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Migraciones internacionales

Print version ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.5 n.2 Tijuana Jul./Dec. 2009

 

Reseñas bibliográficas

 

Transborder Lives: Indigenous Oaxacans in Mexico, California, and Oregon

 

James Restrepo*

 

Lynn Stephen, 2a. ed., Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos de América, Duke University Press, 2007

 

* University of Western Ontario

 

La integración económica a escala mundial no sólo ha afectado a comunidades rurales e indígenas en apartados lugares de la vida nacional, sino que las ha sumergido en un torrente de cambios estructurales, culturales y sociales que, a duras penas, son asimilados en estas comunidades. Transborder Lives: Indigenous Oaxacans in México, California, and Oregon, de Lynn Stephen, es una ventana a estos cambios y pone al descubierto aspectos del espectro migratorio de estas comunidades indígenas que se concentran en su influencia sobre las prácticas culturales, sociales y económicas, tanto en las comunidades originarias de México como en sus diásporas en Estados Unidos.

Por medio de su novedoso método de la "investigación etnográfica colaboracionista y activista" (p. 321), Stephen identifica, entre otros, los cambios de valores y costumbres que vienen acompañados con el desarrollo del capitalismo en estas regiones y el incremento de la migración transfronteriza. El argumento principal del libro se centra precisamente sobre este aspecto, al señalar que las vidas de los inmigrantes en estas comunidades no son específicamente trasnacionales –es decir, aquellas que se encuentran divididas por una línea fronteriza geográfico–política propia de la idea de la nación–Estado surgida en la Europa del siglo XVII–, sino que son primordialmente transfronterizas, puesto que la línea que atraviesan entre México y Estados Unidos representa fronteras culturales, raciales, económicas e históricas (p. 6).

El libro denuncia un fenómeno recurrente, producto de esta dinámica migratoria: la persistente fuga cultural, que afecta directa y severamente las prácticas culturales y sociales en estas comunidades. La falta de oportunidades económicas, la creciente dificultad para laborar la tierra, y las constantes crisis institucionales, entre otros, se han constituido en factores de presión que incentivan la emigración de miembros de la comunidad hacia otras regiones del país y hacia Estados Unidos. Las experiencias personales de varios de los integrantes de la comunidad son personificadas en historias que dan testimonio de la despoblación que han venido enfrentando las comunidades de origen, especialmente por la emigración de jóvenes y personas con experiencia y sabiduría, quienes constituían importantes pilares en el interior de sus comunidades. Este fenómeno, que se asocia paralelamente al de fuga de cerebros, el cual se presenta en la mayoría de los países latinoamericanos, se ha incrementado hasta el punto de dislocar sus estructuras de gobernabilidad y de reinventar su imaginario cultural y social con elementos extranjeros producto de las experiencias migratorias.

El libro también nos muestra aspectos sociales tales como la disrupción familiar a causa de la emigración. Esta disrupción se ve exacerbada por las condiciones de subordinación, explotación y vulnerabilidad a que están sujetos aquellos que emigran, dada su condición de fuerza migratoria irregular que pasa a engrosar la oferta de mano de obra barata en los campos de sembrado de California y Oregon. Sin embargo, Stephen resalta el poder de organización que tienen estas comunidades al establecer redes de inmigrantes que proveen asistencia a los recién llegados de sus lugares de origen por medio de importantes entidades que mantienen no sólo la cohesión social originaria en los lugares de destino, sino que promueven y continúan desarrollando su imaginario étnico–cultural.

Sin embargo, estas construcciones transfronterizas se caracterizan por los diversos modos de exclusión que explora el libro. Aspectos tales como la marginación, la sumisión y la explotación laboral hacen repensar los actuales discursos antimigratorios que pululan en Estados Unidos y que consideran al inmigrante "ilegal" como un gasto excesivo para las administraciones locales, estatales y federal. Así, se pretende extender una cortina de humo que tiene por finalidad ocultar los beneficios económicos que reciben no sólo estas administraciones públicas sino también la población en general. Es esa jerarquización de la sociedad en ciudadanos e "ilegales" la que pone a los primeros como beneficiarios, y a los últimos los vuelve invisibles y les niega su identidad.

Esta transfronterización de las diferencias es también mostrada por Stephen al poner al descubierto la reproducción de esas diferencias en los hijos de los inmigrantes y varios de los inmigrantes mismos en el ambiente sajón. La represión cultural encuentra ejemplificación en las prohibiciones de tipo lingüístico que son impuestas, implícita o explícitamente, a varios indígenas inmigrantes en Estados Unidos, en sitios de trabajo y hasta en las escuelas de educación primaria y secundaria. Ante tales desafíos de tipo cultural, ¿cómo tratar temas de preservación de la cultura, la identidad, las costumbres y hasta la mexicanidad en las comunidades indígenas oaxaqueñas inmigrantes? Son éstos los costos sociales que Stephen rescata y transfiere al libro, en un intento por mostrar la otra cara de la integración económica, tan en boga ahora con la globalización y la regionalización de los mercados.

Las medidas de reajuste estructural introducidas en México en los años ochenta y noventa produjeron grandes impactos en sus estructuras sociales, políticas y económicas. La creciente liberalización de los mercados encontró en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte su sustento legal que le permitió expandir su influencia en las comunidades más apartadas no sólo de México sino de todos los países latinoamericanos. Sin embargo, los supuestos beneficios de esa expansión entran en conflicto con los cambios de población y el fenómeno migratorio transfronterizo entre México y Estados Unidos. Estas medidas comerciales pretendieron irradiar una estabilidad económica basada en la ventaja competitiva que representaba México en materia agrícola; sin embargo, como se evidencia en el trabajo de Stephen, estas medidas probaron ser de tipo artificial, puesto que el maíz importado de Estados Unidos arrasó prácticamente con el sustento de las comunidades indígenas oaxaqueñas en particular, y centroamericanas en general. Afectados económicamente en sus propias tierras, los indígenas han tenido que recurrir a modelos alternativos para el sustento económico, en especial la emigración, cuya dinámica disloca sus estructuras socioeconómicas y los sumerge en nuevos conflictos, ausentes hasta ahora en sus comunidades, tales como las disputas por la tierra y las amenazas a las tierras comunales o ejidos.

Otra faceta de la obra de Stephen es su reseña de la división del trabajo tanto en las granjas agrícolas en territorio estadounidense como en las maquiladoras ubicadas en la parte mexicana a lo largo de la frontera con Estados Unidos. En ese apartado se constata cómo los indígenas oaxaqueños, que son desplazados de sus tierras por factores de diversa índole, conforman el engranaje fundamental de las empresas multinacionales, que se benefician de la precariedad del campo y de la alienación de las tierras a los indígenas, lo que se traduce en cambios indelebles en su cultura y principios.

Por último, la autora hace un llamado a sus colegas en la antropología para producir resultados que sean no solamente útiles a aquéllos con quienes trabajan, sino también interesantes para la gran comunidad académica y, de este modo, continuar influyendo en los procesos de formulación de políticas y en la opinión pública en general (p. 325). Sobre la base de entender y recrear la vivencia de lo que se investiga, el método etnográfico de Stephen representa una novedosa y necesaria herramienta para la investigación no sólo de tipo antropológico sino de otras ciencias y disciplinas, y permite objetar lo unidimensional y acoger lo interdisciplinario.

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