Publicado inicialmente en 1981 por Ediciones de Casa Chata, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México, el libro Poder, estratificación social y salud. Análisis de las condiciones sociales y económicas de la enfermedad en Yucatán, de Eduardo L. Menéndez, llevaba décadas agotado. Gracias a la reedición corregida y aumentada de la colección de Antropología Médica de Publicacions URV -sello editorial de la Universitat Rovira i Virgili-, se pone nuevamente a disposición de investigadores y estudiantes, tanto en papel como en formato digital abierto, un texto que se ha constituido en un clásico de la antropología médica internacional e iberoamericana. Ahora podemos reencontrarnos con una rigurosa y detallada investigación que aborda de manera diacrónica y relacional los procesos de salud/enfermedad/atención-prevención (s/e/a-p) en el estado mexicano de Yucatán y que fuera pionera en la introducción de los análisis basados en la obra de Antonio Gramsci y Ernesto de Martino en la antropología médica latinoamericana. A su vez, el libro incluye un prefacio elaborado especialmente para esta edición, en el que se actualizan debates y se incluye nueva información.
Si bien la obra de Eduardo Menéndez, profesor e investigador del CIESAS desde 1976, es muy vasta y ha influido en los campos de la antropología médica, la salud colectiva y la epidemiología, entre otros, el autor ha planteado que el estudio sobre Yucatán ha sido básico para su desarrollo como antropólogo: “ya que a partir [de él] corroboré que si algo caracteriza el trabajo antropológico es el descubrimiento de lo ‘obvio’, es decir de lo que todos saben, y que el antropólogo ‘descubre’ y trata de describir y explicar en términos de la dialéctica otros/nosotros” (Menéndez, 2015: 34).
Estructura del libro
El libro se estructura en siete secciones: prefacio, introducción, cuatro capítulos y conclusiones. En el prefacio se aportan datos novedosos y actualizados sobre Yucatán. Menéndez vuelve sobre las preguntas y objetivos que guiaron esta investigación y reflexiona sobre los aportes, alcances y limitaciones de su obra a casi cuatro décadas de su primera edición. Sintetiza las contribuciones teóricas y metodológicas del texto al campo de la antropología médica, que siguen vigentes en la actualidad, como la crítica a los usos teórico-ideológicos de la antropología culturalista y el aporte metodológico de la epidemiología sociocultural, y realiza una profunda revisión del uso que se hace de la dimensión ideológica en este trabajo.
En la introducción se mencionan los principales objetivos del estudio, el equipo de trabajo, la metodología desarrollada para llevarlo a cabo y los supuestos teóricos de partida de la investigación, que incluían, entre otros: a) reconocer la importancia estructural de los procesos de s/e/a-p para entender los procesos de reproducción biológica y social, así como para explicar procesos económico-políticos y culturales/ideológicos centrales a toda sociedad, y b) reconocer la importancia de la dimensión ideológica para la comprensión de los procesos de s/a/a-p. Además del conocimiento de dichos procesos en Yucatán, el estudio buscaba explícitamente discutir las corrientes teóricas desarrolladas hasta ese momento en Latinoamérica y México para estudiar estos procesos y contribuir al análisis del papel de la biomedicina, la medicina tradicional y la autoatención para explicar tanto la expansión de la primera como la permanencia estructural de la última.
Los capítulos I, II y III presentan una continuidad en su estructuración por periodos temporales y en la forma de argumentación. Asimismo, desde el primer capítulo se formulan preguntas que se irán abordando a lo largo de todo el libro, al presentar datos y contrastar diferentes hipótesis explicativas. Por ejemplo: ¿cómo es posible explicar el decrecimiento de la mortalidad a lo largo del periodo estudiado en una población caracterizada por bajos niveles de vida?; ¿qué papel cumplió la adhesión a la biomedicina en los procesos de hegemonía-subalternidad entre los distintos estratos sociales y en la transformación de los saberes médicos tradicionales?
El capítulo I está dedicado a abordar de forma exhaustiva la estructura social de Yucatán, considerando aspectos demográficos, económico-productivos, políticos e ideológicos desde finales del siglo XIX hasta 1978. Procesos como de la Guerra de Castas; los vaivenes en la producción henequenera y su relación con los mercados internacionales, así como su influencia en la producción local de maíz, y el desarrollo y las consecuencias de la Revolución mexicana, entre otros, se ponen en relación con los procesos de s/e/a-p. También se propone y define un modelo de estratificación social a partir del cual se analizará históricamente la dinámica de la estructura social y las relaciones entre las clases dominantes y subalternas en el estado.
En el capítulo II se presenta y analiza la incidencia de las enfermedades en el ámbito estatal, a partir de la mortalidad y la morbilidad en dos periodos, 1900-1969 y 1970-1977, y se la compara con los indicadores nacionales. Frente a la constatación de la disparidad de la información y los diferentes usos políticos e ideológicos que de ésta se ha hecho, el investigador opta por posicionarse y evidenciar esta situación. En vez de descartarla debido a sus falencias, hace un análisis riguroso de sus déficits y se apoya en la triangulación de distintas fuentes cuantitativas y cualitativas para contextualizar los datos que se presentan. Si bien se consideran y analizan numerosas enfermedades, el problema del hambre y la desnutrición es uno de los más enfatizados a lo largo del capítulo, y se reconoce su papel sinérgico respecto de otros padecimientos, tanto alopáticos como “tradicionales”.
Por último, en el capítulo III se describe y analiza el desarrollo de los recursos de atención a la salud y de prevención que han operado y operan en Yucatán -respecto de los mismos periodos considerados en el capítulo II-, referidos tanto a los distintos sectores e instituciones de la práctica biomédica estatal y privada, como a recursos de medicina “tradicional” y a la autoatención. Se evidencia una temprana presencia de la medicina biomédica en Yucatán en comparación con otros estados del país, aunque con periodos de discontinuidad de ciertos programas y servicios, y una fuerte concentración de los recursos biomédicos en Mérida. Esto se explica a partir de intereses económicos y políticos que priorizaron políticas de prevención y erradicación de enfermedades endémicas de la región henequenera y portuaria debido a su importancia económica, así como por la concentración de las clases sociales dominantes en la capital del estado. La adopción de los fármacos de patente por amplios sectores de la población, en los procesos de autoatención y automedicación, también se relaciona con la temprana expansión biomédica en el estado. Además, a pesar de que los antecedentes antropológicos habían destacado el papel de los curadores tradicionales, este estudio evidencia una disminución de estos últimos en el periodo analizado, con excepción de las parteras empíricas, quienes seguían atendiendo un alto porcentaje de partos aun a finales de la década de 1970, no sólo en poblaciones rurales sino también urbanas. Asimismo, se analiza cómo los programas oficiales de salud han recurrido a los curadores tradicionales y otros miembros de las comunidades para extender su cobertura mediante formas de participación vertical normalizadas, y se evidencia que dichos procesos han contribuido a la expansión del uso de fármacos biomédicos y a la generación de conflictos entre curadores biomédicos y curadores tradicionales.
El capítulo IV es el más extenso y su estructura varía respecto de los capítulos anteriores, al ordenarse a partir de distintos ejes temáticos que van orientando la discusión en torno a la denominada “medicina tradicional”. Para ello, se hace una exhaustiva discusión en torno a cómo distintas corrientes antropológicas -culturalistas, funcionalistas, estructuralistas y marxistas- abordaron este tipo de medicina, así como al campesinado en tanto sujeto principal de su uso en Latinoamérica. Menéndez plantea que el modelo antropológico tendió a exotizar y folclorizar este problema, al priorizar explicaciones ideológicas por encima de los procesos de transformación reales que se estaban dando en la estructura y las prácticas de atención, y al secundarizar los padecimientos por los cuales morían quienes utilizaban este tipo de medicina. Profundiza también en su propuesta para abordar los procesos de s/e/p-a, al considerar el problema del cambio y las relaciones de hegemonía, contrahegemonía y subalternidad entre sectores dominantes y subalternos. Para ello, retoma los aportes de Gramsci, Frantz Fanon y De Martino, e integrando en su análisis elementos que habían sido señalados en los capítulos anteriores, plantea que los sectores sociales subalternos, y en especial el campesinado, más que rechazar la expansión de la biomedicina, se apropia de ella de manera pragmática debido a su eficacia.
Finalmente, en el último capítulo se retoman las preguntas de investigación originales y se desarrollan las principales conclusiones respecto de ellas. De los distintos aspectos que se abordan, quiero destacar aquellas conclusiones relacionadas con por qué, a pesar de que las condiciones económicas del estado empeoraron en el periodo de estudio, las tasas de mortalidad descendieron. Esto se explica por la forma contradictoria y dialéctica en la que opera el proceso capitalista, el cual, a la vez que destruye condiciones positivas de salud, reorganiza otras condiciones potencialmente positivas. La otra conclusión que me interesa destacar, por su gran honestidad intelectual, es la que se refiere a que en las distintas situaciones de dominación las clases subalternas, principalmente los campesinos, más que resistir, han demostrado una capacidad de aceptación y “aguante”.
Comentarios finales
Este libro puede ser leído desde muchos ángulos y dar respuesta a diversos intereses. Aunque he intentado sintetizar algunos de sus principales aportes, la densidad de la información y las discusiones que plantea superan lo que puede decirse en una reseña. No obstante, para finalizar este comentario quiero sugerir cuatro dimensiones o niveles de lectura posibles.
En primer lugar, constituye un antecedente fundamental para quien quiera abordar algún problema de s/e/a-p en Yucatán, o en México en general, ya que contiene información exhaustiva y con un tratamiento riguroso de las fuentes estatales y nacionales a lo largo de casi un siglo. En segundo lugar, desde el punto de vista metodológico, es un ejemplo de manejo crítico de diversas fuentes y antecedentes, y de cómo, a partir de la articulación de varias dimensiones, es posible encontrar relaciones no establecidas previamente, así como cuestionar presupuestos respecto de los procesos de s/e/a-p. Por ejemplo, la temprana expansión y aceptación de la biomedicina y los fármacos de patente entre conjuntos sociales campesinos e indígenas se observan a partir del trabajo diacrónico con indicadores epidemiológicos, indicadores de la estructura de atención y la lectura atenta de estudios antropológicos, de los que se rescatan con maestría datos etnográficos que ni siquiera habían sido considerados en los análisis de quienes los reportaban; así como a partir de sus propios hallazgos etnográficos. Si bien Menéndez discute las explicaciones que otros autores dieron a ciertos problemas, no por ello desestima su trabajo ni deja de considerar los aportes que le ayudaban a problematizar e historizar el tema de su investigación. Esto nos lleva, en tercer lugar, a la dimensión de su contribución a la memoria de las diferentes perspectivas teóricas que han alimentado los debates y hallazgos de la antropología de la salud y la enfermedad. Por último, un cuarto nivel de lectura posible es el que se refiere a la génesis y desarrollo de conceptos clave en la obra de Menéndez, como, por ejemplo, la autoatención y la automedicación, los modelos médicos, la epidemiología sociocultural, la participación social y el “aguante”, entre otros, que se discuten en este libro y serán profundizados en estudios subsecuentes (Menéndez, 2005; 2006; 2008; 2009; 2018).
El trabajo exhaustivo y crítico con los antecedentes, la honestidad intelectual respecto de los posicionamientos teórico-ideológicos y el rescate de los “olvidos” de las genealogías conceptuales y explicativas presentes a lo largo del libro constituyen un ejemplo vigente del tipo de abordaje que desde la antropología médica podemos y debemos hacer al enfrentar nuevos problemas de investigación.










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