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Foro internacional

Print version ISSN 0185-013X

Foro int vol.61 n.4 Ciudad de México Oct./Dec. 2021  Epub Dec 16, 2021

 

Reseñas

El museo del universo. Los juegos olímpicos y el movimiento estudiantil de 1968

Pablo Yankelevich 1  

1El Colegio de México pabloy@colmex.mx

Rodríguez Kuri, Ariel. El museo del universo. Los juegos olímpicos y el movimiento estudiantil de 1968. México: El Colegio de México, 2019. 457p.


En los estudios sobre la historia reciente de México, los sucesos del 68 concentran el mayor interés y en torno a ellos se despliega una extensa producción historiográfica y testimonial. Sin duda, ese interés y esa producción son deudores de inquietudes que han anclado en el 68 el arranque de un sostenido y legítimo reclamo por la instauración de un régimen democrático. Aquella historiografía ha permitido también reflexionar sobre la historia de una memoria que divide entre un antes y un después el último medio siglo mexicano. En este sentido, los historiadores se han ocupado tanto de explicar lo sucedido como de comprender la emergencia de una densa memoria social en torno a aquellos sucesos.

En este panorama, El museo del universo ofrece una renovada mirada sobre el 68, desestabiliza saberes estereotipados para mostrar la complejidad de un momento marcado no sólo por la movilización estudiantil. La originalidad de esta obra se finca en el simultaneo tránsito por las dos grandes avenidas del 68: los Juegos Olímpicos y la protesta estudiantil. Dos avenidas que en largos tramos corren paralelas y en muchos otros se intersecan, dibujando un panorama lleno de paradojas que permitió, por ejemplo, la convivencia de un elocuente proyecto de modernidad cultural, arquitectónica y deportiva junto a la retrógrada respuesta que condujo a Tlatelolco.

Resultado de una investigación de largo aliento, Rodríguez Kuri hurgó en los archivos del Comité Olímpico en Suiza, y en una diversidad de repositorios documentales en Estados Unidos de América y México; sumó una robusta hemerografía, rescató la producción literaria, la filmografía, los testimonios y las crónicas, para después entrevistar a protagonistas y testigos. Este arsenal de documentos fue sometido a un interrogatorio que permitió construir un libro que ensancha viejas explicaciones y sugiere nuevas en torno a problemas pocas veces sometidos al escrutinio académico.

En este libro conviven y se entrecruzan una diversidad de acercamientos a aquel momento de la historia mexicana. El escenario es la ciudad y sobre ella se extendieron políticas y obras que alteraron su paisaje y las maneras de habitarlo. Sobre ese escenario, la investigación recupera la historia política y diplomática en torno a la consecución de la sede de los Juegos Olímpicos; mostrando las intersecciones entre una diplomacia oficial a cargo de los funcionarios mexicanos y extranjeros, y una diplomacia “oficiosa”, desplegada en el territorio administrado por el poderoso Comité Olímpico Internacional. En este sentido, se exploran zonas de la geopolítica mexicana durante una de las temporadas más heladas de la Guerra Fría. El libro también incursiona en la historia cultural a través de un recorrido por el programa, los protagonistas y significados de esa explosión de cosmopolitismo encarnado en las llamadas Olimpiadas Culturales que precedieron al evento deportivo, y en las que se expresaron vanguardias artísticas y culturales de buena parte del mundo. Por último, en el texto hay una sutil manera de estudiar emociones, estados de ánimo públicos, manifestados a través de los medios de comunicación masiva y, por esta senda, reflexionar sobre una fluctuante opinión pública, y en particular sobre un sujeto “nuevo”: la juventud, actor central en aquel escenario urbano. Éstas son algunas de las salas que el lector visitará en El museo del universo, alegoría que sirve para exhibir y explicar el 68 no sólo desde las circunstancias concretas y las prácticas políticas, sino además desde las experiencias vitales, los estados de ánimo y los lenguajes que oscilaban entre la franca ruptura y la defensa de las convenciones.

“Un libro es un espejo de libros”, apunta Rodríguez Kuri al reconocer su deuda con otros historiadores de las ciudades y sus culturas, como Karl Schlögel, Mauricio Tenorio y Roger Griffin entre otros, y a la vez este libro puede leerse como un interminable juego de espejos. Una sociedad observa el 68 estudiantil, no necesariamente participa o no lo hace con una enfática empatía. Se escrutan esas miradas, quiénes miran y hacia dónde se dirigen las miradas en una ciudad desbordada de movilizaciones. Similar ejercicio se hace con los públicos en el Estadio Olímpico. Qué piensa esa multitud mientras se inauguran, desarrollan y clausuran los Juegos Olímpicos. Canetti y su obsesión por la masa y el poder salen al auxilio para hacer inteligible la angustia que generó la masacre del 2 de octubre, entremezclada con el regocijo y la fascinación por las hazañas atléticas.

Rodríguez Kuri formula una categoría que llama “políticas de la ansiedad”. Comportamientos sociales fincados en una angustia que se desborda ante la amenaza a un orden no sólo político, sino uno que también pauta los tiempos y las prácticas de la vida cotidiana en la ciudad. Explora la correspondencia que ciudadanos dirigieron al presidente Díaz Ordaz expresando sus deseos de un pronto restablecimiento del statu quo. La riqueza y crudeza de esos testimonios sirve para explicar la acumulación de pulsiones autoritarias que estallaron en Tlatelolco. No es fácil historiar a las mayorías silenciosas, el autor lo hace a partir de lo que define como “pragmática conservadora”, es decir, un diagnóstico sobre la crisis política y un proceso de toma de decisiones asentadas en una matriz autoritaria, “paranoica y revanchista” en amplios sectores sociales. De ellos, el régimen fue su intérprete, y en ellos buscó las fuentes para legitimar la represión.

En la genealogía de ese ethos conservador y católico, Rodríguez Kuri se detiene en la polémica que desataron las propuestas de restauración del Coro y el Altar del Perdón de la Catedral metropolitana, arrasadas por un incendio a inicios de 1967. En aquellos debates, la tradición se impuso al menor de los intentos por alterar el orden en un espacio concebido como la imagen misma de la nación. La obstinación con que se defendió el canon barroco es una clave que permite descifrar conductas políticas ante lo que sucedería un año más tarde. A la Catedral, como metáfora de la nación, se le contrasta con otros debates sobre la proyección y edificación de obras de arquitectura en formatos vanguardistas y sobre el despliegue de actividades artísticas y culturales que en 1968 horadaron “la cortina de nopal”. Aquella metáfora en torno a la Catedral muestra toda su eficacia cuando se aborda la puesta en marcha de los dispositivos autoritarios con los que se administró el conflicto entre el gobierno y la juventud durante el verano y el otoño de 1968.

El 68 en este libro es un caleidoscopio por el que desfilan políticos y diplomáticos, estudiantes y deportistas, artistas e intelectuales, diseñadores y arquitectos, granaderos y militares. Puños en alto de la rebeldía estudiantil que se enlazan con los puños de atletas afroamericanos solidarios con los Black Panthers. La demorada decisión de los jueces en otorgarle a Bob Beamon, otro afroamericano, el récord mundial por su “salto del siglo” en unas justas deportivas en las que el fantasma del apartheid sudafricano estuvo a punto de aguar la fiesta. La ciudad olímpica y su demiurgo, Pedro Ramírez Vázquez, figura medular que es exhibida en sus múltiples quehaceres y responsabilidades. Los parecidos de familia entre las luchas por los derechos civiles del otro lado de la frontera y las distancias con el mayo francés. Los Juegos Olímpicos y el movimiento estudiantil como dos procesos complementarios y hasta simbióticos que sirven para hablar de la nación y el mundo, de las artes y los deportes, del Estado y la violencia criminal, de las pasiones y las tragedias, y de los límites de un régimen ante las expectativas que despertó la explosión juvenil en la ciudad sede de los xix Juegos Olímpicos.

En este libro no se eluden los trabajos de una densa memoria social construida en torno a la tragedia en la Plaza de las Tres Culturas. Rodríguez Kuri interroga memorias de víctimas, testigos y protagonistas, y también las otras memorias, las más delgadas, las más efímeras. Todo acto de recuerdo también es de olvido. En sectores de las clases medias se examina e interpreta la ausencia de memoria del 68 estudiantil. No es cómodo ni fácil trabajar los silencios, y en la carretera de la historia contemporánea de México, el autor se pregunta por el significado de lo acontecido en el kilómetro 68. Por qué motivos tantos mexicanos pasaron de largo, sin siquiera detenerse a ver lo sucedido. Por qué razón las clases medias urbanas prefirieron salvaguardar sus valores patriarcales, nacionalistas y católicos antes que comprometerse con un cambio político.

Las respuestas a estas interrogantes marcan rumbo a futuros e imprescindibles estudios sobre el pos-68, tanto sobre los actores y los proyectos de quienes apostaron por la violencia política, como de aquellos que se inclinaron por la vía electoral. Si el 68 ha sido valorado como el punto de partida de la transición democrática, no es vano recordar que transcurrieron más de tres décadas hasta que los votos contaran y fueran contados. El ethos conservador tardó en verse desplazado, pero tampoco es inútil recordar que goza de buena salud, a pesar de las letras de oro con que Tlatelolco figura hoy en los altares de la patria.

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