
En particular, el instructivo de Legipont para ordenar los archivos18 condensa, como se dijo, una práctica de la orden reformada de los benedictinos dirigida al ordenamiento de los papeles antiguos y su acomodo en armarios y cajas (arcas) que dan propiamente el nombre del "archivo". Son esos lugares donde se conservan los documentos (en griego antiguo Archeios, o Archivos, y Chartophylacios) los que a su vez van a funcionar como "armas legales" para la defensa de derechos y privilegios, así como perpetúan "legal, y públicamente la memoria de las cosas sucedidas".19 Tratándose de la obra de un eclesiástico importa señalar que el origen del uso del término se remonta a los tiempos del emperador Justiniano, relacionado el vocablo con la fundación legal y salvaguarda de los episcopados eclesiásticos, ya que de las "escrituras" situadas en esos "lugares" dependía "todo el derecho de tener aquello, que era dado, o adquirido". Poco a poco se inició la práctica del copiado de exemplares para garantizar la perennidad del documento legal y original de cada "Diploma", habiéndose dado momentos en que éstos podían multiplicarse y falsificarse, cuya crítica dio lugar a la "diplomática" plasmada en la obra de Mabillon.