
Por otro lado, en lo que respecta al segundo punto, en el libro se consideran como pertenecientes a la "burguesía" sólo a aquellos que desde su nacimiento forman parte de esta clase social. Así, en el análisis de los Pinçon sobre la burguesía solamente se consideran a los tradicionalmente ricos y se obvian a todos aquellos que también lo son pero cuya riqueza no les viene de familia, sino que es resultado de los procesos vertiginosos de movilidad social ascendente que caracterizan al capitalismo actual. Me refiero desde luego a las estrellas de la farándula, del deporte, de los mercados bursátiles o de las nuevas tecnologías, quienes, al menos por su recién adquirido patrimonio económico y por su participación en los medios, podrían formar parte de los círculos sociales de altos vuelos. Sin embargo, los autores al ocuparse sólo de los ricos que lo son desde siempre, no se interesan por los recién encumbrados. En este sentido, no son parte del estudio quienes súbitamente se han vuelto millonarios gracias a una capacidad o habilidad excepcional, a las derivas de las bolsas de valores, a los caprichos del público de los medios masivos o a un golpe de marketing. Casi no hay ninguna referencia a los individuos, ni a los sectores socioprofesionales que han resultado ser los más beneficiados del capitalismo de nuestros días. Acaso sólo se apuntan brevemente las diferencias entre unos ricos y los otros. Estas se establecen, principalmente, no a nivel de patrimonio económico, sino a partir de barreras simbólicas que construyen los ricos de abolengo vis à vis los recién encumbrados. Estos últimos, al no ser muy concientes de la importancia del capital social y simbólico, al desconocer las maneras y el rígido protocolo que caracteriza a los ricos de abolengo, están, hasta cierto punto, relegados a una órbita marginal de la alta sociedad.