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Signos filosóficos

Print version ISSN 1665-1324

Sig. Fil vol.26 n.51 Ciudad de México Jan./Jun. 2024  Epub Nov 03, 2025

https://doi.org/10.24275/sfilo.v26n51.06 

Reseñas

Carmen Silva (2021), De la filosofía natural a la psicología De la moral en el Ensayo sobre el entendimiento humano De John locke, México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México/Universidad Autónoma de Aguascalientes, 235 pp.

*Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, Departamento de Filosofía, México. smota@izt.uam.mx

Silva, Carmen. 2021. De la filosofía natural a la psicología De la moral en el Ensayo sobre el entendimiento humano De John Locke. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 235p.


Unas décadas antes, Descartes había cambiado definitivamente la manera escolástica de practicar la filosofía. No obstante, Locke decidió no quedarse atrás y en el Ensayo sobre el entendimiento humano1 propuso otra vía alternativa al escolasticismo y al aristotelismo rampante en el establishment académico británico del siglo XVII: con él empieza la escuela de pensamiento conocida como empirismo británico. Pero ¿qué características esenciales tendrá el empirismo fundado por Locke y desarrollado más adelante por Berkeley y Hume? El reciente libro de Carmen Silva sobre el Ensayo2 pretende contribuir al debate sobre las bases del empirismo de Locke. De la filosofía natural en sus 6 capítulos presenta los presupuestos de la escuela británica de pensamiento: el capítulo 1 está dedicado a la influencia de la nueva filosofía natural sobre el pensamiento de Locke; en el segundo se discute su concepción sobre la percepción; a continuación (capítulo 3), se explica cómo Locke utiliza su teoría de las ideas para resolver el clásico problema de los universales; en el siguiente, Silva defiende que Locke se apoya en su teoría de las ideas para promover una novedosa concepción no teológica, no innatista y cuantitativa del infinito; en el quinto discute algunas interpretaciones de la noción lockeana de substancia; finalmente, en el último capítulo, se describe la alternativa de Locke al materialismo de Hobbes y al substancialismo mentalista cartesiano sobre la identidad de las personas. Veamos cómo se encadenan estos temas en De la filosofía natural.

Una tesis fundamental del comentario de la autora al Ensayo versa sobre la enorme influencia de la llamada filosofía natural en el pensamiento de Locke. En aquella época, lo conocido como filosofía natural eran las nuevas ciencias basadas en el método experimental de Galileo, en particular, la física, la química y la medicina en su esfuerzo para separarse de sus contrapartes griegas y medievales. Pero ¿dónde es más nítida la influencia de la filosofía natural de Boyle3 en el pensamiento de Locke? De acuerdo con De la filosofía natural, la principal aportación de las nuevas ciencias al empirismo de la Modernidad es metodológica, esto es: el método inductivo de confirmación y refutación de hipótesis a partir de la observación de instancias favorables, así como de la experiencia de casos desfavorables. En el caso en cuestión, se trata de una hipótesis psicológico-filosófica sobre la conformación del aparato cognitivo humano (el entendimiento humano, en la terminología de Locke), a saber: la tesis de nuestra facultad cognitiva como una máquina sintetizadora de sensaciones y percepciones según ciertos principios de asociación. ¿Es plausible afirmar que la tesis empirista sobre el entendimiento humano de Locke se sujeta al método galileano de confirmación y refutación?

No exactamente. Locke la propone como una mejor explicación del origen del conocimiento humano que la hipótesis innatista asociada al racionalismo cartesiano. Descartes utilizó el método escéptico para deshacerse de una serie de creencias supuestamente falsas recibidas de la tradición4 y reconstruir el edificio del conocimiento en nuevos fundamentos más sólidos de tal manera que los niveles superiores fuesen capaces de preservar su certeza inicial. Pero, estas certezas iniciales debían provenir de la razón. Locke rápidamente se dio cuenta de que este proyecto y esta metodología estaban destinados al fracaso. Si inferir deductivamente las verdades que conocemos a partir de verdades evidentes de la razón es inviable como manera de reedificar el conocimiento humano, mejor investigar cómo se forman nuestros conocimientos a partir de la experiencia externa e interna sin presuposiciones sobre la preexistencia de representaciones mentales -por ejemplo, sobre las ideas de alma y de Dios- y sobre la aprioridad de las verdades de razón asociadas con ellas -el yo pienso y Dios existe, respectivamente-. La nueva metodología preconizada por Locke -denominada método histórico- también requiere hipótesis sobre el funcionamiento del aparato cognitivo humano, pero éstas deben ser menos especulativas en tanto consideran las observaciones de nuestra facultad de reflexión: la capacidad del pensamiento de observarse a sí mismo,5 la interpretada por Locke como un tipo especial de sensibilidad al pensamiento, el sentido interno. Le parece más plausible al autor del Ensayo suponer que el aparato cognitivo es una tabula rasa en su estado inicial y mostrar que todos los conceptos -todas las ideas- que es capaz de formarse (inclusive las ideas de substancia, infinito y Dios) se originan de manera inductiva, a partir de la experiencia y de la observación, mezclándose por medio de principios innatos de asociación de ideas.6 La metodología histórica del Ensayo tendría la ventaja, sobre el método cartesiano, de investigar los alcances y los límites del conocimiento humano, para descubrir, por ejemplo, qué objetos rebasan las capacidades de nuestro aparato cognitivo.7

Si bien el método histórico no coincide estrictamente con el experimental galileano, tampoco se identifica con el utilizado en las Meditaciones. Galileo usó la experimentación, por ejemplo, para refutar la hipótesis de Aristóteles sobre la caída de los cuerpos y reemplazarla por una hipótesis mejor confirmada por los experimentos. Locke usa una hipótesis opuesta a la tesis innatista, asociada al racionalismo cartesiano, para probar que todo el conocimiento tiene su origen en la experiencia en tanto sus constituyentes más básicos -ideas- provienen del sentido interno y de los externos. Esta metodología toma una dirección contraria a la que propone Descartes, pues mientras éste busca sintetizar el conocimiento a partir de sus premisas más fundamentales, Locke se esfuerza por analizarlo en sus componentes menos complejos -las ideas simples- para mostrar que son contenidos inmediatos de nuestra percepción externa o interna.

La metodología histórica o genética sobre el conocimiento y el pensamiento exige de Locke tomar una postura novedosa respecto a la tradición, esto es: la tesis de que, así como las substancias materiales se pueden descomponer hasta sus átomos, las ideas también pueden separarse de complejas en simples. Las últimas serían los átomos de percepción, aquellos contenidos mentales que nuestros sentidos captan de manera inmediata: en relación con nuestro modo de percibir el mundo, las ideas hay que analizarlas en términos de sus constituyentes simples: los elementos más básicos del conocimiento. La teoría lockeana del origen de las ideas es, según Silva, una evidencia de la influencia de la filosofía natural sobre el enfoque filosófico del Ensayo: su atomismo psicológico sería un reflejo al nivel del pensamiento de la nueva concepción científica atomista de la composición de la materia defendida por Boyle y Gassendi.8

La autora tiene razón al sostener que la metodología histórica aplicada al aparato cognitivo humano y la teoría atomista de los contenidos del pensamiento -la ya mencionada teoría de las ideas- fueron los elementos fundamentales de la nueva filosofía empirista propuesta por Locke. En los siguientes capítulos del libro se sirve de la teoría lockeana de las ideas para explicitar su visión respecto de la concepción del Ensayo sobre la percepción, los universales, el infinito, la substancia y, finalmente, las personas. Empecemos.

La percepción es crucial para el proyecto empirista de Locke, porque determina lo que será tomado como contenido simple del pensamiento - ideas simples- y también lo considerado como complejo. Por ejemplo, la solidez de los cuerpos se percibe de manera inmediata, según nuestro autor, por el sentido del tacto; sus colores causan ideas simples en nosotros por la visión. Por otro lado, la idea de una pelota de nieve se compone, según el Ensayo, de varios simples perceptivos, a saber: las ideas de blancura, frialdad y redondez. De la filosofía natural afirma que la concepción de la percepción de Locke es causal y representacional. Esto significa que el contacto táctil de un cuerpo de forma esférica imprime en el aparato cognitivo la idea de esfericidad, que además representa la propiedad o cualidad de redondez de la esfera por semejanza. Sin embargo, tal semejanza entre objetos, propiedades, relaciones y sus respectivas ideas vale solamente para las propiedades primarias, aquellas que los objetos tienen en virtud de su propia constitución intrínseca como lo son la forma, la extensión y el movimiento. En contraste, las llamadas cualidades secundarias como colores, sonidos, olores y sabores no se asemejan a sus respectivas ideas, porque son propiedades disposicionales de los objetos externos, esto es: potencialidades para causar sensaciones y percepciones visuales, auditivas, olfativas y táctiles en nosotros. Si se asocia la distinción entre cualidades primarias y secundarias9 a las descripciones científica y fenomenológica cotidiana de los objetos mundanos, tal vez se pueda afirmar que apenas la representación mental científica del mundo logra figurar la realidad; en este sentido, la descripción cotidiana serviría únicamente como un sustituto provisional del conocimiento objetivo sobre la naturaleza en sí de los objetos mundanos.

El tercer capítulo discute la solución lockeana al problema de los universales. El autor del Ensayo no admite la existencia de universales en el mundo; tampoco cree que existen de manera meramente nominal y lingüística sin ningún referente en el mundo interno del pensamiento humano. Para Locke los términos que se aplican a varias cosas nombran ideas generales, las cuales formamos por abstracción a partir de nuestras ideas de cosas particulares. Sin embargo, para nuestro autor estos universales son de dos tipos: conceptos o ideas clasificadores de objetos según su tipo o especie como, los conceptos de substancia10 (ser humano, oro o tigre11) y conceptos de propiedades que no sir- ven para clasificar objetos de acuerdo con sus especies (por ejemplo, blanco, redondo o caliente), porque se aplican a objetos de especies muy diferentes entre sí (por ejemplo, blanco se aplica tanto a conejos como a pizarrones o a pelotas de nieve). La manera en cómo la autora utiliza la distinción lockeana entre esencia nominal y real se presta más a la discusión de la noción de substancia, presente en el Ensayo, que a la solución del problema del significado de los términos generales; pues no podemos decir que los términos generales no substanciales nombran esencias nominales, esto es: ideas generales abstractas asociadas a objetos naturales o artificiales de cierta especie.

El cuarto capítulo contiene una muy buena discusión de la idea lockeana de infinito, donde para poder oponerse a la concepción cartesiana de infinitud, Locke recurrió a la teoría de las ideas para mostrar cómo generarla a partir de la idea menos compleja de finitud. Sin embargo, me parece más interesante la discusión contenida en el capítulo 5, acerca de la noción de substancia del Ensayo. Locke es un crítico implacable de la noción aristotélica de substancia y esencia. Lo que más le molestaba en la metafísica de Aristóteles de la substancia era la especulación de que hay formas o esencias de los objetos naturales independientes de nuestros sistemas de clasificación: exactamente esto lo denominaba ‘esencia real’, para fijar la posición del autor de la Metafísica. En cambio, su noción de esencia nominal representó un esfuerzo por construir una concepción alternativa a las esencia real aristotélica que, a diferencia de ésta, dependiese de nuestros conceptos y al mismo tiempo fuese accesible al usuario competente del lenguaje cotidiano y no únicamente al experto en el lenguaje especializado de la nueva ciencia (la filosofía natural).12 Se podría interpretar, como desea la autora, la esencia nominal y real, desde la perspectiva de Locke, como cúmulos de propiedades de objetos asociados al lenguaje natural, por un lado, y de la ciencia, por el otro. Por ejemplo, podríamos identificar la esencia nominal del agua con la descripción mentalista asociada con la definición cotidiana “líquido inodoro insípido e incoloro que llena los ríos y mares, …” y su esencial real con la substancia que posee la estructura molecular H2O. De todas maneras, para Locke lo que normalmente comunicamos cuando empleamos términos de substancia en la vida cotidiana son las esencias nominales asociadas con estos términos, no las reales. Locke considera, además, que las propiedades estructurales últimas de la materia dependen de los conceptos utilizados para describirlas al interior de las teorías científicas.13 Me parece que Locke sí logra romper definitivamente con el esencialismo aristotélico.

La identidad personal es el tema del último capítulo. Aquí se puede observar más una vez el anti-esencialismo de Locke, y no apenas su vehemente oposición a la variante aristotélica, sino también y con más fuerza a la más reciente variedad cartesiana del esencialismo. Descartes pensó que cada sujeto tiene acceso introspectivo infalible a la esencia de su alma (mente) en la percibe de manera clara y distinta en sí mismo; además, percibe internamente y de manera inequívoca la instanciación de las propiedades constituyentes de esta esencia. No pasa lo mismo con su cuerpo: pese a que también percibe por medio de la introspección sobre el pensamiento la esencia corpórea, nunca puede saber con certeza si las percepciones de tal cuerpo de hecho corresponden con sus propiedades físicas. Locke discrepa del filósofo francés acerca de la asimetría entre los razonamientos por medio de los cuales se infiere la existencia del yo pensante y de su cuerpo, respectivamente. Según el autor del Ensayo, no es cierto que el conocimiento asociado con el primero (el famoso cogito) sea certero, mientras que el segundo -la inferencia a partir de las percepciones de propiedades del cuerpo- sea meramente probable. Desde el empirismo de Locke, ambos razonamientos producen conocimientos falibles. Él no ve asimetría entre los dos tipos de silogismos, dado que en los dos casos partimos de la percepción falible de propiedades o cualidades mentales o corpóreas de nosotros mismos a las cuales accedemos igualmente en la consciencia y que nos permiten, mediadas respectivamente por las esencias nominales de la mente y del cuerpo, inferir nuestra existencia como mentes y cuerpos particulares. La consciencia extendida en el tiempo de percepciones de propiedades mentales y corpóreas unifica dichas propiedades y permite inferir la existencia de su soporte o sustrato. La propuesta de Locke genera muchísimos problemas sobre la identidad de las personas; la tradición posterior intentará con mayor o menor éxito corregirlos. Sin embargo, es incuestionable su carácter innovador respecto de la que nos heredó Descartes. La hipótesis de Locke es más cercana a cómo identificamos nuestro pensamiento y nuestro cuerpo en la vida cotidiana: en tanto hablantes competentes, tenemos consciencia de las ideas asociadas con estos términos y también de las propiedades de nuestro pensamiento y nuestro cuerpo. Con esto tenemos suficiente para identificarnos como personas en primera persona. Como lo afirma Silva, este concepto de persona sirve a Locke para su filosofía moral y política, así como también a su filosofía de la religión.

El esfuerzo plasmado en De la filosofía natural por producir un comentario pionero en español sobre el monumental Ensayo de Locke es muy fructífero: en particular, por su novedosa descripción de la relación estrecha entre la filosofía empirista británica del siglo XVII y la joven filosofía natural, pero también entre este empirismo y las variedades del escepticismo griego antiguo revividas por los pensadores modernos tanto en el continente como en las islas británicas. Estudiarlo con atención será de gran utilidad para mejorar nuestra comprensión sobre la tradición empirista de los siglos XVII y XVIII. El mapa trazado por Carmen Silva para la discusión de los temas más relevantes del Ensayo permitirá a nuestros investigadores y estudiantes contextualizar de manera más rica el pensamiento de Locke en el seno de su herencia cultural, así como en la corriente de sus futuros herederos. Todos los interesados en la tradición empirista de la Modernidad definitivamente deben leerlo.

Referencias

John Locke (1956), Ensayo sobre el entendimiento humano, México, Fondo de cultura económica. Ésta es una de las traducciones al español de la edición inglesa de Peter Nidditch: (1975), An Essay Concerning Human Understanding, Oxford, Clarendon Press [ Links ]

1 John Locke (1956), Ensayo sobre el entendimiento humano, México, Fondo de cultura económica. Ésta es una de las traducciones al español de la edición inglesa de Peter Nidditch: (1975), An Essay Concerning Human Understanding, Oxford, Clarendon Press. En adelante, Ensayo.

2En adelante, De la filosofía natural.

3Robert Boyle (1627-1691) fue un distinguido científico experimental británico de su época; hizo contribuciones importantes para la física y la química, además, en 1663 fundó, junto con otros intelectuales de renombre, la famosa Royal Society.

4Me refiero al posible error de los sentidos, la hipótesis de que nuestra vida fuera un sueño y el escenario donde hubiese un genio maligno.

5La característica fundamental del pensamiento humano según Descartes.

6Uno de ellos es el famoso principio de abstracción, por medio del cual se formarían las ideas generales a partir de ideas de cosas particulares.

7Por ejemplo, para Locke, el conocimiento de Dios por medio del argumento ontológico de Anselmo rebasa nuestras capacidades cognitivas. Él sería, por lo tanto, un objeto que en cierto sentido o por ciertas vías no podemos conocer, es decir, por la vía de su esencia.

8Pierre Gassendi (1592-1655) fue un filósofo, científico y matemático francés contemporáneo de Descartes, ardiente defensor del atomismo material y tenaz opositor al innatismo cartesiano. Según De la filosofía natural, Gassendi influyó en el atomismo perceptual de Locke, quien en su teoría de las ideas concibió al pensamiento atomísticamente a través de sus elementos de contenido conceptual (las ideas) en analogía con la concepción atomista de los cuerpos muy popular en la época.

9Silva sostiene que Locke toma la distinción entre cualidades primarias y secundarias directamente de Boyle, en particular de su texto publicado en 1666, titulado The Origine of Formes and Qualities, According to the Corpuscular Philosophy en Oxford por H. Hall.

10Los también llamados conceptos sortales o conceptos de clase o especie natural.

11Utilizo aquí las cursivas para mencionar a conceptos o representaciones mentales, no términos o enunciados, para los cuales hubiese usado comillas.

12Locke explicita claramente esto en las secciones 9 y 25 del sexto capítulo del libro III del Ensayo.

13Creo que hay evidencia textual en las secciones a partir de la 25 del sexto capítulo del libro III del Ensayo para las dos lecturas de las esencias reales en Locke: la lectura conceptualista y la lectura realista.

Sílvio Mota Pinto: Profesor de tiempo completo en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, desde el 2002. Entre sus temas de interés están la filosofía del lenguaje, de la mente y la metafísica con énfasis en la historia de la filosofía moderna y la tradición analítica en los siglos XIX y XX. Algunas de sus publicaciones recientes son “Metafísica y sentido común: la dialéctica de la razón filosófica” (Logos. Anales del Seminario de Metafísica (2020) 53, 283-300), “Hume contra Aristóteles, Locke y Leibniz sobre la causalidad” (Tópicos. Revista de Filosofía (2020) 59, 367-396), “La intencionalidad y la paradoja sobre seguir una regla” (Elenkhos. Revista semestral de la Sociedad Filosófica del Uruguay (2019) II: 3, 33-61) y “Hume, Kant y Kierkegaard sobre el fundamento de la religión” (Signos Filosóficos (2017) XIX: 38, 34-61).

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