¿Puede un país entero odiar a uno de sus deportes más populares? El asesinato de Fernando Báez Sosa en enero de 2020, a manos de una patota de jóvenes rugbiers en la villa veraniega de Villa Gesell (provincia de Buenos Aires), despertó un rechazo generalizado de la sociedad argentina hacia el rugby y reactivó todos los prejuicios que existían previamente sobre las características peculiares de esta disciplina: un deporte practicado por hombres violentos, machistas, racistas y de clase alta.
Tomando como punto de partida este trágico hecho, los autores presentan en este libro un muy valioso intento de construir un relato ordenado y cronológico de la historia del rugby en Argentina. Su objetivo es refutar o matizar aquellos prejuicios y, a través de un pormenorizado análisis histórico, exponer la evolución del rugby en el país como parte de las transformaciones que atravesó el deporte durante más de un siglo y medio.
Desde hace algunas décadas, los estudios históricos del deporte en Argentina dejaron de ocupar un lugar periférico y empezaron a adquirir mayor centralidad. Esto fue así a consecuencia del trabajo desarrollado por algunos académicos, que centraron sus esfuerzos en construir el campo de la historia del deporte, e investigar el desarrollo de algunos de los deportes más populares del país y su significación social e histórica. Los investigadores que aportaron a esa tarea fueron muchos, pero se puede decir que las producciones más relevantes fueron los libros de Pablo Alabarces, Fútbol y Patria (2002); Julio Frydenberg, Historia social del fútbol… (2011) y Roy Hora, Historia del turf argentino (2014).1 En este contexto, el libro de Reggiani y Costa viene a sumar un importante aporte al aún incompleto proceso de construcción de la historiografía del deporte en Argentina y Sudamérica.
Construido con base en un amplísimo y profundo corpus bibliográfico y documental de fuentes primarias (diarios, revistas, documentos institucionales y entrevistas), la obra de Reggiani y Costa es un libro sobre historia del deporte, ya que su objeto principal de estudio es la evolución histórica del rugby como disciplina en la historia argentina, utilizando como telón de fondo las transformaciones sociales, económicas y políticas del país desde la segunda mitad del siglo xix hasta la actualidad. Su principal preocupación historiográfica es entender y explicar cómo se jugó, expandió e institucionalizó el rugby en el país a lo largo de más de 150 años de historia.
Esto quiere decir que, los autores intentan mostrar cómo se jugó al rugby y cómo se fue transformando su práctica en determinadas coordenadas históricas que se fueron modificando a lo largo del tiempo. Además, el valor agregado que aportan ambos historiadores, como exjugadores, permite entrever una comprensión más cercana de los fenómenos que analizan, por haberlos experimentado directa o indirectamente.
Teniendo en cuenta este objetivo historiográfico, dividieron el libro en cinco capítulos ordenados cronológicamente, más un muy completo anexo de datos históricos y sociológicos. Los capítulos abarcan el lapso que recorre la llegada del rugby al país en la década de 1860 de la mano de los ingleses y su sentido amateurista del deporte, hasta la actualidad, cuando el rugby argentino ya es una potencia mundial pero aún se discuten en su seno los principios del profesionalismo.
El primer capítulo se ocupa de una periodización extensa (1860-1946) y aborda el proceso de llegada del rugby al país y los primeros pasos de su popularización e institucionalización; lo anterior, en el marco de la inserción argentina en el mercado mundial, el estrechamiento de sus relaciones económicas con Inglaterra, el auge del modelo agroexportador y las tensiones sociales y étnicas propias de una sociedad desigual y con una gran cantidad de inmigrantes.
El origen del rugby en Argentina es bastante claro: en la década de 1860 empezó a practicarse de forma casual, producto del arribo de directivos y administradores de las empresas de ferrocarriles y de empresas comerciales, educados en las public schools británicas, que jugaban rugby. Ese proceso maduró con la disputa del primer partido oficial en 1874, la fundación en las décadas de 1880-1890 de los primeros clubes por los empleados ingleses de ferrocarriles, bancos y empresas, la creación del primer torneo en 1899 y la adhesión de la Unión de Rugby del Río de la Plata a la Rugby Football Union (rfu) y los valores del amateurismo.
Asimismo, los autores explican que, en las primeras décadas del siglo xx, particularmente luego de la i Guerra Mundial, comenzó un proceso de argentinización del rugby, debido a la disminución de sus practicantes ingleses, la aparición de clubes argentinos y la integración al deporte de unas clases medias crecientes, con más posibilidades de ocio y tiempo libre. Todo esto contribuyó a una expansión horizontal del rugby, con la incorporación de jugadores en categorías inferiores y la creación de clubes en el mundo laboral, educativo y barrial; proceso que se profundizará durante el peronismo.
El segundo capítulo, se dedica a analizar el fuerte crecimiento de la disciplina durante la década peronista (1946-1955) como consecuencia de una mayor intervención general del Estado en el deporte. El gobierno valoró al deporte como un campo crucial para la diplomacia, la educación de niños y jóvenes, y el avance de la identidad peronista. La década fue clave para la expansión del rugby, en clave territorial y de popularidad, por el apoyo del gobierno a clubes con la entrega de subsidios y terrenos, la expansión de los torneos de la Unión Argentina de Rugby (uar), el crecimiento en las provincias, y una mayor competencia en ámbitos laborales y educativos. El reflejo de esto último fue el intento de difundir el rugby a niños de los sectores populares, a través de los Torneos Evita, organizados y financiados por la Fundación Eva Perón. No obstante, a pesar de ese crecimiento, nunca se puso en duda el amateurismo.
Asimismo, durante el peronismo, la diplomacia deportiva se desarrolló a través de la visita de equipos de alto nivel competitivo de Inglaterra, Francia e Irlanda (que fueron financiadas por el gobierno), y la participación de la selección argentina en el primer Campeonato Sudamericano que se realizó en el marco del i Torneo Panamericano, disputado en Buenos Aires en 1951.
El tercer capítulo, el más extenso del libro, cuya periodización comprende entre la caída del peronismo y la dictadura militar de 1976, se aproxima a procesos muy disímiles, pero todos también vinculados a las relaciones entre deporte y política. Por un lado, aborda el proceso de inserción del rugby argentino al deporte global, con la primera visita en 1965 a Sudáfrica del seleccionado argentino (rebautizado como Los Pumas), como una experiencia marcada por el apartheid sudafricano; y las nuevas presentaciones de equipos de alto nivel de Francia, y de menos nivel de Inglaterra (Oxford y Cambridge) en Argentina, durante los años sesentas y setentas, que pusieron sobre la mesa la discusión sobre la influencia de ambas escuelas en el rugby nacional.
Otro proceso que analiza este capítulo está referido a cómo la vida del rugby argentino se vio afectada por los procesos políticos vividos en el país, particularmente en la conflictiva y violenta década de 1970. Para ello, los autores ponen el acento en dos fenómenos relevantes: el primero, la suspensión de la gira programada de la selección inglesa en 1973 (durante la presidencia de Cámpora), por amenazas de parte de algunas organizaciones armadas y revolucionarias de izquierda que consideraban al rugby un deporte de extranjeros y oligarcas. Y el segundo, el reemplazo de esa fallida gira por la visita de la emergente selección de Rumania; hecho que casualmente fue acorde con los lineamientos de la política exterior del gobierno peronista que, en esos años, impulsó un mayor acercamiento con los países del bloque oriental de la Guerra fría.
En la parte final de esta sección, los autores ponen mucho énfasis en un proceso muy delicado y sensible para la historia del rugby argentino: el terrorismo de estado de la dictadura militar iniciada en 1976. Por ello, dan parte de forma muy exhaustiva, sobre el fenómeno de la desaparición de 160 jugadores de rugby de 60 clubes de 12 provincias durante el gobierno de facto. También realizan un análisis detallado de las disputas por la memoria histórica sucedidas en los últimos años, entre los familiares de los desaparecidos, las organizaciones de derechos humanos y la Unión Argentina de Rugby (uar) por la necesidad de un reconocimiento institucional a las víctimas.
El cuarto capítulo, dedicado a analizar las giras de distintos equipos argentinos a Sudáfrica durante las décadas de 1970-1980, los años de mayor repudio y bloqueo internacional hacia el apartheid, también se inmiscuye en las intrincadas relaciones entre deporte, política y diplomacia. En este sentido, Reggiani y Costa analizan las diferentes posiciones que tuvieron la dictadura militar y el gobierno democrático de Alfonsín, respecto a la visita al país africano de clubes y un combinado de jugadores sudamericanos casi integrado en su totalidad por jugadores argentinos. Mientras que el gobierno militar mostró prescindencia, el gobierno radical expresó su total desacuerdo e intentó suspender, por todos los medios, ese viaje. La concreción del mismo puso en riesgo el apoyo de los países africanos a la posición argentina en las Naciones Unidas, por el caso Malvinas, y dejó mal parado a un gobierno democrático que iba camino a juzgar a los militares responsables de violaciones de derechos humanos.
El capítulo cinco es el que más se inmiscuye en analizar las discusiones internas del rugby nacional e internacional, respecto a la disyuntiva entre amateurismo y profesionalismo. Para ello, analizan la inserción definitiva de Argentina en el rugby global, desde la creación de la Copa del Mundo de Rugby en 1987, y de la apertura hacia la profesionalización de este deporte en 1995, por parte del International Rugby Board (hoy World Rugby). A su vez, este contexto internacional es matizado con los procesos internos del rugby local: las dificultades para la obtención de buenos resultados en los primeros mundiales, la primera apertura hacia el profesionalismo en el mundial de 1999, la importante emigración de jugadores al extranjero para jugar de forma rentada luego de la crisis económica del 2001 y el asentamiento de la profesionalización a partir del 2012 con la franquicia de Los Jaguares.
Finalmente, en el Epílogo, los autores realizan una interesante descripción de los nuevos territorios y grupos con los que el rugby estrechó contactos en las primeras décadas del siglo xxi. En este sentido, dan cuenta de los programas de la uar para desarrollar tibiamente el rugby femenino, la creación de programas de inclusión social y deportiva por parte de ex-jugadores, para niños y jóvenes con discapacidad, en barrios de escasos recursos, en las cárceles y en las comunidades indígenas de la provincia Formosa (bajo una mirada paternalista y etnocéntrica). Asimismo, esta última sección muestra que el rugby argentino se está enfrentando actualmente a un importante desafío de cambio de identidad. La nueva realidad del hiper profesionalismo, la inclusión de mujeres, diversidades, otros grupos sociales y étnicos, y la fuerte presión social por modificar los modelos de masculinidad a los que históricamente estuvo asociado este deporte, plantean un nuevo escenario para el futuro.
Por otro lado, es posible decir que las deudas de este libro se expresan en el hecho de que, aunque se realiza un gran esfuerzo por estudiar la historia del rugby argentino en la larga duración, la obra es más bien una historia del rugby de Buenos Aires, sus alrededores y la selección argentina. Si bien existen referencias sobre la historia del rugby en otras provincias (que fueron y son muy relevantes para la historia de este deporte y los Pumas) como Tucumán, Córdoba y Santa Fe (Rosario), lo cierto que su ponderación es escasa. A su vez, el libro tampoco logra desentrañar del todo el proceso de construcción del modelo de masculinidad del rugbier argentino, y cuáles son las representaciones y comportamientos que lo sostienen y permiten que aún se reproduzca.
Sin embargo, a pesar de esas ausencias, la obra tiene, además de los mencionados, otros méritos: se inmiscuye con valentía, sin prejuicios y con herramientas analíticas precisas sobre temas que, habitualmente, resultan espinosos de ser tratados en este deporte. Como por ejemplo: la discusión sobre si el rugby es un deporte de izquierda o derecha, las disputas en torno a la memoria histórica sobre el terrorismo de Estado de la última dictadura militar, las constantes acusaciones de racismo y clasismo que se ciernen sobre los jugadores y las discutibles relaciones del rugby argentino con el sudafricano del apartheid en las décadas de 1960-1980. El análisis histórico de los autores se ve fortalecido por una diversidad de anécdotas y datos curiosos que exponen de forma muy precisa cómo vivieron esos complejos procesos distintos actores del rugby argentino.
Para concluir, podemos decir que el libro cumple con gran parte de sus objetivos: ofrece un relato sobre la historia del rugby argentino accesible a todo público, refuta y matiza muchos de los prejuicios que se ciernen sobre la práctica de este deporte y ofrece una explicación histórica profunda de su evolución. Uno de los deportes más populares y exitosos del país merecía que se escribiera su historia con rigor y talento analítico. Reggiani y Costa hicieron honor con creces a ese merecimiento.










text new page (beta)



