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Región y sociedad

Print version ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.24 spe.3 México Jan. 2012

 

Reseñas

 

Jacinta PalermViqueira y Tomás Martínez Saldaña, editores (2009), Aventuras con el agua. La administración del agua de riego: historia y teoría

 

Luis Aboites Aguilar*

 

Texcoco, Colegio de Posgraduados, 437 pp.

 

* Investigador del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Correo electrónico: laboites@colmex.mx

 

Primero que nada, una felicitación para Jacinta Palerm Viqueira y Tomás Martínez Saldaña por este tercer volumen o antología que preparan; primero fue en 1997 y luego en el año 2000. En esta ocasión presentan una combinación de textos, que abordan la teoría y algo de la historia de la administración del agua de riego. Este esfuerzo editorial debe verse como una muy buena contribución al enriquecimiento de la discusión sobre las aguas mexicanas; ofrece pistas, datos, referencias, facilita comparaciones y, lo más importante, propicia la reflexión crítica, con mayores y mejores fundamentos. Esto lleva a que todos nos felicitemos porque en México alguien se tome el trabajo de facilitar el acceso a esta clase de materiales. Los editores piensan mucho en los jóvenes estudiosos, algo admirable que todos los veteranos, los de esta generación, deberíamos imitar con igual empeño.

La antología deja ver la formación antropológica de los auto-res, e imagino también que es como material para un curso sobre regadíos en el mundo, una materia por demás útil y elocuente de diversos procesos sociales de México y de otros países. La compilación se divide en tres partes, la primera contiene cinco trabajos sobre la discusión general o teórica relativa al regadío y las respuestas sociales. Encontramos los temas abordados desde hace años por los editores, tales como la relación entre obras hidráulicas y la formación del Estado, el debate sobre la pertinencia de la propuesta de Karl Wittfogel y luego –en un paso metodológico que me sigue costando trabajo entender-la discusión sobre la capacidad de los regantes para construir y administrar distritos de riego de diversos tamaños y grados de complejidad.

La segunda parte consta de seis trabajos sobre aspectos de los regadíos en varios lugares de América Latina. Esta labor de comparación es muy estimulante; ojalá la hiciéramos con mayor frecuencia. Los mexicanos nos hemos creído demasiado aquello de que como México no hay dos y eso nos ha hecho parroquiales, para decirlo como eufemismo. Debo confesar que me emociona mucho ver el uso tan extenso de los materiales del Archivo Histórico del Agua, de cuya (mala) suerte no quiero ni acordarme. También vale destacar el trabajo de Martínez Saldaña sobre el riego en el árido norte. Ojalá pudiera complejizarse en un formato más amplio, que incluyera por ejemplo el regadío por inundación así como el contraste con las zonas agrícolas temporaleras, en las áreas montañosas más altas (quizá superen los 1 500 metros sobre el nivel del mar en la Sierra Madre Occidental). En esa tarea, la arqueología puede aportar lo suyo. Comparto la conclusión del autor en ese artículo de que "la tercera expansión [sobre el septentrión novohispano], la menos conocida y estudiada, fue la colonización espontánea de campesinos pobres desposeídos, mestizos, indios, mulatos libertos, vagabundos, que se dio desde el principio del proceso" (p. 355). Con ésta, Tomás Martínez se está arriesgando a no ser querido en algunos lugares y por ciertas personas del norte, pues todavía hay quienes suspiran por sus raíces españolas o al menos criollas. Pero otros sí lo querremos. Me extrañó que no citara a Salvador Álvarez (1999), quien hace años publicó en inglés y luego en español un artículo donde propone que, más que la minería, fue el poblamiento agrícola el que abrió paso al dominio español en el septentrión novohispano. A Tomás le agradezco mucho el apartado sobre la misión tlaxcalteca, que ahora es Bustamante, Nuevo León, que tuve la suerte de conocer hace muy poco. Muchos o quizá todos deberían pensar en organizar un viaje a Bustamante, vale la pena, entre otras cosas, por el delicioso pan que se elabora frente a la plaza.

En la tercera parte de esta antología se reproducen documentos ya publicados sobre las organizaciones de regantes, las juntas de agua y sobre la administración de los distritos de riego. ¿Manejo burocrático autoritario vertical, o combinación de esa administración con la de las organizaciones de regantes? Este tema se aborda aquí de diversas maneras. Reproducen para ello tres artículos de la revista Irrigación en México (1930-1946). Cabe destacar que el trabajo del ingeniero Antonio Rodríguez (1944) es un verdadero clásico, que debería reeditarse.

Para terminar, me referiré a tres asuntos. El primero es llamar la atención sobre el descuido editorial del libro, que distrae la atención y hace pensar que el texto vio la luz de forma prematura, que debió contar con una atención más esmerada de parte de los propios editores y correctores de estilo. Espero que no se trate de desamor de los editores por el libro.

El segundo, por suerte, es más afortunado. Jacinta, Tomás y sus alumnos han hecho una contribución muy sólida al estudio del llamado pequeño riego, que por varias razones (que este libro contribuye a aclarar) es muy distinta a la grande irrigación. Pero la publicación sostenida de este tipo de textos hace cada vez más notable una gran ignorancia mexicana: el casi nulo conocimiento del mundo de los distritos de riego, que no ha llamado en serio la atención de los antropólogos ni de los historiadores. Me pregunto por qué. Deberíamos tener diez o más libros como el espléndido de José Luis Moreno sobre la Costa de Hermosillo, un distrito de riego de aguas subterráneas. ¿Cómo se explica eso? ¿Por qué Jacinta, Tomás o sus alumnos no han estudiado a fondo y con todo detalle el funcionamiento de un distrito de los grandes, como el Yaqui, La Laguna, Mexicali o Matamoros?

El tercer asunto es preguntarle a Jacinta por qué no ha escrito un libro sola, sabe tanto que debería trasmitir todo eso de manera ordenada y sistemática. Recuerdo que hace años, muchos ya, viajamos desde Zamora o Guadalajara a la Ciudad de México, y en esa ocasión hablamos de ese libro. La verdad no recuerdo qué dijo. Ahora aquí, de forma pública, le vuelvo a preguntar ¿por qué no escribir un libro por su cuenta y riesgo? Y de que escribe y es buena para escribir, qué duda cabe. Sólo en la introducción cita 15 trabajos suyos. El tiempo pasa, las aguas del mundo y de México empeoran y eso hace más urgente ese libro, nos hace mucha falta. Ya está visto que a mí no me hace caso, ojalá a ustedes sí. Muchas felicitaciones a los editores.

 

Bibliografía

Álvarez, Salvador. 1999. Colonización agrícola y colonización minera: la región de Chihuahua durante la primera mitad del siglo XVIII. Relaciones XX (79): 28-82.         [ Links ]

Arteaga, Luis. 1931. Algo más sobre las agrupaciones de regantes. Irrigación en México 3 (4): 312-319.         [ Links ]

Herrera y Lasso, José. 1930. La política federal de irrigación. Algunos de sus aspectos sociales. Irrigación en México 2 (1): 11-25.         [ Links ]

Moreno, José Luis. 2006. Por abajo del agua. Sobreexplotación y agotamiento del acuífero de la Costa de Hermosillo, 1945-2005. Hermosillo: El Colegio de Sonora.         [ Links ]

Rodríguez Landeyra, Antonio. 1942. El desarrollo y operación de los sistemas de riego en México. Irrigación en México 23 (4).         [ Links ]