INTRODUCCIÓN
La diabetes tipo 2 (DT2) se considera una pandemia que actualmente afecta a una de cada 10 personas de entre 20 y 79 años en todo el mundo. Su prevalencia global continúa en aumento y se proyecta que para el año 2045 habrá 748 millones de casos. Entre sus complicaciones micro- y macrovasculares destaca un riesgo tres veces mayor de sufrir disfunción eréctil (DE) en comparación con individuos sanos1,2. La DE, como parte de las disfunciones sexuales, se define como la incapacidad para obtener y mantener una erección el tiempo suficiente para lograr una relación sexual satisfactoria. Esta condición provoca una disminución significativa en la calidad de vida, tanto de quienes la padecen como de sus parejas. Se estima que para el año 2025 habrá 322 millones de casos en el mundo3.
La DE es común en hombres mayores de 40 años, y su prevalencia aumenta con la edad y la presencia de comorbilidades. Aunque en la mayoría de los casos su origen es orgánico, también puede ser causada por factores psicológicos, especialmente en pacientes jóvenes. La DE genera consecuencias psicológicas y emocionales profundas tanto en quienes la padecen como en sus parejas. Si no se trata, puede llevar al desarrollo de depresión, ansiedad, baja autoestima, dificultades para mantener relaciones interpersonales y un deterioro significativo en la calidad de vida y en general en su bienestar psicológico (BP)4.
El bienestar puede entenderse desde dos perspectivas. Por un lado, el origen hedónico, que se basa en conceptos como el bienestar subjetivo y la satisfacción con la vida. Por otro lado, el origen eudaimónico, que se relaciona con la consecución de objetivos y metas importantes en la vida, así como con el desarrollo pleno del potencial humano. A partir de estos conceptos surge el BP, entendido como la valoración personal que las personas hacen de distintos aspectos de su vida, en el desarrollo positivo de las habilidades individuales y en el desempeño adecuado en diversas áreas. Diversos estudios han señalado que las personas con BP tienen una menor probabilidad de sufrir problemas de salud mental, entre ellas la depresión y ansiedad5.
En relación con lo anterior, el objetivo de la investigación fue correlacionar los puntajes que indican la gravedad de la DE con la percepción de BP de los participantes, lo que permitirá desarrollar diferentes intervenciones en conjunto con el equipo multidisciplinario, con el fin de otorgar a los pacientes un manejo integral que les permita mejorar su calidad de vida.
MÉTODO
Se realizó un estudio de correlación, en derechohabientes de la Unidad de Medicina Familiar No 16, IMSS Querétaro, durante los meses de abril y mayo de 2024, meses siguientes a la autorización por el Comité Local de Investigación. Se incluyeron mujeres y hombres sin importar edad, con al menos 5 años de haber sido diagnosticados con DT2, tiempo considerado en la literatura como predictor para DE2-18. Que tuvieran o no alguna comorbilidad asociada como: hipertensión arterial sistémica, dislipidemia y obesidad; además de tener vida sexual activa, que supieran leer y escribir para el correcto llenado de los cuestionarios, y que firmaran la carta de consentimiento informado. Se excluyeron pacientes con diagnóstico previo de cáncer o cirugía prostática y con alguna discapacidad que limitara contestar las encuestas. Se eliminaron aquellos participantes que no contestaron los cuestionarios correctamente o que decidieron retirarse del estudio. El tamaño de la muestra se estimó con la fórmula para correlación simple (r: 0.4), con un nivel de confianza del 95%; se obtuvo n = 62, sin embargo se incluyeron 124 participantes, los cuales fueron captados por muestreo no probabilístico por conveniencia, se tomaron en cuenta los pacientes que acudieron a su cita de control mensual y estaban presentes en el momento del estudio.
Para determinar DE se aplicó el Índice internacional de función eréctil (IIEF), diseñada por Rosen et al.6, que evalúa las dificultades presentadas en las fases de la respuesta sexual (erección, deseo, la acción de eyacular y el orgasmo) en conjunto con la satisfacción del acto sexual y la satisfacción de manera global. Se utiliza para diagnosticar DE, evaluar su grado y determinar la eficacia del tratamiento. La versión utilizada en este estudio fue validada y utilizada en la población mexicana en investigaciones realizadas en Unidades de Medicina Familiar del Estado de Aguascalientes y el Estado de México, con índice de consistencia interna alfa de Cronbach de 0.990 y 0.978. Consta de 15 ítems, con opciones de respuesta tipo Likert que van de 0 a 5 puntos (0, no haber tenido actividad sexual; 1, nunca; 2, casi nunca; 3, algunas veces; 4, casi siempre, y 5, siempre). Los puntajes se interpretan como: disfunción grave ≤ 11, 12 a 23 moderada, 24 a 40 leve y 41 a 75 como inexistencia de DE7-9.
Para estimar el BP se aplicó la Escala de bienestar psicológico de Ryff, validada en población mexicana por Medina Calvillo et al.10, que proporciona un indicador de BP individual por medio de seis dimensiones clave, diseñadas para capturar una visión integral: autoaceptación, autonomía, relaciones positivas, propósito de vida, dominio del entorno y crecimiento personal. El índice de consistencia interna alfa de Cronbach es de 0.91. Incluye 39 ítems, con opciones de respuesta tipo Likert que van de 1 a 6 puntos (1, totalmente en desacuerdo; 2, en desacuerdo; 3, algunas veces de acuerdo; 4, frecuentemente de acuerdo; 5, de acuerdo, y 6, totalmente de acuerdo). Los puntajes se interpretan como: BP elevado ≥ 176, BP alto 141-175, BP moderado 117-140 y BP bajo ≤ 11611-13.
El análisis de datos se realizó en el programa estadístico IBM SPSS. La estadística descriptiva incluyó medianas, rangos intercuartílicos (RIQ), frecuencias y porcentajes; y la estadística inferencial pruebas U de Mann-Whitney para las variables cuantitativas, chi cuadrada (χ2) para las variables categóricas, y correlación de Spearman, significancia estadística con p valor < 0.05. El estudio se sometió a un comité de investigación local en salud y de acuerdo con el reglamento de ética vigente se invitó a los pacientes a participar voluntariamente, esclareciendo el objetivo y la privacidad de la investigación. Previa firma de consentimiento informado se procedió a llenar los instrumentos de medición para su posterior análisis y resguardo.
RESULTADOS
En el estudio se incluyeron 124 pacientes. El 89.5 % (111) presentó algún grado de DE, con una mediana de edad de 64 años (RIQ: 57-71), el 71.2% (79) refirió ser casado, la escolaridad secundaria predominó en un 35.1% (39) y en relación con la ocupación, el 53.2% (59) estaba jubilado; sin diferencia estadística con el grupo control (p > 0.05) (Tabla 1).
Tabla 1 Características sociodemográficas de los pacientes con y sin disfunción eréctil
| n = 124 | Con disfunción eréctil (n = 111) |
Sin disfunción eréctil (n = 13) |
p* | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Edad | 64.00 (RIQ 57-71) | 59.00 (RIQ 46-66) | 0.057 | ||
| Estado civil | Frecuencia | % | Frecuencia | % | p† |
| Soltero | 7 | 6.3 | 1 | 7.7 | 0.816 |
| Casado | 79 | 71.2 | 9 | 69.2 | |
| Divorciado | 9 | 8.1 | 1 | 7.7 | |
| Unión libre | 9 | 8.1 | 2 | 15.4 | |
| Viudo | 7 | 6.3 | 0 | 0.0 | |
| Escolaridad | |||||
| Primaria | 18 | 16.2 | 1 | 7.7 | 0.149 |
| Secundaria | 39 | 35.1 | 2 | 15.4 | |
| Preparatoria | 26 | 23.4 | 3 | 23.1 | |
| Técnico | 9 | 8.1 | 1 | 7.7 | |
| Licenciatura | 17 | 15.3 | 6 | 46.2 | |
| Sin escolaridad | 2 | 1.8 | 0 | 0.0 | |
| Ocupación | |||||
| Empleado | 39 | 35.1 | 7 | 53.8 | 0.742 |
| Obrero | 5 | 4.5 | 0 | 0.0 | |
| Profesionista | 3 | 2.7 | 0 | 0.0 | |
| Desempleado | 3 | 2.7 | 0 | 0.0 | |
| Jubilado | 59 | 53.2 | 6 | 46.2 | |
| Otro | 2 | 1.8 | 0 | 0.0 | |
*U de Mann-Whitney.
†Chi cuadrada.
RIQ: rango intercuartílico.
Los pacientes con DE tuvieron una mediana en tiempo de evolución de DT2 de 8 años (RIQ: 5-15), la comorbilidad más frecuente fue hipertensión arterial sistémica en un 64% (71), seguido de obesidad en el 46.8% (52), y el 61.3 % (68) se encontraba en control glucémico, sin diferencia estadística con el grupo control (p > 0.05) (Tabla 2).
Tabla 2 Características clínicas y comorbilidades
| n = 124 | Con disfunción eréctil (n = 111) |
Sin disfunción eréctil (n = 13) |
p* | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Años con DT2 | 8.00 (RIQ 5-15) | 6.00 (RIQ 5-12) | 0.200 | ||
| Hipertensión arterial | Frecuencia | % | Frecuencia | % | p† |
| Presente | 71 | 64 | 9 | 69.2 | 0.482 |
| Ausente | 40 | 36 | 4 | 30.8 | |
| Dislipidemia | |||||
| Presente | 47 | 42.3 | 2 | 15.4 | 0.52 |
| Ausente | 64 | 57.7 | 11 | 84.6 | |
| Obesidad | |||||
| Presente | 52 | 46.8 | 5 | 38.5 | 0.393 |
| Ausente | 59 | 53.2 | 8 | 615 | |
| Control glucémico | |||||
| Controlado | 68 | 61.3 | 11 | 84.6 | 0.84 |
| Descontrolado | 43 | 38.7 | 2 | 15.4 | |
*U de Mann-Whitney.
†Chi cuadrada-prueba exacta de Fisher.
RIQ: rango intercuartílico.
Los pacientes con DE y alteración en su BP representaron el 42.3% (47), comparado con el 100% (13) de los pacientes sin DE y sin alteraciones en su BP (p < 0.05) (Tabla 3).
Tabla 3 Disfunción eréctil y bienestar psicológico
| n = 124 | Con disfunción eréctil (n = 111) |
Sin disfunción eréctil (n = 13) |
p* | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Bienestar psicológico | Frecuencia | % | Frecuencia | % | |
| Con alteración | 47 | 42.3 | 0 | 0 | 0.001 |
| Sin alteración | 64 | 57.7 | 13 | 100 | |
*Chi cuadrada-prueba exacta de Fisher.
En relación con los grados, la DE leve representó el 61.3% (76), en quienes predominó el BP bajo y alto en un 34.2% (26) respectivamente. El 21.8% (27) fue para DE moderada, donde también predominó el BP bajo en un 63% (17). La DE grave estuvo presente en un 6.5% (8), quienes presentaron BP bajo en el 50% (4) (Tabla 4).
Tabla 4 Grados de disfunción eréctil y bienestar psicológico
| Grado de disfunción eréctil | Total | |||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Grado de bienestar psicológico | Disfunción eréctil grave | Disfunción eréctil moderada |
Disfunción eréctil leve | Sin disfunción eréctil | ||||||
| F | % | F | % | F | % | F | % | F | % | |
| Bienestar psicológico elevado | 0 | 0.0 | 1 | 3.7 | 26 | 34.2 | 9 | 69.2 | 36 | 29.0 |
| Bienestar psicológico alto | 1 | 12.5 | 6 | 22.2 | 13 | 17.1 | 0 | 0.0 | 20 | 16.1 |
| Bienestar psicológico moderado | 3 | 37.5 | 3 | 11.1 | 11 | 14.5 | 4 | 30.8 | 21 | 16.9 |
| Bienestar psicológico bajo | 4 | 50.0 | 17 | 63.0 | 26 | 34.2 | 0 | 0.0 | 47 | 37.9 |
| Total | 8 | 6.5 | 27 | 21.8 | 76 | 61.3 | 13 | 10.5 | 124 | 100.0 |
Para DE se encontró una mediana de 36 (RIQ: 23-39.75) en puntaje total, y para BP 138 (RIQ: 114-184), correlación de Spearman de 0.420 (R2: 0.165; p < 0.05) (Tabla 5).
DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio revelan una alta prevalencia de DE en pacientes con DT2, con el 89.5% de los participantes afectados. Este hallazgo resalta la importancia de la DE como una complicación frecuente en esta población, lo que coincide con estudios previos que mencionan la vulnerabilidad de los pacientes a alteraciones en la función sexual, asociado a factores metabólicos, vasculares y neurológicos. Los pacientes con DT2 tienen un mayor riesgo de desarrollar patologías de disfunción sexual, como la DE, con una prevalencia que varía del 35 al 90%. Estas dos son complicaciones neurológicas y microvasculares ligadas al daño de las células endoteliales por estrés oxidativo y neuropatía diabética14.
En el estudio predominó la edad de 64 años en los pacientes con DE, lo que concuerda con resultados previos donde se menciona que afecta a casi el 50% de los hombres a partir de los 40 años, con una prevalencia que aumenta al 55% si presentan DT215-17.
Por otro lado, el análisis de la evolución de DT2 mostró que los pacientes con DE tenían un mayor tiempo de diagnóstico, que podría estar relacionado con un mayor deterioro de las funciones vasculares y nerviosas, lo que, a su vez, afecta tanto la función eréctil como el estado psicológico. Esto concuerda con un estudio de cohorte retrospectivo donde se compararon grupos de 105 participantes diabéticos con y sin DE. Los resultados demostraron que el grupo con disfunción presentó mayores tasas de tiempo de duración de DT2 (p < 0.001)18.
En esta investigación, la hipertensión arterial (64%) y la obesidad (46.8%) fueron las comorbilidades más comunes entre los pacientes con DE, lo cual coincide con estudios como el del Wang et al., quienes realizaron una investigación para analizar la asociación entre hipertensión arterial y el riesgo de desarrollar DE, encontrando una odds ratio (OR) de 3.8315 (intervalo de confianza del 95%[IC 95%]: 2.3004-6.3817; p = 0.0085). Sin dejar a un lado a la obesidad, que favorece la inflamación crónica y disfunción endotelial19,20.
Aunque el 61.3% de los pacientes con DE tenia control glucémico, no se encontró diferencia con el grupo control. Esto difiere con una investigación realizada en 210 participantes con diabetes, donde se evaluó la magnitud y los factores asociados a DE, donde se encontró que aquellos participantes con descontrol glucémico tuvieron 2.14 más probabilidades de padecer DE en comparación con aquellos con un buen control de su glucemia (OR: 2.140; IC 95%: 1.9-7.44; p = 0.023)21,22.
La asociación entre la DE y el BP es un aspecto destacado en este estudio. Se encontró que el 42.3% de los pacientes con DE presentaron alteraciones en su BP, en comparación con el 100% de los pacientes sin DE, que no reportaron problemas psicológicos. Este hallazgo concuerda con estudios que identifican una fuerte conexión entre la DE y aspectos emocionales como la autoestima, la percepción de la masculinidad y la satisfacción en las relaciones personales. Esta asociación entre la DE y un BP alterado produce un deterioro importante en la salud mental y emocional de los hombres, con posibilidad de generarles ansiedad, disminución en su autoestima y frustración, lo que conlleva la afectación de la intimidad sexual y el vínculo emocional con sus parejas, provocando tensión y estrés dentro de sus relaciones23,24.
Los puntajes obtenidos en las escalas para estimar DE y BP mostraron una correlación negativa moderada (R: 0.420; R2: 0.165), es decir, a mayor grado de DE, menor fue la percepción del BP. Este hallazgo respalda la asociación entre ambos constructos y enfatiza la necesidad de abordar la DE no solo desde una perspectiva clínica, sino también psicológica, para mejorar los resultados en la salud integral de los pacientes. Sin embargo esta asociación solo explica el 16% del efecto, por lo tanto se deben seguir investigando otros factores asociados a DE y alteración del BP en los pacientes con DT2.
Una limitación importante de este estudio es su diseño transversal, lo que impide establecer relaciones causales. Además, el estudio solo evaluó el BP en términos generales, sin considerar otras variables psicológicas como la ansiedad y la depresión. La DE puede tener múltiples causas (físicas, psicológicas, sociales), y el estudio no exploró otras posibles causas de esta condición más allá de la diabetes, lo que podría haber influido en los resultados.
En futuros estudios sería valioso controlar los factores adicionales que podrían afectar tanto la DE como el BP, como el tipo de tratamiento para la diabetes, la presencia de otras comorbilidades y el apoyo psicosocial.
CONCLUSIONES
La presente investigación ha demostrado una correlación entre la DE y el BP en pacientes con DT2. Los hallazgos del estudio sugieren que los profesionales de la salud, especialmente en el ámbito de la atención primaria, deben considerar la evaluación del BP de los pacientes con DT2 que presentan DE. La implementación de intervenciones multidisciplinarias, que incluyan tanto tratamiento médico para la DE como apoyo psicológico, podría mejorar la calidad de vida de estos pacientes.
Los resultados también indicaron que, aunque el control glucémico fue adecuado en un porcentaje considerable de pacientes, esto no se tradujo en una reducción significativa de la DE, lo que plantea interrogantes sobre otros factores que podrían influir en esta condición. Comorbilidades como la hipertensión y la obesidad se identifican como factores recurrentes entre los pacientes con DE, lo que destaca la necesidad de abordar la salud integral de estos individuos.
Aunque este estudio proporciona información valiosa, su diseño transversal limita la capacidad de establecer relaciones causales. Se requieren estudios longitudinales que profundicen en la relación entre la DE y el BP en pacientes con DT2, para determinar si la DE es un factor que predice un mayor deterioro psicológico o viceversa.










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