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Revista mexicana de investigación educativa

Print version ISSN 1405-6666

RMIE vol.30 n.107 Ciudad de México Oct./Dec. 2025  Epub Dec 09, 2025

 

Presentación temática

Representaciones sociales en educación

Social Representations in Education

1Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional-Ajusco, Ciudad de México, México, email: rcalixto@upn.mx


En este número temático de la Revista Mexicana de Investigación Educativa se recuerda al doctor Juan Manuel Piña Osorio, como uno de los principales impulsores del estudio de las representaciones sociales en nuestro país. Entrañable académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha dejado una huella profunda en quienes alguna vez tuvimos la fortuna de escuchar sus preocupaciones, expectativas y propuestas sobre la identidad y práctica de las y los docentes,1 la formación de estudiantes de posgrado o las representaciones sociales, entre otros temas que desarrolló a profundidad.

En la Universidad Nacional Autónoma de México, en el doctorado de Pedagogía impulsó la formación de investigadores educativos en representaciones sociales y, con anterioridad, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, contribuyó al desarrollo del posgrado en Pedagogía; como investigador en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación publicó múltiples libros y artículos, entre los que se encuentran los relacionados con las representaciones sociales. Además, colaboró en la fundación del Instituto en Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Baja California y formó parte del Área de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chapingo.

Con una vasta producción intelectual, el doctor Piña resaltó la importancia de la teoría de las representaciones sociales para comprender los procesos y resultados de la intersubjetividad y revalorar el interés hacia el conocimiento cotidiano que conduce a cualquier persona con cierto grado de certeza en las relaciones que establece con los otros; entonces, las representaciones sociales constituyen un “conocimiento fundamental dentro de la vida cotidiana porque manifiestan aquello que es real en la experiencia de las personas, sin necesidad de que esto sea real empíricamente” (Piña Osorio, 2014:33).

Juan Manuel Piña subrayó en sus investigaciones la importancia de caracterizar las representaciones de los actores sociales para identificar el sentido de sus prácticas; en los primeros años del presente siglo, afirmó que esta teoría sería una de las más utilizadas en educación y, efectivamente, acertó ya que cada vez se encuentran más artículos en educación que tienen como referente principal a las representaciones sociales. En la actualidad existen múltiples trabajos de investigación, publicados principalmente en portugués, español, francés e inglés, que reflejan la amplia aceptación de esta teoría para estudiar diversos fenómenos de las ciencias sociales y humanas. La teoría de las representaciones sociales cuenta con una trayectoria de más de 50 años, obteniendo un reconocimiento en diversos campos del conocimiento como la salud, la sociología, la antropología, la historia, la geografía y la educación.

Es en el marco de la psicología social cuando emerge esta teoría como resultado de la investigación doctoral, en 1961, de Serge Moscovici. Las representaciones sociales se entienden como “procesos de creación de significado colectivo que resultan en cogniciones comunes que producen vínculos sociales que unen sociedades, organizaciones y grupos” (Höijer, 2011:3), y corresponden a una de las expresiones existentes del conocimiento del nuevo sentido común. Estas se van formando en las interacciones e intercambios cotidianos en distintos espacios; en su formación, ocurren de forma simultánea procesos complejos de distinta naturaleza, individuales (ontegénesis), grupales (microgénesis) y sociales (sociogénesis), constituyendo marcos de referencia entre lo social y lo individual. A partir de las representaciones sociales, los seres humanos dotan de sentido a las acciones cotidianas, “condensan imágenes y anhelos de las personas de un grupo, comunidad o sociedad” (Piña Osorio, 2014:32); por eso pueden compartirse los significados entre quienes mantienen diversas relaciones interpersonales, se originan en las maneras de “ver el mundo” pero, a su vez, inciden en la generación de conocimientos, por lo que se convierten en guías de la práctica cotidiana (Moscovici, 1979). Las representaciones sociales forman parte del entramado del pensamiento social presente en los grupos humanos, como las creencias, los mitos, los saberes empíricos tradicionales, entre otros, pero se diferencian por evidenciar la importancia del nuevo sentido común.

En la comunidad científica la teoría de las representaciones sociales fue poco conocida hasta finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Es hasta la década siguiente cuando transitó por un periodo de difusión y conocimiento de sus metodologías, conceptos y funciones, principalmente en Europa y América Latina. En México, las primeras tesis en el ámbito educativo que utilizan la teoría de las representaciones sociales en educación surgen en esa década.

Cabe destacar que se han llevado a cabo diversas investigaciones documentales sobre los estudios publicados en representaciones sociales, entre ellas la de Wachelke, Matos, Ferreira y Costa (2015); en el contexto latinoamericano se identifican, entre otros, los trabajos de Urbina Cárdenas y Ovalles Rodríguez (2018), Girola y De Alba (2018), Suárez-Vaca y Robles-Rodríguez (2021). En México se encuentran las investigaciones documentales de Piña Osorio y Cuevas Cajiga (2004) y de Cuevas Cajiga y Mireles Vargas (2016).

Wachelke et al. (2015) registraron 2,526 publicaciones fundamentadas en la teoría de las representaciones sociales (libros, capítulos de libros, artículos, trabajos presentados en congresos y tesis doctorales). Los autores observan el aumento de investigadores de representaciones sociales en América Latina. Los ámbitos de análisis más frecuentes que reportan en esta revisión son: ciudadanía y derechos humanos; habilidades y destrezas, cultura y etnicidad, desarrollo humano, drogas y educación. En lo que respecta a la educación, los temas más estudiados corresponden a entorno escolar, cursos de posgrado y profesionales con formación educativa específica en educación y salud.

En 2018, Urbina Cárdenas y Ovalles Rodríguez publicaron una investigación documental que comprende 172 artículos de investigación empírica y 106 de revisión o desarrollos teóricos de representaciones sociales, recuperados de autores de América Latina. Entre los hallazgos se encuentra una producción académica diferenciada por país: México (42%), Argentina (28%), Venezuela (18%), Brasil (12%); entre los temas principales, los relacionados con sociedad-política-economía (30%), educación (20%), salud y enfermedad (14%) y desarrollo humano (11%), comunidades humanas (9%) y trabajo (8%). Entre los objetos investigados en el ámbito educativo están las representaciones sociales sobre el saber, conocimiento, enseñanza, aprendizaje, universidad, examen, docentes universitarios, “buen alumno”, ciencia, científico, actividad científica, formación docente, prácticas pedagógicas, entre otros.

Girola y De Alba (2018) elaboraron un estado del arte de imaginarios y representaciones sociales analizando diversas publicaciones. Para el caso de las representaciones, consideraron los artículos publicados entre los años 2000 y 2017, con un registro de 251 documentos. En sus resultados, los temas u objetos de representación corresponden, entre otros, a educación, género, espacio, reflexión teórica, salud, cultura, migración y jóvenes, política, trabajo asalariado, desigualdad y vulnerabilidad social, medio ambiente, medios de comunicación, violencia y narcotráfico. Con respecto a la educación, existen artículos, entre otros temas, sobre políticas, modernización y reforma del sistema educativo, evaluación, aprendizaje y contenidos, aprovechamiento escolar, contenidos ideológicos, uso de nuevas tecnologías u oferta académica; asimismo, trabajos sobre los actores sociales involucrados en el sistema educativo (docentes, estudiantes, administrativos, padres de familia y demás) y su contexto sociocultural, en todos los niveles educativos (desde preescolar hasta universidad); en el superior destacan temas como formación profesional o de la carrera, formas de aprendizaje, oferta educativa, uso de la tecnología y educación privada. Las investigaciones en el contexto del nivel básico abordan, entre otras, cuestiones relacionadas con sexualidad, familia, violencia, inclusión escolar, aprovechamiento de los alumnos, concepto de la “buena escuela”, del tipo de contenidos de la educación básica y de la reforma educativa.

Suárez-Vaca y Robles-Rodríguez (2021) realizaron una investigación documental en países de Latinoamérica, consideraron libros, artículos de investigación y trabajos de grado de maestría, publicados en el periodo de 2000 a 2020; su estudio registra 46 artículos, 11 tesis y dos libros. Los países con un mayor número de publicaciones son Brasil, México, Venezuela y Argentina. Los temas más abordados se refieren a fenómenos sociales y culturales, así como a los relacionados con salud, educación, género, política y medio ambiente. En el tema educativo los autores señalan algunos de los objetos de investigación recurrentes a las representaciones: violencia y conflicto armado, escuela y sus componentes, formación escolar, infancia, rol de la familia en la escuela, calidad educativa, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en educación, género, educación inclusiva, convivencia escolar, formación docente, maestros en contextos rurales, ciencia, tecnología, ambiente, medio rural, escuelas rurales, entre otros.

En el caso de México, Piña Osorio y Cuevas Cajiga (2004) identificaron 30 documentos vinculados con la línea de representaciones sociales en el periodo de 1991 y 2001; dos artículos en revistas; 10 ponencias, 14 tesis (dos de licenciatura, ocho de maestría y cuatro de doctorado) y tres capítulos de libro. Cabe señalar que en su mayoría el trabajo comprende a estudiantes de educación superior (n = 6) y a docentes de primaria (n = 5); las técnicas más utilizadas son la entrevista (n = 16), el cuestionario (n = 6) y la encuesta (n = 6). Entre los objetos de representación más investigados están formación docente (n = 6), práctica o tarea docente o educativa (4) e identidad docente (n= 4).

Años más tarde, Cuevas Cajiga y Mireles Vargas (2016) realizaron un estudio documental en el que revisaron 141 trabajos publicados de 1995 al primer trimestre de 2015. Identifican tres periodos en la trayectoria de la producción de investigaciones en representaciones sociales. Al primero lo denominan “trabajos pioneros”, con 16%, y abarcan de 1995 a 2001; al segundo periodo lo nombran “emergente, con 31%, y se ubica entre 2002 y 2008; y el tercero, “en vías de consolidación”, comprende de 2009 a 2015, con 53% de los estudios. Las categorías que agrupan un mayor número de objetos de representación comprenden las prácticas docentes, con 16%; la política educativa, con 13%, y educación ambiental, con 11%. Las autoras también señalan que en los trabajos se prioriza el análisis de las representaciones sociales de alumnos y docentes y poco las de padres de familia y funcionarios.

Los resultados de este conjunto de investigaciones documentales muestran la vigencia y pertinencia del empleo de la teoría de las representaciones sociales en la investigación educativa y reconocen su importancia para comprender el pensamiento social de diversos actores educativos y su vinculación con la práctica; asimismo, permiten comprender la forma de pensar de los actores educativos, el conocimiento de sentido común con el cual desarrollan sus acciones cotidianas en ámbitos como formación docente, género, educación intercultural, educación ambiental, fracaso escolar, práctica docente, trabajo científico, calidad de la educación o cultura escolar.

Artículos del número temático

La investigación en representaciones sociales en educación ha contribuido a comprender cómo los actores sociales toman decisiones en el ámbito educativo sobre diversos objetos de representación, por mencionar algunos: la inclusión escolar, el cambio climático o la excelencia educativa; sus resultados contribuyen a dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿por qué se desarrollan determinadas prácticas educativas?, ¿por qué el conocimiento de sentido común tiene presencia en diversos actos de los espacios escolares?, ¿por qué los docentes eligen determinadas posturas o perspectivas educativas?, entre otras que sirven de marco para reflexionar acerca de los alcances de los resultados de los artículos que conforman esta sección temática: “Representaciones sociales en educación”.

Cabe decir que, como resultado de la convocatoria, se recibieron 25 artículos, no solo de México, sino también de Argentina, Brasil, Chile y Colombia; revisados bajo una dictaminación por pares doble-ciego en la que participaron 25 investigadores de distintas instituciones, las universidades: Nacional Autónoma de México, Veracruzana, Autónoma de Tlaxcala, Autónoma de Nuevo León, Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, Autónoma del Estado de México, de Guadalajara y Pedagógica Nacional, así como el Instituto Superior en Ciencias de la Educación del Estado de México; asimismo, las universidades de Buenos Aires-Argentina, Especializada de las Américas-Panamá y de Santiago de Chile-Chile. Finalmente se aprobaron siete artículos y una reseña.

En el primer artículo, denominado “Investigaciones de representaciones sociales en el campo de la educación ambiental en México: 2005-2025”, Raúl Calixto Flores realiza una investigación documental en la que desarrolla una metodología de análisis de contenido. Entre los resultados obtenidos se identifica el predominio de estudios realizados en instituciones de educación superior y en el medio urbano, así como el enfoque procesual de las representaciones sociales y del cambio climático como el tópico más frecuente. El análisis muestra que aún se requiere acceder a otros ámbitos de análisis; es el caso de los tópicos de educación ambiental con poblaciones y contextos diversos. De igual forma, se plantea como reto desarrollar las investigaciones con distintos enfoques de investigación y bajo los tópicos emergentes de educación ambiental.

El segundo artículo, “Representaciones sociales de la problemática ambiental en estudiantes universitarios: acercamientos y horizontes desde la Universidad Autónoma de la Ciudad de México”, de Miguel Ángel Arias Ortega, muestra la perspectiva teórica-metodológica de las representaciones sociales. Se observa la forma en que los sujetos refieren, significan y actúan frente a los problemas ambientales, ellos son estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. El trabajo consideró la muestra de 125 estudiantes y el instrumento utilizado consistió en un cuestionario de 16 preguntas abiertas, en las que se identificó, entre otros componentes de las representaciones sociales, un pesimismo que acentúa una sensación de desesperanza en el futuro de la humanidad. El autor señala la necesidad de que el estudiante universitario establezca nuevas implicaciones en proyectos educativos, culturales, comunitarios, tecnológicos, a fin de promover estrategias diferentes de relación e intercambio entre los seres humanos y la naturaleza.

En el tercer artículo, “La representación del lenguaje y su enseñanza en preescolar, un análisis lexicográfico con directoras escolares”, Alva Faviola Flores Cisneros y Ana María Acosta Pech describen una investigación sobre las representaciones sociales realizada con 50 directoras de centros educativos de preescolar de la ciudad y de dos municipios del estado de Durango, México. El instrumento utilizado consistió en un cuestionario de asociación libre; las respuestas se analizaron mediante el programa IRaMuTeQ. Las autoras realizan un análisis lexicográfico para comprender tanto la estructura como el contenido de las representaciones. Identifican en ellas rasgos del discurso educativo de antaño, específicamente del expresado en el Plan y programas de estudio Aprendizajes clave para la educación integral (de 2017), por lo que concluyen, entre otras cuestiones, que la mayor preparación de las directoras y el cambio de enfoque (prácticas sociales del lenguaje) en los currículos escolares no necesariamente se reflejan en los corpus de datos (léxicos). Refieren que la mayor preparación de las directoras y el cambio de enfoque (prácticas sociales del lenguaje) en los currículos escolares no necesariamente se incorporan en las representaciones.

En el cuarto artículo, “Representación social del buen docente antes, durante y después de la pandemia por covid-19”, Antonio Fernández Crispín y Carolina Pérez Morales estudian las representaciones sociales desde el punto de vista del buen docente en una muestra de 273 jóvenes de un bachillerato ubicado en el municipio de San Pedro Cholula, en el estado de Puebla, México, en la localidad de San Cristóbal Tepontla. El trabajo se llevó a cabo con un cuestionario de asociación de palabras. Para el análisis de información los autores emplearon el programa libre Gephi 0.10.1, con el que realizaron un análisis de redes para conocer la estructura y organización del conjunto de cognemas en las representaciones sociales y, con el análisis factorial de correspondencias, indagaron cómo estos se asocian más con ciertos grupos de personas en diferentes contextos. Los resultados advierten que la representación social del buen maestro implica para los estudiantes el cumplimiento de las funciones que le corresponden, algunos aspectos relacionados con la didáctica, los conocimientos que tiene y la actitud que muestra hacia ellos. Los jóvenes, por su parte, valoran favorablemente el trabajo con “ejercicios” donde emplean tecnologías de información y comunicación. Concluyen en que, antes y durante la pandemia, la representación social de las estrategias aplicadas por los docentes indicaba una tendencia hacia un modelo de enseñanza pasiva, memorística y repetitiva.

En el quinto artículo, “Representaciones sociales de los estudiantes universitarios indígenas sobre la universidad”, Magaly Hernández Aragón analiza las representaciones sociales de 170 estudiantes indígenas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. El trabajo los sitúa como sujetos de análisis desde una doble condición: la de ser estudiantes y ser indígenas. Ellos contestaron un cuestionario con preguntas abiertas y cerradas; las respuestas fueron analizadas por medio del programa ATLAS.ti 25. Entre otros resultados, la autora refiere que la universidad es representada como un espacio formativo y social, catalizador de sueños y/o metas, de movilidad social, de relación juvenil y de sacrificio, reflejo de las condiciones de vida de los estudiantes. Expone que las representaciones permiten comprender las expectativas que ellos se forjan al cursar una carrera universitaria, al significarla más que un grado académico o un eslabón formativo. Destaca la importancia de que los estudiantes sean situados como sujetos sociales portadores y productores de conocimientos propios con condiciones específicas de vida y que resignifiquen sus relaciones con lo comunitario para generar proyectos educativos que trasciendan más allá de visiones asistencialistas, a fin de que esto implique generar procesos transformadores con perspectiva social y comunitaria.

En el sexto artículo, “La representación social de la educadora en el ámbito normalista: entre la prevalencia de un estereotipo tradicional y las exigencias de la política educativa”, Esmeralda Jiménez Fuentes presenta un estudio en el que participaron 196 alumnas inscritas en una escuela normal del estado de Tlaxcala. Para la investigación se realizó un cuestionario de evocación de palabras, para el trazado de las representaciones sociales en forma de red, bajo parámetros cuantitativos; en cuanto al análisis de redes sociales se utilizó el programa Ucinet 6.664, a partir de métricas específicas propias del método para dicho análisis. Entre los hallazgos relevantes, la autora señala que prevalece una representación de bases fröebelianas sobre la figura de la educadora, postulados pedagógicos de 1826 que han mantenido su vigencia hasta la actualidad. La concepción que se tiene de la educadora alude a la “segunda madre”, bajo la metáfora “educación-cultivo”, que refiere al cultivo de infantes en edad preescolar en un jardín de niños. Añade que esta representación explica, en gran medida, los comportamientos y actitudes de estudiantes normalistas que ingresan a la profesión con la idea de que es una carrera de baja complejidad, que no requiere mucho esfuerzo, en donde basta solo con realizar actividades de tipo artesanal y es exclusiva de mujeres.

En el séptimo artículo, “Investigación educativa sobre el cambio climático en los estudiantes de secundaria adelantada en América Latina”, Paulo César Pulido-López y Antonio García-Vinuesa desarrollan una revisión documental desde un enfoque sistemático, siguiendo las directrices de la extensión PRISMA (guía para revisiones de alcance). Para este estudio se hizo la revisión de 40 artículos; de estos, 15 tienen su fundamento teórico en las representaciones sociales; en elementos cognitivos como las percepciones (n= 14), los conocimientos (n= 10) y las actitudes (n= 4); elementos afectivos como las emociones (n= 4) o los sentimientos (n = 1) y elementos conductuales como los comportamientos (n = 2), las acciones (n = 1) y las prácticas (n = 1). Los estudios de representaciones sociales en su gran mayoría son de corte cualitativo y desarrollados con un enfoque procesual. Los autores señalan que las técnicas cualitativas más utilizadas para explorar las representaciones, percepciones, creencias y actitudes del estudiantado corresponden a los grupos focales, las entrevistas semiestructuradas y los dibujos. Concluyen que, en términos generales, la mayoría de los estudios coinciden en la urgencia de fortalecer la educación ambiental en las escuelas con el fin de corregir conceptos erróneos, aumentar la conciencia y fomentar la acción climática.

Esta sección temática incluye la reseña realizada por Marisol Reyes Fonseca del libro Representaciones sociales, educación y análisis cualitativo con IRaMuTeQ, coordinado por Miguel Ángel Casillas Alvarado, Jeysira Jacqueline Dorantes Carrión y Cintia Ortiz Blanco. La obra reseñada es producto de un trabajo colaborativo entre académicos de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” y de las universidades Veracruzana y Pedagógica Veracruzana. La reseña resalta la utilidad de esta obra para los estudiantes o investigadores noveles, ya que explica el empleo de la teoría y metodología de las representaciones sociales para el estudio de diferentes fenómenos educativos. En el primer capítulo se explican los fundamentos teóricos de las representaciones sociales y sus implicaciones para la investigación educativa; el segundo representa una guía para el empleo de IRaMuTeQ. Los capítulos subsecuentes describen las investigaciones realizadas a través de cuestionarios con preguntas abiertas, apoyándose en este programa, utilizado en el análisis de las respuestas y la presentación de resultados. El libro es relevante porque muestra las múltiples aplicaciones de IRaMuTeQ a la investigación de las representaciones sociales en educación.

Los artículos que comprenden este número temático revelan un cambio en las metodologías al investigar las representaciones sociales en México. Se aprecia que el enfoque estructural y el empleo de programas como IRaMuTeQ, Gephi 0.10.1, ATLAS.ti o Ucinet 6.664 van adquiriendo presencia para el estudio de estas, pero también se observa la tendencia a omitir el proceso identificación y delimitación del objeto de representación y el predominio del empleo de una sola técnica de investigación para obtener de información.

Cabe mencionar que, bajo la propuesta de Cuevas Cajiga y Mireles Vargas (2016), se puede inferir que el desarrollo de la investigación de representaciones sociales en educación se encuentra en una cuarta etapa, que se puede denominar como de “transición”, ya que cada vez más se utilizan recursos informáticos para el análisis y presentación de resultados, profundizando en la argumentación teórica y discusión; sin embargo, se corre el riesgo de considerar que cualquier hecho o problema educativo puede constituir un objeto de representación y que basta el empleo de una sola técnica para estudiarlo.

En los artículos que comprenden esta sección temática son tomadas en cuenta poblaciones que generalmente han sido poco estudiadas, como las directoras de los centros escolares de educación preescolar y los estudiantes indígenas; los trabajos poseen una riqueza teórica-metodológica que favorece la comprensión de las implicaciones de la teoría de las representaciones sociales en la investigación educativa y, seguramente, serán de gran utilidad en la comprensión del quehacer docente, de los problemas del estudiantado y de los padres de familia, así como en la generación de conocimientos sobre diversos temas inherentes a la educación.

En último término deseo destacar el compromiso y profesionalismo de todos los autores, dictaminadores y editores, por hacer realidad este número temático. A todos les expreso mi más sincero agradecimiento, en especial a la directora editorial Yazmín Margarita Cuevas Cajiga y la editora Elsa Naccarella.

Referencias

Cuevas Cajiga, Yazmín y Mireles Vargas, Olivia (2016). “Representaciones sociales en la investigación educativa. Estado de la cuestión: producción, referentes y metodología”, Perfiles Educativos, vol. 38, núm. 153, pp. 65-83. Disponible en: Disponible en: https://www.scielo.org.mx/pdf/peredu/v38n153/0185-2698-peredu-38-153-00065.pdf (consultado: 25 de mayo de 2025). [ Links ]

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Piña Osorio, Juan Manuel (2014). “La teoría de las representaciones sociales. Nociones y linderos”, en J. M. Piña Osorio (coord.), La subjetividad de los actores de la educación, Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México-Centro de Estudios sobre la Universidad, pp. 15-54. [ Links ]

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Urbina Cárdenas, Jesús y Ovalles Rodríguez, Gustavo (2018). “Teoría de las representaciones sociales. Una aproximación al estado del arte en América Latina”, Psicogente, vol. 21, núm. 40, pp. 495-544. https://doi.org/10.17081/psico.21.40.3088. [ Links ]

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1En adelante, en este trabajo se empleará el masculino con el único objetivo de hacer más fluida la lectura, sin menoscabo de género.

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