
Si aceptamos que valorar la humanidad de hecho significa concebirla como una fuente de nuestra postura normativa, y no solamente como una propiedad valiosa, ¿debemos abandonar la idea de que existen estos deberes para con nosotros mismos? No considero necesario hacerlo. Aunque no pretendo defender la prohibición de Kant sobre el suicidio, sin embargo, pienso que los otros deberes para con nosotros mismos pueden salvarse. Las dos maneras de pensar respecto del valor de la humanidad antes diferenciados podrían combinarse si suponemos que estamos dispuestos a entender nuestra posición normativa en sí misma como la propiedad valiosa en cuestión. Y si es correcto mi argumento según el cual debemos concebir nuestra naturaleza moral como una forma de identidad práctica, entonces es así exactamente como debemos proceder en este punto: tener una identidad práctica no es sólo el valorarnos a nosotros mismos como los poseedores de una propiedad, sino más bien el valorar nuestra realización de ese papel. En consecuencia, debemos valorar nuestra identidad humana, como seres racionales y como legisladores del reino de los fines. En tal caso, desarrollar los talentos y capacidades equivaldría a ser un votante bien informado; evitar el exceso de alcohol y drogas equivaldría a no acudir a votar en estado de ebriedad. Estos deberes son expresiones de respeto, no hacia la racionalidad en tanto propiedad, sino hacia la posición que nos confiere el ser legisladores.