
Efectivamente, frente a los intereses económicos, in crescendo, tanto de revistas como de producciones cinematográficas, poco podían hacer las campañas moralizadoras, ya fueran anunciadas por el Estado o la Iglesia. Dichas campañas, encabezadas por la Legión de la Decencia o Acción Católica, sólo provocaban irritación entre los afectados. Ese fue el caso, por ejemplo, del pronunciamiento de una de las revistas más atacadas por la Iglesia, Crimen, la cual consideraba "que la proliferación de cabaretes o teatros de revista, verdaderos centros de vicio, ahoga ya a la metrópoli, cuyo número muestra que es totalmente hipócrita la campaña de moralización contra las publicaciones que han surgido. Si se quiere evitar el vicio, se debe empezar por suprimir licencias como las que autorizan a todos estos centros".40 Otras empresas, sin embargo, apoyaron los trabajos eclesiásticos contra "el mal": Coca Cola, por ejemplo, pagaba inserciones en Christus, una revista mensual dirigida fundamentalmente a los sacerdotes, en donde se afirmaba: Con "sumo agrado participamos a nuestros lectores que los representantes del popular refresco Coca Cola, cooperan a la campaña de moralización del país".41