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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.43  México Jan./Jun. 2012

 

Reseñas bibliográficas

 

Cantares mexicanos

 

por José Rubén Romero Galván

 

3 volúmenes, edición de Miguel León-Portilla, presentación de Guadalupe Curiel Defossé, introducción general y estudio introductorio de Miguel León-Portilla, estudios de Ascensión Hernández de León-Portilla, Liborio Villagómez y Salvador Reyes Equiguas, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fideicomiso Teixidor, 2011.

 

En el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México se conserva un volumen que, registrado con el número MS 1628 bis, lleva por título Cantares mexicanos. Se trata de un manuscrito de finales del siglo XVI, compuesto de una serie de piezas que constituye, en palabras de Miguel León-Portilla, "un muy interesante testimonio de lo que, en el campo de la cultura, trajo consigo el encuentro de dos mundos".1 La primera parte contiene poemas escritos en lengua náhuatl cuya importancia reposa en la riqueza lingüística que ofrecen y en el interés que representan para el estudio de la literatura en el México antiguo, caracterizada por una gran riqueza de metáforas y otros elementos retóricos. La segunda parte del manuscrito lo forma una serie de piezas de contenido diverso, principalmente religioso, cuyo interés se inscribe en el campo de las transformaciones culturales que se dieron en la temprana Nueva España, a través de muy complejos procesos de lo que acertadamente se ha llamado trasvese cultural.

A principios de la década de los noventa del siglo pasado, a iniciativa de Guadalupe Curiel Defossé, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, se echó a andar un ambicioso proyecto consistente en la paleografía y la traducción del manuscrito en su integridad. Los trabajos han contado desde el principio con la coordinación técnica de la propia Guadalupe Curiel y la académica de Miguel León-Portilla. Asimismo, desde muy pronto, esta empresa concitó los esfuerzos de un grupo importante de investigadores, todos ellos especialistas en la traducción del náhuatl. Las instituciones a las que pertenecen quienes participan en él son tanto ajenas a la Universidad Nacional Autónoma de México, como son los casos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, El Colegio de México y la Universidad de Toulouse, como de la propia casa de estudios, como son los casos de la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán, y los institutos de Investigaciones Bibliográficas, Históricas y Filológicas. Se ha tratado pues de un proyecto interinstitucional e internacional.

El primer fruto de dicho proyecto lo constituye la edición facsimilar de los originales, realizada con sumo cuidado en 1994. En ella es posible apreciar detalles interesantes del manuscrito, tales como su estado de conservación y las distintas grafías de sus partes, entre otros.

Con pie de imprenta de este año 2011, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Fideicomiso Texidor sacó a la luz en tres volúmenes la paleografía y la traducción de la primera parte del manuscrito original, aquella que corresponde al conjunto de poemas que en él se conservan.

Cabe destacar el diseño editorial de esta publicación. Es sobrio, cuidado y en verdad estético. Estas características atañen tanto a los forros como a la manera en que se resolvió el diseño de las páginas en las que los textos de los poemas encuentran un acomodo agradable. Los tres volúmenes de esta edición evocan continuamente la sabiduría que los antiguos mexicanos vinculaban con el rojo y negro, pues son estos colores los característicos del diseño de la edición. Todas estas características fueron reconocidas ya con el premio que la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana concede a aquellos libros que sobresalen por el cuidado y el diseño con que fueron editados. Sin duda es un mérito que se añade al contenido de esta obra.

Esta edición de la primera parte de los Cantares mexicanos consta, como se dijo, de tres volúmenes. El primero de ellos está dedicado a los estudios introductorios y los otros dos contienen la paleografía, la traducción y las notas de los poemas nahuas.

Los tres estudios que ofrece el primer volumen permiten al lector acercarse al contenido de los otros dos con elementos valiosos que le permiten incursionar con paso seguro en los complejos universos de las piezas literarias contenidas en lo volúmenes que siguen.

Rompen el silencio dos textos de carácter propiamente introductorio: "Presentación y agradecimientos" escrito por Guadalupe Curiel Defossé, directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, entidad académica de la que depende la Biblioteca Nacional en cuyo Fondo Reservado se conserva el manuscrito que se publica, y una "Introducción general" firmada por Miguel León-Portilla.

Los tres estudios de que se habló arriba son el "Estudio codicológico del manuscrito" de Ascensión Hernández de León-Portilla y Liborio Villagómez, el "Estudio introductorio a los Cantares" de Miguel León-Portilla, e "Identificación de las aves mencionadas en los Cantares" de Salvador Reyes Equiguas.

El "Estudio codicológico" es un trabajo en extremo cuidadoso e impecablemente documentado. Es fruto de un acercamiento al manuscrito en tanto pieza física. Con ello los autores responden a las preguntas que todo investigador en verdad interesado en los materiales que consulta se hace cuando tiene enfrente un documento antiguo. A través de este estudio, el lector entra en contacto con aspectos del manuscrito que en muchas ocasiones se pasan por alto, no obstante el inmenso interés que representan. Me refiero a la historia del propio documento que permite conocer cómo y en qué momento entró a formar parte de los corpus documentales conocidos y utilizados en los procesos de investigación y, sobre todo, al estudio de la escritura y del papel que la soporta. Conocer las peculiaridades que caracterizan a la letra escrita permite vincular al manuscrito con el tiempo en el que la pluma del amanuense trazó las letras que componen las palabras y las frases con las que está constituido el discurso allí registrado. Tal información es valiosa pues abre los senderos que conducen al conocimiento de las circunstancias en las que fue elaborado el manuscrito. Otro tanto puede decirse del estudio del papel usado en la elaboración. En suma, son el papel y sus marcas de agua, la filigrana, la escritura y la caja de la misma, entre otros, los elementos del manuscrito que los autores analizan con sumo detalle a fin de ofrecernos información muy detallada para situar en un tiempo y un espacio al texto escrito de los Cantares. Es así que Ascensión Hernández y Liborio Villagómez proponen de manera muy rigurosa la posibilidad de que el manuscrito haya salido de antiguo Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, de las manos de antiguos colegiales que lo habrían realizado bajo la mirada cuidadosa de fray Bernardino de Sahagún. Ello no obstante, queda abierta la posibilidad de que el documento haya sido elaborado en un ámbito jesuítico.

El "Estudio introductorio a los Cantares" se debe a la pluma de Miguel León-Portilla. Compuesto de nueve partes, este estudio introductorio da cuenta de tópicos que permiten la mejor comprensión de los cantares en tanto manifestaciones de la literatura náhuatl. El texto incluye aspectos tales como la presencia de la antigua poesía en la época novohispana, una muy útil y sucinta historia crítica de las traducciones que antes de ésta han merecido los Cantares, así como la atinada discusión sobre los posibles lugares de origen de los poemas y respecto a su procedencia prehispánica. Otros aspectos cuyo tratamiento completa este estudio lo constituyen la temática de los Cantares, la métrica que es posible apreciar en ellos, así como los escenarios en los que eran interpretados y la música con la que posiblemente los acompañaban. Todas estas cuestiones son muy pertinentes para una mejor comprensión de los poemas cuya traducción se ofrece en la edición que comentamos.

Completa los estudios introductorios un texto de Salvador Reyes Equiguas que se refiere a la identificación de las aves que se mencionan en los cantares. La utilidad de este estudio está fuera de toda duda pues el lector aprecia, desde los primeros poemas, una presencia muy evidente de las aves, cuyas características son aprovechadas en figuras retóricas que embellecen y dan un gran colorido a esas piezas literarias. Para proponer la identificación de cada ave, Reyes Equiguas acude a fuentes originales, con lo que el lector aprecia de mejor manera la su presencia en los textos.

Los dos volúmenes que siguen contienen la paleografía de los poemas, así como su traducción al español. Tales tareas fueron llevadas a cabo por Miguel León-Portilla, Librado Silva Galeana, Francisco Morales Baranda y Salvador Reyes Equiguas. La paleografía tanto como la versión de los poemas al español son tareas en verdad complejas y la dificultad que ofrecen es muy grande, pues significan compromisos de peso que los autores asumen ante el lector. La paleografía implica la correcta transcripción de términos que muchas veces no son claros en el original o que incluso fueron escritos de manera extraña. Por lo que toca a la traducción, las dificultades crecen pues, a los retos que toda traducción impone, se suman aquellos que provienen del hecho de verter al español lo expresado en una lengua con las características del náhuatl y, sobre todo, la frecuente dificultad de encontrar la versión más adecuada de expresiones y conceptos fraguados en una cultura cuya inmensa riqueza se construyó a través de procesos muy alejados de aquellos de la cultura a la que pertenece la lengua a la que se vierten los textos en cuestión.

La manera como se enfrentaron y resolvieron estos retos en la labor de traducción dieron por resultado que las versiones españolas de los poemas que se ofrecen en los volúmenes que comentamos no sólo sean las adecuadas y correctas, sino que los traductores lograron conservar en gran parte la belleza expresiva de los originales. Ello representa un acierto mayúsculo, pues la traducción de la poesía siempre ha representado un reto muy grande para quienes pretenden verterla a otra lengua, pues es un hecho que en poesía vale y pesa tanto la belleza de las palabras como aquella que caracteriza al objeto al que aluden, de tal forma que el traductor se enfrenta a dificultades que van más allá de dar cuenta de lo que se dice en el texto original, para adentrarse en los terrenos de la expresión estética.

El lector que lea cuidadosamente la versión de los Cantares caerá en la cuenta del éxito con el que los traductores enfrentaron este reto de proporciones mayúsculas. La versión de los poemas corresponde a la belleza de los originales en náhuatl. Las metáforas, los difrasismos, los giros elegantes que los autores indígenas lograron han encontrado su sitio adecuado en la versión española de cada uno de los poemas.

No resta sino felicitarnos por tener ante nosotros una obra con las características que hemos detallado y felicitar tanto a los coordinadores del proyecto como a quienes participaron en él. Se espera sólo la salida de la segunda parte del manuscrito que sin duda nos ofrecerá elementos de importancia incuestionable para mejor comprender los procesos culturales en los que los indígenas novohispanos fueron protagonistas.

 

Nota

1 "Introducción general al volumen conocido como Cantares mexicanos", volumen I, p. 15.

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