Introducción
El estudio de las emociones demanda una investigación de su dimensión racional, puesto que, desde una perspectiva cognitivista, no hay una división tajante entre razón y emoción (Rosenwein 2020, p. 5).2 Por tanto, la presencia de la afectividad es constante; cualquier fenómeno histórico, texto u objeto de la cultura material está directa o indirectamente relacionado y determinado por ella (Chaniotis 2012, p. 12). Los aspectos emocionales, intrínsecos a todo acontecimiento, son estudiados y problematizados desde la Antigüedad y, entre los πάθη que concitaron mayor interés en la cultura griega, se encuentra sin dudas la cólera.3
Chantraine (1999 [1968], p. 815) define el término ὀργή como un “movimiento natural, disposición, temperamento, carácter” del que se desprenden los significados “pasión, cólera”. Este lexema, que no está atestiguado en Homero, en el período clásico se precisa y conceptualiza a partir de sus efectos sobre la πόλις (Allard & Montlahuc 2018, p. 32).4 La ira5 desempeña un rol central para el comportamiento político de los varones ciudadanos a través del castigo y las competencias por el honor (Allen 2000, p. 55), su relevancia y repercusiones se pueden observar en diversas fuentes literarias, como el drama ateniense del siglo V.6
Por consiguiente, los tragediógrafos responden conforme a las aspiraciones políticas, jurídicas y éticas de sus contemporáneos, esto es, a sus ideas (Allen 2005, p. 393). En consecuencia, en sus obras se pueden ver representadas, entre otras temáticas, las preocupaciones del momento sobre cómo pueden afectar las emociones a la justicia y a la venganza.7 En este sentido, es plausible interpretar las habituales recurrencias de ὀργή en el género trágico como resultado del interés dramático por escenificar los πάθη que intervienen en la praxis vengativa (Buis 2020, p. 19).
Hipsípila es la tragedia fragmentaria mejor preservada de Eurípides, gracias al descubrimiento del Papiro Oxirrinco 852 en 1905, y está datada entre los años 412 y 405 a.n.e. (Jouan & Van Looy 2002, p. 161). La obra habría tenido más de 1700 versos (Collard, Cropp & Gibert 2004b, p. 170), una de las más extensas del autor, de los que se conserva aproximadamente la mitad. En ella, la protagonista, perteneciente a la familia real de Lemnos, se encuentra en Nemea y es la nodriza de Ofeltes, hijo del sacerdote y monarca Licurgo y de Eurídice, su esposa.
En el inicio del drama se muestra cómo Hipsípila, mientras asiste a Anfiarao, adivino del ejército de Argos que se dirige hacia Tebas, deja al niño en el suelo y, de esta manera, él es asesinado por una serpiente. El fragmento 757 de Kannicht (ed. 2004a), que contiene un poco más de una centena de versos, transmite parte del segundo episodio de la obra: allí Eurídice se entera de lo ocurrido, interpreta que la muerte de su hijo fue deliberada, experimenta ὀργή contra la lemnia y, ante la ausencia de su esposo, decide castigarla con la muerte.
En la tragedia a continuación se representa un juicio en el que la reina debe determinar si el fallecimiento de Ofeltes fue voluntario o accidental. En esa instancia, la esclava busca conmover a Eurídice, sin embargo, ante su fracaso, Hipsípila, como último recurso, convoca al argivo para que testifique en su favor. De esta forma, con el testimonio del augur la protagonista intenta demostrar que el fallecimiento del niño fue involuntario, aplacar la cólera de la soberana y lograr así que modifique su veredicto.
Aristóteles afirma que los πάθη pueden alterar los juicios de las personas produciendo cambios en sus decisiones.8 Las mujeres resultaban particularmente susceptibles a las emociones dentro del imaginario griego, en especial a la cólera (Harris 2003, p. 130), puesto que no disponían de la capacidad juiciosa que demandaba su adecuada evaluación (Marinoni 2012, p. 282). Por consiguiente, en Atenas los ciudadanos varones encolerizados eran agentes con pleno derecho en la vida pública política, mientras que las mujeres con ὀργή, por el contrario, eran excluidas de esa esfera por presentar la misma emoción (Allard & Montlahuc 2018, p. 34).9
La ira es la razón más frecuente de los oradores para explicar el deseo o intento de castigo (Allen 2000, p. 50); en el drama, la esclava le atribuye esta emoción a la monarca. De esta manera, la perspectiva femenina y la significación de las elecciones de las mujeres resultan centrales en la obra (Chong-Gossard 2020, p. 214), puesto que, si Hipsípila logra demostrar que el fallecimiento del niño fue accidental, Eurídice tiene la posibilidad de evaluar de manera analítica la situación, deponer su πάθος y no castigarla con la muerte.
El objetivo de este artículo consiste en analizar la experiencia de la ὀργή de Eurídice descrita en el fragmento 757 de Hipsípila de Eurípides. Para ello, en primer lugar, analizaré la definición aristotélica de cólera de Retórica y buscaré definir si la experiencia atribuida a la reina corresponde con lo propuesto por el Estagirita.10 En segundo lugar, examinaré si la elaboración política y judicial que realiza la madre de Ofeltes respecto de su colérica emoción se ajusta a lo establecido para los ciudadanos varones atenienses del siglo V a.n.e.
La experiencia colérica
Durante el transcurso del período clásico, la práctica constante del discurso argumentativo y persuasivo en las asambleas y tribunales de Atenas produjo avances en las habilidades de debate y presentación (Mastronarde 2010, p. 209). Para los antiguos estas técnicas de argumentación formaban parte de la retórica, disciplina cuya centralidad en las obras de Eurípides le valió la consideración como “el más retórico de los dramaturgos griegos” (O’Sullivan 2020, p. 572).11
En su Retórica Aristóteles investiga las emociones para instruir a los oradores sobre cómo persuadir a los oyentes, quienes responden a un juicio razonado y no son, por el contrario, víctimas de un poder externo (Fortenbaugh 2006, pp. 29-30). De este modo, la cognición forma parte de la emoción y, mediante la persuasión, se puede modificar. Por tal motivo, la habilidad de activar o desactivar πάθη a través del convencimiento en una persona o auditorio que define la resolución de un juicio resulta fundamental.12
El análisis de la cólera que hace el Estagirita en sus obras es capaz de unir en una teoría unificada todos los aspectos de la emoción: su fisiología, naturaleza biológica, habituación social y contextos que pueden alentarla o desalentarla (Kalimtzis 2012, p. 73). En particular, Aristóteles define ὀργή de la siguiente forma:
Ἔστω δὴ ὀργὴ ὄρεξις μετὰ λύπης τιμωρίας [φαινομένης] διὰ φαινομένην ὀλιγωρίαν εἰς αὐτὸν ἤ <τι> τῶν αὐτοῦ, τοῦ ὀλιγωρεῖν μὴ προσήκοντος. εἰ δὴ τοῦτ’ ἐστὶν ἡ ὀργή, ἀνάγκη τὸν ὀργιζόμενον ὀργίζεσθαι ἀεὶ τῶν καθ’ ἕκαστόν τινι, οἷον Κλέωνι ἀλλ’ οὐκ ἀνθρώπῳ, καὶ ὅτι αὑτὸν ἢ τῶν αὑτοῦ τί πεποίηκεν ἢ ἤμελλεν, καὶ πάσῃ ὀργῇ ἕπεσθαί τινα ἡδονήν, τὴν ἀπὸ τῆς ἐλπίδος τοῦ τιμωρήσασθαι·
Arist., Rh., 1378a30-b2
Sea cólera el deseo con dolor de una venganza [aparente] a causa de un desprecio aparente contra uno o contra <alguno> de los de uno, en caso de que el despreciar no sea apropiado. Si esto entonces es la cólera, es necesario que el encolerizado se encolerice siempre con alguno de estos individualmente, por ejemplo, con Cleón pero no con un hombre (cualquiera) y que haya hecho o estuviera a punto de (hacer) algo a sí mismo o a (uno) de los de sí y que a toda cólera le siga algún placer de la esperanza de vengarse.
En esta conceptualización, la cólera se caracteriza por ser un “deseo”, ὄρεξις, término que se vincula con la imagen de buscar algo vívidamente (Kalimtzis 2012, p. 74), que, en este caso, es una “venganza”, τιμωρία.13 Esta vindicta es φαινομένη, participio que en textos filosóficos se refiere a lo que aparece ante los sentidos o ante la mente (Liddell, Scott & Jones 1996 [1843], B.II.2 Arist. Ph. 204b35 y EN 1175a29). De esta manera, la gratificación de la represalia está acentuada por su carácter público (Grimaldi 1988, p. 21), modalidad que hace posible la restauración de la honra perdida.14
Asimismo, la cólera es causada por una “afrenta”, también “aparente”, διὰ φαινομένην ὀλιγωρίαν.15 En este sentido, Cope & Sandys (2009 [1877], p. 10) interpretan las dos formas participiales de φαίνομαι como enfáticas: ellas no dan cuenta de una condición “aparente” o irreal, sino de una “manifiesta, conspicua o evidente”.16 Sin embargo, cabe destacar que la apariencia sensible y mental puede no ser concordante, ya que un fenómeno es pasible de ser aprehendido a través de los sentidos de manera adecuada, pero al mismo tiempo puede ser interpretado de forma equivocada.
En esta dirección, Nussbaum (2009 [1994], pp. 85-86) afirma que la percepción de los hechos por parte del agente suscita el πάθος y no el hecho en sí mismo.17 En consecuencia, la afrenta se piensa como un evento social complejo que demanda una considerable medida de juicio para poder percibirla como tal (Konstan 2003, p. 103). Por ello, desde una perspectiva intelectual, no hay lugar para la cólera femenina dentro de la concepción patriarcal ateniense (Harris 2003, p. 138), puesto que se entiende que las mujeres no disponen de la capacidad analítica necesaria para realizar esta razonada elaboración.
La ὀργή se puede activar por una acción concreta, πεποίηκεν, o por una intencionada, ἤμελλεν (Grimaldi 1988, p. 24). Junto al dolor que acompaña a la emoción, producto directo de la percepción de algo dañino o desagradable, se encuentra también el placer de vengar la afrenta sufrida, vindicta que se reconoce como posible; de otra manera no sería cólera (Konstan 2003, p. 101). Por tanto, esta experiencia emocional promueve una acción o algo similar (Harris 2003, p. 123); no se puede sufrir ira, a partir de lo bosquejado por Aristóteles en Retórica, si no hay una expectativa concreta de ejecutar una venganza o castigo.
De esta forma, solo pueden experimentar cólera quienes tengan la capacidad de actuar a partir de la emoción, y la aproximación a esta experiencia se centra en las relaciones de estatus y poder (Konstan 2008, p. 244).18 Por consiguiente, no todas las personas están habilitadas para encolerizarse, como ocurre con los esclavos, o no lo pueden hacer en todo momento, un ciudadano no se puede enojar con otro de mayor estatus, o no lo pueden hacer en cualquier lugar, el espacio reservado para la ὀργή femenina es exclusivamente el ámbito privado.
Por último, Aristóteles detalla qué clase de individuos pueden ser merecedores de cólera y cuáles no:
εἰ οὖν ὀργίζονται τοῖς ὀλιγωροῦσιν, ὀλιγωρία δ’ ἑκούσιον, φανερὸν ὅτι καὶ τοῖς μηδὲν τούτων ποιοῦσιν ἢ ἀκουσίως ποιοῦσιν ἢ φαινομένοις τοιούτοις πρᾶοί εἰσιν. καὶ τοῖς τἀναντία ὧν ἐποίησαν βουλομένοις.
Arist., Rh., 1380a9-13
Si ciertamente se encolerizan con los que desprecian y el desprecio es voluntario, es evidente que también son apacibles con los que no hacen nada de estas cosas o las hacen involuntariamente o lo parecen. También (son apacibles) con los que quieren lo opuesto de lo que hicieron.
De esta forma, no basta con haber realizado una afrenta, sino que ella debe ser “voluntaria”, ἑκούσιον, término que Grimaldi (1988, p. 52) vincula a la vez con la voluntariedad y la intencionalidad.19 Por el contrario, aquellas personas que no desprecian, quienes lo hacen o aparentan hacerlo involuntariamente y las que buscan hacer buenas acciones en lugar de actos agraviantes no merecen ὀργή, sino apacibilidad, esto es, no pueden ser destinatarias de un accionar fundado en la cólera.
A partir de estas consideraciones aristotélicas, se puede ilustrar de manera general la normatividad que entraña la experiencia pública de la cólera en una comunidad emocional particular como la Atenas clásica.20 De acuerdo con estos patrones de comportamiento, quien participe de la cólera, a saber, los ciudadanos que puedan formar parte del auditorio de los oradores a quienes está destinado el planteo de Retórica, deberían comportarse atendiendo a lo establecido por el Estagirita. Respecto de lo que ocurre en Hipsípila en particular, para estar en condiciones de determinar si lo experimentado por Eurídice es cólera, resulta fundamental contrastar su experiencia con el modelo descrito por Aristóteles.
En primer lugar, la monarca siente dolor al enterarse de la muerte de su hijo, pesar que motoriza su deseo de venganza por el deceso. La esposa de Licurgo puede vengarse porque el soberano no se encuentra21 y porque las ciudadanas tienen completa libertad para castigar esclavos ante la ausencia de sus maridos (Allen 2000, p. 111). En efecto, Hipsípila reconoce su eventual sumisión ante la decisión que tome Eurídice al decirle al coro: “temo el tipo de cosas que obedeceré a causa de la muerte del niño” (δέδο[ι]κα θ[αν]άτῳ ‘παιδὸς’ οἷα πείσομ[αι, Eur., Hyps., fr. 754b v. 7).22
En consecuencia, la reina dirige su emocionalidad hacia una persona en particular, la nodriza, quien era la responsable del bienestar de Ofeltes y que, en su lugar, debe responder por su temprana muerte, afrenta que Eurídice interpreta como deliberada. De esta manera, la elaboración emocional de la soberana se ceñiría a la normatividad propuesta por Aristóteles: ella demuestra que dispone de la capacidad analítica necesaria para poder discernir entre las situaciones que legítimamente pueden suscitar cólera y aquellas que no.
Sin embargo, la percepción de Eurídice respecto de la muerte de su hijo entraña una problemática adicional, presente en la conceptualización aristotélica sobre la ὀργή: ella cree que el fallecimiento fue voluntario e intencional. Por este motivo, a lo largo del juicio transmitido en el segundo episodio, Hipsípila buscará convencer de lo contrario a su señora. Solo demostrando la involuntariedad del acontecimiento trágico ella podrá eludir un castigo que acabaría con su propia vida.
La cólera juiciosa
En los primeros versos del fragmento 757, la nodriza está a solas con Eurídice, encolerizada dado que se enteró recientemente de la muerte de su hijo. En ese instante la esclava le dice:
οὕτω δοḳ⸤εῖ μ’,
[π]ότν
’, ἀποκτείνε⸥[ιν ᴗ ˗
ὀργῇ, πρὶν ὀρθῶς πρᾶγ
[α] ⸤διαμα
⸥[ῖν τόδε;
σιγᾷς, ἀμείβῃ δ’ οὐδέν; ὦ ⸤τάλαιν’ ἐ
⸥[ώ.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 5-7 (vv. 836-838)
¿Sin más, oh señora, se decide condenarme a muerte por cólera antes de conocer en detalle correctamente sobre este hecho? ¿Guardas silencio y no respondes nada? ¡Oh desgraciada de mí!
En este pasaje la lemnia se dirige con respeto a su “señora” (
[π]ότν
’, v. 5),23 a quien le atribuye estar experimentando “cólera” (ὀργῇ, v. 6). Esta emoción explica la “condena a muerte” en su contra (ἀποκτείνε⸥[ιν, v. 5), motivada por la búsqueda de venganza de la reina por la aparente afrenta. En respuesta, Hipsípila busca convencer a su ama de deponer su πάθος al afirmar que la interpretación que la monarca realiza del “hecho” (πρᾶγ
[α], v. 6) no es “correcta” (ὀρθῶς, v. 6), pero Eurídice permanece en silencio y se rehúsa a responder los ruegos.24
En estos versos hay numerosos términos vinculados con el ámbito legal. El verbo impersonal δοκέω se puede traducir como “se decide” o “está decretado” (Liddell, Scott & Jones 1996 [1843], II.4.b Ar. Th. 372, Th. 4.118) y presenta un uso frecuente en las resoluciones públicas y los decretos.25 El verbo ἀποκτείνω puede significar “condenar a muerte” y es propio de jueces, acusadores o de la ley (Liddell, Scott & Jones 1996 [1843], 2 Antipho 5.92, Pl. Ap. 30d). El adverbio ὀρθῶς, por su parte, puede referir a lo que se corresponde con el “modo correcto y apropiado respecto de los hechos y la verdad en la esfera de la justicia” (Diggle 2021, 3). Por último, Bond (1969 [1963], p. 104) identifica un posible matiz jurídico en el sustantivo πρᾶγμα.
De esta manera, Hipsípila demuestra estar al tanto de cómo se debe gestionar la experiencia colérica en la comunidad emocional en la que se enmarca la tragedia y de qué forma ella puede evitar ser contra quien se encolerice la soberana; la nodriza tiene determinación y busca incidir sobre su futuro. En esta dirección, Allen (2000, p. 99) explicita que, cuando una persona quiere castigar, como ocurre con Eurídice, tiene que saber que está introduciendo la enfermedad de la ὀργή en la πόλις y que esa condición demanda ser curada. Esta cura se resuelve a través de un juicio, instancia que explica la abundancia de términos legales en los pasajes; solo a través de un proceso jurídico la lemnia puede ser exculpada.26
No obstante, la esclava intenta convencer de nuevo a su señora sobre la naturaleza accidental del fallecimiento:
ὡς τοῦ θανεῖν μὲν οὕνεκ’⸤οὐ μέγα
⸥[έν]ω,
εἰ δὲ κτανεῖν τὸ τέκνον οὐκ ὀρ
ς δοκῶ,
τοὐμὸν τιθήνημ’, ὃν ἐπ’ ἐμαῖσιν ἀγκάλαις
πλὴν οὐ τεκοῦσα τἄλλα γ’ ὡς ἐμὸν τέκνον
στέργουσ’ ἔφερβον, ὠφέλημ’ ἐμοὶ μέγα.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 8-12 (vv. 839-843)
No lamento mucho a causa del hecho de morir, si -no correctamente- parezco haber matado al niño, mi niño de pecho, al que alimenté en estos brazos, sin parir(lo), amándo(lo) por lo demás ciertamente como mi niño, gran beneficio para mí.
En los versos Hipsípila reconoce que, si hubiera asesinado de manera deliberada a Ofeltes (κτανεῖν τὸ τέκνον, v. 9), a ella le correspondería ser condenada a muerte. Sin embargo, este no es el caso, pues él era como un hijo propio para ella (ἐμὸν τέκνον, v. 11), su “niño de pecho” (τοὐμὸν τιθήνημ’, v. 10). Por lo tanto, el vínculo que la unía con el menor era de una maternidad sustituta (Chong-Gossard 2020, p. 207); de allí su insistencia en demostrar que la intencionalidad del asesinato percibida por la monarca no es correcta (οὐκ ὀρ
ς, v. 9).
El juicio
Ante el mutismo sostenido de Eurídice y los intentos malogrados de persuasión de Hipsípila, la nodriza convoca, suplicante, al adivino Anfiarao para eludir la condena a muerte decidida por la reina:
ὦ μάντι πατρὸς Οἰκλέους, θανούμεθα.
ἄρηξον, ἐλθέ, μή μ’ ἴδῃς ὑπ’ αἰτίας
αἰσχρᾶς θανοῦσαν· διὰ σέ γὰρ διόλλυμαι.
ἔλθ’, οἶσθα γὰρ δὴ τἀμά, καὶ σὲ μάρτυρα
σαφέστατον δέξαιτ’ ἂν ἥδ’ ἐμῶν κακῶν.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 15-19 (vv. 846-850)
Oh adivino hijo de Oícles, moriremos. Ven, ayúda(me) para que no me veas tras morir por causas vergonzosas; pues perezco completamente por ti. Ven, pues sabes en efecto sobre mis asuntos y esta (Eurídice) podría recibirte como testigo más preciso de mis equivocaciones.
De esta manera, la lemnia apela al augur para que se haga presente en calidad de “testigo” (μάρτυρα, v. 18) en el juicio que está teniendo lugar.27 Esta escena del litigio con la esclava, el adivino y la reina es representada en la crátera atribuida al Pintor de Darío. Allí se ilustra un resumen de la versión euripidea del mito de Hipsípila (Taplin 2007, p. 213; Carpenter 2014, p. 275) y, en su centro, se presenta el proceso judicial, ubicación que confirma su relevancia en la obra (Chong-Gossard 2020, pp. 198-199).
En la cerámica los personajes se distribuyen en un pórtico dividido en tres: a la izquierda se encuentra Hipsípila rogando, en medio, Eurídice vacilante y, a la derecha, Anfiarao que está aconsejando o amonestando (Taplin 2007, p. 213).28 La centralidad de la soberana en esta disposición responde a que su reacción frente al discurso del adivino tiene un rol decisivo en el desenlace de la tragedia (Chong-Gossard 2020, p. 199): si la esposa de Licurgo escucha y cree en el testimonio del argivo, la nodriza no será castigada.

Ilustración de Wiener Vorlegeblätter für archäologische Übungen, 1889, pl. XI.2a.
“Crátera del Pintor de Darío de Apulia de Ruvo”, Napoli, Museo Archeologico Nazionale, inv. 81934 (H 3255) RVAp 18/42.
En la tragedia, tras atender a la convocatoria, Anfiarao se presenta diciendo:
ἐπίσχες, ὦ πέμπουσα τ[ή]νδ’ ἐπὶ σφαγά[ς,
δόμων ἄνασσα· τῷ γὰρ εὐπρεπεῖ σ᾽ ἰδών
τοὐλεύθερόν σοι προστίθημι τῇ φύσει.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 22-24 (vv. 853-855)
Espera, oh la que envías a esta hacia un sacrificio, señora del palacio; pues tras verte por tu digna apariencia te atribuyo libertad por tu origen.
En su ingreso abrupto (Bond 1969 [1963], p. 106; Collard, Cropp & Gibert 2004b, p. 245), el adivino identifica a partir de su “apariencia” (τῷ … εὐπρεπεῖ, v. 23) el estatus de Eurídice como “señora del palacio” (δόμων ἄνασσα, v. 23) (Bond 1969 [1963], p. 106). En efecto, las referencias al dominio provisorio de ella sobre el οἶκος -ante la ausencia de Licurgo-, a su aspecto y a su condición de libre, confirman la autoridad y agencia que la madre de Ofeltes detenta para resolver el juicio sobre la muerte del niño, litigio donde Anfiarao es testigo e Hipsípila, acusada de asesinato intencional.29
En respuesta, la lemnia le solicita al adivino que aclare la naturaleza involuntaria de lo ocurrido, aspecto central para poder eludir el castigo:
[εἰπ]ὲ τῇδε συμφορὰν τέκνου·
Cuéntale la desgracia de su hijo: pues (lo) sabes por haber estado presente; ella dice que yo maté al niño voluntariamente y que (lo) tramé contra el palacio.
En el pasaje Hipsípila destaca la legitimidad de Anfiarao como testigo por “haber estado presente” (παρών, v. 35) y enumera los dos hechos que Eurídice percibe de manera incorrecta: la “voluntariedad” de la muerte del niño (ἑκουσίως, v. 35) y la consiguiente intención de ir así “contra el palacio” (δόμοις, v. 36).30 Al respecto, Rickert (1989, pp. 81-82) interpreta sobre este episodio que, aunque la serpiente es una presencia conocida por la comunidad de Nemea, el comportamiento de la esclava debe ser probablemente atribuido a algún grado de descuido o falla de cálculo. En consecuencia, en este drama se distingue entre actuar ἑκών, voluntariamente, y en error (Rickert 1989, p. 82) y, dentro de esta distinción, el accionar de la nodriza se inscribe en el segundo caso, esto es, sin voluntad.31
Antes de narrar lo presenciado por el adivino, él se presenta ante la reina:
πρῶτον μὲν οὖν σὸν δεῖξον, ὦ ξένη, κάρα·
σῶφρον γὰρ ὄμμα τοὐμὸν Ἑλλήνων λόγος
πολὺς διήκει· καὶ πέφυχ’ οὕτως, γύναι,
κοσμεῖν τ’ ἐμαυτὸν καὶ τὰ διαφέρονθ’ ὁρᾶν.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 43-46 (vv. 874-877)
En primer lugar, ciertamente, mujer extranjera, muestra tu cabeza: pues un gran rumor entre los griegos difunde mi visión como prudente; de esta forma estoy dispuesto por naturaleza, señora, de contenerme y de ver las cuestiones importantes.
De esta manera, Anfiarao le requiere inicialmente a la soberana que se quite el velo, señal del luto que está transitando por la muerte de su hijo.32 El augur se presenta ante ella como de visión “prudente” (σῶφρον, v. 44), adjetivo que se relaciona con la mente sana y, por consiguiente, involucra reflexión y moderación (Liddell, Scott & Jones 1996 [1843], I.1 Il., 21.462, Od., 4.158). Asimismo, sumado al sustantivo ὄμμα, aparece el verbo ὁρᾶν, palabras que pertenecen al campo semántico de la vista, sentido fundamental para garantizar la veracidad del testimonio que va a proferir un testigo que, a su vez, es adivino.
A continuación, el vate se dirige a Eurídice anticipándole su equivocación en la percepción de lo acontecido:
ἔπειτ’ ἄκουσον, τοῦ τάχους δὲ τοῦδ’ ἄνες·
εἰς μὲν γὰρ ἄλλο πᾶν ἁμαρτάνειν χρεών,
ψυχὴν δ’ ἐς ἀνδρὸς ἢ γυναικὸς οὐ καλόν.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 47-49 (vv. 878-880)
Por tanto, escúchame y cesa esta precipitación. Pues (está) permitido equivocarse respecto de cualquier otra (situación), pero no es bueno (equivocarse) respecto de la vida de un hombre o una mujer.
En este pasaje el adivino busca la atención de la monarca para que escuche su testimonio y le advierte que su deseo de venganza por la muerte de su hijo es precipitado. El hijo de Oícles admite que los errores son posibles, mas aquellos que ponen en juego la vida de hombres y mujeres no son buenos (οὐ καλόν, v. 49). Por tanto, Anfiarao le anticipa a Eurídice que, aunque ella puede estar experimentando de manera apropiada su ὀργή -ajustándose a lo que será el modelo prescrito por Aristóteles-, su percepción de los hechos puede ser errónea y, a causa de ello, podría condenar a una persona inocente.
En este sentido, la utilización del verbo ἁμαρτάνω es significativa a la luz de lo desarrollado por Aristóteles en el libro 13 de Poética, donde afirma que la acción fundamental de una tragedia ejemplar es el error o ἁμαρτία (Witt 2005, p. 69) y que sus protagonistas caen en desgracia por ese equívoco.33 En el drama de Eurípides son dos las equivocaciones que tienen lugar: Hipsípila abandona a Ofeltes momentáneamente cerca del manantial y Eurídice interpreta el fatal suceso como voluntario y, en consecuencia, sentencia a muerte a la esclava. Sin embargo, tal como indica el adivino, solo uno de esos errores puede ser subsanado; por ello, intenta persuadir a la reina.
Por su parte, la madre de Ofeltes le responde:
ὦ ξένε πρὸς Ἄργει πλησία[ν] ναίων χθόνα,
πάντων {δ’} ἀκούουσ’ οἶδά σ’ ὄ[ν]τα σώφρονα·
οὐ γάρ ποτ’ εἰς τόδ’ ὄμμ’ <ἂν> ἔβλ[ε]ψας παρών.
νῦν δ’ εἴ τι βούληι, καὶ κλύε[ι]ν σέθεν θέλω
καὶ σ’ ἐκδιδάσκειν· οὐκ ἀνάξιος γὰρ εἶ.
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 50-54 (vv. 881-885)
Oh extranjero que vives en una región cerca de Argos, escuchando todas estas cosas sé que tú eres prudente, pues nunca habrías podido ver este rostro en mi presencia. Y ahora si deseas algo, quiero escucharlo también de ti y que tú expongas; pues no eres falto de valores.
Luego de oír a Anfiarao, Eurídice confirma la virtud del argivo (σώφρονα, v. 51)34 y ello posibilita que el augur dé testimonio sobre lo ocurrido durante la muerte accidental del niño. De esta forma, la soberana demuestra su propia naturaleza prudente, puesto que somete su percepción de los hechos a escrutinio; ella admite la posibilidad de haber interpretado de manera equivocada los acontecimientos. En consecuencia, esta mujer demuestra disponer de la capacidad racional necesaria para poder reevaluar si su experiencia colérica es apropiada o no.
En respuesta, el adivino narra lo sucedido:
γύναι, τὸ
ῆσδε τῆς ταλαιπώρου κ[α]κόν
ἀγρίως φέρουσάν σ’ ἤπιον
[έσθαι θέλ]ω,
ο
τήνδε μᾶλ[λ]ον ἢ τὸ τῆς δ[ί]
[ρ]
ν.
αἰσχύνομα[ι] δὲ Φοῖβον, οὗ δι’ ἐμπύρ[ω]ν
τέχνην ἐπασκῶ, ψεῦδος
[ἴ τ]
λέξομεν.
ταύτην ἐγὼ ’ξέπεισα κρηναῖον [γά]νος
δεῖξαι δι’ ἁγνῶν ῥευμάτων [ ̣ ̣ ̣] ̣
. [ ]
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XV fr. 60.i 55-61 (vv. 886-892)
Señora, quiero que tú, que cruelmente soportas la equivocación de esta, miserable, te vuelvas benevolente, no mirándola a esta como a lo relativo a la justicia. Sentiría vergüenza ante Febo, cuyo arte cultivo mediante ofrendas quemadas, si dijéramos alguna falsedad. Yo la persuadí completamente de que mostrara agua de manantial a través de sus corrientes puras…
Antes de iniciar la narratio, que se interrumpe a partir del v. 61,35 Anfiarao le solicita benevolencia (ἤπιον, v. 56) a Eurídice y que vuelva su mirada a “lo relativo a la justicia” (τὸ τῆς δ[ί]
, v. 57).36 El adivino admite haber “persuadido completamente” (ἐξέπεισα, v. 60) a Hipsípila y denomina “equivocación” (κακόν, v. 55) a la desatención de la esclava que posibilita la muerte de Ofeltes:37 admite negligencia en la lemnia (Bond 1969 [1963], p. 112),38 pero, a la vez, reconoce la naturaleza accidental del deceso del niño.39
La veracidad del relato del augur se funda en cualidades ya mencionadas de él, como su “visión prudente” (σῶφρον … ὄμμα, v. 44) y su “disposición natural de contenerse y de ver las cuestiones importantes” (πέφυκα … κοσμεῖν τ’ ἐμαυτὸν καὶ τὰ διαφέρονθ’ ὁρᾶν, vv. 45-46), y, a ellas, se suma su vinculación con Febo (Φοῖβον, v. 58). El dios es garante de que el relato del adivino es verdadero, puesto que si él declarara cualquier “falsedad” (ψεῦδος, v. 59) experimentaría vergüenza (αἰσχύνομα[ι], v. 58), emoción contrapuesta a la ὀργή.40
El sustantivo con el que se inicia el pasaje, γύναι (v. 55), reiterado en el v. 45, también está presente en el v. 49. En el último caso, el vate se refiere a las mujeres que, en lugar de cometer una “equivocación” (κακόν), la pueden sufrir en carne propia. En esta dirección, es conveniente mencionar que, en registros anteriores del mito, quien supervisaba a Ofeltes durante el trágico episodio era su propia madre, Eurídice, o una nodriza anónima que no era Hipsípila (Collard & Cropp 2008, p. 252).41 Por consiguiente, la coincidencia léxica podría dar cuenta de un destino común que ellas comparten en otras versiones del mito: ambas fueron o pueden ser responsables involuntarias por el deceso del niño.
El veredicto
Los últimos versos del fragmento 757 demuestran que, gracias al testimonio de Anfiarao, Hipsípila logra su objetivo: Eurídice puede reconocer la naturaleza inintencionada de la muerte de su hijo, por tanto, depone su ὀργή, tal como establecerá luego Aristóteles en Retórica, 1380a9-13. En efecto, a partir del reconocimiento de la percepción errónea de los sucesos y las consecuencias drásticas que podría haber originado la reina reflexiona:
πρὸς τὰς φύσεις ⸤χρὴ καὶ τὰ πράγματα σκοπεῖν⸥
καὶ τὰς διαίτας τῶ⸤ν κακῶν τε κἀγαθῶν,⸥
π⸤ει⸥θὼ δὲ τοῖς μὲ⸤ν σώφροσιν πολλὴν ἔχειν,⸥
το⸤ῖς μὴ δικ⸥αίοις ⸤δ’ οὐδὲ συμβάλλειν χρεών.⸥
Eur., Hyps., fr. 757 P. Oxy. Col. XVI fr. 60 ii 114-117 (vv. 946-949)
Es necesario observar hacia las naturalezas, los hechos y los modos de vida de los malos y buenos y es preciso, por un lado, tener mucha confianza en los prudentes y, por el otro, no estar de acuerdo con los injustos.
En la propuesta de la soberana de observar las “naturalezas” (φύσεις, v. 114) de los malos y buenos reaparece un sema que ya fue mencionado respecto de su propia libertad “por origen” en v. 24 (φύσει) y sobre la idoneidad del augur de contenerse y ver las cuestiones importantes en v. 45 (πέφυκα). En ambos casos los personajes hacen uso de sus capacidades naturales: Anfiarao se modera y le indica a la monarca lo relevante al instarla a no cometer errores fatales y Eurídice, por su parte, es libre por origen y se encuentra como única autoridad en el palacio, ella dispone de la potestad para castigar o no a su esclava.
En este sentido, la interpretación adecuada de los “hechos” (πράγματα, v. 114) de la esposa de Licurgo modifica su accionar. En el inicio del fragmento 757 la lemnia le suplica a su señora que conozca en detalle y correctamente el “hecho” (πρᾶγμα, v. 6) sucedido para poder evitar el inminente e injusto castigo y, hacia el final, tras escuchar el testimonio del adivino, Eurídice, en efecto, depone su cólera al reconocer que la afrenta aparente no es voluntaria.42
De esta forma, la monarca se muestra “benevolente” (ἤπιος, v. 56) al igual que observadora de “lo relativo a la justicia” (τὸ τῆς δ[ί]
, v. 57) con su veredicto en el juicio, ella misma se comporta de modo “prudente” (σώφρων, v. 116) y es una mujer en quien confiar. Chong-Gossard (2009, p. 20) sostiene que Eurídice podría haber rechazado la súplica de Hipsípila y continuado con la búsqueda de venganza; sin embargo, esta tragedia concluye felizmente: se instauran los Juegos Nemeos en honor al hijo de Licurgo y la nodriza se reencuentra con sus dos hijos, con quienes regresa a Lemnos.
En síntesis, la decisión de la soberana expande la definición de agencia femenina en la tragedia griega (Chong-Gossard 2020, p. 210), ámbito en el que las coléricas protagonistas se destacan por realizar venganzas cruentas. Hipsípila, por consiguiente, constituye un experimento dramático que transforma el esperado momento de muerte en uno de rescate (Chong-Gossard 2009, p. 19), instancia que se elude gracias al comportamiento de una mujer que, aunque encolerizada, es, a su vez, juiciosa.
Conclusiones
A partir de los pasajes trabajados de Retórica se puede verificar la adecuación de la experiencia emocional de Eurídice respecto de lo que será propuesto por Aristóteles. La gestión de la ὀργή de la reina se ciñe al paradigma de la comunidad emocional de la Atenas clásica, puesto que su cólera se motoriza ante una aparente afrenta que produce dolor y cuyo eventual castigo suscita, asimismo, placer contra una persona en particular de menor jerarquía, la nodriza. De hecho, tal como propone el Estagirita, el único aspecto que resta por constatar para llevar a cabo la venganza correspondiente es la voluntariedad del agravio.
La intencionalidad de la muerte de Ofeltes, motor del πάθος de la reina, se pone bajo escrutinio en un juicio en el que participan Hipsípila -en calidad de acusada-, Anfiarao -como testigo-, y Eurídice -quien debe resolver el litigio. En este caso, aunque la soberana se rehúsa a escuchar a la lemnia, atiende al testimonio del adivino que verifica la naturaleza accidental de lo ocurrido. Gracias a esta intervención, la monarca reconoce su equivocación y no castiga a la esclava, como establecerá Aristóteles respecto de los actos involuntarios que no se deben entender como afrenta y que, por tanto, no deben suscitar ὀργή.
De esta manera, el comportamiento encolerizado y, a la vez, juicioso de Eurídice es novedoso dentro de la conducta esperable para las mujeres protagonistas de las obras trágicas completas conservadas del momento. Hay numerosos fragmentos dramáticos que restan por identificar y analizar. Por lo pronto, en el fr. 757 de Hipsípila de Eurípides se evidencia que dos personajes femeninos pueden desenvolverse adecuadamente en un proceso judicial y deponer su ὀργή si la emoción es motorizada a partir de una interpretación errónea.

























