Introducción
El privilegio de la mentira estriba en vencer siempre a quien pretende servirse de ella.
Ninguna grandeza se ha fundado jamás sobre la mentira.
La mentira permite a veces vivir, pero nunca eleva […]
La libertad consiste sobre todo en no mentir.
Los valores derivados del ejercicio de la ética y de la libertad en la práctica son maleables y frecuentemente están sujetos a la valoración subjetiva de cada individuo. Así, ética y libertad se encuentran en permanente tensión acerca de los límites ideales y reales que cada individuo y cada sociedad ha establecido en cada tiempo y lugar. Ambas evolucionan e involucionan a lo largo de la vida y las circunstancias, pero ante la imposibilidad de fijar límites mínimos a la ética y la inconveniencia de establecer máximos a la libertad, lo que verdaderamente importa es conocer la percepción de lo que ambas significan en decisiones cotidianas, tanto en lo individual como en lo colectivo, porque la sociedad es un campo donde confluye todo tipo de intereses.1
La comisión consciente y reiterada de conductas deshonestas es habitual en todas las culturas, lo que está relacionado con lo que cada individuo y en comunidad hace o no hace, y aún más allá, en el decalaje, es decir, en la discordancia entre lo que se piensa y en cómo se procede en cada tiempo y lugar (Spaulding, 2016; Galloti, & Huebner, 2017; Lamont, 2020).2 Para Frankfurt (2005, p. 71) hay diferencias entre la mentira, es decir, faltar a la verdad conscientemente, y lo que denomina bullshit, donde el objetivo prioritario es la manipulación para que los interlocutores cambien la percepción sobre los acontecimientos, sobre la persona que miente, o para que tomen decisiones incluso en perjuicio propio. El problema es que este tipo de conductas no siempre es reprochable y, de hecho, ha habido casos en que incluso llegan a gozar de reconocimiento social (Ajzenman, 2021; Lin et al., 2022).
En los últimos años han proliferado estudios sobre los incentivos que llevan a la realización de conductas deshonestas, tanto de manera individual como colectiva. Hay cinco líneas de trabajo bien diferenciadas: i) incentivos para la comisión de conductas deshonestas, entre las que destaca el engaño (Säve-Söderberh, 2010; Erat, & Gneezy, 2011; Baran, & Jonason, 2020; Sirca, & Billen, 2024); ii) la influencia que ejerce el entorno y las circunstancias que propician el cometimiento de dichas conductas (Isakov, & Tripathy, 2017; Cronan et al., 2017; Bénabou et al., 2018); iii) dilemas latentes cuando subyace la promesa de obtener un beneficio (Williams et al., 2010; García, 2014; Bärhe, 2020); iv) los mecanismos que propician el compromiso mutuo (McCabe, & Trevino, 1993; Gui, 2009; Moskowitz, 2015), y v) los detonantes que incentivan la toma de decisiones éticas y el repudio de las contrarias (Peregrin, 2021; Berisha et al., 2023).
El trabajo seminal en la materia es el de Bowers (1964), con una repercusión más bien discreta; fue a partir de la investigación de Hill (1996) cuando este objeto de estudio cobró verdadera relevancia, al hallar relaciones entre el incremento de la competitividad en las aulas de primaria y la disposición a quebrantar reglas históricamente consideradas como intocables en Japón.
En el caso específico de la institución universitaria, las principales líneas de investigación son: i) conductas deshonestas cometidas por el alumnado, entre las que destaca el plagio (Owens, & White, 2013; Tindall, & Curtis, 2019; Boillos-Pereira, 2020); ii) conductas deshonestas cometidas por docentes e investigadores (Whitley, & Keith-Spiegel, 2001; Pupovac et al., 2017; Poutoglidou et al., 2022; Namuth et al., 2024); iii) cómo y por qué en los últimos años ha crecido el margen de tolerancia hacia la comisión de este tipo de conductas (Liao et al., 2018; Hendy et al., 2021; Kim, & Guinote 2021; Blachnio et al., 2022), y iv) cómo estas conductas son percibidas por mujeres y hombres (Kaatz et al., 2013; Laster-Pirtle, 2021).
A partir de este marco de referencia, la presente investigación es una aproximación a la valoración que hacen los universitarios madrileños de los grados en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas, Periodismo, Marketing, Economía, Administración de Empresas, Ciencias Políticas, Sociología y Psicología sobre las conductas en el diario acontecer de su vida en el proceso de formación. El objetivo se ha centrado en evaluar el juicio ético, la intensidad de la acción deshonesta (pasar del pensamiento a la acción), la gravedad de la acción y cuán reprochable es si la acción la realiza un tercero. El tema merece ser estudiado en cualquier escenario, pero es de especial interés en el seno de aulas y facultades por la función propia que desempeñan en la sociedad.
Los resultados empíricos señalan que hay una conexión ambivalente entre tolerancia/intolerancia respecto a la deshonestidad: los individuos más deshonestos son más comprensivos con la deshonestidad de terceros y, por el contrario, cuanto más honestos, menos tolerantes son con la deshonestidad de terceros.
Metodología
El proceso de investigación se desarrolló en dos fases preliminares: i) para la elaboración de los indicadores de interés, entrevistas no estructuradas con académicos de ética, ciencias políticas, sociología, derecho y economía, miembros de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMYP) de España, y ii) recolección de información y construcción de una base de datos a partir de las respuestas de los participantes.
En total participaron voluntariamente 659 individuos: 339 mujeres y 320 hombres. Las preguntas las respondieron mediante la aplicación Forms de Microsoft estudiantes de las universidades públicas Complutense de Madrid, Carlos III y Rey Juan Carlos, y de las universidades privadas CEU San Pablo, Nebrija, ESIC y Francisco de Vitoria, todas localizadas en Madrid. La muestra es significativa por tratarse de un alumnado de varios centros universitarios dentro de un rango de edad específico y por la disposición a responder el cuestionario. Las respuestas se recogieron en tres periodos: del 24 al 28 de octubre de 2022, y del 17 al 21 de abril y del 18 al 22 de septiembre de 2023.
El cuestionario (véase la tabla 1) lo conforman tres bloques diferenciados: i) conductas que atentan contra la ética personal (preguntas 1 a 3); ii) conductas que afectan a terceros con gravedad relativa (preguntas 4 a 6), y iii) conductas que afectan a terceros con gravedad superior (preguntas 7 a 9). Todas las preguntas tienen tres niveles.3
Tabla 1 Cuestionario de investigación
| Unidades de análisis | Respuesta | Pregunta | Respuesta | Pregunta | Respuesta |
| 1) Decir en casa que he sacado mejores notas de las que realmente he obtenido. | ¿Cómo valorarías esta conducta? | ¿Y si es un desconocido quien lo hace? | |||
| 2) Copiar en exámenes. | |||||
| 3) Descargarme trabajos de internet y presentarlos como propios. | a) Nunca se me ha pasado por la cabeza. | a) Es ruin y brutalmente deshonesta. | |||
| 4) No prestar apuntes o prestarlos incompletos. | b) Puede que alguna vez lo pensara. | b) Sé que es deshonesta. | a) También es despreciable. | ||
| 5) Aprovecharme del esfuerzo de compañeras/ros en trabajos o presentaciones. | c) Estuve a punto de hacerlo, pero al final desistí. | c) Puede que no esté bien. | b) Me tiene sin cuidado. | ||
| 6) Hablar mal de compañeros/as. | d)Alguna vez lo he hecho. | d) No tiene importancia. | |||
| 7) Ofrecer dinero a compañeros/as para que presenten un examen por mí. | e) Varias veces lo he hecho. | ||||
| 8) Ofrecer dinero o favores a profesores/as para aprobar o subir nota. | |||||
| 9) Inventar bulos o calumnias sobre profesores/as. |
Fuente: Elaboración propia.
Diseño y explicación del modelo
Transformaciones previas de los datos:
Para facilitar la interpretación de los resultados, las variables ordinales se recodificaron en escala directa: mayores valores de la variable indican una mayor frecuencia, o una percepción mayor de la gravedad de la acción. También se tipificaron las variables para obtener puntuaciones comparables en términos de desviaciones típicas.
Hipótesis 1: Cuanto más grave se juzga la acción deshonesta, menos se incurre en su ejecución.
Hipótesis 2: Existen grupos de individuos caracterizados por escalas de valores propias que afectan al juicio sobre la gravedad de las acciones deshonestas.
Objetivos de la metodología:
i) encontrar perfiles de individuos con una fuerte identidad estadística en función de la intensidad con que se realizan acciones deshonestas y la gravedad del juicio sobre estas, y ii) comprobar la relación entre la frecuencia, la percepción de la gravedad de la acción deshonesta y la permisividad con la acción deshonesta de terceros.
Para alcanzar el primer objetivo se utilizaron variables Likert (1932) por su capacidad para reflejar un comportamiento continuo en la población; para el segundo objetivo, las variables dicotómicas del juicio a terceros (Koladjo et al., 2018; Leppink, 2019, pp. 79-90).
Instrumentos metodológicos:
1) Para la elaboración de perfiles representados por el vector de valores medios de individuos, Clúster de K-medias (Gareth et al., 2023, pp. 515-518; Yang et al., 2023; Poggialli et al., 2024). Esta técnica multivariante consiste en un proceso iterativo que comienza con la selección del número de perfiles, identificados por sus centroides o vector de valores medios, para a continuación reasignar individuos a los grupos por su cercanía con el centroide (MacQueen, 1967; Mardia et al., 1979).4
2) Para evaluar la capacidad predictiva del modelo análisis discriminante lineal (ADL) (Gareth et al., 2023, pp. 177-178; Li et al., 2023). Es una técnica de clasificación supervisada que permite evaluar la capacidad predictiva del modelo. En este caso se ha utilizado para validar la solidez de los grupos obtenidos en el clúster de K-medias, de tal manera que si la ratio de correcta clasificación (hit ratio) del modelo es elevada (tomando como variables predictoras las que elaboraron el clúster de K-medias), significa que los perfiles son consistentes (Rabadán Pérez et al., 2022). Para estimar de manera congruente la capacidad predictiva del ADL se ha recurrido a la validación cruzada LOOCV (leave one out cross-validation) (Gareth et al., 2023, 214; Cavoretto, 2022).
3) Aportación metodológica: relación del clúster de pertenencia con la proporción de condena a las distintas acciones deshonestas si las realiza un tercero, lo que ha permitido comprobar el grado de coherencia de los grupos en el juicio, medir la correlación de los juicios de los grupos y establecer si hay una correspondencia entre la acción deshonesta propia y el juicio a terceros. Los coeficientes de correlación lineal a través del signo indican si la correlación lineal es directa, inversa o si hay independencia lineal.5
Resultados
En la tabla 2 se muestran los vectores de valores medios de cada uno de los perfiles elaborados por K-medias, donde:6i) las variables registran bajos niveles de correlación; ii) las distancias euclídeas entre los centros son grandes en términos de desviaciones típicas [d(C1, C2) = 5.88, d(C1, C3) = 2.93, d(C2, C3) = 8.64], y iii) la prueba Anova confirma que los grupos son significativamente diferentes.
Tabla 2 Centros de clústeres finales de K-medias
| Variables | Clúster1 (35.1%) | Clúster 2 (5.4%) | Clúster 3 (59.4%) |
| ZP1a. Decir en casa que he sacado mejores notas de las que realmente he obtenido | 0.366 | 1.079 | –0.315 |
| ZP2a. Copiar en exámenes | 0.461 | 0.698 | –0.331 |
| ZP3a. Descargarme trabajos en internet y presentarlos como propios | 0.294 | 2.576 | –0.407 |
| ZP4a. No prestar apuntes o prestarlos incompletos | 0.146 | 1.068 | –0.179 |
| ZP5a. Aprovecharme del esfuerzo de compañeros en trabajos o presentaciones | 0.440 | 1.986 | –0.439 |
| ZP6a. Hablar mal de compañeros | 0.295 | 0.663 | –0.226 |
| ZP7a. Ofrecer dinero o favores a compañeros para que presenten un examen por mí | 0.365 | 1.869 | –0.385 |
| ZP8a. Ofrecer dinero o favores a profesores/as para aprobar o subir nota | 0.242 | 2.090 | –0.333 |
| ZP9a. Inventar bulos o calumnias sobre profesores/as | 0.225 | 2.237 | –0.336 |
| ZP1binv. Decir en casa que he sacado mejores notas de las que realmente he obtenido | –0.238 | –1.808 | 0.311 |
| ZP2binv. Copiar en exámenes | –0.388 | –1.613 | 0.377 |
| ZP3binv. Descargarme trabajos en internet y presentarlos como propios | –0.373 | –2.158 | 0.419 |
| ZP4binv. No prestar apuntes o prestarlos incompletos | –0.245 | –0.860 | 0.221 |
| ZP5binv. Aprovecharme del esfuerzo de compañeros en trabajos o presentaciones | –0.354 | –2.146 | 0.408 |
| ZP6binv. Hablar mal de compañeros | –0.183 | –1.059 | 0.198 |
| ZP7binv. Ofrecer dinero o favores a compañeros para que presenten un examen por mí | –0.509 | –1.675 | 0.451 |
| ZP8binv. Ofrecer dinero o favores a profesores/as para aprobar o subir nota | –0.394 | –1.612 | 0.378 |
| ZP9binv. Inventar bulos o calumnias sobre profesores/as | –0.417 | –1.622 | 0.392 |
Fuente: Elaboración propia
Para comprobar la consistencia de los perfiles (en total tres) se ha recurrido al análisis discriminante lineal para clasificar a los individuos según las variables predictoras que, a su vez, participaron en la elaboración del K-medias tras varias etapas en las que se ha comprobado la consistencia de clústeres con más o menos grupos a través de la capacidad predictiva del correspondiente análisis discriminante.7 El modelo discriminante ha quedado validado conforme a los siguientes resultados: i) se rechaza la igualdad de medias de los perfiles en todas las variables; ii) se supera la prueba lambda de Wilks (1938), luego las funciones discriminantes son adecuadas y sus correlaciones canónicas, elevadas (0.92 para la primera función discriminante, y 0.41 para la segunda); iii) las funciones en los centros de los grupos están suficientemente alejadas, y iv) el ratio de acierto en la clasificación ha sido de 97.8%, y la estimación del mismo ratio aplicando validación cruzada (LOOCV) ha sido de 95.6% (para la explicación detallada de esta metodología, véase Ree et al., 1998).
En la figura 1 se observa que los individuos quedan claramente separados por las funciones discriminantes y que los centroides de los grupos están notablemente alejados, significativo de que los perfiles tienen una fuerte identidad estadística.

Fuente: Elaboración propia.
Figura 1 Dispersión de los grupos según el análisis discriminante lineal
En la figura 2 se muestran los perfiles en un diagrama de estrella, ordenando las variables en sentido inverso a la agujas del reloj, de mayor a menor según las puntuaciones del grupo CLU2, por ser el que presenta mayores puntuaciones en la frecuencia de la acción deshonesta. Se observa que las variables de frecuencia en la acción deshonesta quedan a la derecha del gráfico (grupo de variables A), mientras que las de juicio de la gravedad de la acción quedan a la izquierda (grupo de variables B).

Fuente: Elaboración propia.
Figura 2 Puntuaciones medias de los perfiles elaborados mediante clúster de K-medias
El perfil del clúster 2 (CLU2) (5.4% de los encuestados) registra valores extremadamente altos en la frecuencia, y extremadamente bajos en el juicio de la gravedad de las acciones deshonestas (estas diferencias son enormes si se comparan con los otros dos perfiles). Por otra parte, los perfiles del clúster 1 (CLU1) (35.1%) y del clúster 2 (CLU2) (59.4%) muestran una imagen similar pero asimétrica. El grupo CLU1 registra una frecuencia en la acción deshonesta levemente superior a la media de la muestra total, y un juicio de la gravedad de la acción levemente inferior. Finalmente, el grupo CLU3, se comporta de modo opuesto: tienen una frecuencia de acciones deshonestas inferior a la media y levemente superior a la media en la percepción de la gravedad.
Por tanto, del comportamiento de los perfiles se deduce una correspondencia inversa entre la gravedad del juicio y la frecuencia con la que se cometen acciones deshonestas.
En la tabla 3 se ordenan las variables de juicio a terceros de mayor a menor por las proporciones más altas de reprobación correspondientes al clúster 3. Se observa una fuerte correlación directa entre el juicio a terceros del clúster 1 y el clúster 3 (r = 0.85; r2 = 0.73), que son los perfiles más frecuentes. El grupo minoritario del clúster 2 también tiene una correlación directa con los otros dos grupos, aunque su coeficiente de determinación es inferior (r2 = 0.41 respecto del clúster 3, y r2 = 0.18 respecto del clúster 1). De lo anterior se infiere que cada perfil percibe la acción deshonesta de manera diferente.
Tabla 3 Proporciones de reproche a la acción deshonesta cometida por terceros
| Variables | Clúster1 | Clúster 2 | Clúster 3 |
| P5c. Aprovecharme del esfuerzo de compañeros en trabajos o presentaciones | 0.75 | 0.05 | 0.85 |
| P8c. Ofrecer dinero o favores a profesores/as para aprobar o subir nota | 0.65 | 0.10 | 0.85 |
| P9c. Inventar bulos o calumnias sobre profesores/as | 0.60 | 0.10 | 0.83 |
| P3c. Descargarme trabajos en internet y presentarlos como propios | 0.57 | 0.00 | 0.75 |
| P7c. Ofrecer dinero o favores a compañeros para que presenten un examen por mí | 0.42 | 0.05 | 0.74 |
| P6c. Hablar mal de compañeros | 0.51 | 0.05 | 0.55 |
| P2c. Copiar en exámenes | 0.22 | 0.05 | 0.47 |
| P4c. No prestar apuntes o prestarlos incompletos | 0.50 | 0.00 | 0.46 |
| P1c. Decir en casa que he sacado mejores notas de las que realmente he obtenido | 0.16 | 0.00 | 0.26 |
Fuente: Elaboración propia.
En la tabla 4 se analiza la relación lineal entre el grado de reproche propio del individuo y la frecuencia con que comete acciones deshonestas (tabla 2), con la proporción de individuos que condenan la acción deshonesta en terceros (tabla 3). Se ordena el cuadro en orden descendente por el coeficiente de determinación, de las correlaciones más fuertes a las más débiles, con independencia de que la relación sea directa o inversa.
Tabla 4 Coeficientes de correlación y determinación lineal entre las variables, reproche y frecuencia de la acción deshonesta propia respecto a terceros
| Sería reprochable, sería reprochable al tercero | Frecuencia de la acción deshonesta, sería reprochable al tercero | |||
| Coeficiente decorrelación | Coeficiente de determinación | Coeficiente de correlación | Coeficiente de determinación | |
| Clúster 3 | 0.60 | 0.36 | –0.57 | 0.33 |
| Clúster 1 | –0.19 | 0.04 | –0.32 | 0.10 |
| Clúster 2 | –0.01 | 0.00 | 0.27 | 0.07 |
Fuente: Elaboración propia.
Respecto a la relación entre el reproche propio y el reproche al tercero, los individuos del clúster 3 se exigen a sí mismos un compromiso mayor y trasladan la exigencia al comportamiento del tercero (r2 = 0.36) de manera muy superior al del resto de perfiles. En sentido contrario, los individuos del clúster 2 muestran una correlación inversa entre cómo se evalúa la gravedad de su propia acción y la gravedad de la acción del tercero (r2 = 0.04). El que haya una cierta exigencia consigo mismos y al mismo tiempo sean algo más permisivos en el reproche a terceros es indicativo de cierta desconexión ética entre el juicio de la acción personal y el juicio de la acción deshonesta en el ámbito social.
En cuanto a la frecuencia de la ejecución de acciones deshonestas y el juicio a terceros, se observa que, a medida que se reduce la frecuencia con que se cometen acciones deshonestas (figura 2), se pasa de una correlación inversa (a medida que se cometen más acciones deshonestas se juzga menos a terceros) a una relación directa (a medida que se cometen más acciones deshonestas se juzga de forma más grave a terceros). Así, se pone en evidencia una clara relación entre la frecuencia con que se cometen acciones deshonestas y el juicio a terceros, es decir, que cuanto menos frecuentes son las acciones deshonestas, se juzga con mayor severidad a terceros.
Discusión
Las preguntas del cuestionario hacen alusión directa a conductas concretas que no dan lugar a confusión y en las que colisionan valores, los cuales, en teoría, deberían regir el comportamiento del alumnado por ser un anticipo de la manera en que, previsiblemente, se conducirán en el ejercicio de la profesión.
El primer bloque (preguntas 1 a 3) se centra en las conductas que atentan contra la ética personal, donde el principal afectado es la persona que comete la falta. Boyce (2006) argumenta que los estudios sobre la ética de los universitarios, más que centrarse en las personas debe dirigir el foco de atención a lo sistémico, debido a que es el entorno el que favorece o dificulta que las personas se conduzcan de manera ética o no. No obstante, es la persona quien toma las decisiones, por lo que las consecuencias derivadas no pueden delegarse en el entorno.
Es particularmente importante la pregunta 3 sobre descargar de internet trabajos o presentaciones elaborados por otros/otras y presentarlos como propios. Evidentemente, no se refiere a descargas ilegales de música, series o películas, sino de algo más delicado, porque detrás de la descarga está la atribución indebida de un trabajo realizado por otra persona, se conozca su identidad o no, y que tiene el objetivo de obtener un beneficio directo sobre la nota parcial o incluso final (sobre este asunto, véase Tomczyk, 2019).
En una extensa muestra, Jambon, & Smetana (2012) observaron que para el alumnado las descargas ilegales eran un problema complejo porque: i) justificaban las descargas de música con argumentos relacionados con el precio de los cd (aunque hoy en día se ha desplomado la venta de música en este soporte y la irrupción de Spotify ha cambiado las reglas, las conclusiones siguen siendo válidas); ii) reconocían que su acción afectaba a la industria, pero minimizaban las consecuencias, y iii) rechazaban que la descarga ilegal de música fuera un robo. Igual de relevantes son las conclusiones de Nandekar, & Midha (2012), al señalar que las personas descargan contenidos ilegalmente por la simple razón de que las consecuencias punitivas derivadas de esa acción son altamente improbables: si no hay sanción, no hay temor ni mesura.
Así, es probable que, para los participantes en la investigación, descargar contenidos para ser utilizados en su beneficio y posiblemente subir nota o aprobar está éticamente infravalorado por las escasas consecuencias derivadas. No obstante, es esperable que en el futuro cercano este indicador experimente cambios, singularmente en lo relativo a la descarga de trabajos, porque, a diferencia de las remotas consecuencias derivadas de la descarga ilegal de música, cada vez es más frecuente que el profesorado utilice recursos tecnológicos antiplagio, como Turnitin, Unicheck, iThenticate o PlagiarismChecker, entre otros (Domínguez-Aroca, 2012). Es decir, en la medida en que aumente el riesgo de ser descubierto, es previsible que el alumnado redoble esfuerzos en la preparación de los trabajos, o que opte por alterar sustancialmente los trabajos descargados para “intentar engañar” a los sistemas antiplagio, o bien que se pague a alguien para que lo haga, lo que no es descartable en absoluto (en internet hay numerosos anuncios de personas que ofrecen un amplio abanico de “servicios”, que van desde la realización de diapositivas en PowerPoint hasta la presentación de exámenes online o la elaboración de Trabajos Fin de Grado, TFG)8 (Cerdá-Navarro et al., 2022).
El segundo bloque (preguntas 4 a 6) se centra en las conductas que afectan a terceros con gravedad relativa. Locher, & Bolander (2019) y Liljenström (2022) coinciden en la necesidad de concienciar a las personas en la importancia de tomar decisiones éticamente (para una visión panorámica de la literatura en la materia, véase Vallaster et al., 2019). En efecto, la reflexión colectiva en torno a los valores éticos es una actividad que cada vez más ha entrado en desuso en las universidades, específicamente en disciplinas científicas y técnicas. Sobre este particular, en un trabajo experimental Konow (2019) encontró que, cuando al alumnado se explicaba las consecuencias que otros pueden sufrir como resultado de los actos o decisiones propias, la conducta cambiaba positivamente (lo que el estudio no revela es si se mantiene en el tiempo, cuestión crucial).
La diferencia sustancial entre las preguntas 3 y de la 4 a la 6 estriba en que en la primera se asume que el beneficiado (free rider) desconoce a los autores originales, mientras que en las segundas hay certeza de la identidad. Si entre el aprovechado y el perjudicado por la acción hay una relación de compañerismo o amistad, se trata de algo tan grave como la traición.
Donath (2014, cap. 9)) y Hildreth, & Anderson (2018) señalan que, en grupos sociales bien estructurados, la tendencia natural es hacia la protección mutua, de ahí que la conducta esperable es de apoyo al grupo (el sentimiento primigenio de pertenencia a una tribu), incluso, si es preciso, faltando a la verdad, mientras que, por el contrario, lo sancionable es la deslealtad. La conclusión de estos trabajos es que las personas valoran las “mentiras leales”, dependiendo de si están evaluando las acciones propias o las de otros. Estos argumentos, sin embargo, deben ser contrastados en el contexto de distintas culturas. Sergi (2019) apunta que, en sociedades más gregarias, el valor de la familia impera sobre el individuo (p. ej., países europeos como España, Grecia, Italia y Portugal, o México, Colombia y Argentina en América Latina, entre otros), mientras que en sociedades más individualistas es justo lo contrario (p. ej., Alemania, Estados Unidos, Finlandia, Noruega, Suecia y Japón, entre otros).
Es necesario profundizar en la correlación que subyace entre cultura gregaria y tolerancia hacia las mentiras o viceversa. Según Bergstrom, & West (2020, p. 38), Estados Unidos es una sociedad muy individualista y, no obstante, marcadamente tolerante con las mentiras,9 mientras que Japón, otra sociedad individualista, es más proclive al reproche social a quien engaña o miente; en el extremo opuesto, Rusia es una sociedad más gregaria y muy complaciente con las mentiras, en especial si son difundidas desde el gobierno. Así, en principio, la conclusión más ponderada es que en todos los países se miente, si bien en unos más abiertamente que en otros.10 Habrá que investigar el papel que desempeñan las instituciones públicas y privadas como agentes de verificación y control. La cuestión por investigar es si se miente más o menos en función del riesgo de ser descubierto y si tienen algún valor el grado de severidad del reproche social posterior y la sanción con efectos jurídicos sobre la libertad individual o el patrimonio.
Al igual que los dos primeros bloques, el tercero se conforma de tres preguntas (7 a 9). En este caso se trata de preguntas que afectan a terceros, pero donde las consecuencias pueden ser muy graves para la persona perjudicada.
Finalmente, con el interés de dotar a la investigación de rigor, a lo largo del proceso se tomaron las siguientes precauciones: i) se asumió que el cerebro tiende a aceptar la elección que mejor se adapta a su propia realidad y a relativizar las decisiones incómodas (Sun et al., 2021), por ello las preguntas son en tres niveles para indagar la valoración individual o cuando la acción es realizada por una tercera persona; ii) los resultados alcanzados se circunscriben a un perfil de alumnado determinado, por lo que aún es necesario contrastarlos en futuras investigaciones con estudiantes de otros lugares y rangos de edad, y iii) no se ha contrastado la influencia de sexos/géneros.
A tenor de lo señalado, los resultados son un avance, pero aún hay más por desvelar. Algunas de las preguntas que surgen son: i) ¿somos naturalmente éticos/no éticos o nos hacemos?, ¿hay alguna medida que diferencie a mujeres y hombres?; ii) ¿hay correlación entre ser éticos y la exigencia hacia los demás?; iii) ¿cuáles son los incentivos que llevan a los universitarios a comportarse de manera ética o no ética?; iv) ¿el comportamiento deshonesto trasciende a la vida profesional?, ¿en qué términos?; v) ¿cuáles son los mecanismos mediante los cuales se puede ayudar a los individuos a tomar conciencia de sus actos reprochables?; vi) ¿hay diferencias significativas en las decisiones éticas en virtud del nivel socioeconómico o educativo?, y vii) ¿cuáles son las políticas públicas ideales para corregir estos fallos?
Estos interrogantes van más allá del ámbito de las decisiones autónomas y de trascendencia efímera. Cuando de un acto soberano se desprenden consecuencias conflictivas externas al individuo que los ha llevado a cabo y cuyo impacto puede perdurar en el tiempo, la sociedad en su conjunto está legitimada para restituir el estado de las cosas y, en el mejor de los casos, desarrollar instrumentos para prevenirlos, el más importante de los cuales es la educación.11 No obstante, de escasa ayuda será la educación si no está precedida de la verdad. En palabras de Savater (1999): “No hay educación si no hay verdad que trasmitir, si todo es más o menos verdad, si cada cual tiene su verdad igualmente respetable y no se puede decidir racionalmente entre tanta diversidad”. La consecuencia directa de la revaloración de la verdad en detrimento de la trampa, el engaño, el plagio y las habladurías, todas ellas conductas deshonestas, es la necesidad de poner la cultura del esfuerzo por delante de la consecución de objetivos a cualquier precio.
En buena medida, la conducta expresada por los alumnos en las encuestas es consecuencia de lo que han aprendido y visto en casa, en la escuela, la secundaria, el bachillerato, la universidad y en la calle, así como a través de los medios de comunicación y las redes sociales (Pozo-Cabrera & Castellanos-Herrera, 2023). El alumnado es, sin duda, responsable de sus actos y de sus decisiones sin menoscabo de la parte alícuota de responsabilidad de la sociedad a la que pertenecen (O’Neill, 2005; Walker, 2018). Para que funcione una sociedad, las personas que la conforman deben ser competentes en el desempeño profesional, pero igualmente deben ser conscientes de sus obligaciones (Smith, 2012; Brescoll et al., 2013; Bagues et al., 2014; Nelkin et al., 2022).
La frenética búsqueda de bienestar material ha traído indudables beneficios, pero simultáneamente ha conllevado costes en varias dimensiones, uno de los cuales ha sido la relativización de los valores. De la misma manera, la intensificación de la “vida virtual” ha traído consigo grandes aciertos, pero también la normalización de conductas deshonestas, como el descargar o intercambiar contenidos obtenidos de forma fraudulenta, plagiar contenidos protegidos por derechos de autor o simplemente creados por personas con nombre e identidad reconocibles. Con la pérdida de los conceptos de “gravedad” y “falta moral”, el plagio y las conductas deshonestas poco a poco han dejado de ser una práctica socialmente despreciable para convertirse en medios justificables para alcanzar objetivos académicos (Martin, 2016).
Conclusiones
En esta investigación convergen sociología, filosofía y estadística con el interés de hallar explicaciones sobre la manera como se comportan ciertos perfiles de individuos en torno a cuestiones de naturaleza ética.
La metodología empleada ha permitido identificar con elevada identidad estadística un conjunto de tres perfiles de individuos respecto a la actitud frente a las acciones deshonestas. Las conclusiones definitivas se enumeran como sigue: i) el clúster 1 (35.1% de los participantes) registra una frecuencia en las acciones deshonestas levemente superior y una capacidad de reproche levemente inferior respecto de la media de los encuestados; ii) el clúster 3 (59.4% de los participantes) muestra un comportamiento casi asimétrico respecto del clúster 1; iii) el clúster 2 (5.4% de los encuestados) es notablemente amoral,12 con una elevada frecuencia de ejecución de acciones deshonestas y una percepción de la gravedad de la acción marcadamente baja; iv) hay una correspondencia inversa entre la gravedad del juicio y la frecuencia con la que se cometen acciones deshonestas (figura 2); v) hay una percepción común de la gravedad de la acción deshonesta del tercero que viene alterada por la personalidad propia de cada perfil (véase el cuadro 3); de hecho, cuanto más comprometidos están los grupos en contra de la acción deshonesta, más coherente es la similitud de la gravedad del juicio de la acción deshonesta del tercero, y vi) el análisis de la correlación entre la gravedad del juicio a la acción propia y la del tercero muestra que cuanto más se exige el individuo a sí mismo, más se lo exige al tercero, y cuanto menos frecuente es la ejecución de la acción deshonesta, más grave se considera la gravedad de la acción deshonesta del tercero (véase el cuadro 4).
A partir de lo expuesto, surgen cuatro interrogantes de entidad:
¿Es ético realizar experimentos con personas para evaluar la conducta ante situaciones simuladas extremas? Definitivamente lo es, siempre que los participantes estén debidamente informados de las características del experimento, los datos estén debidamente anonimizados y la información recabada sea tratada con estricto apego a las normas de los comités de ética que las vigilan (Berumen, 2023).
¿Los resultados confirmarían que la universidad actual sufre una crisis de valores? La respuesta es que tanto el planteamiento como los resultados no van dirigidos a dar explicaciones en ese sentido, pero confirman la necesidad de explorar alternativas para corregir lo que, desde un punto de vista deontológico, perfectamente pueden ser considerados fallos (Schwarz, 2006; Archer, 2016; Hemmingsen, 2024, pp. 177-190).13
¿Los resultados confirman un vínculo entre los valores y el comportamiento humano? Definitivamente lo confirman, aunque aún está por verse si se mantiene en el tiempo, bascula o se extingue (Rokeach, 1973; Leko, 2014).
¿La metodología aquí empleada es la ideal para analizar este objeto de estudio? Dada la robustez de los resultados, todo indica que lo es, pero tiene sus limitaciones, porque no permite identificar las correlaciones entre la acción y el juicio propio de los clústers respecto del juicio a terceros, es decir, cómo se juzga a los demás.
La definición de perfiles es una herramienta que contribuye a explicar cómo se comportan los individuos ante situaciones concretas (Berumen, & Berumen, 2023).14 Pero las personas (y por ende sus perfiles) mutan en el tiempo; los cambios pueden producirse por iniciativa propia, como también por influencias externas. Por consiguiente, a continuación se proponen cuatro reflexiones a partir de los resultados alcanzados en la investigación.
La vida en comunidad conlleva la necesidad de establecer valores compartidos, como los cuidados y la solidaridad y, por el contrario, el repudio a conductas socialmente comprometidas más allá de lo consagrado en los convencionalismos compartidos por un pueblo (Garlington et al., 2019) y en el acervo de leyes de una nación (Gould et al., 2023). Proceder de manera generosa y con rectitud es una expresión de nobleza individual y social, y eso merece legítimo reconocimiento, mientras que la mezquindad, el egoísmo y el dolo, desaprobación. En el seno de la institución universitaria tanto los valores como las conductas deshonestas cobran una relevancia enorme por ser el lugar donde se forman los profesionales de la próxima generación.
En segundo lugar, el uso cada vez más generalizado e intensivo de herramientas de inteligencia artificial (IA) ya plantea enormes retos en cuestiones de naturaleza ética (Hagendorff, 2020; Hauer, 2022; Stahl, 2023; Müller, 2023). Desde el seno de las instituciones comunitarias (European Commission, 2019) se ha dado una primera respuesta, pero es a todas luces insuficiente. Debido a la velocidad a la que evoluciona la IA, es necesario explorar respuestas a preguntas como: ¿a quiénes se atribuye el crédito de la formulación de una idea construida con ayuda de IA?, ¿quiénes son los legítimos propietarios de los beneficios derivados de la explotación de una creación artística, científica o industrial?, ¿sobre quiénes recae la asunción de responsabilidades cuando hay terceros afectados?, ¿cuál es el organismo competente para regular el uso de la IA?, ¿cómo se sanciona a quienes incumplan los preceptos éticos acordados? En definitiva, ¿es posible establecer límites éticos a la inteligencia artificial?
En tercer lugar, en el universo de las decisiones, los imperativos categóricos kantianos, tan necesarios como referentes, languidecen al verse enfrentados a situaciones conflictivas que no solo atañen a un individuo, sino que involucran a la sociedad, tanto en el origen de los problemas como de las consecuencias sobrevenidas. Una vez tomada una decisión, la persona asume una posición psicológica, pero también física, porque la compromete a creer/ hacer, no creer/no hacer en torno a una idea o una acción.15 Es decir, una vez que se toma una decisión, se establece un compromiso que hace que el mundo virtual y el físico comulguen en sintonía en los universos online y offline; porque una vez que se toma una decisión y se define una ruta sobre la que se va a transitar, cuanto más se relaje el cumplimiento de las reglas, más daño se causará al contrato social, y con ello, más se alejará de las normas que han permitido la buena convivencia en comunidad.
Por último, este trabajo gravita sobre la capacidad de elección entre el buen y el mal proceder y su traducción en la toma de decisiones. A propósito de ello, el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl (1991: pp. 70-73), tras su liberación de un campo de concentración nazi, reflexiona en sus memorias:
al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino […] En conclusión, cada hombre, aún bajo unas condiciones tan trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser -espiritual y mentalmente-, porque incluso en estas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir siendo como un ser humano […] Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.
Efectivamente.










text new page (beta)



