El libro titulado Encuentros disciplinarios y debates metodológicos. La investigación crítica sobre las relaciones espacio/territorio, de Blanca Rebeca Ramírez Velázquez,1 fue leído en forma parcial y analizado grupalmente el pasado 13 de noviembre 2023, en un Seminario del Doctorado en Ciencias Sociales, programa insignia del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Traigo ese dato debido a que tal experiencia me reveló al menos dos atributos del volumen en tanto herramienta para el diálogo.
El primero de ellos es que cumple eficazmente con la función de conectar sensiblemente con personas de diversas disciplinas. La obra aborda conceptos transversales que interesaron al grupo, pero no de igual manera. De ahí se desprende el segundo atributo, cada lector activa su lupa y reacciona de acuerdo con su experiencia cognitiva y sus expectativas, incluso en afanes utilitarios como solventar un marco teórico. Una obra tan vasta ofrece mucha tela de donde cortar y se lee de diversas formas, de lo cual expondré un ejemplo más adelante. Ello comprueba la pertinencia de las expresiones “encuentros disciplinarios” y “debates metodológicos” que forman parte del título. El volumen se organiza mediante cuatro capítulos, a saber: 1. Espacio-tiempo y naturaleza en el análisis territorial. 2. Homogeneidad - diferencias en la construcción del espacio / territorio. 3. Del espacio plano a la producción de múltiples escalas y 4. De las escalas a las redes y las relaciones.
La motivación central que llevó a Ramírez Velázquez a escribir este libro es perfectamente identificable. Entiende la agenda para trabajar las categorías espacio/territorio del planeta a través de un rechazo y de una propuesta. El primero es “deslindarse de la manera tradicional de los estudios del espacio/territorio -centrados en lo general descripciones de lo que hay o lo que tienen-”. La segunda consiste en “reconocer analíticamente los procesos generales y particulares, y las relaciones que propician en los espacios y territorios” (p. 16). El texto desgrana en 334 paginas los argumentos para aproximarse en dicho objetivo.
Obviamente no se trata de un manual teórico-metodológico mecanicista ni de un catálogo de técnicas de investigación. Es una sistematización de soportes intelectuales que han surgido principalmente en la escuela anglosajona y en menor medida la francesa. La autora explicita el objetivo del libro: “sugerir una metodología que sirva para identificar de manera más clara, las relaciones espaciales/territoriales que se observan en su transformación, producto de los debates y discusiones que tuvieron lugar desde finales del siglo XX con el postmodernismo, plasmadas en orientaciones diversas desde principios del siglo XXI” (p. 18).
Para coronar la argumentación pinta una raya, que sugiero nunca perder de vista: incorpora “visiones críticas que se sucedieron e impactaron las orientaciones realizadas, desde diferentes campos del conocimiento sobre el espacio, sea este urbano o rural, global o cultural” (p. 18). El principio de acotación centrado en la vertiente crítica otorga identidad al texto y explica el motivo por el que Doreen Massey sea la autora con más obras citadas y le siga David Harvey. Massey y Harvey tienen en común su origen británico y orientación marxista. Ella falleció en 2016 con 72 años mientras que él, a sus 88 años, sigue activo. Ambos geógrafos han desarrollado compromisos sociales con América Latina, la han usado como laboratorio, lo que habría influido en estructurar su pensamiento. De manera análoga, Ramírez Velázquez incluye ejercicios revisionistas en los que analiza, por ejemplo, el tránsito de la diferencia a la desigualdad en América Latina en función de categorías críticas.
La materia prima que alimenta el texto son los debates “históricamente sustanciales” procedentes de las ciencias sociales en general y del urbanismo, la geografía y la planificación en particular. Clasifica esos debates en cuatro apartados: 1. La conjunción espacio-tiempo. 2. El paso del espacio-territorio homogéneo a uno formado por diferencias. 3. La apertura del espacio-tiempo a escalas y dimensiones. 4. Contender con las relaciones espacio/territorio. Más que realizar un resumen de dichos debates o recitar pinceladas de los contenidos de cada capítulo, me pareció más creativo presentarles una reflexión que se desprendió de atar cabos situados en partes distintas del libro. Con ello procuro convencerlos de las bondades de leer este volumen.
La reflexión es sobre las diferencias y desigualdades existentes en el espacio/territorio. Imagino a un docente de grado o posgrado que imparte un curso de planificación, geografía regional o cartografía, no necesariamente se trataría del profesor de filosofía o de epistemología. El estudiantado lee lo siguiente en el libro (p. 163):
“La estrecha relación que puede y debe haber entre las diferencias conduce, cuando se toman como proceso, a lo que se conoce como desigualdades, sin duda un punto por identificar y discutir para analizar si son homónimos o requieren de instrumentos diferentes para tratarse. Lo que queda claro es que la diferencia, en tanto que postura postmoderna, considerada como estática, sin movimiento ni contexto, dista mucho de parecerse a las desigualdades que se mueven, transforman y contextualizan constantemente”.
Argumento central: las diferencias espacio territoriales se han abordado como formas estáticas. Si se analizan como proceso reflejan desigualdades. Preguntas asociadas a discutir grupalmente: ¿las diferencias son efectivamente un concepto propio de la posmodernidad y las desigualdades de las visiones críticas?, ¿qué autores adicionales podemos leer para encontrar respuestas e identificar subcategorías?, ¿qué instrumentos metodológicos, técnicas e indicadores son adecuados para analizar las diferencias y las desigualdades?
Luego del debate viene el ejercicio empírico, no sin antes referir el epígrafe de Neil Smith con que Ramírez Velázquez abre su libro: “Como Marx insistió, no puede haber filosofía separada de la ciencia práctica”. A partir de ahí el profesor propicia una conexión con la técnica estadística, la cartografía y los sistemas de información geográfica para elaborar mapas y representaciones gráficas de diferencias o desigualdades, por ejemplo, de producción económica, escolaridad o calidad de vida, aplicando el concepto de multiescalaridad y, de ser posible, el de multidimensionalidad. Por tanto, conviene hacerlo, por ejemplo, a escala estatal y por municipios. Saltarán a la vista resultados que retroalimentarán el debate en el que justamente será necesario explicitar el contexto espacio/ temporal bajo una mirada evolutiva.
Se trataría de construir conocimiento nuevo, de proveer de técnicas nunca disociadas del andamio teórico y estimular un razonamiento territorial crítico que se deslinde de caer en un tratamiento positivista irreflexivo. Como valor agregado, leer otro pasaje del libro de Ramírez Velázquez encaminado a cuestionar la postura estructuralista que aborda el espacio como si fuera un ente estático y cerrado:
“A pesar de lo que argumentan muchos geógrafos tradicionalistas que confunden el análisis del espacio o del territorio con el mapa, es decir, con su representación, es preciso aceptar que el mapa no es el espacio ni el territorio y que, en ocasiones, éstos no son representables: confundir el espacio con la representación impide introducirlo al proceso, y por tanto se asume como carente de movimiento” (p.46). Aquí Ramírez Velázquez se apoya de la obra For Space de Doren Massey.
Es un ejercicio para problematizar y reconceptualizar el mapa, uno de nuestros lenguajes predilectos y como mensaje medular, romper con la desarticulación entre la sustancia teórica y el trabajo empírico. En tal sentido este libro es un insumo pedagógico para producir un clic entre la teoría y la práctica.
Ello dependerá del ingenio creativo del profesor y contribuirá a combatir el “empirismo rampante” (Montoya, 2009) identificado por el geógrafo colombiano William Montoya, quien sostiene que se trata de un pragmatismo favorecedor de posturas acríticas que llevan a la pérdida de autonomía intelectual (Montoya, 2009, p. 11). Pienso que las técnicas deberían concebirse como la instrumentalización de la teoría. Los libros de talente epistemológica como este no tienen por qué ser de uso exclusivo para mentes privilegiadas, esa falacia conduce a alejarlos, incluso a estigmatizarlos, lo cual propicia reduccionismos.2
El libro de Ramírez Velázquez sistematiza magistralmente el entendimiento dualista de las categorías tiempo y espacio por parte de diversos autores. Efectivamente, algunos los manejan como opuestos y otros en forma integrada. El resultado es tan generoso que la autora consigue identificar cinco discusiones que permean la concepción actual del tiempo/espacio o espacio/tiempo. Finalmente, comento mi percepción sobre el lugar de esta obra dentro de la genealogía bibliográfica de la autora. Tengo la sensación de que por hoy se sitúa en la cima de un proceso de maduración de largo aliento. Una curva de aprendizaje personal que conecta puntos datados a lo largo de más de tres décadas de fecundo esfuerzo intelectual.
Refiero solamente dos de esos puntos: el más temprano, citado en este libro, es de 1991: Lo internacional y lo regional: algunas reflexiones metodológicas; luego, en 2015, editó en coautoría con otra destacada geógrafa, Liliana López Levi, el libro Espacio, paisaje, región, territorio y lugar, sin duda, la obra más conocida de dichas autoras en nuestra comunidad geográfica tapatía. Siempre que lo recomiendo uso la metáfora de la estrella. Figura de cinco picos: el espacio, el paisaje, la región, el territorio y el lugar, estrella de la que debemos apropiarnos a efecto de desarrollar competencias profesionales, investigación científica fundamentada, espíritu crítico. Es necesario trabajar intelectualmente la estrella, sacarle brillo para superar el “empirismo rampante” del que habla Montoya. Este libro viene a reforzar y facilitar la labor.










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