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LiminaR

Print version ISSN 1665-8027

LiminaR vol.9 no.1 San Cristóbal de las Casas June 2011

 

Presentación

 

La reflexión y el debate en torno a temáticas sociales y humanísticas abre sus vertientes día con día en la medida en que las realidades develan las fuerzas centrípetas de su movilidad y cambio y en la medida en que los científicos de la rama enfocan el rumbo de sus pesquisas hacia ellas y hacia el cambio en cuanto tal. No deja de ser frecuente la constatación de la diversidad de aristas con que se componen, resultante de lo cual las formas de abordaje, las perspectivas teóricas tienden a entrecruzarse, a mostrarse en los bordes de sus contactos o de sus diferencias. Entre estas últimas, recupera actualidad esa permanente situación de frontera en que se mueven las ciencias sociales y los estudios humanísticos, cuyo vértice, qué duda, es el fenómeno humano, social, en acto, sea este económico, político, religioso, artístico, cultural en suma. La tensión de sus expresiones, fronterizas, la red de lenguaje en que sus explicaciones se construyen, versatilidad en sí misma, ambigüedad y no permanencia unívoca de sentido. La revista LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos es también espacio privilegiado para la exposición de estos debates y de las actualidades científicas en las ciencias sociales y las humanísticas. El presente número lo muestra en parte.

Vicente Francisco Torres Medina, estudioso de las literaturas mexicanas no consideradas en el canon formal, pero expresivas de las pulsiones sociales en su diversidad, como pueden ser las del ámbito de lo policíaco, de la música popular del bolero, algunos ángulos del indigenismo, se adentra ahora en los caminos de novelísticas con tema de la selva. Hay con anterioridad ejemplos de esta temática en la literatura europea, como en el Ivanhoe de Walter Scott y momentos de Orlando furioso el monumental trabajo de Ludovico Ariosto, los hay. También en la África contemporánea se hacen presentes novelistas con tratamientos selváticos en que retraen las mitologías memoriosas y la añoranza de especímenes otrora fecundos en esa geografía. La selva, sin embargo, como nervadura lingüística de ejercicios de creación, ha desplegado su riqueza en las tierras latinoamericanas. De La Araucana a Rusticado mexicana, de Canaima a los Sertones, de Los ríos profundos y El mundo es ancho y ajeno a Los días de la selva o La montaña es algo más que una inmensa estepa verde, uno de los personajes vigorosos de las tierras americanas es la selva, a la vez numen que condena, liberación y espanto. Este gran personaje ha visto alguna detención de los estudiosos, aunque perdura en marginalidad, quizás por la violencia civilizatoria contemporánea que pareciera querer desterrar definitivamente de la faz de la tierra el signo terreno que la constituye, arcilla proveedora de alimento y de cultura. La ciudad, la urbe y sus signos, la tecnología, consumo e inmediatez, privilegian otro tipo de literatura, la llamada "actual", esa en acto hoy, una década si acaso, durabilidad de un ciclo en la urgencia de la modernidad. Es de admirar que Vicente Francisco Torres Medina se adentre en los meandros de esta novelística, de la cual había alcanzado la edición, prácticamente imposible de Caríbal, y descorra los velos de obras regionales merecedoras, de suyo, de fungir en las travesías estéticas y lingüísticas de la literatura universal.

El trabajo, "Huellas del pasado. El uso de fuentes y la función de representancia en La rebelión de las Cañadas", de Vladimir González Roblero, se inscribe en las preocupaciones de largo plazo del autor: el espacio de las fronteras disciplinarias, entre la historia y la literatura, y pondera de ellas los momentos de contacto y hasta identidad, en el telón de fondo de la sociedad chiapaneca, de su composición, sus relaciones, particularmente su diferenciación étnica, en instantes de unidad pero también en la larga trayectoria de conflictos en que se debate las posibilidades de su sentido histórico o la carencia de él. En este trabajo, al discutir la función de representancia o lugartenencia en el libro La rebelión de las Cañadas, de Carlos Tello Díaz, como una de las modalidades de ficción de la Historia que propone Paul Ricoeur, se adentra en la problemática del lenguaje como centro de construcción de explicaciones y explicación él mismo; en las explicaciones históricas o científicas en tanto procesos discursivos ficcionales, necesariamente emparentados con los hitos literarios, hechuras ambos y creación. No borda en abstracto la discusión sino que la centra en el debate elucidativo de una obra historiográfica en torno a un suceso de la historia reciente de la entidad: el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional el año de 1994.

Juan Pablo Zebadúa Carbonell se inmerge en algunas de las derivaciones de ese levantamiento armado, catalizador, en última instancia, de anhelos finiseculares y postseculares de sectores poblacionales del país y del extranjero. Planteamientos, propuestas, ejercicios de autonomías, por ejemplo, o de identidades genéricas y poblacionales, nimbaron el panorama nacional, el regional en particular, y lo siguen haciendo. Uno de estos últimos refiere a aquello que el autor denomina juventudes indígenas, inscribiéndolas en las categorías de globalidad y etnicidad, desde las cuales deriva posicionamientos de identidades juveniles indígenas. En el marco inscribe su trabajo: "Cultura, identidades y transculturalidad. Apuntes sobre la construcción identitaria de las juventudes indígenas". Según trata de la dimensión global, con sus derivaciones de intercomunicación, interacción, construcciones de nuevos sujetos y expresiones, constructos históricos pues, pondera, también, contextos culturales propios o comunes a comunidades indígenas, entrama las novedades culturales de la modernidad: la música, particularmente, y dentro de la música el rock. Rock, cultura, globalidad, modos performativos de la realidad y, en ella, de la identidad; la de juventudes indígenas que se posicionan en las sociedades de nuestro país con propuestas de particularidad.

Entre los debates de actualidad, aquellos relativos a la migración, ciudadanía, exclusión, segregación y género, cobran preponderancia; nos adentran a cambios propios a la época, a modalidades de mutación en las relaciones sociales y de los pueblos. En ese marco, el trabajo de María Dolores Vargas–Llovera, "Ciudadanía e inmigración: La nueva frontera entre la pertenencia y la exclusión", se adentra y nos adentra en la centralidad misma de la reflexión teórica de los últimos años del pasado siglo, vigente en el actual, con los componentes de democracia y sus posibilidades en sociedades desiguales, y, junto con ella, el robustecimiento de esa entidad denominada las minorías, entidad siempre conflictiva. Nos plantea, también, el sustrato que sustenta el derecho a las diferencias políticas, culturales y de género como condición sustancial para la convivencia en las sociedades de nuestro tiempo. Es claro que el tiempo actual ha cambiado, el político y social. Las modalidades recientes de sistema imperial desgastan los supuestos actuales del concepto de ciudadanía obligando a ahondar sus formas no tanto de sobrevivencia cuanto de practicidad. El texto de María Dolores Vargas–Llovera, entonces, estimula la reflexión en torno suyo, a partir de su propuesta de encontrar nuevas modalidades de interacción entre mayorías y minorías, aquel otro de quienes poseen la noción de ciudadanía como presupuesto normativo para marcar los derechos y obligaciones, políticos, sociales y culturales, y la de quienes no la poseen por el hecho de haber emprendido el camino de la emigración. Un camino, al final de cuentas, no necesariamente voluntario, gratuito, cuanto en las lindes de la violencia política, económica, social, o la carencia de horizontes vitales y de desarrollo.

En el mismo tono de actualidad, Alma Amalia González se adentra en los meandros de una problemática sustancial a grupos humanos de productores, periféricos en relación a aquellos que controlan las redes del gran mercado, y que bajo la figura de Organizaciones No Gubernamentales se coordinan en la perspectiva del llamado Comercio Justo y pujan, desde el presupuesto de una agricultura orgánica sujeta a procesos de certificación, por la construcción de mercados alternativos. En esa perspectiva de mercados alternativos, que no por alternativos pueden identificarse como marginales sino como especializados, o provistos de un plus, los grupos de productores se afincan en las redes comerciales tejidas por países europeos. En estos, la tensión misma de su pertenencia a la Comunidad Económica Europea y los ordenamientos que regulan los sistemas de producción y comercio entre países al seno de ella, mueven a algunos gobiernos solidarios, como el de Bélgica, a promover una regulación legal, jurídica, vigente al seno de la Comunidad Económica Europea, que reconozca el Comercio Justo y las derivaciones positivas provenientes de él. Un paso pendiente, en proceso, no exento de contradicciones. De allí el aserto acápite del texto: "¿Es posible un marco jurídico supranacional para el Comercio Justo?" A elucidar, caminar, dialogar.

Pero si de mercados alternativos bajo regulación internacional nos habla el trabajo anterior, Eugenia Bayona Escat nos va a presentar una forma alternativa de mercadear, prácticamente sin regulación jurídica y más bien sujeta a las redes de negociación y clientelismo propias a cierta tradición mexicana de control social y político. Una de las ciudades grandes e importantes de México es el escenario, Guadalajara, de tradición más bien criolla desde su fundación. Sus flujos inmigratorios tradicionalmente provenían del mismo estado de Jalisco, al que la ciudad pertenece, y escasamente se podía hablar de población indígena, por mucho de anteriores enclaves chichimecas en el norte de la entidad. No deja, pues, de sorprender la actualidad de inmigrantes, al estado y a la ciudad, provenientes de otros estados del país, incluida población campesina e indígena con sus cargas de tradición comunitaria corporada, con resabios de formas folk, como diría Erik Woolf, en continuum a su urbanización y ciudadanización. Ejemplo de este tipo de inmigración es el que nos ofrece Eugenia Bayona Escat en su artículo: "Un negocio entre paisanos: los tiangueros purépechas en la zona metropolitana de Guadalajara", fruto de un cuidadoso trabajo de campo.

Y también derivado del trabajo de campo, pero ahora en otra latitud del país, en Chiapas, el estado de la diversidad cultural y humana, el equipo de trabajo compuesto por Gerda Ursula Seidl, Helda Morales, Luis Alfredo Arriola Vega, Angélica Aremy Evangelista García, nos acercan a la problemática del cambio ambiental en una comunidad de larga trayectoria en la entidad. Autores como Miguel León Portilla, hablando de los indios de México en general, traza la dimensión de armonía entre cultura y naturaleza que se daba y da entre ellos y, presumiblemente, se sigue dando. En el ámbito regional, autores como Franz Blom, Evon Vogt, George Collier o Witol Iakosinsky, plantearon expresiones similares, si bien Collier ha sido quien primero diera cuenta de los cambios productivos y ambientales en la localidad de Zinacantan a partir de la producción y comercialización de maíz y flores. El ingreso de lleno en la economía de mercado ha significado la ruptura total de los modelos anteriores, según los autores mencionados, si alguna vez los hubo. Idealización y realidad no siempre caminan de la mano. De allí la necesidad de perseverar en las indagaciones al seno de las sociedades en movimiento, actualizar el conocimiento. Cuestión esta en la que se esfuerzan los autores del artículo: <<"Ya no hay árboles ni agua". Perspectivas de los cambios ambientales en comunidades de Zinacantán, Chiapas>>, quienes estimulan el debate partir de sus entrevistas con estratos diferenciados de la sociedad y el municipio, que le ofrecen resultados también diferenciados, sin demérito de las estructuras propias al municipio y los periplos identitarios que lo componen.

Desde otra dimensión y perspectiva Caleb Olvera Romero se interesa, también, por los procesos de identidad, sus formas, sus composiciones, las maneras en que se alcanza algunas de sus representaciones en el cine. Ya un trabajo anterior, de este mismo número, abordaba algún ángulo de esa temática, renovada en nuestra época, de los discursos y las representaciones. Desde cuando Schopenhauer colocara el fenómeno del discurso y la representación como eje del razonar, del filosofar, del construir conocimiento en suma, no ha dejado de actualizarse la discusión en torno suyo, ni ha dejado, tampoco, de relacionárselo con los entramados de múltiples formas de discursos. Que estos sean científicos y literarios, es, igualmente, fiel de consideración. ¿Cómo se los construye; cuánto dejan de ambigüedad hacia la multiplicidad de apreciación, de crítica? Pues una crítica es lo que pretende el artículo a nuestra disposición: "La disolución de la primera persona en el cine. Tres películas", cuyo bagaje se canaliza hacia esa dimensión, cara a las humanidades y ciencias del hombre, que es la persona. ¿Qué es la persona? ¿Disolución, afirmación, afincamiento, caleidoscopio en que las composiciones del mundo, medio cultural le nombramos, acuden en cada cual, como si se tratase de fragmentos en intersección? Afirmación o disolución, los discursos ponderan frecuentemente la voz de una persona, pero también su disolución, como en los casos de Ciorán y algún Bernanos, por hacer referencia a la literatura. Pues bien, Caleb Olvera Romero plantea momentos de disolución en Lost Highway, Mulholland Drive y Spider, tres películas en que encuentra disolución, fragmentación de la persona, ¿alguna no? Como dínamo de la crítica y la desestructuración en los sujetos de las películas, el lenguaje, el discurso, actores de primer orden en las consideraciones de nuestro tiempo.

Los indígenas, los antiguos, compartieron una región cultural a la que el antropólogo Paul Kirchoff denominó Mesoamérica, concepto acogido en las ciencias antropológicas como definitorio de particularidades civilizatorias y culturales. Poco, sin embargo, se ha discutido en concepto con posterioridad, como no sea por Fábregas en 1996, haciéndose eco de los sentidos diversificados de su uso e intentando un trazo de identificación geográfico actual. Pero, más allá de la apertura y actualidad del debate Jorge Luis Capdepont–Ballina, nos lleva a los entramados de algo más terrenal y oneroso quizás. Oneroso para las regiones y pobladores de esa región. Su artículo, "Mesoamérica o el Proyecto Mesoamérica: la historia como pretexto", aborda el rejuego de los países imperiales que, reconociendo una región, no tanto como región cultural proveedora de alientos humanos en diversidad, sino como el cofre de Pandora de los bienes materiales, ambientales, hídricos y de otra naturaleza, se aprestan a adentrarse en el festín del reparto, dejando acaso las migas de una infraestructura apenas necesario para sus propios procesos de expoliación.

La región, empero, se la denomine Mesoamérica o región fronteriza, o Sur de México y Centroamérica, ha tenido y tiene un punto de inflexión para los estudios y debates sociales. Por poco de más de dos décadas, los estudiosos han generado conocimientos sociales y humanísticos en torno a dicha región y a las formas teóricas o metodológicas de abordarlos, generando nexos de colaboración, crítica y debate con estudiosos de otras latitudes. No nos hemos visto en esa red de araña de producción científica, en su hilo de Ariadna. Toma la madeja Gabriel Ascencio Franco, y en un gesto de crítica, de autocrítica también, descorre ante nuestros ojos, "Los centros de investigación en Chiapas y sus revistas: 1985–2010", con una secuela gráfica y reflexiva de cuanto ha sido parte crucial del quehacer de académicos e intelectuales asentados en Chiapas durante el ciclo en cuestión.

Como en los casos anteriores, el presente número de Liminar. Estudios Sociales y Humanísticos incluye un documento, "El primer informe oficial de los monumentos de la ciudad arruinada de Palenque presentado por Joseph Antonio Calderón en 1784", debido al cuidado crítico y editorial de Víctor Manuel Esponda Jimeno, quien nos ofrece, de paso, un panorama de los trabajos pioneros en torno al palencano sitio al que el abate Brasseur de Bourbourge llamara "misteriosa ciudad". Vale prendarse de él y revisarlo con acuciosidad.

Las reseñas finales del presente número, están dedicadas a dos libros cruciales para la revisión de las ciencias antropológicas e históricas de la entidad. Uno de ellos, debido al magisterio de Andrés Fábregas Puig, se detiene, con detalle, en la construcción intelectual, social y política de construir las regiones en el país, a lo largo de procesos históricos, y es reseñado por Daniel Villafuerte Solís. El otro, reseñado por Ramón González Ponciano, trata de una revisión, necesaria, de la Revolución mexicana en Chiapas, sin duda propisorio de miradas nuevas y frescas. Se cierra, de esta forma, el presente número de Liminar. Estudios Sociales y Humanísticos, revista que se pretende cada vez en diálogo mayor entre eso que la nomina (las ciencias sociales y humanísticas) y entre los estudiosos de allende las fronteras y las de la región Sur de México y Centroamérica.

 

Jesús Morales Bermúdez
Magda Estrella Zúñiga Zenteno
Carlos Gutiérrez Alfonzo
CESMECA–UNICACH