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Norteamérica

On-line version ISSN 2448-7228Print version ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.18 n.2 Ciudad de México Jul./Dec. 2023  Epub Dec 02, 2024

https://doi.org/10.22201/cisan.24487228e.2023.2.633 

Dossier

El tema de México en la primera campaña presidencial de Trump

The Issue of Mexico in Trump’s First Presidential Campaign

Miguel Ángel Valverde Loya* 

* Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México; <mavalverdeloya@gmail.com>.


Resumen

El artículo hace un seguimiento de temas relacionados con México durante la primera precampaña y la campaña de Donald J. Trump para la presidencia de Estados Unidos, mostrando las situaciones en que se presentaron y cómo se plantearon, así como su lugar en la estrategia electoral y de comunicación del candidato. Expone dichos elementos en el contexto del funcionamiento del andamiaje institucional-electoral estadounidense, la conformación de agendas y el manejo de asuntos internos estrechamente vinculados con política exterior. Contribuye a comprender las reglas formales e informales de la elección presidencial, así como las posturas de Trump en distintos ámbitos de la relación bilateral.

Palabras clave: campaña presidencial; Estados Unidos; Donald J. Trump; México

Abstract

This article follows the issues related to Mexico during Donald J. Trump’s first pre-campaign and campaign for the U.S. presidency, showing the situations where they arose and how they were posed, as well as their place in the candidate’s electoral and communications strategy. The author presents these elements in the context of the functioning of the U.S. institutional-electoral framework, the development of agendas, and the handling of domestic matters closely linked to foreign policy. The article contributes to an understanding of the formal and informal rules in a presidential election, as well as Trump’s positions in different spheres of bilateral relations.

Key words: presidential campaign; United States; Donald J. Trump; Mexico

Introducción

El objetivo de este artículo es analizar el proceso electoral estadounidense, a través de observar el desarrollo de la primera precampaña y campaña de Donald J. Trump para la presidencia de Estados Unidos, así como las referencias hechas ahí a México como uno de sus temas centrales en el contexto del movimiento conservador de derecha es tadounidense, el cual ha logrado constituirse en un factor central de su vida pública.

Desde la perspectiva teórica conservadora, la polarización de la división cultural entre valores liberales y conservadores en la sociedad se ha trasladado al apoyo electoral a líderes y partidos políticos.

Este trabajo es relevante porque muestra el funcionamiento del andamiaje institucional-electoral estadounidense siguiendo detenidamente los sucesos de la campaña de un candidato y mostrando las situaciones que enfrentó, su estrategia de comunicación, las divisiones que ocasionó al interior del partido político que finalmente lo apoyó, su respuesta a las acciones de sus rivales y a situaciones inesperadas o fortuitas. Contribuye a dilucidar y comprender las normas formales e informales del sistema electoral de Estados Unidos, así como sus etapas, componentes, sesgos e implicaciones.

Por otro lado, el mensaje central del movimiento conservador de derecha estadounidense es dar prioridad a la seguridad colectiva de la población frente a sujetos como inmigrantes o terroristas, de acuerdo con valores “tradicionales” o “nuestros”, a diferencia de “otros”, incluso estando dispuesto a sacrificar derechos y libertades individuales. Así, los líderes del movimiento explotan y canalizan la ansiedad y el miedo de sectores de la sociedad contra enemigos externos e internos (Bryk, 2021: 206-219). Trump utilizó un lenguaje nacionalista y con tintes xenófobos, y este llamado tuvo eco entre grupos de ciudadanos que confiaban en los fundamentos de la democracia, pero se encontraban desilusionados con el sistema político, así como entre comunidades afectadas y desconcertadas por los profundos cambios en la estructura económica, laboral, demográfica y social en Estados Unidos.

Cabe señalar que el estudio utiliza una diversidad de fuentes periódicas y académicas, algunas de las cuales fueron abiertamente críticas del candidato presidencial republicano y, a su vez, fueron severamente cuestionadas por él. Se espera que las reflexiones del estudio contribuyan a un mejor entendimiento de la dinámica electoral y puedan ser referentes para estudios comparados de procesos, instituciones, normas electorales y tanto de la conformación de agendas como del manejo de temas internos estrechamente vinculados a política exterior.

La elección presidencial de 2016

En noviembre de 2016, se llevaron a cabo elecciones presidenciales en Estados Unidos. De manera sorpresiva y contra la mayoría de los pronósticos, el magnate inmobiliario neoyorkino Donald J. Trump, del Partido Republicano, resultó ganador. Sin experiencia previa en cargos públicos y a pesar de la oposición inicial a su candidatura por parte del liderazgo del partido, logró movilizar a sectores importantes de la base republicana y a un número considerable de votantes independientes, explotando sentimientos antiinmigrantes, antimexicanos y antiglobalización. Su principal apoyo provino de estadounidenses de clase trabajadora (blue-collar), quienes “resentían afectaciones a sus perspectivas económicas y el declive de su importancia cultural” (Jacobson, 2016: 233-240).

Trump logró imponerse a la demócrata Hillary Clinton, exprimera dama con una larga trayectoria en el servicio público, que incluía haber sido senadora por Nueva York y Secretaria de Estado con el presidente Barak Obama. La contienda se planteó como el enfrentamiento entre un outsider (alguien ajeno a la cúpula del poder en Washington), y una típica representante de la clase política estadounidense. Se pudo interpretar como la confrontación de una posición aislacionista y extremista, con una que procuró una coalición más amplia, con un tono más incluyente y mesurado. Al final, Clinton obtuvo la mayoría del voto popular, pero Trump fue el vencedor en el colegio electoral, y los republicanos conservaron la mayoría en ambas cámaras del congreso.

El empresario y sus aspiraciones políticas

Donald J. Trump heredó un considerable capital financiero derivado de bienes raíces que luego expandió nacional e internacionalmente. De personalidad extrovertida, aunque irascible, sus negocios, llamativo estilo de vida y relaciones con celebridades y figuras públicas atrajeron la atención de los medios de comunicación desde la década de los ochenta del siglo xx. Su papel como anfitrión de un exitoso programa de televisión y titular de los derechos del concurso de belleza Miss Universo contribuyeron a consolidarlo como un personaje mediático, conocido para gran parte del público estadounidense. Realizó contribuciones a causas políticas y estuvo registrado un tiempo como miembro del Partido Demócrata. Después llegó a explorar la posibilidad de contender como candidato independiente a la gubernatura de Nueva York, y por el Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos para los comicios de 2012. Así, Trump desarrolló consistentemente sus habilidades para el manejo de los medios de comunicación, tuvo numerosos acercamientos con grupos gobernantes y mostró inquietud por participar en política. Si bien sería un candidato sin experien cia de gobierno, había mostrado ya motivación y el dominio de una herramienta crítica para hacer campaña en la política moderna.

Trump se convirtió también en un asiduo usuario de las redes sociales, en par ticular de Twitter, cuyos comentarios eran seguidos y reenviados por millones de personas, y retomados y comentados por los medios de comunicación El empresario encontró un medio directo, instantáneo y sumamente económico para enviar sus men sajes a un amplio público, magnificado, además por la atención de los medios “tradicionales”. Conocedor del potencial de este y otros instrumentos en las redes, pro curó sacarles el mayor provecho posible para sus aspiraciones políticas.

En febrero de 2015, Trump criticó en un programa de televisión el hecho de que la película Birdman, dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu, hubiera obtenido varios premios Óscar, incluidos los de mejor película y mejor director. El cineasta dio un mensaje de aliento y motivación a los inmigrantes mexicanos, el cual fue alabado y comentado por organizaciones a favor de los migrantes. El magnate señaló molesto que había sido “una gran noche para México, como siempre”. Posteriormente publicó en Twitter que dicho país estaba “estafando a Estados Unidos más que cualquier otro”, y que la ceremonia de premiación cinematográfica se había convertido en una broma, “parecida a nuestro presidente [Barak Obama]”. Continuó indicando que México era “un mal lugar para invertir”, con un sistema legal corrupto. Pidió que el país dejara de “mandar criminales a nuestra frontera” y que se le pagara una demanda que había logrado ganar. Trump había anunciado en 2006 su participación en un proyecto para la construcción de un desarrollo inmobiliario en Baja California, con una inversión superior a los quinientos millones de dólares. Sin embargo, la crisis económica de 2008 y problemas de seguridad en la entidad fronteriza frenaron el proyecto, y se entablaron demandas legales en ambos países, tanto en contra del empresario neoyorkino como por parte de este. El tono antimexicano se convertiría más tarde en un componente frecuente de su campaña por la presidencia.

Trump había retomado recientemente sus aspiraciones políticas, y en marzo de 2015 anunció la formación de un comité que le ayudaría a explorar la posibilidad de postularse como candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano. En su comunicado señaló que el país había “perdido el respeto” del resto del mundo, que él era el único que podría devolverle su “carácter de gran nación”, y arremetió contra los políticos, quienes eran “puras palabras y nada de acción”. Procedió a armar equipos de trabajo en los estados en los que se celebrarían las primeras elecciones primarias (Iowa, Nueva Hampshire y Carolina del Sur) e inició la recaudación de fondos. El empresario, entonces de sesenta y nueve años, se incorporó a la cada vez más larga lista de aspirantes republicanos, que en ese momento incluía a Jeb Bush, exgobernador de Florida, Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, Scott Walker, gobernador de Wisconsin, Marco Rubio, senador de Florida, Ted Cruz, senador de Texas, y Lindsey Graham, senador de Carolina del Sur.

El magnate inmobiliario se ufanaba de su gran fortuna, que entonces estimaba en más de diez mil millones de dólares, la cual según el magnate le permitiría financiar gran parte de su propia campaña, y no tener que aceptar contribuciones de grandes donadores que pudieran restarle independencia o generar compromisos políticos, aunque sí recibiría pequeñas aportaciones individuales. Más adelante cambiaría su postura y anunció que estaría dispuesto a aceptar grandes sumas si los donadores “no esperaban nada a cambio”.1 Su éxito en los negocios y su fortuna personal reforzaban su imagen de outsider (personaje ajeno a las cúpulas tradicionales del poder) que sería muy atractiva para sus partidarios republicanos, independientes con inclinación republicana y otros grupos de votantes.

El precandidato republicano

En junio de 2015, Trump lanzó formalmente su candidatura a la presidencia. En su discurso de postulación acusó a México de inundar a Estados Unidos con inmigrantes ilegales y de enviar a gente, “con un montón de problemas”, que traían drogas y eran “criminales y violadores”, aunque también señaló que suponía que algunos de los migrantes mexicanos eran “buenas personas”. Dijo también que mandaría construir un muro en la frontera entre ambos países y obligaría a México a pagar por él. Sus declaraciones se interpretaron como ofensivas para los inmigrantes hispanos en general y mexicanos en particular, al hacer generalizaciones que los calificaba como delincuentes. Criticó también el avance económico de países como China y Japón, acusó a México de aprovecharse de su relación comercial con Estados Unidos, y advirtió sobre la amenaza que representa para su país el terrorismo islámico. Aseguró que se requería de un liderazgo fuerte que solamente él sería capaz de proporcionar, y reafirmó la que sería la frase de su campaña, “hacer de nuevo grande a Estados Unidos” (Make America Great Again).

Al mes siguiente de anunciar su candidatura, Trump elaboró sobre su plan mi gratorio en su página electrónica, y propuso deportar a poco más de once millones de inmigrantes indocumentados para luego permitir el regreso de los “buenos o con talento”. Sugirió que el muro con México, cuyo costo se estimaba entre ocho mil millones y doce mil millones de dólares, podría ser financiado con la retención de las remesas que se envían a dicho país y el aumento del costo de las visas. Propuso también restringir los permisos para contratar extranjeros, aplicar en todo el país un sistema de verificación para el empleo (para detectar a trabajadores indocumentados), revocar las órdenes ejecutivas del presidente Obama que protegían de la deportación a los hijos de inmigrantes indocumentados que llegaron en su niñez o que nacieron en el país (Pew Research Center, 2015), triplicar el número de agentes de aduana y migración, y terminar con el derecho de ciudadanía por nacimiento.

Las reacciones a sus posturas

Considerado al inicio como un fuerte contendiente republicano moderado, Jeb Bush (casado con una mexicoamericana) elaboraría después críticas a la política migratoria de Trump. Desde la frontera con México y hablando en español, la llamó poco realista y demasiado costosa, que podría violar derechos civiles y causaría fricciones diplomáticas con México. El exgobernador de Florida señaló que cerca del 40 por ciento de los migrantes sin papeles habían entrado con visa en regla, pero perma necieron después de que ésta expirara, y que la gran mayoría que ingresaba por la fron tera mexicana provenía de Centroamérica (O’Keefe, 2015).

La precandidata demócrata puntera, Hillary Clinton, se dijo “muy decepcio nada” por los comentarios de Trump y la indiferencia de otros candidatos y el liderazgo republicano, y se comprometió a llevar a cabo una reforma migratoria que incluyera un camino para la obtención de la ciudadanía por parte de los inmigrantes indocumentados.

Compañías como las cadenas de televisión NBC y Univisión, así como la cadena de tiendas Macy’s, cancelaron proyectos y negocios con el empresario neoyorkino. México, Panamá y Costa Rica anunciaron que no participarían en el concurso Miss Universo cuyos derechos poseía el magnate. Trump afirmaría poco después que sus declaraciones fueron distorsionadas por los medios y que en realidad se refería a que el gobierno mexicano forzaba a su gente “menos querida” a irse a Estados Unidos, entre los que se encontraban criminales, violadores y traficantes de droga. Ejemplificó con el reciente asesinato de una mujer en San Francisco a manos de un migrante mexicano con historial criminal que había sido deportado cinco veces. Con ello insinuó una tendencia, pero no proporcionó evidencia al respecto. Aseguró que sentía un “gran respeto” por México, pero que el problema eran sus líderes, a los que llamó más astutos y mejores negociadores que sus contrapartes estadounidenses. Poco des pués acusaría a Univisión de estar al servicio del gobierno mexicano e interpuso una demanda en su contra por rompimiento de contrato. La productora de contenidos de televisión Ora TV, propiedad del multimillonario mexicano Carlos Slim, canceló el proyecto de un programa de televisión con una compañía de Trump, refiriendo sus declaraciones sobre los migrantes mexicanos. La retórica en contra de la inmigración indocumentada se convertiría en uno de los temas centrales de su campaña.

Durante el mes de junio de 2015, al día siguiente día de anunciar que buscaría la presidencia de Estados Unidos y hacer sus declaraciones sobre los inmigrantes me xicanos, Trump amenazó a la compañía de automóviles Ford con aplicarle un impuesto punitivo si continuaba con sus planes de mover una nueva planta automotriz a México, e invertir 2 500 000 000 de dólares para crear 3800 empleos, anunciados en abril de ese año. Declaró que, de llegar a la presidencia, los vehículos y las autopartes hechas en la planta mexicana pagarían un impuesto de 35 por ciento al ser exportados a Estados Unidos.

Trump reiteró sus amenazas a cualquier compañía estadounidense que se llevara su producción a México o a algún otro país, lo cual lo distanciaba de la postura republicana tradicional de libre comercio y lo acercaba a una visión más proteccionista, próxima a la de los demócratas de izquierda que argumentaban la necesidad de mantener los empleos en suelo estadounidense y abogar más que por “comercio libre” (free trade) por un “comercio justo” (fair trade). Trump se quejaba de que el comercio internacional era inequitativo para Estados Unidos, en particular el que se realizaba con China, a cuyo gobierno acusaba de manipular su moneda para favorecer sus exportaciones, lo mismo que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá, al que calificó como “un desastre” para Estados Unidos, y aseguró que, de ganar la presidencia, el acuerdo sería renegociado, y en caso de ser necesario, su país podría retirarse unilateralmente. A la par, cuestionó el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que incluía a diecisiete países y se encontraba pendiente de aprobación en la Cámara de Representantes.

Su postura fue ampliamente criticada tanto dentro como fuera del Partido Repu blicano y calificada como un atentado contra el desarrollo económico y el crecimiento de las empresas manufactureras, en el caso particular de la industria automotriz en Norteamérica, dada la alta integración de las cadenas productivas entre los tres países. Se argumentaba que la pérdida de empleos se relacionaba más con los cambios en los procesos productivos y la automatización, así como por la disminución de precios de bienes que beneficiaban a los consumidores estadounidenses.

Sin embargo, el comercio internacional y la globalización de la producción han te nido efectos diferenciados en términos geográficos y demográficos, y algunos sectores de la población estadounidense, por ejemplo, los que se ocupan en la industria manufacturera y viven en regiones industriales tradicionales (buena parte ubicadas en el llamado Medio Oeste, identificado como rust belt (“cinturón del óxido”, en referencia a maquinaria oxidándose) se han visto afectados negativamente por estos cambios (Porter, 2016).

El mensaje de Trump sobre la pérdida de empleos lo mostraba como un candidato sensato y valiente, atento a sus preocupaciones y necesidades.

La contienda por la nominación republicana

En agosto de 2015, a poco más de un año de que se llevara a cabo la convención del partido para nominar a su candidato, había un total de diecisiete precandidatos republicanos. Contra las predicciones, Trump se colocaba a la cabeza, y sus controversiales propuestas sobre migración, comercio y seguridad parecían incrementar su popularidad. Sus posturas empezaron a definir la carrera presidencial republicana, pues la receptividad del electorado conservador forzó a varios candidatos a endurecer su postura. Echó mano de un mensaje que apelaba a las emociones de las personas y utilizaba un lenguaje sencillo, irreverente y directo, sin sentirse restringido por las formas de “corrección política”.

Su visión era particularmente atractiva para el sector de hombres de raza blanca de clase trabajadora, sin educación superior, cuyos empleos se veían amenazados por la globalización y el comercio internacional, que miraban con recelo a los migrantes y para quienes cada vez se veía más lejano el “sueño americano”. Había retomado la noción del expresidente Richard Nixon de dar voz a la “mayoría silenciosa”, inconforme y molesta con su situación. Su imagen de outsider o ajeno a la clase política tradicional, con frecuencia identificada como cínica y oportunista, era bien vista por los sectores de la población que querían un cambio en el país (Swissinfo.ch, 2015).

Durante el primer debate de los precandidatos republicanos, a principios de agosto, en el que participaron los diez aspirantes con mejor posicionamiento en las encuestas, Trump recibió duras críticas por su inexperiencia política y temperamento voluble e irascible. Sin embargo, se mantuvo firme en sus argumentos contra la migración y en seguridad fronteriza e, incluso, probablemente influyó para que precandidatos como Ted Cruz y Jeb Bush fijaran también una postura “dura” en esos temas. El debate fue también un gran evento mediático, visto por veinticinco millones de personas, lo que lo convirtió en el programa de televisión no deportivo más visto en la historia de Estados Unidos en la televisión por cable. El magnate neoyorkino salió fortalecido y confirmó su lugar como puntero en la contienda republicana.

Trump se había negado a comprometerse a apoyar a quien resultara nominado como candidato republicano si no era él mismo, conservando la opción de presentar se como independiente o por un tercer partido. Sin embargo, la legislación de varios estados requería que aceptara dicho compromiso para poder aparecer en las boletas de las primarias, y tuvo que hacerlo para poder continuar en la contienda republicana.

Trump tendría a lo largo de su campaña una difícil y tortuosa relación con los medios de comunicación. Constantemente se quejó de lo que él percibía como una cobertura incompleta y sesgada. En lo que se convertía en una actitud recurrente durante su campaña, al inicio y previamente a las primarias de Iowa, negó credenciales para cubrir un acto de campaña a los reporteros de un diario local, molesto por sus críticas. En agosto de 2015, en una rueda de prensa en el mismo estado, Trump corrió al periodista mexicoamericano Jorge Ramos, luego de que éste lo cuestionara sobre su política migratoria. Ramos declaró que, ante la negativa de conceder una entrevista, trató de tomar la palabra, pero se le indicó que no era su turno y fue obligado a salir de la sala por un guardia de seguridad. Se le permitió regresar después de unos minutos y hacer sus preguntas, pero sin obtener respuestas específicas por parte del magnate (Ramos, 2015). Trump causó también polémica por su confrontación con una periodista de la cadena de televisión Fox, Megyn Kelly, quien le recriminó su actitud sexista y ofensiva ante las mujeres.

El magnate vertió comentarios misóginos vía Twitter contra Kelly, lo que le valió una condena generalizada. El periódico The New York Times lo acusó de “envenenar” el debate migratorio y hacer de los migrantes chivos expiatorios con su “racismo apenas encubierto” (New York Times, 2015), y más adelante durante la campaña general, Trump trataría de descalificar al diario acusándolo de seguir instrucciones del empresario mexicano Carlos Slim, accionista de éste.

El magnate neoyorkino vetó a un grupo de periodistas, que incluía a reporteros de Univisión, para cubrir un evento de su campaña en Miami. Poco después se burlaría públicamente de un periodista discapacitado. Además, elaboró una “lista negra”, a la cual entraban y salían medios según le pareciera la cobertura que recibía de éstos. En ese grupo llegó a estar el diario The Washington Post. Pese a la tensa relación y el riesgo de magnificar su mensaje e imagen, Trump era una continua fuente de noticias, por lo que dejar de cubrir sus actividades representaba un costo demasiado alto para los medios de comunicación.

En el segundo debate republicano, celebrado en septiembre de 2015, los cues tio namientos a Trump por parte de los otros precandidatos fueron mucho más agre si vos. Se le exigieron explicaciones y disculpas, y en varias ocasiones se le vio a la defensi va. Poco después, anunció su retiro de la contienda Scott Walker, gobernador de Wisconsin, quien hizo un llamado para que otros hicieran lo mismo y contribuyeran para que se pudiera derrotar a Trump. En un discurso a mediados del mes, el empresario hizo de los ataques a México el tema principal en Nueva Hampshire, el estado en donde se celebrarían las segundas elecciones primarias en febrero de 2016. Criticó el déficit comercial de Estados Unidos con ese país (53 000 000 000 de dólares en 2014), lo que en su opinión era suficiente razón para que los mexicanos pagaran por la cons trucción de un muro fronterizo. Responsabilizó al tlcan de la pérdida de empleos en la región y en todo el país, aseguró que los cárteles de la droga usan la frontera para introducir narcóticos y llevar dinero hacia México, y que la inmigración indocumentada representaba una carga fiscal de 200 000 000 000 de dólares anuales.

Las elecciones primarias

En enero de 2016, justo antes del inicio de las elecciones primarias,2 Trump continuaba encabezando las preferencias entre los votantes republicanos con un 41 por ciento de las preferencias, seguido por el senador Ted Cruz con 19 por ciento (Raju, 2016), pero el liderazgo del partido continuaba dividido. El magnate sumó el respaldo de la exgobernadora de Alaska Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia en 2008 y figura importante del Tea Party, el ala más conservadora del Partido Republicano. Trump decidió no asistir al último debate de los candidatos republicanos antes de la primear elección primaria en Iowa como protesta porque la cadena de televisión Fox News se negó a cambiar a la periodista Megyn Kelly, con quien había tenido enfrentamientos, como conductora del evento. Sin el empresario neoyorkino en el escenario, los precandidatos Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush se posicionaron como los más viables para hacerle frente, y vertieron críticas severas sobre el puntero ausente. Aunque tanto Cruz como Rubio asumieron una posición dura en migración, y favorecieron la idea de la construcción del muro fronterizo con México.

Camino al llamando “Súper Martes”, el primero de marzo, cuando se celebraban primarias en doce estados, Trump retomó el discurso duro hacia México, amenazando con una guerra comercial si dicho país no aceptaba pagar el muro fronterizo. Poco después un periodista le preguntó si estaría dispuesto a ir a la guerra si México se negaba a pagar, a lo que respondió que dicho país “no jugaría a la guerra con nosotros”. El senador por Florida Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, lo acusó de hipócrita al haber contratado a cientos de trabajadores extranjeros en uno de sus establecimientos y de fabricar ropa de su marca en los mismos países a quienes quería declarar guerra comercial. Pero las embestidas de sus oponentes no lograron frenarlo, y obtuvo la victoria en 7 de los 12 estados en donde se realizaron primarias, al igual que la candidata demócrata Hillary Clinton.

Las encuestas de salida mostraban que los votantes republicanos buscaban a un outsider o candidato ajeno a la clase política, y al menos una parte del liderazgo republicano, incluido el presidente del Comité Nacional Republicano, Reiner Priebus, empezó a asimilar la idea de la nominación de Trump como candidato de su parti do. Los precandidatos Ted Cruz, Marco Rubio y John Kasich se pronunciaron por apoyarlo si triunfaba en las elecciones primarias, sin embargo, figuras como Mitt Rommey, candidato presidencial republicano que perdió ante Obama en 2008, seguían con sus críticas al magnate y lo llamaban farsante, misógino y carente de temperamento para ocupar la Casa Blanca. En anteriores elecciones presidenciales recientes, cuando un candidato llevaba una ventaja similar a la de Trump después del “Súper Martes”, los rivales se retiraban y los donantes y estrategas republicanos se le unían para impulsar a su candidatura rumbo a la elección general en noviembre (Wayne, 2015: 164-166), pero ahora no era el caso. El mismo Rommey sugeriría la posibilidad de llevar a cabo una “convención abierta” del Partido Republicano en julio, si ninguno de los candidatos lograba el número necesario de delegados para la nominación, lo que hubiera permitido que cualquier miembro del partido pudiera convertirse en can didato (Tumulty y Del Real, 2016).

El discurso contra el TLCAN había contribuido a las victorias tanto de Trump como del precandidato demócrata Sanders en las primarias del estado de Michigan a principios de marzo. Sanders había llegado a estar 25 puntos porcentuales por debajo de Clinton, y aseguró que su oposición a los tratados comerciales le ayudaría a triunfar en Ohio y Wisconsin, otros de los estados del “cinturón del óxido” del Medio Oeste. Durante un debate republicano en marzo, Trump lanzaría amenazas contra la compañía Carrier, que había anunciado el traslado de una fábrica de equipo de calefacción del estado de Indiana hacia México. Los precandidatos republicanos que continuaban en la contienda, Cruz, Rubio y Kasich, criticaban también los acuerdos comerciales, aunque los últimos dos moderaban sus posturas, señalando asimismo sus beneficios. Sin embargo, tras su victoria en Michigan, Trump se perfilaba como el único precandidato con posibilidades de llegar a reunir los delegados necesarios para la nominación. Afirmó que solamente si se cometía fraude se podría impedir su vic toria, y amenazó con convocar a una desobediencia civil generalizada si eso ocurría.

Ante el avance de Trump, el gobierno mexicano cambió de embajador en Washing ton y de titular en varios consulados importantes, lo que se explicó como un cambio de estrategia para asumir una posición más firme frente a sus expresiones y amenazas. Las presiones sobre la moneda mexicana se incrementaron, y la volatilidad del tipo de cambio se convertiría en un termómetro ante la incertidumbre de los inversionistas por la elección presidencial estadounidense. El empresario neoyorkino con tinuaba generando polémica.

En una entrevista para The New York Times, declaró que sus prioridades en caso de llegar a la presidencia serían iniciar medidas para la construcción del muro fronterizo, revocar las órdenes ejecutivas migratorias del presidente Obama y dar pasos para anular el programa de salud conocido como Obamacare (Affordable Care Act, Ley de Cuidado de Salud Accesible), vetar la entrada de musulmanes de ciertos países, dar los pasos para anular el programa realizar una audi toría a la Reserva Federal, y convocar a los altos ejecutivos de compañías para advertirles de no trasladar sus em pleos al exterior (Healy, 2016). El mismo diario entrevistó a cincuenta mujeres que habían tenido relación con el magnate, y concluyó que su trato hacia ellas había sido degradante e inapropiado. En un programa de televisión apoyó la salida del Reino Unido de la Unión Europea, acusando a esta última de ser en parte responsable de la crisis migratoria en el continente.

Rumbo a las convenciones

A finales de mayo, Trump amarró la nominación cuando un grupo de delegados declaró que lo apoyaría durante la convención republicana, aun antes de la celebración de primarias en California y otros cuatro estados a principios de junio, lo que eliminaba la posibilidad de que se pudiera considerar un candidato alterno. Con la nominación asegurada, el magnate neoyorkino reforzó su retórica contra los inmigrantes. Afirmó que un juez federal tenía conflicto de interés al resolver sobre una demanda en su contra relacionada con la Universidad Trump, debido a su origen mexicano. Poco después aseguraría que la comunidad musulmana estadounidense había encubierto a los autores de los atentados en San Bernardino y Orlando, justificó negar la entrada a Estados Unidos a cualquier persona que proviniera de países con historial terrorista, e incluso habló de utilizar el “etiquetado racial” para ubicar a posibles terroristas. Prometió de nuevo que el TTP no sería aprobado, y que estaba dispuesto a retirarse del TLCAN si no se renegociaba. Arremetió contra Clinton, a quien llamó men tirosa y corrupta, cuyas decisiones como secretaria de Estado con Obama estuvieron influenciadas por las donaciones que recibía la Fundación Clinton.

En lo que se percibió como un intento de acercamiento con la comunidad hispana para mejorar su imagen, Trump pareció sugerir que había suavizado su posición en el tema migratorio, al hablar de políticas flexibles y humanas. Sin embargo, recibió duras críticas de partidarios como Sara Palin, y pronto volvió a su postura de dureza. El empresario neoyorkino había manifestado durante su campaña estar de acuerdo con el acercamiento del presidente Obama a Cuba, sin embargo, en una visita a Florida y ante la políticamente poderosa comunidad cubano-estadounidense, declaró que revertiría la apertura a menos que se establecieran libertades políticas y religiosas en el país caribeño.

La visita a México

A finales de julio de 2016, el presidente de México Enrique Peña Nieto visitó en Was hing ton al presidente Obama, en lo que parecía ser una exploración del ambiente político al calor de la contienda presidencial estadounidense. En declaraciones a los medios, Peña Nieto señaló que su país no pagaría por el muro propuesto por el empresario neoyorkino. A finales de agosto, se sabría que el gobierno mexicano había extendido invitaciones tanto a Clinton como a Trump para visitar México y conversar sobre la relación entre los dos países. Mientras el equipo de la exsenadora valoraba la propuesta, el magnate aceptó inmediatamente, sabiendo que el mismo día que se efectuaría la reunión, él daría un discurso por la tarde en Arizona sobre migra ción. Cuando se difundió la noticia de la aceptación del republicano, la directora de comunicaciones de Clinton trató de restarle importancia, y la misma candidata de mó crata declaró que una visita de unas cuantas horas no compensaría un año de ofensas por parte del empresario neoyorkino. Tras una reunión privada entre Peña Nieto y Trump en la residencia oficial de Los Pinos, hubo una conferencia de prensa en la que el magnate señaló que se había hablado del muro, pero no del quién pagaría por su construcción. Peña Nieto mencionó que era respetuoso del proceso electoral estadounidense, pero que era su deber defender a los mexicanos fuera y dentro del país (Peña Nieto, 2016).

El mismo día de su visita al presidente mexicano, en su discurso por la tarde en Arizona, Trump reiteraría su línea dura en migración, con la expulsión inmediata de inmigrantes indocumentados, el fortalecimiento de las aduanas, la contratación de más agentes fronterizos, y la construcción del muro, que aseguró tendría que pagar México, aun cuando todavía “no lo sabía”. Según el diario The Wall Street Journal, Trump agregó esto último molesto por un mensaje en Tuiter de Peña Nieto en el que señalaba que su país no pagaría por el muro, revelando una parte de su conversación privada (Langley, 2016). Peña Nieto declararía que la invitación al magnate había sido para sensibilizarlo sobre la importancia de los migrantes mexicanos y moderar sus posturas. Pero el presidente mexicano fue duramente cuestionado y criticado por su decisión, como muestra de debilidad e incongruencia, y favoreciendo al candidato republicano en las encuestas. Un editorial de The New York Times recriminó a Peña Nieto haber humillado a su propio país y dar a Trump tratamiento de Jefe de Esta do (New York Times, 2016a). El empresario neoyorkino calificaría su viaje a México como un “éxito tremendo”, incluso aludiendo a los reportes en la prensa estadounidense. Clinton lo llamaría “un desafortunado incidente diplomático”, y rechazaría de nuevo otra invitación para acudir a suelo mexicano. Más tarde, Trump se acreditaría con haber ocasionado la renuncia del Secretario de Hacienda de México, Luis Videgaray, cercano colaborador de Peña Nieto, que había orquestado la visita al margen de otros miembros del gobierno, y quien asumió la responsabilidad por las críticas al presidente.

El desarrollo de las campañas

En el primer debate presidencial entre Trump y Clinton celebrado el 26 de septiembre, el empresario acusó a México de robar empleos estadounidenses y señaló al expresidente Bill Clinton, esposo de la candidata demócrata, como responsable al haber firmado el TLCAN. La exsenadora acusó al empresario neoyorkino de ser machista, racista y falto de juicio y temperamento para ocupar la presidencia, lo que visiblemente irritó al republicano. Le exigió a Trump que hiciera públicas sus declaraciones de impuestos, a lo que éste respondió que lo haría cuando ella entregara los miles de correos electrónicos borrados de su servidor. Las encuestas posteriores indicaron que la exsecretaria de Estado había sido la ganadora del encuentro, pero también que, aunque conservaba la ventaja de los votos en el colegio electoral, Trump estaba muy cerca en los estados de Wisconsin, Pennsylvania y Michigan, ubicados en el Medio-Oeste y parte del “cinturón del óxido”, que habían sido ganados por los demócratas en las seis elecciones presidenciales previas (Rubin, 2016). El segundo debate se llevó a cabo el 9 de octubre, en el que Trump indicó que de llegar a la Casa Blanca nombraría a un fiscal especial para investigar a Clinton por posible responsabilidad criminal por el uso de correo electrónico personal mientras encabezó la diplomacia estadounidense. Aunque a la exsecretaria de Estado se le vio de nuevo como ganadora del debate, se consideró que su triunfo no fue contundente.

El tercer y último debate presidencial el 19 de octubre se centró en el tema de la migración, que había estado ausente en los encuentros previos. Trump insistió en la construcción de un muro para detener “drogas y criminales”, y a sacar primero a la “gente mala”, y tras tener una frontera segura, entonces se vería sobre la migración. Clinton llamó a la deportación masiva de inmigrantes incompatible con los valores estadounidenses. Ambos intercambiaron acusaciones sobre las denuncias de acoso sexual, y de favorecer la salida de empleos del país, el magnate al utilizar insumos extranjeros en sus negocios y la demócrata con su apoyo al TLCAN. Pero la declaración que marcó el debate y causó más polémica fue cuando a pregunta expresa del moderador, Trump se rehusó a comprometerse a aceptar el resultado de las elecciones, independientemente de quien ganara. Acusó a los medios de comunicación de estar manipulando a los votantes, por lo que esperaría y lo decidiría “en su momento”. Indicó también que había millones de personas registradas para votar que no deberían estarlo, insinuando la posibilidad de un fraude. El empresario neoyorkino fue duramente criticado por demócratas y republicanos y acusado de cuestionar la legitimidad de la democracia estadounidense. Poco después su jefa de campaña acla raría que lo que el magnate había querido decir es que reconocería los resultados sola mente una vez que estuvieran “certificados y confirmados”, y que procuró alertar a los ciudadanos por si se presentaban irregularidades durante las elecciones (New York Times, 2016b).

A tan sólo poco más de una semana de que se realizaran las elecciones, el director del FBI anunció al Congreso que se reabriría la investigación contra Clinton, tras la localización de nuevos correos electrónicos en la cuenta del excongresista Anthony Weiner, acusado de enviar mensajes electrónicos con contenido sexual a varias mu jeres, y quien había estado casado con Huma Abedin, cercana colaboradora de la candidata demócrata, y quien había renunciado tras el escándalo. Trump celebró la noticia y se dijo esperanzado de que “se hiciera justicia” y se acusara formalmente a Clinton. Dos días antes de las elecciones el FBI declaró que de nuevo no había encontrado elementos para presentar cargos contra la exsecretaria de Estado, pero el daño a su campaña ya estaba hecho.

En un promedio de encuestas elaborado por Real Clear Politics la ventaja de la exsecretaria de Estado se redujo a solamente 3.2 puntos porcentuales, con 46.8 por ciento de las preferencias frente al 43.6 del republicano (Real Clear Politics, 2016). Según la página electrónica Five Thirty Eigth, la cantidad de votos en el Colegio Electoral que tenía probabilidades de ganar llegó a doscientos veinticinco (Silver, 2016). En el último tramo de la campaña, el empresario neoyorkino concentró sus esfuerzos en los estados de Michigan y Wisconsin, bastiones demócratas del cinturón del óxido, y el mismo día de la votación visitaría Florida, Pennsylvania, Michigan, Carolina del Norte y Nueva Hampshire. Clinton, quien llevaba una ligera ventaja en la vo tación anticipada, estaría en Pennsylvania acompañado del presidente Obama y la Primera Dama Michelle Obama, para cerrar en Carolina del Norte.

El inesperado desenlace

Incluso el mismo día de la elección, muchas encuestas continuaban previendo el triunfo de Clinton. Conforme la información empezó a fluir y se confirmó que Trump había ganado en Florida, Pennsylvania y Ohio, y que las tendencias lo favorecían en Michigan, Wisconsin, Arizona y Nueva Hampshire, se perfiló su victoria. Clinton obtendría 65 844,954 sufragios en la votación popular general (el 48.2 por ciento del total), y Trump 62 979 879 (el 46.1 por ciento), una diferencia de casi 2.9 millones de votos (un margen del 2.1 por ciento) a favor de exsenadora. Pero el republicano lograría 306 votos en el Colegio Electoral, frente a 232 de la candidata demócrata, y con ello la presidencia de Estados Unidos.3 Clinton reconoció su derrota y pidió a sus partidarios dar a Trump “una oportunidad”. Los mercados financieros sufrieron turbulencias, con una fuerte caída del dólar y un peso mexicano llegando a cotizarse en mínimos históricos. Pero un discurso conciliador y moderado del magnate neoyorkino, así como la expectativa de reducción de cargas fiscales, tranquilizaron a los inversionistas.

La composición del voto para Trump fue de por 53 por ciento hombres y 42 por ciento mujeres. El 58 por ciento eran blancos o caucásicos, 29 por ciento hispanos, y 8 por ciento afroamericanos, con predominio en las zonas rurales y pequeñas ciudades. Por rangos de edad, de los mayores de 65 años el 53 por ciento, de 45 a 64 años un 53 por ciento, entre 30 y 44 años 42 por ciento, y de los 18 a 29 años el 37 por ciento. El grupo demográfico más importante que contribuyó a su triunfo fueron los hombres blancos de clase trabajadora, sin educación superior (Cannon, 2016; Flowers, 2016), cuya participación socavó el apoyo de las minorías a Clinton (Enten, 2016).4 Una parte considerable de dicho grupo se encontraba en los estados del “cinturón del óxido”, el tradicional corazón industrial de Estados Unidos, en donde el mensaje contra el libre comercio y el TLCAN había resonado con fuerza. Una mínima diferencia (poco más de cien mil votos) en los comicios de los estados de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, daría a Trump los votos electorales necesarios para obtener el triunfo.

La victoria de Trump generó protestas multitudinarias en varias ciudades estadounidenses, y la candidata del Partido Verde, Jill Stein, denunció la existencia de “anomalías estadísticas” y ataques cibernéticos a urnas electrónicas precisamente en Wisconsin, Pennsylvania y Michigan, y solicitó un recuento en los tres estados. Las posibilidades de cambiar el resultado con dicho recuento eran escasas, pero aun así fueron apoyadas por Clinton. Cuando las peticiones fueron desechadas varios días después por cortes federales, los inconformes hicieron un último intento al tratar de convencer a un grupo de electores republicanos en el Colegio Electoral para cambiar su voto, pero no lo lograron. El conteo final en el Colegio Electoral fue de 304 votos para el candidato republicano y 227 para el demócrata, tras la rebelión de dos electores republicanos y cinco demócratas que votaron por otros candidatos. El triunfo de Trump fue ratificado, y se convertiría en el presidente número 45 en la historia de Estados Unidos.

Conclusiones

La elección presidencial estadounidense de 2016 ha sido interpretada como el resultado de la combinación de diversos factores y circunstancias específicas. El estilo de liderazgo de Donald J. Trump, extrovertido, impredecible e irascible contrastó con la imagen de serenidad (incluso frialdad) y profesionalismo de Hillary Clinton, lo que le permitió ser protagonista del escenario y llamar poderosamente la atención de los electores. Las acusaciones de conflicto de interés y descuido en el manejo de información oficial confidencial en contra de Clinton por el manejo de su fundación y su cuenta personal de correo electrónico, con el seguimiento del FBI, tuvieron un importante efecto sobre el prestigio y credibilidad de la candidata demócrata. Ha sido también señalada la intervención de hackers (saboteadores cibernéticos) rusos en las redes sociales a favor de Trump.

Por otro lado, se ha señalado que el “hombre blanco enojado” (angry white man) encontró la manera de canalizar su frustración ante la percibida amenaza a sus valores y estilo de vida, representada por los inmigrantes y el multiculturalismo, dando fuerza al movimiento conservador de derecha manifestado como opción en la boleta electoral. La percepción a nivel individual sobre la migración fue una variable significativa para el votante del electorado blanco con menor nivel de educación, lo que se combinó con una efectiva estrategia de desmovilización de las minorías (esencialmente afroamericana y latina, en las que predomina el voto por los demócratas) por parte del equipo de campaña republicano (Ortega Ortiz y Pacheco Muñoz, 2021: 199-201). En términos económicos, se ha argumentado que los efectos de la globalización y el crecimiento del déficit comercial con países como China y México, que ocasionaron la pérdida de empleos industriales en regiones como el Medio Oeste, llevaron a que la población afectada se inclinara a votar por el republicano. Los modelos de predicción electoral basados en el desempeño de la economía (crecimien to del Producto Interno Bruto) y aprobación del presidente en turno pronosticaban un resultado sumamente cerrado, en donde cualquiera de los dos candidatos podría ganar mayoría en el voto popular o directo (Lewis-Beck y Tien, 2016: 661-663).

El diseño institucional del Colegio Electoral, el cual permite que pequeños márgenes de votos en algunos estados puedan tener suficiente impacto para alterar el resultado de una elección presidencial, fue determinante. Si bien se ha señalado una cierta “ventaja estructural” del Partido Demócrata en el Colegio Electoral (debido a tendencias en la composición demográfica y su voto partidista), ciertos factores que generan una movilización intensa en el corto plazo pueden definir elecciones nacionales (Abramowitz, 2014: 291-291).

Asimismo, los cambios estructurales en la economía, como resultado de la globalización, han ocasionado cambios sociales profundos, con mayor diversidad social, étnica y cultural. Esto ha alterado los valores y la seguridad de las generaciones formadas en la segunda mitad del siglo xx en países desarrollados ocasionando una reacción de sectores de la clase trabajadora sin educación superior y socialmente con servadores, quienes son más vulnerables ante las crisis económicas y la inseguridad laboral, y quienes ha visto disminuida su preeminencia, por lo que han aumentado el apoyo electoral a partidos con plataformas nacionalistas y antiinmigrantes.

La tesis del movimiento conservador de derecha estadounidense postula que los temores generados por los flujos migratorios se convirtieron en capital electoral, más allá de la posible xenofobia o racismo existentes, debido a la actitud de rechazo que se vincula directamente con la amenaza percibida a los valores y el estilo de vida “nativo”. El Partido Republicano respondió a la presión de su ala más extremista, y el mensaje de Trump resultó atractivo incluso para grupos de apoyo tradicional a los demócratas, como la clase trabajadora en la región del Medio Oeste. En el contexto de estos cambios y temores, es comprensible (aunque no justificable) que la inmigración mexicana se haya convertido en tema central de la campaña presidencial de Trump, ya que tocó fibras sensibles y maltrechas del tejido social. Las demandas de proteger a la industria y la economía estadounidenses de la “competencia desleal” y los déficits comerciales con el exterior, particularmente con China y México, fueron una respuesta a las angustias que generó un nuevo escenario económico a diversos sectores de la población estadounidense, a los cuales el candidato republicano logró movilizar y amparar con su mensaje político.

Fuentes

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1Según la legislación electoral estadounidense, el límite para las donaciones individuales a campañas políticas es de 2700 dólares. Los grandes donadores suelen hacer sus contribuciones a través de lo que se denomina Comités de Acción Política (Political Action Comittees, PAC), para los cuales no hay límite y quienes los canalizan a los candidatos. El magnate se apoyó primero en una exitosa tienda en línea en su página electrónica, que vendía sudaderas de 50 dólares y gorras de 30 dólares con su lema de campaña, “hacer de nuevo grande a Estados Unidos” (Make America Great Again), y después se crearían varios PAC para apoyar su candidatura.

2El calendario de elecciones primarias inicia en febrero y termina en mayo del año de la elección presidencial, que se lleva a cabo en noviembre. Algunos estados celebran asambleas de votantes registrados en sus respectivos partidos (caucus), y otros llevan a cabo elecciones que pueden ser abiertas a todos los votantes, o cerradas a los registrados en su partido. El resultado determina los delegados que obtiene cada candidato, que en algunos estados se distribuyen proporcionalmente y en otros el ganador se lleva la totalidad de estos. Los republicanos requieren 1 237 delegados para obtener la nominación (de un total de 2 437), y los de mócratas 2 383 (de 4.75 en total). Las primeras elecciones primarias en Iowa y Nueva Hampshire se consideran “filtros” que suelen descartar a los candidatos más débiles (Kamarck, 2019: 55-86).

3Clinton se convertiría en el cuarto candidato presidencial en la historia de Estados Unidos en ganar el voto popular, pero perder en el Colegio Electoral. Los otros son Samuel Tilden (con Rutherford Hayes, en 1876), Grover Cleveland (frente a Benjamin Harrison, en 1888), y Al Gore (ante George W. Bush, en 2000). En 1824 Andrew Jackson ganó el voto popular y en el Colegio Electoral, pero la elección se decidió en la Cámara de Representantes y John Qunicy Adams obtuvo la presidencia.

4Trump obtuvo el 29 por ciento del voto hispano, frente al 65 por ciento que captó Clinton. Sin embargo, esto representó un incremento ante el 27 por ciento que tuvo Romney, el candidato republicano en 2012, y una caída para los demócratas, pues en dicha elección Obama recibió casi el 71 por ciento del sufragio hispano. Debido a que la mayoría de los hispanos vive en estados electoralmente ya definidos como California, Nueva York, Texas o Illinois, su participación no se considera crucial a nivel nacional, aunque sí pueden definir estados con considerable población hispana como Florida, Nevada y Nuevo México.

Recibido: 10 de Diciembre de 2022; Aprobado: 30 de Marzo de 2023

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