
Quizá podría darse alguna excepción, pero se podría afirmar que hasta antes de 1820 la historia no es un concepto político sino moral, un concepto que presupone la diferencia con la historia natural (sin libre albedrío). Se trata de una concepción que incluye la noción de perfectibilidad, regulada por modelos preestablecidos, que invitan a la imitación más que a la innovación. Sólo lo humano es perfectible, a diferencia de la historia sagrada que es perfecta por naturaleza divina. Y el trabajo histórico de Martínez Marina puede decirse que prosigue esta tradición, solamente que lo hace en un momento en el que reina la incertidumbre, y se acude entonces a la investigación del pasado para recibir un poco de luz, para curarse en salud frente a los males de un presente incierto. Es el legislador que en razón del cambio de sistema de gobierno que se está experimentando hace un viaje por la historia para establecer el thesaurus, que a modo de código legislativo, establezca el "norte", sirva de brújula para orientarse en medio de la oscuridad de los tiempos; un vademecum que indique no sólo cómo se ha sido, sino, sobre todo proporcione las indicaciones del deber ser o proceder en vistas al futuro de la nación.