Introducción
Las fechas del nacimiento y el fallecimiento de ’Omar Jayyām (Khayyām) no se conocen con precisión. La mayoría de los historiadores coincide en que nació en la primera mitad del siglo XI en Neyšābur, Irán, donde también murió.
Jayyām fue un eminente sabio persa, destacado en campos tan diversos como la astronomía, la astrología, la filosofía, las matemáticas y la poesía. Además, poseía un sólido conocimiento en otras disciplinas, como la medicina, la jurisprudencia religiosa, la historia y la música, entre otras. Sus contribuciones fueron significativas, realizó descubrimientos relevantes y escribió numerosos tratados y estudios que abarcan una amplia gama de temas, como “Tratado sobre la demostración de problemas de álgebra”, “Tratado sobre la existencia”, “Tratado sobre el cuadrante del círculo”, “Tratado sobre ciencias naturales”, “Tratado de la diferencia entre estaciones del año y las zonas”, “Tratado del cuerpo compuesto”, “Descripción de los problemas de la música”, “Comentario sobre algunas dificultades de los postulados de Euclides”, además de sus poesías en árabe y en persa, entre otros. Lamentablemente, sólo se conserva parte de su obra científica.
Entre las múltiples investigaciones llevadas a cabo por Jayyām durante el reinado de Ŷalāl al-Din Malek Šāh, de la dinastía selyúcida, destaca la reforma del calendario solar persa, tarea crucial para la organización de las labores agrícolas. El primer día del nuevo calendario, conocido como Ŷalāli en honor al sultán, coincidió con el equinoccio de primavera de 1079. Sin embargo, la reforma no se llevó a su último término debido al fallecimiento del monarca. Cabe enfatizar que este calendario ha sido considerado como uno de los más precisos de la historia al determinar la duración del año en 365.2424 días, y que el calendario gregoriano, utilizado en Europa mucho más tarde, a finales del siglo XVI, es menos exacto que el Ŷalāli.
Las robā’iyyāt o las cuartetas
La robā’i (plural: robā’iyyāt) es una forma poética especial que los persas inventaron (Khayyām 1993, 10), y que luego se extendió a las literaturas árabe y turca. Algunos estudiosos, como Daŝti (1998, 191), atribuyen la invención de esa cuarteta a Rudaki, el fundador de la poesía neopersa. Las robā’iyyāt o cuartetas consisten en una forma poética compuesta por cuatro versos dodecasílabos en la que riman el primero, el segundo y el cuarto, mientras que el tercero queda libre (aa/ba). En esta estructura concisa, según Clara Janés, “se plantea y desarrolla un tema que alcanza su punto culminante en el último medio verso, preparado y realzado por el tercer semiverso sin rima que le precede” (Jayyam 2007, 14).
En el siguiente ejemplo, se puede observar cómo los tres hemistiquios riman entre sí, mientras que el tercero queda libre:
Tā key qam-e ān joram ke dāram yā na,
vin ’omr be joŝ-deli gozāram yā na,
por kon qadah-e bāde, ke ma’lumam nist
kin (ke in) dam ke foru baram barāram yā na.
A qué preocuparme de si tengo algo o no,
ni de si pasaré mi vida alegre o no;
echa vino en la copa, que ni siquiera sé
si el aire que ahora aspiro voy a expirarlo o no (Jayyam 1993, 167).
Según Foruqi y Qani (Khayyām 1993, 10), el poeta decide si hace rimar el tercer hemistiquio o lo deja libre. En el siguiente poema de Jayyām, los cuatro hemistiquios riman; se repiten hič ast (literalmente significa “nada es”):
Donyā didi o har če didi hič ast,
va ān niz ke gofti o ŝenidi hič ast,
sar tā sar-e āfāq davidi hič ast,
va ān niz ke dar jāne jazidi hič ast.
Mucho has visto del mundo y cuanto has visto es nada;
cuanto has dicho y oído en él, también es nada;
corriste hasta el confín del horizonte: nada;
furtivo te escondiste en casa: también nada (Jayyam 1993, 141).
El investigador ’Ali Mir-afzali (2003, 29) afirma que hacer rimar los cuatro hemistiquios era muy común en la época de Jayyām.
A veces, las robā’iyyāt eran cantadas como si se tratara de una canción o una copla; se observa lo que Jayyām comenta en una de sus cuartetas:
Hengām-e sabuh ey sanam-e farroj pey
barsāz tarānei o piŝ āvar mey…
A la hora del vino del alba, bella amada,
cántame una canción y sírveme una copa… (Jayyam 1993, 153).
Jayyām en las fuentes antiguas
Čahār maqāle (Los cuatro tratados), escrito en 1132 por su contemporáneo Nezāmi ’Aruzi, es el libro más antiguo en el que se menciona a Jayyām como un gran astrónomo. Nezāmi, quien tuvo el privilegio de encontrarse con nuestro personaje en persona, lo escuchó decir: “Haced que mi tumba esté situada en un lugar donde cada primavera los árboles la cubran con sus flores” (Jayyam 2002, 21). Nezāmi visitó la tumba del erudito en 1110, y estaba cubierta de flores; según él, habían transcurrido unos cuatro años desde la muerte del poeta. Si se acepta esta información, Jayyām debió de haber fallecido en 1106. El historiador Beyhaqi, del siglo XII, autor del famoso libro Tārij-e Beyhaqi (La historia de Beyhaqi), al igual que Nezāmi ’Aruzi, afirmó haber visto personalmente a Jayyām. En su obra escrita en árabe Tatamma safawān al-hikma (hacia 1167), describe a Jayyām como la viva imagen del médico y filósofo persa Abu ’Ali Sinā (Avicena) en cuanto a sabiduría y conocimiento de las ciencias, pero señala que tenía mal genio y no le gustaba compartir sus conocimientos con los demás (17 y 28). Es interesante destacar que ni Nezāmi ’Aruzi ni Beyhaqi mencionan alguno de los poemas de Jayyām; posiblemente porque eran recitados o cantados entre los amigos más cercanos del sabio, o porque, ante todo, Jayyām era un científico, no un poeta. ’Ali Daŝti (1998, 19) afirma que ninguno de los contemporáneos de Jayyām aludió a sus poemas en sus obras.
’Ali ibn Qāzi al-Aŝraf afirmó que “Jayyām era el más sabio de su época y enseñaba todas las ciencias griegas” (Jayyam 2007, 10). En otros libros antiguos también se menciona a nuestro personaje; por ejemplo, en Nezhat al-ruh, Tārij al-hokamā, Āsār al-balād, Ferdows al-tavārij, entre otros (Daŝti 1998, 23-24).
Otros escritores hacen referencia al Jayyām poeta, como el historiador, escritor y literato iraní ’Emād ol-din Kāteb Esfahāni (siglo XII) en su obra Jaridat al-gasar, escrita en árabe; el sufí Naĵm al-Din Rāzi, en Mersād al-’ebād, escrito hacia 1223 o 1224 (véase más adelante), y Mostofi Qazvini en Tārij-e gozide (La historia selecta), de 1310. En la obra Nozhat al-maŷāles se encuentran 31 cuar- tetas; en Sandbād nāme, 5, y en Munes al-ahrār, escrita en 1341, aparecen 13 cuartetas atribuidas a Jayyām (Daŝti 1998, 21-29). En un libro disponible en la biblioteca de la Universidad de Cambridge aparecen 252 robā’iyyāt de autoría adjudicada a Jayyām. La colección más antigua de las robā’iyyāt de Jayyām es un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford, el cual fue transcrito en Shiraz (Irán) en 1461 y contiene 158 poemas. La primera edición impresa de las Robā’iyyāt fue publicada en Calcuta en 1836.
Durante 10 años, ’Ali Mir-afzali (2003, 4) llevó a cabo una exhaustiva investigación en 57 fuentes antiguas; en 28 de ellas encontró 151 cuartetas que incluyen claramente el nombre de Jayyām como autor. Después de eliminar las repeticiones, quedaron 120 robā’iyyāt en total.
Algunos estudios sobre Jayyām y sus robā’iyyāt
Se han llevado a cabo numerosos estudios sobre Jayyām y sus robā’iyyāt. En Irán, Sādeq Hedāyat (1903-1951), destacado novelista del siglo XX, fue pionero en la investigación de las cuartetas con el fin de distinguir, sin lugar a dudas, las robā’iyyāt auténticas de las apócrifas, pues consideraba que las atribuidas al poeta eran centenares. Posteriormente, Mohammad ’Ali Foruqi y Qāsem Qani también realizaron análisis serios y sistemáticos sobre las robā’iyyāt con base en siete fuentes antiguas.
En Tarāne-hāye Khayyām, Hedāyat agrupó las cuartetas de Jayyām según grandes ciclos temáticos: el misterio de la creación, el dolor de la vida, prescrito desde la eternidad, el girar del tiempo, la materia circundante, pase lo que pase, que nada es, apreciemos el instante. En realidad, se considera que sus comentarios sobre Jayyām y su filosofía en este libro ayudan a entender mejor al propio Hedāyat: su personalidad, su pensamiento crítico, entre otros aspectos (Jayyam 1993).
Las opiniones sobre la obra poética de Jayyām son diversas. Mohit Tabātabāi (1992, 17) planteó la hipótesis de que había dos personajes distintos: “Jayyāmi”, el científico, matemático y astrónomo, y “Jayyām”, el poeta. Sādeq Hedāyat (Jayyam 1993, 18) señala que, al final de su vida, Jayyām “reconoce la invariabilidad del Tiempo y adopta un tono pesimista que aparenta optimismo”, y sugiere que era materialista y escéptico. Por otro lado, Foruqi y Qani (Khayyām 1993, 16) no ven a Jayyām como un poeta sufí, a diferencia del profesor Elāhi Qomŝei y de J. B. Nicolas, el traductor francés de las cuartetas de Jayyām. El sufí Naĵm al-Din Rāzi, en su obra Mersād al-’ebād (1223), acusa a Jayyām de materialista, ateo e infeliz, y cita dos de sus cuartetas (Daŝti 1998, 304-305). A raíz de la crítica de Rāzi, tal vez sea posible atribuir la autoría a Jayyām y comprender mejor su filosofía, su pensamiento y su estilo.
Al periodo en el cual llegamos y partimos
no se le ve el comienzo, ni el fin se le vislumbra;
y no hay nadie que pueda decirnos de verdad
de dónde procedemos ni a dónde partiremos (Jayyam 1993, 71).
Si es la naturaleza obra del hacedor,
¿por qué permitió en ella excesos y defectos?
Si resultaba hermosa, ¿por qué destruirla?
Si hay rostros poco hermosos, ¿de quién será la culpa? (Jayyam 1993, 71).
Nazanín Amirian (Jayyam, 2002, 47) señala que Jayyām fue un librepensador, no un sufí, “con una actitud rebelde e ideas abiertamente heterodoxas, que despertaron los recelos y la antipatía de muchos de sus contemporáneos”. Joaquín Rodríguez (2011, 196) considera que muchas de las cuartetas del poeta “poseen dos caras: una nihilista y la otra hedonista o epicúrea, sin destacar la una sobre la otra, siendo esto lo que le diferencia de otros autores pesimistas”.
Las auténticas o las apócrifas robā’iyyāt
Las cuartetas que erróneamente se le atribuyen a Jayyām son centenares. Según Hedāyat (Jayyam 1993, 9), incluso si imaginásemos a un individuo que hubiera vivido 100 años, durante los cuales hubiera cambiado de creencias dos veces al día, aun así, habría sido incapaz de hacer suyos todos los pensamientos incluidos en estas cuartetas, que abarcan creencias, pensamientos y filosofías muy diferentes.
Se podrían mencionar varios motivos para esta atribución errónea. Por ejemplo, el descuido y los errores cometidos por los copistas, las modificaciones realizadas por los copistas según sus gustos personales, o la inserción, en el proceso de copiado, de estrofas pertenecientes a otros poetas en las cuartetas de Jayyām. Además, hubo personas enemistadas con él que, para perjudicarlo, le imputaron versos falsos o alterados por cuyo contenido Jayyām fue acusado de herejía, libertinaje y ateísmo, lo que lleva a cuestionar si realmente eran suyos. Por otra parte, hubo poetas que, imitando a Jayyām o siguiendo su estilo, compusieron cuartetas que con el tiempo fueron integradas a su obra. A veces, como menciona Hedāyat (Jayyam 1993, 19), cualquiera que bebía vino y escribía un poema sobre el tema, lo achacaba a Jayyām por miedo a la blasfemia.
Hay cuartetas que son atribuidas a Jayyām con más certeza. “Según Hedāyat, son 81, mientras que Foruqi menciona que son 178” (Sobhāni 2017, 211). Sin embargo, Homāi (1988,5) señala que, a pesar de la extensa investigación realizada por Foruqi para seleccionar las robā’iyyāt auténticas de Jayyām, aún persisten dudas sobre muchas cuartetas. A modo de ejemplo:
Como la nube que al nacer el año lava el rostro del tulipán,
levántate y ve hacia la copa de vino con firmeza
porque esta hierba que es hoy tu mirador
brotará mañana toda de tu tierra (Jayyam 2007, 49).
El verso mencionado, que figura en la colección seleccionada por Foruqi y Hedāyat, también está entre los 13 versos atribuidos a Jayyām en el antiguo libro Munes al-ahrār. Según los datos indicados por Homāi (1988, 5), originalmente pertenece a la poeta persa Mehsati (Mahsati) Ganĵavi, aunque la segunda estrofa difiere ligeramente:
renueva tus pactos con el vino más rojo…
Daŝti (1998, 200) no está de acuerdo con Homāi y sostiene que este poema es de Jayyām, no de Mehsati. Además, argumenta que el mero hecho de que una cuarteta de Jayyām haya aparecido en la obra de otro poeta no es razón suficiente para atribuírsela con certeza. Señala que este tipo de situaciones también ha ocurrido con otros escritores, como Rumi, de quien se dice que es autor de cerca de 2 000 robā’iyyāt que seguramente no lo son (257).
La traducción de las robā’iyyāt de Jayyām en Occidente y su difusión
En 1700, el orientalista inglés Thomas Hyde (1636-1703) realizó la primera traducción al latín de una robā’i de Jayyām. En 1816, Henry George Keene (1781-1864) publicó la primera traducción al inglés de una robā’i en la revista Fundgruben des Orients/Mines d’Orient. Luego, en 1818, Hammer Purgstall (1774-1856) tradujo algunas robā’iyyāt al alemán. Sin embargo, fue en 1859, ocho siglos después de Jayyām, cuando un poeta llamado Edward Fitzgerald (1809-1883) tradujo al inglés 75 de sus cuartetas. Al principio no obtuvo el éxito deseado. No obstante, dos años después, Rossetti y Swinburne recibieron un ejemplar de este libro y quedaron encantados, lo que marcó el inicio del reconocimiento y la apreciación de Jayyām por parte de los anglohablantes. Años después, la obra poética de ’Omar Jayyām se convirtió en un best-seller de la época en Reino Unido (Biegstraaten 2008).
En la primera edición, Fitzgerald tradujo 75 cuartetas de Jayyām, y en la segunda (1869) añadió 35 más y realizó algunos cambios en sus traducciones anteriores. Sin embargo, en la tercera edición (1872) las redujo a 101. A continuación, una cuarteta y las modificaciones hechas por el traductor en diferentes ediciones:
Čon ’ohde nemiŝavad kasi fardā rā,
hāli joŝ-dār in del-e ŝeydā rā:
mey nuŝ be māhtāb ey māh ke māh
besyār betābad o nayābad mā rā.
Pues nadie puede vencer al mañana,
mantén ahora alegre ese corazón loco.
Bebe vino a la luz de la luna, ¡oh luna!, que la luna
por más que ilumine no dará con nosotros (Jayyam 2007, 27).
La traducción de Fitzgerald en la primera edición:
Ah Moon of my Delight who know’st no wane
The Moon of Heav’n is rising once again:
How oft hereafter rising Shall She look.
Through this same Garden after me-in vain! (Fitzgerald 1971,9).
En la segunda edición:
But see! The rising Moon of Heav’n again
Look for us, Sweet heart, through the quivering plane:
How oft hereafter rising will She look.
Among those leaves-for one of us in vain! (Fitzgerald 1971,9).
Y en la quinta edición:
Yon rising Moon that looks for us again-
How oft hereafter will she wax and wane.
How oft hereafter rising look for us.
Through this same Garden-and for one in vain! (Fitzgerald 2018, 20-21).
Fitzgerald dio a conocer a Jayyām y sus robā’iyyāt en el mundo occidental, y también dejó su propia huella en la historia literaria. Posteriormente, las cuartetas fueron traducidas a numerosas lenguas: al francés por J. B. Nicolas en 1867, al italiano en 1881, al catalán por Vives Pastor en 1907, al castellano por Martínez Sierra, al alemán por Friedrich Rosen en 1925, entre otras (Jayyam 2002, 72).
Fitzgerald adaptó libremente las cuartetas de Jayyām y agregó sus propias interpretaciones poéticas, lo que ha sido criticado por algunos estudiosos de la literatura persa.1 Como ejemplo, véase el siguiente poema:
In yek do se ruze nobat-e ’omr gozaŝt
čon āb be ĵuybār o čon bād be daŝt
hargez qam-e do ruz marā yād nagaŝt
ruzi ke nayāmade ast o ruzi ke gozaŝt.
Fitzgerald lo tradujo al inglés de esta manera:
Into this Universe, and Why not knowing
Nor Whence, like Water willy-nilly flowing;
And out of it, as Wind along the Waste,
I know not Whither, willy-nilly blowing.
Poema de Jayyām traducido literalmente del inglés de Fitzgerald al español:
A este Universo, vine sin saber por qué
ni adónde, como agua que discurre a ciegas
y del mismo me iré como viento en el páramo
sin saber hacia dónde, soplando sin rumbo (Kavanagh 2010, 329).
A continuación, la traducción al español de la misma cuarteta por diferentes traductores:
Traducción literal del persa de Kavanagh (2010, 329):
Los efímeros días de mi vida ya han transcurrido,
como agua del arroyo o viento que recorre el páramo,
mas nunca me sentí triste por estos dos días,
el que está por venir y el que ya se nos ha ido.
Traducción de Janés y Taherí (Jayyam 2007, 43):
Como agua en el arroyo o viento en el oasis,
los días uno, dos y tres del paso de la vida.
Mas hay dos días que no turban mi juicio:
el día que ha de ser y el día que ha partido.
Amirian (Jayyam 2002,7), respecto a las traducciones de las cuartetas del poeta, afirma que los traductores pocas veces asumen “el reto de intentar respetar la musicalidad, la melodía y la armonía con las que fueron recitadas”. Gran parte de la belleza de sus poemas “se debe a la suavidad y [la] dulzura contenidas en el fluir de estas palabras”.
A continuación, como ejemplo, el siguiente poema:
Dar kārgah-e kuzegari budam duŝ,
didam do hezār kuze guyā o jamuŝ;
har yek be zabān-e hāl bā man goftand:
ku kuzegar o kuzejar o kuzeforuŝ?
En una alfarería que visité ayer anoche
contemplé dos mil jarras elocuentes y mudas;
meditando en su estado, cada una me decía:
¿dónde están comprador, vendedor y alfarero? (Jayyam 1993, 119).
En el último verso, Jayyām demuestra su maestría en la lengua persa mediante un juego de palabras en que repite varias veces ku (dónde está) y kuze (jarra, botijo, cántaro).
Ku kuzegar o kuzejar o kuzeforuŝ
Traducción literal: ¿dónde están alfarero y comprador de jarras y vendedor de jarras?2
Como se observa, la versión traducida no permite al lector apreciar plena- mente este gran dominio del lenguaje que Jayyām poseía y este hábil juego lingüístico que emplea.
Consideraciones finales
En este estudio, me he acercado a la obra del ilustre sabio persa Jayyām, que abarcó diversos campos y aspectos del saber humano de su época.
A través de sus robā’iyyāt, Jayyām expresó sus pensamientos y su filosofía de manera concisa y directa, con un lenguaje claro y accesible que realza la profundidad y la relevancia de sus cuartetas. Su poesía se distingue por la delicadeza, la sencillez y la sutileza de su lenguaje, lo que le otorga un lugar destacado en la literatura persa y en el pensamiento filosófico de su tiempo.
Se han realizado numerosos estudios sobre las cuartetas de Jayyām, y con el paso del tiempo, el número de poemas atribuidos al poeta ha ido en aumento. Ya sea que se trate de versos encontrados en textos antiguos o de versos autentificados por los jayyamistas y los investigadores, sigue habiendo incertidumbre sobre su autoría. Lo mismo ocurre con las robā’iyyāt analizadas en este trabajo.
Hay que destacar que las robā’iyyāt de Jayyām no tuvieron tanta repercusión en Persia como en Occidente, y esto se debe a varias razones. En Irán, Jayyām es más reconocido como matemático y astrónomo gracias a sus numerosas obras científicas y a su notable contribución al mundo de las ciencias.3 Es cierto que no era un poeta de profesión, ni dejó un diván (un libro de poesía), como era común, pero, al igual que muchos otros eruditos y filósofos persas, también utilizó la poesía como medio para transmitir y expresar sus pensamientos. En comparación con poetas persas renombrados, como Rudaki, Ferdowsi y Attār, su producción poética es escasa, y sin embargo, ha sido fuente inestimable de inspiración y reflexión para muchos artistas y poetas a lo largo de la historia. Su figura sigue siendo admirada y estudiada y está viva hoy en día después de tantos años, especialmente gracias a su obra poética. Cada año, el 28 de ordibeheŝt según el calendario solar persa (equivale al 18 de mayo), se celebra en Irán y en muchos otros países el día de Jayyām.










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