
La atención prestada a estos dos maestros contemporáneos de la inquietante extrañeza (como Ricœur hablaba de maestros de rigor, a propósito de Elias, Foucault y de Certeau) constituiría, más ampliamente, una invitación a adoptar el papel de los outsiders de la disciplina, cuyas reflexiones, consideraciones o críticas dirigidas a la historia han tenido, a veces, amplio eco, orientando los debates y fijando, un tiempo al menos, los términos de éstos. Intentar una historia de la historia escrita de esta manera no dejaría de ser instructivo. Larga también podría ser la lista de outsiders, y, entre los contemporáneos, Ricœur tendría un lugar privilegiado en ella, pero también lo ocuparían Foucault y Lévi-Strauss, en tanto que de Certeau podría figurar como un outsider del interior, además de otros... Si no hay ninguna razón para pensar que tal sugerencia valga sólo para la historia, se aplica, creo, particularmente bien a ella, en vista de su edad provecta (pensamos en Clío, la vieja mujer, la algo chocha mujer, que Péguy cita) y sobre todo por el hecho de que ella ha vivido siempre de préstamos. ¿Quién mejor que Aristóteles podría abrir este desfile de outsiders?