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Estudios de historia moderna y contemporánea de México

Print version ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  n.28 México Jul./Dec. 2004

 

Reseñas

Enrique Cárdenas Sánchez, Cuando se originó el atraso económico de México. La economía mexicana en el largo siglo XIX, 1780-1921

Jorge Silva Riquera 

a Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, México.

Cárdenas Sánchez, Enrique. Cuando se originó el atraso económico de México. La economía mexicana en el largo siglo XIX, 1780-1920. Madrid: Biblioteca Nueva, Fundación Ortega y Gasset, 2003.


La historiografía pasa por momentos de cuestionamientos en los que se hacen las preguntas fundamentales para emprender la tarea de darle explicación a la sociedad en sus amplios aspectos. Ahora es fundamental elaborar las cuestiones sustanciales que nos permitan explicar cómo y cuándo se organizaron los sectores que dan paso a las formaciones culturales humanas. Así el conocimiento avanza y empieza a desbrozar las incógnitas necesarias para empezar a darle una disquisición más completa al proceso histórico.

Ese proceso creativo es esencial para que la ciencia avance y se consolide. La historia no es una excepción. Pero este tipo de trabajo creador requiere necesariamente de la otra parte que nos permita hacer un alto en ese proceso para darnos cuenta en qué momento nos encontramos, qué hemos avanzado y qué nos falta avanzar a partir de las preguntas fundamentales. En ese sentido se inicia el proceso de revisión, tan importante como el anterior, donde nos podemos dar cuenta de qué nos falta y por dónde hemos de continuar para conocer mejor el problema científico.

Dada la condición del ser humano, la complejidad se hace más evidente cuando buscamos explicar todo a partir del conocimiento, pero no podemos perder de vista que el conocimiento se adquiere a partir de explicar las partes que nos revelan el todo y no la tarea imposible de explicar el todo por el todo, como bien lo señaló Fernand Braudel.

Así en algún momento del discernimiento se juntan las etapas de exploración y revisionismo, ambas son indiscutibles para su avance. Desde hace tiempo algunos historiadores mexicanistas han iniciado una etapa más de revisionismo necesaria para ubicar los aportes. Las nuevas publicaciones son un ejemplo claro de eso. Los paradigmas tienen que ser revisados constantemente. En este caso encontramos el examen que ha elaborado Enrique Cárdenas sobre lo que se conoce de la historia económica del siglo XIX mexicano, como bien señala.

En este trabajo hay que empezar a destacar varios planteamientos importantes, uno es el referido a la periodicidad. El siglo XIX abarca desde 1780 hasta 1920, asunto sin duda interesante ya que en algunas ocasiones se había planteado la existencia de un siglo XIX sin que cayera en la temporalidad natural, o sea de 1756 a 1856, o bien la otra propuesta que retomaba el planteamiento de la excelente obra de Eric Hobsbawm, llamado "el siglo de las revoluciones burguesas". Ambas propuestas estaban sustentadas en la necesidad de establecer el Estado moderno mexicano. En este sentido la invitación de ampliar el periodo es novedosa.

Es importante para Cárdenas presentar los elementos que le den sentido a la propuesta de ubicar las causas del atraso económico mexicano con respecto a las demás economías en ese siglo. Este asunto forma parte de los cuestionamientos iniciales y finales del autor quien, por otro lado, también busca las explicaciones necesarias. Para ello es necesario dejar en claro cómo se dieron las bases del crecimiento económico, sus modalidades y sus tiempos. Aquí es importante empezar a rescatar que el trabajo nos deja una explicación más acabada del comportamiento económico mexicano en el periodo señalado, asunto importante ya que se tenía una interpretación difusa y poco integrada, lo que se convierte en otra cualidad del texto.

Otro asunto importante es el esfuerzo que hace Cárdenas por integrar una cantidad significativa de información en una explicación integrada, además de lograrla en una redacción accesible y correcta. No es que no se haya hecho, sino que lo que tenemos estaba separado por temas y países, como la excelente revisión que se hizo en Historia Mexicana hace unos años.

Veamos ahora algunos puntos que me interesa señalar. Uno es el argumento de la periodización. Hace tiempo que se discute el cómo darle explicación a ese periodo de la historia mexicana, donde se integran varios elementos fundamentales, cambio de sistema, organización del Estado, cambio de los códigos, en fin una complejidad significativa. Una de las formas de entender el proceso fue darle una amplitud que permitiera revelar el establecimiento del Estado moderno, o bien determinar el proceso por las fechas fundamentales del cambio institucional y lo que implicaba eso. En ambos casos era necesario establecer los principios sobre los que deberían definirse las bases de esa propuesta. Así las revoluciones para establecer el Estado fueron las bases de su análisis, con lo que varios estudios dieron paso a una discusión sustancial. Aquí encontramos una diferencia esencial. La propuesta es empezar a ver desde la propia economía cómo se crean los elementos que dan paso a esa periodización. El actor cambia, asunto que hay que rescatar.

En ese sentido el largo siglo XIX está determinado por el comportamiento económico. El crecimiento de la población, la inversión, la formación del capitalismo, el acceso a la tierra son las partes que guían el ensayo. Cárdenas busca integrar cada uno de los factores económicos que den una explicación del comportamiento a lo largo del periodo. Es necesario destacar que hay secciones del libro que explican de una manera más integral ese comportamiento y dejan de lado el asunto que le preocupa al autor, las causas del atraso, hecho que me parece significativo y valioso.

Este tipo de trabajo tiene la virtud de ponernos en dimensión y señalarnos los problemas que no han sido abordados, por ejemplo la cuestión de los precios y los salarios, o bien los que se abordaron de manera parcial e incompleta. Pero además, y es de llamar la atención, brinda la posibilidad de señalar aquellos asuntos que deberán resolverse para poder continuar con el avance del conocimiento de ese siglo.

Sin dejar de lado el aspecto institucional, pero no como un elemento fundamental, el autor señala la importancia que tiene el Estado moderno para organizar la actividad económica. Así las referencias son importantes, aunque habría que señalar que de la promulgación de las leyes a hacerlas realidad hay siempre un lapso que no permite medir los efectos que pudieran haber ocasionado. Como lo señala bien en el asunto de la propiedad territorial con respecto a la comunidad indígena de finales del periodo de Díaz.

La lectura también nos permite empezar a aquilatar los avances en cada rubro económico a lo largo del siglo XIX. Por ejemplo vemos cómo los periodos iniciales de la periodización de este siglo son más escasos en términos de conocimiento, aunque no menos importantes, en comparación con las páginas dedicadas al Porfiriato y el México revolucionario. El discernimiento que tenemos sobre los sectores económicos no es similar, por ejemplo, cuando se hace referencia a la primera parte del siglo; los datos son valiosos pero escasos, todavía nos falta conocer más sobre la producción, los salarios, los precios, como ya habíamos mencionado. Pero si observamos con cuidado, el texto nos proporciona una explicación más completa sobre finales del mismo siglo. Ahí los aportes son más abundantes. Todo ello nos lleva a señalar la necesidad de ubicar los problemas no resueltos para darles explicación y lograr tener una definición más acabada del comportamiento económico mexicano.

Cárdenas es cuidadoso cuando habla de la necesidad de darle el lugar a la historia económica como eje de su investigación; sin embargo, hace un alto cuando revisa la política económica del periodo, la historia institucional, por medio de los impuestos y otros instrumentos. Nos presenta contenidos que son parte importante del proceso, pero bien lo indica cuando dice que no es lo único, sino que hay que ver el crecimiento y el desarrollo que se dieron en México para entender el proceso. Un asunto que me interesa volver a señalar es que cuando el autor hace referencia a su marco temporal, 1780 lo ubica como el inicio de tiempo de estudio, las razones están centradas en la presión fiscal que se generó en Nueva España debido a las guerras y al déficit que tenía la corona española, lo que ha sido destacado con insistencia desde hace tiempo. La salida de capital provocó una escasez que generó una incapacidad de reinversión en el proceso productivo colonial, en términos generales. El problema en sí tiene parte de razón, pero falta ubicar asuntos más centrales que la sola salida de capital, por ejemplo los costos de producción de los sectores económicos y el estancamiento de los salarios. Los ejemplos de la minería y del campo son fundamentales para eso; en efecto, era necesaria la reinversión, pero desde principios del siglo XVIII se buscó darle salida a uno de los problemas más costosos de la minería, el desagüe, mucho antes de la presión fiscal.

En el sector agrícola todavía no sabemos los costos y los rendimientos marginales, entonces poco podemos decir de la situación de los márgenes de ganancia en ese rubro. Una pregunta que es necesario hacerse es por qué la fecha de 1780 es la más apropiada para iniciar el estudio; me parece que la decisión no está completamente justificada, lo cual me llama la atención.

Lo mismo sucede con la terminación del periodo 1920, donde se habla del cambio en las estructuras económicas, con una suspensión clara del proceso económico debido a los años de guerra, con las alteraciones sustentadas en los trabajos sobre los diferentes sectores, pero la pregunta es qué se dio después, hubo cambio en las formas de producción o bien sólo adecuaciones a los sistemas ya impuestos por la modernidad porfiriana, punto que hubiera sido fundamental empezar a centrar para abrir una discusión que me parece importante iniciar ya.

Otros datos significativos señalados por el mismo autor son la recuperación de la economía una vez terminada la guerra; hacia la década de 1830 la situación es de crecimiento, en el agro el caso de Michoacán es significativo en contrapartida con el de León y Silao; la inversión en minería hace factible su reactivación, pero el impulso a la industrialización del sector textil es de llamar la atención. No cabe duda de que el mercado por más regional y/o local que fuera demandaba productos. Cómo es que se logró ese impulso en tan poco tiempo, después de haber sufrido la guerra, máxime si una de las características que señala el autor como causa de la crisis y del retraso económico fue la salida de capital vía impuestos y guerra, es algo a lo que el texto no responde, aun cuando es una de las premisas del mismo. Pero seamos honestos con el autor, él no se propuso resolver este, u otro asunto, sino dar una visión de lo que hay.

Un par de asuntos más, la reactivación de la economía en la primera mitad del siglo XIX mexicano parece ser una realidad. Así lo señalan los textos aunque mencionen ciertos problemas, por ejemplo la desarticulación del mercado, como una de las características sustanciales del periodo, lo mismo que señala Cárdenas. Sin embargo, hay dos cuestiones que no se abordan suficientemente bien, una es la producción del tabaco y el impacto que va a tener en la economía mexicana, no sólo en términos de ingreso, sino de producción y circulación, asunto que se ha trabajado y sobre el cual nos quedamos con la necesidad de explicación de la integración al proceso de crecimiento económico.

La segunda cuestión es la referida a la circulación de plata. La reactivación de los centros mineros fue un hecho y su extracción se recuperó rápidamente, según podemos observar en las referencias que hace el mismo autor. Pero entonces cómo expresar la desarticulación del mercado cuando existen dos medios de intercambio tan importantes como es el tabaco y la plata, cómo manifestar el crecimiento del comercio exterior en un mercado tan desarticulado, cómo expresar la aparición de los agiotistas en este periodo y sobre todo cómo cubrieron parte del gasto público de los gobiernos mediante los préstamos, cómo fue que se empezó a construir parte del sector industrial textil; claro que un impulso importante lo dio el programa que encabezó Lucas Alamán, pero cómo logró consolidarse. Todo esto lo señala el mismo libro pero no acaba de vislumbrar una disquisición más completa. Sin duda falta trabajar más en estos rubros para darle mayor luz a la elucidación.

Un dato también relevante señalado por el autor es la falta de un sector financiero que logre darle certeza a las finanzas en ese periodo. El agio y la usura marcaron este proceso. El no contar con instituciones de crédito y financieras fue un problema que no se superó sino hasta mediados del siglo con la aparición de la banca.

El problema es cómo vincular a los agiotistas con el sector económico, por otros trabajos sabemos bien cómo se vincularon con el gobierno federal, aunque no con el estatal, que también faltaría estudiar. Pero el no vincularlos a los diferentes sectores productivos hace que perdamos de vista una parte sustancial del problema, sin duda estos estudios no darán como resultado el desarrollo económico mexicano, pero sí darán mayor explicación sobre la economía en esos primeros años de vida independiente.

Por otro lado el autor ofrece una explicación interesante y correcta a varios problemas señalados insistentemente como causantes del atraso mexicano. El ya mencionado estancamiento económico, la inestabilidad política, la falta de construcción de los ferrocarriles, la incapacidad de industrialización, el cambio institucional, y el atraso frente al crecimiento acelerado son puntos que han marcado parte de la historiografía mexicana. En ese sentido llama la atención la acertada presentación de los problemas, ya no como factores determinantes del atraso, sino como agentes que incidieron en cierta medida en ese comportamiento, pero con explicaciones más completas y complejas.

En sí el texto es interesante porque logra integrar en un mismo espacio el conocimiento que se tiene de la economía mexicana hasta ese momento. Contiene propuestas interesantes y provocativas, sin duda: por ejemplo, recuperar la idea del siglo XIX mexicano de muy largo aliento, de 1780 a 1920; rescatar los aportes en el crecimiento de la economía, así como sus problemas y sus consecuencias, sobre todo en tratar de ubicar el porqué del retraso de México con respecto a las demás economías, o bien rescatar el crecimiento acelerado de otras economías, el asunto del vaso medio lleno, cuestión de enfoques. Al parejo también recupera que la economía mexicana no se encontraba en una crisis permanente, sino que tuvo un crecimiento significativo, hecho que los estudios de ese periodo empiezan a indicar como un elemento sustancial. O bien el de señalar de alguna manera las carencias de conocimiento que tenemos sobre ese proceso. El texto provoca la reflexión y la recapitulación de ese largo periodo mexicano y por sí solo es un aporte que debemos valorar.

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