El interés por preguntar y responder sobre aquello que me inquieta, me ha llevado a realizar una carrera en la investigación social. Este ejercicio autoreflexivo me ha permitido ir entendiendo la propia “ecuación personal” y “mirada interior” que han guiado mi trayectoria académica, y que sin duda marca la forma en que observo los fenómenos sociales. Desarrollo este texto desde algunos puntos importantes como inflexiones que marcan mi paso por la investigación.
El molde de los anteojos
Me formé en una universidad en la que se concebía la investigación con un componente antropológico. Eso marcó una manera particular de entender la comunicación, debido a la articulación de un programa de Licenciatura en Comunicación Social desde la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).
Retomo lo anterior, porque considero moldeó los “anteojos” que me acompañan de una forma particular como investigadora. Fui consciente de ello al conocer a otras y otros colegas de comunicación que no compartían esa misma mirada.
Entiendo esa mirada antropológica como una sensibilidad por los fenómenos sociales, que indudablemente me llevó hacia la perspectiva metodológica cualitativa desde un primer momento. Es claro que, más allá de ese componente, de manera personal siempre me ha interesado hacer preguntas de lo que me inquieta de mi alrededor, por lo tanto, tenía que sacar provecho de esas habilidades para dedicarme a la vida académica. Es esa mirada antropológica la que me remite a mis raíces de formación profesional, y que también justifica cómo entiendo la investigación en educación.
Mi paso por la licenciatura me llevó a conocer un Cuerpo Académico que hacía investigación desde los estudios de juventudes, comunidades mayas, estudios culturales, entre otras líneas que no siempre están en el imaginario de quien estudia tal licenciatura.
Elección de los armazones de investigación
Al seguir una carrera en la academia, otro punto importante que marca mi ecuación personal es la línea de investigación a la que me adherí. Fue así que mis primeros intereses temáticos estuvieron ligados a los estudios culturales, la cultura de fans, el uso de las tecnologías y los estudios de juventudes. Empecé leyendo a investigadoras e investigadores que, años más tarde, conocería en la Universidad de Guadalajara.
La inquietud por continuar en el oficio investigativo me llevó a transitar de Mérida hacia otra ciudad para estudiar la Maestría en Comunicación en la Universidad de Guadalajara. Fue en ese programa que continué dando forma a mis anteojos, que ya tenían lentes, pero les faltaba un armazón que sostuviera la forma de mirar los fenómenos sociales y me permitiera construir preguntas desde el campo de la comunicación.
Desarrollé las habilidades necesarias para realizar una investigación, aprendí a construir objetos de estudio, a formular preguntas e intentar responderlas, me enfrenté a la tarea de justificar cada decisión teórico-metodológica durante los coloquios, ante investigadoras e investigadores con amplia experiencia para formar y dirigir.
Admito que a veces ese interés subjetivo y personal me llevaba a querer decantarme por una serie de decisiones que, no es que fueran erróneas, sino que como investigadora inocente creía que con enunciarlas era suficiente. Cada cuestionamiento lo tomé como un reto que me llevó a otras áreas y a trabajar en la justificación de la creatividad metodológica para integrar un trabajo de tesis muy cercano a la etnografía, pero que no terminaba de serlo porque mi raíz antropológica me decía que no era suficiente.
Mi afán por analizar a profundidad la información obtenida de entrevistas, talleres, e incluso dibujos, para comprender la incorporación de las tecnologías mediáticas en el proceso de enseñanza-aprendizaje en dos escuelas secundarias de Mérida, me llevó a recorrer caminos de la investigación educativa.
Después de estudiar el proceso de enseñanza-aprendizaje en escuelas secundarias y su vínculo con las tecnologías, no tenía idea de qué proponer para una nueva investigación. Estaba muy satisfecha por lo logrado con una tesis que no fue fácil, pero que disfruté mucho hacer. Había terminado feliz y cansada del proceso, además, todo en medio de una pandemia.
Yo sabía que lo que seguiría era el doctorado en educación, eso era muy evidente por mis intereses intelectuales. No ponía en duda el programa, había conocido profesoras y profesores que pertenecían a la línea de comunicación y educación. Mi tesis de maestría retomaba modelos teóricos de tesis del mismo doctorado. Parecía que mi trayectoria estaba ya muy trazada en la misma línea del doctorado, había asistido a coloquios y compartía trabajo con colegas que habían estudiado en este programa.
El principal reto que me implicaba era proponer una investigación que me apasionara por cuatro años y me llevara a terminar ese camino iniciado en mi formación como investigadora para afinar esos anteojos de un oficio.
Propuesta de investigación de tesis, en busca de una consolidación
Este relato autoreflexivo, no sólo es un modo de conocer cómo llegué al doctorado sino que presenta las partes de mi ecuación que hoy me tienen realizando una investigación vinculada con las trayectorias de aprendizaje de activista adolescentes feministas. De lo anterior, puedo ir desenvolviendo los puntos siguientes para entender mis razones personales frente a cada decisión. Los presento de forma esquemática (por fines prácticos de relación) aunque puedo exponer de manera amplia cada parte. Cabe aclarar que aquí sólo pongo la parte personal subjetiva que me llevó a cada decisión y que existe una justificación desde los marcos epistemológicos, teóricos y metodológicos, aunque no se presenta.
| Decisión | Razón personal/ subjetiva |
|---|---|
| Hacer una etnografía Multisituada |
Desde que comencé mi formación me interesaba hacer una etnografía. Esa misma mirada también me decía que la realizaría hasta que tuviera más tiempo, y considero que, aunque hay un cronograma a seguir, el doctorado me lo permite. |
| Trabajar con adolescentes | El trabajo que desarrollé en escuelas
secundarias durante la maestría me llevó a entender que
concebimos a las y los adolescentes desde una mirada adulta del
deber ser, o como rebeldes y temperamentales. Mi investigación
me ayudó a entablar un diálogo con ellas y ellos para ver que,
más allá de esas preconcepciones, lo que falta es un diálogo
intergeneracional, y que el uso de tecnologías mediáticas puede
permitir consensos y no sólo prohibiciones. Desde las visiones de las y los docentes, eran pocos los que integraban en su discurso una manera de acercarse para no tacharlos de malos estudiantes que “sólo se la pasan en el celular”. De ahí, empecé a entender que son pocas las investigaciones centradas en las adolescencias más allá de su rol de estudiantes, esto es, desde la agencia, donde van formando sus trayectorias. Descubrí que el campo implica retos muy particulares que no había encontrado al estudiar con jóvenes o adultos. Me parece que elegir adolescentes como sujetos de estudio me ayuda también a encontrar una línea de investigación menos explorada y desde la cual puedo aportar. |
| Educación, tecnologías y activismo | Trazo esta investigación como una forma de dar continuidad a un interés de largo tiempo que está presente en mis trabajos de tesis anteriores: primero estudié la relación entre uso de tecnologías y cultura de fans, y después la relación entre tecnologías y el proceso de enseñanza-aprendizaje. Dentro de mi formación académica, y como reto personal, me falta seguir indagando en cómo las tecnologías se vinculan con esos aprendizajes, a veces tan poco valorados que han sido llamados informales, en donde la comunicación como proceso necesita seguir buscando un espacio de diálogo con otras disciplinas, entre ellas, el campo de la educación. De ahí que una pieza que falta en mi trayectoria es estudiar esa relación entre tecnologías y activismo, desde la cual percibo un proceso de aprendizaje. Mi acercamiento con el feminismo también me permitió ver que la cuarta ola la conformamos hijas y nietas de feministas, que detrás de nosotras vienen otras generaciones de las que conocemos poco su forma de aprender del movimiento feminista; lo cual refleja un reencuentro generacional que es necesario comprender. |
Hacer esta reflexión, de cómo me miro y construyo una investigación, es importante para dar cuenta a otras y otros que se acercan a la academia; que somos y nos formamos por nuestras experiencias, las cuales forman parte de un lugar propio de enunciación y desde el cual en este momento me posiciono. Seguir trazando mi propia trayectoria me permitirá continuar aportando a la comunicación-educación.










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