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Andamios

Print version ISSN 1870-0063

Andamios vol.7 n.14 México Sep./Dec. 2010

 

Artículos

 

Memoria y psique freudiana en el juego de la fantología

 

Memory and the Freudian psyche within the play of phantology

 

Rosaura Martínez Ruiz*

 

* Doctora en filosofía por la UNAM. Maestra en filosofía por la New School University de Nueva York. Licenciada en psicología por la UNAM. Realiza una estancia posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Correo electrónico: rosauramart@hotmail.com.

 

Fecha de recepción: 16 de diciembre de 2008
Fecha de aceptación: 4 de agosto de 2009

 

Resumen

De la analogía que establece Freud entre el aparato psíquico y un artefacto de escritura se desprenden algunas consecuencias teóricas y clínicas. En términos teóricos, cuando el mecanismo del aparato psíquico es un proceso de inscripción, la huella mnémica es alterable. Si la huella puede modificarse, la memoria es un fenómeno inmerso en lo que Derrida llama fantología u ontología asediada por "fantasmas" provenientes del pasado y del futuro, y no un archivo de "presentes" ya pasados. La memoria queda entonces en sintonía con la versión derrideana de acontecimiento en tanto sobreviene como repetición en diferencia, esto es, en tanto que toda "nueva" impronta guarda algo del texto psíquico previo no obstante emerge como inauguración. Clínicamente se devela necesario abandonar la búsqueda de un sentido último y originario del discurso del paciente.

Palabras clave: Huella mnémica, deconstrucción, fantología, acontecimiento, inscripcionalidad.

 

Abstract

Some theoretical and clinical consequences emerge after Freud establishes an analogy between the psychic apparatus and a writing machine. in theoretical terms, when the psychic apparatus' mechanism is a process of inscription, the memory trace is alterable. If the trace can be modified, memory is a phenomenon immersed within what Derrida calls hantology or ontology haunted by "ghosts" coming from the past and from the future and no an archive of past "presents." Memory in Freud is then attuned with the Derridian understanding of the event since it comes out as repetition in difference, that is, since each "new" trace keeps something from the prior text while at the same time emerges as inauguration. Clinically, it shows necessary to abandon the search of an ultimate and original sense in the patient's discourse.

Key words: Memory trace, deconstruction, hantology, event, inscriptionality.

 

Inscripcionalidad en el aparato psíquico freudiano

A lo largo de toda su obra, la psique1 en Freud aparece como un aparato que, en tanto tal, tiene dos características fundamentales: primero, se entiende mecánicamente y segundo, es irreducible a cualquier órgano anatómico materialmente aprehensible. Esta concepción de la psique explica por qué Freud, desde muy temprano en su trabajo, buscó analogías con aparatos tecnológicos (cámaras fotográficas, telescopios y microscopios) para explicar el funcionamiento del aparato psíquico.

Pero el insistente uso de estas analogías no responde exclusivamente ni a una intención pedagógica ni a la necesidad de transmitir un saber todavía en formación, sino que da cuenta también del diseño mecánico que el mismo Freud daba a un aparato que, se puede decir, era exclusivamente "producto de su imaginación". En 1900, en La interpretación de los sueños, Freud hace una manifiesta petición al lector de imaginar este aparato, dice: "Nos mantenemos en el terreno psicológico y sólo proponemos seguir esta sugerencia: imaginarnos el instrumento del que se valen las operaciones del alma como si fuera un microscopio compuesto, un aparato fotográfico, o algo semejante" (Freud, 1900: 529. Cursivas mías).

Veinticinco años después de La interpretación de los sueños, Freud escribe un pequeño y curioso texto que titula "Nota sobre la pizarra mágica". Lo extraordinario de este artículo es que trata de una comunicación a propósito del descubrimiento, en el mercado, de un juguete infantil: un bloc donde se traza con un buril sobre una superficie que posee la propiedad de borrarse repetidamente y conservar a la vez, de una ingeniosa manera, lo borrado. Este artefacto se acomodaba perfectamente, según Freud, como ilustración del aparato psíquico, que en esos momentos le parece poder caracterizar como una suerte de máquina. Esta es la descripción que hace Freud de la pizarra mágica:

La pizarra mágica es una tablilla de cera o resina de color oscuro, colocada en un marco de cartón; hay sobre ella una hoja delgada, transparente, fija en el extremo superior de la tablilla de cera, y libre en el inferior. Esta hoja es la parte más interesante del pequeño aparato. Consta de dos estratos que pueden separarse entre sí, salvo en ambos márgenes trasversales. El de arriba es una lámina transparente de celuloide, y el de abajo, un delgado papel encerado, también transparente. Cuando el aparato no se usa, la superficie inferior del papel encerado adhiere levemente a la superficie superior de la tablilla de cera.

Para usar esta pizarra mágica, se trazan los signos sobre la lámina de celuloide de la hoja que recubre a la tablilla de cera. A tal efecto no se requiere lápiz ni tiza, pues la acción de escribir no consiste en aportar material a la superficie receptora. Es una vuelta al modo de escribir de los antiguos sobre tablillas de cera o de arcilla. Un punzón aguzado rasga la superficie, y sus incisiones producen el "escrito". En el caso de la pizarra mágica la acción de rasgar no es directa, sino que se produce por mediación de la hoja que sirve de cubierta. El punzón, en los lugares que toca, hace que la superficie inferior del papel encerado oprima la tablilla de cera, y estos surcos se vuelven visibles, como una escritura de tono oscuro, sobre la superficie clara y lisa del celuloide. Si se quiere destruir el registro, basta con tomar el margen inferior libre de la hoja de cubierta, y separarla de la tablilla de cera mediante un ligero movimiento. De ese modo cesa el íntimo contacto entre papel encerado y tablilla de cera en los lugares rasgados (es justamente lo que hace visible el escrito), y no vuelve a establecerse cuando ambas se tocan de nuevo. Ahora la pizarra mágica ha quedado libre de toda escritura y preparada para recibir nuevos registros (Freud, 1925: 244-245).

La analogía del aparato psíquico con este artefacto de escritura acarrea varias y fundamentales consecuencias para la teoría y práctica psicoanalíticas. En términos de la concepción freudiana de la memoria, el mecanismo de escritura de la pizarra mágica muestra a la inscripción —que en el aparato psíquico corresponde a la huella mnémica— como modificable. Esto es, todo signo impreso en la capa de cera de la pizarra es susceptible de alteración por la influencia de la fuerza de inscripción de las nuevas marcas. Es importante notar que el fenómeno de modificación de las inscripciones corre en dos direcciones, primero, las marcas ya impresas serán alteradas por las nuevas a imprimirse y, segundo, las marcas a imprimirse no podrán dejar su impronta "original" sobre la superficie de cera, pues las inscripciones previas condicionarán su trazo.

Tres décadas antes de la publicación de su "Nota sobre la pizarra mágica" y un año después de haber escrito el Proyecto de psicología, Freud escribe una carta a su amigo Wilhelm Fliess,2 la famosa "Carta 52". Aunque en esta carta no hace alusión a ningún aparato de escritura como símil o ilustración del funcionamiento de la psique, sí describe un mecanismo de escritura donde el aparato psíquico sufre, de cuando en cuando, de "retranscripciones": "[...] Tú sabes que trabajo con el supuesto de que nuestro mecanismo psíquico se ha generado por estratificación sucesiva, pues de tiempo en tiempo el material preexistente de huellas mnémicas experimenta un reordenamiento según nuevos nexos, una retranscripción [Umschrift]" (Freud, 1896: 274. Cursivas de Freud). El registro en la "Carta 52", al igual que la huella mnémica en la pizarra mágica, no es inalterable. Se trata de un registro que está siempre abierto a la re-transcripción.

Una de las consecuencias que la alterabilidad de la huella mnémica o posibilidad de retranscripción en el aparato psíquico acarrean para la clínica psicoanalítica, es la necesidad de abandonar la búsqueda de un sentido último y originario en el discurso del paciente; si la huella mnémica o recuerdo se va modificando con el paso del tiempo o por influencia de otras experiencias, la idea de un único sentido asociado a un recuerdo se devela equivocada. Después del modelo de la pizarra mágica, pasando por la ficción neurológica del Proyecto de psicología3 y la "Carta 52", el objetivo del psicoanálisis de "resolver todas las represiones sobrevenidas y llenar todas las lagunas del recuerdo" (Freud, 1937: 223), como dice Freud en "Análisis terminable e interminable", no puede sostenerse más; hecho que la experiencia clínica ha revelado también.4

En este mecanismo de escritura la huella mnémica está abierta a futuras modificaciones y la memoria es un proceso psíquico que se rige por las reglas de lo que Derrida llama "lógica de la escritura". Aquí no hay que entender lógica en el sentido de "ciencia que expone las leyes, modos y formas del conocimiento científico", como la define el Diccionario de la Real Academia Española, sino como un conjunto de leyes que gobiernan cierto proceder. En este caso, cuando digo, con Derrida, lógica de la escritura o inscripcionalidad,5 me refiero precisamente a aquellas leyes que rigen el proceso de inscripción de una huella. Lo particular de las leyes de esta lógica es que el resultado final no es nunca un producto plenamente acabado. Esta lógica despliega un juego donde la huella inscrita está siempre expuesta a alteración y, por lo tanto, el sentido que pudiera avivar no puede pensarse como inmutable. Aclaro que lo que Derrida describe no es la escritura fonética a la que la tradición occidental siempre ha privilegiado precisamente porque sostiene, equivocadamente según Derrida, que sus oraciones son susceptibles de tomar valor de verdad. Se refiere a la "escritura de traza", esto es, a la inscripción de huellas o a la apertura de surcos. Para Derrida, estos procesos de inscripción donde el trazo queda siempre abierto a modificación, develan un cierto "espaciamiento" y diferimiento. Espaciamiento en el sentido de que esta escritura "abre" continuamente una zona virtual, pero que además tiene la característica de no quedar nunca plena y permanentemente ocupada. Esa zona que todo proceso de inscripcionalidad va abriendo —el gerundio es el tiempo gramatical de su operar— es el lugar donde la tradición localiza la certeza y la presencia entendidas como puras y plenas. De esta manera, las leyes que gobiernan esta escritura no fonética develan siempre una temporalidad donde esta presencia queda perennemente diferida.

En su artículo "Firma, acontecimiento y contexto", anota Derrida que la escritura es un espaciamiento entendido como "disrupción de la presencia en la marcha" (Derrida, 2003a: 369), y todo signo escrito, para poder serlo, debe suponer cierta ausencia. Pero, todas estas características que la tradición le había conferido al signo escrito, Derrida las transfiere a cualquier marca. Es en este sentido que Derrida piensa que todo signo está atravesado por la lógica de la inscripcionalidad. En primer lugar, es aquella ausencia que construye la marca la que nos obliga a pensar en un cierto diferimiento de la presencia. Esto es, una marca sólo es tal si sigue funcionando a pesar de la ausencia radical (o no) tanto del emisor como del receptor. En palabras de Derrida: "Toda escritura debe, pues, para ser lo que es, poder funcionar en la ausencia radical de todo destinatario empíricamente determinado en general. Y esta ausencia no es una modificación continua de la presencia, es una ruptura de presencia, la 'muerte' o la posibilidad de la 'muerte' del destinatario inscrita en la estructura de la marca" (Derrida, 2003a: 357). Y más adelante aclara: "Lo que vale para el destinatario vale también por las mismas razones para el emisor o el productor. Escribir es producir una marca que constituirá una especie de máquina productora a la vez, que mi futura desaparición no impedirá que siga funcionando y dando, dándose a leer y a reescribir" (Ídem.).

Cuando el aparato psíquico es una máquina de escritura los recuerdos acarrean y proyectan una cierta ausencia. En otras palabras, ninguna impresión puede pensarse como acabada en el sentido de estar cerrada a la posibilidad de mutación y, así, todo trazo está en un permanente estado de aplazado o, para hacer uso del vocabulario derrideano, diferido.

Según Derrida, todo proceso de inscripción muestra la existencia como permanentemente asediada por cuestiones que vienen del pasado, por lo que es, lo que vendrá, e incluso también por lo que pudiera venir aunque nunca se presentase. Siguiendo esta lógica de pensamiento, la alterabilidad de las huellas mnémicas coloca al aparato psíquico en el medio de un juego entre presencia y ausencia y memoria y espera.

La espera es también apertura a la posible modificación por una incursión inadvertida, por la irrupción del acontecimiento, diría Derrida. El acontecimiento es aquello que irrumpe, pero que, al mismo tiempo, no es puro comienzo, se trata de un acaecer suscrito dentro de la lógica de la iterabilidad, esto es, de la repetición en diferencia. ¿Pero por qué no puede pensarse como puro comienzo? Pues porque un evento no es una "piedra caída del cielo". Me refiero a que la escritura en la memoria es siempre en un contexto previo. Este es el juego de la re-escritura donde toda nueva experiencia se inscribe en un texto al que por supuesto modificará, pero que también re-avivará. Pongo por un lado el acento en el re, pues es ahí donde se localiza la repetición. Y, por el otro, es la modificación la que se lee como inauguración.

Esta es una de las consecuencias que la característica de no inalterable que Freud le otorga a la huella mnémica en su "Nota sobre la pizarra mágica", trae para la concepción de la psique desde el psicoanálisis. La alterabilidad de la memoria y/o de la archivación6 resta como apertura a aquello que está por venir y al porvenir mismo. El aparato psíquico en cuanto archivo y en tanto técnica de archivación y escritura está siempre abierto a la eventualidad de una posible alteración. Y habría que subrayar posible, pues como dice Derrida en Mal de archivo, una técnica de archivo jamás desborda la singularidad del acontecimiento (Derrida, 1997: 70).

Por un lado, para Derrida, Freud va más allá de la tradición metafísica cuando descubre esta lógica de la escritura en el origen del aparato psíquico; cuando el aparato psíquico es una máquina de inscripción de traza y no fonética. Ahora bien, no hay que dejar de mencionar que, como dice Derrida, los descubrimientos freudianos que conciernen a las hipótesis del inconsciente, la represión, el trabajo del duelo y la melancolía nunca llegan a conquistar el pensamiento de la huella al que ellos remiten por completo. El pensamiento freudiano pertenece entonces aún a la metafísica allí donde no consigue pensar aquello que descubre y que es el exceso de la huella escrita sobre el logocentrismo7 y la primacía del habla viviente o fonocentrismo.

En este sentido, la inscripcionalidad pone en juego, por decirlo de alguna manera, la "veracidad" de la máquina psíquica, esto es, este artefacto no puede producir ni huellas mnémicas ni experiencias inamovibles o inmutables de las que el sujeto pudiera sostener una verdad indubitable. Pero además y por lo tanto, se pone en cuestión la posibilidad de pensar en una verdad última y originaria que el trabajo de análisis o analítico pudiera recuperar.

 

Un lugar atópico: khôra y el aparato psíquico

Siguiendo a Derrida, la lógica de la inscripcionalidad que describí en el apartado anterior despliega una ontología de lo indecidible o fantología. Los indecidibles son aquellos términos que escapan toda lógica binaria, pues no hay posibilidad de que los contenga ninguno de los dos opuestos. Como dice Mónica Cragnolini, los indecidibles habitan todo el pensamiento metafísico —aunque, como bien lo describe Derrida, la metafísica es precisamente el pensamiento que pretende negarlos o "reprimirlos"— y lo desorganizan, pues revelan la imposibilidad de decisión por alguno de los elementos de un par de opuestos (Cragnolini, 2007). Dice Cragnolini:

Nosotros podríamos decir que el indecidible es el medium de la deconstrucción, es decir, es el elemento en el cual se mueve, el elemento en el cual está navegando. [El término indecidible refiere] a aquello que está "entre" las oposiciones de la metafísica binaria u occidental. Nosotros caracterizamos los indecidibles como unidades de simulacro, o como falsas unidades verbales, que ponen en crisis al edificio de la metafísica, o ponen en una situación de parálisis a ese binarismo occidental. ¿Por qué paralizan a la metafísica? Porque la metafísica opera según esas categorías binarias, es decir, opera por oposición; y quedarse en el medio genera un estado de incertidumbre. Genera un estado de no certeza que pone en problemas a una metafísica pensada según el esquema arkhico, donde hay una voz del padre, una voz de Dios, que determina lugares y jerarquías (Cragnolini, 2006, clase 3, apartado 2).

La indecidibilidad sería entonces ese espacio donde no se puede decidir con certeza y donde, por lo tanto, dice Derrida, sólo queda hacer un cálculo, que aunque es siempre "incalculable", hay que hacer y que, de hecho, hacemos todo el tiempo. Este cálculo no supera la imposibilidad de una toma de decisión total y completamente correcta, por llamarla de alguna manera, ni clausura la incertidumbre.

La indecidibilidad devela al ser en tanto asediado por fantasmas (del pasado y del futuro), pone en tela de juicio toda lógica binaria y señala una particular ambigüedad. Esta ontología que se desprende del análisis del fenómeno de la indecidibilidad, Derrida la nombra fantología.8 Pero esta ontología sitiada por el espectro cuestiona también —y esto es muy importante para la concepción freudiana del aparato psíquico— la noción de espacio, de lugar, de topos.

Una forma de ambigüedad distinta se desprende cuando el aparato psíquico, en tanto máquina de escritura, entra en el juego de la lógica de la inscripcionalidad. La psique se convierte en una especie de khôra, en un lugar a-tópico donde, sin embargo, se inscribe. Khôra es la figura de la ontología del Timeo que Platón hace intervenir como un espacio a-tópico y lógicamente anterior al mundo divisible en sensible e inteligible, pero que, al mismo tiempo, hace posible esta distinción. El estudio de Platón sobre la génesis del universo concluye que hay un estado anterior a la creación del mismo. Los principios fuego, agua, aire y tierra, dice, lo son sólo metafóricamente pues son causados. Antes de la introducción de khôra, el Timeo había ya propuesto dos causas distintas, una que daba origen a lo inteligible y otra a lo sensible. Pero todo esto debía tener un estado anterior, este es el del caos y la indistinción y que khôra cobija. Propone entonces una tercera difícil y vaga especie de causa del universo. Dice el Timeo: "¿Qué características y qué naturaleza debemos suponer que posee? Sobre todas, la siguiente: la de ser un receptáculo de toda la generación, como si fuera su nodriza" (Platón, 2002: 49a). Y continúa más adelante:

Debemos decir que es siempre idéntica a sí misma, pues no cambia para nada sus propiedades. En efecto, recibe siempre todo sin adoptar en lo más mínimo ninguna forma semejante a nada de lo que entra en ella, dado que por naturaleza subyace a todo como una masa que, por ser cambiada y conformada por lo que entra, parece diversa en diversas ocasiones; y tanto lo que ingresa como lo que sale son siempre imitaciones de los seres, impresos a partir de ellos de una manera difícil de concebir y admirable [...] (Platón, 2002: 50c).

En este sentido, se puede pensar en khôra como una crítica a sólo ubicar en términos espaciotemporales, que para los fines de mi exposición resulta pertinente si pensamos en el aparato psíquico como algo que excede la anatomía del sistema nervioso.

Khôra es algo donde se inscribe, pero que la inscripción excede. Hablamos entonces de una inscripcionalidad que es anterior —aquí también por economía del discurso y no cronológicamente— a toda lógica binaria y que pone en tela de juicio el patrimonio de la metafísica. La enigmática y paradójica naturaleza de khôra cuestiona la primacía del principio de no contradicción y del tercero excluido. Khôra no se somete a una lógica de la participación y exclusión. Para Derrida se trata de una oscilación, de un habitar en la oscilación, pero no de un movimiento que vaya de polo a polo sino de una oscilación "entre dos géneros de oscilación: la doble exclusión (ni/ni) y la participación (a la vez...y, esto y aquello)" (Derrida, 1995a: 19). Unas veces khôra no es ni esto ni aquello y otras veces es esto y aquello.

El aparato psíquico, como khôra, no es ni un espacio ni un contenedor. Dice Freud, por un lado, que se trata de un aparato virtual y, por otro, que funciona como una máquina de escritura, esto es, un aparato virtual "donde" se inscribe una huella mnémica.

En La interpretación de los sueños, escrito al que se le ha dado el lugar del texto inaugural del psicoanálisis, Freud utiliza analogías con aparatos ópticos para dejar en claro que su aparato psíquico no es reducible a ningún componente anatómicamente definido; se trata de un aparato que es ideal, de un diseño imaginario. Así, dice Freud, lo psíquico hay que pensarlo como aquello que acontece en el entre de los componentes de algo como un sostén materialmente aprehensible. Es en ese entre donde Freud localiza al aparato psíquico, en otras palabras, eso que Freud llama a veces ideal y otras virtual, corresponde a un entre. Entre quiere decir ideal. Se trata entonces sí de una localidad, pero atópica.

El aparato que Freud describe es un artilugio ideal. En la sección sobre la regresión en el proceso onírico, Freud apunta que el aparato anímico "nos es conocido también (subrayado mío) como preparado anatómico", pero esto es algo que él prefiere dejar de lado y permanecer dice, en el terreno de lo psicológico, y esto psíquico no se localiza en ningún componente anatómico de aquél aparato anímico. En palabras de Freud:

Queremos dejar por completo de lado que el aparato anímico [cursivas mías] de que aquí se trata nos es conocido también como preparado anatómico [énfasis mío], y pondremos el mayor cuidado en no caer en la tentación de determinar esa localidad psíquica como si fuera anatómica. Nos mantenemos en el terreno psicológico [cursivas mías] y sólo proponemos seguir esta sugerencia: imaginarnos [énfasis mío] el instrumento de que se valen las operaciones del alma como si fuera un microscopio compuesto, un aparato fotográfico, o algo semejante.

La localidad psíquica corresponde entonces a un lugar en el interior [énfasis mío] de un aparato, en el que se produce uno de los estadios previos de la imagen. En el microscopio y el telescopio, como es sabido, estas son en parte unas localizaciones ideales, unas zonas en las que no se sitúa ningún componente aprehensible del aparato [cursivas mías]. Juzgo superfluo disculparme por los defectos de este símil y todos los del mismo tipo (Freud, 1900: 529-30).

Y unas páginas más adelante dice:

[...] representaciones, pensamientos y, en general, productos psíquicos no pueden ser localizados dentro de elementos orgánicos del sistema nervioso, sino, por así decir, entre ellos, donde resistencias y facilitaciones9 constituyen su correlato. Todo lo que puede ser objeto de nuestra percepción interior es virtual, como la imagen dada en el telescopio por la propagación de los rayos de luz. Pero a los sistemas, que a su vez no son nada psíquico y nunca pueden ser asequibles a nuestra percepción psíquica, estamos justificados en suponerlos semejantes a las lentes del telescopio, que proyectan la imagen. Prosiguiendo este símil, la censura situada entre dos sistemas correspondería a la refracción de los rayos en el pasaje a un medio nuevo (Freud, 1900: 599).

Pero además de la descripción freudiana de un aparato psíquico virtual o ideal, hay que poner énfasis en el proceso de inscripción de las huellas mnémicas. Dice Derrida en "Freud y la escena de la escritura" que "la huella como memoria no es un abrirse-paso puro que siempre podría recuperarse como presencia simple, es la diferencia incapturable e invisible entre los actos de abrirse-paso" (Derrida, 1989: 277. Cursivas mías). El lugar de la inscripción es un lugar que no es lugar. El espacio en el que se inscribe la huella en la pizarra mágica es un lugar a-tópico donde confluyen, la fuerza de resistencia de la capa de cera y la fuerza de aquello que ejerce presión sobre la misma. Es un lugar "incapturable e invisible". Se trata de un lugar sin domicilio. No podemos saber dónde se ubica ese lugar, y no por una dificultad o incluso imposibilidad epistemológica, sino porque no está, no se encuentra, no podemos decir "dónde" porque no podemos verlo, aprehenderlo, medirlo, definir su perímetro. Ese a-tópico lugar de la inscripción es algo para inscribir que no es algo, que no es un ente sino algo abierto a la inscripción y a ser inscrito. ¿Podremos seguir hablando de lugar? Se trata de un acontecimiento paradójico, como aquello que dice Diego Tatián sobre khôra, en su nota preliminar al texto que Derrida dedica a ese enigmático pasaje del Timeo: "Ni ser ni vacío, ni inteligible ni sensible, ni paradigma ni copia, khôra sucede de manera extraña, aporética, 'dando lugar' sin dar en realidad nada; dejando que todas las cosas se inscriban en ella, sin ser no obstante fundamento de nada" (Tatián en Derrida: 1995: 7).

Y el mismo Platón dice: "Si afirmamos, contrariamente, que es una cierta especie invisible, amorfa, que admite todo y que participa de manera más paradójica y difícil de comprender de lo inteligible, no nos equivocaremos" (Platón, 2002: 51b. Cursivas mías).

Ni khôra ni el aparato psíquico son fundamento porque no son cosa o ente, de hecho, ni khôra ni el aparato psíquico son. No son tampoco sujeto, sostén o sustrato de nada. En términos teóricos, el aparato psíquico no corresponde al sujeto del psicoanálisis. En todo caso, de ser algo, el aparato psíquico sería aquello que posibilita al sujeto, previo al sujeto, anterior al sujeto; si no cronológicamente, al menos en términos de una lógica del discurso. El aparato psíquico no "sostiene" impresiones; cuando el aparato psíquico freudiano se convierte en una máquina de escritura, las huellas mnémicas que se imprimen tan sólo podemos decir que "le visitan", y esa visita es sólo anunciada, pues nunca es visita de una presencia plena. El aparato psíquico no es sujeto, pues las huellas mnémicas no le pertenecen, no le pertenecen a nadie, a nada, ni siquiera a un lugar o topos del aparato psíquico.

Cabe subrayar que a pesar de que Freud identifica lo inconsciente con la memoria y, en particular, dice en su "Nota sobre la pizarra mágica", que la capa de cera de ese artefacto de escritura es el lugar donde se guarda el archivo de las impresiones y que, por lo tanto, es esta parte de la pizarra la que puede equipararse con lo inconsciente, no se puede afirmar que las huellas mnémicas le "pertenecen" a aquello inconsciente del aparato. Una afirmación de este tipo supondría una simple sustitución del sujeto de la modernidad por un "sujeto del inconsciente" comprometido con las mismas consecuencias de hipostatización.

Desde una lógica de la inscripcionalidad, esto es, desde una fantología u ontología de lo indecidible, la pregunta quién sostiene las huellas mnémicas no tiene ya cabida, no se puede seguir con las preguntas: ¿a qué lugar del aparato psíquico pertenecen los registros de la memoria? o ¿de qué república son oriundas estas o aquellas representaciones? A propósito de khôra dice Derrida:

Porque, por una parte, la polisemia ordenada de la palabra comporta siempre el sentido del lugar político o, más generalmente, del lugar investido, por oposición al espacio abstracto. Khôra "quiere decir": sitio ocupado por alguien, país, lugar habitado, sede designada, rango, puesto, posición asignada, territorio o región. Y de hecho khôra estará siempre ya ocupada, investida, incluso como lugar general, a la vez que se distingue de todo lo que toma sitio en ella. Por eso la dificultad de tratarla como espacio vacío o geométrico [...] (Derrida, 1995a: 47).

Platón insiste en que khôra es un receptáculo, un lugar de alojamiento y recepción. Es en este sentido que khôra no puede ser un espacio vacío donde tan sólo se imprima, khôra sólo es, o mejor dicho, sólo hay khôra en tanto algo se alberga en ella, khôra sólo es en tanto algo la ocupa, la inviste; el aparato psíquico es también —cabe aquí también corregir el es por hay aparato psíquico— sólo en tanto ocupado, investido, impreso, marcado. No hay aparato psíquico previo o anterior a lo que podríamos llamar psique. Hay aparato psíquico, algo como un aparato psíquico porque hay psique; hay psique que funciona como aparato, como máquina.

Por otro lado, la lectura que Derrida hace de este pasaje del Timeo no pretende proponer una palabra que le haga verdadera justicia a khôra; Derrida asume lo ineludible de toda geografía o topología, sin embargo, su intención sí es mostrar cómo la estructura de khôra vuelve inevitable todo accidente, debilidad o momento provisorio (Derrida, 1995a: 23). El aparato psíquico y khôra son espacios donde no hay ni regularidades, ni esencias; no hay presencias plenas, hay sólo différance.10 Hay que recordar aquí cómo, en el caso del aparato psíquico freudiano, el Proyecto de psicología muestra la psique como la diferencia entre los pasos abiertos, en la "Nota sobre la pizarra mágica" como la diferencia entre la fuerza de la impresión y la resistencia de la capa de cera, y esta diferencia es también, como dice Derrida, un juego espaciotemporal, un hacerse espacio en el tiempo y/o tiempo en el espacio. El espacio que se va abriendo es una sempiterna apertura a la alteración; pero además, esa apertura trae consigo la formación de nuevos espacios. Se trata entonces de una apertura que temporalmente proyecta futuras y diferidas aperturas. Y es que más que ser espacios atópicos, como ya he dicho, el aparato psíquico y khôra son espaciamientos.

En su "Nota sobre la pizarra mágica", Freud describe las huellas mnémicas como no inalterables; esta característica de estar abiertas a posibles modificaciones muestra cómo las marcas en el aparato psíquico están siempre en un juego entre ausencia y presencia, están en un entre. Esto es, no están en ningún lugar plenamente presentes. Toda huella psíquica está inmersa en el juego de la fantología y asediada, como toda "presencia,"11 por espectros del pasado y del futuro, por aquello previo y por las posibles modificaciones por venir.12

Al igual que la psique freudiana que carece de referente material, khôra "no tiene los caracteres de un ente, entendamos por esto un ente admisible en lo ontológico, a saber un ente inteligible o sensible. Hay khôra, pero la khôra no existe" (Derrida, 1995a: 28); dice Derrida que es más "situante" que situada. La memoria en Freud, cuando está atravesada por esta lógica de la inscripcionalidad como en su Proyecto de psicología o en la "Nota sobre la pizarra mágica", se "alberga" en un espacio tan enigmático y paradójico como khôra. Recordemos cómo, en el Proyecto de psicología, las barreras-contacto de las neuronas ø no están "igualmente facilitadas" o "no ofrecen igual resistencia". Esta diferencia entre las facilitaciones, aclara Freud, es la que da origen a la memoria. La memoria no es sino la diferencia entre las facilitaciones. En palabras de Freud: "la memoria está constituida por los distingos dentro de las facilitaciones entre las neuronas ø" (Freud, 1895: 344). Estas neuronas ø son aquellas capaces de quedar permanentemente alteradas, las que conservan la huella mnémica, esto es, las de la memoria, por lo tanto, dice Freud, son el origen del aparato psíquico y de todo proceso psíquico. Entonces, el origen del aparato psíquico es un origen no-origen, un origen con tachadura: origen.

Podemos entonces pensar a khôra y al aparato psíquico como momentos de la différance. La huella mnémica en el Proyecto de psicología es aquella de la alteración de la barrera-contacto y es esta diferencia en el grado de alteración o facilitación que hace que se prefiera una vía sobre otra para la descarga de la energía. Cuando Freud dice que la memoria está representada por la diferencia entre las facilitaciones, ubica a la memoria en un espacio incapturable e invisible. Como dice Derrida, "la vida psíquica no es ni la transparencia del sentido ni la opacidad de la fuerza, sino la diferencia en el trabajo de las fuerzas" (Derrida, 1989: 277), y la diferencia no puede estar en ningún lado.

 

Espectralidad en el aparato psíquico

Así, la virtualidad del aparato psíquico habla también de su carácter de espectro, de su espectralidad. Como espectro, el aparato psíquico produce efectos, hace cosas, altera cosas, pero sin presentarse. Son los efectos del espectro quienes anuncian que hay espectro, pero no podemos decir que un espectro está presente sin que esto implique alguna aclaración sobre lo que entendemos por presencia. El aparato psíquico comparte esta estructura, esto es, el aparato psíquico freudiano es un aparato sin materialidad. Se trata de un aparato sin aparato que tan sólo se anuncia en sus productos o efectos psíquicos; léase sueños, dolor, síntomas neuróticos, placer, etcétera. En este sentido, más que un aparato psíquico hay psique. Se trata de una cierta espectralidad que sobrelleva una economía de fuerzas que, entre otras cosas, crea o produce sentido:

[La energía] no limita sino que produce el sentido. La distinción entre la fuerza y el sentido es derivada en relación a la archihuella, depende de la metafísica de la conciencia y de la presencia, o más bien de la presencia en el verbo, en la alucinación de un lenguaje determinado a partir de la palabra, de la representación verbal. Metafísica de la preconsciencia diría Freud, puesto que el preconsciente es el lugar que le asigna a la verbalidad. Al margen de eso, ¿qué nos habría enseñado Freud realmente nuevo?

La fuerza produce el sentido (y el espacio) mediante el mero poder de "repetición" que habita en ella originariamente como su muerte (Derrida, 1989: 293-294).

Es a través de la repetición de la impresión que la fuerza produce el significado, en el mismo sentido en el que el signo sólo es signo si podemos repetirlo. Esto es lo que Derrida llama iterabilidad, lo "repetible en diferencia".

En términos de lo psíquico como producto del funcionamiento del aparato psíquico, como espectro, este aparato sería aquello que no se ve, pero que permite y da la posibilidad de ver:

El espectro, como su nombre lo indica, es la frecuencia de cierta visibilidad. Pero la visibilidad de lo invisible. Y la visibilidad, por esencia, no se ve, por eso permanece epekeina tes ousías, más allá del fenómeno o del ente. El espectro también es, entre otras cosas, aquello que uno imagina, aquello, aquello que uno cree ver y que proyecta: es una pantalla imaginaria, allí donde no hay nada que ver. Ni siquiera la pantalla, a veces; y una pantalla siempre tiene, en el fondo, en el fondo que es ella, una estructura de aparición desapariciente (Derrida, 1995b: 117).

Para Cragnolini, "[...] la 'fantología', en tanto relacionada con los fantasmas del pasado y con los del porvenir, alude a un doble juego de memoria y espera, que se hace visible en la relación con el otro, y que no es, en manera alguna, dialectizable" (Cragnolini, 2002). Es en esta lógica en la que quiero inscribir al aparato psíquico freudiano pensado como máquina de escritura. Recordemos el proceso de inscripción de la huella mnémica en la pizarra mágica: por un lado, la huella que va a inscribirse sufrirá modificaciones no sólo por la resistencia que la capa de cera le opone, sino también por los trazos previamente inscritos en este estrato, pero además, la impresión de esta huella alterará todo el texto previo, es decir, el nuevo trazo hará que los trazos anteriores se transformen. La impresión en la capa de cera es siempre sobreimpresión. Además esta sobre-impresión "tiene lugar" sobre una capa de cera que tiene la particularidad de funcionar como una profundidad sin fondo. Me refiero a que las características materiales de un estrato de cera permiten que la posibilidad de impresión se torne infinita y, dado que es renovadora de lo anteriormente impreso, el resultado es siempre nuevo. En el funcionamiento de la pizarra mágica y, por supuesto, en el del aparato psíquico, se juega entonces esta lógica de la espectralidad donde pasado y futuro se lían desapaciblemente.

Una vez más lo que se devela es una apertura: el aparato queda abierto a la re-escritura y la experiencia psíquica se muestra inmersa en una lógica del a posteriori, constantemente desplazada, en retardamiento, pero se trata de un retardamiento que es siempre espera, radical espera. La alterabilidad de la huella mnémica no apunta exclusivamente a la apertura a la modificación, sino también a un fenómeno clínico al que Freud llama retardamiento (Nachträglichkeit) o "con efecto retardado". Para el psicoanálisis, este fenómeno no refiere únicamente a cómo los recuerdos producen efectos en el momento de su impresión y tiempo después, sino también a que la recuperación de la huella mnémica nunca es tal y como fue en su primera inscripción, pues viene siempre modificada, por el simple paso del tiempo, por el nuevo contexto en el que se recupera, etcétera. En pocas palabras, dada la alterabilidad de la huella, toda recuperación la modifica. Desde un punto de vista psicoanalítico, los fenómenos psíquicos no se organizan de una manera inmediata; todo producto psíquico se ha formado a posteriori, es decir, está atravesado por una mediación, un rodeo o un desplazamiento. Entre otras cosas, esto también implica la posibilidad de un reordenamiento de los sucesos vividos o fantaseados y la constitución a posteriori de toda historia.

Es en este sentido que el aparato psíquico está atravesado por la experiencia del acontecimiento, esto es, por la irrupción de aquello que es imprevisible. Como dije antes, para Derrida el acontecimiento es aquello que irrumpe, pero que, al mismo tiempo, no es puro comienzo. La huella mnémica a inscribirse se imprimirá en un texto previo al que por supuesto modificará, pero que también alterará su propia impronta. Insisto, esta es la lógica de la iterabilidad o de la repetición en diferencia.

La analogía que establece Freud con la pizarra mágica coloca al aparato psíquico dentro del juego de la lógica del espectro que describe Derrida en, por ejemplo, Espectros de Marx. La huella inscrita en la capa de cera es huella de la herencia, pero también de lo por-venir, su carácter de mudable la abre a la posibilidad de re-escritura. No hay en la pizarra mágica posibilidad de hecho consumado; como espectro, el registro en la pizarra está siempre por venir y por (re)aparecer. La pizarra mágica es una máquina de la fantología, de una ontología asediada por fantasmas y no de la ontología de la presencia. No se trata de una cámara fotográfica que registre un presente vivo, pleno e idéntico a sí mismo, sino de una máquina que está siempre en el "entre", entre la vida y la muerte, entre el principio de placer y el principio de realidad, entre el proceso primario y el proceso secundario. La huella está siempre entre la herencia y lo porvenir. La huella es huella de la escritura, huella de la huella dice Derrida, archihuella. Y este entre es insuperable: "La fantología, como filosofía de umbrales, se mueve 'entre': entre los vivos y los muertos, entre el pasado y la espera. Pero este 'entre' no supone un espacio de dialectización posible, sino un ámbito de incertidumbre que no puede ser saldado por ninguna dialéctica, por ninguna síntesis. Este 'entre' supone una disyunción del presente que dificulta las filosofías de la presencia y, con ellas, las lógicas identificatorias de lo mismo" (Cragnolini, 2002).

La alteridad en tanto acontecimiento, esto es, en tanto impredecible, se patentiza en el aparato psíquico en el proceder de lo inconsciente y su relación con las otras instancias psíquicas; lo inconsciente irrumpe en la conciencia y no se puede prever su infiltración. El inconsciente como acontecimiento, es, como dice Derrida, la alteridad en la mismidad del aparato psíquico. Alteridad porque no podemos dominarlo; es esa capa de cera sobre la que se imprime, pero que resiste con impredecibles estrategias a la nueva escritura e interviene en la formación de la "nueva" huella. Está ahí ya desde siempre contaminando, pero también contaminado. Hay que anotar aquí cómo, si radicalizamos la noción de huella en el pensamiento freudiano, petición que hace Derrida al final de "Freud y la escena de la escritura",13 aquella idea de lo inconsciente como el lugar donde "a nada puede ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado" (Freud, 1900: 569) se torna insostenible o, al menos, incompatible con lo inconsciente como estrato de cera para inscribir, como receptáculo de huellas alterables, como khôra. Cuando lo psíquico es texto y el aparato psíquico un artilugio de escritura, se torna imposible seguir pensando en aquellos oscuros lugares de lo inconsciente donde la huella no era huella sino una imagen o una fotografía de un presente pasado.

Si el aparato psíquico es una máquina de escritura y la psique es texto, la existencia humana queda abierta a la posibilidad de cambio. Interpreto esto como una apertura de emancipación de los "fantasmas del pasado", de aquello heredado, de aquello que uno ha vivido como doloroso y experimentado como insuperable; esto es, la existencia humana se abre a lo por venir, pero no hay que perder de vista que esa apertura es posibilidad de modificación y alteración.

Por otro lado, la intervención del psicoanálisis en tanto clínica encamina la narración del analizando hacia una toma de conciencia sobre la posibilidad de tomar nuevos e inéditos rumbos dentro de su historia de vida. Esta acción terapéutica del psicoanálisis se sostiene, en términos metapsicológicos, entre otros fenómenos psíquicos, por la alterabilidad de la huella mnémica. El análisis es un trabajo de pensamiento que pone en cuestión aquello que aparece en el discurso del analizando como lo incuestionable, lo fehaciente o, por decirlo de alguna manera, lo insuperable en relación con su historia y, específicamente, su herencia. Esta puesta en cuestión devela lo ilusorio de una existencia con un único destino: aquél que por herencia le había sido asignado. El análisis lleva a una muy particular emancipación del analizando que, creo yo, consiste en develar otras posibilidades, otros destinos. Este trabajo de pensamiento que el encuadre analítico promueve, muestra que la historia no ha sido escrita, y que está por escribirse.

El psicoanálisis en tanto clínica es una reescrituración del tejido de huellas mnémicas. ¿Qué significa esto? Pues que el trágico destino de un sujeto que parecía ya asignado puede rediseñarse. Para decirlo rápido: el psicoanálisis devela posibilidades más allá de aquellas que la historia hacía ver como las insuperables.

En este sentido, la psique humana habita en un entre: entre la herencia y lo porvenir. Ahora, ese entre es un "lugar" conflictivo y jamás armónico.

Recordemos lo que decía Freud sobre la neurosis y su tratamiento cuando imaginaba esta relación como batallones que se enfrentan en una lucha donde siempre gana el más fuerte. Así imagino también yo ese "espacio" entre herencia y porvenir. Esto es, habitar en este entre implica que a veces el sujeto vive como si no hubiera más que la herencia que le ha sido otorgada, esto es, como si sólo hubiera un destino, un camino y, otras veces, el sujeto es capaz de tomar en sus manos una existencia más abierta a posibilidades inéditas. Esa apertura al porvenir es la apertura al acontecimiento.

 

Referencias bibliográficas

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Notas

1 Luiz Alberto Hanns, en su Diccionario de términos alemanes de Freud, dice: "Freud consideraba que la palabra Seele era una buena traducción germánica para el término griego Psyché (Psyche en la grafía alemana). En alemán, de acuerdo con el contexto, Seele puede tener el sentido de 'espíritu', 'alma', 'psique', 'psiquis', o 'mente'" (Hanns, 2001: 374).

2 El Proyecto de psicología, escrito que Freud decidió nunca publicar, también fue enviado adjunto a una carta para Fliess.

3 Coincido con Derrida cuando desde el Proyecto de psicología lee en Freud una cierta inscripcionalidad en la figura de lo que denomina facilitación o apertura de paso, como la modificación permanente del estado de las neuronas ø que corresponden a las neuronas de la memoria. En la nota al pie 11 (Infra) explico qué es la facilitación y más adelante en el texto vuelvo a referirme al Proyecto de psicología.

4 Freud hace larga referencia a este hecho en su texto "Análisis terminable e interminable" (1937).

5 Decidí trabajar con la noción de inscripcionalidad de Derrida y no la de escritura, huella, différance o reserva, por mencionar algunas posibilidades, pues me parece que, en el contexto de este trabajo, esto es, pensando en el aparato psíquico en tanto máquina de escritura, se necesitaba de un término que se refiriera a todo el proceso de inscripción o escritura, y el de inscripcionalidad rescata todo aquello que se juega en el proceso de impresión de la huella que, para fines de la descripción de la psique freudiana la devela como una máquina de escritura e ilustra todas las consecuencias que este diseño tiene para la concepción psicoanalítica de lo que el aparato psíquico es. Además, pensé que era más oportuno decir inscripcionalidad que escritura, pues el término remite de manera inmediata a un proceso de impresión, de trazo de un surco, mientras que escritura no. No hay que dejar tampoco de lado que para Derrida todos estos términos son, según la necesidad del contexto, substituciones no sinonímicas. Véase Derrida (2003b: 48).

6 Para entender la relación entre memoria, archivación y técnicas de archivación véase Derrida, 1997.

7 Por logofonocentrismo Derrida se refiere a la tradición metafísica del pensar occidental que ha privilegiado la phoné sobre la escritura y que se ha constituido en torno a un centro (lógos). La deconstrucción sería una manera de habitar las fisuras, dice Derrida, del edificio de la metafísica y criticar esta tradición.

8 Para la traducción de la palabra hantologie de Derrida por fantología, véase la nota de los traductores de Espectros de Marx (Derrida, 1995b: 24).

9 La palabra del alemán que Freud utiliza en su Proyecto de psicología es Bahnung. Ha sido traducida al español tanto por Luis López Ballesteros como por José L. Etcheverry como facilitación. Dice la traducción de Etcheverry: "Ahora es tiempo de aclarar los supuestos que es necesario hacer acerca de las neuronas ø [aquellas de la memoria] para dar razón de los caracteres más generales de la memoria. El argumento es este: son alteradas duraderamente por el decurso excitatorio. Introduciendo la teoría de las barreras-contacto: sus barreras-contacto caen en un estado de alteración permanente. Y como la experiencia psicológica muestra que existe un aprender-sobre con base en la memoria, esta alteración tiene que consistir en que las barreras-contacto se vuelvan más susceptibles de conducción, más impasaderas, y por ende más semejantes a las del sistema ö [aquél de la percepción]. Designaremos este estado de las barreras-contacto como grado de la facilitación (Bahnung). Entonces uno puede decir: La memoria está constituida por las facilitaciones existentes entre las neuronas ø" (Freud, 1895: 344). La traducción de Patricio Peñalver del texto de Derrida "Freud y la escena de la escritura" vierte Bahnung como apertura de paso (Derrida, 1989). Considero que esta última traducción tiene mayor cercanía con el modelo neuronal que Freud propone en el Proyecto de psicología. La imagen a la que Bahnung hace referencia se parece más a la apertura de una camino o, siguiendo la lectura de Derrida, al trazo de un surco, que a la "facilitación" de la transmisión de energía (Q). El Diccionario de términos alemanes de Freud de Luiz Hanns, dice que "el sustantivo Bahn evoca la imagen de una 'vía' o 'pista transitable'. El sustantivo Bahnung es la sustantivización del acto de 'crear una vía', 'excavar', 'instalar', 'abrir' una vía transitable. La Bahnung implica un proceso dinámico; lo que 'abre caminos', 'revoluciona' (en alemán, algo revolucionario e innovador es expresado por bahnbrechend, palabra compuesta por brechend, gerundio de quebrar, literalmente 'quebrante', algo que rompe y abre espacio para la Bahn, camino). En un sentido menos impactante, para expresar el acto de abrir caminos, preparar el terreno para nuevos desarrollos, se usa una imagen semejante a allanar el terreno y 'colocar vías sobre él', bahnen legen (recostar/asentar senderos-vías-caminos)". Dice también: "la Bahn es al principio algo plano y horizontal, una pista por la cual se 'desliza' o 'transita' fácilmente. La Bahnung es, por lo tanto, algo que fue instalado sobre terreno de difícil topografía" (Hanns, 2001: 266-267).

Veo principalmente dos problemas en la elección de facilitación como traducción de Bahnung: primero, que no hace referencia a la "alteración permanente" de las barreras-contacto de las neuronas ø que para Freud resulta lo sustancial en el proceso psíquico de la memoria. Pensar en apertura de paso sí recupera este sentido. "Facilitación", según el Diccionario de la Real Academia Española, se refiere a hacer posible una acción, a hacer fácil la consecución de un fin o a proporcionar o entregar algo. Estos sentidos generan confusión e interpretaciones erróneas, pues la memoria en Freud no da cuenta exclusivamente de hacer posible la transmisión de energía, sino que lo fundamental del fenómeno de la memoria en Freud es la repetición que la excitación de esa anterior alteración de la barrera-contacto de la neurona provoca, y que la imagen de una apertura de paso o del trazo de un surco es fácil recupere. Eso es a lo que Freud refiere cuando dice "existe un aprender-sobre con base en la memoria". En segundo término, la apertura de paso, de camino o el trazo de un surco recupera también la violencia que Bahnung implicaba para Freud. Ese surco que se abre responde a la dificultad de marcarse o inscribirse dada la resistencia o defensa que el aparato psíquico despliega por, digámoslo así, su propia naturaleza. La apertura de esta vía implica siempre dificultad y violencia.

Por otro lado, la apertura de un paso o de un camino refiere también a la ligazón entre dos elementos que la noción de facilitación no retiene. Dice Hanns: "En español, el término [facilitación] no evoca nada relacionado con 'interligazón física entre dos elementos', así como tampoco destaca el aspecto dinámico de 'fluir/deslizar'. Remite a un proceso de remoción de obstáculos que 'facilita' el acceso. Con todo, su uso es más figurado o metafórico, refiriéndose a obstáculos o accesos abstractos. No tiene la cualidad concreta de Bahnung" (Hanns, 2001: 268).

10 Dice Derrida en su texto "La différance": "Lo que se escribe como 'diferancia' será así el movimiento de juego que 'produce', por lo que no es simplemente una actividad, estas diferencias, estos efectos de diferencia. Esto no quiere decir que la diferancia que produce las diferencias esté antes que ellas en un presente simple y en sí mismo inmodificado, indiferente. La diferancia es el 'origen' no-pleno, no-simple, el origen estructurado y diferente (de diferir) de las diferencias. El nombre de 'origen', pues, ya no le conviene" (Derrida, 2003b: 47).

11 Escribo presencia entre comillas, pues la fantología señala como insostenible la posibilidad de algo plenamente presente. Es la concepción metafísica occidental de la presencia una de las críticas centrales de la deconstrucción.

12 Derrida distingue entre el futuro (futur) y el porvenir (avenir). El futuro sería aquello que vendrá pero que podemos predecir mientras que el porvenir es totalmente incierto. Utiliza también la ortografía a-venir para referirse al porvenir haciendo especial hincapié en que esa temporalidad apunta a lo que puede venir o presentarse. Para traducir esto último uso por-venir.

13 Dice Derrida: "En consecuencia, hay que radicalizar el concepto freudiano de huella y extraerlo de la metafísica de la presencia que lo sigue reteniendo (en particular en los conceptos de conciencia, inconsciente, percepción, memoria, realidad, es decir, también de algunos otros)" (Derrida, 1989: 315).

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