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Estudios sociológicos

On-line version ISSN 2448-6442Print version ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.34 n.spe México  2016

 

Artículos

La creación de Estudios Sociológicos y sus números iniciales

Francisco Zapata*  1 

*El Colegio de México, México, zapata@colmex.mx


Coordinador: 1982-1984, 1986-1989. Números 1 a 6, 9 a 20. Durante el año 1982, poco antes de que cumpliera 10 años de su creación, en 1973, el Centro de Estudios Sociológicos (CES), bajo la dirección de Claudio Stern, tomó la decisión de publicar una revista que acogiera colaboraciones de sus integrantes y de aquellos sociólogos que quisieran expresarse. Esta iniciativa fue resultado de la búsqueda de una identidad propia por parte de los profesores del CES, que reflejara sus intereses de investigación, ideas y planteamientos críticos sobre las teorías que estaban en boga en esos años. Como lo planteó Stern en la presentación del primer número, también se trató de crear un mecanismo de difusión de la producción sociológica, que se incrementaba de forma importante en México y en América Latina. Así, en enero de 1983 apareció el primer número de Estudios Sociológicos. Las temáticas del primer número reflejaron intereses de investigación muy diversos.

Es importante recordar aquí que la coyuntura económica de México en 1982 (tres devaluaciones del peso en ese año, restricciones presupuestales a la educación superior), no era propicia para emprender nuevos proyectos en distintas áreas de la vida del país. Sin embargo, la visión del entonces presidente de El Colegio de México, don Víctor Urquidi, permitió que, a pesar de las circunstancias adversas, la iniciativa de crear Estudios Sociológicos siguiera delante.

Es pertinente recordar también que pocos años antes, en 1976, gracias a la iniciativa del primer director del CES, Rodolfo Stavenhagen -y en su calidad de presidente del Consejo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-, se había creado la Sede México de la Flacso. Esta creación, que conllevó el traslado de la biblioteca de la Sede Chile a la Sede México y la apertura del Programa de Maestría en Ciencias Sociales, tuvo lugar en circunstancias económicas no tan distintas a las de 1982.

Estas decisiones nos demuestran que la visión de Urquidi y Stavenhagen de no someterse a la coyuntura en el desarrollo de la vida intelectual, fueron una nueva demostración del lugar que, por su intermedio, el Estado mexicano otorgaba a las ciencias sociales.

En efecto, vale la pena traerlo a la memoria hoy: en varios países de América Latina, y especialmente en aquellos que estaban gobernados por dictaduras militares o regímenes autoritarios como algunos de Centroamérica, la sociología y las ciencias sociales en general, eran disciplinas “peligrosas”. Practicarlas conllevaba riesgos personales considerables. Investigar, pensar críticamente, publicar y argumentar con base en resultados de investigación empírica, que no siempre eran del agrado de las autoridades políticas, podía conducir a castigos que obligaban al exilio, o a correr el riesgo de ser “desaparecido”, asesinado o reprimido. Esas circunstancias no existían en México, por lo que la decisión de iniciar la publicación de una nueva revista de estudios centrados en el análisis sociológico reflejaba la trayectoria de El Colegio de México, que, en otros momentos, como la Guerra Civil española, había también dado lugar a la creación de espacios de reflexión en las disciplinas de las ciencias sociales.

En este sentido, se trataba de proporcionar medios de expresión para la producción que derivaba de las investigaciones realizadas tanto en El Colegio como en otras instituciones o en otros países. En efecto, a excepción de la Revista Mexicana de Sociología, la disponibilidad de lugares dónde publicar no era en ese tiempo tan abundante como lo es hoy. Las políticas oscurantistas de las dictaduras militares en el Cono Sur y los conflictos militares en Centroamérica hacían imposible que la reflexión sociológica encontrara cauce para expresarse.

Por ello, Estudios Sociológicos vino a llenar ese vacío. Durante los periodos en que me tocó dirigirla, la revista se convirtió en un referente que dio cauce a las preocupaciones de colegas de todos los países latinoamericanos, incluyendo aquellos que tuvieron que exiliarse en México durante las dictaduras militares de Argentina (1976-1983), Bolivia (1971-1978), Brasil (1964-1985), Chile (1973-1990), y Uruguay (1972-1985). Asimismo, las guerras civiles en El Salvador (1980-1992), Guatemala (1960-1996), y Nicaragua (1979-1990), también obligaron a colegas universitarios a buscar refugio en México, lo que permitió ampliar el ámbito de la reflexión sociológica sobre los procesos sociales y políticos que tenían lugar en los países de Centroamérica. Además, no hay que olvidar que no fueron sólo profesores e investigadores formados quienes llegaron a México, también hubo muchos estudiantes de esos países que se incorporaron a los programas de posgrado y pudieron acceder a publicar sus primeros trabajos en la revista. Varios de ellos permanecieron en el país y desarrollaron carreras académicas de valor. Adicionalmente, cuando en los años ochenta se iniciaron los procesos de transición a la democracia en Argentina (1983), Bolivia (1978-1982), Brasil (1985), y Chile (1989), ellos dieron lugar a una vasta reflexión sobre lo que habían representado los regímenes militares en esos países y sobre las características de las transiciones, la que encontró un medio para su difusión en nuestra revista.

Fue sobre ese telón de fondo que asumí la coordinación de la revista, función que desempeñé entre 1982 y 1983, y entre 1986 y 1989, con un breve interludio en 1985 en que Vivianne Brachet la coordinó de forma interina. En síntesis, contribuí a la elaboración de los números 1 a 3 y de los números 9 a 20, que corresponden a los años 1983, 1986, 1987, 1988 y 1989. En ese periodo la revista publicó artículos que se enfocaron a cuestiones teóricas, pero que sobre todo difundieron la producción de trabajos que reflejaron investigaciones sobre migración, estructuras ocupacionales, sindicalismo y desarrollo agrario, que se llevaron a cabo en el CES. Se publicaron también trabajos de índole teórica, como los que firmaron Jean Claude Passeron y Claude Meillassoux en el número 3. Pero, sobre todo, fue un canal donde se plasmaron debates sobre las transiciones políticas que ocurrían al mismo tiempo en nuestros países. Después de que dejé de coordinar la revista, ésta siguió con esa trayectoria que incluyó, desde 1988 en adelante, los procesos que llevaron a la transición democrática en México analizados en perspectiva comparativa.

El proceso editorial descansó en el coordinador, que debió llevar a cabo un laborioso proceso de selección inicial, envío a dictaminación por dos lectores anónimos, revisión de los manuscritos por sus autores y conformación de cada número con una anticipación de al menos seis meses. En esos años no existía la computación en el ámbito editorial, por lo que todavía debía utilizarse tipografía que exigía intenso trabajo manual. Los manuscritos de cada número se entregaban mecanografiados y revisados en su redacción (corrección de estilo), pero debía transcurrir un lapso prolongado antes de que cada número fuera impreso y puesto en circulación. Una tarea adicional fue la traducción de los textos de autores que nos mandaban artículos en inglés, francés y alemán. Tocaba a la coordinación revisar las traducciones, que no siempre reflejaban la naturaleza sociológica de su contenido.

Durante los periodos en que coordiné Estudios Sociológicos conté con la colaboración de Guadalupe Luna, quien fue una esforzada y perseverante dactilógrafa que realizó las correcciones a los textos derivadas de la corrección de estilo en un sinnúmero de revisiones. Vale la pena destacar que Guadalupe Luna sigue siendo la persona a cargo de estas tareas en la revista, pero ahora cuenta con la posibilidad de realizarlas directamente en la pantalla de su computadora; ello ha contribuido a alivianar el trabajo tanto física como mentalmente. Es importante señalar que Guadalupe Luna ha contribuido a muchas tareas del CES, pues su trabajo ha incluido ser la secretaria de la revista (1982-1993) y la secretaria de la dirección del Centro (1994-2000), además de haber asistido a los profesores en diversos momentos de su trayectoria laboral en El Colegio de México -que se inició en la primera sede del CES en la calle de Zacatecas, de la Colonia Roma, allá por el año 1974.

Una sección de la revista que sirvió de tribuna para reflejar diversas posturas intelectuales fue la que denominamos Debates. En esa sección aparecieron discusiones relevantes, como por ejemplo el cuestionamiento que hizo Rolando García a la reseña que publicó Javier Elguea del libro de Jean Piaget y Rolando García, Psicogenésis e historia de la ciencia -México, Siglo XXI Editores, 1984 (número 10, enero-abril de 1986)-. Ese cuestionamiento dio lugar a réplicas y contrarréplicas que se plasmaron en ese número y que tuvieron amplia repercusión entre los estudiantes del Programa de Doctorado, por estar focalizado en la epistemología de la ciencia. Además, el debate tuvo gran importancia en la trayectoria crítica de la revista, pues consolidó su independencia y refrendó la libertad académica. En efecto, Rolando García había buscado la intervención de don Víctor Urquidi, presidente de El Colegio de México en ese momento, para cuestionar el contenido de la reseña que Elguea había realizado de su libro. Urquidi tuvo que informar a García que él no podía interferir en lo que era un trabajo estrictamente académico y que la responsabilidad de las publicaciones de los profesores de El Colegio descansaba en ellos y sólo en ellos. Ello dio lugar a la superación del diferendo cuando Estudios Sociológicos abrió sus páginas para que García refutara el contenido de la reseña de Elguea y que éste, a su vez, rebatiera esa refutación. Rescato esta anécdota porque esto permitió consolidar a la revista en su carácter crítico.

En suma, no puedo sino recordar con mucha emoción lo que fueron esas etapas de la trayectoria de nuestra revista. Estudios Sociológicos tuvo un papel pionero en la expresión del trabajo de los profesores-investigadores del CES que hasta ese momento no habían tenido un órgano de expresión propio. Dio espacio también a la reflexión de colegas latinoamericanos y centroamericanos sobre los procesos sociales y políticos que tenían lugar en nuestros países. En estos 100 números se ha plasmado ese trabajo en numerosos artículos, reseñas y notas críticas que reflejan los resultados de investigación y las reflexiones de todos los colegas que conformamos este centro de El Colegio de México.

1Correspondencia: Centro de Estudios Sociológicos/El Colegio de México/ Camino al Ajusco núm. 20/Col. Pedregal de Santa Teresa/C.P. 10740/México, D.F./correo electrónico: zapata@colmex.mx

Francisco Zapata.

Es doctor en sociología por la Universidad de París. Es profesor-investigador de El Colegio de México desde 1974. Especialista en cuestiones de sociología del trabajo y del sindicalismo. Ha impartido cursos sobre la relación entre la ideología y la política, sobre cuestiones de teoría sociológica, y sobre los debates teóricos acerca del desarrollo de América Latina. Dos de sus recientes publicaciones son “Ciencias sociales y desarrollo nacional en México”, Antropologías del Sur, núm. 2, 2014, pp. 15-29; así como “La gran transformación”, en Ariel Rodríguez Kuri (compilador), Población y sociedad: 1808-2014, en Colección México contemporáneo, volumen 3, México, Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México y Fundación MAPFRE, 2015, pp. 175-218.

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