.
Dos de los entrevistados recibieron amenazas de sus parejas, quienes les dijeron que los dejarían si no cumplían con sus requerimientos, lo cual les generó miedo, tristeza y ansiedad. La mayoría admitió que dejaban de hacer ciertas cosas para complacer a sus novias o que cambiaban su comportamiento, como actuar de manera diferente frente a sus amigos o evitar ir a exceso de velocidad al conducir la motocicleta. Lo anterior muestra cómo los varones también experimentan violencias en sus relaciones de noviazgo, como el castigo emocional y la coerción (López et al., 2015: 25).
La mayoría de los hombres entrevistados manifestaron que sus novias los habían insultado en algún momento, aunque aseguraron que sus palabras no fueron tan graves. Además, mencionaron que sus parejas les habían revisado los celulares, y ellos, a su vez, también habían tomado los teléfonos de sus novias para explorar sus cuentas de Facebook, las galerías de fotos y los mensajes de WhatsApp. Mencionaron que los celos eran motivo de discusiones, aunque varios de los entrevistados manifestaron que habían logrado resolver sus problemas.
Ninguno de ellos había recibido críticas sobre su vestimenta, ni humillaciones por su clase social o por ser de un pueblo indígena, ya que todos y todas provenían de la misma localidad. Solo un entrevistado manifestó que pretendió a una chica, pero que ella lo rechazó debido a su orientación sexual.
Concepto de violencia en el noviazgo
Para los jóvenes entrevistados, la violencia en el noviazgo se percibe principalmente a través de ciertos comportamientos de la pareja: «no da amor, sino que se maltrata de una u otra forma» (H1, 17 años) o «a veces uno como novio no le gusta las acciones que hace su pareja y la puede maltratar en el sentido de golpes, o simplemente la ofende con palabras o, pues, le prohíbe muchas cosas» (H3, 17 años). Según los testimonios de los entrevistados, esta violencia comienza cuando se busca: «tomar el control, cuando ya has fallado mucho y ya no te importa, con desencuentros, desconfianza y falta de comunicación».
En la mitad de los testimonios se observa que la violencia en el noviazgo puede manifestarse de manera verbal, con insultos o prohibiciones, o física, a través de golpes. Sin embargo, cuando se les preguntó a los varones qué tipos de violencia conocían, además de la física y verbal, mencionaron la violencia familiar y el bullying (violencia entre jóvenes). La violencia que todos ellos consideraron más frecuente fue la verbal o psicológica, a través de insultos y ofensas, lo que coincide con otras investigaciones (Castro et al., 2015; Flores et al., 2015; Muñoz et al., 2020; Javier e Hidalgo 2023). Además, en los testimonios mencionaron que a menudo consideraban esta forma de violencia como la puerta de entrada a la violencia física.
Violencia psicológica
Para los entrevistados, la violencia psicológica puede manifestarse mediante la manipulación (H1, 17 años), cuando le dices algo a tu pareja y se queda con ansiedad (H2, 16 años) y cuando te bajan la autoestima (H4, 17 años). Todos coincidieron en que la violencia psicológica no debe tolerarse.
Para la mayoría de los hombres, tanto ellos como las mujeres pueden ejercer violencia psicológica: «los dos pueden ser celosos, manipuladores» (H1, 17 años). Sin embargo, consideraban que los siguen siendo hombres los principales agresores. Solo un entrevistado manifestó que «las mujeres ponen a los hombres como en un lugar mal… como si fueran, no sé, unos mentirosos» (H4, 17 años) y que ellas son quienes ejercen con mayor regularidad violencia psicológica.
Para los entrevistados, la violencia psicológica puede causar depresión, dañar la autoestima, influir en la toma de malas decisiones, llevar a caer en vicios o, incluso, a la muerte. En cuanto a cómo se justifica el ejercicio de la violencia, los jóvenes lo relacionan con los celos, la idea de protección, el comportamiento de algunos hombres que se obsesionan con su pareja y les prohíben todo, los aprendizajes familiares que no favorecen el respeto, la actitud machista de los hombres que desean controlar la relación, y el hecho de que, a veces, se encuentran enojados por otras razones y desquitan su frustración con ellas.
La violencia se aprende en el hogar, especialmente cuando los padres pelean frecuentemente o son violentos, pero también se puede aprender a través de películas y de los amigos que fomentan ese tipo de comportamientos. En este sentido, la familia se visualiza como un factor decisivo en la forma en que se trata a una mujer; en otras palabras, el estilo de crianza es un elemento fundamental en este aprendizaje (Yanes et al., 2019). La mitad de los entrevistados había experimentado violencia psicológica en sus hogares, uno de ellos por parte de su abuelo, quien, en estado de ebriedad, perdía el control de sus palabras y ofendía a todos los miembros de la familia.
Redes sociales
Los entrevistados consideraron las redes sociales como una herramienta útil para la comunicación, tanto en el ámbito escolar como en la relación de noviazgo, ya que era el medio más frecuente para comunicarse con sus parejas. Sin embargo, también señalaron algunas desventajas, como la posibilidad de generar malentendidos, sospechas de infidelidad o la interacción con personas que en realidad no conocían. Además, mencionaron que las redes sociales eran un medio para descubrir cosas sobre sus parejas. En particular, mencionaron el uso de WhatsApp como una herramienta para intercambiar mensajes con otras personas y coquetear.
Influencia de la pandemia de covid-19 en las relaciones de noviazgo
Se preguntó a los entrevistados si la pandemia de covid-19 había influido en sus relaciones de noviazgo, y todos coincidieron en que sí, ya que afectó en la convivencia, pues no podían salir y la principal vía de comunicación era a través de mensajes. Solo un joven, que trabajaba y estudiaba, comentó que él y su novia no se veían de manera regular debido a sus horarios diferenciados.
Acciones ante la violencia
En los testimonios, los jóvenes indicaron que, si se sufre violencia, las acciones recomendadas son recurrir a una persona de confianza que pueda brindar apoyo y consejos, como un familiar, un profesional, los padres o una persona mayor. La mayoría acudiría principalmente a sus madres, padres, amigos muy cercanos o algún profesional, como un psicólogo o psicóloga.
Finalmente, en los testimonios de los hombres se observó la percepción de que la violencia es muy frecuente en la televisión y que muchas personas aprenden a ejercerla a través de este medio. Es importante reflexionar sobre este tema, ya que existe un conocimiento limitado al respecto.
Opiniones sobre violencia en el noviazgo de las mujeres entrevistadas
Un aspecto muy importante a resaltar es que las mujeres entrevistadas mencionaron elementos que no se encontraron en los relatos de los hombres.
Dinámica en sus relaciones de noviazgo: comunicación, convivencia, ejercicio de poder o control y responsabilidades
Todas las mujeres coincidieron en que mantenían una buena comunicación con sus parejas en sus relaciones de noviazgo, aunque sí se presentaban algunos problemas, como se refleja en el siguiente testimonio: «Hay discusiones como toda pareja, tanto él como yo tratamos de hablar lo más moderado, sin agresiones ni nada, porque somos chavos y pues es como que no podemos estar agrediendo porque no sabemos qué pasaría después» (M4, 16 años).
Una de las jóvenes mencionó que su papá le dio la oportunidad de tener novio para vivir la experiencia y, de esta manera, conocer bien a otra persona (M3, 15 años). Asimismo, todas las entrevistadas señalaron que las decisiones en sus relaciones de noviazgo las tomaban en conjunto, dialogando y tratando de llegar a acuerdos. Con respecto a quién ejercía el poder o control en la relación, sus testimonios reflejan diferentes elementos. Una de ellas indicó que su novio se enojaba cuando llegaba tarde y que vigilaba sus redes sociales: «Era como muy manipulante, pues me dijo en esa ocasión que, si no le daba pues, iba a terminar conmigo… por las redes sociales, que me empezó a prohibir cosas. Digamos que ya no quería seguir… era muy frustrante para mí» (M1, 15 años).
La mayoría de las entrevistadas mencionaron que sus novios les prohibían relacionarse con otras amistades por diferentes motivos: «hay personas que se acercan mucho» (M3, 15 años) o «porque se trata de amigos hombres» (M4, 16 años). Esta situación coincide con lo documentado por Ramírez y Núñez (2010), quienes señalaron que, para evitar el enojo de la pareja, muchas personas pierden contacto con amigos y familiares. En contraste, la mitad de las entrevistadas indicaron que sus novios no les informaban sobre sus salidas con otras personas (M2, 17 años; M3, 15 años),
Particularmente, llama la atención el caso de una participante, que experimentó un control excesivo por parte de su pareja y que llegó a normalizar el control que ejercía sobre ella (M3, 15 años). Otra de las jóvenes (M4, 16 años) expresó que tanto ella como su novio decidían juntos si salían con sus amistades o si hacían planes juntos -la única entrevistada con dos años de noviazgo-.
Para las jóvenes entrevistadas, las responsabilidades en el noviazgo incluían dedicar tiempo, respeto, darle su lugar a la pareja, no coquetear con otros hombres, mantener la confianza, ofrecer apoyo, no dejarse llevar por malas influencias y sostener un vínculo equitativo.
En el Cuadro 2 se muestran las percepciones de las mujeres sobre diversas emociones y de qué manera consideraban que se ejercía el poder en la relación (véase Cuadro 2).
Cuadro 2 Percepción de emociones (enojo, celos) y ejercicio del poder (trato en público, amenazas, prohibiciones, insultos y revisión del celular)
| Emociones | Percepción |
|---|---|
| Enojo | «Respondía de una forma muy corta en los mensajes y por llamada tenía un poco la voz, así como que casi no quería hablar» (M1, 15 años).
«La forma que ponía sus gestos y que se enojaba, no mucho, pero algo… como que ya no me quería hablar y todo, pero luego se le pasaba… es que tomaba y no me gustaba y ya yo le decía que no tome…» (M2, 17 años). «Cuando no contesta los mensajes, pues ya sé que está molesto o está en línea y pues no te contesta» (M3, 15 años). «Cuando me ignora… él me dice algo y es como que yo me molesto con él y él se molesta conmigo… y ya no me habla durante toda la noche hasta el día siguiente que se le pasa el enojo» (M4, 16 años). |
| Respuesta al enojo | «Preferimos ignorarnos a que nos estemos insultando, decirnos algo porque, pues, tanto él tiene sentimientos y yo tengo sentimientos» (M4, 16 años). |
| Trato de la pareja en público | «No éramos muy cariñosos, así como pareja, pero ni tanto así en público ni tanto así solos» (M1, 15 años).
«Pues cuando estamos solos sí, un trato muy bonito y, pues, cuando estamos acompañados igual… como que hablarte bonito y abrazarte…» (M2, 17 años). «Cuando estamos acompañados el trato es de tú te sientas aquí y yo me siento allá, y así… separaditos. Y ya cuando estamos ya en privado… te sientas al lado de mí» (M3, 15 años). «Cuando estamos solos es como que, pues, me abraza mucho, me da muchos besitos, y ya cuando estamos acompañados como que igual me abraza, pero como que ya se calma en cuestiones de los besos» (M4, 16 años). |
| Amenazas | «Una ocasión fue cuando él dijo que por un amigo… solo con un amigo hablaba, digamos que era un poco cercano… él me dijo de que decidiera entre él o mi amigo. Pues decidí… lo dejé de hablar» (M1, 15 años).
«Le decía que iba a salir con unos amigos y él me decía que: ‘si lo haces me voy a tomar’. Y pues no, mejor no salía y él no iba» (M2, 17 años). |
| Prohibición del libre desarrollo de la personalidad | «Con amigos, pues sí, digamos que no quería que tuviera contacto con algún hombre o compañero o amigo» (M1, 15 años).
«Simplemente creé una versión falsa de mí así con él, digamos que no era, no era mi verdadero yo» (M1, 15 años). «No cambié mi forma de relajear con los chamacos, por así decirlo, o sea, él está y hasta él se mete en el relajo… en cambio, si no estuviera, como que ya sería otra cosa, porque a veces igual puede haber alguna persona que malinterprete las cosas y se lo diga a él de una forma que no es» (M4, 16 años). |
| Insultos en la relación | «Una vez creo que me insultó por llamada, porque no recuerdo muy bien, pero creo que estaba enojado… esa vez sí me sentí algo mal, ya luego digamos que se disculpó» (M1, 15 años). |
| Revisión del celular | «Pues no lo revisaba… sí me decía: ‘pues si quieres entra o ve lo que quieras y todo’, pero yo nunca entré ni vi nada… porque tenía yo confianza en él y, pues, no me gustaba hacer esas cosas» (M2, 17 años).
«Varias veces hizo eso con mi celular… se metía en WhatsApp, que si a inbox y ya lo revisaba todo… sinceramente, yo no me molestaba porque sabía que no tenía nada malo y lo dejaba que lo hiciera si eso le complacía» (M3, 15 años). «Le pedí su cuenta de Facebook… me dio la curiosidad de meterme y ya me metí, y pues vi cosas que sí me desagradaron bastante» (M3, 15 años). «Al principio era como que él agarraba mi teléfono… veía que se metía a WhatsApp, a fotos y ya de ahí me lo daba… igual, él me daba su teléfono, como que revísalo todo lo que quieras… pero después dejamos de hacer eso, como que su privacidad y la mía» (M4, 16 años). |
| Discusiones por celos | «Era muy celoso con los hombres, una ocasión digamos que malinterpretaron algo, de que yo igual estaba saliendo con un amigo… luego como que él empezó a decir que éramos novios, digamos que se llegó a enterar él… yo le traté de explicar y, pues, digamos que no me creyó» (M1, 15 años).
«Mi novio era celoso… en hablar con algunos amigos y todo… nada más me decía: ‘si quieres ir con él, pues vete con él’» (M2, 17 años). «Sí hubo un problema porque un… amigo que iba en el salón de él… nos saludó de a besos a todos, hasta a los hombres; entonces, él se enteró de que me había dado un beso en la mejilla y se molestó y fue a reclamarle a su compañero» (M3, 15 años). «A veces se le mete la idea de querer hacerme bromas o decirme: ‘hoy conocí a esta chava y me dijo que le gusto, me dijo que me quería dar un beso’, y es como que: ‘ah, ah’, ya de ahí me dice: ‘no, no es cierto, es pura broma’. Ya le doy un cocotazo y es como que: ‘no vuelvas a hacer eso’. Y a veces yo le hago lo mismo… nada más me queda viendo y me ignora» (M4, 16 años). «Él tiene su mejor amiga… desde antier estaba ahí, molestaba con el nombre de esa chava… yo me molesté… yo estaba enojadísima porque, o sea, tiene días que estaba ahí chingándome» (M4, 16 años). |
Fuente: elaboración propia con base en testimonios de las mujeres entrevistadas.
Respecto a la forma en la que percibían cuándo sus novios estaban enojados, todas las entrevistadas mencionaron que ellos se volvían cortantes, hacían gestos o dejaban de hablarles.
En cuanto al trato en público, la mayoría de las entrevistadas reveló que este era más recatado que en privado, de tal modo que, cuando estaban a solas, aprovechaban para demostrarse afecto con besos y abrazos. Solo una de ellas manifestó que su novio y ella no eran muy cariñosos.
Dos entrevistadas mencionaron que sus novios las amenazaron: uno con terminar la relación si no dejaba de hablar con una persona y el otro con irse a tomar si salía con alguien más. Una de las entrevistadas dijo que, en su relación de noviazgo, tuvo que ocultar su verdadera forma de ser con tal de complacer a su pareja. Por otro lado, otra joven manifestó que no tuvo que cambiar su manera de ser porque su novio ya formaba parte de su grupo de amistades; sin embargo, si su novio no estuviera en ese círculo, ella no saldría porque podría prestarse a malas interpretaciones. Una de ellas también mencionó que recibió insultos por parte de su novio.
Casi todas las entrevistadas señalaron que sus novios les habían revisado los celulares, Facebook, las galerías de fotos y el WhatsApp, y la mitad de ellas también habían hecho lo mismo con los teléfonos de sus novios. Una de las opiniones recabadas fue que revisar el celular de la pareja es una práctica no apropiada porque denota desconfianza.
Con respecto al tema de los celos, todas las participantes mencionaron que los habían experimentado, pues sus novios les prohibían hablar con ciertas personas y les pedían abstenerse de realizar acciones como saludos de beso a otros hombres. En cuanto a la vestimenta, la mayoría indicó que no habían recibido críticas, y ninguna había experimentado humillación por su clase social o género. Respecto a su pertenencia a un pueblo indígena, coincidieron en que ellas y sus novios eran de Tamulté, por lo que no habían tenido inconvenientes en este sentido. Solo una de las entrevistadas mencionó que había tenido diferencias con su novio por cuestiones religiosas, ya que ella era católica y su novio evangélico (M4, 16 años).
Vale la pena resaltar el caso de una de las entrevistadas, quien mencionó que su relación de noviazgo fue problemática, ya que su novio y ella no se entendían y peleaban por temas insignificantes (M1, 15 años). Ella experimentó prohibiciones, celos excesivos y no podía desarrollar su personalidad libremente. Mencionó que trató de entender a su novio, pero que al reflexionar se dio cuenta de lo que realmente estaba sucediendo: «Conforme al tiempo, pues digamos que fui viendo las cosas claras… ya no me sentía segura… él siempre decía… si lo dejaba se iba a poner triste» (M1, 15 años).
En algunas narrativas se observa que algunos pleitos eran interpretados como bromas: «Como que sí quizá agarramos un pleitecito, pero entre relajo, pero no lo tomamos a normal que digamos, todo a pecho, sino en puro relajo» (M4, 16 años).
Otro de los temas que las jóvenes mencionaron y que contrasta con los varones es el sentimiento de culpa. Una de ellas expresó que se sentía culpable porque, a raíz de las discusiones con su novio, él recurría al consumo de alcohol, y ella creía que su «responsabilidad era impulsarlo a seguir adelante» (M2, 17 años). Además, agregó que su novio tenía problemas familiares y que eso le generaba depresión.
Las entrevistadas abordaron conceptos como la confianza y la desconfianza. Con respecto al tema de la confianza, mencionaron que «no te van a traicionar ni a engañar, ni harán cosas que desagraden porque te tienen respeto» (M2, 17 años; M3, 15 años). En cambio, la desconfianza surgía, por ejemplo, cuando sus parejas salían sin avisar (M2, 17 años), cuando enviaban mensajes a otras mujeres (M3, 15 años) o cuando les mostraban un trato cariñoso sin justificación (M4, 16 años).
También se abordó el tema de las infidelidades. Una de las entrevistadas admitió que su pareja le había sido infiel, pero que lo perdonó porque él le confesó la verdad (M4, 16 años). Esa misma joven evidenciaba una codependencia con su novio, pues relató que ya se había acostumbrado a estar con él y que, cuando no estaba, no disfruta sus salidas.
Por otra parte, llama la atención el caso de una de las jóvenes que, al tener problemas en su relación de noviazgo, siguió el consejo de su padre y tomó la decisión de terminar con su novio. Después, experimentó un sentimiento de libertad (M3, 15 años).
Concepto de violencia en el noviazgo
Para las jóvenes entrevistadas, la violencia en el noviazgo ocurre cuando un miembro de la pareja empieza a gritarle al otro o a regañarlo sin motivo, cuando se permiten golpes (M1, 15 años), cuando hay control, amenazas o maltrato (M2, 17 años) o cuando se presentan cachetadas y empujones (M4, 16 años). Según sus relatos, esta violencia inicia con insultos, palabras hirientes, golpes (M1, 15 años), celos, prohibiciones, control sobre la forma de vestir (M2, 17 años), amenazas, limitaciones, maltratos (M3, 15 años) y con la pérdida de la comunicación (M4, 16 años).
Las entrevistadas reconocieron diferentes tipos de violencia: violencia hacia la mujer y menores de edad (M1, 15 años), maltrato hacia la mujer en relaciones de pareja (M2, 17 años), agresiones y faltas de respeto (M3, 15 años), así como violencia psicológica y física (M4, 16 años).
En cuanto a la violencia más frecuente en las relaciones de noviazgo, no identificaron una en particular, aunque todas coincidieron en que el enojo puede llegar a ser tan intenso que derive en agresiones físicas.
Violencia psicológica
Para las entrevistadas, la violencia psicológica puede manifestarse: «cuando se siente miedo a la otra persona» (M1, 15 años; M3, 15 años), «si te discrimina por tu forma de vestir o por tu color de piel, si siente celos» (M2, 17 años), «cuando tu autoestima baja» (M3, 15 años) o «cuando hay insultos, inseguridades o critican tu cuerpo» (M4, 16 años).
En cuanto a quién ejerce la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo, todas las entrevistadas coincidieron en que son los hombres quienes con mayor frecuencia recurren a ella. Sin embargo, la mitad señaló que las mujeres también utilizan este tipo de violencia como una forma de manipulación. Un aspecto interesante es que las jóvenes fueron más allá y lograron identificar diferencias en cómo se ejerce la violencia según el género; para casi todas, los hombres tienden a ser violentos en general, mientras que las mujeres ejercen control principalmente a través de celos y amenazas (M2, 17 años).
Dos de las entrevistadas coincidieron en que las mujeres «no tienen la fuerza suficiente para enfrentar a un hombre…» (M3, 15 años; M4, 16 años), pero consideraron que pueden confrontarlos por medio de las palabras. Según ellas, la violencia psicológica puede generar baja autoestima, miedo, depresión, pérdida de peso y tristeza. En cuanto a los motivos por los cuales se ejerce violencia, señalaron los celos, la falta de control sobre sus acciones y la educación recibida en casa. Esto coincide con los hallazgos de Agoff et al. (2006: 309) , quienes indican que, al analizar las causas asociadas con el maltrato, las mujeres tienden a no responsabilizar a sus parejas, quienes supuestamente las maltratan, argumentando que las agresiones provienen de factores externos a ellos. Asimismo, las participantes destacaron que la violencia se aprende en el entorno familiar, principalmente a través del ejemplo. Todas coincidieron en que la violencia psicológica no debe tolerarse, aunque también se encontró la afirmación de que «puede cambiar por ti» (M2, 17 años).
En relación con si las entrevistadas habían experimentado violencia psicológica en sus hogares, solo una de ellas mencionó que en su casa quien ejercía la autoridad era su padre (M1, 15 años). Otra participante expresó que toda la familia la había criticado por su cuerpo delgado, situación que la lastimó profundamente. No obstante, relató que logró alcanzar autoaceptación con ayuda de la Iglesia (M4, 16 años).
Redes sociales
Se les preguntó a las jóvenes cómo influían las redes sociales en sus relaciones de noviazgo, y estas fueron percibidas como una herramienta clave para la comunicación, utilizada para hacer llamadas o videollamadas, enviar mensajes, disfrutar de videos, interactuar con la familia y adquirir conocimientos. Sin embargo, también señalaron desventajas, como el control de la pareja sobre lo que se publica: «se vigila a la pareja (ver a qué publicaciones reacciona, si ve las fotos de otras mujeres o a quien agrega con nombres cariñosos) y entran muchos dilemas en mente» (M4, 16 años). Una de las entrevistadas comentó que, aunque las redes sociales son muy útiles, anteriormente, si deseabas hablar con alguien, ibas a su casa para conversar, mientras que ahora todo se realiza a través de mensajes.
Influencia de la pandemia de covid-19 en las relaciones de noviazgo
Se les preguntó a las jóvenes si la pandemia influyó en sus relaciones de noviazgo, y la mitad dijo que sí. Incluso, una de ellas mencionó que terminó su relación porque su novio no entendía que no tuviera acceso a internet en casa (M3, 15 años). En contraste, la joven con el noviazgo más largo entre las entrevistadas señaló que ella y su novio solo respetaron un mes de distanciamiento y que, después de ese tiempo, retomaron sus encuentros (M4, 16 años).
Acciones ante la violencia
En sus testimonios, las mujeres mencionaron que las acciones que deben ponerse en práctica en caso de sufrir violencia incluyen aconsejar a la persona involucrada (M2, 17 años), dialogar para intentar llegar a un acuerdo (M4, 16 años) y enfocarse en sacar lo positivo de la experiencia, ya que consideraban que esto podía servir para ayudar a otras personas que enfrentaban situaciones similares (M3, 15 años).
En caso de padecer algún tipo de violencia, las entrevistadas afirmaron que recurrían a sus hermanas, a amigas de mucha confianza y a sus padres. Finalmente, entre los aspectos que mencionaron las mujeres y que no se encuentran presentes en los discursos de los varones destaca la distinción entre el noviazgo y el matrimonio. Una de las jóvenes expresó que el noviazgo sirve para conocer a la otra persona, mientras que en el matrimonio se supone que ya se conocen (M3, 15 años). Otra señaló que, incluso estando casados, no deben tolerarse agresiones de ningún tipo (M4, 16 años).
Consideraciones finales
El tema de la violencia en el noviazgo en México se ha tratado en diversos estudios, principalmente a través de métodos cuantitativos. En contraste, esta investigación representa un esfuerzo por analizar el tema desde métodos cualitativos. El objetivo principal de nuestro análisis fue explorar cómo las y los jóvenes de la comunidad indígena de Tamulté de las Sabanas, en el municipio de Centro, Tabasco, perciben la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo, así como identificar las diferencias de género que perciben en la práctica de esta forma de violencia.
Tanto hombres como mujeres coincidieron en que la comunicación es un elemento esencial en el noviazgo. Sin embargo, las mujeres entrevistadas mostraron una mayor conciencia de que en sus relaciones existían problemáticas y señalaron que el noviazgo es una oportunidad para entenderse bien antes del matrimonio. En cuanto a la toma de decisiones, tanto los hombres como las mujeres mencionaron que las tomaban en conjunto con sus parejas; sin embargo, algunos hombres expresaron una preferencia por que sus novias decidieran por ellos.
En términos de poder o control, tanto los hombres como las mujeres informaban a sus parejas cuando salían con otras personas. El control que ejercían sobre sus parejas se justificaba como una muestra de preocupación. Algunas mujeres relataron cómo sus novios las vigilaban o les imponían prohibiciones, y una de ellas incluso experimentó un control excesivo. Por otra parte, para las personas participantes de ambos sexos el noviazgo exige tiempo, atención, respeto, apoyo, confianza, equidad y responsabilidades.
Respecto a la forma en la que percibían cuando sus parejas estaban molestas, tanto los hombres como las mujeres coincidieron en que solían ser cortantes o simplemente los o las ignoraban. Una de las entrevistadas mencionó que su novio se refugiaba en el alcohol. En cuanto al trato en público, las y los participantes señalaron que era distinto al trato en privado, ya que a solas había más confianza para demostrarse afecto.
Tanto los hombres como las mujeres mencionaron que habían dejado de hacer ciertas cosas para complacer a sus parejas. En algunos casos, habían recibido insultos menores por parte de sus novios o novias, además de una constante vigilancia en las redes sociales. Aunque estas plataformas las valoraron como la principal vía de comunicación, también generaban malentendidos, como sospechas de infidelidad, y se convertían en un medio de vigilancia continua. Es interesante destacar que las mujeres profundizaron más en este aspecto que los hombres. Incluso, una de las entrevistadas expresó que, en la actualidad, se prioriza el intercambio de mensajes por redes sociales sobre la conversación cara a cara. Como señalan Pérez et al. (2022), esto abre nuevos escenarios virtuales donde también se manifiesta la violencia.
Otra clara diferencia entre hombres y mujeres fue la percepción sobre los celos; para ellas, este era un tema más profundo y sentido, ya que lo abordaron en mayor medida que los hombres. En las narrativas de algunas jóvenes aparecieron episodios de violencia psicológica que les causaban malestar, e incluso hablaron de sentimientos de culpa, al creer que ellas eran las responsables de la conducta de sus parejas. Este patrón se alinéa con lo señalado por autores como Lazarevich et al. (2013), Castro et al. (2015) y Flores et al. (2015). El tema de la infidelidad fue tratado únicamente por las mujeres, mientras que las diferencias por cuestiones religiosas solo estuvieron presentes en el discurso de una de las participantes.
Para las personas entrevistadas, la violencia en el noviazgo ocurre cuando ambas partes no están en armonía, cuando hay gritos, regaños, control, amenazas, maltratos, cachetadas o empujones. La violencia comienza con abuso emocional y, en algunos casos, evoluciona hacia golpes. Tanto los hombres como las mujeres mencionaron que el tipo de violencia más frecuente es la violencia psicológica, y se manifiesta a través de la manipulación, insultos, ataques a la autoestima y críticas sobre la forma de vestir, el color de piel o el cuerpo. Para las personas participantes de ambos sexos este tipo de violencia no debe tolerarse.
Los testimonios muestran que los principales agresores de violencia psicológica son los hombres, aunque se enfatiza que las mujeres también pueden ejercerla, y lo hacen con frecuencia porque es la única manera en que pueden enfrentar a los hombres. La violencia psicológica puede ocasionar baja autoestima, llevar a malas decisiones, a caer en vicios, y a generar miedo, depresión, pérdida de peso y tristeza. En cuanto a las justificaciones para ejercer la violencia, tanto hombres como mujeres señalaron que los celos son un factor importante y, para las mujeres, otro factor es la infidelidad. Por otra parte, también señalaron que la violencia se aprende en el ámbito familiar a través del ejemplo.
En el caso de Tamulté de la Sabanas, se considera que la pandemia de covid-19 influyó en las relaciones de noviazgo, ya que la mayoría de los y las jóvenes no podía salir de sus casas. En caso de padecer violencia, tanto hombres como mujeres buscarían apoyo en una persona de confianza, ya sea un familiar, un profesional o sus padres. Las mujeres mencionaron, además, a amigas y hermanas como fuentes de apoyo. En esta investigación, el tema del origen étnico se diluyó, ya que todas las personas participantes eran originarias de la misma comunidad indígena y se apreciaban como iguales.
Con base en este estudio, se concluye que en Tamulté de las Sabanas es necesario promover relaciones de género más igualitarias, involucrando a toda la comunidad y estudiantes. Esto contribuirá a que las y los jóvenes desarrollen una autoestima saludable y evitará que las conductas abusivas afecten su futuro.
Finalmente, uno de los hallazgos más importantes es cómo las redes sociales han desplazado ampliamente las interacciones físicas. Dado que estos escenarios virtuales forman parte de la vida cotidiana, las consecuencias reales y percibidas de su uso reflejan los enormes desafíos que enfrentan las y los jóvenes en sus intentos por descifrar las interacciones de sus parejas. En este sentido, es fundamental reflexionar si las condiciones de violencia física y psicológica en espacios presenciales están siendo adecuadamente juzgadas, ya que, si no es así, las dificultades para atender las manifestaciones de violencia digital podrían resultar aún más complejas. Para desarrollar recomendaciones sobre el ámbito digital será necesario investigar sobre algunas preguntas clave, como: ¿cuánto tiempo invertimos en navegar en redes sociales?, ¿qué tan saludable es la vigilancia de nuestras parejas en redes sociales?, ¿qué tan auténtico es lo que mostramos a través de ellas? y ¿qué tipo de interacciones se prefieren en cada red social?










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