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Estudios de cultura náhuatl

Print version ISSN 0071-1675

Estud. cult. náhuatl vol.41  México Nov. 2010

 

Reseñas bibliográficas

 

Felix Báez-Jorge, El lugar de la captura

 

Eduardo Matos Moctezuma

 

México, Gobierno del Estado de Veracruz, 2008, 395 p.

 

"Suele tenernos acostumbrados Félix Báez-Jorge a estudios profundos que penetran en la esencia de los temas que trata para convertirlos, con buena pluma y decantado conocimiento, en aportes significativos acerca de la religión mesoamericana. Por ello, pienso que esta obra se convierte en lectura indispensable para todos aquellos que desean conocer y profundizar en los nada fáciles caminos de la mitología, el simbolismo y el pensamiento, tanto antiguo como actual, del hombre que fue y del que sigue siendo. Cada uno de sus libros se constituye en sólido pilar que nos lleva a la reflexión y al conocimiento. Este es uno de ellos..."

Me refiero, por supuesto, al libro El lugar de la captura (simbolismo de la vagina telúrica en la cosmovisión mesoamericana), del cual es autor el antropólogo Félix Báez-Jorge. Estas palabras con las que termino mi "Presentación" al tomo de referencia, me sirve como preámbulo para engarzarlas con las palabras finales de quien escribe el "Epílogo" a la obra, el doctor Jacques Galinier, quien por su parte asienta: "La vagina dentada sí alarma, provoca el pánico en las fantasías infantiles, pero también en la teoría. Félix Báez-Jorge ha superado los dos para ofrecernos un libro magnífico que todos los mesoamericanistas, y más allá, deberán meditar"

Esta alfa y omega sirven de marco al "núcleo duro" que constituye el libro que hoy nos convoca. El tríptico resultante es, a todas luces, revelador y paradigmático. Revelador, en cuanto nos proporciona elementos suficientes para penetrar en el laberinto que significa la "vagina dentada" manifiesta de múltiples maneras en el México prehispánico y en grupos indígenas actuales. Paradigmático, porque en él leemos imbricadas las diferentes relaciones que se dan entre mitos, mujer, luna, menstruación, castración, etcétera, vistos a través de la mirada de un antropólogo que no se detiene en los umbrales del conocimiento sino que, como lo demuestra en muchas de sus obras las que ya forman legión, echa mano de todos los recursos metodológicos para explicarnos los pormenores del tema que trata. Todo ello nos aproxima a la importancia que el tema tiene para una mejor comprensión del pensamiento humano acerca del simbolismo de la vagina telúrica y su relación con la cosmovisión en Mesoamérica.

Un aspecto que resulta relevante dentro de lo tratado por Báez-Jorge, es que en el mundo prehispánico la deidad que representa la vagina dentada dentro del panteón mesoamericano guarda estrecha relación con la tierra, madre generadora que da frutos y alimenta al hombre, pero que al mismo tiempo sirve de lugar en donde los hombres se transforman y se convierten en huesos. Al estudiar a Tlaltecuhtli, Señor/Señora de la Tierra, no encontré ninguna festividad ni templo dedicado a esta deidad; tampoco sabemos de algún ritual por medio del cual se le rindiera culto. Más bien lo que prevalece es la presencia del dios/diosa en múltiples expresiones: esculturas, códices, debajo de recipientes sacrificiales, etcétera, lo que nos llevó a otra consideración: por lo general, salvo muy contadas excepciones, la figura del númen permanece oculta a la mirada de los mortales. En efecto, las más de 40 esculturas en piedra que conocemos del mundo mexica están labradas con la efigie de la deidad, pero no estaban a la vista, sino colocadas boca abajo. En el caso de recipientes de igual manera está ubicada en la parte inferior del mismo y en las representaciones pictóricas como lo son los códices, la tenemos representada casi siempre con la parte esencial —la boca con grandes colmillos presta a devorar a los cadáveres—, pero, hay que recordar que los códices eran de manejo exclusivo de los iniciados, de los sacerdotes y no estaban a la vista pública.

Es probable que lo anterior obedezca a la misión primordial que la deidad tenía: devorar los cadáveres. Esto debió de impactar de manera relevante a la población, de ahí ese ocultamiento que de la misma se hace. Pero lo importante de todo esto estriba en que esa boca enorme de afilados colmillos es la vagina devoradora y castradora a que se hace alusión en el estudio de Félix. El autor, en el tercer capítulo de su obra dedicado a los códigos míticos y contextos simbólicos, después de analizar la relación hombre-maíz trata lo referente a Tlaltecuhtli, para lo cual acude a un buen número de autores que han visto el tema y nos dice, en una clara relación de devoradora-paridora que posee la deidad como su principal atributo, que:

A partir de las fuentes examinadas en páginas anteriores es evidente que, en tanto representaciones colectivas, Tierra (Madre) y Mujer (genésica) comparten la doble naturaleza que es propia del simbolismo asociado a la vagina dentada: son creadoras en un sentido y, al mismo tiempo, receptáculo después de la muerte, ámbito mítico y simbólico (cimentado en la sexualidad) que posibilita el renacer (p. 187-188).

Justo en el momento en que Báez-Jorge ponía punto final a su enriquecedor estudio, la deidad, agradecida, emergía de los arcanos de la tierra con todo su contenido ancestral. El 2 de octubre de 2006, frente al Templo Mayor de los mexicas en el corazón de la ciudad de México, salía a la luz una escultura de grandes dimensiones que representa a Tlaltecuhtli en su versión femenina. Estaba colocada boca arriba, a diferencia de tantas esculturas similares pero menores en tamaño que habían sido encontradas a lo largo de muchos años. Tenía la típica posición de parto con sus piernas abiertas y las manos levantadas. El pelo crespo se entretejía con banderas de sacrificados y la boca con los dientes visibles y la lengua asomada bebía la sangre que provenía de la matriz formada por una oquedad en el vientre. Sin embargo, tenía algunos elementos diferentes a otras representaciones: cráneos en las coyunturas en lugar de aquellos mascarones tan peculiares y un glifo consistente en la cabeza de un conejo con diez círculos debajo de ella y otros dos más por encima. Todo esto llamó la atención de Leonardo López Luján y mía, pues a lo anterior se unía el hecho de estar colocada, como se dijo, boca arriba. Empezamos a ver éstas asociaciones y llegamos a una hipótesis: podría tratarse, quizá, de la lápida mortuoria de Ahuítzotl, tlatoani mexica que había regido los destinos de Tenochtitlan entre 1486 y 1502. Las razones para plantear esta hipótesis eran: 1) El glifo localizado entre la garra de la pierna derecha, ya que si se leía el numeral antes dicho como 10 Conejo, se trataba precisamente del año de muerte del gobernante. Si se interpretaba como 12 Conejo también guardaba cierta relación con eclipse solar, además de la asociación de Ahuítzotl con el agua, elemento con el cual se asocia tanto por su nombre como por el motivo de su muerte según alguna de las fuentes históricas. 2) La etapa constructiva en la que se encontró la escultura corresponde a la etapa VI del Templo Mayor, etapa que hemos adjudicado a este tlatoani. 3) Los cráneos en las coyunturas decían de su relación con el concepto de muerte. 4) Diversas fuentes señalaban que gobernantes como Axayácatl, Tízoc y Ahuítzotl habían sido enterrados justo frente al Templo Mayor el edificio conocido como Cuauhxicalco. Otro aspecto importante era la posición de la lápida y la representación de la deidad, ya que su cabeza apuntaba hacia el poniente y sus piernas hacia el oriente. Pensábamos, pues, que debajo de la lápida mortuoria estuvieran los restos del tlatoani.

Lo interesante de todo esto es que, como bien sabemos, el tlatoani se equiparaba al sol, por lo que la figura de la diosa tiene su cabeza y enorme boca hacia el poniente, para cumplir su misión devoradora en el momento en que el astro-tlatoani se ocultaba por ese rumbo del universo para pasar al mundo de los muertos, el Mictlan. Ya en el interior de la diosa, ocurre el rito de tránsito por medio del cual será parido por el oriente el nuevo sol-tlatoani, sólo que ahora investido en la persona del sucesor, Moctezuma II.

La nueva imagen de Tlaltecuhtli viene a corroborar mucho de lo dicho por Báez-Jorge en su estudio. Aquí está, en colosales dimensiones, la diosa devoradora de hombres, soles y gobernantes. Es el ciclo constante de nacimiento, muerte y renacimiento por medio del cual la diosa-tierra cumple su tarea. Esta vagina dentada, tal como a ella me referí desde 1987, cobra hoy toda su dimensión en las páginas de El lugar de la captura, en las que Félix Báez-Jorge une todo su conocimiento arqueológico, etnográfico y antropológico en general para adentrarse en un tema del que, estamos seguros, esta obra es pilar sólido del que habrán de partir nuevas interrogantes.

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