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Problemas del desarrollo

Print version ISSN 0301-7036

Prob. Des vol.40 n.159 México Oct./Dec. 2009

 

Reseñas

 

El presente como historia, José Gandarilla

 

Jaime Ortega Reyna

 

México, CEIICH, 2008, 113 pp.

 

Estudios Latinoamericanos Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

 

Hablar de crisis hoy en día es algo que Antonio Gramsci llamaría del sentido común, pues luego de estos dos últimos años ¿hay algo novedoso que se pueda decir al respecto? José Gandarilla nos acerca a ella de una manera peculiar y atractiva, al referirse no sólo al dato fáctico del día a día, sino avanzando un paso hacia adelante. Así lo trata de reflejar el subtítulo de su libro: Crisis capitalista, cultura socialista y expansión imperialista. Se plantea una cuestión compleja: entender la conexión entre la crisis actual del capitalismo y la crisis de principios de siglo XX, o sea, el fin de la bella época capitalista. No es casual que recupere el título que ya antes el gran economista norteamericano Paul Sweezy había utilizado para una de sus obras: El presente como historia.

En su introducción, el autor brinda una indicación metodológica que da sentido a su ambicioso proyecto y que concierne a la transformación que ha tenido la categoría de imperialismo. Ésta habría pasado de ser una categoría que busca periodizar (válida para una época determinada, ya superada) a una categoría narrativa que acompañaría a todo el periodo de la historia capitalista, un "estadio permanente del capitalismo". El punto nodal es que la crisis que vivió el capitalismo a principios del siglo pasado tiene sentido hoy no sólo en sus consecuencias inmediatas, sino en sus explicaciones teóricas y políticas.

A lo largo de su trabajo, Gandarilla propone, en un ordenamiento tanto temático como histórico, una serie de discusiones en torno a la crisis: en primer lugar encontraremos aquellas que se desenvuelven en la noción de subconsumo e imperialismo, posteriormente los desarrollos teóricos a partir de las categorías de sobreacumulación y sobreproducción, también en referencia con la(s) teoría(s) del imperialismo, y finalmente las explicaciones que entienden a la crisis como límite final del capitalismo, asociándose a los puntos de vista que consideran la tasa de ganancia, la composición de valor y la imposibilidad de una mayor extracción de plusvalor.

Un elemento que debemos destacar en una reseña de este tipo es la muy particular lectura que desde las herramientas conceptuales actuales hace el autor; sobre todo son recurrentes las dualidades conflictivas de valor de uso/ valor de cambio, poder hacer/ poder sobre, riqueza capital/ ámbito del trabajo, subsunción/ insubordinación, entre otras. Gandarilla lee a los teóricos de esta problemática desde el catalejo del marxismo de la segunda mitad del siglo XX, recurriendo a autores clásicos como Roman Rosdolsky o bien a los más contemporáneos Immanuel Wallerstein, Ernest Mandel, David Harvey, René Zavaleta, Bolívar Echeverría, Enrique Dussel, entre otros. Sus consideraciones sobre cualquiera de los autores y temas están dadas desde esta cartografía del marxismo, lo que impone temáticas a considerar, así como posibilidades y límites de tipo conceptual a la reflexión.

Esta forma de tratar la problemática es muy clara desde el primer apartado, cuando revisa la variedad de interpretaciones para observar la emergencia del imperialismo, ya sea como una anomalía del capitalismo (Hobson), como representante de los intereses del capital financiero (Lenin) y sobre todo cuando se declara la existencia de espacios no capitalistas listos para ser conquistados (Luxemburgo). Es sobre todo en el tratamiento de la marxista polaca donde Gandarilla abreva en las más recientes formas de interpretar el desarrollo capitalista, en la búsqueda por superar las caracterizaciones lineales basadas en el concepto modo de producción y poniendo especial atención en lo que de social tiene la relación de capital, esto es, en una dialéctica entre el sujeto y el objeto, entre necesidades y capacidades, entre espacio y tiempo, entre valor de uso y valor de cambio. Aunque el autor no lo haga explícito, se reconoce que no existe una forma lineal de enfrentar la problemática del desarrollo.

Ello es más claro en el trato que da a Rosa Luxemburgo, cuando alude a que la dirigente política tuvo un acercamiento al imperialismo desde una cartografía cartesiana, que la hacía pensar que el capitalismo tenía un límite espacial necesario, cuestión que ha sido reformulada desde planos ontológicos, donde lo que privaría en el momento del acercamiento será la forma en que el valor de cambio busca colonizar el valor de uso.

A partir de la dualidad de la formulación teórica y las consecuencias políticas engarza la discusión sobre la teoría del derrumbe y del capital monopolista. Sobre la primera, encontramos un cruce entre la historia propia del marxismo -basada en una crítica radical a Lenin por diversos sectores de la izquierda- y la historia de la transformación de la socialdemocracia hacia formas cada vez más liberales. El autor nombra a este proceso la colonización del marginalismo sobre el socialismo, con el austromarxismo como su versión paradigmática. En el fondo, lo que se discutía era la función del sujeto político ante un cambio de época dentro del capitalismo; sin embargo, el tratamiento de este tópico no se realiza desde una dicotomía basada en la relación "catástrofe-equilibrio". La alternativa conceptual para resolver esta problemática aún no está clara.

En cuanto a la segunda discusión, que involucra a la teoría del capital monopolista de Estado, Gandarilla se muestra severamente crítico, ya que en su intento de genealogía de dicha teoría trata de ceñirla a dos procesos políticos imbricados con el Estado: la socialdemocracia, que se vuelve la administradora de la crisis capitalista, y el marxismo soviético, que se vuelve la ideología de un Estado que busca ante todo su preservación a cualquier costo. Los primeros verán en el "capitalismo organizado" el ejemplo de que el equilibrio es posible, y los segundos tendrán en ese mismo argumento el recurso para elaborar alianzas políticas en la Europa occidental antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Hay que poner en duda si la teoría del capital monopolista de Estado necesariamente nace de esos procesos en los que el Estado es involucrado y, por tanto, buscar más alternativas del inicio de una de las concepciones más importantes del siglo XX, particularmente ahí en donde

ésta se desarrolló como paradigma opositor a las corrientes dominantes de la ciencia económica, siendo un caso muy significativo el de México.

Los últimos apartados del trabajo vuelven sobre el tema de la crisis de la década de 1930, pero ya desde la perspectiva que ha dado la confluencia entre marxismo y ciencia social. Así es como en el ámbito del problema de la crisis aparecen los economistas de profesión: Schumpeter, Kondratiev, Keynes, entre otros, quienes dialogan y conviven con corrientes del marxismo occidental. Éste a su vez desarrolla nuevas tendencias de análisis: la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y los problemas de extracción de plusvalor, así como las escuelas del llamado sistema-mundo. Se trata de posiciones teóricas que dentro del saber especializado tienden a sustituir las reflexiones que en otro tiempo realizaba la militancia política, dándole énfasis diversos y por tanto suscitando otro tipo de polémicas. Podemos poner como ejemplo la discusión de la forma en que los valores se transforman en precios, discusión ya clásica en los temas del marxismo y cuyo balance aún está por realizarse.

En conjunto, Gandarilla da una interesante revisión inicial a tan espinosa problemática. El lector encontrará una muy documentada forma de tratar el tema, desde un lugar y tiempo de enunciación muy claro, lo cual indudablemente abre perspectivas, pero también impone límites. Quizá el propio objeto de estudio -el final de la bella época y toda la reflexión surgida a partir de ella- facilite al autor encontrar una conexión que indudablemente existe, sin embargo, dentro de su propia perspectiva hay algunas relaciones no del todo desarrolladas. En este sentido, el trabajo puede adolecer, por momentos, de una consideración plural de algunos planteamientos teóricos, como sucede con la teoría del capital monopolista de Estado. Gandarilla lo considera "más que un extravío teórico", dado que esta teoría se convirtió no sólo en una forma de afrontar la realidad sino en una ideología de Estado. Sin embargo, ¿podría decirse lo mismo en lugares como México, donde dicha teoría representó la oposición al establishment de la disciplina económica? Si bien muchos de sus presupuestos resultaron equivocados y han sido ampliamente criticados, no podemos negar que dicha teoría fue más que una ideología de Estado, y por momentos fue la única alternativa crítica al pensamiento neoclásico, como sucedió en nuestro país.

El presente como historia pone en el centro de la discusión el tema de nuestro tiempo: la crisis, entendida como posibilidad, como apertura. Porque, evocando al boliviano René Zavaleta, no hay mejores condiciones para la producción de conocimiento que la crisis, el momento en que máscaras y fetiches caen.

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