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Migraciones internacionales

versión On-line ISSN 2594-0279versión impresa ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.14  Tijuana ene./dic. 2023  Epub 15-Jul-2023

https://doi.org/10.33679/rmi.v1i1.2636 

Artículos

Nuevos migrantes españoles en la capital de Europa: estrategias de movilidad, inserción laboral y participación política

Francisco José Cuberos-Gallardo1 
http://orcid.org/0000-0003-3678-8576

Angels Escrivà2 
http://orcid.org/0000-0002-4678-3448

Anastasia Bermúdez3 
http://orcid.org/0000-0003-1405-6438

1 Universidad de Sevilla, España, fcuberos@us.es

2 Universidad de Huelva, España, angeles.escriva@dstso.uhu.es

3 Universidad de Sevilla, España, abermudez1@us.es


Resumen

Este artículo ofrece un análisis crítico de las estrategias de movilidad, laborales y políticas de las migraciones desde España hacia Bruselas a partir de la crisis económica de 2008, en contraste con los flujos del pasado. Los datos que lo sustentan son resultado del trabajo de campo realizado durante 2018-2020 con migrantes de nacionalidad española, basado principalmente en entrevistas cualitativas. Los resultados permiten describir dos perfiles de movilidad específicos: por una parte, el de quienes marcharon a Bruselas interrumpiendo su trayectoria laboral en España y, por otra, el de quienes se desplazaron hasta la capital belga en el marco de un proyecto profesional transnacional. Estos dos perfiles se proyectan en estrategias diferenciadas de movilidad, inserción laboral y participación política transnacional. Nuestro análisis complementa estudios recientes sobre nuevas movilidades intraeuropeas Sur-Norte, en este caso dirigidas a Bruselas, ciudad global dual generadora de oportunidades, pero también de precariedades para los/as nuevos migrantes.

Palabras clave: 1. estrategias de movilidad; 2. inserción laboral; 3. participación política; 4. España; 5. Bruselas

Abstract

This article provides a critical analysis of the mobility, labor, and political strategies of migration from Spain to Brussels following the 2008 economic crisis, comparing it with past migration flows. The data used in this study is based on fieldwork conducted from 2018 to 2020, which involved qualitative interviews with Spanish migrants. The results allow us to identify two distinct mobility profiles: first, individuals who relocated to Brussels and interrupted their labor trajectories in Spain, and second, those who migrated as part of a transnational professional project. These two profiles exhibit different strategies in terms of mobility, labor insertion, and transnational political participation. Our analysis contributes to the existing literature on new intra-European mobilities from South to North, specifically focusing on the context of Brussels as a global city with dual characteristics, which provides opportunities as well as precarious conditions for these new migrants.

Keywords: 1. mobility strategies; 2. labor insertion; 3. political participation; 4. Spain; 5. Brussels.

Introducción

Tras configurarse como país de emigración hasta la década de 1970 del siglo XX, España se convirtió en uno de los principales receptores de inmigración en Europa a partir de 1980 y hasta la primera década del siglo XXI. La restitución de la democracia, la entrada en la Unión Europea (UE) y el crecimiento económico consolidaron a España como país receptor de mano de obra extranjera (Colectivo Ioé, 2021). Aunque la emigración nunca desapareció por completo, en el imaginario colectivo ésta se transformó en una opción de jóvenes y profesionales en busca de experiencias internacionales, así como en un signo de la creciente integración europea.

Sin embargo, la Gran Recesión que comienza en 2008 dio al traste -siquiera parcialmente- con dicha imagen (Bermúdez y Brey, 2017; Rodríguez Puertas, 2021). Ante el aumento del desempleo y la precariedad, la implementación de nuevas medidas de austeridad y la evidencia de un flujo creciente de emigración al exterior, principalmente hacia otros países europeos y latinoamericanos, surgen dos discursos alternativos: las nuevas migraciones como exilio forzado de personas expulsadas del mercado laboral y la idea de que la mayoría de estos flujos eran de migrantes retornando a sus países de origen o fruto lógico de la globalización y movilidad europea (Bermúdez y Brey, 2017).

Paralelamente, el contexto de recepción de las nuevas migraciones intraeuropeas ha cambiado (López Sala, 2005; Martín y Roca, 2017), desde el sistema de trabajadores invitados asociado al modelo económico fordista que dominó desde la década de 1950, hasta llegar a la idea de movilidades libres (Favell, 2008) o migraciones líquidas (Engbersen, 2012). Dentro de este nuevo patrón, los nacionales de países miembros de la UE que llegan a otro país comunitario ya no son socialmente construidos como migrantes, sino como ciudadanos/as móviles con amplios derechos en ámbitos clave como la residencia, el trabajo y la participación política.

Sin embargo, con los procesos de ampliación de la UE hacia el este y el impacto de la crisis económica de 2008 en el sur de Europa, aumentó el rechazo a la llegada de ciudadanos comunitarios en busca de empleo y, más tarde, a la llamada crisis de refugiados (Ambrosini, 2016; Lafleur y Stanek, 2017). En un clima de creciente repliegue político-identitario y recortes en los derechos sociales, la oposición a la movilidad intraeuropea sigue incrementándose, asociada a la percepción de fenómenos como los movimientos secundarios, los flujos mixtos o el welfare shopping1 (Dalla Zuanna et al., 2015).

Este artículo tiene como objetivo la descripción y el análisis de las estrategias de movilidad, laborales y políticas de los migrantes españoles llegados a Bruselas a partir de 2008, en función de los condicionantes que las enmarcan. Aunque las nuevas migraciones desde España hacia Europa han recibido una atención creciente (Bermúdez y Oso, 2020), la singularidad de Bruselas como ciudad global (Lara-Guerrero y Vivas-Romero, 2020), dual o fragmentada (Garzón, 2010) y centro político de la UE, ha sido menos estudiada que otros destinos como Londres o Berlín (Castellani, 2020; Rubio et al., 2019).

A continuación, se expone el marco teórico de la investigación, seguido de una breve descripción de la metodología aplicada y una contextualización de las migraciones españolas hacia Bélgica. A ello le sigue el análisis de las características principales de los nuevos flujos migratorios, así como una discusión sobre sus patrones de incorporación laboral y pautas de participación política transnacional. El artículo se centra en aquellas personas que emigraron por razones laborales, identificando dos perfiles principales: las que emigran a Bruselas a buscarse la vida y las que se trasladan a esta ciudad en el marco de una carrera profesional transnacional. Dichos perfiles se van a corresponder con estrategias específicas de movilidad, inserción laboral y participación política transnacional.

Del patrón de migración tradicional a las vidas in/móviles en ciudades globales

Las recientes migraciones de españoles a Bruselas deben ser interpretadas en el más amplio contexto de movilidad interna que caracteriza a la UE, con base en un régimen jurídico que habilita a los/as ciudadanos de países miembros a circular libremente en el espacio europeo. Esto permite la emergencia de una gran diversidad de proyectos de movilidad que no se ajustan necesariamente a los patrones migratorios tradicionales de la época fordista (Recchi, 2015). En este caso, los/as nuevos migrantes que llegan a Bruselas se van a encontrar con españoles de los flujos migratorios de dicha época, algo que les puede permitir aprovechar redes y conocimientos para facilitar su incorporación (Oso, 2020). Pero la continuidad entre unos y otros flujos no es tan clara, existiendo diferencias entre ellos (Lafleur et al., 2017).

En la nueva emigración se identifican, por un lado, condicionantes intrínsecos que determinan la existencia de distintos perfiles de españoles en Bruselas. Aquí aparecen los relacionados con características personales como la edad, sexo, origen étnico-nacional, situación familiar, nivel y tipo de formación, existencia de redes, orientación político-ideológica, disponibilidad de recursos económicos y nivel de planificación de la migración. Por otro lado, están los factores extrínsecos que tienen que ver con las condiciones de la sociedad española y el lugar que Bruselas, como destino europeo, ocupa en las posibilidades y aspiraciones de esta población migrante. A esto cabe sumar las características de los mercados de trabajo y recursos sociales que presenta la propia ciudad de Bruselas.

Un rasgo característico de los nuevos flujos es que en ellos participan más mujeres que en el pasado y muchas lo hacen de forma independiente (Bartolini et al., 2017). La feminización de los flujos migratorios se ha asociado a cambios en los roles de género y a la autonomía que han conseguido las mujeres. Pero también las migraciones femeninas suelen presentar patrones de movilidad socio-ocupacional descendente, al menos inicialmente (Escrivá, 2000). McIlwaine (2020) sostiene que la creciente precarización del empleo está vinculada a su feminización y advierte que las nuevas movilidades (constantes y fluidas) no suponen necesariamente un éxito, sino que a menudo son una trampa de precariedad.

Otra característica de los nuevos migrantes es el mayor nivel de formación que presentan con respecto a las generaciones anteriores (Martín y Roca, 2017). Las credenciales educativas funcionan, sin embargo, de manera parcial y selectiva, dependiendo de su área de conocimiento y su ajuste a los mercados de trabajo locales. Aun así, como observan Landolt y Thieme (2018), para la migración española en Suiza estas incorporaciones precarias son vividas como un período de aprendizaje y transición hacia una situación futura mejor, que bien puede alcanzarse en la sociedad de destino o al regresar a España.

Las ciudades europeas que reciben a los nacionales del sur también se han transformado a nivel económico, político y sociocultural. En lo económico, se consolida la era de las grandes corporaciones y las empresas red gracias al desarrollo de las telecomunicaciones y el transporte (Castells, 2000). Los empleos de la nueva economía implican cada vez más períodos de residencia y/o trabajo en diferentes países y ciudades, en especial cuando se trabaja para corporaciones y entidades supranacionales. En el caso de Bruselas, su condición de capital política y administrativa de Europa le permite operar como una ciudad global en los términos descritos por Sassen (2007), esto es, como espacio simbólico de la nueva modernidad y centro aglutinador de recursos económicos y políticos.

Los nuevos migrantes cosmopolitas son atraídos por esta condición de centralidad y el ambiente internacional de la ciudad, la circulación de al menos un idioma instrumental y una moneda global, que permiten vivir en un entorno impregnado por los modos de vida de una tecnocracia europea. Junto a esto, en las ciudades globales también se asiste a la desregulación de amplios sectores de la economía y a una precarización laboral. Sassen (2007) señala que justamente las ciudades globales se caracterizan por la convivencia de los extremos. En Bruselas se observa, por una parte, a un ejército de tecnócratas vinculados a las instituciones europeas y organismos internacionales; por otra, a la ciudad que han ido ocupando diversas olas migratorias conectadas a las migraciones europeas anteriores, pero también de las antiguas colonias y otros migrantes extracomunitarios (Rea, 2013).

Las expectativas de vida y el éxito profesional en contextos percibidos como culturalmente muy abiertos pueden chocar con prácticas excluyentes, producto de una jerarquía social que se impone a través de discursos y actitudes racistas, xenófobas o sexistas. Lafleur y Mescoli (2018) apuntan que Bélgica se ha convertido en un país cada vez más hostil a la inmigración, incluyendo la comunitaria, y señalan las dificultades administrativas para registrarse, el endurecimiento en el acceso a las ayudas sociales o, incluso, las “deportaciones” de ciudadanos comunitarios.

Ahora bien, la incertidumbre y los vaivenes de la vida asociados al empleo son un elemento recurrente de la contemporaneidad, tanto en origen como destino. Este impacto puede ser interpretado de diferentes maneras. Mientras Godinho (2017) habla del aumento de movilidades sin final aparente, “sin anclaje y sin dirección” (p. 109), relacionadas en muchos casos con la creciente precariedad e incertidumbre, Engbersen (2012) recoge las tesis de Beck (1992) para aludir a las migraciones líquidas como oportunidad vivida desde la temporalidad, la flexibilidad y la individualización atribuibles a una cultura juvenil, despreocupada y cosmopolita. En esta valoración resulta determinante el proyecto vital, porque, como notan Bygnes y Erdal (2017) en su estudio sobre las recientes migraciones españolas y polacas hacia Noruega, a pesar de las ventajas que puede suponer en un principio la liquidez de sus vidas, muchos preferían que con el tiempo éstas se apoyaran sobre más sólidos cimientos. La cuestión está, por lo tanto, en cómo capitalizar las oportunidades para la movilidad y los cambios continuos a medio y largo plazo en la sociedad del riesgo.

Los/as nuevos migrantes españoles tienden a ocupar empleos por debajo del nivel de cualificación, lo que les impide llevar adelante un proyecto familiar o profesional más acorde con las diferentes etapas y necesidades de su vida (Cortés et al., 2020; Castellani, 2020). Esto tiene consecuencias también en la orientación política, ya que su participación se ve interrumpida por los constantes cambios en su cotidianidad y lugar de residencia. La imposibilidad de mantener una estabilidad y de predecir el futuro cercano puede generar tal frustración que lleve a una desvinculación de las prácticas políticas desarrolladas con anterioridad (Marx y Nguyen, 2016). También puede potenciar el uso de la política de una manera práctica e instrumental, dirigida a los intereses más inmediatos, abandonando los ideales transformadores más generales.

Para explorar estos debates, en adelante se analizan las narraciones y los discursos de una serie de casos de personas emigradas a Bruselas. Se observa en ellas hasta qué punto y sobre la base de qué factores se puede hablar de una especificidad de la migración española de la última década en este país de destino. Esto permite plantear cómo las condiciones descritas afectan las formas de incorporación al nuevo lugar de residencia, así como a las relaciones con el país de origen.

Metodología

Los datos analizados son parte de un proyecto más amplio sobre nuevas migraciones intraeuropeas desde España (Bermúdez y Roca, 2021), centrándonos -en este caso- en Bélgica (Bruselas) como uno de los destinos principales. El trabajo de campo fue realizado entre 2018-2020, incluyendo una encuesta en línea con 180 cuestionarios aplicados a españoles en Bélgica, que, a pesar de no ser representativa, refleja algunas de las características principales de este colectivo, así como entrevistas cualitativas (veintiún, aproximadamente, además de otras conversaciones informales) a migrantes españoles llegados a partir de 2008 con diferentes perfiles e informantes clave.

Las personas entrevistadas fueron contactadas a través de redes sociales, participación en eventos, organizaciones de migrantes o por medio de la encuesta, incluyendo hombres y mujeres, familias con hijos, nativos españoles y personas de origen migrante nacionalizadas españolas. Tanto en la encuesta como en las entrevistas, además de obtener información biográfica, se preguntó por las trayectorias migrantes, procesos de integración en la sociedad de acogida y formas de vinculación con el país de origen.

El análisis de los datos se centra en una muestra de 16 entrevistas a profundidad realizadas a migrantes españoles residentes en Bruselas. Estas comprenden a siete varones y nueve mujeres, con edades mayoritariamente entre los 30 y 45 años, la mayoría sin hijos y con formación universitaria. A pesar de la pluralidad de situaciones encontradas, cabe señalar que ocho de las personas entrevistadas llegaron a la capital belga para ocupar un puesto garantizado de antemano y acorde a su formación, mientras que el resto tuvo que buscar un empleo a su llegada.

Es de este análisis que surgen dos perfiles diferenciados en cuanto a razones y tipo de migración, inserción social y laboral en Bruselas, y sentido de pertenencia hacia España y participación política, lo cual tiene relación con el contexto de origen, pero también con la condición de ciudad global dual que presenta Bruselas. Dichos perfiles se exploran a profundidad con base en seis casos seleccionados como representativos, entre los cuales incluimos cuatro mujeres y dos hombres, con edades entre los 29 y 37 años y niveles de formación desiguales, pero en general cualificados, procedentes de diferentes zonas de España y llegados a Bruselas entre 2013 y 2019.

Contextualización histórica de la migración española a Bruselas

Bélgica fue uno de los principales destinos de los aproximadamente 2.6 millones de españoles que emigraron a Europa entre 1946 y 1973 (Vilar Ramírez, 2000). Aunque hay antecedentes de movimientos anteriores, Bélgica no se convierte en país receptor de inmigración a gran escala hasta después de la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con “la edad dorada del crecimiento económico” europeo (Sánchez Alonso, 2015, p. 11). Es entonces cuando comenzaron a llegar trabajadores españoles, inicialmente para la industria y minas, firmándose el primer acuerdo oficial entre los dos países en 1956 (Rodríguez Barrio, 2006; Fernández Asperilla, 2021).

La inmigración española en Bélgica creció de 1 218 personas en 1935 a 15 787 en 1961 y 67 534 en 1970, a medida que llegaron trabajadores para otros sectores como la construcción y el servicio doméstico (Díaz Álvarez, 1989; Rodríguez Barrio, 2006). Al igual que en otros destinos europeos, tras la crisis del petróleo de principios de la década de 1970, dicha inmigración decayó debido al fin de los permisos de trabajo y a los retornos (Díaz Álvarez, 1989). Aunque las migraciones hacia Bélgica continuaron en los años siguientes, éstas fueron mucho más reducidas y respondieron en alguna medida a la entrada de España en la UE en 1986 y la llegada de funcionarios españoles a las instituciones comunitarias, así como estudiantes y otros. No es hasta la crisis de 2008 que se observa una nueva aceleración en los flujos (como se muestra más adelante en el cuadro 1).

Según Díaz Álvarez (1989), el atractivo de Bélgica como destino migratorio tiene que ver con el desarrollo económico que experimenta el país y, más tarde, su conformación como centro administrativo del proyecto europeo. Estos dos polos de atracción son claves para entender flujos posteriores, además del papel que juegan las redes migratorias. Es así que los estudios de las primeras olas de migración española hacia Bélgica señalan que una mayoría de migrantes llegó principalmente fuera de los cauces oficiales, a veces desde otros destinos europeos y se asentó, sobre todo, en Bruselas y en la parte francófona del país, logrando una integración plena.

Debido a la facilidades para encontrar vivienda, muchos de estos migrantes eran hombres con familia (Gonzalo, 1982), con altos niveles de actividad laboral, sobre todo en la industria, construcción y otros servicios, mientras que las mujeres se dedicaban al trabajo doméstico (Díaz Álvarez, 1989). En Bruselas se agruparon en barrios deteriorados del centro, como Saint-Gilles, junto a otros colectivos extranjeros, surgiendo con el tiempo una red de servicios (instituciones recreativas, educativas, políticas, etc.) comunales, que, como apunta Ruiz Morales (2018), contribuyeron a la integración y como puente de unión con el país de origen.

A partir de la década de 1990 y con el nuevo siglo, la inmigración a Bélgica ha crecido rápidamente, siendo más diversificada, representando la población europea más de la mitad del total de extranjeros (Vause, 2020). La comunidad española residente pasó de totalizar 45 924 en el año 2000 a 65 476 en 2019, lo que muestra un aumento notable en la última década, coincidiendo con los años de crisis económica, siendo la séptima comunidad nacional en volumen2 (Myria- Centre Fédéral Migration, 2020). En el cuadro 1 se muestra cómo han evolucionado los flujos en los últimos años, pasando España de ocupar la posición 15 entre los principales países de origen en 2007 a la sexta en 2014, aunque a partir de este año se observa cierto descenso.

Cuadro 1 Flujos de inmigración española a Bélgica, 2000-2018 

Año Población Año Población Año Población
2000 1 632 2007 1 902 2013 6 417
2001 1 527 2008 3 095 2014 6 440
2002 1 503 2009 3 861 2015 5 356
2003 1 545 2010 4 795 2016 4 836
2004 1 591 2011 5 603 2017 5 175
2005 1 827 2012* 6 200 2018 5 202
2006 1 848

Nota: *La cifra de 2012 es estimada.

Fuente: Elaboración propia con base en información obtenida de DEMO (2013) (de 2000 a 2011) y de Myria-Centre Fédéral Migration (2020) (de 2013 a 2018).

Según fuentes estadísticas españolas (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2021), en 2020 residían 67 960 españoles en Bélgica, con una ligera mayoría de hombres, comparado con 40 130 en 2009, mostrando las nuevas inscripciones incrementos anuales hasta 2016. Los datos del Padrón de habitantes (variaciones residenciales según el país de destino y nacionalidad) también señalan un aumento de los flujos hacia Bélgica desde 2008, superando las 3 000 bajas anuales entre 2013-2015, en su gran mayoría de población española, y afectando más a hombres que a mujeres, con edades mayormente de 16 a 64 años (INE, 2021).

Entre la poca información sobre estas nuevas migraciones destaca una encuesta virtual realizada a españoles entre 18 y 40 años de edad, llegados al país entre 2008-2016, la cual muestra una población relativamente joven, con estudios superiores y alta proporción de mujeres, mayoritariamente nacida en España y que dejó el país de origen por falta de perspectivas laborales (Montes, 2017). Muchas de estas personas eligieron Bélgica porque tenían algún contacto, por ser sede de instituciones internacionales o porque hablaban francés, mientras que otras lo hicieron porque encontraron un trabajo o les transfirieron desde su empresa. Los principales sectores de empleo de estos/as migrantes son organismos internacionales, restauración y sector turístico. Aunque una mayoría encontró fácil la integración al país, algunos resaltan dificultades asociadas al idioma, diferencias culturales, clima o discriminación. Como se aprecia a continuación, dichos datos coinciden en parte con los obtenidos en el estudio que se presenta.

Nuevos perfiles entre los migrantes españoles en Bruselas

La actual migración española a Bélgica se asemeja en sus aspectos básicos a la dirigida hacia otros países europeos de destino: tiene un origen directamente vinculado a la crisis económica que arranca en 2008, está conformada -en gran parte- por adultos jóvenes, cuenta con una nutrida representación de mujeres y con un nivel educativo alto (Pérez Caramés et al., 2018). La mayoría de personas entrevistadas justifican su movilidad con argumentos relativos al desarrollo profesional y lo contextualizan en un momento temprano de sus vidas que consideran importante para el inicio y consolidación de sus proyectos laborales. Igualmente, son recurrentes las alusiones a la crisis española (en sus diferentes vertientes: económica, política, institucional) como factor detonante del proyecto migratorio. Sin embargo, cabe señalar algunas diferencias significativas en los discursos, las cuales resultan coherentes con dos formas de movilidad claramente diferenciadas.

Un primer perfil lo conforman aquellas personas que rompieron con su trayectoria profesional en España para iniciar una nueva en Bruselas. Dentro de este grupo se encuentran quienes sufrieron experiencias laborales precarias en España y decidieron emigrar para buscar mejores condiciones:

Me encontré que justo en mi profesión no tenía idiomas. Entonces, cuando acabé el máster de recursos humanos, todas las ofertas de trabajo, los consultores de recursos humanos, hablan tres idiomas o dos idiomas. Y me encontré realmente que, aunque sí que me ofrecían algún contrato de prácticas (…) te ofrecen contratos de 800 euros o de 600 euros, trabajando 50 horas, 60 horas semanales. Entonces, dije: “pues me voy” (Sofía Varela, comunicación personal, 8 de noviembre de 2019).

Las personas con estas trayectorias presentan niveles de formación desiguales que a menudo incluyen estudios de posgrado. Todas comparten la pérdida de la esperanza en poder cumplir sus objetivos en España. La salida del país es vivida como una huida y la llegada a Bélgica como una apuesta incierta. En sus discursos, la migración aparece como el aprovechamiento de una oportunidad que permite sortear o, al menos, amortiguar las dificultades que sufren en España. Este énfasis en la compensación positiva de la migración se aprecia, por ejemplo, cuando lamentan trabajar en sectores que no cubren sus expectativas, pero subrayan la ventaja comparativa que encuentran en Bruselas en aspectos como el salario, el horario laboral, la oportunidad de aprender idiomas o la experiencia de vivir en el extranjero:

Como nunca hice Erasmus, me faltó irme a vivir otro país y practicar inglés, aprender otro lenguaje y buscarme la vida. (...) Es que la hostelería aquí no tiene nada que ver con España. Claro, es que también los horarios: desayunan pronto, comen de las 11:30 a. m., a la 1:30 p. m. y cenan a las 6:00-7:00 p. m. O sea, como tarde, a las 10:30 p. m. estás en tu casa, 11:00 p. m. Luego, los fines de semana muchos no abren. (…) Te pagan 11-12 euros la hora. Entonces, si trabajas media jornada, que no son 20 horas, son menos, te sacas lo mismo que el sueldo mínimo en España trabajando 40 (Laura Recarte, comunicación personal, 7 de noviembre de 2019).

En cualquier caso, dentro de este perfil, la movilidad es vivida como una anormalidad, como una disrupción en la evolución regular de sus proyectos que les obliga a cortar una trayectoria en España para comenzar otra nueva fuera, quizás acercándolos -en cierto sentido- a las migraciones de la etapa fordista. Por ese motivo, suelen enfatizar el empeoramiento progresivo de la situación política y económica en España, como algo que acrecentó sus deseos de salir del país:

No esperaba una razón por la cual quedarme en España esperando que la situación mejorara, sabiendo que en otros sitios era mejor. (…) Llevaba seis meses sin trabajar. Estaba haciendo sustituciones como profesora. Llegó un momento que no tenía sustituciones, cada vez se distanciaban más, pasaron seis meses sin que tuviera nada. Y cada vez que no tenía nada me ponía a trabajar de dependienta en Zara o de camarera (María Perales, comunicación personal, 6 de noviembre de 2019).

Este planteamiento contrasta con un segundo perfil, el de aquellas personas que llegaron a Bruselas ya con un trabajo y adecuado a su capacitación laboral. Engloba a trabajadores de alta cualificación (no necesariamente mucho más alta que los anteriores) que se instalan en este país para el desempeño de una tarea profesional en condiciones ventajosas, normalmente profesionales muy especializados en campos con amplia oferta de trabajo.

Al terminar sus estudios, muchas de estas personas también descubrieron la precariedad del mercado laboral español. Lo que diferencia su experiencia es que ellas lograron conseguir puestos de trabajo adecuados a su formación (o becas de estudio) antes de emigrar. La mayoría buscó empleo desde España con un criterio abierto a la movilidad y optó por Bruselas cuando se concretó una oportunidad adecuada a sus expectativas. Por ello, la capital belga suele aparecer como un destino contingente que se justifica porque fue en esta ciudad donde encontraron una opción conveniente en un momento determinado. Es el caso de Teresa, física extremeña que tras finalizar sus estudios en Madrid consiguió una beca para hacer su doctorado en Bruselas, donde continúa como investigadora:

Terminé la carrera y empecé a hacer entrevistas. (...) Me ofrecían unas condiciones, como 800 euros y así. (…) Y la verdad es que no me convenció nada de lo que había por aquel entonces. Y dije: “bueno, pues voy a echar fuera”. (…) Empecé a echar Italia, Francia, Países Bajos, Bélgica, creo que Alemania no eché por cosa del alemán, no me motivaba. Reino Unido también eché. Tuve algunas entrevistas que otras y esta gente de mi laboratorio me gustó el proyecto que proponían, ellos también les gusté, hice mi contrato y empezamos (Teresa Pedregal, comunicación personal, 11 de noviembre de 2019).

Entre algunas de las personas entrevistadas, llama la atención que la apuesta por la movilidad profesional se encuentra decidida desde antes de finalizar los estudios y se vive como la proyección natural de un proceso de capacitación atravesado por la movilidad permanente. Esto se aprecia de manera clara en el discurso de Marcos, médico andaluz formado entre Francia, Cádiz y Barcelona, que llegó a Bruselas tras haber vivido y ejercido profesionalmente en Cataluña, Andorra y Reino Unido:

Cuando acabo la residencia en Barcelona, yo ya tenía muy claro que me iba fuera. Porque sabía cómo estaba la sanidad en España, sabía lo que pagaban en España y sabía lo que podían pagar fuera. Y sabiendo que yo no tenía problemas de movilidad, los idiomas no me importan mucho, y la verdad que, incluso durante los cuatro años que estuve en Barcelona, cuando me tocó hacer la rotación externa, me fui a Nueva York. Siempre he intentado irme fuera, lo más internacional posible, más que nada por el currículum (Marcos González, comunicación personal, 12 de noviembre de 2019).

Casi todas las personas entrevistadas citan experiencias numerosas y variadas de movilidad, incluyendo migraciones laborales, estancias de Erasmus, voluntariados internacionales o períodos prolongados de turismo. En este sentido, la decisión de salir de España parece verse favorecida no solo por las ventajas derivadas de las mejoras en el transporte o la opción que ofrece la movilidad intraeuropea, sino por un contexto general de globalización que hace de la propia movilidad un componente familiar y constante en la vida de muchas personas, replicando -en ciertos casos- algunas de las características de las llamadas migraciones líquidas (Engbersen, 2012) o los Euromovers/Eurostars descritos por Favell (2008).

En definitiva, nuestro análisis arroja dos perfiles diferenciados. De un lado están quienes deciden cortar su trayectoria profesional en España y marchan a Bruselas arriesgando nuevos proyectos; de otro, aquellos/as cuya movilidad se enmarca en un proyecto profesional transnacional y que llegan a la capital europea con un puesto de trabajo acorde a sus expectativas. Estos dos perfiles se proyectan tanto en las relaciones que estas personas construyen en la sociedad receptora como en la actitud hacia el país de origen, como se muestra a continuación.

Diversidad en las pautas de inserción en Bruselas

Los dos perfiles migratorios descritos se proyectan en patrones diferenciados de incorporación a la ciudad. En términos generales, puede decirse que en el primer grupo la instalación en Bruselas implica un desembolso importante de recursos cuya recuperación, en principio, no está garantizada. Las personas que cortaron sus proyectos en España y llegaron a Bruselas sin trabajo afrontaron la primera fase del proyecto migratorio como un reto de resultado incierto y para el cual necesitaron coraje y apoyo familiar y/o afectivo. Es interesante que varias de las mujeres entrevistadas declararon haber llegado a Bruselas acompañadas de una amiga, lo que resulta importante tanto para tomar conjuntamente la decisión de migrar como para apoyarse mutuamente durante la instalación:

Sí, fue un poco conjunto. Porque ella tuvo también una pequeña crisis en su vida. Y nos vino como a las dos a la vez. Y entonces, yo le dije: “yo me quiero ir”. Y ella también. Y entonces entre las dos nos fuimos motivando. (…) O sea, que yo lo empecé a pensar hace mucho tiempo, pero al final lo hicimos las dos. Aquí vivo con ella (Laura Recarte, comunicación personal, 7 de noviembre de 2019).

Otras veces, la importancia de estas redes se pone de manifiesto cuando alguien ayuda desde Bruselas. Es el caso de Sofía, antes mencionada, cuya decisión de migrar se explica por el apoyo que le prestó una amiga para conseguir una plaza de voluntariado europeo. Esto le permitió trabajar para una ONG a cambio de alojamiento, comida y una pequeña remuneración, amortiguando así la dificultad de la primera inserción en Bruselas. Algo que luego han aprovechado otras compañeras de estudios:

Tenía una amiga de la carrera que se había venido a Bélgica y que conocía esta asociación. De hecho, ella se quedó estudiando. No me convencía el proyecto, porque yo nunca había trabajado con personas con discapacidad (…) yo quería trabajar de recursos humanos. Pero me vi que los proyectos que me ofrecían como voluntaria europea no me convencían demasiado. (...) Yo dije: “me voy a Bélgica”. Y una amiga mía de psicología, de la misma promoción, dijo: “ah, pues si tú te vas, yo también”. Y dos meses después presentó el mismo proyecto y tal, para trabajar en la misma asociación. Y a otra amiga le iban a hacer un contrato laboral en España para agosto y tal, pero al final no (…) y dijo: “me voy a Bélgica”. (…) Todas somos de Valencia, todas psicólogas y todas hemos estudiado en la misma universidad (Sofía Varela, comunicación personal, 8 de noviembre de 2019).

En otros contextos europeos se han encontrado evidencias de vínculos de estos nuevos migrantes con personas de las migraciones de la etapa fordista, principalmente para llegar al país de destino y para facilitar su inserción inicial, como, por ejemplo, en el caso de Francia (Oso, 2020). En la encuesta también han aparecido casos de hijos de antiguos emigrantes que, después de haber retornado a España, vuelven a Bruselas y están en contacto con conocidos de las migraciones de dicha etapa.

Por otro lado, la experiencia es muy diferente cuando se trata del segundo grupo, personas cuya llegada a Bruselas responde a la consecución de un puesto de trabajo acorde a su trayectoria profesional. Es el caso citado de Marcos, que llega a Bruselas desde Londres con un contrato de trabajo como médico especializado en anatomía patológica. Contactado vía internet por un reclutador profesional y tras una entrevista, consigue un buen puesto de trabajo que no sólo le permite financiar sin problemas los costes de la instalación, sino recibir el asesoramiento necesario para solventar los trámites iniciales:

Se encargó de todo el recruiter. Se encargó de decirme todo lo que tenía que hacer, y si hacía falta algo aparte, lo hizo él. Yo lo único que tuve que hacer fue enviar los títulos traducidos, que, de hecho, les valía [en inglés]. (…) A nivel de vivienda no tuve problema. (...) Aquí todo funciona muy formal. Lo que pasa es que eso conlleva más papeleo y un poco más coñazo todo, pero, al menos, sabes que está yendo todo según lo que tiene que ir (Marcos González, comunicación personal, 12 de noviembre de 2019).

Un caso similar es el de Javier, quien llegó a Bruselas como funcionario europeo tras aprobar las oposiciones desde España y trabajar unos meses para la Comisión Europea en Luxemburgo. Acompañado por su pareja, también española, explica que en sus condiciones no resultó difícil instalarse en la capital belga:

Me da para vivir aquí muy bien y es un salario que muy difícilmente conseguiría en España. Tanto a nivel bruto como a nivel de paridad de poder adquisitivo. (…) Para encontrar vivienda no tuvimos demasiados problemas, porque, sobre todo, comparándolo con Luxemburgo, hay muchísimo más mercado inmobiliario y es mucho más accesible a nivel económico. La cosa fue organizarse antes, cuando ya sabíamos que íbamos a venir a vivir aquí. (…) No parece que sea una ciudad especialmente difícil en ese aspecto (Javier Carrasco, comunicación personal, 9 de noviembre de 2019).

Estas dos experiencias contrastan claramente con la de quienes llegaron a Bruselas sin trabajo y con menos recursos. Entre estos últimos aparecen discursos que enfatizan la dureza de algunas situaciones, sobre todo, en los primeros momentos, como lo relata María:

Ese tipo andaba buscando el perfil de gente que acababa de llegar, que no sabe dónde están aterrizando y aprovecharse un poco de la situación. Y muchos de los españoles que he conocido han pasado por eso. Llevas tres meses buscando un sitio donde vivir, porque hasta que no tengas trabajo no puedes tener un apartamento. Entonces, de repente llega uno: “no te preocupes, yo te voy a solucionar todo”. Ese fue mi primer trabajo, que el tipo era un estafador. Luego de ahí, salí y encontré un trabajo en una galería de arte, luego en una tienda de ropa, hasta que encontré trabajo en una escuela, dando clases de español (María Perales, comunicación personal, 6 de noviembre de 2019).

Estas situaciones de abuso o explotación han surgido también en otros estudios sobre migración reciente desde España, tanto a Londres (Cortés et al., 2020) como a Alemania (Castellani, 2020). Y dan cuenta de experiencias de incorporación muy distintas entre quienes viajan a Bruselas para buscar trabajo y quienes se desplazan a esta ciudad porque una buena oportunidad les espera. Ello explica que el recurso a las redes de compatriotas sea claramente distinto en uno y otro perfil. Quienes llegan a Bruselas para ocupar plazas como profesionales cualificados citan relaciones frecuentes con otros españoles, pero circunscritas exclusivamente al ocio y socialización entre amigos. Para quienes llegan en condiciones más precarias, el acceso a redes de españoles o de otros migrantes es crucial para aspectos tan importantes como la búsqueda de empleo o vivienda. Laura encontró dos de los tres empleos que compagina actualmente por esta vía:

Estoy en tres trabajos a la vez, que son los tres primeros que he pillado. (…) [Una conocida española me dijo:] “oye, tengo una amiga que trabaja como babysitter y conoce a una familia de españoles que quieren a alguien para que hable con el niño en español”. (…) Trabajo por la mañana en un restaurante que está aquí mismo. (…) Por las tardes, estoy con una familia española: recogiendo a los niños del colegio, llevándolos a casa y haciendo ejercicios para que practiquen el español y tal. Y luego voy dos días, el jueves y el viernes por la tarde noche, voy al restaurante [español], que ahí es de camarera: servir mesas, recoger (Laura Recarte, comunicación personal, 7 de noviembre de 2019).

La casuística es amplia y con frecuencia el recurso a las redes de contactos es desigual, incluso, entre los integrantes de un mismo proyecto migratorio. Esto se observa con claridad en las parejas en las que solo uno de los miembros tiene trabajo asegurado en Bruselas. Es el caso de Amanda, la pareja de Javier, que llega a Bruselas acompañándole, pero con la esperanza de construir su propio proyecto profesional. Licenciada en Ciencias Políticas y con experiencia en cooperación internacional, trata de aprovechar las ventajas que ofrece esta ciudad global, pero siente que el nivel de competencia es muy alto, y opta por hacer voluntariado como estrategia en busca de contactos que posibiliten oportunidades futuras.

Los patrones de inserción en la sociedad belga reflejan así los dos perfiles descritos que se proyectan en experiencias desiguales en la incorporación residencial y en el acceso al empleo, reflejando esa dualidad o fragmentación que ofrece Bruselas, como capital europea y receptora de diferentes flujos migratorios (Garzón, 2010; Lara-Guerrero y Vivas-Romero, 2020). Ahora bien, las diferencias entre estos dos subgrupos de migrantes no se circunscriben a la vida en Bruselas, sino que alcanzan igualmente a sus relaciones con el país de origen.

Expectativas en Bruselas y actitudes hacia España

Los dos perfiles de migrantes descritos poseen expectativas diferentes sobre el desarrollo del proyecto migratorio y las posibilidades de volver a España. Quienes se fueron a Bruselas sin nada, viven su movilidad como una inversión que ha representado un coste importante, tanto económicamente como al separarse de su entorno. Tienen la esperanza de amortizar esta inversión, encontrando en Bruselas un trabajo acorde a su formación y/o bien remunerado y reforzando sus competencias con un título universitario o idiomas. Laura, por ejemplo, asume su situación actual de pluriempleada con la esperanza de poder mejorar su formación más adelante:

Primero, establecerme un poco y tener una base económica. Luego, sí que me gustaría estudiar algo más. Pero [no puedo] hasta que sepa algo más de francés o me maneje más con el inglés (Laura Recarte, comunicación personal, 7 de noviembre de 2019).

Teniendo en cuenta que son personas con una trayectoria relativamente corta en Bruselas y que decidieron salir de España por falta de expectativas, es lógico que no se planteen el retorno como un proyecto inmediato. En casos como el de Sofía, el dolor por haber tenido que emigrar se refleja en un cierto resentimiento hacia el país de origen y un rechazo explícito a la posibilidad de volver. Sin embargo, incluso, en este caso, el retorno aparece como opción hipotética y en el proyecto migratorio se da importancia a aspectos que -como la formación- pueden ser ventajosos en el supuesto de regresar a España:

Luego sí es cierto que si estás cuatro, cinco o seis años fuera, tienes un C1 de inglés o un C1 de francés. (…) Sí quiero volver, que no va a pasar, pero sí quiero volver en algún momento a España, con tres idiomas, máster, experiencia laboral, pues cambia un poco la cosa. (...) Voy a estudiar un máster aquí (Sofía Varela, comunicación personal, 8 de noviembre de 2019).

Mientras tanto, las personas que ocupan buenos puestos de trabajo en Bruselas piensan en el retorno como una opción más de movilidad futura (entre otras), que se concretará solo si les conviene profesionalmente. Esto resulta coherente con una experiencia migratoria que no es sentida como una inversión a amortizar, sino como parte de un proyecto que está ya dando sus frutos. La expectativa favorable de seguir desarrollando una carrera profesional satisfactoria predispone a la movilidad, pero no necesariamente con España como destino. Esto se aprecia en las palabras de Teresa. Como investigadora, es consciente de que su residencia futura dependerá fundamentalmente de las posibilidades de trabajo que encuentre:

Es un poco incierto, yo creo que esto es aplicable a todo investigador. Por el momento, es un contrato postdoctoral. En su momento, cuando terminé el doctorado, firmé por dos años, ahora he renovado por otros dos. Pero depende un poco de la financiación que tenga el laboratorio. No es una plaza de profesor fija. Son financiaciones que te dan por proyectos concretos. Y cuando se acabe esa financiación, si el grupo sigue teniendo fondos o no (…) o yo puedo empezar a aplicar a becas europeas (Teresa Pedregal, comunicación personal, 11 de noviembre de 2019).

Un caso particular es el de quienes trabajan en las instituciones europeas. Para ellos, residir en la capital de la UE es consustancial a su trabajo y consideran la vida en esta ciudad como proyecto a largo plazo. Sin embargo, algunos, como Javier, tienen muy presente las garantías que les ofrece su situación y asumen la estabilidad y condiciones materiales que disfrutan como recursos que les permiten pensar en futuras movilidades:

A día de hoy sí, yo te diría que durante los próximos tres años, seguro [estaré en Bruselas]. Dónde vaya a estar dentro de cinco años, no lo sé. Quizás me vaya a alguna delegación a cualquier país. O quizás eche las cuentas y diga: “a la mierda todo, me da como para vivir en cualquier sitio por dos duros y estar ahí indefinidamente”, o coger una excedencia (…) o me surge algo mejor, que eso sí ya lo dudo (Javier Carrasco, comunicación personal, 9 de noviembre de 2019).

Algo similar se aprecia en el discurso de Marcos, quien asegura que sería fácil para él trabajar en su área en España pero prefiere seguir fuera por el momento, motivado, en su caso, por la búsqueda de mejores condiciones profesionales. Más allá de estas ventajas materiales, Marcos valora especialmente ciertos incentivos ligados a la movilidad como el estilo de vida:

A nivel de currículum he crecido, creo, más que en España. Hay también más facilidades. En Inglaterra tenía incluso un poquito más de facilidades para investigar: un poquito más de dinero y más de tiempo que aquí. (...) Tú vas ahora mismo a la página de la Sociedad Española de Anatomía Patológica y hay una parte de ofertas de trabajo y hay un montón. Y en algunos de ellos ponen directamente “contrato indefinido”. Eso es lo que busca todo el mundo. Yo no lo busco. (…) Me quiero seguir moviendo (…) supongo que cuando decida ya parar, a lo mejor sí vuelvo a España. Si no he encontrado nada en ningún sitio mejor antes. (…) Al día de hoy, por ejemplo, aquí [en Bruselas] no me veo (Marcos González, comunicación personal, 12 de noviembre de 2019).

De esta manera, se puede observar -entre quienes llegaron a Bruselas en el marco de un proyecto profesional transnacional- que el discurso se ajusta plenamente a un modelo de migración líquida, donde los destinos y los ritmos de la movilidad son flexibles. En este contexto, el retorno a España aparece como una posibilidad indefinida y siempre dependiente del desarrollo futuro de la carrera profesional. En comparación con quienes marcharon a Bruselas sin nada, la relación con España suele ser construida en términos más positivos. Pero, en ambos casos, el discurso no suele estar exento de crítica y escepticismo hacia el futuro del país, lo cual va a determinar, hasta cierto punto, otros tipos de vinculación con el país de origen, a través de la participación política.

Vinculación política y pautas de participación en la sociedad española

En términos generales, puede afirmarse que la crisis política, económica e institucional, cuyo origen se identifica en torno a 2008, ha dejado en ambos perfiles de migrantes un hondo escepticismo y desconfianza. En el discurso de todas las personas entrevistadas, España aparece como poco fiable, donde tanto las posibilidades económicas como el clima político general representan una incógnita permanente y les obligan a ser cautos. En este sentido, no parecen abundar las personas optimistas y expresamente comprometidas con el futuro colectivo de la sociedad española:

Nunca me ha interesado mucho la política. Y entonces no entiendo tampoco. Voy a votar porque prefiero votar que quedarme en casa. Pero no es algo que me motive. Me aburre, de hecho, la política (Laura Recarte, comunicación personal, 7 de noviembre de 2019).

En algunos casos, la decisión de salir de España o de no regresar de momento parte también de un cierto cansancio, aburrimiento o rechazo de la situación política en el país de origen, algo observado entre otros colectivos de jóvenes españoles en Europa (Rubio et al., 2019). Estos discursos se encuentran especialmente entre quienes se sienten expulsados/as de España para buscarse la vida fuera. En estas personas, la crítica a la realidad política del país de origen adopta con frecuencia un tono amargo y conecta directamente con la experiencia migratoria, a la que dota de sentido como respuesta a los problemas de la sociedad española y prueba de sus carencias:

Yo he visto toda la crisis económica, he visto cómo ha ido empeorando el país, y yo el día que dije: “me voy de este país”, fue el día que Rajoy ganó por segunda vez las elecciones. (…) Huir de España, huir de la situación política. Porque me enfado, me enfado mucho. (…) Me daba igual el país (Sofía Varela, comunicación personal, 8 de noviembre de 2019).

Estos razonamientos no solo aparecen en los discursos que los y las migrantes construyen a título particular, también se han hecho explícitos en el movimiento asociativo desarrollado tanto en Bélgica como en otros destinos migratorios que cristalizó en la Marea Granate y se expresa de manera gráfica en el eslogan No nos vamos: nos echan, o demandas como un retorno digno o contra el voto rogado (Schryro, 2020). Se trata de un discurso construido desde la pertenencia en la distancia a la sociedad española, el cual interpela directamente al país de origen exigiéndole responsabilidades para con sus expatriados y un activismo que presenta similitudes y diferencias con las pautas asociativas de las migraciones de la etapa fordista española, al menos en el caso de Bélgica (Ruiz Morales, 2018).

En el segundo perfil descrito, la misma actitud crítica hacia la situación política española se construye de manera diferente. Puede decirse que aquí se reviste de formas desapasionadas, donde prima el distanciamiento emocional y un escepticismo que a menudo aparece como ironía o cinismo. La situación política española es percibida de forma negativa, pero ajena al discurrir del proyecto migratorio:

La verdad es que nunca he sido muy activista: ni en Inglaterra, ni aquí, ni en España. (…) Tampoco participo en las elecciones. Creo que todavía sigo inscrito en el consulado de Londres (Marcos González, comunicación personal, 12 de noviembre de 2019).

No sé, la perspectiva al día de hoy, sobre todo, viendo cómo está la situación política en España, me costaría mucho volver a España (Javier Carrasco, comunicación personal, 9 de noviembre de 2019).

En cuanto a los niveles de participación activa, la casuística dentro de estos dos perfiles es muy diversa y tiende a resultar coherente con la trayectoria de cada persona. En el caso de Sofía, la misma sensación que le impulsó a huir de España corresponde con un desencanto hacia las posibilidades de participar políticamente. Después de haberse involucrado activamente tanto en el movimiento 15-M como en Podemos, asegura haber perdido la esperanza en lograr mejorar las cosas:

La verdad es que estaba muy decepcionada con la participación en España. Siempre me daba la sensación de que no valía para nada. En el sentido de que participé también en las manifestaciones contra el Plan Bolonia, nos encerramos en las universidades, sacaron el Plan Bolonia: nada. Participamos en las manifestaciones contra el CIE de Zapadores: pues el sitio sigue. Las manifestaciones contra Camps en Valencia fueron impresionantes, y contra Rita (…) no pasó nada. 15-M: pues la situación ha ido a peor en la política. Ha salido Rajoy, que es un corrupto: no pasa nada. (…) Ahora viene VOX, nacionalsocialismo en España: perfecto (Sofía Varela, comunicación personal, 8 de noviembre de 2019).

En su caso, el descenso en el nivel de participación parece paralelo a la frustración de sus proyectos profesionales en España y su decisión de empezar de nuevo en Bruselas. La tendencia inversa se aprecia en aquellos/as que, sin haber tenido actividad militante en España, comienzan a desarrollarla en Bruselas, como Teresa, que preside una asociación de investigadores españoles en Bélgica. La actividad que desarrolla desde esta organización, que ella considera política, tiene que ver con las demandas profesionales de los asociados, pero también con el deseo de influir en la política científica española:

Con la asociación hacemos cosas en colaboración con la Embajada de España en Bélgica. Especialmente con la Consejería de Cultura y Ciencia. (…) Nos da mucha financiación también para hacer eventos. (…) Estamos empezando a hacer más reuniones en España. (…) Hace poco, el 1 de octubre, estuvimos con el presidente (…) con el Ministro de Ciencia: Pedro Duque. Y también nos recibió la Casa Real. O sea, poco a poco estamos teniendo como más visibilidad. (…) Pues eso, influir en el sistema de I+D español. (…) Somos apartidistas, no apolíticos. (…) Pero sí que intentamos tener una influencia, una colaboración política, digamos, pero con España, con Bélgica nunca hemos hecho nada (Teresa Pedregal, comunicación personal, 11 de noviembre de 2019).

En el ejemplo de Teresa, el activismo acompaña a la consolidación de su carrera profesional y adopta las mismas características transnacionales de su proyecto laboral. Por su parte, María, que convive con su pareja belga y trabaja de manera intermitente, como hacía en España, mantiene en Bélgica la cooperación discontinua con las ONG que ya practicaba antes de migrar. Pero ahora se concreta en una asociación local de mujeres víctimas de maltrato, con la que entró en contacto por amistades en Bruselas. Lo que estos casos parecen apuntar, más allá de una desafección hacia las formas tradicionales de militancia política, es una fuerte coherencia entre los modos de participación y la evolución general del proyecto migratorio, de modo tal que la participación política de ambas se concreta en cuestiones relacionadas con sus perfiles personales y acotadas al alcance de sus propias redes.

Por lo demás, los niveles de participación encontrados también pueden guardar relación con el hecho de ser relativamente corta la presencia de las personas entrevistadas en Bruselas. Algunos, como Javier, prevén que su implicación personal se active cuando conozcan más gente y se sientan más integrados a nivel local. Es posible que la disposición en Bruselas de plenos derechos y deberes les abra un escenario de posibilidades que incluya no solo el acceso al mercado laboral y servicios sociales, sino también la participación política y social, especialmente a nivel local, convirtiéndose así en un colectivo meta para las políticas tanto transnacionales como locales. Sin embargo, puede que estos futuros patrones sigan presentando una dualidad, en cuanto a niveles de estabilidad e inserción, así como respecto a posibles futuras movilidades (de retorno o no), lo que podría conllevar así mismo formas dispares de pensar e involucrarse políticamente.

Conclusiones

La nueva migración de personas españolas a Bruselas tiene un origen profundamente vinculado a la crisis de 2008 y su impacto en el mercado laboral. Ahora bien, dentro de esta corriente migratoria se constata una pluralidad de perfiles que conectan con trayectorias diversas y reflejan formas distintas de afrontar el proyecto migratorio. Los datos presentados permiten inferir la existencia de dos grandes perfiles que, sin ser los únicos, estructuran dos formas de movilidad claramente diferenciadas.

De un lado, Bruselas acoge a personas que vieron frustradas sus expectativas profesionales en España y decidieron viajar al extranjero para iniciar nuevos proyectos, aún con pocas garantías y escasa planificación. Estos/as migrantes llegaron a la capital belga sin trabajo, o bien, aceptando empleos precarios por debajo de su cualificación laboral. En su discurso, la crisis de 2008 ocupa un lugar central como factor detonante de una salida al exterior que se vive en los términos de una huida: como una disrupción que obliga a romper con la experiencia desarrollada en España. Para ellos, la migración implica un coste personal importante, y que, especialmente, durante la primera etapa, exige un desembolso de recursos cuya recuperación es incierta. En su incorporación a la ciudad, las redes de connacionales juegan un papel fundamental, incluyendo a familiares que prestan recursos, amigos que migran juntos y redes de migrantes españoles que ayudan a buscar empleo y vivienda. No obstante, la oferta laboral de una ciudad global como Bruselas parece acoger a esta población en condiciones relativamente ventajosas en comparación con lo que dejan en España.

Paralelamente, la nueva importancia de Bruselas como centro global de negocios y capital administrativa y política de la UE hace de esta ciudad un nodo estratégico en la absorción de trabajo altamente especializado. En este ámbito, se encuentra un segundo perfil de españoles migrantes que llegan a Bruselas para desempeñar buenos puestos de trabajo conseguidos de antemano. La incorporación de estas personas a la ciudad se ve facilitada por el hecho de no tener que buscar empleo, pero también por unas condiciones materiales que facilitan la búsqueda de vivienda y otras necesidades durante la primera fase de inserción. Para estos casos, la movilidad representa un negocio ventajoso desde el primer momento y en el que no experimentan gran dependencia de redes de apoyo, por lo que sus relaciones con otros/as migrantes españoles se circunscriben a la sociabilidad. La dualidad propia de la ciudad global (Sassen, 2007) -y en especial de Bruselas- parece reflejarse así en la existencia paralela de estos dos perfiles migratorios claramente diferentes.

En comparación con las corrientes migratorias del fordismo, ambos perfiles consideran encajar en un patrón común de movilidad constante e incierta (Engbersen, 2012). Los discursos de los dos perfiles reflejan una notable incertidumbre sobre cuestiones como su futuro en Bruselas, el retorno a España o la movilidad a un tercer país. Sin embargo, la forma en que esto se concreta es desigual. Por un lado, quienes llegaron a Bruselas para empezar de cero esperan recuperar la inversión realizada, y en todo caso desean mejorar su situación personal para volver con garantías al país del que salieron sin querer. Por otro, quienes se trasladaron a Bruselas para ocupar un puesto de trabajo de alta cualificación priorizan el desarrollo de su proyecto laboral y supeditan cualquier cambio futuro en su movilidad a lo más conveniente a sus intereses profesionales.

En todo caso, la incertidumbre que se aprecia en los testimonios analizados conecta -en gran medida- con la crisis de 2008 y sus efectos. Igualmente, la crisis parece condicionar fuertemente sus modos de participación política, donde se observa un recelo evidente hacia las formas tradicionales de militancia, un escepticismo profundo hacia el futuro político del país de origen y un desarraigo todavía respecto a la política local debido al poco tiempo residiendo en la ciudad.

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1 En el mismo orden, estos términos hacen referencia a nacionales extracomunitarios y apátridas migrando de un país de la UE a otro, a la coexistencia de refugiados y otros migrantes dentro de algunos flujos y a la movilidad intraeuropea de nacionales comunitarios que buscan residir en países con sistemas de bienestar más generosos.

2 Estas cifras no incluyen a las personas de origen español que adquieren nacionalidad belga, las cuales sumaban 13 609 en 2015 (Myria-Centre Fédéral Migration, 2020).

1 Along the same line, these terms refer to non-EU nationals and stateless persons migrating from one EU country to another, to the coexistence of refugees and other migrants within some flows, and to the intra- EU mobility of EU nationals seeking to reside in countries with more generous welfare systems.

2 These figures do not account for persons of Spanish origin acquiring Belgian nationality, which totaled 13 609 in 2015 (Myria-Centre Fédéral Migration, 2020).

3 Translated from slogan in Spanish “No nos vamos: nos echan.”

Recibido: 24 de Noviembre de 2021; Aprobado: 07 de Marzo de 2022

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