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Estudios políticos (México)

Print version ISSN 0185-1616

Estud. polít. (Méx.)  n.60 Ciudad de México Sep./Dec. 2023  Epub Nov 20, 2025

https://doi.org/10.22201/fcpys.24484903e.2023.60.86868 

Artículos

El populismo antes y ahora. Reflexiones para repensar el estudio del populismo

Populism then and now. Reflections to rethink the study of populism

János Simon* 

* Historiador, politólogo y sociólogo húngaro. PhD (IPS of HAS). Profesor universitario habilitado (ELTE-Budapest), profesor investigador de la National Public Service University, redactor jefe en Central European Political Review (CEPoliti Review), director del Centro de Conocimiento John C. Harsányi. Inicio sus estudios en la Universidad ELTE-Budapest. Y realizó sus estudios de posgrado en: Universidad de Ámsterdam, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad de Oxford (Nuffield College). Sus líneas de investigación comprenden: Democracia, partidos, preferencias, elecciones y cultura política. Fue profesor en siete universidades de Hungría. Enseñó y dio conferencias en cinco idiomas en 37 universidades en 25 países. Hasta el momento cuenta con 30 volúmenes de libros (autor y editor) y ha publicado 250 estudios, dos tercios de ellos en idiomas extranjeros, en 7 idiomas en ocho países. Sus libros más citados son: The Postcommunist Citizen (con S. Barnes, 1997, 1999); Globalization and Nation (2015, 2016); La vida y obra de John C. Harsányi vol. I-II-III. (2019, 2020, 2021).


Resumen

El estudio tiene como objetivo refutar los conceptos erróneos del populismo, así como formular nuevas rutas para futuras investigaciones. En la era posglobalista, la democracia no suele ser la que está en crisis agonizante, sino su versión liberal, más aún la neoliberal. No es el populismo el que provoca la caída de las democracias, sino el mal desempeño de los gobiernos y de la clase política. Debido a la mala actuación del gobierno y los conflictos de intereses entre las élites, se interrumpe el diálogo entre los gobernantes y la sociedad, lo que provoca una grave situación de crisis, rompiendo el anterior “equilibrio dinámico” entre los intereses de los políticos grupos de élite y las masas. El cierre de vías de diálogo de la clase política activa a los excluidos y amplios sectores de la sociedad, fortalece las tendencias populistas que eluden a las instituciones democráticas.

Palabras clave: Democracia; populismo; ruptura; equilibrio dinámico; actuación gubernamental

Abstract

The study aims to refute misconceptions of populism, as well as formulate new routes for future research. In the post-globalist era, democracy is not usually the one that is in a dying crisis, but its liberal version, even more so the neoliberal one. It is not populism that causes the fall of democracies, but the poor performance of governments and the political class. Due to the poor performance of the government and the conflicts of interest between the elites, the dialogue between the rulers and society is interrupted, which causes a serious crisis situation, breaking the previous "dynamic balance" between the interests of the elite political groups and the masses. The closure of channels of dialogue of the active political class to the excluded and broad sectors of society, strengthens populist tendencies that elude democratic institutions.

Keywords: Democracy; populism; rupture; dynamic equilibrium; government action

Introducción: La democracia como libertad institucionalizada

La democracia moderna consiste fundamentalmente en la institucionalización de la libertad, tanto desde el punto de vista procedimental como institucional, en términos jurídicos, económicos y culturales. Desde mediados del siglo XX, la mayor garantía de libertad ha sido la democracia, en la que el poder es ejercido por un gobierno basado en un sistema multipartidista, libremente elegido, sujeto al control de las instituciones democráticas y responsable ante el parlamento. Cuanto mejor es una democracia, cuanto más humanista y funcionalmente eficiente es, mejor puede garantizar a las personas tanto la libertad como la prosperidad (Simon 2015).

La gran pregunta del siglo XXI es: ¿qué tipo de democracia es más capaz de proporcionar la libertad y el bienestar humano que es la exigencia ontológica de la humanidad: alguna forma de democracia liberal o alguna nueva forma de democracia no liberal? La respuesta vendrá determinada por los procesos de la realidad, pero lo que es seguro es que la dirección y el contenido del cambio vendrán determinados por una combinación de factores, uno de los cuales es la llamada naturaleza “liberal-universal” o “no liberal” del sistema social. Uno de estos factores es el “populismo”, con sus diversas interpretaciones sobre su contenido, poder e impacto.

Populismo es uno de los términos que más rápidamente ha crecido en la ciencia política en la primera mitad del siglo XXI, tanto en los medios de comunicación como en la literatura. En un número creciente de publicaciones aparecen estudios de casos, análisis de síntesis y trabajos comparativos sobre la descripción de fenómenos y sistemas populistas. La cuestión es, sin embargo, cuál es la razón de ello: ¿se trata de la propagación mundial de las fuerzas populistas en las sociedades y en el espacio político real, o más bien de la rápida expansión de un término que se extiende en la política y que simplemente se traslada a las ciencias sociales? En cualquier caso, cabe destacar que, mientras que las fuerzas liberales y de izquierdas utilizan el término con gran preferencia, los analistas conservadores y de derechas no utilizan el término para describirse a sí mismos ni a los demás. La gran mayoría de los analistas se consideran firmemente liberales y/o de izquierdas y, por tanto, tienen un fuerte compromiso ideológico o apego a valores políticos. Utilizan el término populismo con una connotación negativa, antidemocrática y destructiva, que siempre se usa como marca (sello) para las fuerzas de derechas, la extrema derecha, la derecha radical y antidemocrática. La fuerte influencia política siempre dificulta el examen científico de la cuestión. Parece como si hubiera surgido una fuerte tendencia liberal a sustituir la división izquierda-derecha en el espacio político a nivel verbal, es decir, en la comunicación política, por una línea de fractura democrático-populista.

En la primera parte de nuestro estudio, repasaremos brevemente la historia del concepto y la encrucijada que ha tenido desde sus inicios hasta nuestros días, desde la lucha contra las ideologías elitistas en el siglo XIX hasta la lucha contra el neoliberalismo actual. Luego analizaremos qué afirmaciones e interpretaciones falsas hay en las ciencias sociales sobre las causas, circunstancias y consecuencias del populismo, y escribiremos sobre cómo vemos todo esto. Finalmente, en un capítulo comparativo examinamos qué resultados obtenemos si se analiza el concepto desde diferentes puntos de vista ideológicos, es decir, se interpreta en función de diversas motivaciones políticas y sus distintas conexiones de valor: en un enfoque liberal, no liberal y antiliberal.

Creemos que, si aclaramos el origen de estos problemas, entonces, al menos a nivel de explicaciones causales, podemos acercarnos al concepto de un sistema más humano y democrático, que puede garantizar aún más la libertad y el bienestar de las personas.

Breve historia del populismo. La prehistoria del término populista

Según un proverbio húngaro de Transilvania: “la mula es inútil comparada con otros animales, porque no se reproduce, porque es testaruda, no le gusta tirar del carro y su carne ni siquiera es lo bastante sabrosa, pero la gente la utiliza de todos modos, porque el rebaño siempre la sigue”. Con el populismo nos pasa un poco lo mismo, porque no podemos decir claramente cuándo un régimen es populista, por ejemplo, pero el término se utiliza en ciencia política para describir muchas cosas.

El término “populismo” existe en la lengua vernácula desde hace dos siglos, pero en la mayoría de los países se ha utilizado sobre todo en la ficción y la poesía. Fue el Romanticismo del siglo XIX el primero en introducir la palabra populismo en la cultura, donde el papel del sector agrario y la ideología campesina eran fuertes. Sus representantes procedían principalmente de las clases bajas que, al convertirse en intelectuales, no rompieron con sus raíces. Hablaban el lenguaje del pueblo en comunicación y en su programa se definía claramente como “la elevación del pueblo”. En la llamada “revolución popular”. “Los ʻintelectuales del puebloʼ se basaban principalmente en las masas de los desposeídos, que se oponían a los privilegiados y a la aristocracia, cuando hablaban en nombre y en representación del ʻpuebloʼ” (Borbándi 1976; Gyurácz 1992: 32-43; Gyurácz 1993). A menudo pensaban en términos de “pueblo-nación”, identificando a las personas a las que apoyaban con la nación, mientras que consideraban a los ricos privilegiados como “de corazón extranjero”. Por este motivo, entre otros, se les acusó a menudo de ser excluyentes y, por tanto, antidemocráticos.

En los últimos 200 años, en los países donde la producción agrícola ha desempeñado un papel importante, los valores e intereses del campesinado han adquirido una mayor representación en los círculos intelectuales e incluso en la política a través de los partidos campesinos (por ejemplo, en Rusia, Polonia, Hungría e Italia), y han tratado de contrarrestar el elitismo de la aristocracia privilegiada.

En la segunda mitad del siglo XIX, los pueblos lucharon cada vez más contra las consecuencias inhumanas de la urbanización y la emigración masiva a las ciudades: se pronunciaron contra la pérdida de valor, la soledad y la vulnerabilidad (el mejor ejemplo de ello en Rusia es el llamado movimiento Narodniki). Proclamaron el desarrollo nacional y trataron de apoyarse en el campesinado y en la intelectualidad nacida en el campo o comprometida con este para la transformación social y política del país, al tiempo que luchaban contra el desarrollo capitalista “al estilo occidental”1.

En Europa Central, y especialmente en Hungría, el “movimiento de escritores populares” se hizo más fuerte después de la Primera Guerra Mundial, cuando, además de los valores cristianos, (también) adquirió un contenido nacional más fuerte como resultado del dictado de paz de Trianon (Gyurácz 1992). En general, se puede decir que en Europa entre las dos guerras fue fuerte la carga social y nacional de los “movimientos populares”, que en muchos casos se combinó con la lucha contra el cosmopolitismo y el chovinismo (en Rumania, Alemania) (López 2013).

En el continente americano, el término populismo en política apareció por primera vez en Estados Unidos. Políticos de mayor calibre utilizaron el término “el pueblo” (popolo, pueblo) como “la fuente del poder”, como el presidente A. Lincoln, que en su famoso discurso de Gettysburg de 1864 repitió la línea de pensamiento de su discurso sobre el Estado de la Unión de Ohio de 1952, tomado y adaptado del húngaro Lajos Kossuth (Kossuth 1852; Lincoln 1864)2.

La historia moderna del concepto

En 1967 se llevó a cabo en Londres (20 y 21 de mayo en la London School of Economics and Political Science) un debate científico de alta calidad con distinguidos expertos sobre el concepto y su uso. Surgió un consenso entre los presentes sobre dos cuestiones: por un lado, que no vale la pena intentar condensar el amplio concepto en una sola definición; por otro lado, que la expresión en sí misma no es ni positiva ni negativa, su contenido siempre lo decide su contexto, es decir, a qué se refiere. (Berlín 1967).

En el debate sobre el populismo, los investigadores pueden interpretarlo de tres maneras: 1. no se molestan en dar una definición única porque no le ven sentido; 2. dan al menos una definición mínima; 3. proponen introducir un nuevo concepto. Veámoslas brevemente:

  • 1. En Londres en 1967, preocupados por la definición del populismo, coincidieron en que no era conveniente definir el concepto con precisión, y que tal vez no pudiera definirse, porque la realidad rápidamente cambiante no proporcionaba una base suficiente para hacerlo. I. Berlin expresó que debíamos evitar actuar como el príncipe del cuento de Cenicienta que buscaba un pie para un zapato que le encajara (Berlin 1967).

    2. Más tarde, cada vez más personas consideraron que no había que dejar que el concepto flotara en el agua y que al menos debíamos anclar el contenido del concepto con una definición mínima de criterios, similar a lo que propuso e hizo Leonardo Morlino en relación con la democracia (Morlino 2011: 9-54).

    3. Especialmente después del milenio, proliferaron los intentos de definición. Las definiciones consensuadas en Europa y América Latina tiran en varias direcciones y a menudo se contradicen entre sí (Mudde et al., 2014; Kaiser y Álvarez, 2016; Müller, 2016), por lo que no favorecen la construcción de un amplio consenso. Por otra parte, se ha sugerido que debería dejarse que el concepto flotara porque se ha sobrecargado con significados contradictorios y que, en su lugar, debería introducirse un nuevo término, como hizo Robert Dahl en el caso de la democracia en relación con la poliarquía (Dahl 1984: 225-240).

Fue el trabajo de Woodward en 1968 el que produjo el primer acercamiento académico sobre el populismo que tuvo una resonancia más amplia, especialmente cuando se volvió a publicar en 1991 (Woodward 1968:146-166; Woodward 1991; Zanotti y Roberts 2021).

También hay que ver que, en las ciencias sociales, en el período inicial, sólo se mencionaba a las personas como factor legitimador, el término se consideraba interpretable desde un principio y se trataba como en el habla cotidiana, la ficción o el uso de las palabras. de los políticos, así como fuente, objeto y fin también de la política. (González Casanova 1985). El término de uso frecuente “personas” no era ni un concepto estructurado ni un concepto definido en ese momento, por lo que fue cierto desde el principio que era adecuado para muchas cosas. Todos querían decir lo que querían. Durante mucho tiempo, el populismo político, que se ocupa del pueblo, apareció solo como un tema marginal en la investigación académica.

¿Cuál es la razón por la que el concepto de populismo, como una especie de sello de goma, puede ser tirado en tantas direcciones y, como resultado, es interpretado de tantas maneras diferentes en las ciencias sociales, siendo las diversas interpretaciones a menudo completamente contradictorias? En nuestra opinión, tres circunstancias importantes han contribuido a la ambigüedad del populismo, además del hecho de que el significado de la mayoría de los conceptos siempre ha sido (algo o muy) vago y discutido debido al incierto consenso profesional en ciencia política. Estas circunstancias son:

  1. Diferentes raíces histórico-culturales;

  2. Los cambios sociales; y

  3. El impacto de políticas partidistas a menudo conflictivas y opiniones político-ideológicas opuestas.

1. Diferentes raíces histórico-culturales: Las diferentes interpretaciones derivadas de las diferentes raíces histórico-culturales ya se han descrito en nuestro anterior repaso histórico, que mostraba claramente que el contenido del término procedía inherentemente de una variedad de fuentes en su nacimiento. Las diversas raíces históricas muestran rasgos muy diversos de un país a otro, de una cultura a otra y más aún de una región geográfica a otra, pero lo que las unía era el agrarismo y la oposición a las élites privilegiadas. Es esto último lo que les ha dado la fuerza para avanzar hacia la democracia.

2. Los cambios sociales: La segunda circunstancia está relacionada con la serie de cambios en el mundo en general, a saber, el fortalecimiento de las tendencias posglobalistas, a las que las ciencias sociales han reaccionado conceptualmente con relativa rapidez, incorporando (empujando) al término populismo los nuevos fenómenos, hasta ahora indefinidos.

3. El impacto de políticas partidistas. El tercer factor que hay que tener en cuenta es la fuerte influencia de la política práctica y cotidiana, tanto de las ideologías políticas como de la política de partidos un conflicto feroz (Montero et al. 2007). El concepto es todavía demasiado joven para estar desvinculado de las luchas y campañas políticas cotidianas y para haberse desarrollado lo suficiente en el mundo académico como para crear un consenso mínimo de comprensión.

Causas y consecuencias de diferentes interpretaciones. El impacto del desarrollo postglobalista

Está generalmente aceptado que la necesidad de validez en el funcionamiento del cerebro humano es tal que, incluso en medio de una serie de contradicciones, siempre ha buscado explicaciones conceptuales, tratando de buscar y encontrar sentido en el mayor caos. Esto es especialmente cierto en el mundo de las ciencias sociales, donde la realidad, la racionalidad y la causalidad tienen mucho más espacio que en la comunicación cotidiana. El primer paso para abordar nuevos fenómenos es siempre dar nombre al propio problema, al “objeto” de estudio, ya que antes no lo tenía.

Desde el cambio de milenio, bajo la presión de los cambios posglobalistas y una serie de acontecimientos inesperados que han sustituido al globalismo en el mundo en general, nos hemos enfrentado a una serie de fenómenos nuevos que antes eran desconocidos, y el término “populismo” nos ha venido como anillo al dedo. Rápidamente ganó en importancia y en muchos casos un papel central, ya que fue capaz de llenar un vacío conceptual dejado por los cambios y las críticas antielitistas de la época, para las que no existía ningún término que lo describiera. Laurence Whitehead señaló que este desarrollo de la evolución democrática mundial tras el cambio de milenio, que sorprendió incluso a los científicos sociales, animó a los investigadores a adoptar “conceptos complementarios” para explicar lo que no podían explicar ni la teoría de la elección racional, ni la teoría del diseño institucional, ni la teoría socio estructural. Tampoco las teorías recientes, como las teorías del caos o las teorías de redes, han proporcionado explicaciones satisfactorias (Whitehead, 2020: 11-34; y Whitehead 2022: 5-26). Por supuesto, el populismo no es el único “concepto complementario” nuevo en la posglobalización, y creemos que el término “polarización”, entre otros, tiene ese papel (Beek, 2022).

Aceptamos que la capacidad de llenar este “nicho conceptual” a través del contenido y las explicaciones atribuidas a la palabra en la era de la posglobalización ha contribuido en gran medida a la carrera del término populismo, pero que al hacerlo el término se ha vuelto a cargar de muchos contenidos y emociones nuevos que antes no tenía. Uno de ellos está vinculado a la identidad nacional, que ha adquirido un papel reforzado desde el cambio de milenio. De hecho, F. Fukuyama ha llegado más recientemente a considerar el fuerte apego a la nación, o la “necesidad de reconocimiento de la identidad”, como el principio político más importante que configura la política en los gobiernos no democráticos de hoy. Como dice: “La demanda de reconocimiento de la identidad es el concepto maestro que une gran parte de lo que está sucediendo en la política mundial de hoy.” (Fukuyama 2019). Esto es particularmente cierto en las democracias no liberales que están en contra de los cosmopolitas, claros signos de ello se encuentran en Polonia, Hungría, Tailandia, Turquía y muchas otras democracias, así como en algunos de los principales regímenes no democráticos como Cuba y China.

En nuestra opinión, el auge del populismo moderno también puede interpretarse como una respuesta a la propagación de una cultura global ampliamente entendida, que tiene dos características principales: es universal e intemporal. En otras palabras, carece de contexto y es atemporal, porque su principal característica es precisamente la condensación del tiempo y el espacio (Hall 1997: 75-76; Bauman 1991: 21). Y dado que la globalización separa el lugar y el espacio, los lugares permanecen fijos solo donde alguna vez echaron raíces. En la era posglobalización, es decir, en la actualidad, hay cada vez más signos de que se valora el papel de la localidad y se fortalece el sentido de identidad nacional de las personas, ya sea a favor del cosmopolitismo o específicamente en su contra (Simon, 2015; 2016: 20-51; Barna, 2019).

Una de las principales características de la era posglobalización es (también) la aparición de contramovimientos y mecanismos, ya que se refuerzan los factores que quieren “recuperar el espacio”, el localismo. Los lugares de residencia de las personas, sus familias y sus propiedades se fijan en los lugares donde nacieron, donde viven sus familias y parientes. Hay claros signos de posglobalización en la sociedad, como la fragmentación y polarización de las sociedades, la propagación de tendencias no liberales, incluido el populismo en sus múltiples formas, y la creciente importancia que tienen para la gente el sentido del patriotismo y el nacionalismo, sus símbolos y las normas jurídicas que los sustentan.3

Muchos de los que hoy en día sólo reconocen una forma de democracia, la democracia neoliberal, como único camino a seguir, insisten en que la tendencia populista es una peligrosa amenaza para las instituciones de la democracia del siglo XXI, que no sólo es antiliberal y no liberal, sino también antidemocrática y tiende a la construcción de regímenes autoritarios (Abts y Rummens 2007). Para ellos, el populismo es un sistema político y se percibe como una ideología y un movimiento peligroso que es un gran opositor del liberalismo porque destruye los sistemas legales e institucionales de las democracias liberales, es decir, representa una tendencia antidemocrática de desarrollo que conduce el desarrollo político hacia dictaduras (Betz y Johnson, 2004). Algunos incluso sostienen que conduce directamente hacia el fascismo (Judis, 2016).

Volveremos sobre el cuestionamiento de estos conceptos más adelante, pero por ahora nos limitaremos a señalar que, si bien los temores pueden tener alguna base de referencia (por ejemplo, del pasado), en su mayoría se basan en ideas preconcebidas erróneas, es decir, en generalizaciones excesivas que no están, o no necesariamente, justificadas en la mayoría de los casos. Sin embargo, no cabe duda de que lo que está en juego aquí no es solo una crítica u oposición a las élites, sino mucho más que eso (Fricz, 2023: 52-64). Cuando una fuerza populista (pueblo, gente, partido) apoyaba a un líder político o se unía a un movimiento de masas, siempre se convertía en parte de algo nuevo de lo que otros no formaban parte y, por lo tanto, siempre despertaba una sensación de alienación y peligro respecto a las fuerzas políticas tradicionales (Whitehead 2016; 2022). Por supuesto, también es cierto que la propia oposición de élite -en determinados segmentos políticos- ha desafiado no solo al sistema de gobierno, sino a menudo al sistema de poder en su conjunto (Montero et al. 2007).

¿Es el populismo un método o un sistema?

Una de las razones por las que no hay consenso en las ciencias sociales sobre el significado del populismo es que ni siquiera hay acuerdo sobre la cuestión básica de cuál es la esencia del populismo: ¿el método o el sistema? Algunos lo ven como un método, otros como un sistema. Veamos primero cuál es la esencia de estos dos enfoques.

Según algunos, el populismo es un método, un conjunto de procedimientos técnicos que influyen en el proceso político, con éxito o sin él, y mediante los cuales los partidos y los políticos se ganan el apoyo de las masas. Esto también quiere decir que el populismo se encuentra principalmente (aunque no exclusivamente) en el ámbito de las políticas especializadas (por ejemplo, sanidad, educación, comunicación). En un sentido más amplio, el método también incluye procedimientos (procesos, reguladores legales) que, como procesos, ayudan a abordar y resolver problemas.

Otros han argumentado que el populismo es un sistema, y si es así, es una caracterización general de toda la formación política en funcionamiento. De hecho, puede utilizarse para interpretar todo un sistema político si los métodos populistas están tan profundamente arraigados en la estructura y el funcionamiento del sistema que determinan todo su carácter. Si, por ejemplo, las regulaciones legales también están motivadas populistamente, entonces tienen un impacto más profundo en el funcionamiento del sistema. Sin embargo, solo los estudios complejos pueden demostrar esto, y las afirmaciones y críticas que se hacen en su ausencia son en su mayoría políticamente motivadas, basadas en falsas preconcepciones iniciales y sobregeneralizaciones (Halmai, 2018: 323-339).

En nuestra opinión, el término populismo puede utilizarse para describir tanto los métodos procedimentales como los sistemas políticos. Los portadores de métodos, cuando adquieren poder de decisión, tienen un efecto de ruptura del sistema y de construcción del sistema, y en este sentido el término puede extenderse tanto a los métodos como a los sistemas. Pero siempre hay que tener claro cuándo y a qué se aplica el término, porque una parte importante de los problemas profesionales está causada por el uso incoherente de los dos esquemas de pensamiento y referencia, por la confusión de conceptos y niveles.

¿Los populistas son de derecha o de izquierda?

Al analizar la literatura, es evidente que los analistas políticos de izquierda y (neo)liberales utilizan regularmente el adjetivo populista para los partidos, movimientos políticos, su comunicación y acciones que clasifican como de derecha y extrema, mientras que esto no con aquellos que se consideran de derecha o solo rara vez usan esta categoría. Según la mayoría, la carga del concepto es muy negativa, son pocos los que la consideran neutra y apenas hay quien piense que tiene un contenido más positivo.

El concepto de populismo se utiliza de tantas formas en las ciencias sociales que las interpretaciones son a menudo completamente contradictorias (Sartori 1970; 2001). Algunos piensan que el concepto es muy negativo, otros muy positivo. Algunos consideran que el concepto es indefinible precisamente a causa de tales contradicciones. Según Margaret Canovan, el término populismo tampoco es apto para teorizar porque su abanico de significados es demasiado amplio, y el único rasgo común de éstos es la retórica (Canovan 1981). La esencia de la retórica es la oposición de las élites, que exalta al pueblo. Con cierta ironía, señaló que podían presentarse dos estrategias diferentes para interpretar el término, pero que la que parece más congenial de las dos no funciona. Una de las dos variedades básicas que distinguió es el populismo agrario, la otra es el populismo político, que subdividió a su vez en siete subgrupos. En el populismo agrario incluyó: radicalismo campesino (EE.UU.), socialismo agrario intelectual (Narodniki ruso), movimientos campesinos (partidos campesinos centroeuropeos); y en el populismo político, dictadura populista (Perón), democracia populista (referendos, Suiza), populismo reaccionario (senador Wallace en Estados Unidos), populismo político (presidente De Gaulle) (Canovan, 1982: 544-552). Finalmente, ella misma llegó a la conclusión de que lo mejor es que cada individuo decida por sí mismo en qué sentido utiliza el término (Canovan, 1981). Adoptamos esta posición básica.

Una pregunta básica que debemos hacernos es: ¿cuál es la relación del populismo con la democracia? Según algunos analistas liberales contemporáneos, el populismo es peligroso para la democracia y su sistema institucional. Muchos sostienen esta opinión, pero sobre todo los pensadores neoliberales (Gidron y Bonikowski, 2013), algunos de los cuales consideran peligroso el propio término cuando aparece en cualquier lugar, tratándolo como un sistema sin un análisis más profundo e identificándolo directamente con el fascismo (Judis 2016:154-155). Sin embargo, en nuestra opinión, se trata de opiniones sesgadas con fuertes apegos y objetivos ideológicos, y no basadas en un análisis de la propia realidad. Además, no ofrecen espacio ni oportunidad para el diálogo profesional, que requeriría un debate razonado y un amplio consenso para adoptar un concepto de ciencia social.

No obstante, aceptamos la opinión expresada por Juan J. Linz en 1970, quien definió el populismo como un término aplicado a formas políticas en las que existe una tendencia movilizadora constante, pero que no alcanza la escala e intensidad de un régimen totalitario. Por lo tanto, seguimos a Linz al aceptar su opinión de que el populismo no es una tendencia hacia la dictadura porque no desintegra necesariamente los valores pluralistas de la sociedad (Linz 1970), afirmación que se ve respaldada por los acontecimientos del pasado histórico.

Tampoco hay consenso sobre quiénes son los populistas y qué es la comunicación populista (Akkerman, Mudde y Zaslove 2013). Sin embargo, aquellos pensadores que utilizan el término populismo con una connotación positiva piensan en líderes populares como Bolívar, Garibaldi, Kossuth, Lincoln, Roosevelt, Kennedy o, en una capacidad diferente, F. Castro, Salvador Allende o Maduro (Kaiser y Álvarez 2016; Vargas Llosa 2017; Zanotti y Roberts 2021).

¿Interrupción del "equilibrio dinámico del poder" o cómo un partido se vuelve populista?

Margaret Canovan sugirió hace décadas que se debería crear al menos una definición mínima de populismo. (Canovan 1981). Por el contrario, Müller vio que esto no se concretaría porque “nuestro juicio político ha fallado”, razón por la cual también es posible definir como populismo, diagnósticos populares muy diferentes y los más diversos fenómenos (Müller 2016).

El populismo es descrito por algunos como un subtipo de democracia directa, e incluso hay quien sostiene que, lejos de obstaculizar el desarrollo democrático, el populismo puede en realidad ayudarlo. Christopher Lasch, por ejemplo, sostiene rotundamente que el populismo es la “auténtica voz de la democracia contemporánea” (Lasch 1994). Pero si el término se utiliza para cosas tan controvertidas, ¿es siquiera posible definir su contenido? Margaret Canovan sugirió hace décadas que debería crearse al menos una definición mínima de populismo (Canovan 1981) y Müller argumentó que lamentablemente esto no sucederá porque “nuestro juicio político está fallando”, razón por la cual es posible definir como “populismos diagnósticos populares” muy diferentes, y los fenómenos más diversos (Müller 2016).

Al comparar docenas de definiciones, solo hemos visto la confirmación de nuestra afirmación anterior de que el concepto se ha utilizado para significar tantas cosas que se ha vuelto tan disperso, sus límites borrosos como tomates contra la pared, que simplemente no es posible desarrollar una teoría clara y coherente del populismo que sea aceptable para todos. En mi opinión, la forma correcta de tratar el concepto no es atribuirle a un valor positivo o negativo predeterminado, sino dejarle la posibilidad de un uso situacional, según el contexto y el problema que se analice, es decir, decir qué contenido lleva, en un contexto de espacio y tiempo, y en el marco de análisis concretos. Si no es posible establecer un vínculo lógico sistemático con fuerza de puente entre las múltiples definiciones, debemos concluir que el concepto no puede circunscribirse a un único paradigma. La única opción es que el autor de cada estudio especifique el sentido en que se utiliza el término. Para ello, lo más conveniente es seguir el consejo de John C. Harsányi y volver a los procesos fácticos de la realidad, ir al fondo, analizar las capas profundas y, partiendo de ahí, intentar resumir lo que el concepto incluye y no incluye (Harsanyi 2020:11-42).

A continuación, buscaremos también respuestas a preguntas básicas. ¿Qué hace que una fuerza o partido político se vuelva populista? Entre las condiciones generadoras, destacamos tres factores importantes:

  1. Una política populista en sí misma se desencadena

  2. Se genera cuando se rompe el consenso basado en el “equilibrio dinámico de poder” o entre grupos oligárquicos de la élite política (se rompe el cártel de la élite) o entre la élite y el electorado (pueblo, sociedad civil), o

  3. Influencias olímpicas, movimientos de la élite (por ejemplo, muy malos resultados), ante los que una fuerza política reacciona eludiendo las instituciones democráticas tradicionales y acudiendo directamente al pueblo en busca de fuerza y legitimidad frente a la élite.

Si un partido o un grupo de presión política fuerte sufre un duro golpe a sus intereses y valores y queda marginado de los demás cárteles de la élite oligárquica, es decir, ya no puede encontrar aliados en la élite política y económica, dirige sus políticas y comunicaciones directamente al pueblo. Se podría decir que habla a su electorado incluso cuando no hay periodo de campaña electoral. En esencia, una nueva fuerza política se salta las instituciones democráticas y, en lugar de consultar a los grupos de élite, se vincula directamente con el pueblo (en su comunicación, su expresión de opinión, su preparación de decisiones). Así es como un líder carismático, un movimiento, un partido o un gobierno, es decir, un grupo de élite populista, se vincula directamente con el pueblo de forma populista y, si se mantiene y se fortalece, si se convierte en una fuerza gobernante, puede ser capaz de crear un sistema populista por sí mismo. Aunque en la mayoría de los casos este proceso no siempre llega a buen puerto, la mayoría de las veces se detiene en un determinado nivel, pero en determinadas condiciones puede llegar a completarse. El objetivo de recurrir a un pueblo fuerte es convertir un movimiento político en un partido y atraer así a los votantes en masa.

Al analizar los acontecimientos históricos, llegamos a la conclusión de que, con cierta simplificación, son posibles dos vías de formación del movimiento populista: una comienza desde arriba y la otra desde abajo.

  1. La primera vía es desde dentro de la élite política y de ahí se desprende para convertirse en un movimiento de partido para ampliar significativamente su base de masas;

  2. La otra forma, cuando “se vuelve del pueblo a la élite del poder”, tras haberse convertido en un movimiento de base desde las bases, por ejemplo, construyendo desde abajo en cooperación con las organizaciones civiles, y con la sociedad civil. Esta es, por tanto, la esencia del movimiento y la construcción desde la base.4

Si la elaboración de políticas se “traslada” (total o parcialmente) del nivel de las élites políticas directamente al pueblo, entonces una parte de la élite política, junto con sus dirigentes, se convierte en populista. Si este proceso tiene lugar, y un partido populista se convierte en fuerza gobernante, tenderá a tomar decisiones saltándose el sistema legal e institucional de la democracia, entonces existe la posibilidad -más allá de cierto punto- de que también se convierta en populista en el funcionamiento cotidiano de todo el sistema. No complementa las instituciones democráticas, sino que las ignora. Ese es otro elemento esencial del populismo moderno.

La relación entre democracia y populismo

No podemos evitar una de las preguntas básicas, a saber, ¿cuál es la relación del populismo con la democracia? Según un gran número de analistas liberales contemporáneos, el populismo es peligroso para la democracia y su sistema institucional. Esta opinión es sostenida mayoritariamente por pensadores neoliberales (Gidron y Bonikowski 2013), entre los cuales algunos publicistas consideran peligroso el término en sí mismo si aparece en alguna parte, sin un análisis más profundo, tratándolo como un sistema e identificándolo directamente con el fascismo (Judis 2016:154- 155).

Sin embargo, en nuestra opinión, estas últimas son opiniones sesgadas, que están fuertemente ligadas a premisas ideológicas y están impulsadas por objetivos políticos, y no se basan en un análisis objetivo de la realidad real. Además de que tienen poco que ver con el conocimiento científico, otra desventaja es que “sellan y cierran” con sus opiniones, es decir, no dan espacio y oportunidad para el diálogo profesional, mientras que la aceptación de un concepto de ciencias sociales siempre requiere debates basados en argumentos y un amplio consenso.

Por otro lado, aceptamos la opinión expresada por Juan J. Linz en 1970, quien definió populismo como un término que se aplica a aquellas formas políticas en las que el impulso de movilización está continuamente presente, pero éste no alcanza la extensión e intensidad propio de un sistema totalitario. Así que estamos siguiendo los pasos de Linz cuando aceptamos su opinión de que no es cierto que el populismo sea una tendencia hacia la dictadura porque no necesariamente destruye los valores e instituciones pluralistas de la sociedad. La afirmación de Linz también fue apoyada por los acontecimientos del pasado histórico (Linz 1970; Linz-Stepan 1996). Algunos llaman al populismo un subtipo de democracia directa, e incluso hay quienes creen que el populismo no solo obstaculiza el desarrollo democrático, sino que en realidad puede ayudar él. Por ejemplo, el ya citado Christopher Lasch afirma directamente que el populismo es la “auténtica voz de la democracia” en la época contemporánea (Lasch 1994).

Otra pregunta es: ¿qué es lo que impulsa a una fuerza política en democracia a convertirse en populista? La pregunta se refiere a las condiciones que generan la estructura. La respuesta está relacionada con la relación cambiante entre las élites y el pueblo y, por tanto, con el funcionamiento del poder, y para entenderlo necesitamos introducir un nuevo concepto, el llamado “equilibrio dinámico”. El dinamismo es la capacidad de adaptarse a las circunstancias cambiantes, y el equilibrio es la capacidad de mantener un equilibrio de intereses y valores que puedan mantener ambas partes. Pero cuando el equilibrio deja de ser dinámico (porque los movimientos se congelan) o cuando el equilibrio se rompe (porque se rompe a favor de unos u otros), entonces podemos hablar de tensión, de un sistema demasiado elitista o demasiado populista. Las fuerzas neoliberales de la élite acusan entonces a los defensores del pueblo de populismo exacerbado, y los populistas acusan a la élite de elitismo exacerbado, de antidemocracia.

En nuestra opinión, la ruptura del “equilibrio dinámico"” da lugar a diferentes ideologías y explicaciones. Surgen y se hacen visibles políticos cuyas relaciones con el poder y las élites económicas son muy débiles, lo que les impide el diálogo, la concertación y el consenso.5 Añadamos que el “equilibrio dinámico” que se ha roto puede restablecerse, pero sólo en un proceso más largo, y no al mismo nivel que antes. Pero para ello hacen falta muchas y nuevas condiciones, incluidos nuevos actores, nuevas instituciones y nuevos reguladores.

La expresión del populismo y sus áreas de aparición

¿Qué áreas son las más descritas por los científicos sociales como populistas? En ciencia política, hay al menos cinco de estas áreas:

  1. Políticos populistas

  2. La comunicación populista

  3. La agenda populista

  4. El movimiento populista

  5. El partido y el gobierno populistas

Los cinco ámbitos son importantes y merecen ser investigados científicamente. El escollo más común es que las conclusiones extraídas del ejemplo de uno u otro país en estas áreas se generalizan en exceso y se aplican mecánicamente a otros países.

También es un error común que, si se encuentran rasgos populistas en una de las cinco áreas, muchos de los autores clasifiquen erróneamente todo el sistema como populista. Por ejemplo, si algunos investigadores encuentran frases en la comunicación de un político o en el programa de campaña de un partido que son características del populismo, las aplican a todo el sistema y hablan de un sistema populista (Aalberg et al., 2016). En este caso, sin embargo, solo podemos hablar de un método o un procedimiento, que también es propio de los sistemas no populistas. En general, se puede decir que todo el sistema de gobierno es populista si la manifestación característica del populismo es dominante en las cinco áreas, se puede describir, o al menos en la mayoría de las áreas. Si un partido populista se convierte en fuerza gobernante, las posibilidades de que esto ocurra también aumentan significativamente. Si tal gobierno fracasa, las nuevas fuerzas tienen la posibilidad de conducir el sistema hacia otro tipo de forma democrática, pero para ello se requiere una confianza relativamente fuerte en el sistema legal y las instituciones de la democracia en la sociedad civil, especialmente entre la clase media y la intelectualidad. En las nuevas democracias en particular, los niveles de confianza son bajos debido, por un lado, a los altos niveles de corrupción y, por el otro, al pobre desempeño institucional (Morlino, 2011:9-54; González Ulloa, 2023:11-26), todo esto se remonta al mal desempeño de la élite política, posiblemente a la oligarquía de la clase política, al hecho de que los mecanismos legales fuertes para el control y rendición de cuentas de la clase política, las instituciones de transparencia y rendición de cuentas y su práctica no han sido desarrollados.

En general, pues, la búsqueda de las causas y raíces de los problemas nos remite a la élite política, a su calidad, reclutamiento y rendimiento o, si se quiere, a su cultura política. Un desarrollo económico dinámico siempre es capaz de crear una clase media fuerte y autónoma (y una intelectualidad) capaz de tomar decisiones coherentes y críticas y de controlar a la clase política (por ejemplo, a través de los medios de comunicación, organismos neocorporativistas u organizaciones no gubernamentales), que operan en todos los países los cimientos de la protección de la democracia, los pilares de su fortalecimiento (Simon, 2008).

No es la democracia la que está en crisis, sino la democracia liberal

Varias personas argumentan que en nuestra década estamos asistiendo al declive democrático en todo el mundo, y algunos no solo hablan del declive general de la democracia sino de la muerte de la democracia (Hedges, 2010; Levitsky y Ziblatt, 2018), les gusta promover la idea de que esto es el resultado del fracaso de la propia democracia a la hora de ofrecer suficientes beneficios socioeconómicos a sus ciudadanos. Se acepta que la política democrática a menudo es incapaz de hacer frente a graves desigualdades sociales, al escaso crecimiento o declive de la economía y al mal desempeño de los políticos, lo que hace que los ciudadanos pierdan la confianza en el sistema. Pero esto no significa que la democracia en sí esté en declive, porque la práctica no lo confirma.

No podemos aceptar las afirmaciones sobre la muerte de las democracias porque creemos que no son los sistemas democráticos en general los que están amenazados, sino específicamente las democracias con una estructura inherentemente liberal las que están en crisis, y especialmente las que han evolucionado hacia democracias neoliberales. Esto (también) significa principalmente que apoyan la migración ilegal y no regulada, fuertes ideologías de género y woke, y preferencias LGBTQ (Deneen, 2019). Estos procesos y cambios evidencian la incapacidad de las democracias neoliberales para renovarse, y por tanto son las que mayoritariamente han llegado a un callejón sin salida en materia de desarrollo, por un lado porque su resiliencia a las crisis económicas se ha debilitado significativamente por las crecientes cargas sociales del Estado liberal, y por otro porque se ha reducido la capacidad de adaptación de las sociedades y su habilidad para proteger su autonomía y resiliencia ante mayores presiones migratorias y socioculturales internacionales (Hedges, 2010).

Al mismo tiempo, también debemos ver que las democracias tradicionales (cristianas) se han fortalecido en el sentido de reproducción y adaptación, han sido resistentes a los experimentos neoliberales, porque confían en el mundo del trabajo más que en las prestaciones sociales, apoyan a las familias en lugar de inmigrar culturas extranjeras para aumentar su capacidad reproductiva. Como resultado, en Europa Central muestran una resistencia muy fuerte en la defensa de su autonomía local y nacional, por lo que se puede ver que la modernización económica y tecnológica les resulta mucho más fácil y rápida. Véanse: el desarrollo relativamente rápido de Polonia, Hungría y Serbia en Europa (Abedin, 2023b: 93-110). Su éxito electoral también puede explicarse en gran medida por su desempeño basado en esta política (Simon, 2022c).

Cuando mucha gente habla de la crisis de la democracia, se refiere a la crisis económica, que socava las instituciones y los pilares de la democracia a través de la radicalización de las masas, p. el sistema multipartidista, la competencia política, el parlamentarismo, los derechos humanos y de las minorías. De hecho, hay ciertos segmentos de las masas que pueden radicalizarse, pero esto es parte natural de las democracias, por un lado, para mantener una crítica legítima de la élite política, un “equilibrio dinámico”, y por otro lado, la escala y la fuerza de esta crítica no alcanza por sí misma la masa crítica que actuaría contra la democracia a nivel sistémico y provocaría el cambio. Si nos fijamos en los cambios económicos, vemos que en muchos casos las fuertes críticas al Gobierno han tendido a conducir al crecimiento (por ejemplo, una reducción de la corrupción), aunque reconocemos que junto con la radicalización también hay signos de polarización en la política y la sociedad (Beek, 2022; Mihálovics, 2022; Abedin, 2023a:101-118).

Siete conceptos erróneos y posibles explicaciones de las causas y consecuencias

El populismo, si no es sistémico, no es bueno ni malo en sí mismo, y puede ser tanto bueno como malo. Depende siempre del contexto sociopolítico en el que se produce la función que las manifestaciones del populismo desempeñan en el sistema, si apoyan la renovación del sistema democrático o socavan sus pilares. Para mí, el principal criterio de juicio es siempre en qué medida apoya el desarrollo democrático, el funcionamiento y la expansión de la libertad y la prosperidad. A continuación, se resumen las siete ideas erróneas más comunes sobre el populismo: 1. El punto de partida es erróneo; 2. El problema de la identidad nacional; 3. La religión cristiana como sistema de valores; 4. El modelo de familia tradicional; 5. La postura ilegal contra la inmigración; 6. La naturaleza populista del discurso; 7. La acusación de un Estado fuerte. Veámoslo más de cerca.

  • 1. Si el punto de partida es erróneo, el punto de referencia es erróneo, lo que lleva a conclusiones erróneas. La mayoría de los errores se basan en el hecho de que muchas personas parten de la experiencia de los colonialistas en Europa Occidental y Estados Unidos y la toman como punto de referencia, mientras que en la región que estudian los procesos más importantes estuvieron determinados por contextos completamente diferentes. Y los puntos de partida erróneos siempre llevan a conclusiones erróneas. Además, los diferentes sistemas de valores suelen dar lugar a percepciones y valoraciones distintas de la realidad.

  • 2. No comprenden la importancia del problema de la identidad nacional y, por tanto, son incapaces de abordarlo adecuadamente. O bien se subestima y, por tanto, se ignora por completo, o bien se malinterpreta; por ejemplo, en el contexto de Europa Central, la identidad nacional se confunde con el privilegio de nacimiento (nativismo). De hecho, es difícil comprender desde Estados Unidos las incertidumbres de ser centroeuropeo. Por ejemplo, el hecho de que en los 12 países centroeuropeos la nación constituyente hable una lengua diferente, y que las fronteras de cada uno de estos países hayan cambiado varias veces en los últimos 100 años, debido a fuerzas externas. Añadamos que su historia reciente está, por tanto, llena de agravios, sufridos principalmente a manos de potencias (coloniales).

  • 3. La religión cristiana como sistema de valores sigue teniendo una fuerza integradora hoy en día, porque ha ayudado a la autodefensa nacional y ha formado parte de la resistencia contra los conquistadores en siglos turbulentos de la historia, incluso en los momentos más difíciles (por ejemplo, bajo la ocupación fascista y comunista). Por eso, una fuerte identidad nacional y religiosa es de vital importancia. Sin embargo, es importante reconocer que el cristianismo hoy en día no es lo mismo que la religiosidad, porque es un concepto más amplio, una cultura, un comportamiento y un conjunto de valores y normas, por lo que los valores cristianos siguen siendo fuertes, aunque ya no estén asociados a la práctica activa de la religión. Esta es una de las razones por las que se desalienta la inmigración ilegal musulmana, ya que las diferentes culturas también son fuente de conflictos (Kriesi et al. 2006).

  • 4. El modelo familiar tradicional conlleva fuertes mecanismos de socialización, mientras que la influencia de la cultura mediática supranacional estadounidense-inglesa se ha reforzado considerablemente y amenaza con erosionar la estructura familiar tradicional, poniendo así en peligro los propios pilares de la identidad nacional. Y la supervivencia es también fundamentalmente una cuestión de seguridad. No es de extrañar que, en Europa Central, como en América Latina, la autodefensa del marco familiar tradicional sea muy fuerte. Por un lado, son los portadores de los valores cristianos y, por otro, son los portadores de la experiencia histórico-nacional, razón por la cual polacos, húngaros, rumanos y serbios defienden a ultranza sus valores tradicionales (Zanotti y Roberts, 2021). En contra de la opinión de muchos estudiosos, esto tampoco entra dentro del epígrafe de populismo.

  • 5. El problema de la resistencia a la inmigración ilegal. Varios estudios han incluido en la cuestión del populismo la oposición de un país a la inmigración ilegal y el uso de todos los medios para impedirla. Sin embargo, hay que subrayar que no estamos hablando de refugiados políticos, sino de inmigrantes económicos que intentan entrar ilegalmente en un país sin permiso, lo que va en contra de los intereses de seguridad y de la legislación de todos los países europeos (Fennema 1997; Bale 2013). Además, los países pequeños pueden sentir amenazada su existencia nacional. Eslovenia, Croacia, Macedonia, Kosovo, los países bálticos, etc.), y en 5-10 años se convertirán tarde o temprano en mayoría gracias a su reproducción, a las reagrupaciones familiares y a los niños nacidos (así fue como los serbios perdieron Kosovo, y el territorio pasó a manos de los albaneses en un siglo). Por ello, estos pequeños países de Europa Central y Oriental protegen a toda costa su patria de los inmigrantes ilegales (Molnár, 1992).6

  • 6. La naturaleza populista del discurso es común a todos los regímenes, pero la retórica política provocadora y agresiva de unos pocos políticos no significa que todo el régimen se haya vuelto populista (Caiani y Della Porta, 2011). La comunicación populista solo tiene éxito si existe una base de votantes receptiva. De lo contrario, el secreto del éxito de cualquier política es la existencia de un discurso que politice las áreas más sensibles: los valores tradicionales, por un lado, y la seguridad de las personas, por otro (Zanotti y Roberts 2021).

  • 7. La acusación del Estado fuerte. Esta fue formulada por la élite neoliberal, que rechazó cualquier medida destinada a reforzar el papel del Estado como regulador económico. En la Europa del Este poscomunista de la década de 1990, los liberales impulsaron la privatización, debilitando al Estado, que no podía satisfacer las expectativas de los ciudadanos de un Estado del bienestar. Los políticos no liberales, por su parte, cumplieron las expectativas de la mayoría de la sociedad apoyando en sus políticas económicas la expansión del Estado, la nacionalización de determinados sectores económicos y las políticas comerciales proteccionistas. Por otro lado, los liberales trataron de imponer a la sociedad un modelo occidental de democracia que no era viable en Europa Central o América Latina, y también crearon resistencia al propio liberalismo (Mudde y Kaltwasser 2014:499).

¿El desarrollo de la democracia es unilineal o multidireccional?

El desarrollo a largo plazo plantea una cuestión filosófica, a saber, en qué dirección se dirige el desarrollo del mundo humano, incluido el desarrollo de la democracia. Podríamos simplificar la cuestión preguntándonos qué formación social y política sirve mejor a la libertad y la felicidad humanas. Según muchos, la democracia liberal es la única formación política deseable para los países libres y, como vía de desarrollo, los países occidentales deberían apoyarla por todos los medios. Los (neo)liberales fuertemente comprometidos en política a menudo creen que ellos mismos son la única y exitosa forma de construir una democracia humanista, y su tendencia es atacar a todos los demás como dictaduras en ciernes. Consideran que éste es un principio y un criterio especialmente importante, sobre todo en el caso de los países de la Unión Europea (Véase, por ejemplo, los procedimientos de incumplimiento de obligaciones y sanciones contra los gobiernos polaco y húngaro en la Unión Europea, sus motivos y antecedentes).

Tras el cambio de milenio, los defensores de la omnipotencia de la democracia liberal tuvieron que enfrentarse al hecho de que, en contra de sus convicciones anteriores, en muchos países se interrumpió la evolución hacia las democracias liberales y se tomaron nuevos rumbos. Algunas de ellas han sido objeto de tratamientos y trabajos teóricos de calidad gracias a investigaciones sistemáticas y análisis en profundidad (Morlino, 2011: 9-54.). Las interpretaciones de otros tipos se quedan estancadas en el nivel de juicios y prejuicios más superficiales, y una descripción más sólida de las mismas requiere una investigación aún más prolongada (democracia iliberal, socialdemocracia cristiana).

Resumen, conclusión y preguntas

Evaluación del populismo según diferentes ideologías

¿Cuándo surge el populismo? El impulso populista puede desencadenarse por una crisis económica más profunda o por la mala actuación del Gobierno (y de la clase política en su conjunto). Para que las tendencias populistas se fortalezcan es necesario que se den simultáneamente tres factores.

  1. La existencia de un discurso que politice las cuestiones más importantes: la seguridad y los valores tradicionales.

  2. Un líder al que las masas estén dispuestas a seguir.

  3. Una base de masas, cuando sus intereses y valores se ven perjudicados y exigen un cambio.

El auge del populismo se desencadena por una serie de procesos a varios niveles. La transición internacional de la globalización a la posglobalización está provocando tensiones, crisis y una serie de conflictos en los que chocan fuerzas internacionales y nacionales, y también está provocando cambios y nuevas líneas de conflicto dentro de la clase política. En general, los malos resultados de la gobernanza y los conflictos de intereses entre los grupos de élite refuerzan la situación de crisis, la falta de diálogo entre los intereses de los grupos de élite política y las masas trastorna el anterior “equilibrio dinámico”. Mientras tanto, la clase política se cierra, la corrupción, el desempleo y la pobreza aumentan, lo que activa a las capas más bajas de la sociedad.7

La historia también puede entenderse como la historia de la relación cambiante entre el pueblo y la élite, entre los dirigidos y los dirigentes y su equilibrio dinámicamente cambiante, evolutivo, desintegrador y reemergente. El populismo se fortalece cuando, en oposición a los grupos oligárquicos de élites, un movimiento (partido, líder) pasa por alto las instituciones de la democracia y se dirige directamente a las masas populares, buscando su apoyo, mientras descuida las instituciones de la democracia. Su principal característica es que determinados grupos de políticos se enfrentan a la élite política liberal de la corriente principal, rechazando su confianza perdida en las instituciones y los procedimientos legales de la democracia liberal, y prescindiendo de ellos para dirigirse directamente al pueblo en el espíritu de la democracia directa (movimientos de masas, mítines, referendos, consultas nacionales).

Parte de los cambios en los sistemas democráticos es que el sistema representativo se articula, diferencia y complementa constantemente con nuevos procedimientos. Complementar las instituciones no debe confundirse con eludirlas. Complementar las instituciones no hace sino reforzar el sistema representativo democrático (por ejemplo, la práctica de las llamadas “consultas nacionales”), mientras que eludir las instituciones es una forma de populismo.

La investigación biológica demuestra claramente que las diferentes interpretaciones de las palabras no son el resultado de diferentes redes cerebrales, sino de la herencia cultural de las personas. La diversidad terminológica se debe en parte a diferencias culturales e ideológicas. La esencia de los debates terminológicos y las interpretaciones divergentes se resume en el Cuadro 1.

Cuadro 1 Tabla resumen: Diferentes opiniones sobre el populismo según orientaciones ideológicas (¿Qué crees que es el populismo según los siguientes aspectos?) 

¿Acerca de qué? El punto de vista liberal El punto de vista no liberal El punto de vista antiliberal
Carga Negativo, dañino En sí mismo, es neutral, situacional Positivo, útil.
Herramienta Comunicación, falsa retórica Pérdida de confianza, sensación de ser engañado Movilización
Salvavidas Miedo, la UE. patrimonio cultural. Una seguidilla de malas actuaciones gubernamentales Arrogancia del poder: vulnerabilidad.
Creado por Intolerante y excluyente. Elitismo de poder, clausura. Corrupción, crisis económica.
Dirección Antiliberal. Anti-Élite. Antiélites, partidos y burocracia.
Psicología Incita deliberadamente al miedo. Situacional. Le da a la gente fuerza y ​​fe.
Principio y fundamento Una multitud inculta y agresiva. Puede ser: interés, valores y emociones. Representa los intereses de los pobres.
Base social, causas Masas sin educación. Falta, v clase media débil. Amplias masas de personas se politizan.
Impacto en la democracia Peligrosamente destructivo Puede ser creativo y puede ser destructivo. Es constructivo, renueva
Versión política Radical y ultraderechista Puede ser de izquierda y puede ser de derecha No tiene lados, una percepción popular unificada
Derechos individuales o colectivos Ignora los derechos individuales. Protección de los derechos colectivos Protección de los derechos colectivos
Tu identidad individuo, individuo identidad colectiva colectivo, comunal
El pueblo Es peligroso, fuente de demagogia. El pueblo y la nación están conectados. uno e indivisible contra la élite
Entender la nación Lo considera peligroso todos están incluidos La nación es el pueblo que la emprende
Política nacional Nacionalista y excluyente Defensa de la nación Protección de los intereses y valores de la nación.
Migración son antimigratorios Solo se oponen a la inmigración ilegal. Se oponen a la migración que daña su cultura

El Cuadro 1 muestra que la interpretación del populismo depende en gran medida de la ideología. El trasfondo de esto son las diferentes afiliaciones partidarias, que básicamente dificultan, en muchos casos imposibilitan, que el discurso científico del partido y la ciencia política desarrollen un consenso interpretativo en torno al concepto.

En resumen: Durante nuestras investigaciones relacionadas con el populismo, podemos formular varias lecciones y varias preguntas nuevas. Podemos decir que en el siglo XXI necesitamos expandir el concepto de democracia aceptado escolásticamente y deshacernos de la base teórica de que la democracia es solo liberal o puede ser neoliberal, ya que también puede haber una democracia cristiana o una democracia conservadora moderna.

El auge del populismo moderno puede verse como un producto de la era posglobalista, que se ha fortalecido como un efecto contrario al globalismo. El uso del término populismo en ciencia política es relativamente nuevo, está fuertemente ligado a la política y a las luchas políticas cotidianas, lo que impide que se convierta en una categoría científica independiente y aceptada.

El populismo puede ser un método, un sistema y las dos cosas a la vez, por lo que siempre es necesario dejar claro a qué nos referimos al utilizarlo. El ascenso al poder de los llamados partidos populistas se debe a varios factores. Puede desencadenarse por una oposición militante a los valores socioculturales neoliberales y al sistema legal, una crisis económica, una serie de escándalos de corrupción, la desclasificación de las clases medias o un aumento repentino del desempleo. Su efecto combinado de refuerzo mutuo puede romper el “equilibrio dinámico”, cuya esencia es el consenso democrático formado entre la élite política y el pueblo.

Los hechos históricos no prueban claramente que el populismo de hoy sea claramente antidemocrático, que vaya en contra de los pilares y sistemas de la democracia. Por otro lado, se puede probar que actúa en contra de las élites neoliberales (Simon, 2015; Fricz, 2023: 52-64). En nuestra opinión, los líderes populistas son generalmente difíciles de tratar, pero son una parte tan importante del sistema democrático como, por ejemplo, los movimientos de protesta. Si miramos las razones de la caída de las democracias, vemos que no fueron líderes populistas los que lucharon contra los sistemas democráticos, sino líderes autoritarios y partidos con fuertes vínculos con los líderes de las fuerzas armadas (Linz 1970; Linz-Stepan 1996). (Podríamos citar varios ejemplos históricos de esto, desde Chile hasta Nigeria y desde Pakistán hasta Corea del Norte). Con base en esto, creemos que las dictaduras no las construyen las fuerzas populistas, sino los líderes autoritarios y los movimientos dictatoriales y cuerpos armados que las sustentan.

En nuestra opinión, el populismo no es una causa fundamental del desarrollo de los sistemas democráticos, sino más bien una consecuencia, porque las fuerzas populistas son producidas y fortalecidas por democracias con un desempeño deficiente.

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El autor desea agradecer al Instituto de Investigación József Eötvös de la Universidad de Servicio Público Nacional de Budapest (NKE-EJKK) por el apoyo a su investigación en el marco del programa NKE/4713/2023, y el proyecto de investigación CNP-19-0129 que lo ayudó a escribir su estudio.

1¡La democracia no liberal no puede confundirse con la democracia antiliberal! En Hungría, los llamados “Movimiento de escritores populares” tomó fuerza en la década de 1920 y reunió a aquellos escritores (y sociógrafos) que querían apoyarse en el campesinado e intelectuales de origen campesino o compromiso en la transformación social y política del país.

2En febrero de 1852, Lajos Kossuth pronunció un discurso en el parlamento del estado de Ohio, donde dijo lo siguiente: “El espíritu de nuestra época es la democracia. Todo para el pueblo y todo por el pueblo. ¡Nada sobre el pueblo sin el pueblo — Que es Democracia! […]” (“El espíritu de nuestro tiempo es la Democracia. Todo para el pueblo y todo a través de él. Nada sobre el pueblo sin el pueblo — Esto es Democracia”).

3Nuestro comentario ilusorio aquí es que la propia Unión Europea puede entenderse como una especie de respuesta a la globalización, que inició la unificación de los países europeos. Sin embargo, esta lógica también plantea la pregunta de si los países de la UE tendrán una respuesta adecuada a la posglobalización en unos años. ¿Podría la cooperación regional (por ejemplo: los Cuatro de Visegrad, la Asociación de Europeos del Sur) o la desintegración de la Unión ser tales respuestas?

4Podemos dar ejemplos de ambos de la historia del desarrollo del partido en Hungría. El primer camino lo tomó el MIÉP (Partido Húngaro Justicia y Vida) entre 1993 y 2002, cuando se separó del partido gobernante más fuerte, el MDF (Foro Democrático Húngaro), y emprendió este camino. La otra forma es el Partido Jobbik Hungría, que después del cambio de milenio ganó una base de masas al construir desde abajo, y luego se fortaleció y entró en la competencia política como el segundo partido más fuerte hasta 2017). Pero pudimos ver un fenómeno similar en las arenas políticas de los partidos polaco y eslovaco. (Simón 2022b).

5Véase el ejemplo de Nicaragua, Brasil o Venezuela hoy en América Latina. Tenemos que agregar de inmediato que la gente no está unida y, de hecho, muchas veces está tan dividida como la propia clase política, y es por eso que da más oportunidades a las fuerzas no democráticas, por ejemplo, al ejército, las milicias, los escuadrones armados no legales de los partidos (para estos últimos, véase Linz y Stepan 1996).

6Este patriotismo no tiene nada que ver con el nativismo. Véase, por ejemplo. El ejemplo de Hungría, que admitió a más de un millón de refugiados ucranianos en su territorio entre 2020 y 2022, y otorgó la ciudadanía húngara a más de mil inmigrantes legales de Venezuela a partir de 2020.

7Notemos que el populismo latinoamericano tiene una serie de características específicas, distintas a las europeas, de las que no me ocuparé ahora. La tercera ola comenzó a fines de la década de 1990 con la elección de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela, Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador. Estos líderes populistas se opusieron firmemente a las políticas de libre mercado y, en cambio, promovieron una identidad basada en las tradiciones latinoamericanas. Una de las características de esto es que enfatizaron la privación de derechos de sus ciudadanos, es decir, que EEUU los discrimina. Desde la élite política en el poder se afirmó que se han convertido en defensores del neoliberalismo y actores políticos que apoyan un modelo occidental de democracia, mientras que el neoliberalismo es inútil para América Latina” (Mudde y Kaltwasser, 2014: 499).

Recibido: 29 de Mayo de 2023; Aprobado: 24 de Julio de 2023

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