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Sociológica (México)

On-line version ISSN 2007-8358Print version ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.40 n.111 Ciudad de México Jan./Jun. 2025  Epub May 16, 2025

 

Artículos de investigación

Sexualidad en adult@s de Colima y Guadalajara: entre la realidad y el deseo

Adult Sexuality in Colima and Guadalajara: Between Reality and Desire

Zeyda Isabel Rodríguez Morales*  

* Profesora-investigadora del Departamento de Estudios de la Comunicación Social, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: <zeydaisabel@gmail.com>.


RESUMEN

El artículo analiza información acerca de la vida sexual de adult@s heterosexuales de las ciudades de Colima y Guadalajara generada por la Encuesta sobre Intimidad y Relaciones de Pareja en Colima y Guadalajara (EIRP, 2021). El interés es descubrir quiénes tienen vida sexual, los motivos para no tenerla, así como contrastar las prácticas sexuales reales de las personas con las que desean tener, considerando que esa tensión se enmarca dentro de las limitaciones estructurales marcadas tanto por las condiciones materiales de vida como por los recursos simbólicos disponibles que permiten imaginar posibilidades y movilizar su capacidad de agencia.

PALABRAS CLAVE: sexualidad; hipersexualización; deserotización; deseo; prácticas sexuales

ABSTRACT

This article analyzes information about the sex lives of heterosexual men and women in the cities of Colima and Guadalajara arising from the Survey about Intimacy and Couple Relations in Colima and Guadalajara (EIRP, 2021). The aim is to discover who has a sex life, the reasons for not having one, and contrasting people’s real sexual practices from those they would want to have, considering that this tension is framed within the structural limitations marked both by material living conditions and by the symbolic resources available to them that allow them to imagine possibilities and to use their agency.

KEY WORDS: sexuality; hyper-sexualization; de-erotization; desire; sexual practices

Introducción

El presente trabajo tiene la intención de describir y analizar información acerca de la vida sexual de adult@s heterosexuales de las ciudades de Colima y Guadalajara producida por la Encuesta sobre Intimidad y Relaciones de Pareja (EIRP) llevada a cabo en el año 2021, como parte de un proyecto de investigación amplio1 en torno a la vida íntima, que se focalizó en tres generaciones de adult@s heterosexuales cuya relación sexo-afectiva transcurriera dentro de trayectorias de pareja que siguieron el camino del matrimonio y la formación de familias. La intención era explorar las posibilidades del cambio cultural en las vidas de hombres y mujeres ubicados en la región centro-occidente del país que de manera ordinaria es catalogada como conservadora y tradicional.

Información de tipo cuantitativo acerca de cuestiones amplias sobre la vida sexual es muy escasa en nuestro país,2 dado que el abordaje más frecuente en este campo de investigación es de tipo cualitativo, a través de la recuperación de narrativas en las que la confianza lograda entre el entrevistador y el narrador facilita la producción del testimonio. En contraste, el levantamiento de esta encuesta parte del llenado de un cuestionario autoadministrado con opciones múltiples de respuesta a las que el respondiente se enfrenta solo. Lejos de lo que pudiera suponerse, el uso de este dispositivo permitió la expresión de opiniones de forma más libre que las manifestadas frente a un entrevistador/a, al no ocurrir inhibición alguna ni experimentar la necesidad de justificar moralmente las acciones. Los resultados produjeron información muy valiosa que permite conocer prácticas sexuales reales así como deseos íntimos.

Antecedentes teóricos y contextuales

El tema de la sexualidad dentro de las relaciones de pareja ocupa un papel central en las teorizaciones sociológicas sobre lo amoroso que cobraron auge a partir de las últimas décadas del siglo pasado. Autores conocidos, como Niklas Luhmann (1985), André Béjin (1987), Anthony Giddens (1995), Ulrich Beck y Elizabeth Beck (2001) y Zygmunt Bauman (2005), caracterizaron las relaciones amorosas contemporáneas por una mayor individualidad, crecientes procesos de secularización e igualdad entre los géneros, así como una mayor relevancia de la satisfacción obtenida por cada uno de sus miembros.3 Esta satisfacción se refería no sólo a gratificaciones derivadas de la cercanía, el cuidado mutuo, la comunicación y la empatía, sino de forma muy importante a la satisfacción sexual venida de prácticas cultivadas por el placer mismo y no por la reproducción.4 Este tipo de teorizaciones se han acompañado de un discurso, especialmente presente en los medios masivos de comunicación, que ha elevado a un nivel aún más relevante el asunto de la satisfacción sexual, planteando que la experiencia de vivir un apasionamiento intenso es un imperativo para la conformación y perdurabilidad de las parejas y un parámetro de la calidad de su relación. Este fenómeno ha sido explicado por Eva Illouz (2009) como parte de una tendencia más amplia que coloca la experiencia romántica como una dimensión en la que el mercado capitalista intervino y en la que la satisfacción sexual es clave, mercantilizando las prácticas y emociones antes reservadas a lo privado, volviéndolas mercancías de gran rentabilidad en su producción, circulación y consumo. El mensaje que se enseña es que la pasión y el enamoramiento deben durar y cultivarse, y en ello colaboran la terapia psicológica, la autoayuda y el viagra. Según Serge Chaumier (2006), es evidente el aumento de imágenes eróticas en la vida actual, el sexo se vuelve omnipresente y “se utiliza públicamente como moneda de cambio de la imaginación contemporánea, hasta el punto de que hablamos de pornografismo” (2006: 223). Término semejante es el que plantea Brian McNair (2002), citado por Attwood (2006), al hablar de la cultura del streaptease, donde la iconografía sexual se ha convertido en algo común y revela una fascinación generalizada por el sexo y lo sexualmente explícito en medios impresos y audiovisuales, lo cual configura la pornosfera (Attwood, 2006: 81-82).

Sin embargo, este nuevo mandamiento sexual parece no realizarse fácilmente. Una revista digital publicó hace poco un artículo de divulgación con el título “¿Por qué en una sociedad hipersexualizada cada vez se mantienen menos relaciones sexuales? La respuesta está en la pérdida del erotismo. Os damos cinco claves para recuperarlo” (Alonso, 2023). Esta deserotización que parece acompañar a la hipersexualización es explicada por el mismo Chaumier como producto del necio mantenimiento de los valores de la fidelidad y la monogamia en las sociedades contemporáneas. A pesar de que en la práctica abundan las formas de extraconyugalidad, según consta en numerosos estudios (Rodríguez, 2022a y 2024), a nivel moral se estigmatiza al tercero o la tercera, lo cual orilla al consumo del erotismo en los medios masivos de comunicación en lugar de la asunción de una práctica bastante generalizada. Según Chaumier (2006), la conservación del ideal de monogamia propicia la hipersexualización de la sociedad.

En adición a este argumento, resulta pertinente agregar otro factor a la reflexión, algo que tiene que ver con la naturaleza misma de las relaciones amorosas establecidas. Stendhal (1995), en su texto Del amor publicado en 1823, decía, la presencia obligada del otro en el confinamiento de la casa lo cosifica y deshumaniza, generando en consecuencia la pérdida del deseo. Otro autor, Franceso Alberoni (1987), afirma que el estado naciente del enamoramiento necesariamente es pasajero, ocasionando que la pasión y el deseo disminuyan; los amantes se transforman en esposos y la domesticidad y la cotidianidad traen aparejados la rutina, el aburrimiento, la esclerosis y la decepción. Mientras que Eva Illouz (2012) agrega, en esta misma línea, el peso que la institución matrimonial aporta a este fenómeno, y afirma: “la organización institucional del matrimonio (basado en la monogamia, la convivencia y la sumatoria de los recursos económicos para incrementar la riqueza) excluye la posibilidad de sostener el amor romántico como pasión intensa y devoradora” (2012: 25).

La paradoja planteada encuentra verificación empírica en estudios sobre sexualidad en nuestro país que revelan que efectivamente es falso que la satisfacción sexual ocupe ese lugar relevante entre las parejas, siendo otras las gratificaciones las que las mantienen juntas, tales como la riqueza de la vida en común, el apoyo mutuo, la comunicación, la solidaridad, el cuidado de los hijos, el patrimonio económico, el envejecer juntos, etc. (Rodríguez, 2022c). En el contexto específico de México, al contrario de lo que Michel Bozon y Nathalie Bajos (2008) describen para Francia, instituciones tradicionales como la Iglesia, las comunidades locales y la familia de origen y extensa no han desaparecido y conservan aún poder para influir en la vida sexual, mientras que han adquirido enorme influencia los medios masivos de comunicación, la Internet, la psicología vulgarizada, el discurso médico, los movimientos sociales feminista, y de diversidad sexo-genérica, etc. En México, el campo de la sexualidad se caracteriza por una proliferación contradictoria de discursos, saberes y recomendaciones en torno a los comportamientos sexuales femeninos y masculinos, mientras que, a nivel individual, ha ocurrido un proceso de secularización subjetiva de la moral sexual (Gutiérrez y De la Torre, 2020). Este proceso se expresa en que la conciencia individual de las personas cobra relevancia como un espacio de deliberación autónoma sobre lo que se debe hacer en su vida íntima, con independencia de la opinión de las instituciones tradicionales, en especial, la eclesiástica. Esta es especialmente evidente en la constatación de prácticas específicas de cada vez mayor número de personas en las que ante la paradoja de hipersexualidad mediática y deserotización individual, expresan fehacientemente un interés por no permitir el declive de la vida sexual, así como la manifestación de experiencias de hombres y mujeres a los que les invaden sentimientos de frustración y decepción por no tener la vida sexual que desean.

Precisiones metodológicas

El proyecto del cual emana la información analizada en este trabajo se planteó una metodología mixta (Creswell, 2003) que consideró una primera fase de tipo cualitativo, en la que se realizaron ochenta y un entrevistas en las ciudades de Colima y Guadalajara, y una segunda de tipo cuantitativo, a través del levantamiento de la encuesta analizada aquí (EIRP, 2021).5 El objetivo era analizar datos tanto de tipo narrativo como de tipo estadístico, intentando dar cuenta de la dimensión significativa de los discursos y las prácticas, así como de otra representativa del fenómeno en su conjunto. La EIRP fue aplicada a hombres y mujeres, heterosexuales y adult@s agrupados en tres grupos de edad: adult@s jóvenes (35 a 49 años), adult@s medios (50 a 64 años), y adult@s mayores (65 o más años); de varios niveles socioeconómicos agrupados en dos categorías: alto, medio/ alto y medio (A/B/C+/C), y bajo superior y bajo (D+/D)6. Todos fueron residentes permanentes de la Zona Metropolitana de Guadalajara o de la Zona Metropolitana de Colima. El tamaño de la muestra fue de mil seiscientos dieciocho casos. Para que los respondientes fueran representativos del universo se consideró el tamaño de la muestra, el sexo, la edad, el nivel socioeconómico y la ciudad de aplicación. La fecha de levantamiento de campo fue del 1 de marzo al 17 de septiembre de 2021. De los respondientes de la encuesta el 52 por ciento fueron mujeres y el 48 por ciento hombres. El 39 por ciento correspondieron a los niveles socioeconómicos alto, medio alto y medio; y 61 por ciento al bajo superior y bajo. El 36 por ciento son adult@s jóvenes, 33 por ciento adult@s medios y 31 por ciento adult@s mayores. El 65 por ciento posee niveles educativos menores a licenciatura, y 34 por ciento de licenciatura incompleta a posgrado. El 35 por ciento son empleados de tiempo completo, el 7 por ciento de medio tiempo, el 21 por ciento trabaja por su cuenta, el 19 por ciento son amas de casa, y el 16 por ciento son jubilados o retirados7 (Roji & Roji, 2022).

A lo largo de la exposición se buscarán las distinciones por género, por generación, por nivel socioeconómico (NSE) y por ciudad. Se buscó realizar comparaciones con otras encuestas sobre sexualidad a nivel nacional, sin embargo, como se mencionó, esto no fue posible pues las que se han llevado a cabo han partido de una perspectiva de salud pública y en particular de salud reproductiva femenina. Tal como señalan Gayet, Juárez y Escoto,

La información con que se cuenta sobre el fenómeno de las prácticas sexuales y la sexualidad integral de la población adulta mexicana es escasa e insuficiente. La documentación e investigación obtenida hasta ahora y que ha permitido construir indicadores básicos para la formulación de políticas públicas, se refiere a un conjunto de indicadores puntuales, proviene de estudios de caso o abarca sólo a algunas subpoblaciones, y eso limita la comprensión de la sexualidad de la población del país y sus implicaciones, a la vez que impide una mejor focalización de las políticas públicas pertinentes sobre esta problemática (2014: 1).

Ante esta situación e intentando problematizar algunos de los resultados, a lo largo del trabajo se comparan los datos expuestos con dos encuestas realizadas en otros países -España y Francia-, que sí exploran temas semejantes a los propuestos por la EIRP. Se asume que cada una de estas encuestas tuvo perspectivas teóricas y metodológicas distintas y que los contextos de los cuales provienen también son diferentes y tienen escala nacional. No obstante, proveen de un marco que permite explorar las diferencias en términos generales.

I. Vida sexual, compañeros sexuales y creencias sexuales sobre los géneros

En este apartado se abordan los temas de cuántas personas tienen realmente una vida sexual activa, las razones para no tenerla, los compañeros sexuales que se han tenido y las opiniones en torno a la idea de sentido común que afirma que los hombres tienen mayores necesidades sexuales que las mujeres.

De la población entrevistada, el 60 por ciento tiene una vida sexual activa, sin aparecer diferencias entre las ciudades ni entre los sexos. La etapa de la vida que se vive sí constituye un criterio de diferenciación, siendo que entre los jóvenes la vida sexual activa se reconoce por el 72 por ciento, entre los adult@s medios el 58 por ciento y entre los mayores el 47 por ciento. Al revisar la distinción por NSE también aparecen diferencias, si es nivel medio/alto, el 66 por ciento, y si es bajo, el 56 por ciento. Este decremento según cada grupo de edad se manifiesta de la siguiente manera según el NSE: entre los jóvenes desciende de 75 a 70 por ciento, entre los medios de 63 a 55 por ciento, y entre los mayores de 52 a 45 por ciento. Como se observa, es contundente el peso del NSE al que se pertenece en el hecho de tener vida sexual. Se podría pensar que las razones detrás de esto incluyen el no tener espacio para la privacidad, volver del trabajo extremadamente cansados y vivir bajo estrés cotidianamente. Por otra parte, el 40 por ciento, tanto de hombres como de mujeres, reporta no tener una vida sexual.

Comparando con lo que ocurre en Francia, la Enquete sur la sexualité en France. Practiques, genre et santé (Bozon y Bajos, 2008)8 indagó acerca de esto, resultando que respecto a los mayores de 50 años, que corresponde al grupo de adult@s medios y mayores de nuestra encuesta, al preguntar si tenían vida sexual activa en el último año, comparando entre encuestas levantadas en tres momentos distintos, señala,

sólo el 53% de las mujeres en una relación mayores de 50 años declararon haber tenido actividad sexual en los últimos 12 meses en la encuesta de 1970, mientras que en la encuesta de 1992 eran el 77%, y hoy son casi el 90%. La proporción de hombres en una relación mayores de 50 años que son sexualmente activos también está aumentando, pero mucho menos desde la encuesta de 1992 […] (Contexte de la sexualité in France, 2007: 12).

Esa es la distancia que se muestra con nuestros resultados de 58 por ciento para los adult@s medios y 47 por ciento para los mayores, no habiendo encontrado diferencias por género, como se mencionó antes.

En la EIRP se preguntó también acerca de los motivos para no tener una vida sexual activa, obteniendo resultados en respuestas que agrupan más de dos opciones por cada respondiente. En términos generales, las respuestas más frecuentes fueron por no tener pareja ahora, con un 30 por ciento, y por carecer de interés, con un 25 por ciento. No hay distinción por sexo que resulte relevante más allá de la diferencia que conllevan obligadamente algunas opciones de respuesta, como dificultad para conseguir una erección o resequedad vaginal.

Los resultados por generación se presentan en la siguiente tabla.

Tabla 1 Motivos para no tener una vida sexual activa por edad (en porcentaje) 

Motivos para no tener vida sexual activa Adul@s jóvenes N=159 Adult@s medios N=219 Adult@s mayores N=265
Porque no tengo pareja hora 32 30 29
Carece de interés 27 24 24
No lo disfruta 6 4 5
Le causa ansiedad 3 1 3
Le resulta doloroso 2 1 5
No se excita 7 9 7
No consigue el orgasmo 3 4 4
El orgasmo es demasiado rápido 2 3 2
Padece de resequedad vaginal 2 2 3
Tiene dificultades para lograr/mantener una erección 6 6 5
Porque tengo una condición física o enfermedad que me imposibilita 7 8 10
Otra razón, especificar 4 6 2

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

En el caso de la Encuesta Nacional de Salud Sexual realizada en España en 2009,9 se preguntó si se tenía vida sexual activa, resultando que no la tienen el 22 por ciento de las mujeres y el 12 por ciento de los hombres, porcentajes mucho menores que el registrado en la EIRP, de 40 por ciento, siendo el motivo mayoritario, en el caso de las mujeres, estar viudas (34.5 por ciento), mientras que en los hombres es por falta de deseo (14 por ciento). (Gobierno de España, 2009: 22-24). Aquí la distinción genérica sí es muy relevante.

En el caso de la encuesta en Francia, y en referencia únicamente a los datos sobre las personas mayores (dado que ésta incluyó también jóvenes a partir de 18 años), se describe que,

Las dificultades relacionadas con la ausencia o insuficiencia del deseo se mencionan tanto más cuanto más mayores son las personas, tanto para las mujeres como para los hombres. Lo mismo ocurre con los hombres con dificultades para lograr una erección […]. Por otro lado, las dificultades para alcanzar el orgasmo son declaradas con mayor frecuencia por las mujeres de mayor edad (13.9% a menudo y 36.8% a veces entre las de 60 a 69 años). Estos datos reflejan las relacionadas con los efectos combinados de la duración de la relación y el envejecimiento entre las personas mayores […] (Contexte de la sexualité in France, 2007: 19).

Comparando con los datos de la EIRP, se tiene que el no conseguir el orgasmo se reporta en las tres generaciones sin mayores diferencias, tampoco genéricas, así como el no poder mantener una erección. Al parecer, no hay una época de la vida mejor que otra en nuestras ciudades de estudio, siendo que en Francia se tiene una vida sexual de mayor calidad una vez pasada la juventud y antes de llegar a los 60 años.

Enseguida se abordará lo concerniente al número de compañeros sexuales que se han tenido a lo largo de la vida. Este aspecto arroja datos muy interesantes en torno al progresivo abandono de ideales románticos como el del amor para toda la vida y el ser fieles a una sola persona, especialmente poderosos entre las mujeres (Rodríguez, 2022c). Como se muestra en la tabla 2, en términos generales el tener un solo hombre en la vida se coloca nueve puntos por delante entre las mujeres que entre los hombres, 37 por ciento frente a 28 por ciento. Casi cuatro de cada diez mujeres en las ciudades estudiadas han tenido sólo un compañero sexual en su vida, y casi tres de cada diez hombres, sólo una mujer. Es claro que los ideales mencionados conservan en cierta medida su vigencia en ambos sexos. Por lo que toca a tener de dos a tres parejas, el resultado se presenta en los mismos términos para ambos sexos, 30 y 29 por ciento, respectivamente, casi igual que el tener de cuatro a seis parejas, 24 por ciento frente a 26 por ciento. La diferencia se dispara en la opción de seis a diez parejas a lo largo de la vida, pues sólo el 9 por ciento de las mujeres declara haberlas tenido, frente a 16 por ciento de los hombres. Así, la tendencia de mayor liberalidad se enfatiza en el caso de los hombres, lo cual proviene de una larga historia de doble moral en la que se les permite mayor apertura sexual.

Tabla 2 Número de compañeros sexuales por generación y sexo (en porcentaje) 

Adult@s jóvenes Adult@s medios Adult@s mayores Total por género
Numero de parejas Femenino Masculino Femenino Masculino Femenino Masculino Femenino Masculino
1 31 25 36 31 44 29 37 28
2 a 3 34 32 31 27 24 29 30 29
4 a 6 23 25 23 26 25 28 24 26
7 a 10 12 18 9 16 6 15 9 16

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Observando las diferencias entre generaciones, es claro que los ideales románticos van decreciendo, pues casi la mitad de las mujeres adultas mayores han tenido sólo un compañero sexual, mientras que entre las medias y las jóvenes este porcentaje ha bajado a ser sólo de la tercera parte. Entre los hombres no aparece tanta variación, siendo que en las tres generaciones ronda en la tercera parte de ellos el haber tenido una sola compañera sexual, lo cual denota que el cambio en el comportamiento sexual ha ocurrido principalmente entre las mujeres a lo largo del tiempo. Destaca también que las mujeres adultas jóvenes han tenido de dos a tres compañeros sexuales, diez puntos arriba que las adultas mayores, y las medias siete puntos arriba. Es claro que conforme avanza el tiempo el valor asociado a haber sido “mujer de un solo hombre” va en declive. Otro dato interesante es la homogeneidad que se presenta tanto en hombres como en mujeres respecto a haber tenido de cuatro a seis parejas en las tres generaciones, mientras que el tener de siete a diez es algo más común entre los varones, aunque entre las mujeres va en aumento, al pasar de 6 por ciento en las mayores a 12 por ciento en las jóvenes. Esta tendencia habla de una liberalidad creciente. En estos temas no se presentaron variaciones significativas por ciudad ni por NSE.

Otro tema a indagar es el relativo a lo que se conoce como la teoría de las necesidades sexuales diferentes. Se trata de una idea tradicional muy arraigada, no sólo en nuestra cultura sino en la de muchos países occidentales, que plantea que las necesidades sexuales para hombres y para mujeres son fundamentalmente distintas. Se apoya en una visión biologicista de la sexualidad que sostiene que “por naturaleza” los hombres tienen un deseo sexual mucho mayor que las mujeres, pues se asume que tiene su origen en factores biológicos, independientes de su voluntad, como el instinto sexual, el cual se cree mucho más intenso en ellos que en ellas, a quienes se considera más capaces de controlar sus deseos y ajustarse a las normas morales. La prevalencia de esta idea es llamada por el sociólogo francés Michel Bozon como visión diferencialista de la sexualidad (Bozon y Bajos, 2008).

Para averiguar sobre este aspecto se planteó en la EIRP la pregunta sobre el grado de acuerdo o desacuerdo en torno a la afirmación “Por naturaleza, los hombres tienen mayores necesidades sexuales que las mujeres”. Los resultados generales muestran muy pocas variaciones, como se puede ver en el gráfico 1. Si se suman las opciones totalmente en desacuerdo y en descuerdo, el resultado es de 42 por ciento frente a las dos opciones opuestas, totalmente de acuerdo y de acuerdo, de 52 por ciento. Es decir, un poco más de la mitad de los respondientes coinciden con esta afirmación. El resultado por ciudades es casi idéntico, así como entre NSE medio/alto y bajo. En lo que respecta a las distinciones por generación, destaca que los adult@s medios son quienes más en desacuerdo están, con un 45 por ciento, frente a los mayores que son quienes más de acuerdo están, con un 57 por ciento. Por lo que toca a la distinción genérica, el descuerdo es muy parejo, pues los hombres resultan un poco más conservadores que las mujeres apenas en dos puntos, 53 por ciento frente a 51 por ciento en la suma de las opciones de acuerdo.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 1: Grado de acuerdo con la frase: "Por naturaleza, los hombres tienen mayores necesidades sexuales que las mujeres" 

Esta pregunta se hizo también en la encuesta en Francia y la opción de respuesta fue solamente si el respondiente estaba al cien por ciento de acuerdo con la misma frase. Lo que resultó fue lo siguiente:

Así, las mujeres y, en menor medida, los hombres adhieren mayoritariamente a la idea de que los hombres tienen “por naturaleza más necesidades sexuales que las mujeres” (75% de las mujeres y 62% de los hombres). Esta idea prevalece en todos los grupos de edad, y está sólo un poco menos presente entre los jóvenes de 18 a 24 años, tanto entre mujeres como entre hombres […] (Contexte de la sexualité in France, 2007: 24).

Como se observa, hay una gran diferencia entre las opiniones vertidas en Francia y en Colima y Guadalajara. Como se vio en la EIRP, los adult@s medios son quienes muestran el mayor desacuerdo, y son los hombres quienes adelantan ligeramente a las mujeres. De cualquier forma, es apabullante el resultado a favor de esta afirmación en ese país, dado que el 69 por ciento en promedio de los respondientes mostró su acuerdo, frente al 52 por ciento de nuestra encuesta. Hay que tomar en cuenta que aquella fue levantada en 2006 y la nuestra en 2021. Quince años después el resultado con seguridad sería diferente.

II. Entre la realidad y el deseo: la evolución de la vida sexual

En este apartado se dará cuenta de la frecuencia de las prácticas sexuales de las personas y la comparación con las que desearían, se explorará el nivel de satisfacción que reportan tener sobre su vida sexual, observando en particular cuál era ese nivel al inicio de su relación y cuál actualmente, así como el descubrimiento de los factores que la mejorarían. También se revisarán las acciones que se emprenden cuando se tiene la voluntad de mejorar esta dimensión de su vida. Se iniciará observando los resultados de la EIRP respecto a la vida sexual real y la vida sexual deseada, para lo cual se considerará lo relativo a la frecuencia de las prácticas sexuales que se muestra en el gráfico 2.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 2 Frecuencia de vida sexual actualmente 

Respecto a la frecuencia con que se tienen prácticas sexuales, se preguntó en la EIRP cada cuántos días ocurría. La frecuencia en la opción diariamente resultó en general bastante baja, con un 4 por ciento, siendo entre los adult@s jóvenes el porcentaje más alto, con un 5 por ciento. La opción de dos a tres veces por semana arrojó el porcentaje más nutrido, 21 por ciento, seguida por la opción de una vez a la semana, 17 por ciento. Si sumamos las tres opciones mencionadas, se tiene que en general cuatro de cada diez respondientes tienen relaciones de una a siete veces a la semana, y que los adult@s jóvenes las tienen 55 por ciento, los medios 40 por ciento y los mayores 20 por ciento. Como se observa, menos de la mitad de los respondientes tiene relaciones sexuales al menos semanalmente y la tendencia disminuye conforme avanza la edad. Al parecer, la creencia de que tener sexo es algo que corresponde a la juventud de forma “natural” se traduce en prácticas reales que asocian la llegada de la menopausia y de las enfermedades con la aceptación de que el sexo ya no es algo biológicamente adecuado. Tal creencia resultó como hallazgo también en el trabajo cualitativo realizado previamente a esta encuesta (Rodríguez, 2022c). Por otra parte, cabe destacar la diferencia arrojada al observar la variable del NSE, siendo que el nivel medio/alto rebasa al bajo en once puntos, 49 por ciento frente 38 por ciento. A semejanza de lo que se describió en la sección anterior respecto a tener vida sexual activa, la tendencia de disminución según el NSE reaparece en el asunto de la frecuencia de prácticas sexuales. Ambos resultados son coincidentes e invitan a suponer que es posible que las causas sean nuevamente el no tener espacio para la privacidad, volver del trabajo extremadamente cansados y vivir bajo estrés cotidianamente debido a dificultades económicas.

Sobre el tema de la frecuencia en las relaciones sexuales se puede comparar estos resultados con los arrojados en España en 2009. Para la opción diario resulta 3.5 por ciento, de dos a tres veces por semana 35 por ciento, una vez a la semana 31 por ciento, y una vez al mes 6.5 por ciento. Estas opciones suman 75.5 por ciento de personas que tienen relaciones en las cuatro opciones sumadas (Gobierno de España, 2009: 28). En el caso de la EIRP, como se vio antes, se tiene en las mismas opciones 4 por ciento, 21 por ciento, 17 por ciento y 12 por ciento para la opción de una vez al mes, lo cual suma 54 por ciento. La diferencia es abismal. A semejanza de lo que apareció al comparar estas encuestas respecto al tema de la vida sexual activa y el número de compañeros sexuales de la sección anterior, aquí se revela que se tiene mucho más frecuentemente sexo en España que en las ciudades de Colima y Guadalajara en México.

Cabe mencionar aquí el dato arrojado por la encuesta en Francia respecto a la frecuencia de relaciones sexuales de las mujeres mayores:

Entre las mujeres mayores de 50 años, la frecuencia de las relaciones sexuales también está aumentando: mientras que en la encuesta de 1992 las mujeres en pareja de 50 a 69 años declaraban haber tenido 5.3 relaciones sexuales por mes, esta cifra aumenta a 7.3 en la actualidad, mientras que no se observa ningún cambio en hombres de la misma edad (7.2 en ambas encuestas) […] (Contexte de la sexualité in France, 2007: 12).

De nueva cuenta se enfrenta al fenómeno que se podría llamar de deserotización en las ciudades de estudio, que lleva a tomar en cuenta el contexto cultural en el que se vive, el cual incluye, aun al inicio de la tercera década del siglo XXI, normas y valores de corte conservador y religioso que coexisten con tendencias individualizantes, liberales y secularizadoras que dan origen a que si en la práctica no se realiza demasiado el sexo, en la imaginación se desee intensamente. El siguiente gráfico da cuenta de las prácticas sexuales deseadas.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 3 Frecuencia de vida sexual deseable 

Por lo que toca a la vida sexual que los respondientes desearían tener, los resultados señalan diferencias notables respecto a la frecuencia de prácticas sexuales que realmente tienen. En la opción diariamente es de 14 por ciento, diez puntos por arriba de la frecuencia real general. En la opción de dos a tres veces por semana resulta un 37 por ciento, por lo que el incremento es aún mayor, rebasando la frecuencia real en alrededor de veinte puntos. Esta misma tendencia se reproduce en todas las variables, con excepción de la opción una vez por semana, donde no hay diferencias notables. Es claro que se desea que las ocasiones para tener sexo fueran muchas más a la semana. Resulta interesante ver el contraste.

En lo que corresponde a la distinción entre ciudades, en Guadalajara se tienen prácticas sexuales de una a siete veces10 por semana, de forma un poco más frecuente que en Colima, 44 por ciento frente a 40 por ciento, pero en ambas se desea que fueran más frecuentes, en Guadalajara 26 por ciento más y en Colima 24 por ciento más. Por lo que toca a cada grupo de edad, los adult@s jóvenes tienen prácticas sexuales de una a siete veces por semana en un 55 por ciento, pero desearían que fuera un 80 por ciento; los medios las tienen un 40 por ciento, pero desearían que fuera un 66 por ciento; y los mayores las tienen un 30 por ciento pero las desearían un 51 por ciento. Observando la distinción por sexo se encuentra que las mujeres tienen prácticas sexuales diarias en un 3 por ciento, pero un 12 por ciento las quisiera así; mientras que los hombres las tienen un 4 por ciento, pero un 16 por ciento las querrían así. La suma de las opciones diariamente y una vez a la semana muestra la misma tendencia, en ellas pasa de 44 por ciento a 65 por ciento, veintiún puntos de diferencia; mientras que entre los hombres pasa de 40 por ciento a 68 por ciento, es decir, veintiocho puntos de diferencia. Aunque es claro que son los hombres quienes manifiestan de forma más contundente su deseo de tener más frecuentemente sexo, es muy notable la forma en que las mujeres lo expresan también.

Obervando a las mujeres por grupo de edad, en las tres generaciones querrían tener sexo diariamente muchas más: las jóvenes pasar de 5 por ciento a 15 por ciento; las medias de 3 por ciento a 12 por ciento, y las mayores de 1 por ciento a 9 por ciento. En las opciones de una a siete veces por semana los resultados fueron: para las jóvenes de 59 por ciento a 82 por ciento; para las medias de 38 por ciento a 61 por ciento, y para las mayores de 30 por ciento a 48 por ciento. Esos datos revelan que el deseo de mayor frecuencia de tener prácticas sexuales está muy claro en las tres generaciones, siendo que aun entre las mayores, casi cinco de cada diez querrían tenerlas de una a siete veces a la semana. Por lo que toca a los varones por grupo de edad, en las tres generaciones querrían tener sexo diariamente muchos más: los jóvenes pasar de 5 por ciento a 19 por ciento; los medios de 5 por ciento a 18 por ciento, y los mayores de 3 por ciento a 12 por ciento. En las opciones de una a siete veces por semana los resultados fueron: para los jóvenes de 50 por ciento a 78 por ciento; para los medios de 42 por ciento a 73 por ciento, y para los mayores de 30 por ciento a 54 por ciento. Esos datos revelan que el deseo de mayor frecuencia de tener prácticas sexuales también es contundente en las tres generaciones, siendo que aun entre los mayores, e igual que para las mujeres, cinco de cada diez querrían tenerlas de una a siete veces a la semana. Por otra parte, estos hallazgos revelan la competencia que hay entre creencias entre las mismas personas, tal como la mencionada antes sobre la correspondencia biológica de la juventud con el sexo y la no adecuación con la vejez. Aspirar a una vida sexual más intensa o frecuente permea los imaginarios de individuos de ambos sexos y de todas las edades.

Ahora, en particular, la distancia entre lo real y lo deseable comparando por sexo muestra que las diferencias para los hombres son mayores que para las mujeres, la distancia porcentual entre lo real y lo deseable para ellas y ellos adult@s jóvenes es de 23 por ciento frente a 28 por ciento; entre ellas y ellos adult@s medios, es de 23 por ciento frente a 31 por ciento, y entre ellas y ellos adult@s mayores, es de 18 por ciento frente a 24 por ciento. Esta brecha muestra una mayor frustración para los hombres, es decir, sus expectativas por una vida sexual más intensa son aún mayores que las de las mujeres. Esto evidencia que persiste la teoría de las necesidades sexuales diferenciadas tratada páginas atrás que alienta en los hombres el deseo de que aspirar a mayor satisfacción sexual es algo legítimo “por naturaleza”. Siguiendo esta lógica comparativa entre lo real y lo deseable en la frecuencia de prácticas sexuales en las opciones de una a siete veces a la semana, se encuentra que la variación por NSE es muy relevante. Los respondientes ubicados en el NSE medio/alto refirieron una frecuencia real de 49 por ciento, mientras que los de NSE bajo fue de 38 por ciento, fenómeno que ya había aparecido al tratar el aspecto de tener o no vida sexual. Al contrastar con lo deseable, los primeros reportan 71 por ciento frente a 64 por ciento de los segundos. Así, la brecha entre lo real y lo deseable para el NSE medio/alto es de veintidós puntos y para el NSE bajo es de veintiséis puntos, aún mayor. En esta misma distinción por NSE, entre las mujeres del NSE medio/alto en particular los datos arrojan un contraste entre 53 por ciento contra 71 por ciento, mientras que en el NSE bajo la diferencia es entre 37 por ciento y 61 por ciento, una brecha de dieciocho puntos para las primeras y de veinticuatro para las segundas. En el caso de los hombres, los del NSE medio/alto reportan un 45 por ciento frente a 71 por ciento, y los del NSE bajo 38 por ciento frente a 66 por ciento, una distancia de veintiséis puntos para los primeros y de veintiocho para los segundos. La tendencia se mantiene respecto a la mayor frustración para los hombres y en particular para los de NSE bajo.

En el caso de la encuesta en España, los datos no con comparables con los de la EIRP, pues la pregunta planteada fue distinta, siendo ¿Y le gustaría tener relaciones con menos frecuencia, con más, con la misma o le es indiferente? Aun así es relevante observar que la opción con la misma frecuencia se presenta en 44 por ciento de los hombres y en 56 por ciento de las mujeres; es decir, buena parte de unos y otras se encuentran conformes con la frecuencia de su vida sexual. En la opción con más frecuencia resulta que lo desean 45 por ciento de los hombres y sólo 24 por ciento de las mujeres, revelando que más ellos, pero también ellas, lo querrían más, mientras que la opción de querer menos frecuencia aparece en 4 por ciento de mujeres y 2 por ciento de los hombres. La opción de que les es indiferente aparece con un 15 por ciento de mujeres y en 7 por ciento de hombres (Gobierno de España, 2009: 30). Esto muestra que a pesar de tener una actividad sexual mucho más frecuente que en las ciudades de Guadalajara y Colima, casi la mitad de los españoles querrían mayor frecuencia, así como una cuarta parte de ellas.

Respecto al tema de la satisfacción con la vida sexual, los hallazgos que reporta una encuesta en torno a un indicador como es el de la satisfacción con la vida sexual no permiten ver la significación particular que dicho término tiene para las personas. Podría ser que algunas lo asocien con obtener placer, llegar al orgasmo, sentirse cerca afectivamente con el otro, tener una alta autoestima, distanciarse de los roles tradicionales -sobre todo las mujeres-, etcétera. Esta significación está marcada por factores culturales e históricos, así como por los discursos en torno al amor y al sexo imperantes en contextos específicos, y sólo pueden dar cuenta de ella los estudios de tipo cualitativo con muestras pequeñas (Valdés, Sapién y Córdoba, 2004). Por otra parte, el concepto de satisfacción sexual es polisémico a nivel teórico y ha sido medido de diversas formas desde la piscología, lo cual muestra también un campo amplio y heterogéneo de significaciones (Challco y Salvador, 2021). Sin embargo, el responder a una pregunta directa sobre la satisfacción que las personas atribuyen a la vida sexual en un cuestionario de encuesta en el que se elige entre las opciones de totalmente satisfactoria, satisfactoria, medianamente satisfactoria, poco satisfactoria y nada satisfactoria, ofrece una radiografía del grado en que, de forma sintética, evalúan esta dimensión de su vida, ofreciendo hallazgos de lo más interesantes, sobre todo al confrontarlos con lo dicho antes en este trabajo respecto a las características que se atribuyen a la vida sexual en las sociedades contemporáneas.

De aquellos que tienen una vida sexual activa, sólo alrededor de la quinta parte respondió en la opción más intensa de las ofrecidas, que es totalmente satisfactoria, tanto a nivel general como en ambas ciudades. El mayor porcentaje de las respuestas se reportó en la opción sólo satisfactoria, rondando el 30 por ciento. Mientras que la opción más negativa, la que dice nada satisfactoria, aparece en la quinta parte de las respuestas. Si se sumaran las opciones totalmente satisfactoria y satisfactoria, se tendría que apenas llegan a la mitad. Es claro que aun teniendo una vida sexual activa, ésta deja poco o mucho que desear para la mitad de los respondientes.

También se preguntó en la EIRP qué tan satisfactoria era la vida sexual al inicio de la relación y en la actualidad con el fin de poder observar su trayectoria y evolución. Los resultados son sorprendentes (ver gráfico 4). La vida sexual satisfactoria y totalmente satisfactoria pasa de 82 por ciento en Guadalajara y 83 por ciento en Colima, a 49 por ciento en ambos casos; mientras que la vida sexual nada satisfactoria aumenta de 4 por ciento a 20 por ciento en Guadalajara, y de 3 por ciento a 22 por ciento en Colima.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 4 Nivel de satisfacción de su vida sexual en pareja al inicio y actualmente por ciudad 

Ahora, en el gráfico 5 se muestra la comparación de los resultados respecto a la satisfacción con la vida sexual al inicio de la relación y actualmente, por grupos de edad.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 5 Nivel de satisfacción de su vida sexual en pareja al inicio y actualmente según grupos de edad 

Al observar estos resultados por generación, aparece de forma contundente que el factor tiempo de relación es determinante en el decremento de la calidad de la vida sexual. Para los adult@s jóvenes el descenso en las opciones totalmente satisfactoria y satisfactoria es de veintiocho puntos, entre los medios de treinta y dos, y entre los mayores de cuarenta y dos puntos porcentuales. Mientras que el aumento en la opción nada satisfactoria aumenta entre los jóvenes de 4 por ciento a 16 por ciento, entre los medios de 3 por ciento a 21 por ciento, y entre los mayores de 4 por ciento a 26 por ciento. El aumento es de doce, dieciocho y veintidós puntos, lo que refuerza la tendencia mencionada. En lo que toca a la distinción por NSE, en el nivel medio/alto la satisfacción desciende en el par de opciones mencionadas treinta y un puntos, pasando de 85 por ciento a 54 por ciento, mientras que para los del NSE bajó treinta y cinco puntos, pasando de 81 por ciento a 46 por ciento; así como la opción nada satisfactoria aumenta de 3 por ciento a 19 por ciento en el medio/alto, y de 4 por ciento a 22 por ciento en el bajo, aumentando dieciséis puntos en los primeros y dieciocho en los segundos. En ambas comparaciones el nivel bajo vive menor satisfacción con su vida sexual tanto al inicio como en el momento actual. De nueva cuenta, la pertenencia al NSE se traduce en mejores o peores condiciones para la calidad de la vida sexual, sea en el tener vida sexual activa, como en la frecuencia de las prácticas sexuales; y ahora, al observar el nivel de satisfacción, las desigualdades estructurales determinan, en una gran proporción, la posibilidad real de acceder a una vida sexual gratificante.

Para cerrar esta sección se abordan ahora los factores que los respondientes consideran que mejorarían su vida sexual. Para ello, en la EIRP se planteó un listado de opciones de las cuales podían elegir más de una. Los resultados generales fueron, en primer lugar indiscutible, el reducir el estrés (42 por ciento), componente cotidiano de la vida contemporánea en las grandes ciudades. En segundo lugar, aunque once puntos por debajo (31 por ciento) está el sentir menos cansancio, lo cual denota también el exceso de trabajo que caracteriza la vida cotidiana de las personas. Enseguida, aparecen en orden decreciente el pasar más tiempo con la pareja (27 por ciento), lo cual expresa el dedicar demasiadas horas al trabajo; el tener mejor comunicación (24 por ciento) y el experimentar cosas nuevas (23 por ciento), y que a ambos les interesara más (17 por ciento), elementos que coinciden con el tener una vida rutinaria en la que no hay demasiado espacio e interés para la pareja, ni tampoco para la experimentación y la creatividad. Enseguida se encuentra el factor de estar enfermos (21 por ciento), el cual varía mucho según la edad, como se verá enseguida, el tener un espacio con mayor privacidad (20 por ciento), obstáculo que denota carencias estructurales reflejadas en no tener un lugar adecuado para una vida sexual relajada, así como el no vivir juntos (12 por ciento).

Observando las diferencias por edad destaca la opción sentir menos cansancio, mucho más acusada entre los jóvenes con 36 por ciento, frente a los medios con 28 con ciento, y los mayores con 29 por ciento; el estar enfermos, en la que destacan los mayores con 27 por ciento, frente a los medios con 19 por ciento, y jóvenes con 16 por ciento; no tener problemas económicos, revelada más por los jóvenes con 14 por ciento, frente a los medios con 11 por ciento y los mayores con 8 por ciento; misma tendencia que el tener un espacio con mayor privacidad, expresada por los jóvenes con un 24 por ciento, los medios con un 19 por ciento, y los mayores con un 17 por ciento. Por lo que toca a las distinciones por NSE, éstas aparecen en pocos casos, siendo el reducir el estrés más frecuente en el nivel medio/alto con 45 por ciento, frente a 40 por ciento en el bajo; tener mejor comunicación más referido en el medio/alto con un 27 por ciento, frente a un 22 por ciento en el bajo; no estar enfermo más alto en el nivel bajo con un 23 por ciento, frente a 17 por ciento en el medio/alto; así como que a ambos les interesara más, con un 18 por ciento en el bajo, frente a un 14 por ciento en el medio/alto.

Al observar lo relativo a si el respondiente ha recurrido a algunas actividades para estimular su vida sexual, el resultado es que sólo 21 por ciento lo han hecho, frente a 79 por ciento que no. Esa pregunta es interesante pues revela el tipo de actitud que el individuo asume ante una vida sexual desgastada o por debajo de sus expectativas. En los resultados por ciudades se descubre mayor apertura en Guadalajara que en Colima, 23 por ciento en respuesta afirmativa frente a un 18 por ciento. La distinción por edad es muy relevante, ocurriendo un 28 por ciento en los adult@s jóvenes, un 19 por ciento entre los medios y sólo un 15 por ciento entre los mayores. En cuanto al género no hay una diferencia significativa, apenas una diferencia de 21 por ciento entre las mujeres y de 20 por ciento entre los hombres, mientras que el NSE revela que el 25 por ciento del nivel medio/alto lo ha hecho frente un 18 por ciento en el bajo. Cabe mencionar que al comparar los grupos de edad por ciudad es de destacar que entre los jóvenes de Guadalajara ocurre un 33 por ciento, frente a un 22 por ciento de Colima, mientras que entre los medios no hay tanta diferencia -18 por ciento frente a 19 por ciento-, y entre los mayores de 16 por ciento a 13 por ciento. Al preguntar a los respondientes que sí han emprendido actividades para mejora su vida sexual (21 por ciento), cuáles en particular han realizado, resultó lo siguiente.

Fuente: EIRP (2021). Elaboración propia.

Gráfico 6 Comparativo de actividades para estimular la vida sexual 

En términos generales se coloca en primer lugar el usar ropa sexy con 66 por ciento, enseguida el usar juguetes sexuales con 43 por ciento, y ver videos o pornografía juntos así como usar productos que estimulan se ubican en tercer lugar con 39 por ciento. Tomando en cuenta las diferencias venidas del género, el NSE y la ciudad, ver videos de pornografía juntos destaca que los hombres lo hacen mucho más que las mujeres, un 45 por ciento frente a un 35 por ciento, hallazgo que coincide plenamente con lo revelado en trabajo cualitativo con entrevistas, aunque se percibe una cierta tendencia a que aumente el gusto entre las mujeres. En lo que toca a intercambiar mensajes escritos eróticos o sexuales se revela mucha mayor actividad entre los mayores con un 43 por ciento, frente a un 33 por ciento de los jóvenes, y 31 por ciento de los medios; mientras que el NSE medio/alto adelanta al bajo con un 38 por ciento frente a 31 por ciento. En el uso de juguetes sexuales destacan los jóvenes con un 47 por ciento, frente a 39 por ciento de los medios y 40 por ciento de los mayores, lo cual llama la atención pues al preguntar sobre esta práctica concreta en la sección anterior, el uso era de 21 por ciento entre los jóvenes, el 15 por ciento entre los medios y apenas el 13 por ciento entre los mayores, de las respuestas totales de la EIRP; mientras que lo que se presenta aquí corresponde sólo al 21 por ciento que ha emprendido prácticas para estimular la vida sexual. Por lo que toca a la distinción por género, usar juguetes sexuales lo afirman 42 por ciento de las mujeres y 44 por ciento de los hombres. Respecto a usar ropa sexy, la opción más frecuente en general, se revela mayor uso en Colima que en Guadalajara, 71 por ciento frente a 63 por ciento; y la usan más los jóvenes y los medios con un 68 por ciento, que los mayores, con un 61 por ciento. En cuanto al uso de productos que estimulan, Guadalajara adelanta a Colima con un 45 por ciento frente a un 35 por ciento; en los grupos de edad va creciendo de 35 por ciento a 38 por ciento, y 49 por ciento con los mayores; los hombres adelantan a las mujeres con un 42 por ciento frente a 37 por ciento; y el NSE alto revela menor uso que el bajo, 38 por ciento frente a 40 por ciento. Acerca de la acción de hablar por teléfono de fantasías y deseos, Guadalajara adelanta por seis puntos a Colima, 26 por ciento frente a 20 por ciento; los adult@s medios lo hacen mucho más que los otros, 29 por ciento frente a 23 por ciento de los jóvenes y 17 por ciento de los mayores; y los hombres adelantan con mucho a las mujeres con un 31 por ciento frente a un 17 por ciento.

En cuanto a las actividades sexuales menos convencionales se revelan resultados sorprendentes al observar las diferencias de edad. Por ejemplo, en el explorar prácticas sexuales novedosas repuntan los mayores con 40 por ciento, frente a los medios que lo hacen un 29 por ciento, menos que los jóvenes con un 32 por ciento; mientras que el NSE medio/alto lo hace más que el bajo, 36 por ciento frente a 30 por ciento, y la distinción genérica señala que son los hombres quienes más las buscan con un 36 por ciento frente a 30 por ciento de las mujeres. Por lo que refiere a la opción de buscar la participación de una tercera persona, los datos expresan que entre los jóvenes ocurre un 14 por ciento, en los medios un 9 por ciento y en los mayores un 23 por ciento. Asimismo, las mujeres lo expresan más que los hombres, un 17 por ciento frente a un 12 por ciento. Lo mismo ocurre con participar en grupos que practican sexo no convencional, los adult@s mayores lo afirman en un 16 por ciento, mientras los medios apenas un 5 por ciento y los jóvenes un 6 por ciento; en Guadalajara ocurre un poco más que en Colima, 9 por ciento frente a 6 por ciento, mientras que no hay diferencias significativas por género.

Conclusiones

En el afán de sintetizar lo expuesto anteriormente, descubrimos que en las ciudades de estudio se revela que, respecto a otros países, mucha menor proporción de personas tienen una vida sexual activa, y que entre los motivos para no tenerla aparece como segunda razón el carecer de interés, incluso entre los adult@s jóvenes. Por lo que toca a la teoría diferencialista de la sexualidad, un poco más de los respondientes coinciden en pensar que los hombres tienen mayores necesidades sexuales que las mujeres, aunque sobre todo entre los adult@s medios hombres esta creencia va en declive, abriendo paso a concepciones más igualitarias entre los sexos. Al abordar el tema de la frecuencia de las prácticas es claro que persiste la creencia de que tener sexo es algo que corresponde a la juventud y que la llegada de la menopausia y de las enfermedades se asocian fuertemente con la aceptación de que el sexo ya no es parte de la vida, aunque esto ocasione grandes dosis de frustración.

Por otra parte, si en la práctica no se realiza demasiado el sexo, en la imaginación se desea intensamente. Los datos que permiten contrastar la vida sexual real y la deseada resultaron apabullantes revelando que los respondientes de las tres generaciones, de ambos sexos, ciudades y NSE desearían tener mucho más sexo del que tienen. Asimismo, al abordar qué tan satisfactoria es la vida sexual se constató que apenas la mitad de los encuestados respondieron en las opciones más satisfactorias, revelando que aun teniendo una vida sexual activa ésta puede ser decepcionante. Al comparar el nivel de satisfacción entre el vivido al inicio de la relación y actualmente, los resultados son también sorprendentes, al mostrar el decremento de las opciones más positivas en varias decenas de puntos. Es claro que el factor de la duración de las relaciones de pareja es determinante en el decremento de la calidad de la vida sexual, tal y como describen los autores mencionados en las primeras páginas respecto al costo de la institucionalización de la vida matrimonial, que trae consigo la disminución de la pasión y el deseo.

A lo largo del trabajo ha quedado claro que la vida sexual de la gente dista mucho de ser lo intensa y apasionada que sugieren los medios masivos de comunicación. La información reportada parece dar la razón a la paradoja planteada en las primeras páginas respecto a vivir en sociedades hipersexualizadas y vidas cotidianas deserotizadas, en las que la desigualdades derivadas del nivel socioeconómico al que se pertenece impactan de forma determinante la calidad de la vida sexual que se puede tener, aún más que las diferencias genéricas. Sin embargo, a pesar de esta deserotización, existe el deseo de tener una vida sexual más intensa, lo que sugiere que son las condiciones de vida las que lo impiden, así como la persistencia de valores y estereotipos tradicionales y conservadores que aún regulan el comportamiento sexual en México. No obstante, en el caso de las mujeres, la motivación de cambiar su vida se evidencia en el aumento de compañeros sexuales que se han tenido, y en el caso de los adult@s mayores, en su gusto por experimentar con prácticas sexuales no convencionales. Es claro que los recursos simbólicos que legitiman el derecho al disfrute y al placer han ido haciendo mella en las creencias populares que sostenían que los hombres necesitan más del sexo que las mujeres, que al aumentar la edad la vida sexual deba desaparecer, y que lo normal sea aceptar una vida sexual no satisfactoria.

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1El proyecto se tituló Intimidad y relaciones de pareja en la región centro-occidente del México contemporáneo: desafíos socioculturales, y fue colectivo e interinstitucional. Fue apoyado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) en la convocatoria CB-2016-01 con el número: 245227/CB284023. Sus resultados se pueden consultar en: <http://www.cucsh.udg.mx/novedades-de-investigacion/intimidad-y-relaciones-de-pareja-en-la-region-centro-occidente-del>.

2Me refiero a información derivada de encuestas dirigidas a población femenina, jóvenes o de la diversidad sexual que recuperan datos en torno a prácticas sexuales de tipo demográfico y de riesgo: edad de la primera relación sexual, uso y conocimiento de métodos anticonceptivos, número de hijos, mortalidad infantil, tipos de unión de pareja, número de parejas sexuales, etc., tales como la ENSARE, la ENADID, la ENDIREH, la ENDIFAM, la ENJUVE o la ENDISEG y que no abordan los temas que aquí interesan.

3Estados del arte sobre investigaciones en torno al amor y la afectividad han sido realizados por Adriana García Andrade desde México, el primero en colaboración con Priscila Cedillo sobre el mundo anglosajón (2011); el segundo en las regiones anglosajona, española, francesa y mexicana (2014); y el tercero en América Latina (2023).

4La perspectiva acerca de la sexualidad de la que se parte es la construccionista, es decir, aquella que asume que la sexualidad es un producto social e histórico pues las formas en que las personas sienten y practican el sexo es producto de disposiciones y regulaciones creadas por ellas mismas y que, por tanto, se transforman a raíz de luchas y negociaciones (Foucault,1986; Rubin,1989; Weeks,1998).

5El cuestionario general de la encuesta constó de ciento cincuenta y nueve preguntas y fue elaborado por el equipo de investigación distinguiendo autoría por cada uno de los ejes de análisis. El eje de sexualidad incluyó treinta preguntas; ver Rodríguez (2022b) en el sitio web mencionado.

6En la determinación del nivel socioeconómico (NSE) del informante se utilizó el método creado por la Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión (AMAI), el cual considera seis dimensiones del bienestar dentro del hogar: capital humano, infraestructura práctica, conectividad y entretenimiento, infraestructura sanitaria, planeación y futuro e infraestructura básica y espacio (Roji & Roji, 2022).

7El enfoque utilizado fue el autoadministrado con asistencia de un encuestador. El procedimiento fue el siguiente: Se abordó a la persona cortésmente, el encuestador se presentó con nombre y apellido. Se explicó el objetivo de la encuesta y se hizo la solicitud de participación respondiendo el cuestionario. El encuestador no produjo sesgos, no indujo respuestas ni las sugirió. Al respondente se le dio el tiempo suficiente para leer las preguntas, para recordar y para pensar sus respuestas. Para finalizar, el encuestador se despidió y agradeció el tiempo y la colaboración de la persona. Antes de dar por finalizada la encuesta revisó que se hubiese contestado todo el cuestionario (las encuestas con información incompleta fueron anuladas).

8La encuesta se llevó a cabo por iniciativa de la Agencia Nacional de Investigación sobre el sida y la hepatitis viral (ANRS), y fue realizada a 12,364 personas de entre 18 y 69 años que vivían en Francia continental y hablaban francés. Se levantó de septiembre de 2005 a marzo de 2006 en forma telefónica.

9Primera encuesta sobre sexualidad en España realizada con enfoque de género. Fue llevada a cabo por el Observatorio de Salud de la Mujer (OSM) de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social (MSPS), en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Se levantó de noviembre de 2008 a enero de 2009, y consistió en 9,850 entrevistas a hombres y mujeres de 16 años y más en forma presencial en sus hogares.

10Incluyendo las opciones diario, dos a tres veces y una vez a la semana juntas.

Recibido: 06 de Septiembre de 2024; Aprobado: 02 de Diciembre de 2024

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