El abordaje heurístico de la poética como totalidad de sentido, donde se manifiesta un entramado espacial y temporal no susceptible a la escisión analítica de su judicatura interna, motiva la indagación sobre sus funciones lingüísticas en disciplinas que transitan por múltiples estadios de formalización. En el caso de la geografía, el concepto de función es pertinente en el orden de la descripción lingüística exacta de sus planteamientos y problemas que hacen posible su demarcación (dependencia y autonomía relativa) con otras disciplinas. Sin embargo, considerando la mediación entre el saber y el conocimiento geográfico actual marcado por una profunda asimetría, la función descriptiva se afirma como dependencia entre objetos. Apelando a la ineludible contextura espacial de la geografía, esos objetos son puntos de entrecruzamiento e interdependencias activas que demandan el arte de resolver problemas formales por vías no formales. La geografía poética, espacio-tiempo dialógico entre el lugar y la palabra, es heurística, ars inveniendi, descubrimiento propio en la traslación por ámbitos diversos que puede ser comunicado por la vía del elogio y la crítica. Este trabajo es un intento de trazar o sugerir el tránsito del lenguaje literario al geográfico.
Elogio de la naturaleza, compilación de textos en prosa de la profesora, diplomática y poeta chilena Gabriela Mistral,1 es una muestra del inmenso proyecto literario que emprendió en su recorrer geográfico de lo vivo y lo viviente. La naturaleza en sus elementos y relaciones con lo social, articulada con las formas de entendimiento en diversas culturas, estuvo presente en su testimoniar de que toda cultura empieza por la tierra. Por ello, en esta selección de escritos a cargo de Daniela Schütte González, se percibe la configuración discursiva de una crítica ambiental de avanzada para la época en la que vivió.2 El sustrato crítico está presente en elogios, recados, canciones, mapas audibles y textos cortos que transmutan en ensayos breves, fábulas, prosas poéticas y cuentos. En los textos compilados se ordenan elementos telúricos: tierra, arena, piedras, montañas y cordilleras; acuáticos: mares, océanos, ríos, charcas y agua en abstracto. Prevalecen relatos que narran nutridos elementos de la flora y fauna americana. En sus escritos persiste una lengua protoplasmática3 que desdibuja las fronteras entre la prosa y el verso en tanto los camina dialógicamente. Sus evocaciones a lo natural van desde las escalas totales, cósmicas que aluden a los astros, hasta lo microscópico: como la mirada centrada en el grano de arena o en las características de la savia vegetal. En el libro encontramos una preciosa vertiente en la relación esencial entre el todo y la parte, toral en el saber geográfico, donde se exalta la solidaridad ínsita frente a una polaridad aparente.
Mistral, mujer nuestroamericana, transforma los aprendizajes de la escuela tradicional y traduce relatos bíblicos y del mundo clásico griego y romano a nuestra realidad como un oficio de creación de matria.4 Desde una perspectiva que “lee geográficamente” textos que provienen fuera de la disciplina, esta reciente selección aporta una mirada y problematización femenina de los espacios, acercándonos a la importancia de dominar nuestra lengua materna para la comprensión activa de lo que nos rodea. Motiva el entendimiento de las formas sensibles en la producción social de la naturaleza y el espacio, nos hace pensar en el constante diálogo que debe ejercerse con las literaturas del mundo y particularmente con la nuestra, pues representan un modo de acceso a informaciones y sensibilidades referentes a las problemáticas y metodologías con las que trabaja la geografía. Sin duda, los escritos de la maestra con fuerte vocación pedagógica podrían usarse como lecturas para enseñar geografía a las infancias. La mirada mistraliana de la naturaleza y su comprensión desde evocaciones sociales, abrirá nuestro modo de entender el mundo y el lugar del espacio en él, en una relación no convencional con la historia aún episódica de las gestas populares.
Volodia Teitelboim, admirador y biógrafo de su vida, caracteriza su primera infancia como traumática y circunscrita al fondo de un valle, El Elqui, terruño que será escenario de muchos de sus recorridos poéticos: Mi infancia aquí mana leche / de cada rama que quiebro / y de mi cara se acuerdan / salvia con el romero / y vuelven sus ojos dulces / como un entendimiento. Esa infancia en el valle estructura en ella una sentimentalidad particular, pues los sentidos se modifican en el tiempo diacrónico y sincrónico aunado a su espacio consustancial: articula una “memoria del horror” a través de recuerdos que ramifican sus conexiones a todas las zonas de la sensibilidad, sin pasar necesariamente por la neocorteza en la que se aposenta el pensamiento (1996, pp. 9-23). Su infancia y adolescencia sin gramófono, según Teitelboim, le permitió ser una asidua lectora, con un eros metafísico y volcánico. El artificio textual caminó el territorio sin el acompañamiento vital del artefacto auditivo. Como estrategia de autodefensa cambia de nombre y posteriormente “parte a Magallanes huyendo de Magallanes”, ahí comienza a trabajar en un liceo de niñas con el objetivo de reorganizarlo y promover la “chilenización” del territorio (p. 79). Durante su estadía presenció conflictos sociales que terminaron en matanzas entre 1919 y 1922, que agudizaron el tránsito del elogio natural a la crítica social. En Magallanes comenzó a interesarse en la naturaleza: “se hizo especialista en -paisajes de la Patagonia-. El primer poema […] Desolación comienza por la fijación del escenario, lo relaciona con el estado de alma de la persona que lo contempla, actúa con él, lo siente y termina por amarlo. Encierra toda una concepción antropocéntrica y telúrica al mismo tiempo”. Posteriormente asume el cargo de directora en un liceo de Temuco y luego regresa a Santiago. En 1922 emprende un viaje a México invitada por José Vasconcelos para colaborar en una reforma de la enseñanza y en la fundación de bibliotecas populares; luego va a Cuba, España e Italia y finalmente muere en Estados Unidos. Esta etapa de grandes viajes y desplazamientos por diversas ciudades es denominada por el crítico chileno “autoexilio perpetuo”, como una forma de buque del olvido (Teitelboim, 1996, pp. 109-110). Pero ese buque hacía agua, pues la carga mnemónica del terruño es la materia poética que hace posible la existencia terminal de la función unívoca, tan sólo para que inaugure nuevas dependencias, demarcaciones y autonomías matrias.
En la Tabla 1 se presenta en modo sinóptico lo que consideramos géneros discursivos mistralianos en Elogio de la naturaleza. En la organización propuesta se describen sus escalamientos geográficos y poéticos.
Tabla 1 Mirada discursiva-escalar en la prosa de Gabriela Mistral en Elogio a la naturaleza.
| Género
mistraliano |
Características | Escala | Temáticas | Recursos discursivos y
formas narrativas |
| Elogios | Con tratamientos abstractos sobre determinados temas, evocan ensayos filosóficos. | Macro, los elementos naturales en su abstracción o uso universal por las sociedades. | Agua, maderas, piedras, ceniza y naturaleza. | “La arena de las playas del mundo” (p. 58) |
| Recados | Escritos a modo de notas personales, apuntes de campo ligadas a los usos sociales y memorias y referencias de la autora, para después convertirse en ensayos de economía poética. | Juega con las miradas de descripción, desde lo macro a lo micro o viceversa. | Estrellas, islas, albatros, alerce, copihue chileno, alameda chilena, piedra, cordillera, papaya, ombú, palmera real. | “Me conmueve la metáfora popular que hace de nuestra flor la sangre de los indios alanceados; pero yo no quiero repetirla para no mentirme” (p. 81). |
| Canciones | Tratamiento lírico del lenguaje | Regional | Tierra, río | “Tu millón de lágrimas que va por lo hondo del valle, tan tenue es el dueño del valle que no se deja olvidar” (p. 85). |
| Mapas audibles | Presentan una mirada regional que fija los sonidos característicos de espacios que comparten características físicas y sociales (economía). | Regional | Paisajes sonoros de Chile | “Trenzado con el estruendo de los picos, oye la oreja delgada el jadeo del hombre” (p. 175). |
| Visiones | Textos que llevan el nombre de lo que se describe, breves y lacónicos, con la sencillez de aquella nota que se deja en el cuaderno de campo, cual boceto de ilustrador, instantánea llena de fragmentos poéticos, imágenes para la memoria que tienen una enseñanza o moraleja. | Se describe el detalle de cada elemento en su fisionomía o en su entorno más inmediato. Va de la escala más íntima (micro) a lo local o viceversa. | Fenómenos: Crepúsculo. Fauna: ballena, oso blanco, foca, pájaro carpintero, grillo, rana, águila, cabra, golondrina, colibrí, queltehue, perro, tortuga, conejo, caracol, lechuza, alpaca, ardilla, faisán, pavo real. Flora: árboles (álamo, sauce, flores (girasol, rosa, margarita,) comestible (trigo, caña, piña, higo, granada, maguey Paisajes: bosques, Patagonia, charcas. Elementos: fuego, tierra, agua, aire. | “Parecía que nuestro suelo volvería a levantar su cuerpo dominante y tenaz, pero la Patagonia existe del otro lado de la tierra rota, con la pertinacia de la cordillera que echa sus últimas estribaciones” (p. 53). |
* Se proponen Visiones para articular una serie de textos que tienen un tratamiento discursivo similar.
Los “recados” sobre las islas, las piedras, la cordillera o incluso sobre aves como el albatros (“El Garibaldi volador, es decir, el libérrimo, no quiere nada con bahías y puertos, y los tiene por pudrideros”, Mistral, 2024, p. 43), buscan entender la realidad a través de la compleja vida social y su contextura material. Su afición por el mundo vegetal y animal es significada como una cartografía prosista, que es al mismo tiempo poética, de la biogeografía chilena, americana y que apunta a ser planetaria. La presencia animal es motivo de enlaces conversacionales que derivan en diálogos imaginarios, en visiones libertarias donde la lucha por el mundo material es común y compartido en la añoranza martiana de las edades de oro. “Antes de su persecución” la chinchilla andina vivía “en su paraíso vertical.” (Mistral, 2024, p. 165) Cada escalamiento recuerda la dinámica interna de los géneros discursivos que van de lo simple a lo complejo para no separar a la práctica literaria del brechtiano arte de mantenerse con vida.
La determinación lírica y el lugar poético donde Gabriela Mistral crea posición y luego enunciación, como en Poema de Chile (Mistral, 1967) remite al placer de recorrer el todo diferenciadamente, ya que diversos estratos brindan imágenes protoplasmáticas diferidas para incentivar los sentidos del lector. Daniela Schütte señala en las palabras de presentación a Elogio de la naturaleza, “Cada nuevo libro que reúne partes de la obra de Gabriela Mistral asombra y maravilla por la inmensidad de su proyecto literario, por la vastedad de su discurso, por esa precisión en el tono, en el registro y en el lugar desde el cual se decide escribir.”
Ante la maravilla por la inmensidad mistraliana, surge este bello libro como un montaje que reúne partes a caminar por el lector, para que pueda preguntarse por los trayectos con el sólo recurso de la mirada y sus artificios. Es una nueva guía para ser partícipe del revivir fervoroso de los sentidos hacia la construcción de una nueva sentimentalidad territorial. En la obra de Gabriela Mistral hay más recados, escritos políticos que conservan el laconismo (aquello sencillo que resguarda lo profundo) en una prosa poética (protoplasmática) que cultiva temas de interés general a escala continental entre 1923 y 1977. Por ejemplo, en este fragmento donde hace una crítica a los espacios y la necesidad de dotarlos de la discusión política pertinente para transformarlos: “Voy convenciéndome de que caminan sobre la América vertiginosamente tiempos en que ya no digo las mujeres, sino los niños también, han de tener que hablar de política, porque la política vendrá a ser (perversa política) la entrega de la riqueza de nuestros pueblos; el latifundio de puños cerrados que impide una decorosa y salvadora división del suelo; la escuela vieja que no da oficios al niño pobre y da al profesional a medias su especialidad; el jacobinismo avinagrado que niega la libertad de cultos que conocen los países limpios; las influencias extranjeras que ya se desnudan con un absoluto impudor sobre nuestros gobernantes”. (Mistral, 1994: contraportada).
Ese hablar de política demanda un correlato espacial a modo de poética cartográfica o forma espacial de la política. El interesante estudio de Magda Sepúlveda-Eriz (2018), Gabriela Mistral. Somos los andinos que fuimos, hace un análisis minucioso desde la crítica literaria y los estudios culturales5 sobre cinco obras poéticas fundantes de una poética cartográfica de profunda raigambre social, desde el presente enunciativo y los proyectos o problemáticas políticas: Desolación (1922) será leído en relación con la situación política de la región de Magallanes, la más austral de Chile, donde se promovió el exterminio de indígenas patagónicos. Ternura (1924) será abordado en vínculo con las políticas de la época hacia las madres solteras y el apoyo mistraliano a estas mujeres pobres y de origen principalmente andino. Tala (1938) será comprendido desde cómo es posible la conformación de una América Latina andina en el contexto poscolonial del continente sin diluir las formas pretéritas que la constituyen. En Lagar (1954) se examinará la propuesta de unidad política y organizativa entre las mujeres, en contraste con los paradigmas patriarcales de la época. Y en Poema de Chile (1967) se prestará atención al diseño de una geopolítica que contradice el mapa oficial del desarrollo urbano y discute sobre el estado actual de la tenencia de la tierra en su dimensión mítica: la Pampa, Echada está como un Dios / prieta de engendros distintos, y se hace a la medianoche, densa y dura de sentido.
La insistencia sobre nuestra mirada geográfica en la lectura de cada texto, se imantó en dos escritos en particular de Elogio a la naturaleza: “Recado sobre las islas” y “Pequeño mapa audible de Chile”. El primero es un acercamiento desde la economía política, desde nuestra perspectiva, que es también poética, a una pléyade de islas, a las cuales describe desde sus diferencias geológicas y geomorfológicas, de los usos sociales que se les han dado debido a las márgenes sociales y naturales de las insularidades, ya sea como leprosarios y cárceles vigiladas por mares, como cementerios, como lugares para “los niños mimados del globo”: Sicilia, Mallorca o Bermudas. Las islas son descritas como la vanguardia de la defensa bélica, botines de piratas o filibusteros, así como destinadas para fines curativos. Posteriormente, hace un análisis sobre los destinos productivos e industriales de algunas de ellas: pesca, piel de animales marinos, perlas, esponjas, tortugas (caparazón y alimento), guano, sustratos agrícolas.
En el mapa audible, texto imprescindible para personas apasionadas de la geografía, Mistral propone con su telúrico estilo andino, la subversión de la cartografía a partir de la sinestesia que requiere situarse y “mapear” un lugar: “Se nos ocurre que la -radio- podría dar, ella y no otra, un ensayo de -mapa audible- de un país. Ya se han hecho los mapas visuales, y también los palpables, o sea los de relieve; faltaría el mapa de las resonancias que volviese una tierra -escuchable-” (Mistral, 2024, p. 175). Este mapa audible podría ser equivalente a lo que en la actualidad se nombra como paisaje sonoro,6 pero partiendo de la forma tan peculiar de la prosa mistraliana de traducir el sonido de los lugares y elementos naturales, transitando de una escucha reducida que prioriza sonidos en sí aislados de sus contextos, a una escucha casual que pone atención en el origen del sonido con causa humana, mecánica o animal y logrando una escucha semántica que utiliza un “código o lenguaje para interpretar mensajes.” (Schaeffer en Abraham, 2019, p. 208). Sin duda Mistral realiza traslaciones poéticas como un acto de “creación de territorio” donde la presencia humana, generalizada en su anonimato, deja su carácter episódico para resignificar esa maravillosa zona de la rebeldía que es la Araucanía en el mundo. Ahí donde florecen Selvas Saavedras, Ligeias Balladares y Paulas Ravest, matrias cual terruños poéticos australes, maestras de la vida, dadoras de sensibilidades florísticas, silentes y andinas.










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