SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número35Los conflictos étnicos: compañeros incómodos del multiculturalismoAnécdotas, testimonios e historia índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Desacatos

versión On-line ISSN 2448-5144versión impresa ISSN 1607-050X

Desacatos  no.35 México ene./abr. 2011

 

Reseñas

 

Consideraciones sobre cultura petrolera en el sur de Veracruz: una discusión

 

Considerations on Oil Production Culture in the Southern Veracruz: a Discussion

 

Witold Jacorzynski*

 

Saúl Horacio Moreno Andrade, 2008 Dilemas petroleros. Cultura, poder y trabajo en el Golfo de México, CIESAS, México, 413 pp.

 

* Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social–Golfo, Xalapa, Veracruz, México witusito@yahoo.com.br

 

 

Aplicando el concepto wittgensteiniano de "ver como" desarrollado en la segunda parte de las Investigaciones filosóficas, podemos describir nuestras maneras de ver el petróleo como "perspectivas". Éstas son múltiples y no se dejan ordenar ni clasificar. Ofrezcamos algunos ejemplos de frases que se refieren a las perspectivas de ver el petróleo "como algo". Si vemos el petróleo como una sustancia química, lo describiremos como un compuesto químico complejo formado de partes sólidas, líquidas y gaseosas. Por una parte, los hidrocarburos (carbono e hidrógeno) y pequeñas porciones de nitrógeno, azufre, oxígeno y algunos metales. Pero si vemos el petróleo desde una perspectiva "geohistórica", habrá que tratarlo como un producto que proviene de la degradación química de los cuerpos de los dinosaurios exterminados durante la quinta extinción a finales de la era cretaica hace 65 millones de años. Se lo halla en forma natural en depósitos de roca sedimentaria y sólo en lugares donde hubo mar. Ver en el petróleo una materia prima nos sitúa en la perspectiva geográfica y económica. Observamos por ejemplo que existen actualmente en el mundo 33 yacimientos petroleros de alta producción y 25 de ellos se encuentran en Medio Oriente, vale decir en un área inferior a 1% de la superficie terrestre.

Saúl Horacio Moreno Andrade echa al petróleo una "mirada antropológica" en su libro Dilemas petroleros. Cultura, poder y trabajo en el Golfo de México. Lo ve desde una perspectiva social y nos invita a analizarlo utilizando el marco teórico de las ciencias sociales. El autor se aburre con las fronteras fijas entre las disciplinas sociales y las fusiona en un crisol elegante: salta de un enfoque sociológico teórico encarnado en el vocabulario conceptual e intuiciones de Max Weber, a un enfoque diacrónico o la historia de una localidad petrolera, Agua Dulce, Veracruz. Describe cómo la producción de petróleo ha transformado la política y la cultura de la región, para finalmente traer a cuento una etnografía de la devastación ensalzada por una historia de esta historia, o sea, el relato de cómo se conectó, convivió y realizó su trabajo de campo entre los obreros petroleros. El libro está preñado de comentarios interesantes que atañen también a la economía y a la ciencia política. En pocas palabras, el partidario de cada una de tantas disciplinas sociales, artificialmente definidas y clasificadas, encontrará en este libro algo interesante.

Más aún, Saúl Horacio se pone a sí mismo en la escena, rompe con los relatos esquemáticos y aburridos, y con el estilo impersonal de los cientificistas y positivistas, para usar una expresión de Heidegger, en el lenguaje de man–"se..". En el mundo "se", se vive, se come, se analiza, se induce, se reduce y se deduce, se sacan conclusiones, se corroboran las hipótesis. Pero el libro está libre de la tiranía del "se", está escrito de manera bonita y elegante, y en gran parte en la primera persona singular. El autor nos habla de manera viva sobre las experiencias, pasiones y aventuras que lo empujaron a envolverse en el estudio de la producción petrolera. Tomemos como ejemplo "la situación familiar":

El taller de la casa paterna era un pequeño museo en donde las herramientas convivían con pinturas alusivas a la expropiación petrolera (don Lázaro Cárdenas y la bandera nacional de fondo), al triunfo de la Revolución Cubana (un "Che" Guevara con la leyenda: "Lo matamos, ahora es inmortal, tiemblen los conformes con el falso orden actual. Ellos cosecharán el miedo, a nosotros nos pertenece el ejemplo del hombre") y al predominio de la razón sobre el fanatismo religioso (un cuadro donde lamenta la muerte del filósofo inglés Bertrand Russell). Todas elaboradas por mi padre en su lucha por convencer a propios y ajenos de que la verdad científica es la base de la liberación humana y social de las cadenas de la dominación ideológica del capital y la religión. Compartía con Russell la idea de que el comunismo era otra de las grandes religiones del mundo (p. 26).

Las referencias a diferentes personajes orientadores nos enseñan el carácter especial de una atmósfera creada por los sueños de un "librepensador", el hijo de un anarcosindicalista. Sólo en los sueños, el Che Guevara, un guerrero comunista, y Bertrand Russell, un crítico ferviente del comunismo, se encuentran colgados sobre una sola pared. Estas citas son inolvidables pero lamentablemente desaparecen del texto para volver en el último capítulo, en el cual el autor nos proporciona su descripción de la "devastación". Lo subjetivo aparece en la periferia para permanecer en la periferia.

Ahora pasemos a la parte central del libro, lo que el autor llama "el hilado teórico–conceptual" con que intenta cubrir la vida de los obreros petroleros en Agua Dulce durante la "etapa heroica" (1935–1960), la "etapa dinástica" (1961–1990) y la "etapa de entrega" (1991–2000). El autor define sus conceptos clave: corporativismo patrimonialista, poder y dominación, orden y legalidad, legitimidad, sociedad civil, cultura política, autoritarismo, democracia, trabajo. En su marco teórico propone utilizar lo que llama enfoque "histórico–semiótico", o sea, un estudio de significados a través de la historia. Ahora, me parece que el fundamento conceptual y teórico se puede presentar como una conjunción de dos tesis. La primera es conceptual y propone trazar una distinción entre tres conceptos clave: "poder, cultura y trabajo en los espacios locales petroleros" (p. 39). Otros conceptos mencionados arriba son complementarios y sirven para aclarar el contenido de estos tres. La segunda tesis es teórica, versa sobre las relaciones entre los tres conceptos referidos y anuncia que el poder político muda al son de los cambios en el poder político y la cultura. El contenido exacto de esta tesis no me queda muy claro. Quizá la cita clave sea: "La relación entre la cultura y el trabajo está mediada por la interacción entre los agentes a partir de las relaciones de poder" (p. 67).

Pasemos al análisis de la primera tesis. Las preguntas que tenemos que plantear son: ¿cuál es el estatus lógico de estos conceptos?, ¿poseen el carácter emic o etic? El autor no tiene duda de que los conceptos en cuestión son construcciones conceptuales, más bien que las palabras que circulan en el flujo de la vida de los aguadulcefios. Moreno los define en términos técnicos, siguiendo básicamente a tres autores: Weber y Foucault (poder político), a Foucault (trabajo) y a Geertz (cultura petrolera). Estos términos cumplen el papel de variables cuyos valores quedan definidos dentro del contexto petrolero de Agua Dulce a lo largo del tiempo.

La segunda tesis describe el cambio de los valores de una variable, mientras cambia el valor de la otra. Por ejemplo, el poder político "transita" de "autoritarismo" a "democracia"; la "organización de trabajo" se "reestructura" desde las tecnologías menos avanzadas hasta las más avanzadas, desde la organización enfocada en el "corporativismo y sindicalismo" hacia "una nueva organización basada en el mercado"; la cultura, en cambio, "evoluciona", aunque más tenazmente: "La reestructuración no puede pensarse sin la transición y viceversa. Pero la trayectoria de ambas está sujeta a los cambios que puedan operarse en el nivel cultural de la realidad social. La cultura demuestra una resistencia frente a la innovación política o laboral" (p. 77).

Conocemos este enfoque de muchos trabajos sistémicos de corte sociológico. El autor puede a partir de ellos llegar a ideas interesantes y profundas, como ésta: "Lo que muestra que no son los actos de voluntad, como el pronunciamiento de una nueva cultura laboral o la reforma del Estado, los que van a transformar al país, si no se consideran seriamente los elementos de sentido que conforman las tradiciones políticas o laborales" (pp. 77–78). O ésta sobre la estructura fractal de los espacios privados y públicos entre empresa, sindicato y familia:

Además, la cultura petrolera en los espacios privados e íntimos repite las figuras del espacio público. [...] El machismo, el alcoholismo, la violencia intrafamiliar son parte de la reproducción de la cultura petrolera en los espacios de la reproducción social. Existe pues, un puente entre los mundos simbólicos de la empresa, el sindicato y la familia (p. 81).

La última idea por sí sola, dicho sea de paso, bastaría para escribir un segundo libro sobre el tema, pero el autor no se detiene a ver las semejanzas entre diferentes espacios de vida, sigue firme con su intento de comprender y explicar. Como dicen los anglosajones: "so far, so good", sin que avancen necesariamente too far. El mejor apoyo que se puede ofrecer al autor, al alabarlo, es criticarlo. Creo que el talón de Aquiles del trabajo que nos regala Saúl Horacio está en algunas nociones teóricas o en lo que llama el "hilado teórico–conceptual". No quiero decir que el autor cometa errores o que incurra en falacias que son insuperables, sino que tal vez acepta una perspectiva que no le permite hacer con su material lo que podría hacer. Además, la perspectiva que sigue está en boga entre varios estudiosos. El primer concepto que causa mucho ruido es el de "poder". En primer lugar está la obsesión de definir palabras como "poder", "libertad", "democracia", etcétera. Las definiciones de estos términos, que por su naturaleza se encuentran en circulación en muchos contextos, o lo que Wittgenstein llama "juegos de lenguaje", quedan fuera de su contexto a la hora del análisis. Al ser definidos empiezan a agonizar. El autor los caracteriza a su manera y ofrece una definición a cada uno como si diferentes peces fueran especímenes, o sea, miembros de la misma especie. Esta manera de ver las cosas me parece demasiado optimista. ¿Qué tal si el pescador sacara un montón de peces de entre los cuales cada pez fuera un representante de una especie única? ¿Qué tal si lo que aparenta ser una sola especie de conceptos, unidos por un solo nombre, se vuelve un conjunto de especies distintas, unidas, aparentemente, por un solo nombre? En realidad, hablamos de múltiples poderes: poder de un monarca, poder de un avión, armas de alto poder, Dios todopoderoso, carta poder, etcétera. Moreno promete no causar ruido y limitarse a sólo una acepción: el poder político. En el primer capítulo de su libro parte de la definición weberiana de poder: "significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad" (Weber, 1992: 43). El primer error que encontramos no viene del autor sino del traductor de Weber: José Echavarría. La "probabilidad" nos remite a un concepto que conocemos del cálculo de la probabilidad. Le corresponde el valor 1 (la certeza), ¿o el "zero", que significa ninguna certeza? Al parecer no se trata de esto. Veamos el texto en alemán:

Macht bedeutet jede Chance, innerhalb einer socialen Beziehung den eigenen Willen auch Genge Widerstreben durchzusetzen, gleichviel, worauf diese Chance beruht (Soziobgische Grundbegriffe, cap. 16).

Chance en alemán significa más bien "posibilidad", "chance" o "capacidad", que se entiende como posesión de los medios que permiten "imponer la voluntad". Aun así la definición de Weber no especifica qué criterios empleamos para identificar la "voluntad" que uno quiere imponer ni tampoco en qué consistiría la voluntad "política". ¿Es mi exhortación a la vecina a que no ponga su claxon a las tres de la mañana la expresión de mi voluntad? ¿Cuándo esta voluntad adquiere carácter "político"? La "política" parece tan ambigua como "poder". Veamos algunos ejemplos que nos muestran que el "poder político" no tiene sólo uno sino múltiples usos:

•  El ciudadano puede votar por cualquier partido porque su voto es libre.

•  Lázaro Cárdenas llegó al poder en 1936.

•  En un país democrático existe separación entre el Poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.

•  Los sindicatos en México tienen más poder que en Alemania.

•  Estoy en poder de un tirano.

•  A los políticos les interesa únicamente el poder.

•  No tengo el poder legal para callar a mi vecina.

•  Cada poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Cada una de esas frases encarna otro concepto del "poder político". En el primer caso, por ejemplo, significa: "tener derecho a..."; en el segundo caso: "tener una función dentro del aparato estatal", etcétera. ¿A cuál de esos usos se refiere el autor?

El segundo concepto sospechoso es "cultura". El autor anuncia que retoma el concepto de "cultura" del texto Interpretación de las culturas de Clifford Geertz. La cultura es tratada como "entramado de significados" que el hombre "ha tejido" (pp. 69–70). ¿En qué contexto lo utiliza? Geertz lo usa mientras intenta trazar una diferencia sustancial entre dos modelos de la antropología: la antropología no es el estudio de los hechos sino de los significados, "es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser, por tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones" (p. 69). De esta definición de Geertz se entiende que el objeto de estudio de la antropología son las "significaciones", o mejor dicho los significados que cosas, procesos, eventos, fenómenos, hechos, etcétera, poseen para los actores involucrados en el "entramado". Si vemos así el objeto de la antropología, se abren puertas al mundo humano: la cultura del poder, la cultura del trabajo, la cultura de los procesos industriales, la cultura de las ciudades, la cultura de los cambios tecnológicos, la cultura del sexo, etcétera. La cultura en este atajo intelectual se vuelve un entramado tejido sobre tal o cual tronco de los hechos.

Pero Moreno, en vez de seguir la definición de Geertz, dice algo inesperado: "La definición de la cultura como el objeto de estudio de antropología permite plantearse la relación entre cultura y poder como un problema socioantropológico fundamental" (p. 70). Aunque el problema fuese "fundamental", su planteamiento asume que el poder es un hecho que está ubicado fuera de la cultura. Esta cita es una clara desviación de la definición de Geertz, donde el hombre ha tejido su trama de significados (la cultura) y el poder es sólo un elemento en este entramado. El autor se olvida de Geertz y empieza a separar la cultura como una de sus variables en su modelo tripartito: "El modelo conceptual tripartito: corporativismo patrimonialista, cultura política y eficacia legitimadora del trabajo me permitió acercarme a las formas de predominio de las prácticas de subordinación como uno de los ejes estructuradores de un modo de vida" (p. 343). Pero si Moreno siguiera de verdad a Geertz no se acercaría a las "formas de predominio", sino a diferentes significados de "predominio". Los teóricos son como israelitas infieles que siembran vientos con sus definiciones y cosechan tempestades conceptuales.

¿Cómo puede uno evitar tempestades? Hay dos respuestas: no sembrar vientos o bien sembrar vientos que no causarán tempestades. La primera respuesta da inicio a los estudios emic, la segunda apunta a definir cultura de manera mucho más estricta para que sirva al "modelo tripartito" de Moreno. Entre los autores que eligen la primera posibilidad está Peter Winch, el seguidor galés de Ludwig Wittgenstein. Asombrosamente, en su libro clásico The Idea of Social Science and its Relation to Philosophy, muestra su apego, como Moreno, a Max Weber: "nos interesa la conducta humana 'siempre que el sujeto o los sujetos enlacen a ella un sentido (Sinn) subjetivo'" (Winch, 1990: 46).

El autor que escoge la segunda posibilidad es Ernest Gellner, quien distingue entre la estructura social y la cultural. Mientras que la primera se limita a las posiciones sociales y "técnicas coercitivas", la segunda se fundamenta en "técnicas semánticas". Esta separación conceptual no excluye su complementariedad real: "La coerción sin significación es ciega y la significación sin coerción es endeble". Pero tampoco se dejan identificar como un matrimonio feliz: "La significación por sí sola determina la conformidad cultural pero no la conformidad política" (Gellner, 1995: 78–79). Esta idea de Gellner ofrece una pista que Moreno podría seguir, aunque el precio que tendría que pagar por ello es alto: la traición a la hermenéutica al estilo de Geertz.

El pecado de la incongruencia teórica del que padece Moreno es un pecado heredado de Weber, quien escribe a veces como si asumiera el punto de vista emic (conducta significativa como objeto de Verstehen) y a veces como si asumiera el punto de vista etic (explicación causal y estadísticas como objeto de kauzale Erklaerung). Weber pensaba que la Verstehen era algo incompleto, algo que necesitaba el refuerzo de un método por entero diferente, o sea, la recolección de estadísticas. Precisamente por esta razón, Winch, al final del libro citado, se volvió contra Weber: "Lo que entonces se necesita es una interpretación mejor, no algo diferente en cuanto a su naturaleza" (Winch, 1990: 106).

Pero si Winch tiene razón, ¿cómo es posible examinar los procesos históricos que trascienden la comprensión de los individuos involucrados en la acción? Parece que Moreno quiere decir algo más que describir lo que piensan sobre dichos procesos los protagonistas involucrados o simplemente describirlos desde su propio punto de vista. Su estudio llamó pues la "semiótica histórica" y no simplemente la "semiótica": "La compleja crisis del orden corporativista y tradicional" o "la sorpresiva emergencia de un nuevo (des)orden".

Tal vez la solución del dilema al que se enfrentó el autor está en la lectura demasiado confiada de los clásicos. Las cavilaciones y esclarecimientos conceptuales que encontramos en la epistemología wittgensteiniana siembra desconfianza al respecto: la antropología no es ni explicación causal ni interpretación, es un estudio del mundo humano, moldeado por la multitud de perspectivas teóricas posibles que pueden cambiar como en caleidoscopio, al ton y son de las preguntas producidas y masticadas de manera diferente por cada analista.

 

Bibliografía

Gellner, Ernest, 1995, "Cultura, restricción y comunidad", en Antropología y política. Revoluciones en el bosque sagrado, Gedisa, Barcelona, pp. 65–82.         [ Links ]

Weber, Max, 1992, Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, Fondo de Cultura Económica, México.         [ Links ]

Winch, Peter, 1990, Ciencia social y filosofía, Amorrortu, Buenos Aires.         [ Links ]

 

Información sobre el autor

Witold Jacorzynski es profesor–investigador del CIESAS–Golfo desde 2005. Es doctor en filosofía y ciencias humanísticas por la Universidad de Varsovia. Profesor visitante en la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos; Universidad de Leipzig, Alemania, y Universidad de Valencia, España. De 1998 a 2005 trabajó en CIESAS–Sureste. Ha publicado artículos en revistas especializadas y libros, entre otros Entre los sueños de la razón: la filosofía y antropología de las relaciones entre hombre y medio ambiente, 2004; Crepúsculo de los ídolos en antropología social: más allá de Malinowski y los posmodernos, 2004; En la cueva de la locura. La aportación de Ludwig Wittgenstein a la antropología social, 2008; La maldición de Judas Iscariote: la aportación de Ludwig Wittgenstein a la filosofía y antropología de la religión, en prensa.

 

Información sobre el fotógrafo

Ángel Montero Montano es fotógrafo para el gobierno del estado de Veracruz, ha sido becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ha expuesto su obra de manera individual y colectiva en la República Mexicana, ha ilustrado revistas como América Indígena, libros de arte y otros donde la fotografía y el relato testimonial–etnográfico han dado como resultado obras antropológicas de singular interés. Dirige el despacho de servicios profesionales de fotografía y Banco de Imagen de Veracruz.

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons