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Argumentos (México, D.F.)

Print version ISSN 0187-5795

Argumentos (Méx.) vol.25 n.69 México May./Aug. 2012

 

Edición Conmemorativa 1987-2012

 

Elementos para una construcción teórica sobre América Latina*

 

Elements for a theoretical construction on Latin America

 

Jaime Osorio

 

Doctor en Sociología. Profesor–investigador adscrito al Departamento de Relaciones Sociales de la UAM-Xochimilco. Autor, entre otros, de El Estado en el centro de la mundialización. La sociedad civil y el asunto del poder (2009); Estado, biopoder, exclusión. Análisis desde la lógica del capital (2012). Especialista en América Latina y autor de múltiples artículos en revistas especializada. Miembros del Sistema Nacional de Investigadores

 

Resumen

América Latina no constituye un objeto dado, como supone el positivismo-empirista. Tampoco es pura desarticulación, como concluye el planteamiento posmoderno. Por el contrario, aquella es resultado de una construcción en donde se imbrican elementos lógicos, teóricos e históricos que nos permiten configurarla y convertirla en un problema teórico. La tarea en este artículo será mostrar un camino posible en tal dirección, que contemple el todo regional y permita, al mismo tiempo, asumir las diferencias y diversidades prevalecientes en su interior.

Palabras clave: América Latina.

 

Abstract

Latin America does not constitute a given object, as supposed by empirist-positivism. Yet, it is neither pure disarticulation, as concluded by Posmodern approach. Latin America is constituted as a theoretical problem as questions arise around its way of being in a world ruled by the logics of Capital, that in its unfolding becomes Capitalism. It is in the vortex of that social tornado that the region becomes intelligible. The aim of this article is to show a possible path in that direction, one that contemplates the regional whole and that allows, at the same time, to assume the differences and diversities that preveil in its interior.

Key words: Latin America.

 

DE LA TOTALIDAD A LOS PARTICULARES

Un punto de partida fundamental en esta empresa es arrancar desde la noción de totalidad,1 con lo cual hacemos referencia a aquello que organiza, articula y jerarquiza la vida social y que le otorga sentido. En nuestro tiempo ese papel lo cumple la lógica del capital y su despliegue histórico como organización económico-social: el capitalismo.

El capitalismo constituye una organización de la vida social en donde el grueso de lo producido por los humanos adquiere la condición de mercancías,2 y en donde la riqueza "se nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías".3 La propia capacidad de trabajar (que incluye elementos fisiológicos, como los musculares, nerviosos, cerebrales, óseos, etcétera, y espirituales, como la imaginación y la creatividad) es decir, la fuerza de trabajo, se convierte en mercancía. A ello se añade que este mundo social gira en torno a la producción y acrecentamiento de la plusvalía, de un dinero (D) que lanzado al mercado con el fin de incrementarlo (D'), desata un verdadero tornado que en su vorágine termina arrastrando —atrapando e imponiendo su impronta— a toda la vida social. Una de sus expresiones más significativas es la apropiación por parte del capital de la propia existencia de los trabajadores y su capacidad de poner sus vidas en entredicho.4

Desentrañar la totalidad —en el caso actual, la lógica del capital— constituye por tanto un requisito necesario para descifrar el sentido del actual mundo social, aquello que permite explicar la forma como los hombres se organizan, las modalidades y relaciones que establecen para producir, los vínculos con la naturaleza, el tipo de comunidad política posible, las subjetividades que se forman.

No pasará inadvertido que la idea de totalidad camina en sentido contrario a las propuestas de autores como Karl Popper, desde la filosofía, o de Max Weber, desde la sociología, para quienes en tanto la realidad es infinita y el conocimiento es finito, postulan que nunca se puede llegar a conocerlo todo,5 asunto éste que nos remite más a una noción empírica de completud6 y no a la de totalidad. Más a fondo, lo que estos autores niegan es la posibilidad de definir algún sentido a la vida social en términos sustantivos y, en el caso de Weber, la postulación que debemos conformarnos entonces sólo con la comprensión de fenómenos particulares, los únicos al alcance de las limitadas facultades humanas de conocer.

Esta suerte de resignado reconocimiento de las limitaciones para conocer encuentra sus raíces filosóficas en el planteamiento del ilustrado Kant, quien señala que el conocimiento se remite sólo a los fenómenos, porque aquel nunca alcanza el noúmeno, la "cosa en sí".7 Los humanos no estamos en condiciones de alcanzar la esencia de las relaciones sociales. Llevando a su extremo este planteamiento, con otros argumentos, se ubicarán posteriormente Nietzsche, Foucault y la deriva posmoderna en sus cuestionamientos a la posibilidad de conocer y hacer inteligible el mundo social.8

En su hacerse mundo y complejizarse, la lógica del capital deviene capitalismo, una forma histórica particular de organización del conjunto de la vida social.9 Burgueses y proletarios, por ejemplo, presentes en el estadio anterior como capital y trabajo, terminan tomando forma como clases sociales, las fundamentales, en relación entre sí y con otras clases. El Estado, inscrito como germen en el capital en tanto poder despótico, asume su dimensión acabada no sólo en tanto coerción, sino también legitimado por formas consensuales, y además como un aparato, esto es, un conjunto de instituciones, con funciones jerarquizadas, personeros, cuerpos legales y administrativos.

El capitalismo, por su parte, en tanto expresa la esencia del capital, reclama un espacio planetario para desplegarse, dando vida al sistema mundial capitalista. Aquí debe hacer frente a una contradicción que le es intrínseca: el capital necesita de un espacio mundial en su expansión constitutiva, pero su conformación histórica ha debido sustentarse sobre la base de Estados nacionales, los que impulsan pero también limitan aquella vocación.

La lógica del capital, en su despliegue en tanto sistema mundial, termina generando diversas formas de capitalismos, o capitalismos particulares, que no deben ser reducidos al universal capital o capitalismo. Lo más significativo en relación a los problemas que aquí nos ocupan, ello implica concebir el sistema mundial capitalista como una unidad heterogénea compuesta a lo menos de regiones y Estados con mayor poder y con la capacidad de apropiarse de valor desde otras economías, y que generan sus propias formas de reproducción, el llamado mundo central o imperial, junto a regiones y Estados que sufren despojos de valor y que en mutua relación con aquellos, generan a su vez sus formas específicas de reproducción del capital, el mundo dependiente.

Considerar estos mundos en su relacionalidad nos permite comprender que desarrollo y subdesarrollo emergen como las dos caras de un mismo y único proceso, el despliegue del capital como sistema mundial, concretizados en centros o economías imperiales y periferias o economías dependientes. No hay forma entonces de intentar comprender el llamado atraso o el subdesarrollo latinoamericano, por ejemplo, amén de sus formas de dominación y demás aspectos sociales, fuera de ese campo de relaciones y de las particularidades que presenta en diversos momentos y épocas históricas.

Esta es una vía —posible y quizá ineludible— para construir a América Latina como un problema teórico: ¿cuál es su lugar en la producción, reparto y apropiación del valor a nivel del sistema capitalista?, y ¿cuál es la modalidad particular que asume la reproducción del capital en una región dependiente como ésta con consecuencias en el conjunto de su entramado y dinámica societal?

Los particulares pueden multiplicarse, reclamando explicaciones sobre su originalidad. Porque América Latina siendo una unidad atravesada por la condición dependiente presenta en su interior diversidades: Argentina no es Guatemala; Bolivia no es México. Unas naciones fueron (y siguen siendo) economías de enclave, otros de control nacional; unas producen valores de uso que son bienes salarios básicos (carne, trigo), otras exportan "los postres" (café, frutas, azúcar, cacao), lo que propicia diferencias, por ejemplo, a la hora de crisis internacionales; unas crearon Estados nacionales fuertes y sociedades complejas desde el siglo XIX; otras sólo desde mediados del siglo XX.

A contrapelo de la mistificación que establece el discurso posmoderno sobre lo particular y la diferencia, aquí se deben agotar las exigencias de explicación de dichas diferencias. Pero ello sólo será posible, en sentido duro, en tanto se contemplen a su vez los procesos que unifican las partes diferenciadas, en el ejemplo, formaciones con un lugar específico dentro del movimiento del capital en su despliegue como sistema mundial. Universal y particular no son entonces dos aspectos que pueden ser desligados.

Postular a la realidad como un todo estructurado (en contra de la idea de realidad puramente desorganizada), y jerarquizada (en contra de la idea de una totalidad indiferenciada), nos pone en un camino que permite avanzar en comprensión. Por ejemplo, para alcanzar conocimiento de las partes. Pero el todo o la totalidad siempre es más que la suma de las partes, por una razón sencilla: el todo debe considerar las relaciones que establecen las partes. Para el problema que nos ocupa, América Latina es mucho más que lo que podamos decir y agregar sobre todos y cada uno de sus Estados o economías. Hace falta establecer sus relaciones con el sistema mundial capitalista donde se encuentra inscrita y de ahí definir su estructuración interna.

Esto evidencia los problemas de quienes creen que por la vía de sumar estudios parciales (países, regiones o subregiones), terminarán reconstruyendo (la explicación de) América Latina. Los (enormes) libros que suman ensayos país por país sobre un mismo tema, con la ausencia de una articulación de la totalidad ejemplifican esta postura. Hay un cierto empirismo en estos esfuerzos: que la suma de datos o informes resuelva lo que en el terreno teórico (y más a fondo, filosófico) no se ha podido resolver.

Establecido el cuadro desde donde construimos el problema latinoamericano, y desde donde podemos integrar totalidad (universales) y partes (particulares), pasemos al análisis de algunas propuestas en donde América Latina termina diluyéndose en tanto problema.

 

DIVERSAS VÍAS PARA OLVIDARSE DE AMÉRICA LATINA

AMÉRICA LATINA: UN PROBLEMA PRÁCTICO

El pensamiento reinante, alimentado por las visiones neoliberales, ha vuelto a convertir el desarrollo en un recetario con validez universal. Los supuestos de las viejas tesis sobre "las etapas del crecimiento",10 aquellas a las cuales pueden acceder todas las sociedades, a condición de cumplir con ciertas tareas, vuelven a hacerse presentes, ahora remozados, bajo una fase de ajuste y estabilización que permita "sanear" los desequilibrios macroeconómicos, y una fase de crecimiento con estabilidad y redistribución del ingreso.11 Estos supuestos y sus nuevas "etapas" constituyen un denominador común en las propuestas para alcanzar el desarrollo formuladas por organismos internacionales y gobiernos regionales. Esta forma de razonar no es nueva: repite, simplemente modificando el tipo de tareas, los recetarios formulados desde mediados del siglo XX en adelante.

La estructura y la historia, en estos enfoques, son asumidas de una manera particular. Las diferencias (económicas) entre Holanda y Perú, por ejemplo, se deben a la presencia de ciertos elementos (innovación tecnológica, productividad, ahorro, disciplina, eficiencia, inversiones en capital humano, conocimientos) en el primer país, los que no existen —o existen insuficientemente— en el segundo, y a una articulación de los mismos que da como resultado un "círculo virtuoso" de desarrollo en un caso, y de atraso en el otro.

La noción de estructura —entendida como un número determinado de piezas articuladas de una manera específica— es homogénea. La heterogeneidad que se presenta entre naciones es resultado de la ausencia de algunas piezas y/o a su mala articulación. Cada pieza puede ser alcanzada (o incorporada) por cualquier economía que haga los esfuerzos pertinentes con tal fin, con lo cual Perú, siguiendo con el ejemplo, si se lo propone, puede llegar a ser Holanda en materia económica.

De un plumazo desapareció el problema referido no sólo al número de piezas, sino a la gestación de piezas distintas, en tanto existen matrices estructuralmente diferenciadas, por lo que el rompecabezas peruano, aun terminado de armar, producirá un resultado diferente del holandés.

También desapareció el dato que junto a la historia de una Holanda aislada (si es que esto puede concebirse), hay una historia más global e integrada, que ha ligado y liga de maneras diversas las historias de los dos países.12 Por ejemplo, Braudel destaca que "toda economía-mundo" tiene un "corazón" o "centro", el cual, en la etapa de surgimiento y madurez del capitalismo "operó un centramiento hacia 1380, a favor de Venecia. Hacia 1500, se produjo un salto brusco y gigantesco hacia Venecia y Amberes y después, hacia 1550-1560, una vuelta al Mediterráneo, pero esta vez a favor de Genova; finalmente, hacia 1590-1610, una transferencia a Ámsterdam, en donde el centramiento de la zona europea se estabilizará durante casi dos siglos. Entre 1780 y 1815 se desplazará hacia Londres, y en 1929, atravesará el Atlántico para situarse en Nueva York".13

Lo que nos importa destacar es que en los siglos XVII y XVIII existía una organización específica de la economía mundial que hizo posible que mucha de la inmensa riqueza en metales preciosos que las coronas española y portuguesa extrajeron de América Latina (y de Perú, gran productor de oro y plata) fueran a parar a Ámsterdam (actual capital de Holanda) y posteriormente a Londres y sus alrededores. El desarrollo de estas ciudades (y regiones aledañas) no puede entenderse entonces ajeno a este proceso, como tampoco el auge del comercio y la acumulación para la posterior Revolución Industrial en Inglaterra. Habrá que responder porqué Sevilla y Lisboa, corazones de los imperios español y portugués, no pudieron retener esos valores. Pero este problema no puede hacer perder de vista un asunto central: en la acumulación de valor en el mundo europeo de aquellos siglos y en los procesos que pondrán en marcha en materia de despliegue capitalista, las colonias latinoamericanas desempeñaron un papel relevante.

Regresando a nuestro ejemplo: ¿se puede explicar el florecimiento de Amsterdam de aquellos años exclusivamente como un asunto "interno", ajeno al papel del Perú colonizado productor de oro y plata que llegan inicialmente a España y, bajo modalidades diversas, posteriormente a la ciudad holandesa que fungiera como centro del sistema mundial?14 ¿No tuvieron este tipo de relaciones consecuencias estructurales diferenciadas en unos y otros casos? Es en esa historia paralela y global donde se encuentran muchas claves para comprender el surgimiento de matrices estructurales diversas que produjeron y reproducen hoy desarrollo y subdesarrollo.

Con posterioridad a la etapa colonial, los mecanismos que propician las transferencias de valores de las periferias al centro se mantienen, pero bajo otras formas, primero institucionales: hablamos de relaciones entre naciones formalmente libres; pero también de las modalidades como se realizan: pago de intereses por préstamos, traspaso de ganancias de empresas filiales a sus casa matrices, pago de derechos, patentes y tecnología, intercambio desigual, entre otros, alimentando las formas particulares de reproducción del capital y del desarrollo, así como del subdesarrollo en cada caso.

Pero los análisis, bajo nuevos ropajes, regresan nuevamente a los antiguos supuestos de la existencia de un camino para alcanzar el desarrollo, sobre la base de tareas, pasos y etapas que naciones de manera independiente realizan.15 Si se llega a plantear la pregunta por qué en nuestro ejemplo Perú no tiene algunas piezas del rompecabezas (llámese una clase empresarial "emprendedora", innovación tecnológica, etcétera), las respuestas caminarán por el lado de su falta de modernidad debido a la presencia de factores que "obstaculizan" la marcha. Removidos esos obstáculos y apurando el paso se alcanzarán los nuevos estadios, con suerte hasta en plazos menores al que requirieron las naciones ya desarrolladas. O bien se responderá que Perú no sólo va atrasado en la modernidad, sino que, además, ha caminado desviado de la norma universal, por lo que junto con remover obstáculos y apurar el paso, se requiere enderezar el rumbo. La disciplina para no apartarse del camino correcto será la clave del éxito en la materia.

La posibilidad de que nunca surja en Perú una clase empresarial "emprendedora" como la holandesa, a pesar de que se haga lo que el recetario del desarrollo dice, o que esta clase no se plantée las mismas tareas de aquella es algo que difícilmente se puede pensar desde esta perspectiva teórica. La relación entre los sectores exportadores latinoamericanos del siglo pasado y la tecnología es un buen ejemplo para granear este punto. Para una oligarquía que producía preferentemente para los mercados europeos y estadounidense, con casi total despreocupación por la conformación de un mercado interno, sobre la base de una aguda explotación de abundante población trabajadora (alimentada incluso con la importación de esclavos), hubiera sido irracional pedirle que sustentara su producción sobre avances tecnológicos, como sí tuvo que hacerlo la clase empresarial inglesa, necesitada de mercado interno para su producción, por lo que —a partir de los avances tecnológicos y la elevación de la productividad— tuvo que congeniar incrementos en la explotación y la salvaguarda del consumo obrero. Las modalidades de inserción de las economías latinoamericanas al mercado mundial hacían que lo "irracional" en términos teóricos sobre el desarrollo (como una "vía oligárquica" de desarrollo capitalista que desprecia las innovaciones tecnológicas) fuese lo más "racional" en términos reales.

Bajo los supuestos que venimos considerando, América Latina deja de ser un problema teórico para convertirse sólo en un problema práctico: el subcontinente es una región atrasada que no ha realizado adecuadamente las tareas para ingresar al camino que lleva al desarrollo. O que ha realizado algunas, pero no todas, de manera coordinada. Por lo tanto, el problema es sólo de ajustes: se remite a poner a la región en la ruta correcta. Desde estos supuestos es difícil que se pueda cuestionar la factibilidad que se recorra el camino de otras naciones y si es viable hoy la manera como ellas lo hicieron. La respuesta a ambas preguntas es sí... y a poner manos a la obra.

 

UNIVERSALIDAD ABSTRACTA SIN SIGNIFICACIÓN DE LO(S) PARTICULAR(ES)

Desde un extremo opuesto al enfoque recién expuesto, el asunto teórico del subdesarrollo y el de América Latina en particular también desaparecen del horizonte. En algunas interpretaciones que se reclaman marxistas se concibe la realidad como la encarnación y la expresión espacial de las leyes de la acumulación capitalista, mismas que generan riqueza en un polo y miseria en el otro. Es en el capital y en el capitalismo en donde reside la clave de toda explicación, por lo que basta conocer su lógica para comprender las leyes que rigen en toda organización capitalista. Aquí, nociones como imperialismos o centros y regiones dependientes o periferias pierden relevancia en tanto formas particulares de capitalismo. A lo sumo se conciben como simples espacios de apropiación-expropiación, pero sin contenidos propios. Es el universal teórico lo sustantivo, en tanto los particulares quedan relegados como simples manifestaciones de aquel.

En una versión más historizada, como la propuesta teórica del sistema-mundo formulada por Immanuel Wallerstein, tenemos una visión en la que se reconocen heterogeneidades, como la constitución de centros, semiperiferias, periferias y áreas externas.16 Pero la visión holística asume una significación que vacía teóricamente la relevancia de los elementos ahí incluidos, particularmente todo lo que no sea "el sistema-mundo". Por ello las formas particulares como se reproduce el capital en el llamado centro y en las llamadas periferias no pueden ser pensadas, uno, por carecer de relevancia teórica y, dos, porque no se cuenta con las herramientas teóricas con las cuales abordar estos procesos. De esta forma no aparecen las redes conceptuales para entender a su vez las relaciones de las partes.17 El universal abstracto sistémico engulle aquí los particulares.

Wallerstein ha sido claro en su planteamiento: "No creo que el mercado mundial 'engendre' versiones del capitalismo; tampoco creo que existan múltiples 'versiones del capitalismo'. Lo que sí creo es que solamente hay una clase de capitalismo, la única que ha existido históricamente. Es esta entidad, única en su género y eminentemente empírica, la que me interesa describir y analizar".18 La visión del capitalismo latinoamericano como dependiente, en tanto un capitalismo particular y específico, deja de tener significación sustantiva en esta propuesta.19

Tanto en la versión teórica que da por supuesto que todo se encuentra establecido en "el capital"20 (universal abstracto), como en la visión más histórica en donde sólo el sistema-mundo tiene existencia real, el problema latinoamericano tiende a diluirse como problema teórico.

 

UNITAS MULTIPLEX

Lo anterior nos remite a lo señalado por Edgar Morin, quien indica que "el pensamiento simplificante es incapaz de concebir la conjunción de lo uno y lo múltiple (unitas multiplex)". Y agrega que ese pensamiento "o unifica abstractamente anulando la diversidad o, por el contrario, yuxtapone la diversidad sin concebir la unidad".21

De manera sucinta, aquí se encuentra referido uno de los problemas más serios de las ciencias sociales: cómo hacer análisis globales, análisis de la totalidad social, pero sin desconocer o aplastar las unidades menores: lo micro, lo regional, lo local, a los sujetos. Pero, a su vez, cómo considerar estos elementos en el análisis, pero reconstruyendo la unidad de lo diverso, el mapa en donde la dispersión alcanza sentido.

Las dificultades de integrar teórica y metodológicamente estos elementos conllevan en las ciencias sociales a dos modalidades de reduccionismos (o de "pensamiento simplificante", al decir de Morin): una, que asume un sesgo holístico, en tanto "no ve más que el todo".22 Otra modalidad reduce las ciencias sociales al pequeño relato de actores y contextos, a lo micro, a lo local, en donde lo que importa es lo diverso, lo particular, pero nunca lo que integra y organiza lo diverso y lo particular.

En relación con el primer reduccionismo, ya hemos señalado algunas de sus manifestaciones en la crítica a la forma como Wallerstein asume el análisis del sistema-mundo, desde un holismo en donde las partes pierden relevancia teórica. Pero así como hay un holismo que oscurece el análisis, también existe una mistificación del conocimiento parcelario, de la exhaustividad fragmentaria, que termina provocando los mismos resultados: oscurecer la realidad, aunque por otros medios. En este caso el estudio de lo diverso es lo que importa, borrando del escenario lo que organiza lo diverso. De esta forma nunca es posible una recomposición de unidades mayores, mucho menos de la totalidad, que no sea como un gran agregado que no permite definir las relaciones y jerarquizaciones de las partes componentes.

Lo uno y lo múltiple no termina nunca de conjugarse. Lo que importa es la unidad, lo total, dirán algunos (el sistema-mundo o América Latina en su conjunto), en tanto otros enfatizarán que lo que importa es lo múltiple, lo diverso, lo particular (Guatemala, una provincia de Guatemala, un municipio o localidad de Guatemala), derivando en posiciones extremas que apuntan a señalar una verdad, pero al absolutizarla, la trastocan empañando lo que pretenden aclarar.

Los primeros enfatizarán que América Latina es una unidad, y tienen razón, en tanto los segundos afirmarán que Argentina y Guatemala son muy diferentes, y también tienen razón. El interrogante que sintetiza estas dos verdades y que no niega ninguna de ellas es aquel que se pregunta: ¿qué es lo que hace común a América Latina en el sistema mundial, y qué es —dentro de lo común— lo que hace diverso a Guatemala y Argentina? Este interrogante, que permite entender procesos generales y situaciones particulares, es difícil de encontrar en nuestros días.

 

LAS UNIDADES DE ANÁLISIS: ¿SISTEMA MUNDIAL? ¿AMÉRICA LATINA?

Un ejemplo de las dificultades de imbricar lo general y lo particular lo podemos ver en el viejo debate de la década de 1970 en torno a si América Latina era feudal o capitalista entre los siglos XVI y XIX. Ese debate tenía consecuencias políticas inmediatas, particularmente en el seno del marxismo, entre quienes postulaban la falta de madurez capitalista de la región, lo que implicaba acelerar su paso y para ello establecer alianzas con sectores burgueses encargados de precipitar dicha madurez, auspiciando un capitalismo autónomo, y el marxismo que emerge con posterioridad a la Revolución Cubana, el cual negaba esa inmadurez, destacando el estar frente a otra forma de ser capitalista y que rechazaba a su vez la vocación progresista y nacionalista de la burguesía, mucho menos una vez establecida la integración de ésta con el capital extranjero en el desarrollo del propio proceso de industrialización.

Más allá de estos asuntos políticos, lo que nos importa destacar es que en aquellos debates uno de los problemas presentes remitía a la unidad de análisis considerada para comprender las especificidades del capitalismo latinoamericano. ¿Cuál debía ser esa unidad? ¿América Latina aislada y remitida a sus relaciones sociales internas? ¿El sistema mundial, desconociendo las relaciones sociales internas? Al establecerse el debate en estos términos, las corrientes en disputa difícilmente podían encontrar un punto de acuerdo.

Las necesidades de incrementar la masa de metales preciosos, materias primas y alimentos llevaron a los antiguos colonizadores españoles y portugueses y a la oligarquía local, una vez realizados los procesos de independencia, a redoblar la implantación de modalidades serviles de explotación, así como la importación de mano de obra esclava, ante las nuevas demandas de aquellos bienes establecidas particularmente desde Europa.

Para quienes miraban el problema desde las necesidades del sistema mundial capitalista en ascenso, como André Gunder Frank e Immanuel Wallerstein, quien se inscribe en estos debates en años posteriores, América Latina no podía sino ser capitalista desde sus orígenes coloniales, porque su producción incidió en favorecer el avance de ese sistema a nivel planetario.23 Pero para quienes miraban el problema desde las relaciones de producción internas, América Latina era feudal, o a lo menos precapitalista, por el peso de las relaciones serviles y esclavistas en su interior.24

El problema de este diálogo de sordos derivaba de mirar separadamente uno u otro aspecto: el todo llamado sistema mundial, o la parte llamada América Latina, y no la relacionalidad presente entre ellos. Desde ahí aparece un problema paradójico: mientras América Latina pasa a desempeñar un papel clave para el avance y consolidación de una nueva organización reproductiva mundial, el capitalismo como sistema, lo hace reproduciendo en su seno modalidades precapitalistas de explotación, esclavas y serviles, conjugando de manera simultánea lo "arcaico" y lo "moderno". El problema pasaba por encontrar una perspectiva que integrara ambas visiones y las categorías que dieran cuenta de la novedad, pero no como "deformación", al compararla con las características económicas o políticas de algún modelo (el llamado mundo desarrollado), sino como una forma original y particular de organización capitalista, a lo menos desde mediados del siglo XIX,25 distinta a otras formas posibles.

En definitiva, el problema de estas particularidades no se lograba resolver si se tiene en la mira simplemente el sistema global; pero tampoco se entiende si se tiene en frente sólo a América Latina, separada de los movimientos del sistema mundial en ascenso. Junto a una teoría del sistema mundial capitalista era indispensable entonces una teoría del capitalismo dependiente para comprender los procesos latinoamericanos.

 

LA MUNDIALIZACIÓN COMO INTERRELACIÓN

La mundialización (globalización en el lenguaje común)26 nos remite a la idea de un mundo interrelacionado. Pero no toda interrelación conduce a hacer visible "el problema" América Latina. Destaquemos como ejemplo tres visiones.

 

LAS INTERRELACIONES COMO RESPONSABILIDAD GLOBAL

Esto puede expresarse así: todas las naciones forman parte de un mismo planeta, por lo que son responsables de lo que acontece en él. La defensa del Amazonas es responsabilidad de todos, así como la protección de la capa de ozono o de determinadas especies animales. Las diferencias de desarrollo entre las naciones sólo son significativas sea para decidir quienes aportan más y quienes menos recursos, sea para quienes son más o menos responsables frente a los problemas detectados. Lo importante son las responsabilidades compartidas para la defensa de "la casa común".27

 

LAS INTERRELACIONES COMO (INTER)DEPENDENCIA GLOBAL

Estamos en un mundo en donde todas las economías se necesitan. La economía A necesita lo que produce B y ésta lo que produce C, en tanto esta última requiere lo que produce A. No hay economías que puedan subsistir aisladas. Economías abiertas y mutuamente necesarias es el signo de nuestro tiempo. Todos dependemos de todos o, lo que es lo mismo, todos somos (inter)dependientes. Y en este proceso sólo cuentan las diferenciaciones de valores de uso que cada economía produce. Unas exportan robots, otras azúcar, terceras computadoras, las de más allá trabajadores. La diferenciación así asumida sólo tiene consecuencias en la generación de mutuas necesidades y en la necesidad de la cooperación.28

 

LAS INTERRELACIONES COMO RESULTADO Y DETONANTE DE DIFERENCIACIONES ESTRUCTURALES

Junto a la producción de distintos valores de uso, las economías nacionales participan de manera diferenciada en la generación y apropiación de valor, proceso que gesta economías con matrices de reproducción particulares.29

En rigor, sólo la última forma de concebir la interrelación entre regiones y naciones permite plantear interrogantes sobre las originalidades de éstas y en particular sobre América Latina. En las primeras dos visiones el subdesarrollo (latinoamericano) no existe como problema teórico.

 

COMENTARIO FINAL

El conjunto de problemas antes abordados nos ofrece elementos para construir a América Latina como un problema teórico. En ese esfuerzo, caminar de la mano de la filosofía (y de lo epistémico) a territorios de diversas ciencias sociales parece ineludible. Lo disciplinario debe ser transgredido, ya que se convierte en una camisa de fuerza para la reflexión. El propio problema llamado América Latina reclama una visión que rebase lo disciplinario. Su construcción, sin embargo, no se logra por la sumatoria de pedazos disciplinarios (un poco de economía, otro de sociología, un tanto de historia, etcétera), sino de una perspectiva de totalidad, la que nos orientará respecto a qué tomar de lo actualmente disciplinario y cómo estructurarlo en el análisis.

 

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Notas

* Publicado en Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, núm. 58, nueva época, año 21, UAM-Xochimilco, México, septiembre-diciembre de 2008.

1 "Lo verdadero es el todo", afirma Hegel, ya que la filosofía existe "esencialmente en el elemento de lo universal, que lleva dentro de sí lo particular". G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, decimoquinta reimpresión, 2004, pp. 7-16.

2 Productos destinados al mercado, para ser vendidos o intercambiados, no para el auto-consumo.

3 Carlos Marx, El Capital, FCE, México, séptima reimpresión, 1973, tomo I, p. 3.

4 Sobre el tema véase de Jaime Osorio, "Biopoder y biocapital. El trabajador como moderno homo sacer", Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, núm. 52, UAM-Xochimilco, México, septiembre-diciembre, 2006.

5 De Popper puede verse La miseria del historicismo, Alianza-Taurus, Madrid, 1973. De Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973.

6 Noción formulada por Edgar Morin, aunque no con el carácter empírista que aquí le atribuimos para diferenciarla de la noción de totalidad. Véase su Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 1998.

7 Véase Crítica de la razón pura, Losada, Buenos Aires, 2003.

8 Al fin que la ilustración y su crítica posmoderna son dos caras de la propia modernidad, al decir de Carlos Pérez Soto, véase su Desde Hegel. Hacia una crítica radical de las ciencias sociales, Itaca, México, 2008; sobre el tema véase de Nietzsche, La gaya ciencia, Akal, Madrid, 1998; de Foucault, Estrategias de poder, Obras esenciales, vol. II, Paidós, Barcelona, 1999, en particular cap. 8: "La verdad y sus formas jurídicas", puntos I y II, pp. 169-202.

9 Para una exposición del hacerse mundo y complejización del capital, con énfasis en su aspecto político, remitimos al texto de Gerardo Ávalos, "El despliegue político del capital", en el libro de G. Ávalos y Joachim Hirsch, La política del capital, UAM-Xochimilco, 2006, primera parte, cap. II, pp. 57-127.

10 Su formulación correspondió a Walt Whitman Rostow. Véase Las etapas del crecimiento económico, Fondo de Cultura Económica, México, 1961.

11 No desconocemos que existen diferencias respecto a los actores del crecimiento, a los instrumentos y a las políticas económicas entre las propuesta rostowniana del crecimiento y la neoliberal. Aquí nos interesa destacar sus similitudes en su concepción del desarrollo como etapa. Para una exposición de los fundamentos del neoliberalismo véase de José Valenzuela Feijóo, Crítica del modelo neoliberal, Facultad de Economía, UNAM, México, 1991.

12 Con razón Eric R. Wolf se pregunta: "Si por doquier encontramos conexiones ¿por qué nos empeñamos en convertir fenómenos dinámicos e interconectados en cosas estáticas y desconectadas?". Véase Europa y la gente sin historia, Fondo de Cultura Económica, México, 1987, p. 17.

13 Fernand Braudel, La dinámica del capitalismo, Breviario del Fondo de Cultura Económica, México (1986), primera reimpresión, 1993, pp. 88-93.

14 Un análisis de las condiciones que permitieron la hegemonía holandesa, y de Ámsterdam en particular, y los mecanismos para concentrar capitales, puede verse en el libro de Giovanni Arrigí y Baverly J. Silver, Caos y orden en el sistema mundo moderno, Akal, Madrid, 2001, en especial, cap. I.

15 En esta línea vale la pena volver a consultar materiales clásicos que desde América Latina critican a las teorías del desarrollo. Por ejemplo, véase, de Osvaldo Sunkel y Pedro Paz, El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo, Siglo XXI Editores, México, 1970, en particular los capítulos I, II, IV y V de la tercera parte: "La teoría del desarrollo económico". También de Andre Gunder Frank, América Latina: subdesarrollo o revolución, Ediciones Era, México, 1973, en especial el punto 2 del capítulo II: "Sociología del desarrollo y subdesarrollo de la sociología: un examen del traje del emperador".

16 Véanse sus libros El moderno sistema mundial (tres tomos), Siglo XXI Editores, México, El primero fue editado en 1979.

17 Esta suerte de debilidad teórica y conceptual en el planteamiento de Wallerstein y la presencia de un cierto sesgo empirista (datos sin claros referentes teóricos), lo asemejan a su maestro, Fernand Braudel, asunto señalado sobre este último por Jean Chesneaux en ¿Hacemos tabla rasa del pasado?, Siglo XXI Editores, México, 1977, pp. 149-150, y por Romano Ruggiero en Braudel y nosotros, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p. 13.

18 En "Comentarios sobre las pruebas críticas de Stern", Revista Mexicana de Sociología, núm. 3, julio-septiembre 1989, México, p. 341.

19 Este tipo de visiones alcanza a pensadores tan lúcidos como Enrique Dussel, para el cual el problema de la dependencia se reduce a la transferencia de valores, por lo que el problema teórico de un capitalismo dependiente, es decir, de descifrar cómo éste se reproduce y reproduce el proceso de transferencias, pierde toda significación. Véase su tratamiento del problema en Hacia un Marx desconocido. Un comentario de los manuscritos del 61-63, Siglo XXI Editores, México, 1988, cap. 15.

20 Que no es ajena a la idea de que todo está establecido, a su vez, en el libro El Capital, de Marx, Fondo de Cultura Económica, México, séptima reimpresión, 1973.

21 Edgar Morin, Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 1998, p. 30.

22 Ibid., p. 144.

23 Véase de Frank, Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1970. De Wallerstein, El moderno sistema mundial, op. cit.

24 Sobre el intenso debate referido al tema feudalismo o capitalismo en América Latina, véase de Assadourian, Cardoso, Laclau et al., Modos de producción en América Latina, Cuadernos de Pasado y Presente, núm. 40, Córdoba, 1973.

25 Una de las críticas a Frank fue confundir situación colonial con situación dependiente. Esta última, en tanto un proceso interno de reproducción capitalista, sólo puede emerger en economías y naciones (formalmente) independientes y soberanas. Véase de Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, Ediciones Era, México, 1973.

26 La noción de globalización, de raíz anglosajona, remite a la idea de un mundo que avanza hacia la homogenización, sea en desarrollo, pautas de consumo o democratización, por lo que optamos por la noción de mundialización, de raíz francófona, que recoge mejor la idea de un mundo que avanza en integración, pero de manera crecientemente heterogénea.

27 Un enfoque en esta perspectiva lo constituye el exitoso libro Los límites del crecimiento, de D.H. Meadows, D.L. Meadows, J. Randers y W.W. Behrens III, FCE, México, 1972.

28 Argumentos en esta línea fueron vertidos años atrás para criticar la teoría de la dependencia: las naciones siempre necesitan algo de otras; todas son mutuamente dependientes. Por tanto, ¿por qué sólo atribuir "la dependencia" a determinadas naciones o regiones? Estamos en un mundo interdependiente, dirán otros.

29 La corriente marxista dentro de la teoría de la dependencia puede ubicarse en esta posición. Para un examen más pormenorizado del tema remitimos a Jaime Osorio, Crítica de la economía vulgar. Reproducción del capital y dependencia, UAZ/Miguel Ángel Porrúa, México, 2004.

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