
Desde la presidencia de don Manuel González se iniciaron los estudios para la creación de un penal moderno en la Ciudad de México. La necesidad de erigir dicho edificio provenía desde la Constitución de 1857, que en su artículo 23 dejaba en el poder administrativo el cargo de "establecer, a la mayor brevedad, el régimen penitenciario",9 con miras a la ulterior abolición de la pena de muerte. Con esta necesidad en mente y con los estudios ya iniciados, el 20 de agosto de 1881 el entonces gobernador de la Ciudad de México, Ramón Fernández, publicó en el periódico El Siglo Diez y Nueve el editorial "Penitenciaría. República Mexicana. Gobierno del Distrito Federal", donde exponía la importancia de una penitenciaría moderna, por ser ésta "consiguiente [al] estado de cultura y libertad" de los mexicanos.10