
En enero del mismo año, el periódico Excélsior había publicado una entrevista con el profesor de historia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Eduardo Blanquel, quien se oponía a la demolición del edificio y proponía establecer en su lugar un museo de criminología; Blanquel señaló que el edificio, que para muchos tenía gran valor como patrimonio arquitectónico, no era responsable de lo que ahí había sucedido: "Las piedras no son culpables de los crímenes",17 decía el profesor, refiriéndose a hechos que habían acontecido en Lecumberri, como el asesinato del presidente Francisco I. Madero18 y el encarcelamiento de disidentes políticos, entre otros. Blanquel, junto con Jorge Alberto Manrique, entonces director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, emprendieron una campaña para salvar al Palacio de Lecumberri de la destrucción, y con el apoyo de importantes personalidades como Edmundo O'Gorman y Flavio Salamanca entre otros, lograron que el presidente Luis Echeverría acordara la conservación del inmueble.19 En 1977 se ratificó que la expenitenciaría se convertiría en la sede del Archivo General de la Nación, que tenía tiempo buscando una nueva ubicación, en la cual se pudieran centralizar todos los acervos de la nación. El 27 de mayo de 1982, después de un proceso de adaptación arquitectónica, se (re)inauguró el Palacio de Lecumberri, esta vez como archivo.