
Otra cara de la riqueza es el capital social. Los ricos se caracterizan por tener patrones de socialización muy intensos que nada tienen que ver con las actitudes individualistas que normalmente se les atribuyen; muy por el contrario, mientras más rico y mientras más tiempo se lleva viviendo en la cima de la escala social, más acentuado es el espíritu de pertenencia a esta colectividad. Ser parte de la alta sociedad es pertenecer a un club de acceso restringido, o si se prefiere, es pertenecer a un clan con rígidas reglas de convivencia. En la práctica, la socialización de los ricos pasa por las cenas, los cocktails, las galas, las inauguraciones, las premières, que, como bien señalan los autores, "no son placeres anodinos, sino una forma de trabajo" (p. 14). Trabajo exhaustivo que, por lo demás, está orientado a mantener y consolidar redes sociales que garantizan la posibilidad de acrecentar las riquezas (en todas sus variantes).