
En Tiempo y narración, la historia a la que se debe confrontar como prioridad es aquella practicada por los historiadores que, desde las burlas de Lucien Febvre, dieron la espalda a la historia narrativa. Esta historia conjuga, en efecto, tres eclipses: el del relato, el del acontecimiento y el del individuo. Pero para leer El Mediterráneo de Braudel, tenido por Ricœur como el "manifiesto" de Annales, para reconocerlos por lo que son los tres famosos pasos temporales y llegar a formular al final de la obra las nociones de cuasi-relato, cuasi-trama y cuasi-acontecimiento, es necesario comenzar... ¡por pensar las reflexiones de Aristóteles sobre la poesía trágica! Se trata, en efecto, de dar a su Poética un "impulso inicial", y esto, incluso, ¡cuando el tiempo no es directamente la cuestión! Si aquí (todavía) no hay cabida para la inquietante extrañeza, de entrada ¡hay ahí de qué sorprenderse!