La relación entre México y Estados Unidos se ha analizado ampliamente, tanto desde la academia como desde la toma de decisiones. Se han presentado argumentos que privilegian la cooperación entre ambas naciones y otros que resaltan el conflicto. Algunos son históricos y se abordan conforme a las posturas de política exterior y de política doméstica de ambas administraciones. Algunos otros enfatizan decisiones coyunturales en la relación. La obra US-Mexico Relations: Structuring Alternatuve Futures, editada por Payan, Rodríguez Sumano y Kilroy, sobresale dentro de esta gama de textos que explican la relación bilateral.
Los factores que hacen relevantes las discusiones que plantea este libro son varios. El primer factor que hace excepcional a esta obra es su método basado en “foresight framework” (marco de escenarios) propuesto por Peter C. Bishop. A través de un texto del propio autor, se explica de manera sistemática la historia de los Estudios de Futuro, que formalmente comienzan en la década de 1960. Especialmente en el ámbito de defensa en Estados Unidos, se construyen escenarios con base en la historia y la tecnología. Esta postura metodológica se separa del estudio sobre el futuro desde América Latina. En el capítulo de Guillermina Baena Paz se contrasta la postura anglosajona de Bishop y se asume que los problemas mundiales tienen diferentes futuros, no solo uno como lo establece la escuela estadounidense. Los diversos temas de la relación México-Estados Unidos (y de la obra) se decantan por una u otra postura.
A pesar de esta diferenciación, los Estudios de Futuro coinciden en analizar el pasado para prever el futuro. El cambio y la anticipación se enfocan en explicaciones causales que construyen escenarios útiles para el análisis y la toma de decisiones. Tomando la tipología de Bishop, el cambio es presentado como positivo (optimista, convergente o cooperativo), disruptivo (pesimista) y catastrófico (cisne negro), que contrasta con la continuidad y el business as usual. El análisis de la relación México-Estados Unidos se hace particular en tanto cada capítulo integra la construcción de escenarios para los temas de la agenda bilateral y ofrece recomendaciones. Basar el análisis en una metodología proveniente de los Estudios de Futuro, implica que las partes son importantes, pero más importante es la consistencia integral del todo. La construcción de futuros va a la par de las interpretaciones teóricas y, con ello, la obra es capaz de aportar importantes argumentos generales. Esta integralidad, por ejemplo, permite explicar factores que influyen o incluso determinan la relación de ambos países en su historia y coyuntura.
Algunas de las principales características de la relación bilateral se explican en el capítulo de Jorge A. Schiavon y Rafael Velázquez Flores. La relación es especial en tanto la frontera divide al país más desarrollado del mundo -Estados Unidos- de un México en vías de desarrollo. Sin embargo y a pesar de las asimetrías evidentes, se integran ambas economías y sociedades, reflejando una agenda interméstica e independiente. En este sentido, la relación México-Estados Unidos está históricamente vinculada por la contigüidad geográfica.
A pesar de la inevitabilidad en esta relación bilateral, existe una desconfianza entre ambos países que viene de eventos que disrumpen la relación. Uno de los argumentos principales de la obra advierte que la desconfianza es histórica y se evidencia con las diversas guerras del siglo XIX, los choques diplomáticos durante la Guerra Fría o el primer mandato de D. Trump. A pesar de que la obra no alcanza a cubrir el segundo mandato de dicho presidente estadounidense, el argumento sobre la desconfianza parece incrementar día con día. Por ejemplo, en el capítulo propuesto por Craig A. Deare se establece que la confianza en el otro es la piedra angular para la seguridad nacional. En la relación bilateral actual, no hay optimismo, pues domésticamente en ambos países existe una animadversión que se expresa en sentimientos antimexicanos en Estados Unidos (principalmente en miembros del Partido Republicano y en algunos grupos sociales). En México, las posiciones nacionalistas también impulsan el sentimiento de desconfianza que nos acerca a otros jugadores internacionales.
La obra expande el argumento sobre la desconfianza, pues la relación México-Estados Unidos está limitada por el contexto global, tanto por potencias como Rusia y China, otros actores como América Latina, como por cambios catastróficos globales. Como lo estableciera Giddens (1984) en su teoría de la estructuración, la agencia (lo doméstico) y la estructura internacional son interdependientes: lo doméstico, entonces, determina la relación bilateral y viceversa, ello en un contexto global. Los capítulos de María Cristina Rosas y de Priscila Magaña-Huerta ponen énfasis en la relación con Rusia y con China, respectivamente. Rusia no ha sido un socio cercano a México. Sin embargo, desde nuestro país ha sido percibido como aliado circunstancial debido a su relación con Estados Unidos. Es la postura del vecino del norte respecto a Rusia, por ejemplo en el conflicto Ucrania-Rusia, la que impacta en la política exterior mexicana. En contraste, China puede transitar de amenaza a competidor estratégico para nuestro país. México recibe inversión importante, mucha de la cual va para Estados Unidos. En este sentido, México está inmerso en el conflicto comercial y político entre ambas naciones. Por su parte, el capítulo de Richard J. Kilroy Jr. plantea la relación con América Latina a través de diversas organizaciones internacionales. Destaca el papel de México y de Estados Unidos (y su relación) en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Aunque las cumbres parecieran perder fuerza, en la pasada administración mexicana se toman como asidero para argumentar que la Organización de Estados Americanos (OEA) no es eficiente para representar los intereses del continente. Es en la celac en donde México establece alianzas y se arropa con otras naciones en América Latina para establecer posturas críticas a aquéllas estadounidenses.
Otro factor que hace de esta obra fundamental para entender la relación México-Estados Unidos, es que profundiza en la espinosa agenda bilateral con temas como el comercio, la migración, la seguridad y la energía. A través de metáforas basadas en películas que establecen escenarios para la relación comercial, el capítulo de Arturo Santa Cruz muestra que el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC) está sujeto al acontecer internacional y a nuevos jugadores como China, dando fuerza al argumento general del libro. El análisis enfatiza que el TMEC propone innovaciones especialmente en materia laboral, en energía y en comercio automotriz respecto a su antecesor (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN). En este sentido y con un frenesí arancelario en la segunda administración de D. Trump (que no es objeto del libro), el comercio México-Estados Unidos (y regional) es constante. Este texto dialoga con el capítulo de José Iván Rodríguez-Sánchez, quien analiza el estatus de la economía mexicana respecto a Estados Unidos. Afirma que la falta de estrategia a largo plazo y las decisiones domésticas negativas en política monetaria y política fiscal se contraponen con el constante crecimiento en exportaciones, remesas, manufacturas y turismo. En el capítulo se hace una comparación del ingreso derivado de la inversión en México en contraposición con el ingreso por remesas. Estas últimas sobrepasan a las primeras en nuestro producto interno bruto de 2019 a 2022.
Como sugiere Santa Cruz, enfocarse en el intercambio comercial deja fuera a otros temas importantes como la democracia, los derechos humanos y temas de género, que han pasado a segundo término. Los capítulos de Marianne H. Marchand y Anne Sisson Runyan, así como el de Eduardo L. Tadeo Hernández y Elena Ayala Galí presentan un escenario pesimista y discuten cómo, aunque en ambos países la sociedad civil ha hecho escuchar su voz, los resultados en política pública y en la agenda binacional han sido objeto de lucha constante. Desde perspectivas feministas, existe exclusión y desigualdad que se expresan de forma diferente en ambos países. En Estados Unidos, dicen Marchand y Sisson Runyan, se han constituido “guerras culturales” que avanzan grupos extremistas de derecha impulsados mayoritariamente por el Partido Republicano en contra de la diversidad social y sus derechos humanos. En México estos temas encuentran límites estructurales y coyunturales. Enrique Gutiérrez Márquez da un contexto en el que los derechos humanos se estancan debido a la falta de una consolidación democrática en México. Desafortunadamente para la relación bilateral, estos temas son relegados.
Los derechos humanos tienen que ver con otro tema fundamental en la relación México-Estados Unidos: la migración. En una sección dedicada específicamente a ella, los capítulos de Paula Lizette Cruz y de Karla A. Valenzuela Moreno, Valeria Marina Valle y Michelle Ruíz Valdés consideran que hay impactos positivos de los migrantes mexicanos en la economía estadounidense. Coinciden en que existen fallas fundamentales en las políticas laborales de ambos países. En Estados Unidos hay inconsistencias entre sus necesidades laborales con la política migratoria restrictiva; en México hace falta integrar laboralmente a la fuerza de trabajo. Los escenarios propuestos no son alentadores, pues van desde el pesimismo en la relación bilateral hasta llegar a generar crisis en la relación en ambos países.
La disrupción también se genera en el tema de la energía y el cambio climático. El capítulo de Isidro Morales analiza la relación energética bilateral y establece que el intercambio energético es un factor clave en la relación. Morales contrasta los modelos energéticos de los países y, a pesar de sus diferencias, enfatiza la dependencia entre ambas naciones. Asimismo, establece que existen factores externos como los conflictos armados en Ucrania (y recientemente en Medio Oriente) que impactan la relación. El intercambio energético entre México y Estados Unidos ha sido estable en cuanto a los flujos de mercado, pero inestable en cuanto a la política doméstica en ambos países. Esta inconsistencia ha causado arbitrajes dentro del TMEC, que a la fecha no han encontrado definición. De esta relación dual (disrupción y convergencia) se pasa al olvido del cambio climático. A pesar de que la administración de J. Biden dio un impulso a la energía renovable y al cambio climático, las decisiones domésticas en Estados Unidos en las dos administraciones de D. Trump han desdeñado el tema, como lo establece Mathilde Beauplat-Saada en su capítulo. Para el caso mexicano, el capítulo de Ivonne Cruz analiza cómo es que, a pesar de haber una aparente continuidad hacia políticas climáticas, el tema se estancaría en recientes administraciones al no poder cumplir con los compromisos internacionales y no encontrar eco en el vecino del norte.
Así, la obra explica la relación bilateral bajo un contexto multilateral y multicausal. Por un lado, se propone un análisis donde los Estados se limitan entre sí balanceando el poder del sistema internacional y encontrando alianzas. Tanto Estados Unidos como México cuentan con una relación bilateral que oscila entre la disrupción y la convergencia que es determinada por la desconfianza mutua y el contexto. Sin embargo, los problemas globales se imponen a esta realidad bilateral. La pandemia de covid, las crisis financieras o el cambio climático son temas catastróficos y limitantes estructurales al establecer riesgos y amenazas para ambos Estados. Esta discusión se pone sobre la mesa en el capítulo de Heidi Jane M. Smith, quien establece que existe un debate entre el enfoque regional y el que globaliza a los Estados y sus sociedades.
A pesar de lo espinoso de la relación, también ha habido cambios positivos que llevan a una integración bilateral y hasta a impulsar un proyecto regional; lo que Robert Pastor (2011) llamara la “idea norteamericana”. US-Mexico Relations: Structuring Alternative Futures contextualiza la relación México-Estados Unidos en un proceso que integra regionalmente a ambos países (y a Canadá) mediante normas trilaterales expresadas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el posterior Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC). Se denota una postura clara en relación con el regionalismo: América del Norte es un conjunto de dos relaciones bilaterales en donde Canadá pareciera no tener vínculos importantes con México y viceversa. Reforzando este argumento, en la obra se propone un capítulo sobre la relación Estados Unidos-Canadá que se describe brillantemente por Todd Hataley. Las relaciones entre ambos Estados parecieran ser más cercanas y consistentes con una agenda bilateral en donde hay afinidades comerciales, económicas y sociales.
Tanto en la relación bilateral como en un marco trilateral, habría que preguntarse si existe otro tipo de integración que privilegie el vínculo transnacional en la relación (y en la región) más allá de los Estados y su política exterior. El análisis propuesto en el capítulo de Tomás Martínez Sánchez hace alusión a este fenómeno, en donde se pretende hacer frente al crimen organizado desde la trinchera nacional, cuando éste es transnacional. Además de los actores tradicionales del Estado y los grupos criminales identificados, la construcción de escenarios incluye a activistas y víctimas de la inseguridad, a la comunidad científica, a las organizaciones de la sociedad civil y a las agencias de cooperación internacional. La sociedad civil se sitúa como un elemento clave en la relación bilateral. Siguiendo el análisis transnacional, la obra cuenta con el capítulo de Carlos Iván Moreno y Miguel Sigala, quienes afirman que a pesar de la vecindad que impulsa dinámicas comerciales, migratorias y de seguridad, los espacios políticos para la educación, ciencia y tecnología son escasos. Además de proponer explicaciones que versan en la diferencia cultural, los autores establecen asimetrías en el desarrollo tecnológico y, entonces, en el vínculo internacional y sus intereses globales. Este capítulo, en conjunto con el que aborda el cambio climático, sugieren la inclusión de una nueva categoría en la construcción de escenarios que analice la relación con base en la falta de intereses mutuos o en la indiferencia.
Así como contar con dicha categorización metodológica, la obra se beneficiaría explicando la relación bilateral desde la localidad. La cooperación individual de los Estados mexicanos y estadounidenses, así como el vínculo transfronterizo plantean retos analíticos, pues pareciera que éstos emulan otro tipo de integración más allá de la política exterior tradicional. Sin embargo, los argumentos generales de la obra sobre la desconfianza histórica y el acercamiento con otros jugadores internacionales, así como la construcción de escenarios, son aplicables a este análisis.
Payan, Rodríguez Sumano y Kilroy Jr. culminan el análisis con recomendaciones para mejorar la relación bilateral y asumen que una coincidencia en todos los capítulos es el deseo de cooperación bilateral. Algunas de las recomendaciones más destacadas apoyan la idea de una sociedad civil más organizada, una reforma conjunta sobre la justicia, derechos humanos y migración, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo de infraestructura conjunta para facilitar el comercio y el intercambio de energía, entre otras. Destaca la propuesta de reducir la influencia de China y Rusia en México y América Latina, contando con una postura que nos acerca al vecino del norte. Sin embargo, ante el segundo mandato de D. Trump, pareciera que la cooperación es complicada, especialmente en la agenda bilateral (migración, seguridad, comercio y energía). Es aquí en donde cabe preguntarse si los futuros previstos se convierten en agendas presentes.
La lectura de este libro es relevante para estudiosos de la relación bilateral, sean académicos, tomadores de decisiones, sociedad civil, medios de comunicación o público en general. Es una obra que equilibra la historia y la coyuntura, deja ver la profundidad del conocimiento y análisis de sus autores y coordinadores. US-Mexico Relations: Structuring Alternative Futures se posiciona como un referente para explicar la relación entre ambas naciones.









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