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Diánoia

versão impressa ISSN 0185-2450

Diánoia vol.61 no.77 México Nov. 2016

 

Reseñas bibliográficas

Winfried Menninghaus, Saber de los umbrales. Walter Benjamin y el pasaje del mito

Omar Quijano1 

1 Departamento de Filosofía-IInTAE. Universidad Nacional de Catamarca. homarquijano@gmail.com

Menninghaus, Winfried. Saber de los umbrales. Walter Benjamin y el pasaje del mito. Vargas, Mariela; Simensen de Bielke, Martín. Biblos, Buenos Aires: 2013. 135p.

Por primera vez ingresa a los circuitos académicos un libro de Winfried Menninghaus traducido al castellano. La ardua tarea de Mariela Vargas y Martín Simensen de Bielke nos permite contar con este texto en el que se indaga sobre la forma prototípica del umbral no sólo como instancia significativa respecto al mito, sino como la forma misma de la filosofía de Benjamin. Pues si hay algo que este libro logra con éxito es presentar la imagen del pensamiento benjaminiano no sólo como un "saber de los umbrales", sino como umbral mismo que hay que saber atravesar, en un tenor similar a las "encrucijadas" que Sontag desafiara en su estudio del filósofo berlinés Bajo el signo de Saturno.

En las 135 páginas que componen los siete capítulos, Menninghaus desarrolla una lectura sincrónica-sistemática en una serie de divisiones claras con las que intenta dar cuenta de las dimensiones estéticas, lingüísticas y filosóficas que afecta la noción benjaminiana de umbral. Esta noción se incorpora como parte o figura de la topografía mítica, junto a otras como las figuras de lo intermedio, de los espacios de transición y del límite. El umbral permite mostrar el interés central, de otro modo irreconocible, que Benjamin tenía por el mito. Este interés por la cuestión del mito como programa de investigación ya había sido señalado por G. Scholem en Walter Benjamin. Historia de una amistad y por Th. Adorno en su ensayo "Caracterización de Walter Benjamin".

Menninghaus destaca que Benjamin relaciona el mito con lo moderno, sin considerar necesariamente la mitología antigua. Además, destaca que de este interés no se puede esperar un concepto central, una definición que funcione como pauta de ordenamiento, sino que se presenta en una serie de elementos expuestos "paratácticamente", según el procedimiento adorniano. De ahí que toda la "lucha terminológica" que Benjamin emprende en diversos frentes en torno a las palabras canónicas de la filosofía o provenientes de la cultura consuetudinaria, o en torno a los conceptos del pensamiento arcaico, esté entrecruzada con el mito como tema. Menninghaus presenta la teoría del mito en Benjamin mediante un contraste con otros estudios como el ilustrado, el romántico, el de la filosofía de la religión (en particular de M. Eliade), psicoanalítico (Freud), la "psicología profunda" de Jung, la perspectiva surrealista y el mito formal semiológico. Como consecuencia de esta comparación, el autor destaca que, lejos de un "universalismo formal" o de una "concepción puramente estética", la postura crítica de Benjamin inscribe su teoría del mito en el ámbito de una filosofía de la historia. La clave de esta asociación es romper con el proceso de deshistorización del concepto de mito. Ello lo diferencia tanto de Nietzsche, de neokantianos como Cassirer e incluso de corrientes más contemporáneas como el estructuralismo. Si bien Benjamin hace valer la "función representativa propia del mito como forma" (p. 23), con ese carácter "deslumbrante", propiamente romántico, no considera el sentido positivo de éste, su naturaleza vinculante con un sentido colectivo. Menninghaus observa que este rechazo se debe antes que nada al intento de desvirtuar la apropiación corrompida que la política reaccionaria y pseudorromántica hizo del concepto romántico de mito. Con esa orientación se acerca al sentido negativo propio de la Ilustración que lo hace comparecer ante el "hacha de la razón". Sin embargo, lejos de mantenerse en ese sentido negativo, el autor indica que Benjamin le confiere a modo de "conjuro", en su monumental Libro de los pasajes, un sentido productivo. Aquí el mito se vincula con una imagen colectiva, pero no como mera colectivización metafísica ni como sueño ligado al carácter casi psicológico que le otorga el surrealismo, sino como imagen de sueño que espera el despertar histórico.

Para exponer la particularidad del pensamiento de Benjamin sobre el mito, Menninghaus ofrece un recorrido desde los textos tempranos hasta los tardíos, poniendo el acento, principalmente, en Las afinidades electivas de Goethe y en el Libro de los pasajes como extremos comparativos. Desde el temprano ensayo "Destino y Carácter" hasta Las afinidades de Goethe, el concepto de mito, en tanto estructura temporal y orden espacial particular, remite a un sentido único, lo "siempre igual" como manifestación de la naturaleza mítica. En esta perspectiva, lo mítico se liga al destino, la culpa y el sacrificio. En cambio, desde Infancia en Berlín, pasando por Dirección única y hasta el Libro de los pasajes, el concepto se liga a una multiplicidad de mitologías o "mitologemas fugaces" en el que la vida cotidiana, la "fuerza de la concreción", es el ámbito central de desarrollo. Precisamente los "mundos fugaces de las imágenes fisionómicas de la vida cotidiana" (p. 81) contienen la dialéctica entre los motivos mitológicos (particulares, transitorios) y lo mítico (lo fijo, lo insondable). Esta borradura de aquella distinción que los primeros ensayos marcaran es lo que señala un desplazamiento fundamental en sus escritos tardíos.

El estudio de Menninghaus repasa también la filosofía del arte de Benjamin en lo relativo a la estructura de la relación entre mito, belleza y verdad. Dicha estructura se incorpora como un juego de ambivalencia o movimiento crítico en el que a veces se puede visualizar la relación de estos elementos en una línea de relación continua, donde la ley mítica participa de la verdad o de la ruptura entre estos elementos. El autor traza una especie de gráfica del "desarrollo" de esa estructura de relación, desde el temprano ensayo de Benjamin sobre Hölderlin hasta su trabajo tardío sobre la forma del cine. Se trata de un recorrido que considera la participación del mito en la verdad, pasando por la objeción de la verdad a la belleza hasta el retorno de la "ley mítica" como "aura", como "apariencia mítica". Se trata de un "desarrollo" que combina la dimensión natural y temporal, dado que el esquema de estructura temporal como "lo siempre igual" se sostiene en la estructura espacial de culpabilidad "natural" de todo lo que vive, propio de lo que Benjamin considera sentido mítico. El objetivo es remitir estas relaciones "estructurales" a una configuración que las comprenda en su transitoriedad o repetición. De allí que resulte llamativo que Menninghaus soslaye introducir en este tramo de la exposición el punto dialéctico configurado en el Trauerspiel desde la consideración de las obras de arte como una especie de "vida natural", es decir, del concepto de "historia-natural". Recordemos que el mismo Adorno subraya esto en su "Introducción a los Escritos de Benjamin", publicado en Notas sobre literatura. La omisión llama aún más la atención si se repara en el hecho de que en el texto que reseño el autor liga la teoría del mito en "Destino y carácter" y en El origen del Trauerspiel alemán con la tragedia antigua como conexión de culpa, destino, expiación, sacrificio.

Por otro lado, resulta un cuanto injusta la crítica de Menninghaus a la ausencia de un diálogo con la etnología o la antropología en el análisis de la topografía de las imágenes de la cultura que realiza Benjamin. El autor critica que no haya referencias a obras de gran importancia para los estudios del mito tales como Las formas elementales de la vida religiosa del francés Émile Durkheim, La rama dorada. Magia y religión del escocés sir James George Frazer y Magia, ciencia y religión del austrohúngaro Bronislaw Malinowski. Esta crítica es desacertada porque pierde de vista aportes más afines a la perspectiva filosófica de Benjamin, pues el interés tardío en trazar una fisionomía urbana busca la confluencia entre elementos de la filosofía del lenguaje y perspectivas psicoanalíticas, configurando imágenes del pensamiento como "similitudes distorsionadas", tal como expone Weigel en Cuerpo, espacio e imagen en Walter Benjamin.

Sin embargo, más allá de estas observaciones, lo seguro es que el libro de Menninghaus brinda un panorama claro acerca de la perspectiva benjaminiana sobre el umbral como mito, y ello es netamente original. Si, tal como lo observaran otros teóricos, el trabajo obsesivo por el "mito de los pasajes" señala la temática central del filósofo berlinés, la agudeza crítica de Menninghaus reside en observar que el pensamiento mismo de Benjamin es un rite de passage, un "pasaje del mito". Son esos vaivenes que mantienen la filosofía de Benjamin en la "encrucijada del umbral" los que el autor que aquí reseño indaga con gran tino. La "encrucijada del umbral" no sólo señala la forma propia de la filosofía de Benjamin, sino la manera en que su propia vida parecía transcurrir. Si bien para Menninghaus Benjamin no se decide a atravesar umbrales en su experiencia de vida como sí lo hizo en su teoría, su suicidio en la "frontera" de Port-Bou parece ser una manifestación integral de su carácter de "filósofo de las encrucijadas". Quizás toda auténtica dramatización del umbral, tal como la presenta Menninghaus -es decir, la tensión entre el espacio determinado, seguro, y la profanación del mismo, resuelto dialécticamente en una purificación- encuentra en esta última experiencia su estado de detención dialéctica y, por ello mismo, de redención, pues en ese estado de desesperanza nos ha sido dada la esperanza. La encrucijada misma promueve el "salto de tigre" para atravesar umbrales que Benjamin reclamaba para el método histórico.

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