
Campaña estaba exhausto y desfallecido, e increpó a sus torturadores: "Me deberían de matar de una vez". La respuesta fue en tono sádico: "No, si, si lo vamos a hacer, pero lentamente. ¿Qué creías? ¿Vas a hablar?" A lo que replicó Campaña: "Domicilio", lo que provocó una movilización impresionante de las corporaciones militares y policiacas, cuyos miembros por fin estaban seguros de que Campaña "¡Va a hablar! ¡Ya va a hablar!". A la pregunta expresa del domicilio exacto, Campaña replicó que no lo recordaba; se lo llevaron con un gran despliegue de fuerzas por el rumbo de la glorieta del Charro en la capital tapatía para que identificara la casa de seguridad. Sin embargo, todo fue una treta de Campaña, pues "aquella casa hacía seis meses que la habíamos abandonado. Yo personalmente había sacado las últimas cosas".42