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Migraciones internacionales

Print version ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.5 n.2 Tijuana Jul./Dec. 2009

 

Artículos

 

La emergencia de la migración internacional en la periferia empobrecida de la ciudad de México: Valle de Chalco–Solidaridad, Estado de México

 

Cristóbal Mendoza Pérez*

 

* Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa

 

Fecha de recepción: 20 de octubre de 2008
Fecha de aceptación: 23 de enero de 2009

 

Resumen

Este artículo estudia la migración a Estados Unidos de los residentes en Valle de Chalco–Solidaridad, Estado de México. Aquí se presentan datos de una encuesta representativa de hogares levantada en este municipio en abril y mayo de 2007. Estos datos cuantitativos se complementan con información procedente de entrevistas a profundidad con jefes de hogares, a quienes se seleccionó a partir del trabajo de encuesta. Teóricamente, el artículo se basa en la literatura sociodemográfica que ha apuntado un cambio de perfil migratorio a Estados Unidos. En este nuevo perfil se subraya, entre otros, el carácter cada vez más urbano de la emigración mexicana, la incorporación de la mujer a los flujos migratorios y el mayor nivel educativo de los migrantes. Entre los resultados, resalta la gran incidencia de la migración internacional en los hogares chalquenses, una elevada tasa de retorno y una dispersión notable de destinos en Estados Unidos, lo cual se relaciona con la pobreza y la alta precariedad laboral que sufren estos migrantes, tanto en México como en ese país.

Palabras clave: migración urbana, migración México–Estados Unidos, sociodemografía, pobreza, Estado de México.

 

Abstract

The article focuses on international migration patterns for people going from Valle de Chalco–Solidaridad, in the state of México, to the United States. We present information from a representative sample of households in that municipality, surveyed in April and May 2007. These quantitative data are complemented with information from in–depth interviews with heads of households, who were selected based on the survey. The article is anchored in the theories found in the sociodemographic literature on México–U.S. migration, which indicate a change in that migratory profile. Features of the new profile include more emigration from urban localities, incorporation of women into the migratory outfows, and migrants' higher levels of education. The results underscore the high levels of international migration for Chalco households, a high rate of return, and a notable dispersion in the U.S. destination communities, which is related to migrants' poverty and high levels of job insecurity in both countries.

Keywords: urban migration, Mexico–U.S. Migration, sociodemography, poverty, Estado de México.

 

Introducción

El municipio de Valle de Chalco–Solidaridad es un punto de observación fascinante para estudiar las diferentes corrientes migratorias que se están dando en México a principios del siglo XXI.1 Este municipio participa de los procesos de suburbanización y periurbanización de la ciudad de México, lo que ha implicado no sólo una ampliación de la zona urbana, sino la reconfiguración del espacio agrícola periurbano en el oriente de la ciudad, en lo que se ha calificado como periferia expandida (Aguilar, 2002).2 Además, Valle de Chalco–Solidaridad se ha incorporado de manera reciente a la migración hacia Estados Unidos, al igual que una buena parte de la periferia de la zona metropolitana de la ciudad de México (en lo sucesivo, ZMCM) y un gran número de las ciudades medias y gran des del país.

En el municipio coexisten un proceso de desconcentración de la periferia de la ZMCM, un patrón clásico de migración rural–urbano que persiste –aunque sin el peso que tuvo en otras épocas– y un flujo de migración internacional a Estados Unidos. Por supuesto, estos procesos migratorios no están totalmente desconectados entre sí, de manera que en los hogares se encuentran presentes diferentes trayectorias migratorias que quizá configuren espacios transnacionales que unen a áreas rurales o ciudades pequeñas del interior del país con Estados Unidos a través de la periferia de la ZMCM, tal como sugiere Rivera–Sánchez (2007) para los emigrantes de la mixteca poblana, o López y Runsten (2004), para el caso de los migrantes oaxaqueños en California.

El municipio de Valle de Chalco–Solidaridad se creó en 1994, al deslindarse de Chalco, y está ubicado al este de la ZMCM, en el Estado de México (véase el mapa 1). Este municipio se encuentra bien comunicado con el Distrito Federal a través de la autopista México–Puebla (un colorido cartel, en la confluencia de la calle Cuauhtémoc –una de sus calles principales– con esa carretera, avisa de la entrada a este municipio. El paisaje de Valle de Chalco–Solidaridad es monótono, constituido por casas de una o dos plantas, de concreto, muchas de las cuales están sin enyesar. Los fierros en la parte superior de las viviendas indican que están inacabadas (en muchos casos, se espera continuar la construcción en el contexto de la zona metropolitana de la ciudad de México para que puedan vivir los hijos. Como se pudo comprobar durante el trabajo de campo, muchas calles están sin asfaltar, el tráfico es pesado y el transporte público circula por carreteras angostas y llenas de baches. Los perros callejeros completan un paisaje urbano que, por otro lado, es característico de gran parte de la periferia de la ZMCM. En Valle de Chalco acaba la ciudad, la mancha urbana, y todavía se puede observar ganado paciendo en aguas de calidad más que discutible (de hecho, el canal de la Compañía, de aguas negras, discurre por este municipio y en algunas ocasiones causa inundaciones).

En ausencia de trabajos sobre migración internacional desde la ciudad de México, este artículo estudia la migración de los habitantes de este "lugar en construcción" (Hiernaux, lindón y Noyola, 2000) a Estados Unidos. Teóricamente, se enmarca en la literatura sociodemográfica que ha apuntado un cambio de perfil migratorio a Estados Unidos. Entre otros aspectos, esta literatura subraya el carácter cada vez más urbano de la emigración mexicana, la incorporación de la mujer a los flujos migratorios y el mayor nivel educativo de los migrantes (por ejemplo, Cornelius, 1992; Bustamante, 1994; Marcelli y Cornelius, 2001; Lozano, 2002), aunque algunos autores apunten que se han exagerado estos cambios (por ejemplo, Durand, Massey y Zenteno, 2001).

 

La migración a Estados Unidos desde las ciudades mexicanas: Un patrón en consolidación

El flujo migratorio de mexicanos a Estados Unidos, según todas las estimativas demográficas, no ha dejado de aumentar de forma constante desde los ochenta (Cornelius, 1992; Corona, 2002; Zúñiga, Leite y Nava, 2004). Los últimos datos disponibles sitúan el flujo anual entre 324 000 y 440 000 emigrantes mexicanos en el período 2000–2005 (Hill y Wong, 2005), de tal suerte que, en el año 2006, según estimaciones del U.S. Census Bureau (2008a), la población de origen mexicano en Estados Unidos era de 28.3 millones, nueve por ciento del total de la población residente en ese país, y 64 por ciento de la población hispana. De acuerdo con esa misma fuente, en el año 2007, la población migrante nacida en México sumaba 12 millones, en tanto que 31 por ciento de los nacidos en el extranjero y el número de personas que hablaban español ascendía a 35 millones, lo que representa 12.3 por ciento del total de las personas de cinco años o más en Estados Unidos (U.S. Census Bureau, 2008b). En este aumento del número de migrantes inciden dos factores geográficos: el primero, la ampliación de la migración internacional desde los estados del occidente –que tradicionalmente habían sido los emisores principales– a todo el país (en el año 2000, de los municipios mexicanos, 96.2 por ciento contaban con emigrantes en Estados Unidos –Zúñiga, Leite y Nava, 2004–); y el segundo, la incorporación de las ciudades al flujo migratorio internacional (Cornelius, 1992; Bustamante, 1994; Marcelli y Cornelius, 2001).

Con respecto a este último punto, son varios los autores que han subrayado un cambio de perfil de la migración mexicana. Marcelli y Cornelius (2001), por ejemplo, a partir de diversas fuentes de información afirman que, además de una mayor dispersión geográfica de los migrantes mexicanos –incluyendo en esta dispersión un porcentaje más alto de migrantes urbanos–, éstos tienen mayores niveles de escolaridad y manifiestan una probabilidad más alta de permanecer de forma permanente en Estados Unidos. Por su parte, Lozano (2002), tomando datos de la Encuesta nacional de la dinámica demográfica (Enadid) de 1997, apunta que los migrantes residentes en localidades mayores de 20 000 habitantes constituían la mitad del flujo migratorio hacia el país vecino en el período 1992–1997.

Cabe mencionar que si bien está documentada la expansión de la migración internacional de mexicanos desde las ciudades, se conocen poco las características de este "nuevo" flujo migratorio o los impactos de esta migración en los núcleos urbanos. Por ejemplo, no se sabe si los motivos de los migrantes urbanos difieren o no de las razones que impulsaron a los habitantes de las zonas rurales a emigrar. No obstante lo anterior, se apuntan como razones específicamente urbanas para la expansión de la emigración internacional: la reestructuración e informalización de los mercados de trabajo urbanos (García y De Oliveira, 2001), así como el deterioro de las condiciones de vida de las clases medias y bajas de las ciudades del país, particularmente visibles a partir de la consolidación de un modelo neoliberal auspiciado por la entrada en vigor del Tratado de libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 (Canales, 2002; Delgado–Wise y Márquez Covarrubias, 2007).

 

Metodología del estudio: Encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad (Estado de México)

Con la intención de conocer más extensamente las características de los procesos migratorios en la ciudad de México, se levantó la encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad (Estado de México) en abril y mayo de 2007. Esta es una encuesta de hogares representativa para la totalidad del municipio de Valle de Chalco–Solidaridad, y sus objetivos se centraron, por un lado, en estudiar las trayectorias migratorias y laborales de los residentes en ese municipio y, por otro, en explorar la relevancia del lugar para entender los procesos migratorios y las trayectorias laborales de sus habitantes. El presente artículo se enfoca en el primer aspecto de los dos mencionados con anterioridad, y en particular, en los flujos migratorios internacionales.

El tamaño de la muestra, que fue de 759 hogares, se fijó a partir de un intervalo de confianza de 95 por ciento (2 σ), bajo el supuesto de máxima incertidumbre (P = Q = 50), y contempla un error de 3.6 por ciento. La técnica de muestreo fue probabilística y los hogares se escogieron de forma aleatoria a partir de la cartografía detallada del INEGI (2007) para este municipio, por áreas geoestadísticas básicas (AGEB) y manzana, que constituyó el marco muestral. El trabajo de campo se realizó durante abril y mayo de 2007; la validación de la información, en junio y julio; y la codificación de la encuesta se llevó a cabo entre septiembre y diciembre del mismo año.

El cuestionario, además de contar con preguntas sobre las características sociodemográficas de los miembros del hogar, y de la trayectoria migratoria y laboral del jefe de familia y su cónyuge, incluía preguntas sobre las implicaciones personales, así como sobre opiniones del encuestado con referencia a los diferentes lugares que eventualmente conformarían un espacio transnacional (lugar de origen, Valle de Chalco–Solidaridad y Estados Unidos). Concretamente, se pedía escoger entre diferentes enunciados, ordenarlos de acuerdo con su carga afectiva y emocional, así como elegir tres adjetivos que definieran la opinión del encuestado con respecto a los diferentes lugares.3 Para completar la información de los cuestionarios, se realizaron entrevistas semiestructuradas, con guión, a 15 jefes de hogar de viviendas que previamente habían sido encuestadas. La selección se hizo a partir de varios indicadores, como la estructura del hogar, la edad y el sexo del encuestado, y los patrones de migración, movilidad y circularidad de los miembros del hogar (véase el cuadro 1).

Cabe mencionar que los datos sobre la migración internacional procedente de la ciudad de México, o sobre los procesos de movilidad o circularidad de los migrantes urbanos, son escasos, por lo que este artículo aporta información sobre un fenómeno que requiere todavía de mucho estudio. En este trabajo, a partir de la encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad (Estado de México), analizaremos primero los patrones de migración y movilidad de los habitantes de este municipio hacia Estados Unidos y, particularmente, se abordará la dimensión temporal (frecuencia, periodicidad y estacionalidad) de estos patrones. En segundo lugar se observará el perfil del migrante internacional desde la periferia de la ciudad de México, con la intención de contrastar esa información con la obtenida en otras encuestas y con el supuesto cambio en el perfil de la migración hacia Estados Unidos. Posteriormente, se analizarán las rutas migratorias y se abordará la inserción laboral de estos migrantes en Estados Unidos. La idea de fondo que se pretende demostrar es que los patrones de migración y movilidad y, eventualmente, la circularidad, están fuertemente determinados no sólo por las condiciones de salida (por ejemplo, las condiciones de pobreza o de pobreza relativa), sino también por las de llegada y la incorporación en los mercados laborales secundarios de Estados Unidos, caracterizados por una alta precariedad y bajos salarios (Cornelius, 1998; Herrera lima, 2005; Zlolniski, 2006; Levine, 2007, entre otros).

 

Migración, movilidad y circularidad migratoria de los hogares de Valle de Chalco

El municipio de Valle de Chalco–Solidaridad experimentó un gran crecimiento demográfico en los noventa (véase el cuadro 2). Concretamente, en el período 1990–1995, su tasa de crecimiento anual superó cinco por ciento, solamente comparable al de algunas ciudades fronterizas del norte del país. A partir de 1995, el ritmo de crecimiento ha disminuido sustancialmente, llegando a ser casi inapreciable en el quinquenio 2000–2005 (véase el cuadro 2). De acuerdo con el Conteo de población y vivienda 2005, en ese año la población del municipio era de 332 279 habitantes.4

El crecimiento de Valle de Chalco–Solidaridad se ha debido, en parte, a la expansión (caótica) de la ZMCM, por lo que no sorprende que sólo los miembros más jóvenes de los hogares hayan nacido en el municipio. Sin embargo, sorprende, por su intensidad, el hecho de que la encuesta apunte a que la mayoría de los residentes encuestados son originarios de la ZMCM. De manera específica, del total de 759 encuestados, una tercera parte (33.9 %) proceden del Distrito Federal, particularmente de la delegación Iztapalapa, y 18.7 por ciento, del Estado de México, en su mayoría de Nezahualcóyotl. Por orden de importancia, el resto de estados de origen de los encuestados son Oaxaca (11.2), Puebla (7.9), Veracruz (3.6) e Hidalgo (3.3 %).5

A conclusiones similares llegó una encuesta representativa de hogares levantada en 1990, que apuntaba que prácticamente 90 por ciento de los habitantes de Valle de Chalco tenían su residencia anterior en la ZMCM (13 por ciento de la delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal, y 37 por ciento en el municipio de Nezahualcóyotl, ubicado en el Estado de México –Hiernaux, 1995–). Los motivos esenciales para la migración a Valle de Chalco eran: que la anterior vivienda era de alquiler o prestada; el interés en tener casa propia y, marginalmente, el deseo de constituir una familia o querer vivir solo. Como se observa, estas explicaciones están relacionadas con la tenencia de la vivienda y la situación familiar de los encuestados (Hiernaux, 1995).6

En relación con lo anterior, un elemento no menor a la hora de entender el crecimiento de las periferias de las grandes ciudades mexicanas – y en concreto, de Valle de Chalco–Solidaridad– son los procesos asociados a las características del mercado de la vivienda en México. Como afirma olivera (2004), los pobres de las ciudades han sido empujados progresivamente hacia la periferia, ya que encontraron viviendas más baratas en el marco de fraccionamientos ilegales sobre terrenos de propiedad ejidal.7 Aunque es ilegal, este método de desarrollo urbano se institucionalizó (Azuela, 1989; Iracheta, 2003) hasta el punto que, para los pobres, la ilegalidad constituye la forma más "racional" de apropiación del espacio urbano (Hiernaux y lindón, 1997). Como pone de manifiesto Varley (2002), los procesos de legalización emprendidos por las diferentes instancias públicas en México significan un reconocimiento público para este colectivo de bajos recursos, no sólo de construir una casa, sino de formar un hogar.

En cuanto a la migración internacional, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Población (Conapo), el municipio cuenta con un grado de intensidad migratorio bajo en el año 2000, patrón que se repite en el resto de los municipios del Estado de México que conforman la ZMCM (Consejo Nacional de Población, 2002). De los 71 543 hogares del municipio, el Conapo estimaba que 3.7 por ciento contaban con migrantes en Estados Unidos, 2.5 por ciento recibían remesas, 0.5 tenían migrantes circulares, y un escaso 0.2 por ciento recibían migrantes de retorno (Consejo Nacional de Población, 2002). Los datos de nuestra encuesta, por el contrario, apuntan a una mayor incidencia de la migración a Estados Unidos en los hogares y a una mayor importancia del retorno. Específicamente, de 759 hogares, 146 contaban con algún miembro que emigró o había emigrado a Estados Unidos, lo cual constituye 19.2 por ciento del total de viviendas encuestadas; esta cifra se reduce a ocho por ciento si sólo se toman en cuenta aquéllos hogares con miembros que todavía residen en Estados Unidos. Por otra parte, si en vez de los hogares consideramos a sus miembros encuestados, el número de migrantes asciende a 203, cifra que constituye 5.8 por ciento del total, aunque este porcentaje disminuye a 3.2 por ciento si sólo tomamos en cuenta a los migrantes que todavía están en Estados Unidos. El índice de retorno, calculado respecto a las 203 personas con experiencia migratoria internacional, fue de alrededor de 40 por ciento (un total de 89 habían regresado). Por último, la media de migrantes por hogar es de 1.4.

Estos datos sugieren que suele ser sólo una persona o, en todo caso, dos (jefe de familia y un dependiente, esposa o hijo mayor), las que emigran, no tratándose, por tanto, de migraciones de familias o grupos. Además, la mayoría de las personas (70.3 %) han realizado un único viaje, y éste fue en mayor medida en el período 2000–2007. De manera específica, más de la mitad del total de los 203 migrantes de nuestra encuesta realizaron su primer viaje en ese período (véase el cuadro 3).

Al hacer una lectura de conjunto, podemos ver que Valle de Chalco–Solidaridad es un municipio que se ha integrado de manera reciente, pero con fuerza, a la migración internacional, lo cual se ve reflejado en una alta intensidad migratoria, medida a partir del número de hogares con migrantes, poca circularidad y un retorno de 40 por ciento, datos que se podrían entender en el contexto de consolidación de los flujos migratorios internacionales.

Aunque ésta sea la tendencia dominante que refleja la encuesta, un número menor, pero significativo, de alrededor de 30 por ciento, ha realizado más de un viaje y, aproximadamente, cinco por ciento ha emprendido más de cinco. Tal es el caso de Noé, quien ha efectuado siete viajes, los dos primeros al área de los Ángeles, y el resto a Ohio (véase el cuadro 1). En entrevista, Noé comentaba que debido a que el trabajo de compraventa de ropa que tenía en su garaje no funcionaba bien, tenía contemplado regresar a Estados Unidos, en esta ocasión a Atlanta, donde viven algunos conocidos de él. El motivo del último regreso a México fue la familia. En sus propias palabras:

Yo aquí no la veo, yo había puesto […] quería poner un negocito de ropa. Lo puse, pero no pega, mire, y ¡ay! y ahorita salgo el día 9 de abril [para Atlanta]. [El negocio] saca, lo que se vendió en el día, es para el día de la casa y ya; es todo. Gastos, gastos de todos, y ahorita como mi esposa trabaja en la costura ella, y vendíamos aquí, en el tianguis, y este... y yo me doy cuenta de los gastos que hay.

¿Realmente le gusta Estados Unidos?

Sí, mucho.

¿Qué es lo que le gusta de vivir allá: la forma de vivir, que hay trabajo?

Que tengo para todo; no tengo preocupaciones de dinero […] que el dinero es muy necesario para todo, para todo, digo. Mi familia aquí está feliz, viven bien, porque tienen, yo les estoy mandando y yo estoy bien allá porque ando bien, ando cómodo. Aquí no puedo comprar un carro y allá lo tengo en un ratito (Noé, Buena Vista, Michoacán, 44 años).

Este entrevistado apunta una información relevante que se irá desarrollando a lo largo del artículo: el trabajo en México no garantiza "vivir bien", y la posibilidad de emigrar es una oportunidad en situaciones de crisis, en un contexto de alta precariedad laboral y penuria económica familiar. En este sentido, quizá cabría recordar los datos sobre pobreza de la ZMCM. Según cifras de Boltvinik (citado en Parnreiter, 2002), casi 11 millones de personas (61 %) de la población de la ZMCM vivían en condiciones de pobreza en el año 2000, lo cual representaba un incremento absoluto de 3.5 millones con respecto a 1984. Además, el número de pobres extremos, según esta misma fuente, ascendía a más de siete millones de personas en ese año, mientras que en 1984 era apenas de 2.7 millones (Parnreiter, 2002).

Con respecto al mercado laboral, Hiernaux (1999), por su parte, calculó que un tercio de los empleos en los barrios periféricos del este de la ciudad de México, y donde se encuentra Valle de Chalco–Solidaridad, son asalariados, de baja remuneración, inestables y poco calificados. Sin salario, seguridad social y prestaciones debido a la falta de trabajo fijo o al desempleo, la población pobre de las periferias se encuentra cada vez más aislada (Hiernaux, 1999). En el caso concreto de Valle de Chalco–Solidaridad, Escobar et al. (2006) apuntan, además, que en este municipio no existen industrias ni servicios, de modo que la mayoría de los residentes tienen que desplazarse al Distrito Federal o a otros puntos del área metropolitana para trabajar, y que la duración del viaje oscila entre una y dos horas. Esta falta de puestos de trabajo plantea que muchos jóvenes de este municipio vean en la migración internacional una oportunidad de futuro, a pesar de las dificultades para cruzar la frontera de forma ilegal (Escobar et al., 2006). Como reflexión última, no parece que las razones para emigrar en las ciudades (pobreza absoluta y relativa, y precariedad laboral) difieran de lo observado en la literatura sobre emigración en el campo mexicano.

 

Los sujetos demográficos: ¿nuevos sujetos, nuevos patrones?

La encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad (Estado de México) apunta, de forma clara, que la migración internacional está protagonizada por varones. El porcentaje de hombres asciende a más de 85.4 por ciento de los migrantes de retorno (véase el cuadro 4), aunque este valor disminuye a 77.2 por ciento si tomamos en cuenta el conjunto de los migrantes de la muestra, y se reduce a 70.8 por ciento si sólo consideramos a los migrantes que permanecen en Estados Unidos.8 Por otra parte, el bajo porcentaje de mujeres migrantes coincide con el arrojado por otras encuestas, como la Encuesta nacional de la dinámica demográfica de los años 1992 y 1997, o la Encuesta sobre migración en la frontera norte de México (Emif Norte), que en el nivel nacional calculan que el flujo migratorio de mujeres a Estados Unidos se sitúa entre 25 y 30 por ciento (Mendoza, 2004). Más interesante quizá es la diferencia de 15 puntos entre la proporción de mujeres en el flujo de retorno y la de aquellas que permanecen en Estados Unidos, dato que podría apuntar la mayor tendencia de las mujeres a permanecer en aquel país (Hondagneu–Sotelo, 1994; Woo, 2001) y, por tanto, la menor probabilidad de que las migrantes formen parte de un circuito migratorio, tal como ha señalado Mendoza (2007), quien defiende que a la hora de discutir la constitución de esos circuitos se deben tener en cuenta las características de los sujetos demográficos que participan en ellos.

A pesar de lo reciente del flujo migratorio procedente de Valle de Chalco–Solidaridad, sorprende el elevado porcentaje de personas jóvenes que se han incorporado a la migración internacional. Específicamente, más de la mitad de los migrantes de retorno realizaron su primera migración antes de los 25 años de edad, lo cual se podría entender como una expansión acelerada que, además de los jefes de hogar, involucra a otros miembros de la familia, en particular, a los más jóvenes. Así mismo resalta que un elevado porcentaje (38.4 %) ha terminado la preparatoria, aunque todavía son relativamente pocos los universitarios que emprenden la ruta migratoria (6.7 %). Este último dato se ubica lejos del número de quienes no tienen estudios (16.9 %) o cuentan sólo con la educación primaria (31.5 %) (véase el cuadro 4). Estos datos, sin embargo, difieren de forma notable de los obtenidos por Delgado–Wise y Márquez Covarrubias (2007), a partir de la Current Population Survey esta dounidense. Estos autores calcularon que 39 748 migrantes contaban con estudios de licenciatura y 9 961 con doctorado en el año 2005, lo que representa 19 por ciento del total de 261 000 personas nacidas en México.

En este sentido, el gran número de personas jóvenes (los menores de 25 años de edad superan 50 por ciento) (véase el cuadro 4) se puede entender dentro de una lógica de expansión de la migración en el seno de los hogares, de padres a hijos. Al respecto, rescatamos la opinión de una entrevistada, Luisa, que expresa que su marido tuvo que emigrar a Estados Unidos porque la fábrica donde trabajaba cerró y él no contaba con recursos económicos. Esta entrevistada nos explicó que su único hijo varón (para su hija, ya madre con 22 años, su deseo es que "encuentre un buen hombre"), que estaba acaban do la preparatoria, no podía seguir estudiando porque ella, jefa de familia, "ya no aguantaba, se encontraba cansada" y que, en todo caso, si quería seguir estudiando debería trabajar. Luisa ve la migración internacional ("reunirse con su padre") como la opción más realista para este joven. En sus propias palabras:

Entonces, ¿su hijo no está considerando trabajar o seguir estudiando aquí en México?

Pues ya ve que están muy escasos los trabajos ahorita.

¿Él [su hijo] ahorita trabaja?

No, no, ahorita va a terminar la escuela [la preparatoria].

La UAM no queda tan lejos y hay becas. A lo mejor podría probar un poco más y después, si quiere irse, pues adelante, ¿no?

Ya le dije que yo ya no puedo.

¡Ah!, ya.

Ya no puedo. Si él quiere estudiar, pues con gusto, pero sería por él mismo. Ya no aguanto, ya me siento cansada (Luisa, 49 años, Perote, Veracruz).

 

Rutas migratorias dispersas

Lo que a partir de los datos de nuestra encuesta parece fuera de discusión, es la variedad de destinos de los migrantes de Valle de Chalco–Solidaridad en Estados Unidos. No se trata, en absoluto, de rutas establecidas o fijas (de hecho, los pocos que han realizado varias migraciones han cambiado de destino, como es el caso de Noé, visto anteriormente). En este sentido, los datos del cuadro 5 recogen los destinos para el primer viaje realizado a Estados Unidos. En este cuadro se puede ver que coexisten destinos tradicionales, como Texas, California o Illinois, con otros emergentes, que abarcan estados como Florida, Arizona, Nueva York, Carolina del Norte y del Sur, y algunos del medio oeste. Como mencionan Zúñiga y Hernández–León (2005), a pesar de que la población de origen mexicano permanece concentrada en unos pocos estados, se ha producido una expansión en los últimos años, lo que ha dado lugar a que los circuitos migratorios se estén extendiendo hacia el este y el centro de Estados Unidos (Consejo Nacional de Población, 2002).

Esta dispersión geográfica de los migrantes procedentes de Valle de Chalco–Solidaridad corrobora que la migración internacional es un proceso en consolidación en este municipio, y sugiere que los flujos de información sobre posibles lugares de migración o puestos de trabajo no se comparten en el seno de la comunidad, lo cual facilitaría la concentración de la migración en unos pocos destinos en Estados Unidos. Quizá en esta falta de comunicación entre los migrantes internacionales influya el hecho de que las redes se construyen en el seno de los hogares y en las familias, y no en la comunidad, lo cual, a su vez, puede estar relacionado con un débil sentimiento de pertenencia a Valle de Chalco–Solidaridad. Esta afirmación se corrobora con los datos de la encuesta, donde se pone de manifiesto que menos de la mitad (47.3 %) declararon tener amigos en Valle de Chalco–Solidaridad, al margen de sus familiares.

 

Un patrón previsible de migración irregular

De acuerdo con la Current Population Survey de Estados Unidos, en el año 2002 había 5.3 millones de mexicanos indocumentados en ese país (Passel, 2004), que equivalían aproximadamente a 60 por ciento de la población originaria de México (Delgado–Wise y Márquez Covarrubias, 2007). La literatura coincide en que gran parte de esta migración irregular que vive en Estados Unidos se debe a las leyes de control de la frontera con México cada vez más duras, lo cual dificulta la movilidad periódica de los mexicanos, una parte de los cuales se desplazaría regularmente entre ambos países sin esos controles tan estrictos. Bajo esta consideración, se puede observar que durante los noventa, y a partir de la Encuesta sobre migración a la frontera norte de México (Emif Norte), la migración de retorno desde Estados Unidos disminuyó considerablemente, pero no así el flujo de salida del interior de la república mexicana, que no ha cesado de aumentar (Mendoza, 2004).

El control de la frontera, sin embargo –opinan Massey, Durand y Malone (2002)–, no sólo no ha detenido la migración ilegal, sino que es responsable de 160 muertes anuales desde mediados de los noventa y ha transformado un movimiento temporal de trabajadores varones, dirigido básicamente a tres estados, en migraciones permanentes de familias sin un patrón territorial de destino definido. En este mismo sentido, Cornelius y Salehyan (2007) concluyen que los controles más férreos en la frontera han afectado las estrategias de migración, de manera que los lugares de cruce se han desplazado, el uso de polleros (traficantes de migrantes) se ha incrementado, y la probabilidad de entrar como turista, aunque con intenciones de estancia, también ha aumentado. Además, estos autores concluyen que la implementación de esas medidas no detiene el flujo migratorio, y que 92 por ciento de los aprehendidos al menos una vez a la hora de intentar el cruce, lo habían intentado de nuevo y no habían regresado a su lugar de origen (Cornelius y Salehyan, 2007).

Nuestros datos, en este sentido, apuntan a que la mayoría de los mi grantes (82.9 por ciento del total) a Estados Unidos cruzan de forma ilegal, al menos en su primer viaje. Cabe destacar, así mismo, que existe una ligera diferencia entre los migrantes de retorno y los que deciden permanecer en Estados Unidos. Esta diferencia está relacionada con lo mencionado anteriormente: la búsqueda de formas "legales" de entrada en el país. Así, tenemos que un porcentaje importante de los migrantes de retorno (18.5) cuentan con visa de turista, lo cual permite la entrada legal y la permanencia (aunque no el trabajo) durante temporadas cortas en Estados Unidos, para luego regresar a México. Este porcentaje, por el contrario, es prácticamente inexistente entre los que están en Estados Unidos (véase el cuadro 6).

Como última reflexión de este apartado, y dado que la obtención de una visa de turista también requiere de unos mínimos económicos y/o educativos, este porcentaje de personas que viajan como turistas a Estados Unidos parece apuntar hacia un perfil de migrante diferente –aunque bajo–, que dispone de ahorros suficientes o, en su defecto, posee una vivienda en propiedad, criterios generalmente usados a la hora de conceder una visa de turista.

Finalmente, y para completar la idea de que la falta de documentos no impide la migración ilegal, apuntada anteriormente por Cornelius y Salehyan (2007), nos gustaría rescatar la opinión de otro entrevistado, Juan Luis, que al igual que Noé forma parte de ese 30 por ciento que ha realizado más de un viaje y que coincide en que la emigración sirve para vivir bien en México, debido a los bajos salarios en el país. Lo interesante de esta entrevista, y relacionado con el tema de este apartado, es que esta persona ha viajado tres veces a Estados Unidos y planea volver a cruzar de ilegal, a pesar de haber sido arrestado y encarcelado en dos de sus viajes. Su experiencia, detallada, nos ilustra las dificultades de los migrantes que desean cruzar la línea de forma ilegal:

Por el 2000 hice un intento por irme de nuevo a los Ángeles. Me fui por Arizona y no pude pasar. Hice cuatro o cinco intentos. La migra estaba más aplicada, haciendo bien su trabajo. Quise pasar por la garita, caminando, con documentación falsa; me detectaron. Ese mismo día quise volver a intentarlo con otro turno de migración, y tampoco, e incluso me detuvieron seis horas […] y me regresaron al lado mexicano. Lo intenté dos días más tarde, pero ahora sí, en esa misma aduana, tenían datos míos […]. Esa vez me detuvieron y me llevaron a una cárcel, en Arizona, en medio del desierto. Salí de la cárcel y me deportaron a San Luis del Río Colorado (sic). Quise intentarlo de nuevo por el desierto y ya no pude. Y la verdad ya estaba fichado y no lo quise seguir intentado […].

Siempre llego a los Ángeles. La tercera vez fue como en el año 2005 […] me tuve que ir, sin casa, con poco dinero. Se me hacía muy difícil. Igual pasé por el desierto, por Mexicali, ya no por la sierra. Sí, fue complicado. Caminamos dos noches y dos días. En la mañana, calor intenso, en la noche, frío cañón. Pasamos bien. Pudimos pasar bien a L.A. Esa vez no se nos complicó.

¿Por qué te regresaste?

Me regresaron.

¿Te cacharon?

Como vendía en la vía pública […] había tenido deportaciones, ya me tenían fichado. De repente llegó la policía. Se quedó la camioneta, los aparatos. Allá estuve detenido como cuatro días. Me defendió un abogado de oficio […] Estuve en una cárcel como cinco días, y fue migración por mí […]. Me tomaron huellas y todo el rollo. Yo iba encadenado de los pies y de las manos […]. Nos llevaron a Tijuana, como a la una de la mañana […] Hay un centro de ayuda, como una casa hogar, que ayuda a todos los migrantes. Luego luego te ofrecen ayuda sin costo […]. Estuve como tres días. Lo que quería era comunicarme con mi esposa (Juan Luis, 36 años, los Reyes, Estado de México).

Este entrevistado también hace alusión al tipo de trabajo que realizaba en Estados Unidos: venta ambulante. En este último viaje se dedicó a la venta de aparatos eléctricos y contaba con sus clientes –en su mayoría, latinos– y sus zonas de venta –en general, también áreas de mayoría hispana en los Ángeles–. Lo expresado por Juan Luis da pie al siguiente apartado, que está relacionado con la incorporación laboral en el país del norte, inserción muy precaria e inestable.

 

Inserción laboral en Estados Unidos

La encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad (Estado de México) arroja datos muy claros sobre la inserción laboral en Estados Unidos. Sólo un escaso dos por ciento de los encuestados ejerció una profesión en Estados Unidos (véase el cuadro 7). La incorporación mayoritaria es en trabajos manuales de baja calificación en los servicios (32.5 %) y en la construcción (15.3 %). Cabe mencionar que no se observan diferencias sustanciales entre los que ya han regresado y los que permanecen todavía en Estados Unidos, con la excepción de que, entre los que regresaron, se da un relevante cuatro por ciento que no encontraron trabajo y 15 por ciento que declararon que el principal motivo de su migración a Estados Unidos no fue la búsqueda de empleo (otras situaciones, en el cuadro 7). Acerca de los que todavía no regresan, y dado que la información procede de familiares que residen en Valle de Chalco–Solidaridad, 20 por ciento declaran no saber qué tipo de actividad económica realiza el migrante en Estados Unidos, lo que, por otro lado, podría indicar la poca comunicación e integración con la familia y el lugar de origen de la persona que migra.

Este perfil de baja calificación en el mercado laboral estadounidense parece indicar una inserción dependiente de las necesidades de ese mercado y una baja movilidad laboral ascendente, tal como ha indicado Cornelius (1998), que apuntaba la necesidad estructural de la demanda de mano de obra mexicana no calificada en el sur del estado de California; o Herrera lima (2005), que señala la alta segmentación del mercado laboral estadounidense y la existencia de nichos de mercado inmigrante, caracterizados por una movilidad restringida y una alta precarización laboral. Por su parte, Zlolniski (2006), con base en un estudio de caso de trabajadores de la limpieza y ambulantes en Silicon Valley, documenta las estrategias de flexibilidad en un marco de desregularización laboral, y afirma que este tipo de trabajo constituye la base estructural de una oferta laboral orientada a migrantes. De manera breve, la inserción del núcleo de migrantes mexicanos en el mercado laboral secundario parece bastante documentada en la literatura. Como afirma Levine (2007), los inmigrantes mexicanos son "trabajadores desechables" (disposable workers). Quizá los trabajadores agrícolas sean los que ilustren esa necesidad de mano de obra temporal que cubren los migrantes mexicanos como Pedro. Él empezó a migrar en 1988 y, hasta el año 2000, se desplazaba cada año a California, donde trabajó principalmente en la recolección de la uva. En sus palabras:

Porque yo iba y regresaba, pues no trabajábamos acá. No trabajábamos hasta que se terminaba el dinero y otra vez vámonos para allá y así fue. Ya me había yo hecho a la idea de que año con año me iba yo seis, ocho, nueve meses y otra vez para acá. Hasta el 2000 ya le dije a ella [su esposa], le digo "no, ya me cansé –le digo– de andar por allá. Ya, ya no, ya no quiero andar por allá; ya me voy a quedar por acá… ya no […]".

Íbamos, digamos, año con año en marzo, abril, cuando empieza la pizca de la uva […]. Se empieza a hacer el trabajo a la uva, deshojarla, alzar la guía. Cuando empieza uno a trabajar están algo chiquitas; ya cuando la corta uno ya está algo grande. Y pues empieza uno a trabajar y este… otra vez de nuevo se cosecha y hay que cortarle a la mata todo esa rama que ya se le quedó; cortarla nomás. Se le deja un pedacito y de ahí empieza a retoñar y empieza a crecer, y es lo mismo.

¿Lo contrataban desde aquí en México o usted llegaba a Estados Unidos?

Este trabajo nosotros lo amarrábamos allá. Nosotros ya sabíamos cuándo empezaba y ya había conocidos allá o parientes donde llegaba uno. Llegaba uno a Mexicali y hablaba, y allá estaba el coyote a los dos días (Pedro, 50 años, matamoros, Puebla).

 

Conclusiones

Los cambios en los mercados de trabajo de México y Estados Unidos, auspiciados por la globalización y la apertura económica, han tenido efectos similares y complementarios en la dinámica migratoria (Canales, 2002; Levine, 2007). Más que migración permanente, la precariedad laboral, el estancamiento de estos trabajadores en los mercados secundarios tanto en México como en Estados Unidos, y una vida demasiado expuesta a los cambios económicos (quizá deberíamos decir "vaivenes económicos") en ambos países, parecen incidir en una mayor movilidad de los migrantes en los dos países. Nuestra encuesta y las entrevistas apuntan en este sentido, aunque debemos insistir en que la mayoría de los encuestados sólo han realizado un único viaje a Estados Unidos, debido en parte a la novedad del fenómeno migratorio en Valle de Chalco–Solidaridad. Relacionado con este hecho, sorprende que, a pesar de su relativa novedad (la mitad de los emigrantes realizaron su primer viaje en el período 2000–2007), los datos denotan una gran incidencia de la migración en los hogares y, más importante, una elevada tasa de retorno. Este último hecho se podría relacionar con la precariedad laboral que sufren los migrantes en Estados Unidos.

Junto al alto porcentaje de retorno y lo reciente del fenómeno, la encuesta señala una clara dispersión de los destinos en Estados Unidos, probablemente debido a unas redes migratorias en fase de consolidación, pero que también pueden estar relacionadas con la dificultad de establecer redes en condiciones de precariedad y pobreza tanto en México como en Estados Unidos (menjívar, 2000). Más que en el nivel de comunidad, la evidencia sugiere que las redes se establecen en un micronivel dentro del seno de familias y hogares, por lo que sería prematuro hablar de vínculos transnacionales estables entre Estados Unidos y México en Valle de Chalco–Solidaridad. Más bien, se podría afirmar que se da un proceso de consolidación de una clase proletaria transnacional que, en cierta manera, acepta la precariedad y la inestabilidad laborales, y reconoce en la migración internacional una estrategia para la mejora del bienestar de los hogares. En definitiva, se observa una transnacionalización de la pobreza: los migrantes de Valle de Chalco–Solidaridad son pobres que ven en la migración una "forma de vivir bien", que en la mayoría de los casos se reduce a la construcción de una casa propia o poseer un automóvil. Sin embargo, esta mejora es sólo temporal y, en todo caso, no permite "escapar" del círculo de la pobreza a sus descendientes, que en muchas ocasiones también se ven obligados a emigrar. No parece, en este sentido, que las pautas observadas en Valle de Chalco–Solidaridad diverjan de las estudiadas para los migrantes rurales en México.

 

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Notas

1 Este proyecto de investigación contó con el apoyo del Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI), de la Secretaría de Educación Pública. El autor agradece la labor de los 10 estudiantes de la licenciatura en geografía humana de la Universidad Autónoma metropolitana, unidad Iztapalapa, que realizaron el levantamiento de la encuesta Migración, lugar y empleo en Valle de Chalco–Solidaridad, en la que se basa este artículo. En particular, agradece el trabajo de Adrián Estrada y Diana Bartolo, que realizaron la codificación de la encuesta. Esta última, además, llevó a cabo las 15 entrevistas a profundidad que complementan la información cuantitativa.

2 La suburbanización consiste en la expansión de la mancha urbana hacia las zonas colindantes que se incorporan a la ciudad, o a su área metropolitana, como parte integral de ella. En este proceso de expansión se pueden absorber núcleos de población rurales que, ubicados en la zona de transición, conservan usos del suelo y formas de vida rurales y urbanas. Este último proceso, que se conoce como periurbanización, se da en Valle de Chalco–Solidaridad, Estado de México.

3 El análisis de estas preguntas del cuestionario está fuera del alcance de este artículo y será motivo de reflexión próximamente.

4 El municipio de Valle de Chalco–Solidaridad se creó en 1994. A partir de esa fecha se cuenta con datos oficiales. Lindón (1999) realiza una estimación para el año 1990 a partir de las diferentes AGEB que conformaron Valle de Chalco–Solidaridad. Anteriormente, contamos con la población del municipio de Chalco, que englobaba Valle de Chalco–Solidaridad. El crecimiento de este último municipio fue considerable, ya que pasó de 81 553 habitantes en 1980, a 282 940 en 1990 (lindón, 1999).

5 En este artículo no vamos a hablar extensamente sobre migración interna. La trayectorias migratorias en el interior de la república serán motivo de análisis en otra ocasión.

6 Sin embargo, en nuestra encuesta, son pocos los que proceden de las delegaciones centrales del Distrito Federal, de tal forma que, tal como sugiere Coulomb (1994), el centro de la ciudad sigue siendo ventajoso para los pobres, debido a los alquileres relativamente bajos de, en muchos casos, infraviviendas, unido a los costes de desplazamiento desde la periferia.

7 El ejido es un sistema de tenencia que, como resultado de la Revolución mexicana, se creó para garantizar que la población rural más necesitada tuviera acceso a vivienda y tierra para cultivar. El sistema de tenencia en el ejido incluía terrenos parcelados, tierra de uso común y solares urbanos. El derecho de usufructo sobre las parcelas individuales permitía a los ejidatarios cultivar la tierra, pero lo restringía para venderla, rentarla u ofrecerla como garantía para un crédito. En 1992 se aprobó una modificación de la Constitución mexicana que permite la venta de parcelas individuales entre miembros del mismo núcleo agrario y la renta a otros miembros del ejido o a terceros, de manera que se posibilita que los ejidatarios puedan vender sus parcelas en el mercado (Galeana Rodríguez, 2005).

8 La información sobre los migrantes de retorno es más completa que la relativa a los que no han regresado de Estados Unidos. La encuesta, sin embargo, cuenta con las variables sexo y año de migración para todos los migrantes, independientemente de si han regresado o no lo han hecho. En cambio, la edad o el nivel educativo no se contemplaron para los migrantes que todavía permanecen en Estados Unidos.

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