
La mayoría de los enfoques y las metáforas propuestos en medios académicos resultan poco útiles para comprender la visión que los niños de mi estudio tienen sobre sí mismos: no se conciben como esponjas, plastilina moldeable o espejos que reflejan lo que observan en sus mayores; sino que mediante la crítica, la evasión o el enfrentamiento se resisten a ajustarse plenamente a lo que se espera de ellos. Las ideas de que están intrínsecamente predispuestos al bien o al mal y de que los niños tienen patrones universales de comportamiento les son ajenas. Para ellos ser niño o niña; pobre, rico o "regular"; de pueblo o de ciudad es muy significativo; sólo colateralmente se ven como seres formándose para el futuro; se sitúan de manera fundamental en el aquí y el ahora.