Si una mano fría, húmeda y viscosa sientes
palpar en alguna parte de vuestro cuerpo en
la obscuridad de la noche, es Lobizón que os llama y os
augura que vuestro fin se aproxima.
Para conjurarlo, pon debajo de vuestra lengua
un poco de tierra donde ha posado vuestras
plantas y llamadlo: ¡Lobizón!
Por tres veces seguidas.1
Introducción
Los antecedentes iniciales que se retoman para este artículo datan de las investigaciones etnográficas y del trabajo de campo de larga duración en el nordeste Argentino y la República del Paraguay atendiendo a la muerte de los niños o angelitos, y a las prácticas, creencias, actitudes y emociones vinculadas. En este periodo de trabajo se han abordado diversos ejes problemáticos referidos a la muerte del angelito con una perspectiva regional focalizando en dichos países, incluyendo el sur de Rio Grande do Sul, Brasil, a partir de 2021.
El corpus de análisis forma parte de las recolecciones en el marco de tres proyectos acreditados en la Secretaría de Investigación de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (FHyCS) de la Universidad Nacional de Misiones (UNAM): a) “El velorio del angelito en el nordeste argentino y sur de la región oriental de la República del Paraguay, siglos XIX-XX, y presente etnográfico”, b) “Muerte, morir, sociedad y cultura. Memoria funeraria y vida cotidiana. Nordeste argentino y sur de la región oriental del Paraguay”, y c) “Antropología de las ‘creencias y el creer’. Estudios sobre prácticas mágico-religiosas en la región del nordeste argentino: confluencias fronterizas”. Asimismo, desde la investigación desarrollada como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), inscripto en el Instituto de Estudios Sociales y Humanos, FHyCS, UNAM.
En este recorrido extenso, tanto temporal como espacial, han surgido determinadas consideraciones sobre la relación del angelito con otras figuras de la narrativa folklórica. En lo que refiere a los intereses particulares de esta presentación recortamos específicamente lo vinculante a la relación de los niños vivos o muertos sin bautismo y a las apetencias alimenticias del lobizón. En lo que refiere a este artículo en particular se puntualiza en la información recabada desde 2021.
La problemática en torno al lobizón se inscribe en el campo de la teriantropía. Díaz Rosales, Romo y Loera2 señalan que es una palabra derivada del griego: therion, que significa bestia, y anthropos, que significa hombre. En consecuencia, estaríamos frente a una situación donde el humano se convierte en animal. Agregan los autores que la teriantropía-licantropía mitológica está relacionada con el aspecto mágico-religioso.
En el folklore, la mitología y antropología, la forma más conocida de teriantropía es la licantropía (del griego lycos, que significa lobo, y anthropos, que significa hombre). Aunque la definición exacta de licantropía se refiera sólo al cambio en la forma de hombre a lobo, el término a menudo es usado clínicamente para referirse al cambio (ocurrido en la mente del paciente) en cualquier forma animal.3
Los autores citados con anterioridad exponen que el cambio del licántropo suele registrarse solamente en la mente del paciente, ya que abordan la temática desde la ciencia médica y la clínica, al igual que los aportes de Bénézech y Chapenoire.4 Asimismo, señalan que
la forma como se originó la licantropía mitológica en la antigüedad es incierta. Patologías como la rabia, la hipertricosis y la porfiria podrían explicar parcialmente el mito, aunque sus síntomas no se empatan completamente con el folklore.5
Asimismo, Ginzburg6 pone en diálogo un trabajo de Freud sobre la neurosis infantil, la relación entre el neurótico al borde la psicosis y el hecho de convertirse en lobizón. Se plantea el entrecruzamiento de mitos y neurosis y cómo en los sueños se prorrumpe un contenido mítico muy antiguo.
En el campo del folklore regional de la zona bajo estudio, nordeste argentino, sur del Paraguay y sur de Rio Grande de Sul (Brasil) el licántropo más referenciado resulta el lobizón. En este artículo expondremos cómo este hombre-animal posee determinadas cualidades físicas y sociales; está sujeto a una maldición atemporal, atado al siete como número fatídico y condenado a deambular en forma animal determinados días de la semana; deambula buscando una víctima a quien traspasar su condición, mientras se alimenta de carroña humana y, en especial, de niños muertos o vivos que aún no han recibido el bautismo.
Estos particulares gustos alimenticios ubican al lobizón entre una de las figuras más temidas del folklore regional, condensando los conceptos de lo terrorífico, siniestro y telúrico en familiaridad con otras imágenes barrocas del hombre lobo. Sobre este punto en particular, Anconatani7 y Medrano8 aportan recopilaciones y reflexiones recientes, de gran valor descriptivo, contextualizador y analítico.
Metodología
La información recabada deviene de un trabajo de campo de larga duración que inició en 2019 y continuó hasta el presente. Para la recolección de información de primera mano se ha trabajado con las poblaciones en límites internacionales. En las zonas urbanas se han priorizado las cabeceras de los departamentos, indagando también en zonas periurbanas y rurales. En lo que refiere a la población, se ha trabajado con interlocutores de entre 18 y 87 años, mayoritariamente varones. No se ha trabajado en este artículo con poblaciones indígenas, solamente población criolla (en muchos casos descendiente de brasileros y paraguayos) vinculadas al trabajo rural primordialmente.
Se han realizado entrevistas, observaciones, registros y análisis documental. De este corpus inicial se han extraído los datos y fracciones que competen a la problemática trabajada en este artículo. De este modo, se ha instrumentado lo siguiente:
Entrevistas en dos formatos: etnográficas -presenciales- y en línea mediante Google Forms -a distancia y semi estructuradas- con formularios prediseñados cuando las características de los interlocutores así lo permitieron. Durante el trabajo de campo se han realizado más de trecientas entrevistas sobre la base de tópicos conversacionales. Para la elaboración de este artículo se ha seleccionado un corpus reducido de ellas atendiendo al recorte temático abordado. Las citas de las entrevistas son señalizadas con el indicador varón-mujer, la edad del interlocutor, fecha de realización y el lugar de residencia dentro de las comunidades con las que se trabaja, localidad, ciudad, etcétera. Los tópicos conversacionales generales más relevantes fueron historia de vida de los interlocutores, nociones de muerte, morir y muerto, prácticas y creencias vinculadas a la muerte, el morir y los muertos, ideas sobre el lobizón, narraciones, relatos. Las entrevistas se aplicaron a interlocutores clave que hayan tenido contacto con el lobizón, o bien, que han recibido la información en forma de herencia oral. También, a especialistas que hayan trabajado la temática de interés o temas relacionados, autores de literatura regional, músicos, poetas.
Observaciones con diferentes grados de participación (en años previos sujetas a las condiciones de pandemia por COVID-19 y el ASPO) centradas en los contextos significantes, los espacios y lugares específicos: privados-domésticos y públicos.
Registros y análisis de fuentes variadas: se retoman aspectos devenidos de la recolección directa, testimonial de los interlocutores, señalamos que se ha indagado en la producción de conocimiento en los campos de los estudios folklóricos y de la literatura regional.
El lobizón: generalidades y denominaciones
Para referir al lobizón es menester detenernos en considerar algunas variables indisociables de este personaje en el campo del conocimiento folklórico, a saber: sus posibles orígenes y denominaciones, la idea del número y el día fasto y maldito, las cualidades del hombre/animal, el vampirismo y la posible sanación/salvación o liberación de la condición del zoántropo, en términos de Granada.9
En lo que respecta a la región bajo análisis, el lobizón es referenciado como un mito antropomorfo poscolonial.10 Pasteknik expone que sus denominaciones son variadas: “Lobizón o Lobisome […] Lobisón, Luisón, Jhuiso, Jhuicho y Luisón […] Lobizón o Lobisome”.11 Asimismo, en la mitología guaraní, Luisón era el séptimo hijo de Tau y Keraná, los cuales nacen de forma prematura, a los siente meses de gestación. Los hermanos de Luisón son Teju Jagua, Mbói Tu'i, Moñai, Jasy Jateré, Kurupí, Ao Ao. Ellos fueron condenados a las prácticas impuras por haber sido concebidos por medio de la acción violenta de Tau sobre Keraná.12
Las descripciones de la presencia del lobizón en la región inician con los registros de Granada en 1897, cuando este personaje es incluido entre las supersticiones del Río de la Plata, reseñando los aportes de Braga y sus lecturas en torno a las creencias de la Isla de San Miguel de los Azores.
Dando á entender con ello que la creencia popular en la transformación de hombres en lobos u otros animales hállese circunscripta, por lo que á la raza ibérica se refiere, á una de las islas Azores. Sin embargo, en las vastas regiones de América pobladas de portugueses y españoles, no escasea la creencia de que hay y se ven hombres capaces de aparecer bajo la forma de un animal cualquiera.13
Asimismo, Granada, citando a Teófilo Braga, rescata que lobishómem poseería su origen entre los pueblos germánicos de tradición escandinavo teutónico. De forma precisa, aporta una de las primeras descripciones sobre esta condición de zoántropo, donde se hacen presentes las condiciones de transformación, los espacios/lugares, el temperamento, el número fatídico y uno de los mecanismos de salvación de la condición.
De noche y á horas determinadas, el hombre acondicionado para el efecto acude fatalmente á los parajes donde ha de metamorfosearse en cualquier cuadrúpedo que encuentre, acometiendo luego á los transeúntes. Haciéndole verter sangre, recupera su forma primera. El último hijo de una serie de siete varones consecutivos es lobishómem. Líbrasele de esta fatalidad, bautizándole con el nombre de Benito (Bento), apadrinado por el mayor de los siete hermanos.14
En la misma línea de consideraciones, Pasteknik expone que es un mito netamente europeo.
Este mito no es americano, como muchos quieren creer. Simplemente se adaptó a nuestro ambiente y se difundió con amplitud. Es un mito universal emparentado con el mito del ‘vampirismo’ o de los ‘vampiros’. Fue tratado en la antigüedad por Plinio el Viejo, por Heródoto, San Agustín y otros escritores clásicos. El ‘Licántropo’ griego pasó a Roma, donde se le rindió el culto llamado de las Lupercales. En también ‘Lobizón’ el ‘Werwolf’ de los germanos, el ‘Hemram’ de los escandinavos, el ‘Lobisomen’, ‘Lobizón’ o ‘Lobisón’ hispano-portugués que luego se extendió por toma América Latina.15
La herencia del séptimo hijo varón, los días fastos, la trasformación, los lugares
Por su parte, Ambrosetti comenta que el Lovisoma hereda esta condición al ser el séptimo hijo varón. Como día fasto menciona a los viernes, en los cuales el desafortunado se convierte en un animal parecido a un perro de grandes orejas que llegan al piso. Al caminar hace ruido con ellas. “Si el desgraciado es blanco, el color del Lobisoma será bayo, y si es negro, negro”.16 En esta misma línea, Pasteknik sostiene que
es una bestia mítica, un enorme perro de color negro o bayo, de ojos brillantes y fosforescentes, de dientes amenazantes, largos y que se entrechocan continuamente. Su pelo es sucio y su presencia maloliente. Casos hay que el ‘Lobizón’ es un chancho o un tigre, siempre con las mismas características de suciedad y ferocidad.17
La trasformación del hombre en animal se produce en contacto con residuos inmundos como estiércol o carroña humana. De tal forma, la transformación es asociada, frecuentemente, a los vínculos con el cementerio.
Cuando nosotros con el abuelo, antes era con carro nomás, nosotros íbamos a visitar a mi papá. Siempre decían que la entrada nuestra… ¿Cómo decir? Había un barranco para subir al cementerio. Siempre decían gente que allá un perro cruzaba blanco. El abuelo decía ‘es toda mentira, es toda mentira’. Un día era viernes y veníamos. Mi papá estaba enfermo, y veníamos a las 12 justo de la noche, y yo así miré y dije ‘che, mirá, mirá…’. Un perro grandote, así, despacito venía y subía ese cerrito y venía y [se] quedaba ahí, y subía y [se] quedaba ahí. Nosotros… Cuando llegamos ahí los caballos empezaron todos a saltar y no cruzaban, y él no subía. Subía y bajaba, subía y bajaba. Después quedamos parados y él subió allá, y cuando más subió es aún más grandote así y se fue sobre el cementerio, sobre la cerca, donde misma chacra es el cementerio. Come los cuerpos ahí. Tres vueltas da en la tumba y sale perro.18
Es tanta la carga, angustia y pena que siente el pobre hombre que atraviesa por esta situación que se componen versos específicos acerca de la fatídica condición. Ambrosetti registra el siguiente: “Dentro de meu peito tenho uma dôr que me consomme; ando cumprindo ó meu fado en trages de lovizome”.19 Estos versos pueden ser entendidos del siguiente modo: ‘Dentro de mi pecho tengo un dolor que me consume; ando cumpliendo mi suerte en trajes de lobizón’. Este penar es acompañado con el estigma corporal que acarrea, ya que se identifican cualidades corporales específicas del Lobisoma.
Los que son Lobisomas, son delgados, sin color, y enfermos siempre del estómago porque dicen que con lo que comen no pueden estar nunca bien; los sábados es seguro que están en la cama después de la calaverada de la noche anterior.20
Por su lado Acosta,21 agrega que otro día de trasformación suele ser el martes, al igual que lo reseñado en López Bréard22 y Colombres.23 Acosta24 expone que se registran dos situaciones que ocasionen la trasformación: una maldición divina o haber nacido séptimo hijo varón en una línea de varones ininterrumpida, al igual que lo manifiestan López Bréard25 y Pasteknik.26
La idea de vampirismo se presenta con claridad en el lobizón, no solamente en el derramamiento de la sangre de la víctima, sino de forma específica en la posibilidad de traspasar la condición de zoántropo por medio del contacto, el mordisco o el rasguño. Se sustancia aquí la idea de la posibilidad de contagio de la condición/cualidad, pero cabe resaltar que existe una diferencia significativa con el vampiro. El vampiro hereda la condición mediante el mordisco y se mantiene vampiro. El zoántropo se libera: traspasa al desafortunado la maldición y él puede continuar librado de convertirse en animal. Este deslinde de la maldición también se da por el contacto: cuando el maldito pasa entre las piernas de un transeúnte distraído.
En todo el periodo que llevamos trabajando la temática hemos podido participar solamente de una entrevista en presencia de un interlocutor que se decía lobizón. Si bien éste no respondió a todas las preguntas sobre su condición, ya que no poseía memoria o registro de qué sucedía cuando trasmutaba, sí lo hacía un conocido del mismo que acompañó la entrevista. La condición de lobizón, que afirmaba haber iniciado a los 17 años, resultaba de un despertar amoroso que había experimentado:
De joven, adolescente, me enamoré de una guaina [regionalismo para referir a mujer joven], linda la polaca. Ahí empecé a sentir eso de salir cuando había luna, perderme en el monte, despertarme como lejos de la casa, toda rota la ropa y sucio con un olor horrible. No importa si había lluvia, helada, frío, se me despertaba eso de irme para el monte.27
Esta situación narrada por el interlocutor, donde se asocia el despertar amoroso con la primera transformación, ha quedado retratada en Nazareno Cruz y el lobo, las palomas y los gritos, película argentina de 1975 dirigida por Leonardo Favio y basada en el radioteatro homónimo de Juan Carlos Chiappe.
Como hemos mencionado, los lugares de la transformación se encuentran claramente identificados: corrales, cementerios, lugares con heces de animales. Suele frecuentar los espacios rurales o periurbanos, sombríos y con vegetación. Eso ocasiona que el lobizón no sea encontrado o visto de cerca o a pocos pasos. Siempre se le identifica a lo lejos, como una sombra difusa, lejana y siempre nauseabunda. Hasta en situaciones donde el lobizón pasa entre las piernas de algún transeúnte distraído, lo hace a espaldas de éste, sin ser visto o identificado con claridad.
Asimismo, es visto en los pórticos o perímetros de los cementerios, debajo de alguna lámpara en las esquinas, en alguna galería con luz tenue, en el cruce de las calles, acompañado o riñendo con perros. Ocasiona temor a otros animales, especialmente a los caballos, que se niegan a cruzar por donde haya pasado el lobizón.
Preferencias alimenticias del lobizón
Ambrosetti28 llama la atención sobre la dieta del Lobisoma. El estiércol de los gallineros suele ser parte de su alimento y “las criaturas que todavía no han sido bautizadas”,29 a las que roba de las cunas en los momentos del descuido de los padres. Pasteknik resalta que son la carne putrefacta de los cementerios y las “criaturas que roba de la cuna, cuando aún no están bautizados”.30 Por su parte, Colombres31 expone que extrae su alimento de los gallineros, corrales y chiqueros; también de los cementerios, de donde come carroña y niños no bautizados.
Las referencias sobre los gustos alimenticios del lobizón son recurrentes en todas las fuentes analizadas. Los puntos principales son identificados como a) la carne en descomposición que extrae de los cementerios y b) los cuerpos de los niños sin bautismo, estén estos vivos o muertos. Por otra parte, los gustos del licántropo - hombre lobo- por la carne humana que no se encuentra en descomposición es referenciado en De Sousa,32 también en los trabajos de Vigna Vilches33 sobre las narraciones en torno al hombre descubierto con las piernas de infantes en su domicilio.
En tal sentido, principalmente, la dieta del lobizón se basa en la carne en descomposición que extrae de las tumbas de los cementerios. Las tumbas frescas -de pocos días o semanas- son las más buscadas y removidas. El lobizón frecuenta los cementerios próximos a los poblados en donde reside, pero en algunas ocasiones los interlocutores han señalado que éste suele trasladarse varios kilómetros en búsqueda de otros espacios donde alimentarse. En este recorrido se enfrenta con los perros del vecindario y busca a quienes traspasar la maldición.
Cabe mencionar un componente que excede los objetivos de este artículo y que hemos recopilado en el trabajo etnográfico. De los cuerpos en descomposición, aquellos de personas adultas, prefiere los cuerpos femeninos, de los cuales ingiere inicialmente los pechos, luego la cabeza y parte del abdomen. Los interlocutores exponen que sus gustos por los pechos femeninos se relacionan con la búsqueda de la leche materna, y el gusto por el vientre se vincula a los niños en gestación. En lo que refiere a los cuerpos masculinos, no se señalan preferencias sobre las partes. Sí se resalta el consumo de la cabeza y el cerebro. El gusto por el cuerpo de los adultos se debe a la presencia de los pecados, estén éstos bautizados o no.
En lo que refiere a los niños sin bautismo, el lobizón los prefiere vivos o muertos sin hacer una clara distinción entre ellos. El punto relevante resulta la ausencia de bautismo, por ende, de la protección y purificación del niño. El punto relevante de esta problemática radica en la pureza atribuida al angelito y sus particularidades dentro de la religiosidad de la zona bajo estudio, aspectos abordados por Bondar.34
Asimismo, durante el trabajo de campo, pudimos recabar narrativas sobre los atributos del lobizón. Como sigiloso hurtador, se inmiscuye en las casas de forma silenciosa y extrae a los niños de las cunas. Para evitar este percance, las madres sugieren colocar en la cabecera de las cunas un crucifijo bendecido, o bien, flores de cebolla o cabezas de ajo debajo del colchón, edredón o almohada de la cuna o cama de los niños Cuando se trata de los cuerpos en los cementerios, los cadáveres de los niños le resultan más accesibles atendiendo a la poca profundidad de las sepulturas o las tumbas con pequeñas puertas que permiten acceder a los féretros.
En las situaciones descritas el lobizón marca predilección por las sepulturas que se hallan en la tierra, por las sepulturas tradicionales de los cementerios. No se han registrado situaciones en las cuales se ha alimentado de cuerpos extraídos de los nichos, tampoco solamente de huesos de difuntos, ya que su preferencia es la osamenta humana.
Claramente, el lobizón posee un olfato especializado para detectar tres condiciones principales a) los pecados de los adultos, de los cuales consume los cuerpos; b) la condición masculina o femenina de los cuerpos, y c) la presencia o ausencia del bautismo en los niños. Resaltamos estas situaciones ya que resulta relevante su recurrencia y referencia contante, no sólo en la literatura folklórica analizada sino, además, en los testimonios de los interlocutores.
Los interlocutores señalan algunas estrategias, a modo de sortilegio o jaculatorias, que permiten proteger principalmente las tumbas de los niños. De tal forma, se busca proteger la tumba de los niños por un tiempo prudencial hasta que el cuerpo se descomponga totalmente. Ante esta situación el Lobizón ya no muestra interés por éstas. Entre las estrategias registradas citamos las siguientes:
Sortilegio número 1: “Luego de la inhumación del cuerpo del niño, rociar la tumba con agua bendita y enterrar en la tierra tres cabezas de ajo y un rosario bendecido. Rezar ‘en el nombre del padre’, mencionar el nombre del niño, un Padrenuestro y una Ave María, ‘que se alejen de ti los espíritus impuros, el mal en el hombre y la bestia’”.35
Sortilegio número 2: “Eu te protejo anjinho, sua carne e sua alma. Mantenha o maligno longe de suas entranhas puras. Um Pai Nosso e três Ave Marias”.36
El sortilegio número uno incluye las cabezas de ajo que alejarían al lobizón por su condición vampírica. Si éste resiste el olor penetrante del ajo e intenta hurgar en la tierra, enredará en su dentadura el rosario bendecido. Esta situación lo ahuyentará, le producirá una infección y consecuente pérdida de la algunas de las piezas dentarias. La ausencia de los dientes resulta un indicador para identificarlo cuando se halla en forma humana.
El lobizón se presenta, entonces, como un personaje abominable con hábitos abominables. Estos hábitos se activan en el periodo de su zoantropía y luego resultan una carga significativa ya sea en términos del estigma social o del malestar digestivo debido a la ingesta de carroña.
Se plantea en este punto la necesidad de ampliar lo mencionado sobre el niño sin bautismo y la carroña del niño difunto. La presencia o ausencia del bautismo, como salvador o condenatorio, denota la impronta del catolicismo en el marco de las prácticas y creencias de la zona bajo estudio. Cabe destacar que el bautismo al que se hace referencia puede ser el bautismo oficial, el de urgencia o por agua de socorro o el bautismo post mortem.
Referir a estas formas de bautismo nos lleva a considerar nociones generales sobre la implicación del concepto, más allá de su definición dentro de la liturgia y los actos sacramentales del catolicismo. El rito del bautismo, como expone La Fontaine,37 define fronteras: entre diferentes estatus e ideas contrastadas. En esta línea, en lo que respecta al rito bautismal, explica Finol:
El rito bautismal religioso implica al menos tres funciones fundamentales: una transmutación mística, por el perdón del pecado original, en el caso del catolicismo; una transformación de los límites entre no-pertenencia y pertenencia a un grupo religioso o a una creencia; y, finalmente, una operación de identificación, gracias a la asignación de un nombre.38
Las ideas presentes en Finol39 nos permiten trabajar la problemática desde las nociones de trasmutación, pertenencia/no pertenencia e identificación/nombramiento, aspectos que se hacen presenten en la instrumentación del agua del socorro y el bautismo post mortem, aunque éstas modalidades no posean aceptación formal dentro del catecismo de la Iglesia católica.
Estas dimensiones del bautismo, en las modalidades referidas, nos aproximan a un universo de relaciones, sentidos y modos de relacionase con el mundo de los vivos, la muerte y los muertos, y en el caso convocante, los relacionamientos con el zoántropo. De esta forma, el niño -vivo o muerto- será salvo de convertirse en víctima del lobizón solamente habiendo recibido el bautismo en cualquiera de sus formas.
Estos niños, hurtados de las cunas por las noches, o las tumbas profanadas en los cementerios hablan de una particularidad diferencial sobre los gustos del lobizón: refieren a los gustos por lo impuro, lo condenatorio y lo indeseable, valores que ubican al lobizón en el umbral de la bestialidad, de lo monstruoso y lo inhumano (comparable con los gustos de las brujas en lo que refiere a la ingesta de niño). Cabe mencionar que esta perspectiva recaba en el trabajo etnográfico no incluye el componente de las transformaciones humano-animal vigente en el mundo indígena; aspecto no siempre impuro o condenatorio. Entre los interlocutores su figura resulta demoníaca y aterradora, al punto de haber sido retratado junto a almas en pena, curanderas y animales impuros en la obra pictórica “Salamanca” de Octavio Gómez, óleo del siglo XIX que alude a parte del imaginario folklórico de la zona de interés.
En ‘La Salamanca’ Octavio Gómez combina el imaginario colonial europeo de la Salamanca -devenido en una suerte autenticidad americana- con el panteón de personajes, prácticas y creencias de la región nordeste. Cabe señalar, como expone Granada (1897), que se creyó en la existencia de escuelas de artes mágicas en Salamanca, Córdoba, Toledo, atribuyéndole a los Moros su intromisión en la Península. De este modo, agrega, que la cueva de Salamanca era la más popular y reconocida como centro de la magia goética o magia negra […]. Incluye la figura de la curandera como actualización y/o equivalente a las brujas […]; la acompañan las almas en pena encadenadas, el Lobizón y el Pombero. Tutelados por la figura del diablo y monstruos alados. Se interpreta, en la obra referida, un mestizaje entre la tradición árabe-española y su implantación en tierras americanas; una cueva habitada por demonios, sus proles y servidores.40
La presencia del lobizón junto a las brujas y curanderas en la Salamanca (se presupone que este autor retrata la Salamanca ubicándola en el Nordeste Argentino) nos vincula de forma directa a uno de los datos notables que ha revelado el trabajo de campo.
El lobizón no incluye dentro de sus prácticas alimenticias a los séptimos hijos; solamente se alimentará de niños que no cumplan esta condición, estén vivos o muertos. En tal sentido, el zoántropo puede detectar con claridad cuál es la cuna o tumba de un séptimo hijo varón, o bien, una séptima hija mujer. Aquí se hace notar una de las distinciones de género que pudimos registrar en el trabajo de campo: el lobizón no hará esta distinción de género ante niños que no cumplan con la condición del número fasto. Por el contrario, se alejará de aquellos de su misma condición maléfica (sean lobizones o brujas).
Resulta oportuno pensar que esta práctica alimenticia selectiva denota una suerte de valor/código ético del zoántropo, quien no se alimentará de aquellos seres impuros con los cuales comparte la estancia en los espacios salamanqueros. También, en la narrativa popular se registran ocasiones de relaciones amorosas entre brujas y lobizones. Tal es el caso de “Soledad Cruz Curandera y lancera negra artiguista quien, según la leyenda, tenía amores con un lobizón que la protegía”,41 o en “La ballata Dell’ amor cieco del Lupo e della Strega - Storie d’estate”.42
De esta forma, atendiendo al trabajo de campo realizado, podemos dar cuenta de que hay dos condiciones que impedirían que el lobizón se alimentara de los niños: a) que el niño/a esté bautizado/a, o b) que el niño/a sea séptimo/a hijo/a de una línea consecutiva de hermanos/as. Otro de los puntos relevantes en las fuentes consultadas es el gusto particular por la carroña humana que presenta el zoántropo. Si bien se hace referencia a que el lobizón se alimenta de carroña, no se hallan descripciones exhaustivas sobre esta particularidad.
Dentro de la narrativa folklórica de la zona bajo estudio éste es el único personaje que posee este gusto alimenticio y la habilidad de identificar en los cementerios la tumba de niños/as. Algunos interlocutores comentan que esta habilidad se debe a que el lobizón, estando en forma humana, recorre los pueblos cercanos en búsqueda de velorios de niños; luego se suma a los cortejos funerarios -como si fuera un vecino del poblado-, y de esta forma puede ver dónde sepultan el cuerpo del infante. Aquí podemos dar cuenta de un estado de conciencia y de reconocimiento de la condición de lobizón de parte del maldito. El zoántropo sabe que se convertirá en determinado día y bajo condiciones específicas, recordará lo visto estando en forma humana, pero luego olvidará lo hecho estando en forma animal.
En la zona bajo estudio, se aconseja que las mujeres consideradas de mala vida no participen de los velorios de los niños, ya que pueden extraer partes del cuerpo velado (dedo meñique, uñas, cabello) para los actos de brujería. Del mismo modo se aconseja que los hombres que poseen las características físicas o antecedentes de zoántropo (delgado, dedos y uñas largas, mal aliento, pálido) no estén cerca de estos espacios rituales para proteger la ubicación del sepulcro del niño difunto.
Atendiendo a los registros realizados podemos dar cuenta de que el lobizón resulta un personaje necrófago (o carroñero). Este necrófago está asociado al cambio de forma, a la transformación, a la impureza y a los espíritus malignos. Lo relevante del necrófago es su capacidad de adquirir diversas formas, cualidad atribuida a las brujas y brujos y referenciada en Granada43 respecto a las cualidades del brujo que adquiere forma de perro o lobo.
La carroña humana no será vista por el lobizón como algo inmundo, tampoco las heces de animales (especialmente aves de corral), sobre las cuales se revolcará para la transformación y de las que se alimentará en algunas ocasiones. Claramente son el néctar que le permite continuar deambulando en búsqueda de la liberación de su condición. Estas cualidades plantearían los límites de los humano-no humano y el surgimiento de una forma nueva, posible y viviente.
Las diversas formas de liberar, con o sin muerte, al lobizón
La liberación de esta condición puede darse con o sin muerte, ya sea con la utilización de una bala de plata trabajada por un curandero o por la intervención del padrinazgo. Ambrosetti44 expone que la forma de librar al maldito es herirlo con un balazo. El Lobisoma debe estar en forma de animal. Inmediatamente, luego de ser herido recobra la forma humana y se mostrará muy agradecido por haber sido librado, pero se recomienda la muerte del maldito ya que al haber sido descubierto buscará asesinar a su salvador. Acosta45 reafirma lo señalado en Ambrosetti46 acerca de que una de las formas de liberarlo es hiriéndolo con una bala de plata, garantizando su muerte para que éste no persiga a su contrincante. Asimismo, “el lobizón, según algunos conocedores, teme mucho al cuchillo, al fuego y a todo lo que pueda marcarlo, porque su instinto le advierte que cualquier marca puede hacerlo identificable cuando recupere su forma humana”.47
La madrina de bautismo cumple un rol preponderante. Por medio de su intervención puede librarse de la maldición al séptimo hijo varón. Para ello se referencian varias fórmulas. Entre las más difundidas podemos citar las siguientes: a) la madrina, usando una alpargata, debe golpear al ahijado estando en forma animal y recitar el padrenuestro (dicho de atrás hacia delante); b) estando en forma de animal, el maldito debe ser golpeado con una escoba de paja mientras la madrina menciona el nombre de su ahijado y reza el Credo. Estas fórmulas se combinan con otras de protección. Una de las más difundida entre los interlocutores es disponer debajo de la cama los zapatos dados vuelta (con la planta hacia arriba) en forma de cruz.
Sobre la relevancia de la Ley Nacional 20.843/1947 sobre Madrinazgo/Padrinazgo Presidencial y Decreto 848/1973 y el padrinazgo presidencial, expone Cruz:48
Esta ley surge a partir del mito del hombre lobo en la antigua Rusia de los zares, donde se creía que el séptimo hijo varón se convertía en lobizón, y la séptima hija mujer se convertía en bruja, y automáticamente eran abandonados por su familia. Para evitar este abandono de persona se otorgaba el padrinazgo imperial que brindaba protección mágica y un premio de reconocimiento a los niños, esto ya desde la época de Catalina ‘La Grande’. Este mito o ritual llega a la Argentina de la mano de unos inmigrantes rusos, Enrique Brost y Apolonia Holmann, quiénes le solicitan al presidente José Figueroa Alcorta que apadrinara a su séptimo hijo varón, de acuerdo con la costumbre de la Rusia zarista. Por lo tanto, oficialmente se reconoce a este como el primer padrinazgo presidencial en el año 1907. Pero según registro históricos de nuestro país, esta tradición ya se llevaba a cabo en la época de Dn. Juan Manuel de Rosas, éste considerado benefactor de los negros, sostén de su emancipación, quería reafirmarles su afecto, siendo padrino de los séptimos hijos varones, con el paso de los años esta tradición se volvió una ‘cosa’ de gauchos, y luego cayó en desuso. En el año 1947, durante la última presidencia del Cnel. Juan Domingo Perón, esta tradición es convertida en una ley nacional la 20.843 de Padrinazgo Presidencial, y luego de su muerte al quedar al frente del ejecutivo nacional su esposa, María Estela Martínez de Perón. La ley se llamaba Madrinazgo Presidencial.
Cabe resaltar lo relevante de esta ley en un contexto demográfico caracterizado por la inmigración europea, donde el contingente ruso, polaco y ucraniano ocupa un lugar preponderante, especialmente en las provincias de Misiones, Chaco (Argentina) y varias localidades del sur de Paraguay y Brasil. Asimismo, recordemos que el trabajo de Freud, retomado por Ginzburg,49 aborda el análisis de un sueño que un paciente ruso, perteneciente a una familia de la alta burguesía, tuvo durante su primera infancia.
La muerte del lobizón
Como hemos mencionado, el lobizón posee algunas cualidades de vampirismo, pero a diferencia de éstos, no cuenta con vida eterna y está sujeto a un ciclo vital, incluyendo la vejez y la muerte. La muerte puede ocasionársele con elementos “preparados” por especialistas, brujos o curanderos. La bala de plata, muy referenciada, no tendría efecto sobre el lobizón sin la bendición previa y el tratamiento especializado.
De la misma forma, algunos curanderos entrevistados mencionan que muchas veces el intento de matar al Lobizón fracasa ya que la plata no sería el metal más indicado, sino que debe usarse el mercurio, metal utilizado en variadas prácticas mágicoreligiosas para la protección contra los demonios y otras entidades del más allá. Otras de las formas de provocarle la muerte es decapitarlo estando en forma animal. Aun usando estos mecanismos, el fallecimiento del lobizón no suele ser sencillo. Los interlocutores comentan que el sufrimiento del maldito se agudiza en su agonía y las curanderas aconsejan buscar debajo de las axilas del hombre un lunar en forma de cruz. Al extirparse este lunar con una navaja de plata el séptimo hijo puede morir tranquilamente.
Habiéndole ocasionando la muerte o habiendo fallecido por otras causas (vejez o enfermedad) se toman recaudos para garantizar su muerte fehaciente. Estos recaudos vuelven a asociarlo a los vampiros: se menciona la decapitación del cuerpo, o bien, sepultarlo con una daga incrustada en el pecho. La inhumación debe hacerse durante la noche.
Durante el periodo de trabajo de campo hemos registrado un epitafio que permite controlar el “renacimiento” del lobizón manteniéndolo en el mundo de los muertos. Este sortilegio se encuentra grabado en la lápida de la tumba de un presunto hombre lobo en la localidad de Mercedes, Corrientes, Argentina, una de las únicas tubas de hombre lobo que hemos podido registrar. El epitafio versa del siguiente modo:
AGRONOMO. RAMON E. GOÑI RIBE. PER LATRARE CANES IMPAVIDUM AMBULA ET MORITUR MARTYRE IN POPULO TURBIDUS PER HOMINI LUPUS [transcripción sic].
La lápida describe que la víctima muere por el ataque de Honini Lupus. Haber sido atacado por un hombre lobo implica que opera la norma del vampirismo en la transmisión de la condición. Aunque Ramón E. Goñi Ribe haya muerto en consecuencia de este ataque debían tomarse algunos recaudos para evitar su renacer de entre los muertos en la figura del lobizón: “Sobre esta práctica, Galiana explicó que la advertencia en la tumba proviene de una antigua tradición. ‘Es una regla católica al condenado con la maldición se lo debía matar y clavarle un cuchillo o estaca de plata’”,50 y la lápida con el mensaje advierte a los transeúntes sobre la peligrosidad de esa sepultura.
Registramos en la localidad de Azara, Misiones, Argentina, otra de las situaciones que describen los recaudos ante la muere el zoántropo. De esta experiencia se dispone del testimonio de un interlocutor que narra el momento de la inhumación del cuerpo de un lobizón en el cementerio de la localidad.
Fuimos al cementerio de noche, porque hay que enterrarle de noche. Se le puso el cuchillo en el pecho, y se llevó un cura que haga la bendición de la tumba.51
Este tipo de inhumaciones se realizan en privado, solamente con la participación de los que garantizarían la efectividad del procedimiento: el sacerdote, el conocedor de los sortilegios para evitar el renacimiento del lobizón y el sepulturero, y suelen ser clandestinas.
Reflexiones finales
La complejidad de la problemática abordada impide cerrar el debate en un artículo breve. Estas reflexiones son la apertura a continuidades en el proceso de investigación. Pudimos corroborar que el lobizón resulta uno de los personajes más abominables y siniestros que se contempla en planos de la narrativa local.
La vigencia, continuidad y transmisión de las narrativas sobre este zoántropo adquieren sentido en relación directa a otros significantes donde se combinan: a) personajes: niños difuntos (angelitos), brujas, séptimos/as hijos/as, madrinas; b) días, lugares y condiciones astronómicas: cementerios, martes/viernes, corrales de animales, luna llena, día lluvioso, nocturnidad; c) prácticas vistas como impuras: maldiciones, necrofagia; d) condiciones de existencia: nomadismo permanente debido a tener que ocultarse, precariedad en el estilo de vida, acciones ermitañas, y e) cualidades fisiológicas: delgado, mal aspecto, pálido, mal aliento, continuo problemas digestivos, todo ello entrelazado en la oposición complementaria hombreanimal. Esta combinatoria de componentes permiten referenciar las particularidades distintivas de este personaje. Así, dada determinadas condiciones y combinaciones se reanuda la memoria mitológica “Un aullido agudo y largo rompe la noche por miedo las casas trancan sus puertas y se murmuran los rezos los rezagados se apuran”.52
Como referencian Bondar y Olmedo,53 este trabajo nos permite ahondar en el imaginario de los diablos criollos, la búsqueda de nuestros demonios:
Llegaron con Colón hacinados y sucios. Mordiéndose los codos en bodegas impregnadas por su propio olor: Satán, el Lobisón, el Duende, el Basilisco, la Abuela de las Brujas. Alguien dijo que los vio bajar hambrientos y correr, saltando islas, directo a poblar el continente. Sí, llegaron con Colón. Amontonados. Y siguieron llegando todos juntos: los hombres, los dioses y los diablos.54
Este proceso de indagación se ha centrado en tres referentes principales: el zoántropo, el niño sin bautismo y el niño difunto, pero al mismo tiempo, se han habilitado otras múltiples aristas significantes que nos permiten vislumbrar la complejidad de la temática en las dimisiones tiempo-espacio. Este proceso de continuidad de la memoria folklórica de prácticas, creencias y saberes de variadas procedencias dan cuenta de la vitalidad de las prácticas sociales y de la transición de la cultura, donde las “recetas” ancestrales de protección de las tumbas, de los modos de liberar al lobizón o de alejarlo continúan en el cotidiano de las comunidades recorridas.
En la figura del lobizón se combinan aspectos más generales como el vampirismo, la licantropía, la necrofagia, los días y números fastos y el zoomorfismo. Al mismo tiempo, se suman componentes regionales como la figura del perro, los corrales o gallineros, los niños difuntos o angelitos y los sortilegios de alejamiento o protección. Este proceso permite dar cuenta de parte de la complejidad de estos seres vivientes en la memoria de los interlocutores con los cuales trabajamos cotidianamente, dimensiones de las creencias que dan sentido a las acciones de la vida y condicionan determinadas decisiones y modos de operar diariamente: deambular o no en determinados días y horarios, bautizar o no a los niños, controlar quienes asisten a los velorios.
Resulta, de este modo, que el lobizón será un miembro más de la comunidad, no un personaje improbable, sino un sujeto próximo, un conocido, un vecino, un agente con nombre y apellido. Pensamos en lo que Lévi-Strauss55 ha trabajado bajo la idea de la eficacia simbólica. Lo relevante es considerar cómo los espíritus protectores, malignos, los monstruos sobrenaturales y los animales mágicos forman parte de un sistema coherente que se funda en la concepción del universo, del mundo de lo posible. Los interlocutores aceptan como real la existencia del lobizón. Lo incluyen en su esquema de relaciones cotidianas. No dudan de su existencia.
Otras de las situaciones que hemos registrado y que nos permite planear la continuidad del proceso de investigación es lo referido a la asociación entre el presunto lobizón, la pedofilia y el infanticidio. Los interlocutores mencionaban que un hombre adulto, que vive en soledad y con esas cualidades debe alejarse de los niños, ya que implica peligrosidad y actitudes morbosas.
Consecuentemente, opera sobre el séptimo hijo varón una doble condena: la de su vida diurna condicionada por los presupuestos de su licantropía y la de su vida nocturna ligada a la necrofagia y al hurto de niños de las cunas.










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