¡Libros sí (también rock), bayonetas no! Rebeldía política, contracultura y guerrilla, 1965-1975. Una mirada provinciana, de Salvador Camacho Sandoval, nos da una revisión a las décadas de 1960 y 1970 desde el estudio de los movimientos sociales y culturales, para presentarnos una época caracterizada por la rebeldía juvenil. Mucho hemos escuchado sobre 1968, “el año que hizo temblar al mundo”, como lo calificó el diario El País, a 30 años de los sucesos. Movimientos a nivel mundial se formaron y dieron esperanza a los jóvenes rebeldes, aunque en ocasiones también se convirtieron en tragedias, como fue el caso de nuestro país, donde tuvo lugar la matanza de Tlatelolco.
En México, el movimiento del 68 se ha centrado, por lo general, en la Ciudad de México; algunas veces, se piensa en él sólo como “el 2 de octubre”. Ante ello, diversos investigadores se han dado a la tarea de descentralizar tanto temporal como geográficamente al año de 1968, gracias a lo cual obtenemos estudios como el presentado en este libro, donde Camacho Sandoval propone que los movimientos de las décadas de 1960 y 1970, si bien tienen una ruptura en el 68, no se limitan ni a ese año, ni a la Ciudad de México.
Tomando como escenario a la ciudad de Aguascalientes, este libro presenta seis ensayos que nos muestran una “mirada provinciana”, como lo augura su título, sobre una época de rebeldía. Los textos, al mismo tiempo, desafían esa común creencia local de que en Aguascalientes no pasa nada en materia de disidencia social. En el primer capítulo, encontramos un estudio en torno a la huelga que sacudió al Instituto Autónomo de Ciencia y Tecnología de Aguascalientes (IACT), antecesor de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), en la primavera de 1966. Aquí, se cuestiona el uso de la autonomía durante esta huelga para avanzar fines políticos y acciones que, en este marco, eran contrarias a la autonomía misma. Asistimos, pues, a una gesta política entre dos actores locales, quienes se disputaban la influencia en el Instituto, cuando ya se comenzaba a vislumbrar la transición de éste a universidad. Si bien esta huelga sigue una marca gobernista, es claro el sentimiento estudiantil de una necesidad de ser escuchados y tomados en cuenta en el escenario político.
Tenemos, luego, un capítulo dedicado al rock como símbolo de rebeldía en Aguascalientes. Cómo, dónde y qué se escuchaba, la distribución de discos y revistas, todo ello abona a la historia de la contracultura en la ciudad y, por supuesto, al tema de la corporalidad: qué significaba “verse como roquero” y, en cierto modo, personificar la disidencia en el Aguascalientes de las décadas de 1960 y 1970.
Los capítulos tercero y cuarto nos hablan del acontecimiento ruptura en la estructura de este libro: el movimiento del 68. Debemos recordar que, por muchos años, los jóvenes aguascalentenses que deseaban estudiar en la universidad debían irse a otros estados de la República, y la mayoría se mudaba a la Ciudad de México, por lo cual varios de ellos eran estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) o de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se desarrolló el movimiento de 1968. Estos jóvenes regresaron a su terruño con crónicas distintas a las mencionadas en la prensa, y, de este modo, estos capítulos retoman la actividad política desarrollada en Aguascalientes a modo de solidaridad con el movimiento en la Ciudad de México.
El quinto capítulo es un acercamiento a la historia de las emociones, específicamente del miedo hacia los estudiantes, a quienes la prensa equiparaba con la amenaza comunista. Comenzamos a ver la dualidad del estereotipo que algunos medios de comunicación sostienen aún en la actualidad. Los buenos: aquellos que sí estudian, y los malos: los activistas, agentes externos que “se hacen pasar por estudiantes”, a quienes tachan de flojos, agitadores y comunistas. En este caso, se resaltan las editoriales y crónicas en el periódico El Sol del Centro de Aguascalientes, y se hace un análisis acorde con la metodología de la historia de los afectos. Por último, tenemos un capítulo dedicado a los años posteriores a la matanza de Tlatelolco. El autor se da a la tarea de seguir el rastro a quienes dicho suceso les dio a entender que el cambio social se conseguiría mediante la lucha armada. Nos sumergimos, pues, a la década de 1970, una época de guerrilla rural y urbana, y, en consecuencia, de represión en forma de guerra sucia, la cual aún hoy en día no termina de esclarecerse. En Aguascalientes existió una organización específica que se relacionó con el Partido de los Pobres, de Lucio Cabañas, y el autor retoma las actividades de esta célula, así como de sus integrantes. Por otra parte, también hace hincapié en el caso de Ignacio Arturo Salas Obregón, quien pasó de ser un joven de una familia de clase media aguascalentense a un líder guerrillero de la Liga Comunista 23 de Septiembre a nivel nacional.
Cabe resaltar que estos ensayos están precedidos por dos textos. El primero hace la función de una autobiografía, en la que conecta la vida del autor con el surgimiento de su interés por la historia de la educación y los movimientos sociales a lo largo de la misma. Del mismo modo, el segundo texto explora la época y los sucesos en los que se centra el libro, a manera de breve contextualización a nivel mundial y nacional de las décadas estudiadas.
Por su parte, la metodología del libro está conformada por una conjunción armoniosa entre la consulta documental y la historia oral, lo cual da como resultado un rico panorama sobre los movimientos sociales de la época en Aguascalientes. Por lo anterior, debe resaltarse la importancia de la obra para comprender el desarrollo de los movimientos sociales a nivel local, no sólo porque conjunta por primera vez estos acontecimientos como parte de una época y no como hechos aislados, sino también porque abre la puerta a nuevos debates frente a conceptos y cuestiones como la autonomía, la contracultura, la disidencia y la radicalización ideológica. De esta forma, también rebasa las fronteras del estado de Aguascalientes hacia un ámbito nacional, pues el autor enfatiza que el tema no está agotado y hace una invitación a continuar su estudio en las diversas zonas del país, para alejarnos poco a poco del centralismo en el que algunas investigaciones han caído. Finalmente, me gustaría resumir el contenido e importancia de este libro por medio de una frase: es una obra que “apela a la comprensión de una época convulsa, en la que los jóvenes fueron protagonistas de la historia” (p. 43).










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