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Secuencia

Print version ISSN 0186-0348

Secuencia  no.82 México Jan./Apr. 2012

 

Artículos

 

De la dominación colonial a la fabricación de la nación. Las categorías étnico–raciales en los censos e informes y sus usos políticos en Belice, siglos XIX–XX*

 

From Colonial Domination to the Forging of a Nation. Ethnic–racial Categories in Censuses and Reports and their Political Uses in Belize, 19th–20th Centuries

 

Elisabeth Cunin* y Odile Hoffmann**

 

* Institut de Recherche pour le Développement (IRD–Francia)

** IRD –CEMCA

 

Fecha de recepción: agosto de 2010
Fecha de aceptación: abril de 2011

 

Resumen

Este texto presenta un análisis de los procesos de clasificación y categorización étnico–raciales de la población de Belice a lo largo de los siglos XIX y XX, apoyándose en los censos demográficos y en los informes de gobierno. No nos interesamos tanto en las cifras como tales, sino en las categorías de conteo y su evolución, como indicadores de las lógicas políticas de construcción de una sociedad colonial y luego nacional. Mientras que para el XIX los censos dan cuenta de las distintas formas de manejo de la población (transición de la esclavitud a la libertad, afirmación o negación de la diversidad étnico–racial), los informes administrativos dibujan un modelo demográfico–territorial estático y estereotipado como herramienta de gestión política. Para el siglo XX, se analiza el difícil camino hacia la independencia y los cambios introducidos por el nuevo Estado beliceño (categorías, metodología, actores) en el proceso de construcción de una "identidad nacional".

Palabras clave: Racialización, categorías censales, Belice, políticas de la diferencia, nación.

 

Abstract

This text presents an analysis of the processes of erhnic–racial classification and categorization of the population of Belize in the 19th and 20th centuries, based on demographic censuses and government reports. We are not so much interested in figures as such as in the counting categories and their evolution, as indicators of the political logics of constructing a colonial and then a national society. By the 19th century, censuses reflect the different ways of managing the population (transition from slavery to freedom, affirmation or denial of ethnic–racial diversity), the administrative reports outline a static demographic–territorial model stereotypes as a tool for political management. In the 20th century, they analyze the difficult road co independence and the changes introduced by the new Belize state (categories, methodology, actors) in the process of constructing a "national identity."

Key words: Racialization, census categories, Belize, politics of difference, nation.

 

INTRODUCCIÓN

Por su construcción nacional reciente (adquirió su independencia en 1981), su historia marcada por migraciones intensas y diversificadas y por su tamaño reducido (actualmente menos de 350 000 habitantes), Belice ofrece condiciones excepcionales para analizar los contextos de introducción, difusión y apropiación de las nociones de raza, etnicidad y nación. Las fuentes disponibles permiten interrogar los vínculos entre política y usos de las estadísticas censales. En particular, es interesante estudiar con cierto detalle las estadísticas "étnicas", las que trasmiten o incluso forjan las representaciones acerca de las pertenencias colectivas en el seno de la nación.

Varios autores, beliceños, estadunidenses o británicos en su mayoría, exploraron la cuestión de la construcción nacional en Belice y pusieron énfasis en la historia, las negociaciones geopolíticas, las relaciones internacionales, más recientemente la globalización, es decir, los principales campos de formación y reconocimiento de "la nación" en términos clásicos. En su obra, Nigel Bolland1 analiza las configuraciones de una sociedad colonial marcada por la esclavitud y la explotación capitalista extractiva, la concentración de poderes y la emergencia de una "cultura criolla". Assad Shoman,2 actor importante en la transición política de los años 1970–1980, estudia la historia del siglo XX, se interesa en el largo camino hacia la independencia y la construcción institucional y política de la nueva nación. Joseph Palacio3 enfatiza la diversidad étnica del país a partir del caso de los garífunas. Anne Mcpherson4 insiste en el papel de las mujeres en el periodo agitado y decisivo de la primera mitad del siglo XX, mientras Richard Wilk5 sitúa las dinámicas nacionales emergentes en el contexto más amplio de la(s) globalización(es). Partiendo de estos resultados, nos interesa destacar aquí las prácticas concretas de la "fabricación de la nación", o parte de ellas, en este caso las prácticas destinadas a describir, nombrar y por lo mismo distinguir "unos" de "otros", en un país poblado por personas y grupos de orígenes extremadamente diversos y hoy conocidos como criollos (creóles), garífunas, mayas, east–indians, etc. (véase más abajo).

Proponemos un enfoque basado en la crítica de los instrumentos concretos de la construcción colonial y luego nacional, en este caso las técnicas administrativas de descripción y clasificación de la sociedad. Como lo recuerda B. Anderson, la definición misma de las fronteras del Estado supone la identificación y el conteo de los individuos y grupos que lo componen. "The fiction of the census is that every–one is in it, and that everyone has one —and only one— extremely clear place."6

Tres preguntas generales guían nuestra reflexión:

¿Cómo los instrumentos de control de la población toman (o no) en cuenta la diversidad del poblamiento? ¿Cómo se modifica a lo largo del tiempo el concepto de la diversidad: de origen, nacional, religiosa, racial, étnica, etc.? ¿Cuáles son las lógicas subyacentes en las elecciones técnicas y cómo cambian, se suceden o se superponen de un periodo al otro?

¿Quiénes elaboran los instrumentos (censos) y con qué objetivos? ¿Cómo varían estos instrumentos y objetivos en función del marco político–institucional (colonia, autogobierno [self–government], independencia) que les produce?

Si consideramos que la cuestión de los censos está en el centro mismo de las técnicas de "fabricación de la nación" en el sentido de Anderson, ¿cómo se elabora la cuestión de la nación, que hace tradicionalmente corresponder un territorio con un "pueblo" y una "cultura compartida", en un contexto colonial particularmente original que no corresponde o corresponde mal con este esquema?

El contexto analizado aquí es tan específico que determina gran parte de las respuestas a estas preguntas. Belice7 es un pequeño país de Centroamérica que mira al mar Caribe al este, vecino del gigante mexicano al norte, de Guatemala al oeste y de Honduras al sur. Es también un país anglófono en el corazón de una Centroamérica de habla hispana, con un fuerte porcentaje de población negra y criolla8 en medio de países de tradiciones indígenas y mestizas; se volvió oficialmente colonia (británica) en 1862, medio siglo después de que sus vecinos habían logrado su independencia, independencia que sólo alcanzó a finales del siglo XX (1981), mucho después de las últimas olas de descolonización que empezaron en los años 196o. Belice es, en suma, un pedazo del Caribe encallado en Centroamérica, una fachada caribeña y un interior "latino", un mosaico de criollos, indígenas y mestizos pero también de garífunas,9 chinos, hindúes, menonitas, un país "desfasado" en relación con el resto de Centroamérica: no faltan las imágenes contrastadas —y a menudo estereotipadas— que procuran describir este territorio y su población que escapan de los modelos de los países vecinos.

De hecho, aunque geográficamente ubicado en el virreinato de Nueva España desde el siglo XVI, este territorio escapa desde el origen al control de los españoles. Es, por el contrario, rápidamente alcanzado por poblaciones fluctuantes de navegantes más o menos piratas o contrabandistas, muy poco numerosos, quienes no buscan tanto fundar una colonia de población como garantizar un "asentamiento" (settlement), un espacio de vida protegido de las incursiones militares europeas. Frente a estos recién llegados, las poblaciones indígenas autóctonas (maya mopán y ketchi) se hicieron tan discretas que siguieron siendo mal conocidas, incluso desconocidas, prácticamente hasta el siglo XX. Durante varias décadas y hasta 1834, la población se compone oficialmente de una mayoría de esclavos, de algunos negros o mulatos libres, y de una minoría de "blancos" madereros (aproximadamente una décima parte de la población). Su origen británico les permite tener un potente aliado, la corona británica, que los defiende hasta el punto de fundar en 1862 una "colonia" que sin embargo debe enfrentarse con las pretensiones territoriales mexicanas y guatemaltecas. Algunas décadas antes, a inicios del siglo XIX, una minoría garífuna se había instalado al sur del país. Poco numerosa incluso hasta hoy (sólo está presente en apenas cinco localidades), la comunidad garífuna es importante por su papel político y cultural. Otras comunidades, representantes de diásporas clásicas en el Caribe (hindúes [east–indians], chinos, sirio–libaneses) también están presentes en Belice desde el siglo XIX.

La dinámica demográfica, extremadamente débil durante siglos, empieza a despegar con la llegada masiva de refugiados del norte, es decir de México, que huyen de la guerra de Castas de Yucatán en la segunda mitad del siglo XIX. Indígenas de varios grupos mayas, ladinos, mestizos, criollos, españoles o yucatecos se vuelven migrantes temporales o permanentes, y muchos se instalan en la mitad norteña de Belice,10 desarrollando su agricultura. En 1893 el tratado Mariscal–Spencer aparece como una solución al problema fronterizo entre ambos países. Belice no ve con malos ojos una consolidación demográfica de esta porción de su territorio, mientras México busca ante todo pacificar el territorio y acepta, aun con reticencia, esta redistribución de la población. Ya a partir del fin de la guerra el gobierno mexicano favorece las migraciones de vuelta hacia el sur de México. En cambio, la tensión sigue fuerte entre Belice y Guatemala, incluso después de la independencia de 1981 y hasta nuestros días. Pero esa es otra historia. La primera mitad del siglo XX ve sucederse fuertes movilizaciones populares en contra de la extrema pobreza y la dominación colonial que desembocan en la obtención del derecho de voto (1954), el estatus de autogobierno en 1964, y finalmente la independencia en 1981.

Este breve resumen refuerza la imagen de un contexto muy específico, sellado durante varios siglos por la incertidumbre político–administrativa y territorial así como por una marginalización tanto geográfica como política en el escenario centroamericano.

Este contexto orienta, pues, los métodos adoptados para contestar a nuestras preguntas iniciales. La interpretación se basa, por cierto, sobre el análisis diacrónico de los censos de Belice, desde el primer conteo de la población en 1816 hasta el censo del año 2000, pero, más que los resultados (cifras), nos interesan aquí las condiciones de su elaboración, las categorías utilizadas, las recomendaciones que acompañan los censos, y su uso. De esta manera, desde nuestro punto de vista, los cuestionarios de los censos arrojan tanta o más información que los cuadros de resultados. Esta perspectiva sigue la propuesta de David Kertzer y Dominique Arel11 en su obra dedicada al papel de los censos en la producción de identidades colectivas, en particular a través de las categorías étnicas y raciales. Estas rebasan por mucho su estatuto de "instrumento técnico" y traducen el estado de conocimiento de las elites técnicas e institucionales del país al momento del censo. Las categorías se vuelven así una expresión de "lo colectivo", colonial o nacional, tal y como es percibido y representado por las elites. Pero pueden a su vez influir, y hasta condicionar las relaciones entre los grupos así construidos y calificados por los censos sobre criterios presentados como étnicos, raciales, religiosos, regionales, de nacionalidad, etcétera.12

 

SIGLO XIX–PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. DE LA GESTIÓN DE LA POBLACIÓN AL CONTROL DEL TERRITORIO, LA CONSTRUCCIÓN DE LAS DIFERENCIAS

Empezaremos este relato "contado" con los primeros censos de población, a inicios del siglo XIX. En esta época, las rivalidades entre las potencias europeas prohíben hablar de un "territorio" británico, y el compromiso británico se limita primero a la contabilización de la población que le es más cercana. Poco a poco la fijación de las fronteras y el reconocimiento de los países centroamericanos (fin del siglo XIX) llevan a Gran Bretaña a privilegiar el control económico y político del territorio. Siempre en desfase y a menudo a contracorriente de sus vecinos, Honduras Británica se organiza poco a poco, en una precariedad generalizada y una extrema debilidad demográfica que, juntas, marcan sin duda su especificidad en relación con Guatemala y con México.

Contar a la población: fluctuaciones cíe las categorías étnico–raciales

La victoria de Gran Bretaña sobre España en la batalla de Saint George's Caye, el 10 de septiembre de 17 98, marca, al menos simbólicamente, la adscripción del territorio beliceño al imperio británico. Sin embargo está lejos de poner fin a las rivalidades entre las potencias coloniales por el control de Belice, y no se traduce en un nuevo compromiso de Gran Bretaña para desarrollar y administrar el territorio. Esta situación ambigua, entre estrategia de dominación frente a España, luego México, y un desinterés de hecho por la sociedad local que se establece, se vuelve a encontrar en los censos: ya que Gran Bretaña no puede, o no quiere, controlar un territorio cuyas fronteras son problemáticas y que sigue siendo en gran medida desconocido y difícilmente accesible, apunta ante todo a centrarse en la población. Así, los censos son bastante numerosos a inicios del siglo (1816,1820, 1823, 1826, 1829, 1832, 1835, 1840) y desembocan en una categorización extremadamente minuciosa en 1861.

En el cuadro 1 presentamos las fuentes exactas con algunas de sus características, entre ellas la "autoría" del censo (administración). Sólo precisemos aquí que estos son elaborados por la administración colonial cuya sede es Jamaica, hecho que introduce ciertos sesgos, como veremos a continuación. Se corrobora así que el lugar (en el sentido de locus, Lugar donde se enuncia la palabra) de elaboración del censo influye directamente en los resultados del mismo.

En esta primera mitad del siglo XIX lo que está en juego es ante todo gestionar el paso de la esclavitud a la abolición (la trata es abolida en 1807 y la esclavitud en 1834) y tomar en cuenta a una nueva población libre no blanca. Los censos de 1816, 1820, 1823, 1826, 1829 y 1832 consideran de esta manera cuatro categorías: blancos (whites), de color (coloured), negros (blacks) y esclavos (slaves): se piensa y se organiza la sociedad alrededor de esta distinción estructurante que sólo concierne a las poblaciones descendientes de europeos y africanos.13 Sin embargo, ya en esta época otros grupos viven en el territorio: misquitos, garífunas, mayas. Pero no interesan a los administradores británicos, enfocados en la ciudad portuaria de Belice desde la cual se gestiona la explotación de los recursos forestales. Se dan informaciones suplementarias (nombres) sobre, por una parte, los jefes de familia (heads of families), calificados como personas (persons) a partir de 1826, y sobre los esclavos (nombres, edades) por otra parte: ambos constituyen de hecho los dos pilares de la sociedad, aun si sólo los primeros son considerados como "familias" o "personas". En 1821 y 1834 se elaboran registros de esclavos que dan a conocer en particular fichas individuales para cada esclavo (en 1834).

Los censos de 1835 y 1840 suprimen la categoría esclavos, reemplazándola por la de trabajadores aprendices (apprenticed labourers): la esclavitud fue abolida, pero el antiguo esclavo sigue teniendo un estatus aparte y debe ser enmarcado. De manera reveladora, se constata que la presentación de los resultados es exactamente idéntica antes y después de la abolición (un cuadro estándar de página doble, cuya última columna cambia de nombre), y que la categoría trabajadores aprendices proporciona las mismas informaciones (nombres, edades) que las que daba la categoría esclavos. Dos dinámicas parecen entonces superponerse: la gestión de la esclavitud y de la abolición, y la introducción de categorías racializadas para medir la población libre.

Un acontecimiento llega a trastornar este modo de aprehensión de la población: la llegada, a partir de 1847, de refugiados yucatecas huyendo de la guerra de Castas del vecino México,14 visible en el censo de 1861. Aun cuando la población era muy poco numerosa15 (5 653 personas censadas en 1826, un poco menos –4 235— tres años después), aumenta considerablemente en 1861 (25 635 habitantes), con casi la mitad de la población en el norte, en la frontera con México.

En este censo de 1861, el criterio anunciado como "raza" se refiere de hecho a una multiplicación de las categorías (42) que pretende dar cuenta de la diversidad de la población. Las denominaciones mezclan referencias a la raza, a la lengua o a la nacionalidad, con un lujo de precisiones: anglohispánico (anglohispanic) diferenciado de español–inglés (spanish english), o francés–portugués (french portugués) de portugués–francés (portugués french) por ejemplo. O bien la declinación de ocho categorías sólo para los "ingleses": anglosajón, anglo–honduras, angloafricano, angloamericano, angloindio, anglohispánico, anglofrancés, anglocarib. Este censo evidencia la insistencia en definir y describir las categorías de mezcla a partir de criterios múltiples y no jerarquizados. Muchos se refieren a la nacionalidad pero interfieren, "cuando es necesario", con calificativos más genéricos (coolíes) o étnicos (carib, indio). Mientras sólo se tomó en cuenta a la población blanca y negra y sus mezclas en los censos de inicios de siglo, el censo de 1861 introduce algunas de las categorías que perdurarán (con algunos ajustes sobre los cuales volveremos) hasta fines del siglo XX: anglo, africano, indio, español, carib, sirios, chinos, coolíes. Finalmente, debe notarse que las nacionalidades mencionadas se refieren todas a las europeas, y excluyen, en particular, a México y los países centroamericanos. Estas "naciones jóvenes"16 no parecen ser pertinentes para los administradores encargados del censo, que tienen un enfoque estrictamente europeo. Por otra parte, un buen número de las categorías compuestas, que no serán retomadas después, reflejan, por un lado, el dinamismo de la población y, por el otro, la voluntad de describirlo. Al mismo tiempo, volveremos sobre el punto, la precisión de estos datos no parece realmente pertinente en tina lógica de control de la población.

La segunda mitad del siglo XIX ve un reforzamiento de la presencia británica en Belice, con la adopción oficial del estatus de colonia en 1862. Mientras los vecinos centroamericanos ya son independientes, se trata ahora de reafirmar la presencia británica en la región. Las relaciones con las nuevas naciones centroamericanas se normalizan y, en 1893, el tratado Mariscal–Spencer define la frontera entre México y Belice. Una vez definido este marco institucional (colonia) y diplomático (fronteras), Gran Bretaña puede entonces dedicarse más directamente al control de este territorio que le pertenece oficialmente y cuya extensión es reconocida. Paralelamente, el agotamiento de la guerra de Castas y la nueva presencia del Estado mexicano en la frontera (creación del territorio de Quintana Roo) ponen fin a las migraciones desde México hacia Belice y abren la vía a las migraciones de regreso, esta vez desde Belice hacia México. Surgen entonces debates acerca de estos habitantes de origen mexicano que deciden quedarse en Belice: más que españoles o ladinos, deben ser considerados como británicos, y jurar fidelidad a la corona británica.17 De hecho, con el cambio de siglo prevalece ante todo una lógica de gestión del territorio —y no tanto de la población como antes— y de afirmación política de pertenencia a la colonia. Los censos de la época lo muestran: a finales del siglo XIX (1871, 1881, 1S9D e inicios del XX (1911, 1921, 1931) ya no mencionan las pertenencias raciales y/o étnicas.18 Se trata de afirmar la presencia inglesa, que se concreta a través del control del territorio; la identificación política con la colonia reemplaza las identificaciones étnico–raciales. Volvemos a encontrar aquí la visión "clásica" del siglo XIX imperial, que asocia territorio, pueblo, Estado y nación —visión cristalizada en la conferencia de Berlín de 1890 y teorizada como "modelo westfaliano".19

Gestionar a la población: construcción de un modelo invariante

Paralelamente a los censos de población, se elaboran informes regulares que apuntan a sintetizar las principales informaciones sobre Belice; estos informes abordan múltiples campos (historia, economía, infraestructuras, etc.), entre ellos la población. Fueron publicados regularmente en Londres, luego en Belice, entre 1888 y 1965, y se dividen en tres tipos: Colonial Reports, Handbooks y Blue Books (véase cuadro 2). Mientras los censos anteriormente estudiados apuntaban a dar una cuenta cada vez más precisa de la composición de la población (hasta el caso extremo de 1861), y luego ignoraron las diferenciaciones étnico–raciales (desde 1871 hasta 1931), estos informes parecen construir una realidad social sin referirse a los censos. Llegan así a forjar una imagen estereotipada e inmutable de los diferentes grupos, asociándolos con un territorio delimitado y con la historia de su llegada a Belice. Se advierte, de esta manera, una forma de reiteración institucional que dibuja un modelo invariante de configuración demográfica de Belice y justifica una política estandarizada, conocida como divide and rule.

En el Handbook of British Honduras, 1888–1889, Lindsay Bristowe y Philip Wright, representantes de la corona inglesa, contemplan así cuatro categorías: los indígenas, los ladinos —también llamados españoles (spaniards) o elemento español (spanish element)— los de color o criollos y los caribs. Los primeros ocupan el norte del territorio, "they live industriuously and inoffensively in villages scattered over the [Northern and North–Western] district, cultivating their patches of maize and pulse in small and neatly endose fields known as milpa". Los ladinos, también ubicados al norte y descendientes de españoles e indígenas, se caracterizan por una "freedom of thought and manners, as well as information and enterprise. To this class most of the artisans and operatives belong."20 A propósito de los caribs de la zona sur del país, se recuerda que

the usual division of labour among savage nations is observed by them. The daily drudgery of the household is belongs to the women, who also cultive the small fields in which the cassava [...] and other crops are raised. The man pursue their hunting and fishing, and unclertake the more severe labours attendant upon the building of their huts.21

Finalmente, en cuanto a los criollos "of European and African descent", viven principalmente en el centro del país y forman "a hardy, strong, and vigourous race of people, who are the woodcutters of the interior, and the main instrument in keeping up the commerce of the colony".22

Se establece de esta manera una asociación población–territorio que se basa sobre una calificación estereotipada de las poblaciones (identidad, ocupación). Los indios y mestizos españoles al norte, los negros, los criollos y los garífunas en el centro y el sur. Este modelo general no varió hasta 1965, fecha del último informe correspondiente a la obtención del estatus de autogobierno (self govermnent) (1964) para Belice. En los Colonial Reports, esta descripción se repite de manera idéntica durante largos periodos (1931–1938, 1946–1950, 1954–1957) y los cambios en todo el periodo (1898–1965) son insignificantes. La reiteración más parece cumplir con una función de balance anual obligatorio dirigido a la metrópoli que de verdadero análisis actualizado:

the Corozal and Orange Walk Districts are inhabited principally by the descendants of the Spanish and Maya peoples. The Stann Creek District is peopled, in the main, by Caribs, while in the Toledo District Caribs and Maya predominate. In the Cayo District are Guatemaltecans, Mexicans and a few Syrians. In the Capital the "Creóles" (descendent of the early setrlers) are in the majoriry, but there are also a large number of people of Latín extraction from the neighbouring republics, and Syrians and Chínese. There is a limited number of Europeans and US citizens.23

Sin embargo, un comentario que también se repite acompaña esta descripción: "owing to intermixing, racial classification of the population is difficult and unreliable". Los informes se basan entonces sobre la reiteración de un modelo étnico–racial, al mismo tiempo que precisan que el mestizaje impide clasificar a la gente mediante criterios raciales... Así, se observa a la vez un reconocimiento y una negación del mestizaje; de hecho, su evocación contribuye a reactualizar las categorías "originales" (españoles, criollos, caribs, mayas), mientras se integra a nuevos grupos definidos a partir de su nacionalidad (mexicanos, guatemaltecos, sirios, chinos). No se contempla a los colonos británicos en este esquema, mientras todos los "otros" son considerados como migrantes (incluso los mayas, que ven negada su autoctonía). Si bien no escapan de una asignación identitaria, los criollos representan, porque están más cercanos de los blancos, el fundamento de la sociedad: los criollos, "together with the whites, are, in fact, the backbone of the colony".24

Gran Bretaña instaura, en definitiva, un modelo de sociedad que mezcla las pertenencias raciales, culturales, geográficas y en el cual "cada quien está en su lugar", y eso en el mismo momento en que los censos de población abandonan las categorías étnico–raciales (fin del siglo XIX, inicio del XX). Esta estrategia de alterización (en referencia a las migraciones y sin autoctonía) justifica la dominación de un pequeño grupo: los primeros migrantes europeos apoyados por los criollos de estatus ambiguo, a la vez otros y fundadores de esta sociedad.

 

LA LENTA MARCHA HACIA LA INDEPENDENCIA. ¿CUÁL NACIÓN CONSTRUIR?

A inicios del siglo XX los primeros "estremecimientos", principalmente sociales y económicos, adquieren una dimensión política. Sin embargo, no se habla todavía de independencia. La prioridad es la gestión de una pobreza extrema, a veces de la hambruna, que desemboca en motines raciales (race riot) en 191925 y en el nacimiento de los sindicatos. Al igual que en el resto de Centroamérica (manifestaciones antigarífunas en Honduras, revueltas populares duramente reprimidas en El Salvador), los años 1930 son agitados. En Belice, el huracán de 1931 marca el inicio de la movilización popular. Esta se acentúa después de la segunda guerra mundial, en reacción contra la devaluación (1949), y se organiza alrededor de la fundación del primer partido político local, el pup, People's United Party (1950), y la huelga nacional de 1952. El gobierno colonial autoriza el derecho de voto en 1954, proclama el autogobierno en Belice en 1964 y, a partir de los años 1960, las independencias de los demás territorios de las Indias Occidentales (West Indies). La independencia de Belice "se arrastra" hasta 1981, frenada principalmente por el conflicto fronterizo con Guatemala.26

¿En qué medida los censos traducen o informan sobre estas transformaciones radicales de la sociedad, primero organizada bajo una forma colonial, luego de una nación independiente? Procederemos al igual que para el anterior periodo, analizando las categorías utilizadas y su evolución (véase cuadro 3).

Periodo 1946–víspera de la independencia

Este periodo está marcado por tres censos, en 1946, 1960 (aunque sin resultados) y 1970. Se elaboran en el marco general de las Indias Occidentales y se aplican en Belice, con una abierta voluntad de comparación en el conjunto del Caribe anglófono. Así, en 1946, el censo se aplica al mismo tiempo en Barbados, Guyana, Honduras británica (Belice), las islas Leeward, Trinidad y Tobago, Dominica, Granada, Santa Lucía y San Vicente. Se trata del primer censo planificado para el conjunto de las Indias Occidentales e incluye una detallada lista de instrucciones idénticas para todas las colonias implicadas. Se trata entonces de afirmar la fuerza y la unidad del imperio británico. Estamos ante todo en una lógica de inserción en el conjunto del imperio y de gestión casi mecánica de los territorios y poblaciones.27

Sin embargo, al mismo tiempo, los comentarios incluidos en los censos evidencian hasta qué punto Belice difiere del resto de las Indias Occidentales. De esta manera, en los censos de 1946 y 1970, un párrafo específico se dedica generalmente a Belice (y también a Guyana), recordando la dificultad de integrarlo en el modelo general de las Indias Occidentales: se considera como menos homogéneo racialmente (less racially homogeneous), el porcentaje de su población amerindia es más importante, concentra la casi totalidad de los caribs (garífunas) de las Indias Occidentales. A pesar de eso, y si bien se diagnostica adecuadamente esta situación de desfase, Belice es demasiado chico, demasiado poco poblado, y no se llega a la elaboración de nuevas categorías o a la adaptación del modelo general de censo.

Uno de los debates más animados es sobre la cuestión de las categorías mixtas. En efecto, se transforman los criterios que toman en cuenta el mestizaje: en 1946, se recomienda clasificar como negros (blacks) a los hijos de mestizo (mixed) y negro.28

Sin embargo, este enfoque cambia a partir de 1970; se trata entonces de tener particular cuidado con el "así llamado grupo mestizo" (so–called Mixed group). Los hijos nacidos de padres mestizos o miembros de dos grupos raciales diferentes deben ser clasificados como mestizos. Desmarcándose así de la política británica del divide and rule que tiende a distinguir cada categoría étnica, el censo de 1970, elaborado a la escala de las Indias Occidentales, prefiere insistir sobre las categorías del mestizaje y no sobre las que remiten a un origen único. En ese momento en el cual numerosas colonias británicas logran la independencia (y Belice el autogobierno), podemos por supuesto interrogarnos sobre esta coincidencia entre valorización estadística del mestizaje y construcción de las identidades nacionales.

En el caso de Belice la toma en cuenta del mestizaje es todavía más compleja. En efecto, en las Indias Occidentales el mestizaje atañe sobre todo a los descendientes de poblaciones de origen africano mezclados con poblaciones ya sea de origen europeo o de origen asiático. Ahora bien, los trabajos clásicos de Michael Garfield Smith,29 en los años 1960, han demostrado el carácter dual de la composición de Belice, dividido entre un segmento criollo negro–blanco (negro–white creole) y otro mestizo español–indígena (spanish–indian mestizo), herencia de las migraciones ligadas a la guerra de Castas. A pesar de sus esfuerzos por integrar los mestizajes, los censos elaborados en las Indias Occidentales no logran aprehender este "otro" mestizaje que remite a los descendientes de poblaciones indígenas e hispánicas. Es así que se observa, en el censo de 1970, cierta importancia de la categoría "otras razas" (other races), que reagrupa a los individuos que no se reconocen en ninguna de las categorías existentes, y llega a 11.5% de la población.

La independencia. Censos de 1981, 1991 y 2000

¿Implicó la independencia que la nación privilegie la criollización en detrimento de las anteriores clasificaciones raciales y étnicas? ¿Existió una voluntad de desmarcarse de la asociación territorio–población tan apremiante en las representaciones coloniales de los diferentes informes, y forjar así una nueva visión de la sociedad nacional? ¿Cómo lo reflejan los censos? No tenemos, por cierto, todos los elementos para poder responder a estas preguntas generales; sin embargo, el análisis de los cambios de categorías nos abre pistas para comprender esta nación en construcción.

De manera general, según los propios términos utilizados en los documentos técnicos de los censos, se consideran categorías raciales (1946, 1970, 1981), raciales y étnicas (1960), raciales, étnicas y nacionales (1991) y étnicas (2000). Más allá de estas calificaciones generales, las categorías utilizadas mezclan generalmente la referencia a la "raza", la etnicidad, la nación, e incluso la religión. El censo del año 2000 parece acercarse más a los estándares internacionales promovidos en particular por las agencias internacionales, como lo muestran en particular la utilización de la categoría blanco/caucásico (caucasian/white) o el abandono de la referencia a la raza.

Para el periodo 1946–2000 se observan, para algunas categorías, cambios que son más que ajustes. Aun si cambia el nombre, no parece haber confusión sobre las fronteras que representa la apelación, por ejemplo para los blancos (1946, 1970, 1981, 1991), calificados como europeo (o blanco) en 1960 y blanco/caucásico en 2000 (en 1861, se utilizaba el término anglosajones); la categoría sirio se transforma en sirio–libanés en 1970, antes de desaparecer en 2000; las categorías chino e hindú (east indian) (que recuerdan a los coolíes de 1861) no cambian, menos en 196o para la primera (chino y japonés) y en 1991 para la segunda (indian en lugar de east indian); la categoría alemán–holandés–menonita (german /dutch /mennonite) aparece en 1991 y se transforma en menonita en 2000, abandonando así la referencia europea.

Notaremos sin embargo dos evoluciones significativas para nuestro tema, que se inscriben en el paso de categorías elaboradas en el marco de las Indias Occidentales, hacia categorías construidas cada vez más localmente. Mientras el censo de 1981 dependía todavía parcialmente de las instituciones de las Indias Occidentales, el de 1991 fue el primero elaborado localmente en su totalidad, provocando incluso ciertas rivalidades entre dos instituciones de la nueva nación, el Central Statistical Office y el Ministry of Home Affair –quedando finalmente el primero a cargo del censo. Estas transformaciones cuestionan directamente la relación entre categorías de censo e independencia nacional.

Se observa primero la aparición de una lógica de etnicización para dos grupos, los garífunas y los mayas, a partir de la utilización de categorías de autodenominación. Los primeros se identifican con el término colonial caribs hasta 1946, desaparecen en 1960 y 1970, y luego reaparecen con el nombre de garífunas en 1981, 1991 y 2000. Los segundos son calificados con los términos genéricos de indios (indians) en 1861, indios americanos (american indiani) en 1946 y amerindios (amerindians) en 1970 (no fueron contabilizados en 1960), y luego se diferencian en maya y ketchi en 1970, en mopán, ketchi y otros mayas en 1991, y finalmente en mopán, ketchi y yucatecos en 2000. Se constata así énfasis en la multietnieidad30 en la época misma de la independencia de Belice.

La segunda evolución atañe a dos procesos más problemáticos (al menos en términos de análisis), sobre los cuales nos vamos a detener más largamente: el paso de las categorías de africano (1861), negro (1946), africano (negro) (1960) y negro (1970) hacia la de criollo (creole) a partir de 1981; y el paso de las categorías de mezclado o de color (mixed o coloured) en 1946, otras razas y todas las demás razas mezcladas (other races and all other mixed races) en 1960, mezclado (mixed) en 1970, hacia la categoría de mestizo a partir de 1981. Se vuelve así a constatar una fuerte voluntad de transformación en 1981, que se traduce en la presentación de un país esencialmente criollo y mestizo, términos que aparecen por una preocupación por dar cuenta de la composición étnico–racial del país y de utilizar las categorías en uso en Belice. Sin embargo, semejante modificación de las categorías no deja de ser cuestionable: en efecto, supone una doble equivalencia entre, por una parte, los términos black, africano, negro y criollo y, por otra, entre la apelación mixed y la de mestizo.31

En Belice, el término mestizo se refiere a un acontecimiento histórico preciso que define a una población: los descendientes de los migrantes llegados de Yucatán en la segunda mitad del siglo XIX huyendo de las violencias de la guerra de Castas. Se trata, en alguna forma, de un etnónimo, a diferencia de mixed, que define un estado de mezcla, y a diferencia también del significado común de la palabra mestizo en Centroamérica y México, que remite a los descendientes de españoles e indígenas. Ahora bien, como hemos visto, se introduce esta categoría en 1981, cuando una ola de migración centroamericana afecta a Belice desde el fin de los años 1970 (migrantes políticos y económicos llegados sobre todo de Guatemala, El Salvador y Honduras): el etnónimo que designaba específicamente a los refugiados de la guerra de Castas del siglo XIX llega a integrar al conjunto de la población que tienen en común el idioma español o la "cultura latina".

El contexto político es entonces muy cargado: en el momento de la independencia de Belice, la nueva nación que se pensaba como criolla por su encallamiento en las Indias Occidentales y su especificidad en relación con Centroamérica, acaba siendo finalmente una nación mestiza... De hecho, en el censo de 1991, la población mestiza es más importante que la criolla.32 Las estadísticas están a la orden del día y los observadores (medios, intelectuales) se preocupan por este giro étnico (ethnic shift) que transtorna la cara de la nueva nación. En este sentido, lejos de ser un instrumento de control de la población, los censos simbolizan por el contrario el nacimiento de un Estado débil, que no domina todavía a la perfección sus herramientas de poder, frente a la nación inesperada caracterizada por la introducción de categorías étnicas de autodenominación (garífunas, diferentes grupos mayas) y la preponderancia de la población mestiza (extremadamente heterogénea) sobre la población criolla.

 

CONCLUSIÓN

Belice se aparta evidentemente del modelo centroamericano centrado en una política del mestizaje, que se establece a partir de los inicios del siglo XIX. Sin embargo, su encallamiento en el Caribe anglófono, más dirigido hacia una administración étnica de las poblaciones, no debe ocultar las considerables variaciones en la gestión de la etnicidad y la definición misma de las categorías. Los primeros censos realizados en el siglo XIX gestionan la cuestión del paso de la esclavitud a la libertad y enfocan sólo a una parte de la población, de origen europeo y africano, concentrada en la ciudad de Belice. La llegada de los refugiados yucatecos de la guerra de Castas a mediados del siglo XIX conlleva un cambio de perspectiva, y el censo de 1861 da cuenta, con una precisión extrema, de la diversidad de la población en su conjunto. A su vez, esta lógica es rápidamente abandonada y, entre 1871 y 1931, los censos ya no se interesan por la composición étnico–racial de la población. Belice es entonces oficialmente colonia de Gran Bretaña, y la afirmación de la presencia británica, así como el control del territorio, parecen prevalecer por sobre la administración de los diferentes componentes de la población. Sin embargo, al mismo tiempo, en sus múltiples informes sobre Belice los administradores británicos reproducen un esquema invariable, ignorando los cambios de las estadísticas y dibujando una representación estereotipada de la trilogía etnicidad–identidad–territorio. Luego de un inicio de siglo marcado por dramáticos acontecimientos (pobreza, motines, huracán) y las primeras movilizaciones anticoloniales, el censo de 1946 y los siguientes vuelven a tomar en cuenta las categorías étnico–raciales. Son mucho más técnicos y completos pero, en una primera etapa, parece existir un desfase entre la herramienta y lo político. En efecto, los censos están elaborados en el marco de las Indias Occidentales, con una explícita voluntad de uniformización en una región de dinámicas centrífugas crecientes,33 y a veces se adaptan bastante mal a la particular situación de Belice. En 1981, con la independencia, los censos tienden a integrar los usos locales y valorizar las categorías del mestizaje (creoles y mestizos), que encarnan la nueva "identidad nacional". Paralelamente, algunas categorías de la etnicidad pasan de una heterodenominación excluyente a una autodenominación diferencialista "normalizada" en el plano internacional (de caribs a garífunas, de indio americano, amerindio o maya al reconocimiento de los diferentes grupos mayas, yucatecos, mopán, ketchi).

De esta manera, nuestra hipótesis inicial que postulaba una relación entre los acontecimientos históricos y los procedimientos de censo acaba siendo a la vez confirmada y cuestionada. Confirmada porque se logró demostrar hasta qué punto las categorías de censo traducen más cambios de percepción acerca de la composición de la población que modificaciones de esta última. Es, de hecho, el contexto histórico y político de una época dada el que explica la adopción y el uso de tal o cual categoría de identificación, no directamente como una "traducción" de la realidad, sino más bien mediante la percepción y el conocimiento de lo social construidos en las relaciones de poder.

Pero debemos también reconocer, al mismo tiempo, que nuestra hipótesis es bastante frágil pues, a decir verdad, la resolución de las dudas o de los conflictos de interpretación sobre las categorías que deben utilizarse parece regulada por un pragmatismo a prueba de todo. Recordemos que "los que deciden", administradores, técnicos, son muy poco numerosos en Belice. Las preguntas se zanjan en reuniones que son al fin y al cabo muy restringidas, donde la opinión de una o varias personas puede fácilmente imponerse. El resultado no siempre es la expresión de un debate de fondo, como podría interpretarse a posteriori, sino más bien la de un consenso establecido sobre bases arguméntales implícitas. De cierta manera, el sentido común prevalece por sobre la argumentación técnica o política, lo cual privilegia la continuidad de visiones bastante estereotipadas y consensuadas mientras "no estorben". Se puede entonces poner en relación el "malestar", es decir la necesidad de clarificar las elecciones establecidas, de explicitar y justificar las categorías, con acontecimientos históricos mayores (la independencia) o fuertes tendencias compartidas (el multiculturalismo). Por su tamaño y su historia atípica en América latina, Belice desempeña el papel de un excepcional laboratorio para comprender las influencias entrecruzadas de estas diversas determinaciones.

 

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NOTAS

* Este texto fue elaborado en el marco del proyecto de investigación ANR Suds–AIRD AFRODESC (ANR–07–SUDS–OOS) "Afrodescendientes y esclavitudes: dominación, identificación y herencias en las Américas (siglos XV–XXI)" <http://www.ird.fr/afrodesc/> y del programa europeo EURESCL "Slave Trade, Slavery, Abolitions and their Legacies in European Histories and Identities", <http://www.eurescl.eu>. Traducción: Isabelle Combés.

1 Bolland, Belize, 19S6; Struggles, 1997, y Colonialism, 2003.

2 Shoman, Party, 19S7; Backtalking, 1995, y Thirteen, 2000.

3 Palacio, Garifuna, 2005.

4 Macplierson, Colony, 2007.

5 Wilk y Chapin, Ethnic, 1990.

6 Anderson, Imagined, 2003, p. 166.

7 Belice se volvió colonia de Honduras Británica en 1862, y retomó el nombre de Belice en 1973. Cuenta con 322 000 habitantes según la estimación de 2008 del Instituto de Estadísticas de Belice (Statistical Institute of Belize, <http://www.statisticsbelize.org.bz/>.

8 Del inglés "creole", que remite a los descendientes de europeos (principalmente británicos) y africanos.

9 Los garífunas son los descendientes de poblaciones de origen africano e indígena, llegadas desde la isla de San Vicente. González, Black, 1969, y Cayetano y Cayetano, Garifima, 1997.

10 Las denominaciones son extremadamente complejas, sobre todo las que se refieren a los habitantes originarios de Yucatán: los que son llamados "mestizos" del lado mexicano son calificados de "ladinos", "españoles" o "hispánicos" (spaniard, spanish, hispanic) del lado británico. El término mismo de "mestizo" se presta a confusión, pues designa en Yucatán a los indígenas recién "aculturados", mientras se aplica más en el resto de México a los individuos que ya no se reconocen como indígenas.

11 Kertzer y Arel, "Censuses", 2002.

12 Esta idea remite al análisis de Bourdieu en términos de lucha de clasificaciones o lutte pour les classmnents, cuando dice "la sociología debe tomar por objeto, en lugar de someterse a ella, la lucha por el monopolio de la representación legítima del mundo social, esta lucha de clasificación que es una dimensión de cualquier tipo de lucha de clases, clases de edad, clases sexuales o clases sociales", Bourdieu, Leçon, 19B2, pp. 13–14, traducción nuestra.

13 Bolland, Struggles, 1997.

14 Reed, Gnerva, 2002.

15 Y probablemente subestimada, como lo indican los administradores británicos, en particular por la poca devolución de los cuestionarios mandados a los trabajadores forestales.

16 Estas naciones fueron sin embargo reconocidas por Gran Bretaña, desde 1824–1825 en el caso de México, y desde 1839 (fin de la república federal de América Central) en el caso de Guatemala. En 1859, un acuerdo entre Gran Bretaña y Guatemala fijaba la frontera entre este último país y la futura Honduras Británica. Fue cuestionado en los años 1930.

17 El 1 de octubre de 1898, el editorialista del Colonial Guardian respondía en estos términos a un vecino de Corozal, en la frontera con México, quien evocaba la falta de participación de una escuela católica de la ciudad en las celebraciones del centenario de la batalla de Saint George's Caye: "if the idea be because the Corozal people |... ] have some Spaniards blood in their veins and, therefore, ought not take parr in the celebration, it is a preposrerous one. The love of civil and religious liberty should be above the prejudice of race, and the really true lover of freedom, whether he be of English, Spanish or of any other extraction, rejoices when an oppression or a tyranny has been overthrown [...]. There is rhe question of loyalty to the flag that flies over us, securing ro every inhabitant of British Honduras the most ample civil and religious liberty".

18 Interesante es notar que, en el censo de 1901, se hace un balance de los censos anteriores (1826, 1829, 1832 y 1835): la división en cuatro categorías que ya evocamos se transforma en una clasificación muy diferente entre personas libres (free persons), esclavos (slaves) y tropas (troops), como si la lógica racial original se reinterpretara a la luz de un enfoque que privilegia el estatus y ya no la pertenencia racial. La mención de las "tropas" no es casual, en este periodo (años 1820–1830) cuando el territorio de Belice adquiere una importancia comercial estratégica para el conjunto de América Central sacudido por las guerras de independencia y sus consecuencias. Se tenía que proteger los puertos y los transportes.

19 En referencia al tratado de Westfalia de 1648 que inauguró los Estados modernos en Europa. Badie, Fin, 2001.

20 Bristowe y Wright, Handbook, L9S9, pp. 201202.

21 Ibid., p. 203.

22 Ibid., p. 202.

23 Colonial Report, 1931.

24 Bristowe y Wright, Handbook, 1989.

25 Ashdown, "Growth", 1985.

26 Shoman, Thirteen, 2000.

27 Un ejemplo extremo es la utilización de categorías como "portugués", que no cieñen sentido en Belice.

28 West Indian Censas, 1948, p. I 6.

29 Smith, Plural, 1965.

30 Wilk y Chapin, Ethnik, 1990, e Izard, "Herencia", 2004.

31 Importantes confusiones ocurridas durante el censo de 1981 demuestran que esta transformación no se efectuó sin equívocos: mientras el cuestionario de 1981 introducía las nuevas categorías de "criollo" y "mestizo", algunos análisis del censo retomaban las antiguas categorías de "negro" y "mezclado (mixed)" (1980–1981 Population Censas, vol. IV, p. 1 10, y 1991 Population Censas, p. 6). De manera simultánea, se presentaban los resultados de 1970 con las categorías utilizadas en 1981 (cambiando "negro" por "criollo" y "mezclado" por "mestizo").

32 De manera simbólica, el censo del año 2000 presenta sus resultados empezando por los "mestizos" (que se volvieron numéricamente más importantes), mientras la primera columna de los cuadros era hasta entonces dedicada a los "negros/africanos" o los "criollos".

33 El fracaso de la creación de la Federación de las Indias Occidentales (West Iridies Federación, 1958–1962) es una ilustración directa de estas dinámicas.

 

INFORMACIÓN SOBRE LOS AUTORES:

Elisabeth Cunin. Doctora en Sociología (Universidad de Toulouse le Mirail, 2000), investigadora del Institut de Recherche pour le Développement (IRD–Francia). Trabaja temas relacionados con la construcción de las categorías étnico–raciales en el caso de las poblaciones descendientes de africanos, en particular en Colombia, México y Belice. Coordina actualmente el proyecto ANR – AIRDA Afrodesc "Afrodescendientes y esclavitudes: dominación, identificación y herencias en las Américas (Siglos XV –XXI)" (http://www.ird.fr/afrodesc) y participa en el programa europeo EURESCL "Slave Trade, Slavery, Abolitions and their Legacies in European Histories and Identities".

Odile Hoffmann. Doctora en Geografía (Bordeaux, 1983) y licenciada en lingüística (Paris 5, 1983). Investigadora del IRD –CEMCA. Sigue sus investigaciones sobre poblaciones de origen africano en México y Centroamérica, en el marco del proyecto AFRODESC (http://www.ird.fr/afrodesc) coordinado por E. Cunin y el proyecto europeo EURESCL en el que coordina el grupo de trabajo sobre "La construcción de la alteridad: circulación e identidad en Europa y las Américas". Sitio web personal: http://www.odilehoffmann.com.